06/06 ¡Atención, atención! ¡El Staff os ha preparado una sorpresilla curiosa! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo! Seguimos perpetrando maldades...


01/05 ¡Atención, atención! ¡El Staff os ha preparado una nueva Trama Global! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo y apuntaros, adoradísimos habitantes del submundo! Las maldades vuelven a comenzar...


30/04 Aun con cierto retraso, el Staff de FdA no se olvida de sus queridos users <3 Así que por San Valentín os hemos preparado una cosita muy especial. ¡No perdáis tiempo y pasaos por aquí!


29/03 Estimados habitantes del submundo. La limpieza de este mes se hará el día 31 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


26/02 Estimados habitantes del submundo. Atendiendo al hecho de que febrero no tiene treinta días, la limpieza de este mes se hará el día 02 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


28/01 Estimados habitantes del submundo. La limpieza se hará el día 31 de madrugada.


01/01 ¡El Staff de Facilis Descensus Averni quiere desearos un muy feliz año 2018!


37 # 40
19
NEFILIMS
7
CONSEJO
12
HUMANOS
6
LICÁNTRO.
11
VAMPIROS
15
BRUJOS
7
HADAS
2
DEMONIOS
1
FANTASMAS

Con cada combate te haces más fuerte.~Einar Sorensen~

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Con cada combate te haces más fuerte.
→ Viernes → Medianoche → Bar nocturno  → Frío

Oh sí, el pasado duele. Pero puedes huir de él o aprender de él.

Toda una vida bajo las órdenes de un solo hombre que controlaba su vida. Por fin logró escapar dejando atrás un pasado doloroso que había marcado quién y como era ahora. Pero hasta este momento, Irina había tenido que hacer muchas cosas que no le habían gustado. Su creador aprovechó que tenía a una niña huérfana e inocente en sus manos para hacerla a su imagen y semejanza. La inocencia de la pelirroja de ojos azules le hacía creer que aquel hombre sentía afecto hacia ella y por eso había decidido hacerse cargo de su educación.

Pero conforme fue creciendo empezó a ver que cada cosa que le daba, se lo ganaba ella misma haciendo favores y trabajos para el que era en toda regla su jodido amo. La pelirroja era letal y fría, hacía sus encargos sin preguntas; porque realmente en ese momento sabía que le convenía más estar en la ignorancia. Drakkar tenía un odio profundo hacia los licántropos y por ello mandaba a Irina a eliminar a cualquiera que pudiera estar molestandole. Aquel día recibió información de un hombre de unos treinta años. Había trabajado para los mismos que la pelirroja pero al parecer ya no les estaba siendo útil.

Drakkar puso especial interés en recalcar que sería un lobo en unos días y no podía llegar a pasar. Si lo eliminaba era uno menos de ellos correteando por ahí. Cogió las fotos y las miró; tenía familia. Su nueva condición le torturaría de por vida después de haber creado una familia. Sintió lástima por unos segundos pero luego acabó pensando que era un completo idiota. Tenía órdenes y ese día sería el último que respirara, iba a darle caza.

Entró a la habitación donde estaban todas las armas que podía utilizar y fue directa a la pistola con balas de plata. Era eficaz y rápido, aunque tenía pensado jugar un poquito antes del gran final. Cogió algunas dagas y un látigo. Guardó el arma en su cartuchera y el látigo y las dagas en el cinturón que llevaba a la cintura. Se acomodó su larga melena roja y miró una vez más las fotos de Sorensen antes de salir en su búsqueda...

***
Observó la escena desde lo alto del edificio. Apenas había tenido que agudizar el oído y el olfato para dar con su objetivo; aunque tenía muy claro como irrumpir en su ahora monótona vida.... Sabía que algo estaba pasando. Había luna llena y estaba ante un licano recién convertido, que no sabía controlarse. Escuchó los gritos pero no hizo nada, simplemente observó. De haber intervenido tampoco habría podido impedirlo pero en ese momento observar la escena fue todo lo que hizo. Volvió a ella el sentimiento de lástima, pero en el fondo sabía que tarde o temprano ocurriría. Sabía bien que los seres como ella o como él no podían tener familia. Ella pensaba que la tenía pero tras los años había visto que no era así. Su creador no era su familia, solo la utilizaba a su antojo. Entrecerró los ojos mientras imaginaba como se sentiría cuando volviera a su estado humano pero ella ya no estaría ahí para verlo. Con un movimiento rápido desapareció entre la oscuridad dejando sin cumplir su misión porque sabía que sería un castigo peor el vivir dia tras dia después de lo sucedido aquella noche...

