29/07 ¡Atención, atención! La limpieza por inactividad se realizará a partir de las 22:00 horas en adelante del día 31 de julio. ¡Aprovechad los últimos momentos!


06/06 ¡Atención, atención!¡El Staff os ha preparado una sorpresilla curiosa! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo! Seguimos perpetrando maldades...


01/05 ¡Atención, atención! ¡El Staff os ha preparado una nueva Trama Global! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo y apuntaros, adoradísimos habitantes del submundo! Las maldades vuelven a comenzar...


30/04 Aun con cierto retraso, el Staff de FdA no se olvida de sus queridos users <3 Así que por San Valentín os hemos preparado una cosita muy especial. ¡No perdáis tiempo y pasaos por aquí!


29/03 Estimados habitantes del submundo. La limpieza de este mes se hará el día 31 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


26/02 Estimados habitantes del submundo. Atendiendo al hecho de que febrero no tiene treinta días, la limpieza de este mes se hará el día 02 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


28 # 27
8
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... deberíamos reconstruir este lugar fuera de Lego || Simon Lewis

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Llevo una máscara, y esa máscara, no es para ocultar quién soy, sino para crear lo que soy.



—¡Por el Ángel, Max!— farfulló una muy sorprendida Maryse, —te he dicho que no te aparezcas así, me das un susto…— el niño le sonrió encogiéndose de hombros. —Que eso no te cause gracia, Maxwell, no es nada gracioso, tenemos que establecer un método para que esto funcione, no voy a permitirte seguir jugándole bromas a todos, podrían decirle algo a La Clave—. La mujer intentó tranquilizar su pulso con un suspiro,  —vamos a pensar qué podría ser…


Tres horas después, la morena bañaba en purpurina negra una cinta. Dos pares de manos estaban llenas de pintura oscura y ahora brillos, se habían pasado parte de la tarde sentados en el invernadero mientras recortaban papel y pintaban con los dedos a falta de brochas.  

—¡Listo!— Max se levantó de un salto, ansioso por el nuevo regalo de mamá, jamás habían hecho algo como eso, las manualidades son cosas que hacen madres e hijos, pero Maryse no era esa clase de mamá, ella era toda una guerrera, de las primeras mujeres nefilim que salieron de casa a luchar contra demonios. Por ello, hacer cositas sin sentido era poco probable para ella, pero aquí estaba, sonriéndole a su pequeño hijos mientras sujetaba las cintas de la máscara improvisada que Max había elegido.
 
—¿Qué tal me queda, mamá?

Ella soltó una risita. —Te queda muy bien, Maxi. Ahora eres todo un superhéroe— ella apenas y entendía el concepto que muy serio, su hijo había intentado explicar durante esa curiosa tarde. —Anda, ve a jugar, ¡y nada de asustar a nadie más!

Con un asentimiento el chiquillo se alejó. Maryse podría tener tanta confianza como una madre lo necesitara, pero sus responsabilidades la mantenían inmersa en asuntos más allá de nefilim adolescentes y un infante fantasmal. No se quejaba, prefería tenerlo ahora consigo, y de ser posible, hasta su último aliento, quizá podrían “cruzar” juntos. Por ahora, se desgancharía del menor de sus hijos mientras retomaba las riendas del Instituto, y es que el ir y venir de los cazadores de sombras del resto del mundo era sumamente agobiante. Había mucho por hacer, comenzando con los informes que tenía aplazados desde la noche anterior.

Mientras tanto, Max continuaba con su andar, iría a ver a Alec para mostrarle la máscara que su madre había hecho para él. Con suerte, lograría que el moreno le consiguiera otro cómic de Batman antes de que lo enviaran a la biblioteca a gastar el tiempo. Normalmente el pequeño cazador seguía las directrices que marcaba su familia, sabía que actuaban bajo el temor de que La Clave ahondara en el tema de su estadía en el mundo de los vivos e intentaran regresarlo a donde se supone debería estar; sin embargo, en últimas ocasiones, había dado rienda suelta a las incursiones al exterior para visitar lugares que significaron algo en su tierna infancia, conocer personas o simplemente dárselas de investigador. Su curiosidad abarcaba extensos patrones escritos, nunca se sintió atraído por salir del Instituto, hasta ahora.

