29/07 ¡Atención, atención! La limpieza por inactividad se realizará a partir de las 22:00 horas en adelante del día 31 de julio. ¡Aprovechad los últimos momentos!


06/06 ¡Atención, atención!¡El Staff os ha preparado una sorpresilla curiosa! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo! Seguimos perpetrando maldades...


01/05 ¡Atención, atención! ¡El Staff os ha preparado una nueva Trama Global! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo y apuntaros, adoradísimos habitantes del submundo! Las maldades vuelven a comenzar...


30/04 Aun con cierto retraso, el Staff de FdA no se olvida de sus queridos users <3 Así que por San Valentín os hemos preparado una cosita muy especial. ¡No perdáis tiempo y pasaos por aquí!


29/03 Estimados habitantes del submundo. La limpieza de este mes se hará el día 31 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


26/02 Estimados habitantes del submundo. Atendiendo al hecho de que febrero no tiene treinta días, la limpieza de este mes se hará el día 02 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


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18
NEFILIMS
7
CONSEJO
11
HUMANOS
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LICÁNTRO.
12
VAMPIROS
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BRUJOS
6
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DEMONIOS
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FANTASMAS

Hasta el mejor cazador se le va la liebre. || Taylor C. Haydn

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HASTA EL MEJOR CAZADOR SE LE VA LA LIEBRE
→ 10:00 p.m. → TAYLOR C. HAYDN

¿Por qué no estás corriendo?

Así comenzaba la escena de hoy, se trataba de dos entusiastas —pero malas en habilidades— hadas que ahora corrían por el túnel más largo que podrían ver en su vida. Habría sido una excelente excusa morir en esas circunstancia, hasta podrían decir que morían peleando como unos guerreros, pero su especie no se caracterizaba por grandes proezas en batalla, era su astucia lo que los hacía verdaderamente fuertes. Sin embargo, estaban estas dos criaturas cuya esencia predominante era la poca facilidad para salir de embrollos; la cualidad más extraordinaria de Rowen era tallar gemas.

Así que, justo ahora, la escena se mostraba de lo más perturbado. Y, seguramente se preguntarán cómo es que llegamos a la acción de hacer correr a dos hadas en medio de un túnel y siendo perseguidos ni más ni menos que por diez cachorros de lobos…

Todo inicia con un macho Hada de cabellos rojizos que se encamina a tomar el subterráneo a casa. Hoy se había liado al grado de perder los estribos por una desaparecida perla. Casi volcó el taller entero para buscarla, el gerente estaba a nada de sufrir un colapso cuando el muchacho extrajo la esfera blanquesina de una pequeña fractura en uno de los cajones. Pero eso le quitó tanto tiempo que tuvo que quedarse a terminar el encargo. No le molestaba, en absoluto, estaba muy acostumbrado a trabajar hasta tarde, es más, era una clase de desahogo.

Un colega en el taller le dio la fantástica idea de coger un túnel.  “Llegarás en menos de diez minutos, muchacho” había dicho, y el pelirrojo prefirió seguir el consejo antes de que se perdiera en algún lugar al intentar llegar. Todavía no se acostumbraba a ese estilo rápido de vida, la ciudad era un bullicio que le ponía los nervios de punta, a eso le añaden que su perspectiva del especio era cruelmente nula, se tiene a un chaval perdiéndose entre calles.

Caminó cinco minutos hasta encontrar el túnel. Estaba sumamente oscuro, y eso no le disgustó en lo mínimo, pero el sonido de risas causó un peculiar eco. Las risas pertenecían a varios chicos que tendrían un par de años menos que él, estaban en pleno frenesí a carcajada suelta, rodeaban algo y a Rowen se le encendió una alerta que le gritaba no pasar por allí. Normalmente habría hecho caso y regresado sobre el camino, pero envalentonado siguió caminando.

