29/03 Estimados habitantes del submundo. La limpieza de este mes se hará el día 31 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


26/02 Estimados habitantes del submundo. Atendiendo al hecho de que febrero no tiene treinta días, la limpieza de este mes se hará el día 02 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


28/01 Estimados habitantes del submundo. La limpieza se hará el día 31 de madrugada.


01/01 ¡El Staff de Facilis Descensus Averni quiere desearos un muy feliz año 2018!


30/12 - Estimados habitantes del submundo. La limpieza se hará el día 31 de madrugada. ¡Detalles aquí!


03/12 - Estimados habitantes del submundo. ¡Los nefilims vuelven a estar disponibles!


30 # 38
23
NEFILIMS
7
CONSEJO
10
HUMANOS
5
LICÁNTRO.
7
VAMPIROS
10
BRUJOS
4
HADAS
2
DEMONIOS
1
FANTASMAS

Bajo la sombra de un arbol (Markus Moncrieff )

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Bajo la sombra de un arbol (Markus Moncrieff )

Mensaje— por Zack Cooper el Jue Abr 12, 2018 12:32 pm

Bajo la sombra de un árbol
Sabado 18h - Parque Columbus

Llevaba ya bastante rato siguiendo las indicaciones del sensor que no dejaba de emitir leves pitidos y vibraciones cada vez más frecuentes. Había tenido que dar algunos rodeos y sin darse cuenta se había metido en pleno Chinatown donde el barullo y la muchedumbre de extranjeros era cada vez más evidente. No es que no le gustase aquella zona de Nueva York, a pesar de la fama que tenía por esconder sindicatos del crimen no iba a ser peor que el Bronx... esa sí era una zona que prefería evitar incluso siendo cazador.

Aquella tarde no había tenido ninguna misión asignada en el Instituto por lo que había decidido salir a dar un paseo y despejar la mente, en los últimos meses habían cambiado demasiado las cosas para él y a pesar de llevar ya bastante tiempo en la ciudad volvía a encontrarse solo sin haberse dado cuenta. Los pocos nefilims con lo que había tenido algún trato no habían durado demasiado en Nueva York, ni si quiera Laura, y seguía sin saber nada de Thomas ni de lo que significaba eso para su relación... si es que al final habían acabado teniendo una.
Sólo la vibración inesperada del sensor en su bolsillo le había hecho volver a centrarse y desde ese instante había estado siguiendo sus indicaciones.

Ya era media tarde cuando Zack había entrado en el parque Columbus, con su glamour activado y algunas runas que le ayudaban a percibir mejor lo que le rodeaba. No era de extrañar que un sabado a esas horas el parque estuviese lleno de vida, de grupos de adolescentes riendo y fanfarroneando de sus cosas, grupitos de chicas con los móviles haciéndose fotos, parejas paseando cogidas de la mano o ancianos sentados en los bancos descansando. La última vez que había estado allí un grupo de kuris habían estado haciendo de las suyas, pero aquella tarde no había kuris por ninguna parte, o al menos él no los veía.

Su sensor, por el contrario, no dejaba de vibrar y emitir de vez en cuando algún pitido, lo que hacía que Zack empezase a impacientarse, no era normal que le costase tanto encontrar un objetivo y, aunque sabía que aquello no era una misión asignada, tampoco podía ignorar un aviso como aquel.
Se recorrió el parque con cautela, observando con atención, permaneciendo quieto en el mismo sitio largos minutos casi aguantando la respiración, escuchando, sintiendo los alrededores hasta que dio con él. Por fin localizó al maldito que había estado volviendo loco a su sensor toda la tarde, un rapiñador silencioso que se había colocado en lo alto de una rama, observando hacia el suelo. Zack bajó la mirada hasta dar con el mundano que descansaba despreocupado bajo el árbol, mirando su teléfono seguramente contentando algún mensaje o a saber qué. No estaría tan tranquilo si supiese realmente lo que tenía encima.

Avanzó entre los árboles intentando camuflar su presencia lo máximo posible, si el rapiñador lo descubría seguramente huiría y bien sabía el nefilim que últimamente las persecuciones siempre acababan mal para él. El mundano seguía absorto en su teléfono pero lo que más extrañaba a Zack era que el rapiñador no hacía nada, sólo estaba allí apoyado en la rama sobre el chico, mirándolo.

Se concedió unos segundos para intentar comprender la situación, esas criaturas nunca estaban solas y desde luego no eran precisamente famosas por pensar. Lo observó con curiosidad, parecía que estuviese analizando al mundano, como quien se asegura de que esa es la presa escogida... quizá después de todo hizo mal en pararse a observar porque cuando quiso darse cuenta el desgraciado se dejó caer sobre el mundano con todas las patas en alto, convirtiéndose en una masa negra que simplemente caía en picado.

