29/07 ¡Atención, atención! La limpieza por inactividad se realizará a partir de las 22:00 horas en adelante del día 31 de julio. ¡Aprovechad los últimos momentos!


06/06 ¡Atención, atención!¡El Staff os ha preparado una sorpresilla curiosa! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo! Seguimos perpetrando maldades...


01/05 ¡Atención, atención! ¡El Staff os ha preparado una nueva Trama Global! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo y apuntaros, adoradísimos habitantes del submundo! Las maldades vuelven a comenzar...


30/04 Aun con cierto retraso, el Staff de FdA no se olvida de sus queridos users <3 Así que por San Valentín os hemos preparado una cosita muy especial. ¡No perdáis tiempo y pasaos por aquí!


29/03 Estimados habitantes del submundo. La limpieza de este mes se hará el día 31 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


26/02 Estimados habitantes del submundo. Atendiendo al hecho de que febrero no tiene treinta días, la limpieza de este mes se hará el día 02 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


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God is in the rain [Alam Rousseau]

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God is in the rain [Alam Rousseau]

Mensaje— por Lillwelyn Cynwrig el Miér Abr 25, 2018 7:31 pm

GOD IS IN THE RAIN
→ Viernes → HORA → 17:41  → Lluvioso
Había echado de menos la lluvia.

En Moscú las bajas temperaturas hacían que el agua cayese en forma de nieve prácticamente todo el año, salvo en verano, pero eran precipitaciones tan suaves que no podían ni compararse al borrón lluvioso que se mantenía vivo en sus recuerdos durante los escasos años que había vivido en Escocia antes de marcharse a Idris. Y siempre le había gustado la lluvia. Había encontrado una cierta calma en ella que no era capaz de explicar, y se había encontrado encogida mirando por la ventana del salón mientras las gotas azotaban inclementemente cuanto estuviese bajo ellas, con el fuego encendido en la chimenea y el aroma del té flotando en el ambiente. Siempre le había parecido una demostración de poder de la naturaleza sobre las criaturas que habitaban el suelo terrestre, firme, incluso destructora, pues podía llegar a destrozar un campo o a arrasar cualquier tipo de estructura que no fuese capaz de mantenerse firme sobre sus cimientos mientras los temporales la arreciaban. Su sonido era una de las cosas que más le gustaban en el mundo, igual que el olor a mojado que lo envolvía todo.

La lluvia le recordaba a su hogar, tanto Idris como Aberdeen, y por supuesto, le recordaba a su padre. Calaba hasta los huesos, podía llegar a ser increíblemente molesta, pero no se imaginaba su vida sin ella. En sus primeros días tras su traslado se había encontrado encantada con su decisión, puesto que el paisaje ruso no tenía nada que ver con lo que había dejado atrás, y eso le había evitado recordar a Apollo más de lo necesario, pero con el tiempo se había encontrado añorándole tanto como cualquier atisbo de la vida que había tenido con anterioridad. Llevaba en la ciudad apenas dos semanas y era el primer día que llovía de esa manera, más allá de los chaparrones esporádicos, breves, que habían empapado las calles de la Gran Manzana. Pero ese día había amanecido gris, comenzando a descargar las nubes a medio día y prolongándose hasta el momento en que se encontraba allí de pie, en mitad del jardín del Instituto, sintiendo cómo el agua le empapaba hasta lo más profundo de su ser, limpiando su piel, colándose entre sus cabellos rubiascos y enredándose en sus largas pestañas.

Sonreía. Se sentía feliz. Habría podido girar sobre sí misma si esa hubiese sido una actitud propia de ella, pero en cambio permaneció donde estaba con el rostro alzado hacia el cielo, sintiendo que el agua se llevaba consigo todas sus penas, todas sus dudas e indecisiones, dejando sólo la sensación fría, pegajosa, húmeda, que dejaba tras de sí. Era casi como estar viendo lo verde de la hierba, sintiendo el tacto de las rocas saladas por el mar bajo sus dedos; añoraba tanto su país natal que se preguntaba si algún día tendría el valor para regresar...