Mientras se acercaba, las voces se volvían más nítidas, captando entre una de ellas, la de una mujer. Su manera de hablar le recordaba a todas esas hadas de Feéra, las que eran nativas parecían incluir en sus voces unas campanillas. Rowen apresuró el paso cuando uno los chicos cayó a unos cuantos metros de distancia, se puso en pie de un salto, y lo que venía a continuación realmente le sacó una exclamación de sorpresa; el labio del chico se tiró hacia atrás, dejando entrever enormes caninos que crecían y transformaban su rostro, cada fina facción americana se distorsionaba adoptando la fuerza dormida de un animal creciente. Su transformación no fue lenta, escasos segundos bastaron para que echara el cuerpo hacia adelante y su columna se estirara, arrancando crujidos mientras cambiaban sus huesos. Una escena salida de la televisión…

Fitwilliam escuchó con un estremecimiento el aullido. La cacería estaba por comenzar y él se hallaba intentando despertar. Un coro de aullidos penetraron la noche, el eco en el túnel hizo viajar el sonido de forma aterradora, y entonces, sin saber por qué, Rowen corrió.

Se precipitó a encontrarse con la luz al otro lado del túnel. Su único pensamiento era pasar frente a los enormes lobos quienes daban la impresión que se divertían con su demostración de aullidos. Y para él, un Hijo de Lylic cuya existencia marchaba al lado de los humanos pensando en fantasías que creían inexistentes, esto se salía de su control, de su mente estrecha de mundano que apenas y asimilaba su propia existencia como un ser mágico.  Es decir, él sabía de la existencia de los licántropos, pero eso no significaba que los vería  de esta manera, tan… tan aterradora y mortal.

Para calmar sus propios nervios, se concentró en el sonido de sus pies y entre la oscuridad, los aullidos y el murmullo del viento, golpeó algo. Y ese algo era nada más y nada menos que la mujer a la que había escuchado al inicio de su incursión por el “mundo guau”.

¿Qué demonios?— masculló moviendo los brazos a su alrededor, deseando tocar algo que le hiciera creer que casi estaba cerca de la salida. Simplemente halló lo que parecía ser un brazo,  —¿por qué no estas corriendo?
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OFF: Perdon por la biblia que te espera a continuación.

HASTA EL MEJOR CAZADOR SE LE VA LA LIEBRE
→ 10:00 p.m. → Rowen Fitzwilliam

Era bien sabido que poco se podía confiar en un hada, pero Taylor jamás hubiera pensado que siquiera un hada podía confiar en otra hada.

-¡Deberíamos volvernos!.
La voz de su amiga amortiguada por la música a todo volumen del local bailable llegó a sus oídos, mientras el hada con los cabellos teñidos de rosa se sacudía de un lado a otro, bailando a los saltos y dejándose llevar por un ritmo que parecía llevar en la sangre.
-¿Ya tan pronto?- Le contestó Taylor, que a pesar de sus movimientos eufóricos se las arregló para hacerse oír, sin demostrar mucha intención en detenerse para marcharse de ese lugar de una vez.
-Si, si nos tardamos más nos van a descubrir, no deberíamos estar aquí. Ya vámonos Tay.
Antes de que la susodicha pudiera responder, la otra muchacha con la misma sangre feérica pero con un poco más de sentido común se adelantó a tomarla del brazo y arrastrarla, sabiamente, abriéndose paso entre la multitud para llegar a la salida del lugar. Poco le faltó a Taylor para tropezar apenas poner un pie en el exterior, pues se había puesto unas botas que ella misma tachada de ridículamente altas, pero que para alguien con su particular baja estatura parecían haber sido un regalo divino que no podía permitir desperdiciar, sobretodo cuando la idea de encontrarse completamente rodeada de personas en un ambiente cerrado y con aire viciado, hasta por al menos dos o tres cabezas más que encima de la suya, no se le hacía muy tentadora.

Se podría decir que la gran mayoría de las que podían catalogarse como malas ideas solían venir de la misma Taylor, pero esta vez y para mayor sorpresa, la propuesta de asistir a una fiesta en el tan famoso Pandemonium había venido por parte de su compañera. Evidentemente Taylor no había puesto ningún tipo de pero y se había acoplado al plan con el entusiasmo de conocer un lugar nuevo al que, como no, en realidad estaban yendo a escondidas. Ambas sabían que fuera del Reino de las Hadas no podían andarse a sus anchas, no era su territorio y actualmente existían suficientes peligros como para hacerles pensar dos veces el solo hecho de salir del Reino. Pero bien se sabe que nada puede contra la rebeldía y la estupidez adolescente. Solo habían necesitado un par de identificaciones falsas y ese había sido el único obstáculo que habían considerado como importante en su camino… hasta que al momento de cruzar la calle para tomar el camino de regreso a casa el frenazo de un coche a escazos centímetros de las dos jóvenes casi hace que se les saliera el corazón por la boca.