***
Su larga melena roja caía sobre su espalda mientras un vestido negro estilizaba su figura. Pese a que estaban en invierno eso era todo lo que llevaba. Movió los dedos de los pies recordando lo mucho que le gustaba sentir la nieve bajo ellos cuando podía; pero hasta dentro de un tiempo no volvería a tener esa suerte. Aquella noche iba a ser especial, después de unos años iba a encontrarse con alguien que pese a que no la conocía; ella si sabía todo sobre él. Tras ese día donde estaba segura que había dejado un traumatizado hombre, ella había seguido sus pasos sin saber muy bien porque. Quizá porque aunque no lo supiera le había perdonado la vida y en ese momento de haberle matado hasta se lo había agradecido.

Quizá porque ambos aunque por distintos caminos, habían estado haciendo el mismo trabajo; cada cual a su manera por supuesto. Los métodos de Irina siempre eran poco ortodoxos. Cogió el pintalabios rojo y lo pasó despacio para remarcar sus carnosos labios que daban un gran contraste con sus ojos azules y su pelo rojizo.

Necesitaba beber algo, no estaba sedienta pero no le vendría nada mal...

Sabía donde encontrarle aquella noche y fue directa. Entró a un bar nocturno donde sabía que podía encontrar lo que buscaba y se acercó a la barra mirando con disimulo a su alrededor...





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Con cada combate te haces más fuerte

El fin de semana a penas si había comenzado para todos los que se encontraban en aquel sórdido bar y la mayoría ya presentaban claros signos de borrachera. La verdad es que los viernes noches, aquellos en los que la luna no luce en su pleno esplendor, me gusta dejarme caer por ciertos lugares a los que no puedo acudir el resto de las noches, sobretodo por las obligación que me he impuesto a mí mismo. Pero como cada noche de vienres, mi hermana y mi sobrino, estarán disfrutando de su "noche madre-hijo" en algún lugar de comida rápida, por lo que, tras conducir por la ciudad sintiendo la agradable caricia del aire frío en mi rostro, he decidido entrar a unos de los locales en los que los inmigrantes rusos se suelen reunir para rememorar su patria natal. Está claro que no soy ruso, ni mucho menos pretendo serlo, pero gran parte de mi antigua vida transcurrió en aquel país y, en cierta forma algo me ata a aquella tierra y, por consiguiente, a estos locales.

Tras apagar el motor de la moto, y bajarme de ella, me dirijo directamente a la puerta del local, entrando en él sin titubeos, con el paso seguro y firme de quien conoce perfectamente al local y a la mitad de la gente que en él se encuentra. Tras saludar con la cabeza a varios de mis conocidos, termino sentándome en una de las sillas que está justo delante de la barra. No he terminado de apoyar el codo sobre la misma cuando la camarera coloca un pequeño vaso de cristal delante mío junto con una botella de auténtico vodka ruso, no de esa mierda que venden en los grandes supermercados o que te dan en los restaurantes de cierto estilo, sino el auténtico vodka que se produce por pequeñas cooperativas por todo lo largo y ancho del país. Con una sonrisa en mis labios, le doy las gracias a la camarera en su ruso natal, antes de llenar el vaso hasta el límite para luego llevármelo a los labios y vaciarlo de un solo trago.