La mano de un nefilim que no conocía se aferró a su brazo, sacándola de su ensoñación, y le dijo algo con un increíble acento neoyorkino que al principio no consiguió entender, pero que cuando pudo procesarlo, intuyó, era una exclamación a su posible locura por estar haciendo eso. Lillwelyn le contempló largamente con sus enormes ojos azules sin dibujar ninguna expresión en su rostro hasta que el tipo desapareció escaleras arriba, dejando tras de sí un reguero de agua que se mezcló con los charcos sobre la piedra. La joven contempló la puerta entreabierta durante un par de segundos hasta que su cuerpo se giró solo en dirección hacia el edificio, preguntándose que qué demonios pensaba hacer allí, si no tenía habitación y a penas si había hecho amigos durante su breve estancia desde 2014 a 2016 para pedirle que le dejase ropa seca o semejantes. Eso no la detuvo, sin embargo, y antes de darse cuenta se estaba perdiendo por los pasillos del edificio, disfrutando al reconocer cada pequeño rincón, las enormes puertas, las habitaciones... Cada Instituto era diferente al anterior, pero en todos reinaba el mismo olor, la misma sensación cálida que le decía que se encontraba en casa.
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Re: God is in the rain [Alam Rousseau]

Mensaje— por Alam Rousseau el Dom Abr 29, 2018 11:04 pm

God is in the rain.
→ VIERNES → HORA → 17:41  → LLUVIOSO

Cerré los ojos mientras me masajeaba las sienes, debatiéndome entre la desesperación y la frustración. - No, no, no.- Repetí por si con una vez no había sido suficiente. - ¡Por el ángel! ¿Es que no ves que así dejas tu espalda desprotegida?- Pregunté señalando un punto imaginario tras el muchacho. El moreno frunció el ceño, como si acabase de decirle una idiotez del tamaño de Manhattan.- Pero es que los shadowhunters casi nunca vamos solos. - Alcé las cejas por completo, parpadeando incrédulo. - Bien sûr que oui.- Afirmé irónicamente,  alzando ambas manos en señal de entendimiento. - ¡Non!- Y dicho esto le di un pequeño golpe encima de la frente, como si fuera un niño de seis años y no un adolescente de diecisiete.

Comencé a caminar hacia la puerta con el muchacho pisándome los talones. - Tienes que aprender a trabajar solo también.- Expliqué, mirando al novato a los ojos. El joven, lejos de parecer enfurecido porque llevaba casi tres horas moliéndolo a palos y regañándole como si no hubiera un mañana, esbozó una expresión acongojada. - Pero yo quiero tener parabatai.- Un suspiro brotó de mis labios, con eso sí que no podía. Podía sobrellevar que alguien fuera desagradable conmigo, pero no la tristeza o la desmotivación. Mi tono de voz se relajó mientras salíamos de la sala de entrenamiento y nos internábamos en el pasillo. Ese chico llevaba relativamente poco siendo un shadowhunter, tampoco podía ser tan duro con él.

- Igualmente Domènech, es básico que aprendas a protegerte. - Estaba tan metido en mi discurso sobre lo importante que es no depender de otra persona que no presté atención al suelo, así como tampoco vi el reguero de agua que había sobre la piedra. - Porque no puedes pensar que por tener parabat...¡ay!- Exclamé notando como mi pie resbalaba y trataba de reincorporarme antes de caer estrepitosamente. - Merde! - Observé el agua con odio. - Putain! Qui est-ce...? merde--Supe que estaba hablando en francés al ver la expresión interrogante del moreno- ¡¿quién por el bendito ángel ha creado semejante desastre?!

Seguí el rastro de agua, hasta una joven que deambulaba tranquilamente. ¿Era consciente de la que estaba liando? Yo votaba a que no. Caminé hacia ella, sólo quería que parara de hacer aquello que estaba haciendo. - Excuse-moi mademoiselle...- Llamé su atención de la manera más educada que sabía. - No es mi intención importunarla, pero me temo que está dejando el suelo lleno de agua.




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Re: God is in the rain [Alam Rousseau]

Mensaje— por Lillwelyn Cynwrig el Mar Mayo 08, 2018 11:58 am

GOD IS IN THE RAIN
→ Viernes → HORA → 17:41  → Lluvioso
Hola, Iglesia. Me alegro de volver a verte.

El gato del Instituto le observó con esa expresión que mezclaba pereza y fastidio en un mismo rostro, y tras alzar la cola provocadoramente continuó su devaneo por los pasillos, igual que ella. Lillwelyn se rió entre dientes, divertida por el comportamiento del felino. Se había detenido junto al tapiz de Raziel saliendo del lago Lyn cuando la bola peluda siamesa había aparecido a su lado, y ella le había saludado, como siempre desde que se habían mudado a New York, porque los animales le despertaban una tremenda simpatía, le mostrasen las uñas o no. Iglesia era de las criaturas más ariscas que se había encontrado nunca, pero le gustaba, a pesar de todo; en el fondo, siempre le había recordado un poco a su padre, y quizás por eso no podía evitar intentar interactuar con él aunque fuese de esa manera, porque bajo ninguna circunstancia se habría atrevido a tocarle sin su consentimiento. No le apetecía recibir heridas de más.