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Bajo la sombra de un árbol
Sabado 18h - Parque Columbus
Agotado entre el ir y venir de las personas, su poco descanso debido a las pesadillas que le acosan cada noche, de los ruidos de los claxon, celulares y gritos por dondequiera que pasa, ¿Cuándo podrá sentarse a pensar un poco en qué hacer o bien, cómo hacerlo? Una mano en la nuca es su compañera constante, evitando que le dolor de cabeza se incremente, pugnando por continuar despierto un poco más. Los individuos pasan por su lado entre empujones y pasos apresurados. Quisiera tener un lugar a dónde ir, ser bien recibido. Que le conozcan y llamen por su nombre. El paso del tiempo se ha tornado metódico, no existe en él un brillo que llame su atención. Es constante y aburrido, tener que buscar un lugar donde dormir, un empleo para mal comer, mal vivir, con la mente en blanco y en las noches, todo se conjuga en un inmenso río que lleva consigo no sólo el agua, si no ramas, troncos, tierra, todo lo que en su camino encuentra y confunde más a su atribulada psique.

Otro empujón y, en consecuencia, un celular que cae al piso. Lo toma para entregarlo, dando un grito de advertencia. Aún con el aparato en la enorme palma alza la mirada oteando sin lograr que alguien dirija su mirada a su figura. ¿Qué hacer entonces? No tiene más que esperar, alguien va a marcar cuando se dé cuenta de su falta esperando que le respondan. Porque es así, cuando pierdes tu celular, piensas que si llamas, puedes encontrar a alguien honrado que te lo devolverá y todo arreglado. La cabeza se mueve de derecha a izquierda procurando sacudir de sí su pesadez. Por instinto, mira hacia un parque. Debería sentarse y reposar un poco.

Sus pasos cansados le llevan, es tan pesado el muro sobre sus hombros, invisible para todos, tangible para él que cierra los ojos en cuanto reposa la espalda contra el tronco del árbol. Por un momento, se deja llevar. ¿Quién siquiera se atrevería a acercarse? Confía que nadie. Ni siquiera para robarle. El viento alborota los cabellos haciéndole temblar un poco. Por inercia, como si su memoria celular fuera la que le advirtiera, siente un impulso eléctrico en la columna. Abre los ojos de golpe, parpadea mirando a un lado y al otro sin que pueda observar nada. Justo el celular suena, lo saca del bolsillo del abrigo que ha visto días mejores para notar que sólo es un mensaje para William. Así que el dueño es William. Vuelve a meterlo en su lugar, la cabeza se recarga contra el árbol, la siente tan pesada.

Algo le alerta de nuevo, da un respingo con el cuerpo en movimiento puesto que hasta su trasero ha dado un pequeño salto, sus terminaciones nerviosas están mandando un mensaje a todo su cuerpo que por instinto empieza a tensarse. Cada músculo se alista para llegar a la meta y cuando están todos en fila, el instinto prima. Algo le grita en la mente que se quite de ahí, por instinto alza la mirada en el instante en que la criatura decide saltar. No es su mente la que da la orden, es el cuerpo entrenado el que responde. Da un salto al frente para después caer y rodar lejos del atacante. Lo suficiente para mantener una distancia prudente.

Manos en el piso, levanta el cuerpo en tanto sus ojos no se despegan del rival, las patas gigantes, la cola en una horrorosa imitación de un escorpión resumando veneno. La memoria celular activa le obliga a ir levantándose poco a poco, en tanto la criatura busca colocarse para el siguiente ataque. Las manos se cierran en puños de acero, no sabe qué diablos es eso y el inconsciente es capaz de hacer una sola cosa, adaptar el cuerpo para la afrenta.



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Re: Bajo la sombra de un arbol (Markus Moncrieff )

Mensaje— por Zack Cooper el Sáb Abr 14, 2018 10:50 am

Bajo la sombra de un árbol
Sabado 18h - Parque Columbus

Su instinto cazador reaccionó antes si quiera que su propia mente, desenvainó su aegis y corrió hacia el mundano todo lo rápido que pudo sin la ayuda de su runa de velocidad. Pensó, mientras observaba cómo el hombre esquivaba el ataque con gran eficacia, que debería de haber ido más preparado pero aquella tarde sólo iba a tratarse de dar un paseo y organizar su cabeza, así que tampoco se sentiría culpable durante mucho rato.

El sol empezaba a esconderse tras los edificios de Chinatown y eso provocaba que poco a poco la luz en el parque fuese descendiendo. Los viandantes ya habían comenzado a abandonar el lugar poco dispuestos a sufrir un atraco o algo peor, quizá por eso el rapiñador había estado esperando para atacar al mundano, aunque sin duda la sutileza nunca había sido el fuerte de ese tipo de demonios asi que Zack estaba cada vez más convencido de que simplemente se trataba de una sucesión de casualidades extrañas.