Mientras siento el áspero sabor del transparente líquido ardiente segundos antes de que su ardor se propague por mi esófago, me permito dar un vistazo a los que se encuentran en el local. La verdad es que conozco a muchos de los allí presentes, pero siempre hay caras nuevas, algunos recién llegados a la ciudad que aportan interesantes historias del otro lado del atlántico. Además de que no sería la primera vez que los rumores que por allí circulan me han puesto sobre la pista de algún nuevo subterráneo, de alguien a quien encontrar antes de que cometa actos de los que se pueda llegar a arrepentir - "Y tu de eso sabes mucho ¿verdad Einar?" - me reprocho a mí mismo mientras los terribles recuerdos de mi primera transformación comienzan a amenazar con surgir a la superficie de mi mente, haciendo que la fuerza con la que sujeto el vaso comience a aumentar considerablemente, poniendo en serio peligro su integridad.

Tras dejarlo de nuevo, ahora con cuidado sobre la madera de la barra, vuelvo a llenarlo de nuevo con la intención de vaciarlo de golpe, como he hecho con el primero. Sin embargo, la fortuna ha querido que a mis oídos llegue con claridad una canción que hace que la presión que atenaza mi corazón se vuelva mucho más fuerte, e incluso mis hombros se hundan ante los amargos recuerdos que me trae a la memoria. Así, sin a pensar ser consciente de lo que hago, con la mirada totalmente perdida en el interior del vaso, contemplando el transparente líquido, comienzo a jugar con el pequeño recipiente de cristal, dándole vueltas sobre sí mismo con los dedos de mi mano izquierda, mientras las dolorosas imágenes de mi infancia y mi llegada a Rusia me asaltan al compás de la canción.





Última edición por Einar Sørensen el Dom Jun 17, 2018 9:42 pm, editado 1 vez (Razón : Corrección de la tablilla)


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Oh sí, el pasado duele. Pero puedes huir de él o aprender de él.

La pelirroja tenía un punto a su favor y era que pese a algunos encuentros casuales contaba con la ventaja de que aquel lobo no sabía nada de ella, mientras que ella si sabía mucho de él. Siempre se preguntó porque fue objetivo de Drakkar mandándola a ella a matarlo. Pero luego recordó el odio aférrimo de su creador hacia los licanos y lo entendió. Imaginaba como podía sentirse, pero al fin y al cabo una vez estabas condenando a ser una criatura de la noche; condenabas también a los de tu alrededor.

Varias caras conocidas, algunos aliados y otros que sólo veía cuando le interesaba conseguir algo pero por ahora no llegaba a quién realmente esperaba ver aquella noche. Tenía algo entre manos, que la beneficiaría a ella por supuesto. Al lobo por otro lado no iba a irle tan bien, pero si estaba en lo cierto que sabía que si, ella ganaría mucho y sino... bueno, ese no era su problema. - Vamos... -musitó para si misma mientras bebía un trago que le habían servido ya que solía frecuentar bastante aquel bar y ya no hacía falta ni pedirlo.

Arrugó la nariz al notar el olor a perro mojado y entonces supo que su objetivo había llegado. Mostró una sonrisa felina al verlo entrar y lo siguió disimuladamente con la mirada. Entonces hizo el gesto a la camarera para que le sirviera algo de beber. Claro que, momentos antes le había dado para que fuera metiendo en los tragos que Sorensen bebiera. No lo notaría, pero acabaría por atontarle lo suficiente para que fuera fácil manejarlo sin problemas ni llamar la atención. Había tenido que hacer un trato con una bruja y ofrecerle algo a cambio del sedante que aturdiría al licántropo, por suerte con unas gotas sería suficiente ya que había especificado que lo necesitaba potente. Lo bueno de traficar con subterráneos es que todos buscaban algo y no daban ni exigían explicaciones. Por lo que había sido fácil conseguirlo y además no era la primera vez que lo usaba - Ya sabes que hacer... -le dijo por lo bajo para que solo ella la oyera y observó como llenaba un vaso con vodka y unas gotas del frasquito que le había dado.

Mostró una sonrisa triunfal al ver como bebía el primero entero y al segundo decidió acercarse a saludar.