Entró a la habitación de su hermano mayor, de sorpresa. Pero no había nadie, todo estaba tan inmaculado como siempre que Alec salía. Haciendo un puchero, decidió ir donde Isabelle. Él mantuvo su forma corpórea la mayor parte del camino, pero cuando llegó a la habitación de la morena, era simplemente una máscara levitando sin gracia. Esperaba que nadie lo hubiese visto así, porque no quería seguir gastando su energía sin más.

La habitación oscura de Izzy estaba vacía, a excepción del sonido de la bañera. Tendría que esperar a que ella saliera, sin contar que tampoco era muy afecta a hacer “boberías” con él. Así que, esperarla no se consideraría el plan más perfecto. Le tocaba retirarse, pero cuando iba a hacerlo, el teléfono de la chica brilló igual que una piedra preciosa, llamando completamente su atención. Si bien, ella no era la más indicada para hacer jugarretas y demás, conocía al mejor postor.

Max conocía el detalle que se trataba del Líder del Clan, y que seguramente tendría muchas responsabilidades sobre sus hombros, pero también sabía que tenía una clase de “relación” con su hermana, y además, Simon era bastante flexible y comprensible con él. No es como si lo hubiese tratado mucho,  y el pequeño infante alababa su extenso conocimiento de lo mundano, y es que, bueno, el chico había sido un mundano hasta hace poco, relativamente. Y ante su enorme humanidad, ahora perdida, pero recordada,  exponía algo que atraía cual imán a Max, todo lo referente al mundo de la animación. De entre todos, el que más le gustaba para conversar, era Simon. No quería despreciar el hecho de que añoraba su existencia junto a sus hermanos y que cada palabra que decían era atesorada con sumo valor. Pero Max aún era un niño y aunque se esforzaba por no serlo más a los ojos de los demás, Simon comprendía algo; que ser niño no significaba que tendrían que hablarte con boberías o sobreprotegerte siempre, sino que debían enseñarte a ser fuerte siendo un niño que disfruta de las cosas más simples de la vida.

Cogió el móvil de su hermana y subió su máscara a la cabeza, buscando entre sus contactos hasta dar con el susodicho: “Mi querido Simon”, escribió, torció el gesto mirando las palabras. Dudaba que su Izzy se expresara así, no eran novios propiamente dichos, creía, pero aunque lo fueran, no pensaba que la chica escribiera esas cosas.

Borró el texto.

Querido Simon”, volvió a escribir chasqueando la lengua, en su forma incorpórea nadie podría escucharle, pero gracias a la máscara, sabrían de su presencia. “Te espero en la parada cinco del subterráneo en una hora”. Estaba por agregarle, “con amor, Izzy”, cuando escuchó el sonido de la ducha detenerse. Max prácticamente lanzó el teléfono a la cama, enviando el mensaje, justo antes de salir de allí usando su tan efectiva transportación. Había estado tan cerca de ser descubierto… ¡Y lo estaría, no borró el mensaje!

Max frunció el ceño, bueno, había sido un buen intento…

[. . . ]

Una hora más tarde, el chiquillo se balanceaba en sus pies, con la máscara puesta en su lugar, siendo tan corpóreo como cualquiera allí, aunque podría verse ese aspecto poco natural en él. De verdad estaba deseando que Simon llegara. ¿Y si estaba disgustado con su hermana o fuera de la ciudad y no llegaría? Era tarde para pensar en ello…
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Si hubiese dicho que, después de lo que habían vivido meses atrás, el mensaje de Izzy no le sorprendió enormemente, habría mentido como un bellaco.