-¿¡Pero tu de que vas, imbécil!?- El primer grito en el cielo fue nada más y nada menos que de Taylor, quien con el ceño tan fruncido como le fue posible, intentó mirar quien era el bárbaro al volante, aún a pesar de que los dos focos brillando en la oscuridad de la noche le impedían diferenciar cualquier cosa detrás del vidrio delantero del automóvil. La respuesta vino en modo de bocina y aún parada en medio de la calle, justo al lado de su amiga, Taylor no pudo evitar que -como pequeña caldera de lata que era- la indignación se le disparara hacia arriba. -¡¡Mira por donde vas!! ¡Casi nos atropellas! - Insistió, sin moverse de lugar, pues si podía fastidiar al conductor para que no pudiera avanzar por un par de minutos la haría sin ninguna duda. Bocinazos varios volvieron a hacerse oír repetidas veces, al punto de obligar a las dos jóvenes a hacerse a un lado antes de el conductor perdiera la paciencia y decidiera pasarles por encima de igual forma. Una vez más, su amiga impidió que Taylor cometiera algún crimen de delito a propiedad privada, apartándola de la calle hasta la acerca a donde se suponía debían cruzar en primer lugar. El coche arrancó, mas sus pasajeros no perdieron oportunidad de una pequeña venganza hacia el hada con temperamento explosivo. Les ventanillas de los asientos traseros se bajaron y dos muchachos se asomaron, gritándoles a las dos chicas, que ahora permanecían paradas sobre la acera, unos cuantos comentarios indecorosos que de haberse encontrado más cerca, Taylor hubiera respondido lanzándoles una de sus botas a la cara. -¡Pudránse!- Pecando de querer tener la última palabra, el hada finalizó por enseñarles el dedo medio en lo que el coche se alejaba. Las risas de los muchachos se escucharon hasta que el coche se perdió de vista y el par de hadas comenzó a caminar.