La camarera se acercó y se inclinó para decirle algo al lobo. - Este es de parte de la pelirroja. - señaló a la vampiresa que le devolvía la mirada y saludaba con la cabeza para después acercarse. El sentimiento de tristeza y culpabilidad era tan palpable en Sorensen que cuanto más se acercaba más agonía le iba dando. Odiaba percibir así los sentimientos de los demás, lo odiaba de veras. - Salud. -dijo mientras cogí su vaso y lo veía de un trago.

Sintió curiosidad por ver la reacción del licano, que podía ser halagado ante la invitación de una atractiva mujer o por otro lado desconfianza y curiosidad de porque se había acercado sin conocerle de nada. En cualquier caso, Irina se mostró interesada, así pensaría que ligaba con él y no la vería como una amenaza; aunque claramente lo era y él aún no lo sabía bien.

Sería la primera vez que hablaran cara a cara. - ¿Vienes mucho por aquí? -hizo como si no lo hubiera visto otras veces cuando lo cierto era que lo había seguido de cerca. Al estar cerca no pudo evitar fijarse que tenía cierto encanto; era atractivo. Aquel aspecto de lobo solitario y rudo le atraía bastante. Quizás no tendría ni que esforzarse por engatusarle, le saldría natural y sincero. - Irina. -dijo a modo de presentación revelándole su nombre desde un primer momento. Mostró una sonrisa ladina aparentando ser una simple vampiresa que buscaba compañía.

Tan solo necesitaba unos minutos hasta que la droga empezara a hacer efecto y luego tendría otro par de minutos para moverse con rápidez y llevarlo a donde quería.





Última edición por Irina Volkova el Jue Jun 14, 2018 9:45 pm, editado 1 vez




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Con cada combate te haces más fuerte


Poco a poco, voy dejando que las imágenes comiencen a desbordarse en mi mente, unas imágenes invocadas por aquella caprichosa canción que no dejaba de sonar, convirtiéndose en el único sonido que llegaba con claridad a mis oídos - "Lo siento mamá, lo siento... te fallé, no pude cuidar de ti, no pude cuidar de mi familia... " - murmuro para mis adentros, mientras la duras imágenes de los últimos días de su vida me asaltan sin parar, haciendo que la desesperación que sentía en aquellos días aciagos, siendo no más que un adolescente asustado y perdido en un nuevo país, acuda con fuera de nuevo a mi ser, haciéndome volver a sentir aquella tormenta de sentimientos que no podía controlar, mientras veía a mi madre derramar su sangre a casa ataque de tos, sin tener dinero ni para comprarle medicación alguna, simplemente frotando su decrépito cuerpo con aquella jodida agua bendita, en un estúpido intento para que Dios, ese bastardo cabrón, se apiadara de nosotros.

Mientras continúo sumido en mis dolorosos recuerdos, con la vista fija en el transparente líquido que se mueve lentamente en el interior de su prisión de vidrio, empiezo a notar cómo toda esa tristeza, esa impotencia, esas sensaciones no hacen sino alentar, despertar a la parte animal que me acompaña, a ese lobo que forma parte de mi y que transforma todo ese dolor en ira y deseo de venganza contra aquellas personas que me causaron todo ese dolor, toda esa rabia... mi padre y mi hermano.

Por suerte, el final de la canción permite que la voz de la camarera entre en mi cabeza, haciendo que devuelva ésas emociones al rincón en el que las guardo desde hace tantos años. Levantando una ceja, en una clara muestra de curiosidad y cierta sorpresa, dirijo la mirada hacia donde me indica la camarera para descubrir el rostro de quien se había ofrecido a pagar mi segundo trago - "¿Pero quien cojones te va a invitar a ti a una copa? Joder... Baba Yaga... ¿quien sino lo haría?" - pienso con ironía al descubrir a un hermoso rostro enmarcado con una preciosa cabellera del color del sol poniente. Es esa cabellera de ese color tan llamativo lo que hace que acudan a mi memoria las viejas historias que mis antiguos compañeros de manada me contaban en las frías y largas noches siberianas, de la bruja que devoraba niños y andaba por los bosques y que uno de ellos insistía en que sus cabellos eran de mismo color de la sangre, el rojo del fuego.