El teléfono había sonado perezoso sobre la mesa del salón mientras él y Jordan jugaban a la consola, y tras darle una paliza a su compañero de piso en el Mario Kart por enésima vez, el joven vampiro se deslizó hasta el aparatito para ver quién se había puesto en contacto con él, o al menos, quién lo había intentado. A esas horas, pensó, probablemente sería Clary para quejarse de algo, lamentarse de algo o pedirle que fuesen a tomar cualquier cosa al Taki's para quejarse de algo o lamentarse de algo. Ya estaba entrando en modo vamos a chinchar a Fray cuando se dio cuenta de que quien le había mandado un mensaje era Izzy. La electricidad que le recorrió el cuerpo fue una sensación tan olvidada como placentera, y no pudo negar que fue realmente agradable.

Entonces lo leyó. Querido Simon. Eso le hizo enarcar una ceja. Jordan le preguntó de fondo que qué le sucedía. Él le respondió diciendo que iban a dejarlo por el momento porque Izzy le reclamaba para algo, pero no le comentó, desde luego, que aquel era probablemente el mensaje más extraño que le había mandado desde que... ¿se veían? Y todo era por aquel maldito 'querido Simon'. ¿Desde cuándo Isabelle Lightwood se había referido a él así en... cualquier contexto? Si casi le costaba decirle algo mínimamente cariñoso cuando estaban a solas, ¿por qué demonios usaría querido?

Mil ideas locas se le cruzaron por la cabeza mientras se daba una ducha y se cambiaba de ropa. Le costó convencer a su compañero de piso de que no hacía falta que le acompañase porque iba a quedar con una nefilim -y no con una cualquiera, sino con Izzy, que podía ser considerada perfectamente una dama de la muerte, vaya, aunque no era algo que pensase comentar con ella-, y salió del apartamento como un rayo para que no pudiese seguir dándole la tabarra al respecto, aunque sabía que si quería encontrarle, podía hacerlo perfectamente. Prefirió pensar, de todos modos, que prefería dejarles algo de intimidad a sabiendas de que su relación siempre estaba dando idas y venidas extrañas que no hacían más que desconcertar a quienes les rodeaban. A Simon eso le enfadaba hasta cierto punto porque, joder, lo de Clary con Jace era mucho más inquietante, ¿y nadie les decía nada?

Es racismo vampírico —le había dicho una vez a su amiga, haciéndola reír después del pertinente coscorrón y la mirada asesina por decir que la relación que mantenía con su novio era bastante más extraña. ¿Pero no lo era? Que durante un tiempo habían pensado que eran hermanos...

Aceleró el paso cuando casi era la hora de llegada, aunque intentó contenerse para no salir corriendo demasiado deprisa y llamar la atención de los demás. Buscó con la mirada la melena de rizos negros de Izzy, y durante un par de minutos no consiguió dar con nadie conocido en el lugar. Algo derrotado, cogió el teléfono para asegurarse de que había entendido bien las indicaciones, y que había aparecido en el lugar y a la hora indicadas, cuando algo llamó su atención de soslayo. ¿Una máscara de Batman? Dejó el aparato en su bolsillo delantero, bien vigilado, mientras avanzaba hacia la figura aparentemente corpórea que le resultaba ligeramente familiar.

¿Max? —preguntó, extrañado, levantándole ligeramente la careta para poder ver su fantasmal rostro, ahora algo más vívido al estar rodeado de personas de las que podía absorber su energía y su calor. Simon no sintió nada más allá del frío habitual; quizás un leve escalofrío sobrenatural, pero poco más. Se irguió al comprobar que era él—. ¿Qué estás haciendo aqu-? Oh, vaya. —No tardó mucho en comprenderlo, adoptando una mueca entre fastidiada y divertida—. No me lo digas. ¿Tú eres mi cita con Izzy? —Tampoco sentía que pudiese enfadarse con él. Max era un niño y... bueno, quería atención y alguien con quien hablar, y tenía una familia increíblemente ocupada todo el tiempo. Esperó allí, con las manos en las caderas a que le respondiese.