Un atajo. Así fue como su amiga llamó a la peculiar elección de camino de regreso a casa en forma de túnel altamente sospechoso. Aún así, el hecho de tener que caminar menos fue suficiente para convencer a Taylor y una vez más se encontró siguiendo a alguien por los pasos hacia una muy mala idea. Habían pasado un aproximado de cinco minutos dentro del túnel, cuando antes de que pudiera darse cuenta de lo que ocurría, un coche se paró sobre el costado del túnel. El mal presentimiento fue inevitable desde el primer segundo y el par de hadas no se tardó en reconocer el coche como el mismo con el que se habían topado bastante rato antes. Taylor no solía acobardarse fácilmente, pero no estaba tan mal de la cabeza como para no darse cuenta de que estaban en una clara desventaja. Los faroles del coche se apagaron y cuatro muchachos salieron del vehículo, con los ojos brillando en un tono amarillento y un aire sobrenatural que solo podía poner las cosas aún peor. Sonrisas burlonas trazadas en los rostros de cada uno de ellos, complexiones físicas el doble de grandes que el de las jóvenes hadas y un par de colmillos asomando a propósito.
-Pero mira nada más, la bola de bestias. Licántropos tenían que ser- Soltó con un resoplido y cruzando los brazos, al tiempo que les dedicaba una mirada digna de quien anda con malas pulgas, irónicamente.
-¿Vas de lista, niña?- Contestó uno de ellos, al tiempo que el grupo se acercaba a paso lento a las dos hadas hasta finalmente rodearlas. Estaban intentando intimidarlas, como si no hubieran tenido poco ya metiéndose en un túnel con ese nivel de tétrico. Taylor quería creer que no querían hacerles daño realmente, sino talvez darles el susto de su vida. ¡Pero con ella no iba a funcionar, claro que no!. Su amiga, por otro lado, no podía decir lo mismo.
-¡Voy por ayuda!- Murmuró, acercándose a Taylor, quien pudo notar que su amiga se encontraba temblando, posiblemente presa del miedo.
-¡¿Qué?!- Preguntó, temiendo saber exactamente cómo haría aquello -¡No! ¡Esp- Sin embargo no alcanzó a terminar de hablar, pues el hada desapareció del lugar sin más. En un abrir y cerrar de ojos, Taylor se encontraba sola, en consecuencia de, en opinión del hada pelirosada, una decisión muy apresurada por parte de su compañera. Las hadas no podían mentir, sabía que haría lo que había dicho, pero estaba segura de que aún así, cualquier excusa le hubiera servido para desaparecerse asi y evitarse el problema.
-Ya no eres tan valiente estando sola eh
-Oh, porfavor, acércate un paso más y te vas a enterar qué tan pesadas son mis botas
-¡Que chiquilla temperamental que tenemos por aquí!
-Ya ves, ahora déjenme pasar
-¿Y si no? ¿Qué vas a hacer?- Como si se hubieran puesto de acuerdo, el grupo de licántropos se acercó un par de pasos más a la joven hada. El corazón se le acelero, en una clara señal de que, quisiera admitirlo o no, tenía miedo. Retrocedió un par de pasos instintivamente, hasta que recordó que detrás de ella también se encontraba uno de ellos. Y entones, impulsada por un pánico repentino, decidió intentarlo sin pensar, esperando que sucediera algún tipo de milagro muy oportuno.
-¡Dejenme en paz!- Gritó extendiendo los brazos hacia abajo con los puños apretados. Por un instante, por un pequeño instante, sintió la magia recorrerle el cuerpo, emitiendo lo que parecían ser pequeños chispazos a su alrededor. Realmente creyó que lo lograría, creyó que por primera vez la suerte estaría de su lado. Pero en realidad, aquellas pequeñas luces no eran más que el efecto de algo averiado. Un charco de agua a los pies del hada estalló en cientos de pequeñas gotas, sin lograr más que salpicar a sus adversarios y mancharles con un poco de barro. Los muchachos estallaron en carcajadas, cargados de tanta burla que Taylor no quiso más que hacerse aún más pequeña y desaparecer de allí, completamente humillada. Todo pareció volverse aún más oscuro que antes.
-Ooohh, pobre hadita, no sabe usar sus poderes. Déjanos enseñarte como se hace…
Como para hacer las cosas aún peor, el color que había tomado el rostro de la chica se desvaneció completamente al darse cuenta a lo que se refería. Y en medio de los horribles sonidos de huesos rompiéndose y aullidos que lograban poner la piel de punta: pasos de alguien corriendo. ¡Su amiga había vuelto con ayuda!. Pero entonces, a duras penas, logró distinguir a alguien corriendo en su dirección pero cuya figura no podía estar más alejada de la de su amiga. Parecía un chico. ¿Sería Lei?. Escuchó como sus pasos se detenían, como si hubiera chocado contra algo. Contra algo que no había sido ella. Su voz descartó la idea de que fuera su hermano al instante, Taylor no tenía ni la menor idea de quien era y a pesar de darse cuenta que le había hablado a ella,  supo que a él tampoco le convenía permanecer más tiempo allí. -¡No estoy corriendo porque no te has chocado conmigo!- Le contestó, suponiendo que había tenido la mala suerte de encontrar a uno de los licántropos a medio transformar. Como pudo, se las arregló para diferenciar al muchacho en la oscuridad, tomarlo de un brazo y echar a correr hacia la salida del túnel. -¡Corre, corre!-.


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HASTA EL MEJOR CAZADOR SE LE VA LA LIEBRE
→ 10:00 p.m. → TAYLOR C. HAYDN

¿Qué no he chocado contigo?— inquirió un par de tonos más alto de lo normal, incluso escuchó cierta histeria en su timbre de voz, —¿entonces con quél?

Uno de los licántropos tuvo el atrevimiento de lamer su mano, despertando en la garganta del macho hada algo parecido a un grito; bastante bien amortiguado con la exclamación de sorpresa. El aullidero iba en aumento como una jauría de perros callejeros peleando por un trozo de hueso. Esta situación se estaba volviendo escabrosa por donde quiera que le mirara. Simplemente deseaba salir de allí lo menos atormentado posible. Atormentado y herido.