Sin poder apartar mis ojos de los suyos, correspondo a su saludo con el mismo movimiento de cabeza que ella ha hecho anteriormente - "Joder Einar... realmente esta buena la jodida..." - pienso mientras la veo acercarse lentamente, siendo consciente del ligero gruñido que ha surgido de mis labios, un gruñido producido por el placer que mi parte animal siente ante la belleza que tengo delante, y que me hace darme cuenta de que si estuviera en mi forma animal seguramente estaría moviendo el rabo como un jodido perro contento por ver algo que le gusta. En cuanto se encuentra a escasos pasos de mi, mi olfato se ve embriagado por una dulce combinación de jazmín y lavanda, un olor que desde ese momento siempre uniré a ella, aunque por debajo de ese aroma, creo percibir otro que me es más conocido, como a viejo, a algo añejo, aunque quizás está demasiado lejos y hay demasiados registros olorosos a mi alrededor como para que pueda diferenciarlo bien, cosa que en mi forma animal no me costaría detectar desde una distancia mayor.

Girando mi cuerpo para poder encararla mejor, irguiéndome ligeramente ahora que la tristeza que sentía hace escasos segundos ha quedado olvidada por la nueva sensación de curiosidad que estoy sintiendo, espero a que tome asiento a mi lado. La observo curioso mientras le sirven un vaso de la misma bebida que estoy tomando y se la lleva a los labios ofreciéndome un brindis. La verdad es que me sorprende que una chica tan atractiva se haya acercado a mi, porque tengo bastante éxito entre las féminas, pero no suelen ser tan atrevidas. Este hecho, el que haya sido tan directa y que ahora mismo esté a punto de beberse un vodka sin nada, me aseguran de que la pelirroja no es rusa, pues una mujer rusa jamás sería tan atrevida con un desconocido - "Prosta!" - le devuelvo el brindis en ruso, intentando comprobar si mi anterior percepción es cierta o no, llevándome el segundo vaso de vodka a la boca y bebiéndomelo de un trago, imitándola a ella, sintiendo el agradable calor de la bebida alcohólica bajando por mi esófago.

Mientras bajamos los vasos, tras apurarlos, no puedo evitar ver cierto brillo en el interior de esos ojos de jade, un brillo peligroso, el brillo que he visto en muchos depredadores cuando se acercan a una presa, algo que hace que mi instinto me indique que la mujer es más peligrosa de lo que aparenta, aunque quizás sea la seguridad con la que se mueve, con la que se ha acercado, que me ha dejado muy sorprendido. Sea como sea, hay algo en ella que me atrae y que hace que deseche mi desconfianza natural hacia los extraños.

En cuanto el dulce sonido de su voz llega por primera vez a mis oídos, lanzándome una pregunta en un ruso extremadamente perfecto y que parece haber sido sacado de las grandes obras de Tolstoi, se cuela con facilidad en mi cabeza, haciendo que deje de preocuparme de ciertas cosas - Aha..., suelo dejarme caer por esta tugurio de vez en cuando... - le contesto a su pregunta en el mismo idioma aunque en una tonalidad mucho menos formal, más vulgar que el que ella ha usado.

- "Mmmmm... Irina.... que nombre más perfecto para ella..." - pienso en cuanto me revela su nombre sin que tenga que preguntárselo siquiera, antes de ofrecerme una sonrisa que deja entrever unos dientes de un blanco marfil perfecto - Tiene un nombre que precioso, señorita - le comento esbozando una de mis mejores sonrisas - Einar - le correspondo yo ahora diciéndole mi nombre, aunque pronunciándolo en noruego - Y dígame, ¿Por qué me invita a un trago, Irina?... cualquiera diría que busca ligar conmigo... y por su forma de hablar es una rusa demasiado educada como para acercarse a un tipejo como yo... ¿no cree? - añado mirándola fijamente a los ojos antes de añadir en un tono ligeramente burlón - Aunque nunca he visto a una dama rusa beber vodka solo... ni mucho menos invitar a un desconocido a una copa....