Última edición por Simon Lewis el Miér Sep 05, 2018 6:10 pm, editado 2 veces
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Llevo una máscara, y esa máscara, no es para ocultar quién soy, sino para crear lo que soy.

Desertar parecía una idea inmejorable en este momento, la gente pasaba a su alrededor y algunos niños reconocían al personaje de la máscara con una sonrisa de complicidad. Se balanceaba en sus pies canturreando alguna canción que no recordaba donde la había escuchado. Pensó en la mala decisión que tomó a medida que los minutos corrían acercándose a la hora pactada y esa sensación parecida a la ansiedad le corroía como un ratón hambriento hasta que percibió, si, igual que cuando era un nephilim vivo, podía percibir… pero tenía una diferencia tangible, lo sentía como un igual. Max mantuvo el rostro sereno sin soltar la carcajada cuando Simon levantó su careta. La buena noticia es que sí había llegado, la mala es que no era del todo correcta la forma en que le solicitó. Izzy no se vería muy feliz, de eso estaba seguro.

Dejó su balanceo infantil. Okay, tampoco el vampiro estaba del todo feliz, claro, ¿quién lo estaría cuando esperaba una cita con una despampanante chica y obtenía s u hermanita fantasma? Si, justo esa cara esperaba y eso le hizo reír. Él era su “cita”, y estaba de más aclarar que no venía con flores.

— ¿Y los chocolates?— inquirió en respuesta, ladeando el rostro en actitud de búsqueda en sus manos vacías, su voz realmente sonó decepcionada cuando agregó: — creí que en las citas, los chicos llevaban golosinas a la chicas— nunca vio a Izzy llegar con nada a casa después de una cita, Jace, en cambio, siempre tenía panecillos y dulces que alguien le había regalado, suponía que era todo eso del submundo, a Isabelle se le veía encasillada en guerreros no en seres románticos jurando amor eterno. De cualquier forma, aunque en Simon no veía nada de guerrero, había escuchado que se desempeñaba como tal si su vida dependía de ello, como todos, pensó, aunado a ello, bueno, era el líder del Clan de los Vampiros, algo debía tener el diurno, ¿no?

— Estoy aquí— admitió elevando el índice, — 1. Para mostrarte mi máscara, desde ahora, seré un superhéroe— su afirmación le hizo sonreír, pese a que el vampiro no podría verlo, — 2. Quiero fingir ser humano— ante eso, se encogió de hombros, como si esa idea no fuese completamente genuina, no es como si tampoco fuera falsa, más bien, le agradaba la idea de internarse en el mundo terrenal, lejos de todas esas etiquetas que se colocaban con las razas, no quería ser más un fantasma o un “ex” nephilim, ni tampoco pensar en Simon como en un vampiro. ¿Podían ser simplemente ellos? No sabía que significaba enteramente eso, pero abrazó la idea con un suspiro mientras subía su máscara a la cabeza.

—Estoy harto de ser Max Lightwood — declaró, fruncía ligeramente el ceño, mirando la actitud competitiva del adolescente frente a él, con sus manos en jarras, como si de verdad pudiera reprenderlo, tan fácil era escapar de allí, difuminándose en la nada. —y de ser un fantasma, quiero ser un humano — sonrió, — un superhéroe, y tu vas a ayudarme .
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El rostro de Max no se alteró cuando Simon le apartó la máscara para poder percibir la cara al otro lado, pero sí que emitió una ligera carcajada cuando le preguntó, y eso le alivió un poco el corazón. Aún no tenía muy claro cómo sentirse cerca de Max, la verdad; estando vivo le había recordado mucho a sí mismo cuando tenía su edad, delgaducho, con el pelo oscuro, gafas y brujuleando al rededor de su hermana mayor, sumergido en mil cosas frikis que aún le gustaban. Él no se había puesto una careta de Batman para atraer la atención de Rebecca, pero había hecho cosas igual de semejantes para hacerla reír o para llamar su atención y que jugase con ella, especialmente tras la muerte de su padre. Pero ahora era un fantasma que se mantenía allí, aislado, con ellos, sin poder marcharse al otro lado, o quizás sin pretenderlo, y al igual que le sucedía con Maureen, veía en él a un niño que ya nunca terminaría de crecer, y eso le perturbaba un poco.