Sintió los dedos de la chica cerrarse en su brazo, acto que incitó su renovada energía para salir disparados de allí. La oscuridad se ceñía sin decoro mientras sus pasos chapoteaban en agua de dudosa procedencia, hasta este punto, su sentido del olfato solamente distinguía el aroma a perro mojado. Y sus oídos estaban encapsulados en las fuertes pisadas de hombres lobo que se acercaban peligrosamente. ¿Acaso no eran mucho más fuertes, grandes y veloces? Era cuestión de tiempo para que les dieran el alcance. ¿Qué querrían hacer? ¿Matarlos?

Están los Acuerdos— balbuceó golpeando el hombro de la chica. No sabía que alcance tenían los mencionados acuerdos, pero creía que eso lograría algo, ¿no? ¿o es que podían destrozarse entre las razas? De ser afirmativa esa respuesta, bueno, Rowen no viviría para contarlo.

La luz era un punto en la distancia, como un oasis en pleno desierto. El hada se aferraba a ese círculo de luz que se acercaba en cada paso, pero cuyo acercamiento era mucho más lento que el aliento de lobo que percibía en la nuca. Y ese sonido, ¡solo Dios podría sacarlos de ello!

Con total desesperación buscó en su chaqueta el rosario de rosas que su abuela le había regalado, allá por su tierna infancia. No lo encontró. Estaba seguro que lo había guardado en ese bolsillo. Tirando del brazo que la chica le sujetaba, rebuscó en ambos bolsillos. ¡No estaba! De golpe, se detuvo, abriendo los ojos todavía más, como si quisiera hacer que todo se encendiera a su alrededor para ver dónde había quedado el rosario.

Espera, espera, espera…— se giró sobre sus talones, y allí es cuando comenzó el baile entre brazos, hocicos y un aullido de sorpresa.

Aquel licántropo que más cerca se encontraba se estrelló de lleno contra el pelirrojo. Los hombre lobo tenía sus sentidos agudizados, pero nada les preparaba para ir a la carrera e intentar detenerse luego que un tipo bastante peculiar se paralizaba en plena carrera. Rowen se balanceó agitando los brazos, agarrándose a lo primero que encontró, un par de peludas orejas. El licántropo gruñó al tiempo que se tumbaba culpa de la velocidad, arrastrando con él al macho hada. El pelirrojo prácticamente quedó bajo el lobo, sentía el cuerpo peludo aprisionarlo mientras el cachorro se agitaba para levantarse. El dolor de algo herido en su cuerpo, que por la intensidad del momento no logró distinguir su origen, ascendió llenando cada uno de sus sentidos. Había ruido a su alrededor y él mismo gritaba algo, quizá nada, pero entre el grito percibió las fauces del lobo abrirse frente a su rostro, el aliento tibio y alcoholizado lo golpeó, Rowen lo único que pensó fue en golpear y arrastrarse, y eso hizo.

¡Hey!— estiró el brazo tocando el agua. ”¡Agua”!, había existido el agua en ese túnel desde el inicio, —¡ouch!— palpando el líquido reunió toda energía, intentaba concentrarse en algo, solo tenía segundos y es que aquí todo se desarrollaba en lapsos tan cortos que recién escuchaba el llegar de la jauría de lobos, quizá motivados por los gruñidos de alarma de su joven amigo.

Fitwilliam hizo acopio de sí mismo, el agua comenzó a crecer, ya no era un pequeño charco que moja la suela de los zapatos, poco a poco comenzaba a correr el agua con total libertad. Sus habilidades apenas se estaban puliendo, eso era un hecho, pero algo que lograba mantener en mejor dominio era el elemento del agua, y él amaba sentir ese control creciendo dentro de sí, desplegándose, multiplicando cada partícula. Jamás podría crear un océano, eso era evidente, nadie podría, pero si lograba transformar un charlo en un riachuelo.