La verdad es que su comportamiento me ha sorprendido, una parte de mi siente una gran curiosidad hacia ella, mientras que otra se siente atraída por la belleza que emana de su cuerpo, pero mi instinto primario, el lobo, me indica que hay algo raro, que no se comporta como una dama rusa, que quizás no es quien yo creo, y que sería un rematado estúpido si continuara desechando esa sensación. Por éste último motivo, me quedo disfrutando de la belleza de su rostro, mientras le continúo sonriendo abiertamente a la espera de su reacción de sus palabras.



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Oh sí, el pasado duele. Pero puedes huir de él o aprender de él.

Puesto que los licanos necesitan una dosis bastante alta de sedante y un rato para que haga efecto, aprovechando su don para engatusarlo la pelirroja se movió con elegancia hacia donde se encontraba el lobo, sentándose a su lado con seguridad en un ligero movimiento.  Es entonces cuando realmente se fija en él. En el color de sus ojos, sus labios e incluso oye su tono de voz por primera vez. A su mente acuden veloces los recuerdos de aquella noche. La orden de su creador, dándole toda la información sobre el lobo y sentenciándolo a muerte mandándole a la que en ese momento coleccionaba las vidas de sus víctimas. Pero cuando llegó a donde se encontraba lo que vio quizá la dejó sin saber como actuar; aunque Irina siempre improvisaba y era cuando mejor se adaptaba a cualquier situación.

Recordaba los gritos... Cuando ella llegó la pequeña yacía muerta en el suelo... ¿Quién mata a su propia hija a sangre fría? Pese a la escena y ver como luego acorralaba a su mujer y saltaba sobre ella acabando con su vida, la pelirroja sabía que había sido consecuencia de su licantropía. Ahora que se había acercado más se había disipado su intenso sentimiento de culpabilidad, pero sentirlo durante unos segundos le habían sido suficiente para comprender su dolor. Ella observó todo lo que pasaba sin actuar. En un acto de rebeldía contra Drakkar por utilizarla y fue el como se enteró de ese hecho lo que hizo que se quedara de brazos cruzados. Pagó un precio muy alto dejando a Einar con vida, semanas de castigo y hambre de sangre; pero jamás lo sabría. Era algo que solo quedaría en su memoria y en la de su creador, quién furioso la encerró en una jaula como un animal. Ahí entendió que estaba sola y siempre lo había estado, solo una vez le había desobedecido y él la castigó sin miramientos y con crueldad. Ese día tuvo claro que tenía que escapar y huir si quería ser libre y dejar de seguir sus malditas órdenes.

- Pareces sorprendido. -su voz sonó suave mientras sus ojos verdes se clavaban en los suyos. - No soy como las demás, si algo me gusta voy directa a por ello. -le dejó claro. Y no le mintió, era totalmente cierto. Esa noche Einar era suyo, quién se acercara no dudaría en arrancarle la cabeza si era necesario. Había puesto muchas expectativas en el lobo y se moría de ganas por verlo luchar. Si algo tenia claro es que era un claro superviviente y le volvía loca verlo en su versión más animal. mostró una sonrisa juguetona al escuchar su gruñido y pudo sentir un pequeño escalofrío.

- Haces demasiadas preguntas, Einar. -le respondió tras escucharle. Ella ya sabía su nombre pero era la presentación formal. Volvió a sonreírle acercándose un poco más a él- Es la primera vez que te veo y no soy de las que deja escapar lo que le gusta. -sonrió ladina tras lanzarle aquella indirecta-muy directa. No era la primera vez que seducía a un hombre para sacarle información o chantajearlo, pero con el lobo no estaba siendo tan forzado, cada palabra salía natural y en cierto modo, tener que seducirlo le provocaba un placer enorme en ese momento.

- Me dijeron cuando era niña que Irina significa "aquella que trae la paz" y que por ese motivo me lo pusieron. -le explicó. En ese momento le pareció jodidamente gracioso que justo significara paz cuando ella misma era una mezcla de caos y destrucción. Pero sabía que le habían puesto Irina porque sus padres eran humildes y pacíficos y como no; ese nombre era perfecto para el retoño que iban a tener.