Cuando le preguntó por las chocolatinas fue él quien se echó a reír, pero de forma más suave, con una mueca casi tierna que le surcó el rostro. Bueno, también mentiría si no fuese capaz de reconocer que en el fondo el pequeñajo le gustaba por su inventiva y por su sinceridad. No era como si todo él le repeliese, solo que le costaba encajarle en un mundo como el que les rodeaba. Pero todo era cuestión de acostumbrarse. Quería acostumbrarse. No porque fuese el hermano de Izzy ni nada por el estilo, sino porque todo él pedía el auxilio propio de alguien de su edad que al final se encontraba prácticamente solo todo el tiempo, ya fuese porque su familia no podía atenderle, ya fuese por su propia condición existencial.

Sí, bueno, tu hermana no es muy de recibir regalos cuando se queda con ella. Pero no se lo comentes o soy vampiro muerto —le reconoció en voz baja, guiñándole un ojo como gesto de confianza.

Observó y escuchó atentamente todo lo que tenía que decirle. "Wow, sin dudas es una máscara genial" le contestó cuando hizo alusión a la misma, esbozando una sonrisa todavía mayor que se congeló en su rostro automáticamente en el momento en que Max hizo su segunda petición. El corazón ya no podía latirle porque lo tenía muerto; músculo atrofiado que nunca volvería a bombear sangre por sus extremidades, a acelerarse por la presencia de Izzy o a palpitarle dentro del pecho como si se le fuese a salir por la boca; pero Simon podría haber jurado que algo le dolió dentro de la caja torácica al escuchar aquello. Su sonrisa se desdibujó, notando cómo la pena le inundaba poco a poco, aunque intentó no dejarse llevar por ella, porque Max le estaba observando con tantísimo empeño, con tantísimo empuje e interés, que no podía permitirse el lujo de permanecer relegado a la tristeza. No se merecía que no le siguiese el ritmo, o que la compasión guiase sus actos, pero de pronto sintió una enorme conexión con él, y le habría gustado poder abrazarle con todas sus fuerzas, porque de nuevo se vio reflejado en su delgaducha figura, ya que él habría dado la vuelta al mundo si con ello podía recuperar su humanidad.

Se relamió los labios mientras se ponía de cuclillas, recargando los brazos sobre las rodillas, con los ojos fijos tras la mirada llameante que había tras la máscara de Batman, sonriendo.

Muy bien entonces, señor Wayne. ¿Cómo puede Alfred servirle en esta ocasión  en concreto?
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Llevo una máscara, y esa máscara, no es para ocultar quién soy, sino para crear lo que soy.
La sonrisa del chiquillo se extendió en complicidad. Ciertamente, Izzy no requería de convencionalismos, además, entre los nephilim, no recordaba que tuvieran simetría en el lado amoroso con los mundis, la diferencia radicaba que entre los cazadores el formalismo era casi impecable y la mayoría, prefería pasar al “siguiente” nivel con rapidez. Su vida era tan corta en batalla, que la mayoría, vivía todo de forma rápida, con toda la ceremonia requerida pero sin el tiempo de ocio eterno con el que parecían gozar los mundanos. Eso, por supuesto, no significaba que a su hermana no le gustaran los detalles, pero Max no se pondría ahondar en el tema, después de todo, las relaciones humanas eran tan incomprensibles, que si a él le regalaban un manga podría confundir el agradecimiento con el enamoramiento, quizá, si su edad adolescente hubiese llegado, eso se convertiría en un hecho más que demostrado.