Como acción inmediata al crecimiento del agua, el macho hada desplazó una considerable cantidad de agua hacia el lobo, que no aceptó muy bien y respondió con zarpazo, por fortuna ni siquiera logró tocarle. Entre aquel movimiento poco audaz, Rowen se “arrastro” fuera del alcance del lobo, en tanto, el agua continuaba creciendo como si toda la energía del hada estuviera puesta en ello, y tal vez lo estaba.

El rosario— se dio un golpe en la frente con la palma de la mano, definitivamente, con toda esa agua, la oscuridad y los licántropos, no lo encontraría otra vez.

Debemos salir de aquí…“todos deberían”, en acto reflejo a la situación y sus propios nervios, hizo correr el viento en dirección a los licántropos. Uno de ellos estaba perdiendo su transformación en un estallido de aullidos. Pero el viento comenzaba a salirse de control y agua parecía no tener fin

“Bien, esto para nada fue un atajo”.

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HASTA EL MEJOR CAZADOR SE LE VA LA LIEBRE
→ 10:00 p.m. → Rowen Fitzwilliam

Entre el golpeteo de sus pasos apresurados, su propia respiración exaltada y las enormes zancadas de los licántropos acercándose a toda prisa, el hada logró diferenciar la voz del muchacho que corría a su lado. Sintió un ligero golpe en su hombro mas no detuvo su carrera siquiera para mirar hacia atrás o a su compañero de huida. -¡No tengo ni idea que dicen los acuerdos! ¡Tú solo corre!- y era totalmente cierto pues en lo único que podía pensar en ese momento era en correr. La voz de la pelirosada, chillona por el creciente estado de pánico que ser perseguida por cuatro hombres lobo evidentemente le provocaba, resonó dentro del túnel con un ligero eco. Sus pesadas botas pisaban con fuerza contra charcos varios y poco parecía importarle a Taylor lo incómodas que eran para correr a esa velocidad. Sus ojos estaban fijados en la escasa luz que se veía al final del túnel. Ni siquiera tenía idea qué haría una vez que estuvieran fueran, pues los licántropos eran prácticamente un todo terreno asegurado. En esos momentos Taylor se lamentaba el hecho de que ni siquiera era capaz de volar.

Sin embargo y como de alguna manera era de esperarse, a pesar de que el par de jóvenes llevaban un buen trecho de ventaja en la carrera, las cosas no se tardaron en darse vuelta. Ante las palabras del muchacho que nuevamente llegaron a sus oídos, en conjunto con el sonido de sus pasos deteniéndose, Taylor no pudo evitar girarse, completamente confundida, para enterarse de lo que estaba sucediendo. -¡No! ¿Pero qué haces? ¡No te pares, corre!- Le insistió el hada, que ya había detenido su paso imitando al chico pero adoptando una posición para retomar la marcha en cualquier momento, mientras observaba los destellos de los ojos de los lobos acercándose por la oscuridad del túnel. Entonces todo sucedió demasiado rápido. Taylor ahogo un grito en el instante que distinguió a uno de los licántropos chocándose de lleno contra el muchacho. Los demás seguían acercándose, pero en vistas de que sus transformaciones no habían sido tan rápidas como el primero, aún tenían unos cuantos metros más por recorrer.

Situaciones como aquellas eran las que hacían a Taylor plantearse el comenzar a evitar meterse en problemas con más esfuerzo, pero bien sabía que de todas formas la próxima vez, si es que había próxima vez, ignoraría por completo, una vez más, todos los indicios que le hacían saber que lo que estaba haciendo era una mala idea. Meterse en problemas, ese era el único poder que manejaba como una profesional.

Entre la oscuridad, poco pudo diferenciar sobre qué fue lo que ocurrió exactamente. Lo cierta fue que la pelirosada había quedado completamente congelada en su lugar, debatiéndose internamente en como ayudar al muchacho que había acabado tendido con un perro salvaje encima. Llego a plantearse huir directamente, sin embargo sus pies permanecieron clavados en el exacto mismo lugar. Para su suerte y asombro, pudo ver y escuchar como el agua a su alrededor parecía cobrar vida propia. Se le hizo evidente que el chico o bien podía ser un brujo o uno de los suyos. ¡Al menos alguien de los dos si podía usar sus poderes!.