La camarera volvió interrumpiendo la conversación y acercando de nuevo dos tragos más. Irina cogió el suyo y se giró para quedar cara a cara al lobo, alzó su brazo y se lo tomó de un solo trago dedicándole una sonrisa mientras volvía a dejar el vaso en la barra. Observó como él hacia lo mismo y esperó alguna señal de que empezaba a hacer efecto. Seguramente estaba acostumbrado a beber y eso haría que costara un poco más conseguir su objetivo, pero mientras tanto podía aprovechar. Se sentía atraída por Einar y no podía ni quería evitarlo por lo que se acercó a su oreja  para susurrarle dejando que su aliento le hiciera cosquillas mientras hablaba. - Acabas de adivinar cuales son mis intenciones contigo... -se separó y volvió a mirarle.

Cogió su mano y dio un pequeño tirón para que la siguiera. Tenía que sacarlo de ahí, no le interesaba que hubieran mirones alrededor o podrían fastidiarle el plan. Además si le llevaba a la parte de arriba sería mucho más fácil sacarlo sin ser vistos, cosa que le haría todo mucho más fácil. Subió las escaleras con gracia moviendo sus caderas mientras miraba de reojo al lobo que la contemplaba sin perderse ni un detalle de ningún movimiento que hiciera. Una vez arriba lo empujó contra la pared y se acercó quedando a pocos centímetros pero sin llegar a besarle... Solo provocarle dejando que sintiera y deseara la cercanía de sus labios para después separarse y abrir la puerta de una habitación. - ¿Vienes? -

Volvió a sonreírle esta vez, acompañando con una mirada felina que provocaba al lobo a ir donde estaba. Escuchaba su corazón latir cada vez más rápido, detalle que le encantó... - ¿O acaso no te gusta que sea tan atrevida? -le soltó para molestarlo.

Sabía que tendría éxito entre las mujeres, ella solía tener mucho, pero también sabía que sería él quién fuera a ellas de ahí su gran sorpresa cuando la pelirroja ni corta ni perezosa se había acercado marcando territorio y dejando claro que coge lo que le gusta y quiere hacerlo suyo.






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Para ser sinceros siempre he sido yo quien me he acercado a las mujeres, quien ha ido en su “caza” por decirlo de alguna manera, ya sea en mi forma homínida o lupina, siempre he tenido que lanzarme en pos de ellas, a pesar de que ellas me indicaran claramente que estaban receptivas, en “celo”, por decirlo de alguna forma más comprensible. Pero ahora mismo estaba ante un hembra que no había dudado en encontrar lo que estaba buscando y decidir tomarlo sin importarle los formalismos ni las demás tonterías sociales, cosa que a mi parte animal le encantaba y excitaba por igual. Desde que morí como mundano para renacer como subterráneo, he descubierto que los animales son más simples, más fieles y fiables que las personas, al no estar atados por tantas tonterías sociales y de educación, solo cumpliendo unas pequeñas normas de comportamiento básicas y lógicas, consiguen que todo funcione muchísimo mejor que las sociedades mundanas, y me siento agradecido de poder formar parte de ello.

Todo lo que dice, tanto de forma verbal, como no verbal, me indica que me quiere a mi, que soy su elegido esta noche, la presa que buscaba con ésa mirada depredadora que se esconde en el fondo de esos mares de jade que tiene por ojos y que no puedo evitar mirar embobado, como un estúpido ante una joya inesperada - Hmmm… la que trae la paz… – repito arrastrando cada palabra al pronunciarla, saboreándolas como si de un manjar se tratase - y solo traes paz… ¿o también algo de diversión? – añado sonriéndole de forma provocadora, sabiendo perfectamente que lo que busca no es paz exactamente sino una guerra de cuerpos desnudos.