Cuando apenas le separaban un par de pasos de la pareja enfrentada, el rapiñador alzó una de sus grandes patas viscosas mientras dejaba escapar un silbido agudo. El nefilin llegó justo cuando el demonio se disponía a atacar de nuevo, sin embargo su presencia no le pasó desapercibida y en lugar de atacar al mundano desvió la cabeza y lanzó algunas dentelladas con intención de desgarrarle a él.
Zack era ya conocido por tener siempre la cabeza en las nubes o la mirada más perdida en la pantalla del móvil que en sus tareas, pero si en algo era bueno era en el combate. Esquivó con elegancia los delgados y peligrosos dientes de la criatura, conocedor ya del dolor que su veneno provoca, giró sobre sí mismo y hundió el aegis entre algunas escamas del costado del demonio arrancándole un gruñido molesto.

Mientras el demonio asimilaba lo sucedido, el cazador se concedió el lujo de desviar la mirada hacia el mundano que lo miraba con la misma extrañeza con la que podría haberlo hecho él mismo. Los mundanos con visión siempre le habían suscitado interés, ver el mundo tal y como era en realidad pero no poder hacer nada por él debía de ser frustrante pero a la vez emocionante para ellos. Decidió, en aquella pequeña fracción de segundo, que le preguntaría cuando acabase con el rapiñador.

Dejó el aegis girar sobre su mano y saludó con un cabeceo al demonio mientras le retaba para que volviese a atacarle. El rapiñador se lanzó a por él, Zack volvió a esquivarlo sin esfuerzo pero en esa ocasión la cola le golpeó con fuerza en el pecho y lo lanzó a un par de metros haciéndole chocar contra un árbol. Sintió su hombro crujir y un dolor agudo recorrerle el brazo, pero le preocupó mucho más el hecho de que el demonio le había alejado lo suficiente para poder atacar con libertad al mundano.
  - ¡Cuidado con los dientes! - fue lo único que se le ocurrió gritar mientras se incorporaba y empezaba la carrera de nuevo hacia ellos, sin saber si quiera si el mundano lo escucharía teniendo delante al ser que tenía.

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Bajo la sombra de un árbol
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El engendro parece escupido de los infiernos, no hay nada en la realidad que pueda parecerse una micra a lo que esta cosa es. ¿De dónde ha salido? ¿De verdad su cabeza está tan mal para crear alucinaciones de este tamaño y con esta peligrosidad? ¿Sólo será acaso una ilusión? Una sombra más se une a la batalla acelerando el paso. El sol también ha salido despavorido, demasiada luz en él para crear algo así. Y la noche, señora y ama de las aberraciones, los cobija con su manto dándole a este episodio un toque más creepy.

Sus manos tiemblan, reconoce que no es de miedo, es de anticipación. El cuerpo se llena de adrenalina, su corazón bombea la sangre preparando todos los miembros para la afrenta. Una de las grandes patas del bicho se eleva y por instinto, uno en lo profundo de su ser, busca algo en la cintura de su pantalón. Quiere afianzar un objeto redondo, el mango de algo que hoy, sólo es aire. Su puño se cierra en sí mismo y se siente indefenso. No tiene nada que pueda ayudarle. Los colmillos filosos rasguñan el vacío al dirigir su ataque al extraño que ha llegado, es una clara advertencia hacia el que le encara. Es demasiado joven para estar haciendo ésto, con una espada -aegis, corrige su mente- en la mano.

¿Será eso lo que buscaba Markus al llevarse la mano al cinto? Parpadea en tanto no sabe cómo actuar, se incorpora intentando entender todo lo que está sucediendo a sus ojos. No es una alucinación, entonces ¿Qué es? Si es la realidad, no está preparado para combatirla. Su cuerpo da una descarga de electricidad clamando la negativa. La aegis penetra las escamas de la alimaña que emite un chirrido de odio y rabia. Ésto sólo la va a poner más agresiva. Ambos combatientes se alejan. Las patas enormes buscan un hueco, se mueven de derecha a izquierda calibrando la situación. No son tan listas, más nadie niega que son buenas en el arte del combate.

"Tiene demasiados aditamentos añadidos en su constitución física como para perder tan fácilmente. Hay que ser más ágiles y potentes que ellos" escucha su propia voz en la mente. ¿De dónde ha salido eso? El chico le reta y el otro cae en la trampa. Eso parece hasta que el primer ataque es fácil, demasiado fácil. Y la estrategia la tenía oculta en el culo, el golpe de la enorme cola le aleja soltando el arma que queda en el pasto inmóvil. Las piernas de Markus son más rápidas que su propia mente, sus zancadas mayores por el uno ochenta y cinco de estatura aunado a la adrenalina del combate.