La frase “vampiro muerto” era tan incoherente como graciosa, técnicamente, el cuerpo del vampiro estaba estático en su humanidad contenida, pero viva. Si, muy curioso. A Max todo el submundo comenzaba a despertar su interés como nunca. De pequeño, solía memorizar los cuentos infantiles que le gustaban, nada sobrenatural, simplemente terrorífico que Jace se permitía leerle de vez en cuando; sin embargo, con el tiempo retomó la lectura deteniéndose especialmente en novelas futuristas, científicas o de misterio, ¿algo sobre hombres lobo? Nah, nada de eso, quizá se debiera a que la realidad superaba la fantasía, que bastaba con leer un poco de la literatura dedicada a sus clases con Hodge para desestimar todo lo demás. Y, dicho estaba de paso que, su curiosidad se quedaba suspendida en los textos seleccionados y memorizados para mantener a su tutor feliz. Ahora, su propia condición lo llevaba a recurrir a los libros especializados, y con ello, a sentir cierta emoción de genuino interés.

Asintió, aunque no le mencionó todo el tiempo invertido junto a su madre, pensó que cosas como esas, debían quedarse en su memoria mientras estuviera totalmente fresca. Había percibido, en las “personas” con las que había compartido su experiencia en el plano destinado a los muertos, que éstos gozaban de lagunas, otros mantenían cada recuerdo intacto pero algunos más, pensaban en su pasado como algo olvidado. Él esperaba que estas nuevas experiencias en calidad de fantasma pudieran ser albergadas para siempre, incluso, si tuviese que regresar al lugar donde se supone debía estar.

Entonces, cuando creyó que Lewis haría lo contrario, y lo mandaría de regreso al Instituto. Porque vamos, el infante no conocía tanto al vampiro como para adivinar sus reacciones, además, su convivencia era básicamente existencial, coexistían en el mismo plano bajo las mismas personas y hasta compartiendo cosas en común (quizá) pero tan apartados como su propia especie y, por supuesto, su edad. Así que, no podía haber predicho —aunque quisiera— que el LÍDER —ni más ni menos— de los vampiros, encogería su gesto en una emoción que Max conocía a la perfección y sin siquiera imaginarlo, lograr despertar algo más que la compasión que todos vivían ocultando a su alrededor. Nuevamente, no se quejaba, pero se cansaba de estar pidiéndole a todos que no se sintieran tristes por él, ni por el camino perdido y menos, por su regreso y posible segundo “viaje”.

Con todo, Max siguió con la mirada los movimientos precisos del diurno. Sospechaba que todos sus movimientos estaban premeditados, después de todo, conocido era que los vampiros gozaban de grandes espectros de velocidad y fuerza; como fuese, pudo verle a los ojos sin levantar el rostro.

La sonrisa del menor de los Lightwood se extendió iluminando toda su cara antes de regresar su máscara a su lugar. Era consciente de la energía que los vivos le regalaban en momentos en que sus emociones se extrapolaban, como ahora, que no cabía en la emoción y es que, por más que el chiquillo quisiera sentirse un adulto, eran instantes como estos los que ganaban en su espíritu infantil e inocente. No se puede obviar el hecho que, pese a los miles de años que estaría viviendo, en el mundo terrenal o espiritual, no podría madurar salvo lo esencial, quizá gozar de cierta sabiduría pero, ¿cómo habría de “crecer” cuando su mente se ha quedado estancada cual infante que era? ¿Qué lo obligada (como a todos los vivos con sus experiencias) a extender su mente, a comprender?