Hacía pocos segundos que la estela de Iglesia se había perdido tras una esquina, momento en que había decidido comenzar a caminar de nuevo, cuando unos pasos a sus espaldas llamaron su atención, y una voz masculina la interpeló ya muy cerca de ella. Lillwelyn siempre había tenido un cierto ímpetu algo fogoso que había descargado en los momentos en los que había visto comprometidos algunos de sus ideales, y había llegado a sentir verdadera frustración y rabia al comprobar que no todo el mundo pensaba lo mismo que ella, ni tenía sus puntos de vista, ni veía las cosas como las veía ella, tan claras que parecían cristal. Sin embargo había aprendido a controlarlo, a canalizarlo y a dejarlo salir sólo en momentos muy clave, ya sin pataletas, sin rabietas, sin no ser capaz de controlar sus lágrimas. Cualquiera que la tuviese delante sabía que aunque apasionada en sus discursos, Lill siempre mostraba la misma serena calma que gobernaba todas sus acciones en el día a día, y que podía llegar a infundir una cierta inquietud, como si no tuviese sentimientos detrás de sus enormes ojos azules.

Por eso cuando el joven nefilim la abordó en el pasillo, ella sólamente se giró y le contempló largamente mientras él le hablaba de forma fija casi sin pestañear, como si intentase atravesarle con su forma de mirarle. En cierto modo, así era, puesto que estaba analizándole lo máximo posible: francés (o belga, quizás), joven -de su edad, año arriba, año abajo-, lo suficientemente amable y cortés como para comunicarle de forma educada lo que estaba sucediendo, sin exaltarse, por lo que seguramente no era una persona de sangre caliente o que se enfadase con facilidad. Batió sus pestañas después de varios segundos de silencio antes de esbozar una sonrisa tan suave que parecía que la habían trazado en un lienzo sin llegar a dibujarla del todo, como si la hubiese capturado por accidente en el retazo de un sueño.

Vaya, no era mi intención, desde luego. No habré provocado algún percance, ¿verdad? —Como ni de lejos podía alzar la vista por encima de él se inclinó para mirar detrás del nefilim, comprobando que en verdad había dejado un reguero de agua a sus pies que sobre la piedra fría desde luego no debía de dar mucha estabilidad. Frunció los labios tras emitir un suspiro, y luego se miró a sí misma antes de devolver los ojos hacia él—. Sí que estoy causando un estropicio… —Se apartó el pelo de la frente—. El problema es que no tengo cómo cambiarme de ropa aquí —lo dijo casi riéndose, como si fuese una broma—. Así que tendré que marcharme a casa. Gracias por avisarme. Soy Lillwelyn, por cierto. —Le tendió la mano húmeda mientras mantenía la misma mueca que había esbozado momentos antes, como si le avergonzase sonreír a pesar de que no pudiese evitarlo, lo que, sumado a su estatura y a encontrarse empapada de pies a cabeza, debía de darle un aspecto mucho más aniñado del que tenía en realidad.
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Re: God is in the rain [Alam Rousseau]

Mensaje— por Alam Rousseau el Dom Mayo 20, 2018 6:01 pm

God is in the rain.
→ VIERNES → HORA → 17:41  → LLUVIOSO
Debo admitir que yo nunca había sido una persona muy sociable, de hecho, solía relegar esa tarea en Victorie ya que ella dominaba las palabras de una forma alarmante. No solía acercarme a otros cazadores a menos que, claro está, la situción lo meritara, como podía ser una misión o que estuvieran dejando el suelo empapado.  La mirada de la muchacha, de un color imposiblemente azul, se clavó en mí con cierto interés analítico. Las mojadas hebras ocres de su cabello se pegaban a su rostro, enmarcándola y otorgándole un aspecto inocente, casi angelical. - No, por suerte no ha pasado ninguna desgracia.- Suspiré dándome cuenta de que no era capaz de ser borde con alguien que parecía recién caída del cielo.

- No es gran cosa.- Me apresuré a quitarle hierro al asunto. - Es un suelo mojado, se friega y listo. Sin embargo, no es buena idea que vayas deambulando por todo el Instituto así.- Expliqué señalando su empapada ropa con mi diestra. Si dijera que su respuesta no me cogió desprevenido, estaría mintiendo. Fruncí el ceño antes la despreocupación de sus palabras, negando con la cabeza repetidas veces. - Tampoco creo que sea un buen plan, Lillwelyn. - Respondí estrechando su mano. - Yo soy Alam, enchanté.