De alguna manera, el agua pareció retener al lobo el tiempo suficiente como para que el muchacho lograra incorporarse por cuenta propia. -Se acercan, vámonos-. Volvió a insitir, acercándose hasta pararse junto al muchacho a modo de llamar su atención. Fue entonces cuando él menciono un rosario y la expresión en el rostro del hada se transformó a una llena de confusión. -¿Qué rosario? ¡Venga volvemos a buscarlo después!- Le contestó atropelladamente, en un intento de ser lo suficientemente convincente y hablando tan rápido como le fue posible, como si no estuviera dispuesta a perder ni un segundo. -¡Estoy de acuerdo! ¡Ahora vámonos de una vez por todas, porfavor!-. Agregó finalmente, rogando con la mirada, cuando de pronto se desató un vendaval que bien podría haber logrado que la muchacha saliera volando como una hoja. Su cabello y la tela de su ropa se sacudió con fuerza y la muchacha tuvo que hacer un esfuerzo para permanecer con los pies bien plantados en el suelo. Estaba segura de que sus botas habían tenido algo que ver. La joven hada decidió dar el primer paso hacia la salida, sin embargo la resistencia que le estaba poniendo el viento apenas dejaba que alguien tan pequeña como ella pudiera avanzar demasiado. Por supuesto, pequeña pero tozuda, comenzó a dar un paso detrás de otro con el viento en contra, pero sabía que posiblemente los licántropos la tendrían igual de difícil. La salida no estaba lejos.


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→ 10:00 p.m. → TAYLOR C. HAYDN


¿No sabía nada de los acuerdos? Muy bien, esto era un caso perdido. Ambos pagarían con sus vidas por esto. Lo peor de todo, es que Rowen ni siquiera sabía de qué iba esta pelea, simplemente pensó cruzar ileso, a decir verdad, ni había pensado en ayudar, ¿o sí? De haber cruzado por su cabeza, estaba muy mal, con algún tornillo zafado o de plano, perdido. ¿Servía de algo seguir dándole vuelta a eso? No, en absoluto, así que pasó de pensar el porqué de la situación a intentar salirse de ella. Para Rowen, planificar estrategias de escape era como pedirle que mintiera, es decir, era todo un fiasco.

No, se me ha caído— le dijo en un momento desesperado antes del impacto.

¿Por qué tenían que pasarle estas cosas a él? Solía ser bastante precavido, y hasta antes de Náyede, jamás se había cruzado con ninguna clase de subterráneo, pese a que él era uno de ellos. ¿Por qué regresar el tiempo no era parte de sus habilidades? Habría resultado muy provechoso para guardar mejor el rosario, es más, para no entrar en ese estúpido túnel.

En su torpeza, asentía a las palabras de la chica, como si eso lograra acallar la electricidad que subía por su cuerpo envuelto en ese dulce frenesí de que todo se le saldría de las manos. Aún recordaba parte de su entrenamiento en Feéra, como había resultado todo, el modo en que debía aprender, la deficiencia de su mente al intentar comprender. Todavía sentía la dolencia en su cuerpo, producto de las lesiones al entrenar. Y es que, él jamás había probado hacer nada “extraordinario”, con su apasionada amante solo aprendía lo básico, la manera de defensa menos peligrosa.

Yo— tal parecía que el aroma a rosas perduraba solo en su memoria mientras recordaba aquel rosario rojo que siempre había traído consigo, incluso cuando la Reina Seelie se había reído abiertamente de su incapacidad para ser un hada. En ese tiempo en que vio a Náyede por última vez. —Si, vayamos

El agua llegaba a sus tobillos cuando comenzó el oleaje, no fue nada suave, quería arrancar de lleno a sus perseguidores y el viento ayudó en la tarea, pese a que con ello, seguramente serían arrasados con la misma magnitud. Fitwilliam hizo menguar el agua a cada paso que lo acercara a la salida, pero el aire frío se empeñaba en retrasarlo con la tarea. Sin embargo, pese a que sus poderes eran un lío fantástico, la energía se le agotaba y su cuerpo resentía el bajón como una fuerte sacudida.