—Es una investigación, Alfred— anunció, agravando su voz con ese toque cetrino dentro de un eco profundo, —buscaremos a Tim Drake— alusión definitiva de que recorrerían las tiendas de comics, ¿por qué? Un hecho sencillo en realidad, recién había leído sobre su aparición en el comic de Batman y la relación (por no decir su existencia como tal) del Red Robin le llevaron a indagar sobre la presencia de un cómic a su favor. ¡Súper interesante! Pero no sabía cómo hacer eso, es decir, jamás había visitado una tienda mundana, a excepción de la librería junto a Alec, así que, lo primero… cacería de comics.
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Simon adoptó una pose recta, elegante, y un rictus serio en el rostro, como si se tratase de verdad del mayordomo de Bruce Wayne, y asintió lentamente con la cabeza mientras hacía todos los esfuerzos del mundo por no echarse a reír ante el eco de la voz ronca del niño a su lado, intentando imitar el tono de un hombre adulto sin demasiado éxito. Pero Alfred no se habría reído de su señor por algo así; podría haber hecho alguna broma con esa flema inglesa que tanto le caracterizaba al respecto de si había pillado un resfriado o se había acercado demasiado a un gato teniendo en cuenta su alergia, pero no  habría soltado una carcajada. Así que Simon tampoco lo hizo.

Por supuesto, señor Wayne. Vamos allá.

Y junto al pequeño fantasma se adentraron en la tienda de cómics.

A pesar de todo, Simon se encontraba algo inquieto. Es decir, ¿cómo iba a afectar Max al ambiente que les rodeaba? ¿Le verían los mundanos? Hasta donde sabía, si los fantasmas absorbían la energía necesaria de las personas que le rodeaban podían llegar a materializarse, incluso a hacerse lo suficientemente corpóreos como para pasar por una persona normal y corriente. Por supuesto que los mundanos sentirían un inexplicable frío salido absolutamente de la nada, lo que les llevaría a desear estar abrigados incluso en esa época del año, pero esperaba que la cosa no fuese más allá. Como que nadie intentase tocarle, en el caso de que pudiesen verle, pero ya no era consciente de si además de visible también podía resultar... palpable.

Tragó lentamente, intentando apartar esos pensamientos de su cabeza y centrándose en complacer al niño a quien tan prematuramente le habían arrebatado la vida. «Sebastian». El recuerdo del hermano de Clary le revolvió el estómago, y de forma inconsciente apretó los labios, desviando la atención al pequeño, que parecía entusiasmado ante la idea de pulular por allí, entre tantos cómics, tantos mangas, figuras y libros de fantasía. La rabia se mezcló de nuevo con la pena. ¿Por qué no podía, simplemente, dejarles en paz? Dejar de traer tanta desgracia al mundo que conocían y quedarse en Edom con su retorcida madre para siempre, para ser el rey de las cenizas en su propio mundo oscuro donde no podía causarle dolor a nadie más. A nadie a quien quisiese. Aún recordaba el cuerpo de Izzy tembloroso contra el suyo tras la muerte de su hermano pequeño. El calor de su piel le perseguía incluso despierto, al igual que sus gruesas lágrimas. Nunca antes había odiado a nadie pero...

Bueno, señor Wayne. Veamos por dónde podemos empezar a buscar a Tim Drake... Si no recuerdo mal por la última vez que tuve el gusto de estar en este sitio, creo que lo ideal sería comenzar por... aquí. —Le señaló la pared izquierda de la tienda, que se veía repleta de estanterías llenas de cómics—. Vamos a comprobar si mis fuentes no son erróneas. Si tiene el gusto de ir delante... —le indicó con la mano, guiñándole el ojo mientras se le escapaba una sonrisa traviesa. Veía mucho de sí en Max, y le apetecía contemplar su emoción mientras se perdía entre los libros—. ¡Pero no toques nada!—se le escapó, como haría un hermano mayor con el pequeño.
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