"Cuidado con los dientes" escucha su voz y la del chico entremezcladas, "su mordida es venenosa y en ocasiones, sin el tratamiento adecuado, mortal" se ayuda con las hojas de los árboles caídas para resbalar los pies y con el impulso, tomar la aegis sin pensarlo. El simple contacto del arma genera otra descarga de comprensión y sacude su lóbulo temporal. Le despierta otros instintos más básicos. Uno, estrategia. Su cuerpo está en un estado inadecuado para continuar solo con el combate, hasta un simple bicho como éste podría matarle. Dos, necesita apoyo. Tres, hay que distraer a esta bestia.

Rueda por el piso evadiendo el primer salto de la alimaña. Hinca la rodilla en el suelo con la aegis en la diestra observando los múltiples ojos en el cráneo aplastado en tanto las patas van acomodándose para encarrerarse y seguro, atacar con la cola que se tensa supurando veneno. Su mano libre toma un puño de tierra y lo lanza directo a los ojos cuando el demonio está a una distancia prudente. Al contacto, el ente se detiene un instante. Los ojos son lo más delicado de la constitución física. Distracción lista. Escucha los pasos tras él, sin dudarlo, le lanza la aegis al nephillim - córtale la cola - ordena poniéndose en pie y alistándose para la carga siguiente una vez que el demonio parece listo para seguir combatiendo, rabioso por los ataques, - acá, idiota, ¡Acá! - le provoca. En cuanto el bicho salta, Markus lo imita, pero en dirección contraria, dejándole la cola al otro perfecta para el asador.


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No tuvo tiempo de pararse a comprender lo que sucedía, el mundano parecía bien entrenado e instruido en la clase de criatura que tenía delante, incluso blandió la aegis del nefilim con naturalidad, como si fuese un arma que hubiese empuñado cientos de veces. A Zack cada vez le sorprendían más las capacidades de los humanos, cómo se esforzaban por sentirse útiles, por comprender las sombras que acechaban sin descanso a cada paso.

Durante la corta carrera activó su runa de reflejos, esa dichosa cola no le volvería a pasar factura. Cogió al vuelo el arma cuando el mundano se la lanzó y rodó sobre el suelo al tiempo que el rapiñador saltó atacando al hombre, sin duda quería llamar su atención para dejar desprotegida la parte trasera del demonio y así proporcionar a Zack la ventaja que necesitaban, pero el nefilim debía de ser rápido y listo.
No podía simplemente cortar la extremidad, debía sentenciar al demonio en ese mismo ataque, aprovechar la excelente ventaja que poseía al tener al rapiñador totalmente centrado en el mundano, pero sobretodo no podía esperar tanto tiempo como para arriesgarse a que el hombre resultase herido, porque eso le acarrearía más problemas incluso.

Aceptado el reto y con la aegis bien sujeta analizó el vaiven de la cola para encontrar su rutina, localizó un punto excelente para colarse sin llamar la atención del rapiñador y avanzó decidido cuando creyó que era el momento. Se deslizó con elegancia hacia un lado cuando la cola se movió hacia la derecha a la vez que sacaban de la vaina del pantalón uno de sus cuchillos serafines, giró sobre sí mismo para ganar impulso y cuando la cola realizaba el movimiento hacia la izquierda hizo descender el cuchillo con fuerza. El filo cortó la extremidad como si fuese mantequilla, la cola rodó un par de metros mientras rezumaba sangre y el rapiñador emitió un sonoro quejido que seguramente se podría escuchar en todo el parque.
Por suerte ya no había nadie por la zona que pudiese escucharlo, nadie al menos que no perteneciese al mundo de las sombras, lo cual tampoco sería bueno, si alguien (o algo) venía a ayudar al demonio quizá la ventaja se esfumaría.

No había tiempo que perder, Zack debía aprovechar el desconcierto y el dolor del demonio, le golpeó en el costado, se coló por debajo de sus patas y le atravesó el vientre con la aegis. Un cuchillo serafín normal quizá hubiese necesitado un golpe más concreto en el corazón, pero su daga, hervida y templada en sangre de ángel, era mortal incluso sin herir zonas vitales.
El demonio se desintegró, regresando así al oscuro y tenebroso lugar del que provenía, Zack movió sus dos armas con gracilidad y las envainó cada una donde le correspondía, el cuchillo en el cinto del pantalón y la aegis en su cintura, desviando entonces el cuerpo y clavando sus ojos verdes en el mundano.

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