La luz, se coló sobre el cabello de la chica. Era de un rosa que no podría haber visto, ni siquiera en las mujeres que teñían sus cabellos de colores fantasiosos, la moda del año. Entonces, con el matiz de reconocimiento las palabras se le agolparon en la mente sobre los Hijos de Lylic, le cogió de la mano y todo terminó. No porque el agua hubiese abandonado su cauce, o el viento haya cesado de rugir, más bien, porque aquel inexperto muchacho regresó al lugar donde pasaba la mayor cantidad de horas en el día, y con él, a la joven hada pelirrosa.

Trastabillando, la tierra dejó de moverse bajo él mientras se detenía en una mesa de trabajo contigua a la suya y varios utensilios cayeron al suelo, causando un ya tan conocido sonido.

Debiste…— el estómago le daba un vuelco, quizá fuese la ausencia de todos esos gruñidos, —debiste usar tu magia para salvarte, salvarnos— suspiró, mirando el taller oscurecido y la diminuta luz de la lámpara de lava al otro lado de la puerta.



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→ 10:00 p.m. → Rowen Fitzwilliam

La pequeña hada no estaba segura si siquiera alcanzaría a llegar a la salida del túnel sin ser arrastrada por el viento antes. Para empeorar su situación, el agua corría bajo sus pies amenazando con hacerla resbalar y sabía que ni bien perdiera contacto con el suelo, ya podría darse por proyectil rosa. Se empeñó en intentar avanzar aún así, cubriéndose parte del rostro con los brazos flexionados delante de ella. Entrecerraba los ojos con la intención de que el vendaval no le diera escozor y estiraba una pierna después de la otra, paso a paso, pisando lo más fuerte que le era posible. Era plenamente consciente que el viento y el agua iban incrementando con cada segundo que pasaba. Ya no escuchaba el chapoteo de sus botas en el agua, ya no escuchaba los aullidos de sus perseguidores. Lo único que podía oír era el viento ensordecedor, soplando como si en cualquier momento fuera a arrasar con todo a su paso.

Entonces sintió que alguien le sujetaba una mano y todo a su alrededor se desvanecía y posteriormente caía al suelo.

Por un momento tuvo la extraña sensación de que se quedaría sin aire, sin embargo después de que todo se le hubiera vuelto negro por exactamente un segundo, soltó todo el aire en un suspiro como si lo hubiera estado conteniendo hasta ese momento. Aún a pesar de que su cabello, húmedo y despeinado, le caía cubriéndole parte del rostro, percibió entonces que ya no se encontraba en el mismo lugar que antes incluso antes de prestar atención a qué era lo que le rodeaba exactamente. Se dio cuenta no solo porque ya no había viento ni agua, sino también por los colores, por la luz. Todo parecía estar bañado en una tonalidad anaranjada, muy tenue, talvez sería luz de velas, pero no podía estar segura. Abrió los ojos como platos e inspiró con fuerza, en lo que alzaba la cabeza, dándose cuenta de que se encontraba tirada en el suelo y tan adolorida como si hubiera caído de una distancia considerable. Sin embargo no recordaba haber caído, ni tropezado. Escucho la voz del muchacho desde alguna parte de aquel lugar y comprendió lo que había ocurrido al tiempo que se incorporaba. Con movimiento lentos se acomodó para sentarse sobre el suelo donde se encontraba y paseo la mirada a su alrededor hasta dar con el chico. -¡Bueno! ¡Pero, pero… ¡No era tan sencillo!- Argumentó, evidentemente a la defensiva, con una expresión en el rostro que delataba que no se encontraba muy conforme con lo que el le había dicho. Taylor no hubiera podido usar su magia aunque hubiera querido. Por supuesto no quería admitirlo en voz alta frente a el. Frente a nadie.

Se encontraban en lo que parecía ser un taller y por más que el sitio le resulto completamente desconocido, había algo que aún así se le hacía familiar, algo que le recordaba a su hogar. Volvió la mirada hacia el muchacho y en ese momento pudo reconocer con facilidad los razgos que lo identificaban como uno de los suyos -Tu también eres un hada- Pensó en voz alta. -¿Dónde estamos?- Agregó, en lo que estiraba las piernas para levantarse de la posición de indio que había adoptado.


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