Si no recordaba mal, había en mi armario uno de esos pantalones deportivos que tienen un cordón en la cinturilla para poder adaptarlos y que no se caigan. - A mí no me importa dejarte algo de ropa. Vayamos a mi habitación. - Aunque era obvio que todo le iba a quedar grande, pues la diferencia de altura era más que notable. - Trataré de encontrar algo que te vaya bien.- Con mi ropa, seguramente Lillwelyn iba a quedar hecha un cuadro de Kandinsky pero al menos estaría seca.


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Re: God is in the rain [Alam Rousseau]

Mensaje— por Lillwelyn Cynwrig el Vie Jun 15, 2018 7:33 pm

GOD IS IN THE RAIN
→ Viernes → HORA → 17:41  → Lluvioso
Lillwelyn sonrió con tranquilidad al escuchar que su devenir no había ocasionado ningún tipo de molestia y asintió con la cabeza, sin pretensiones de prolongar mucho más esa conversación porque tampoco le parecía de mayor interés, si no había sucedido absolutamente nada al respecto. Pero debía de admitir que le pareció curioso el repentino interés del joven francés por su estado en esos momentos; tras señalarla, Lill se volvió a mirar a sí misma, empapada como estaba en pleno mes de un febrero helado en la ciudad de New York. Después de vivir en Rusia aquel frío que podía resultar insoportable para el nefilim frente a ella no era más que un frescor bastante tibio que podía sobrellevar sin demasiados problemas. Tampoco era como si se hubiese criado en las estepas siberianas, azotada por las inclemencias del tiempo allí, pero había sentido el verdadero hielo, el que parecía que te congelaba hasta los huesos y que cualquier movimiento en falso podía quebrarlos en mil pedazos. Después de eso, había pensado, nunca volvería a preocuparse por las bajas temperaturas.

Sin embargo encontró enternecedor el gesto y no quiso contradecirle, ni explicarle nada de lo anterior, así que únicamente continuó con la misma mueca en el rostro, contemplándole con cierta ternura en los ojos, como quien observa a un gatito que busca protegerte en un mal momento de tu vida. Apretó su mano con firmeza, pero con suavidad, tras conocer su nombre. Alam. Sonaba bonito. Sonaba bien. Le pegaba, reflexionó, a su rostro anguloso y a sus ojos claros.

Encantada de conocerte, Alam. —Debía de haber llegado hacía poco, pensó también, puesto que no recordaba haberle visto con anterioridad. Quizás poco después de que ella decidiese fugarse a Rusia para mantenerse lejos de su controlador padre al menos durante un año.

«Qué rápido pasa el tiempo, y cuánto dependemos al final de las personas de las que hemos intentado huir.»

Su siguiente proposición también le cogió desprevenida, aunque no lo manifestó en su rostro. Las emociones eran algo fácilmente controlable cuando te habían enseñado cómo hacerlo, aunque lo irónico en su caso es que precisamente la persona que había sido su maestra, quien le había ayudado a desarrollar esa habilidad, era el mismo que conseguía sacarle de sus casillas tantísimo que era capaz de explotar a su lado como con nadie. Pero frente a Alam, tranquila como estaba, serena, fue capaz de esconderlo con facilidad; además, un frío análisis de un par de segundos daba la clave de su comportamiento, y es que lo que se esperaba de él era que actuase así, se dijo. Una chica joven, empapada, paseando por los enormes pasillos de una antigua iglesia... Lo que habría hecho cualquier caballero era ofrecerle una muda seca, y de momento Alam parecía encajar en ese arquetipo, aunque Lill no supo decidir en ese momento si era una pose, un papel aprendido para encajar en un modelo, o simplemente era un joven amable de corazón que intentaba ayudar a los demás. Era buena analizando gente, pero su contacto no se había prolongado tanto como para que pudiese decidirlo en ese momento.

Aunque la realidad era que tampoco es que le importase la ropa mojada, ni el estar empapada de pies a cabeza; además, si iba a marcharse al apartamento que tenía alquilado se iba a mojar igual. Lo más lógico, de nuevo, habría sido rechazar su ofrecimiento y marcharse cuanto antes del Instituto. Sin embargo decidió aceptar; quizás porque en el fondo sabía que si seguía así, por mucho que el frío ruso la hubiese sobrecogido y el de New York no pudiese ni compararse, terminaría resfriándose, o quizás algo peor.

No querría ser una molestia, pero no te puedo negar que me vendría muy bien cambiarme de ropa, así que acepto tu ofrecimiento. —Hizo un gesto con la mano, indicándole que abriese el camino ante ella para poder seguirle—. Me mantendré pegada a tus talones.
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