Por desgracia, su respuesta se ve acallada por la llegada de la camarera, quien no tarda en rellenar nuestros vasos de nuevo, algo que seguramente me habría tenido que llamar la atención pues, desde hace mucho tiempo ella sabe perfectamente que me gusta llenarme el vaso yo solo, que lo único que ella tiene que hacer es dejarme un vaso y una botella de vodka para que me pueda servir las veces que quiera. Seguramente, si no hubiera estado tan distraído por la belleza que tenía delante de mí, no habría sido tan estúpido como para beber sin preguntarme sobre aquel ligero sabor extraño ni la rareza de que me sirviera la camarera los vasos, casi sin parar.

En cuanto se gira completamente hacia mi, bebiéndose de un trago su vaso, no dudo ni un segundo en imitarla, apurando hasta la última gota del ardiente líquido de un solo trago, notando cómo el agradable calor del alcohol calienta mi estómago, al mismo nivel que la presencia y palabras de la pelirroja calientan mi interior de una forma más primitiva. Soltando un profundo y ronco gruñido de placer, ladeo ligeramente la cabeza, exactamente igual que lo haría en mi forma lobuna, para permitir que sus labios se acerquen a mi oreja, notando así el agradable escalofrío que recorre mi cuerpo en cuanto su aliento cosquillea esa zona tan sensible de mi cuerpo, mientras mis labios esbozan una sonrisa socarrona ante sus palabras y lo que indican.

Al notar su suave mano, apoyarse en la mía, me doy cuenta de que está fría, mucho más fría de lo que debería - "¿Y qué esperas si lleva todo el rato tocando el vaso de Vodka helado? ¡Venga ya Einar! Deja de ser tan paranoico y disfruta del momento… ¿cuánto tiempo hace que no te acuestas con una mujer así? ¿Meses? ¿Años? ¡Ataca fiera!" – me exhorto mentalmente, mientras veo como se aleja de mí, haciendo que me levante con rapidez de mi asiento mientras de mis labios brota otra gruñido animal.

Como un perro faldero, uno de esos cachorritos que van en pos de sus dueñas, comienzo a seguirla, completamente hipnotizado por el sensual movimiento de sus caderas y la profundidad de esa mirada felina que me regala antes de comenzar a subir los peldaños de la escalera que conduce a una parte más “intima” del local. Antes de llegar a ella, la voz de la camarera, deseándome suerte y una buena noche, hace que por unos instantes desvíe la mirada de la mujer de cabellos de fuego para centrarla en la camarera, quien me sonríe cómplice, haciéndome saber que ella ya sabe lo que me espera esa noche, aunque en realidad estaba tan equivocada como yo sobre lo que realmente me esperaba.

Una vez en la planta de arriba, en donde los sonidos del ajetreado bar y la música quedan ligeramente atenuados, permitiendo así que un ambiente más agradable nos acompañe, me vuelve a sorprender al empujarme contra la pared, dejándome apoyado de espalda a ella, mientras la chica se me acerca sensualmente provocando que mi corazón comience a latir con fuerza en el interior de su prisión de carne y hueso, y mis labios vuelvan a esbozar esa sonrisa socarrona a la espera de un beso que, desgraciadamente no llega a producirse y que hace que vuelva a gruñir, pero de frustración esta vez - "Así que la gatita quiere jugar ¿no?... Pues para jugar a este juego se necesitan dos… y soy un gran jugador guapa…" – pienso mudando mi sonrisa socarrona a una más maliciosa - Me encantan las mujeres que saben lo que quieren, pero no soy tan fácil, vakker - le respondo sin borrar esa sonrisa de mi rostro al tiempo que me apoyo en el marco de la puerta abierta, cruzando mis brazos en mi pecho y recostándome sobre la dura madera mientras ladeo mi cabeza hacia el interior, esbozando una media sonrisa juguetona dándole a entender que si quiere que entre tendrá que darme algo más, algún otro incentivo para que termine de cruzar el umbral de la puerta y me adentre con ella en esa habitación - Venga pusekatt, seguro que sabes como convencer a este tipo para que entre ahí contigo… – termino diciéndole en voz ronca.  



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Oh sí, el pasado duele. Pero puedes huir de él o aprender de él.

Irina era bastante cabezota y aunque sabía que no todos eran iguales no podía evitar sentir cierta rabia a los de su especie, aunque Einar le estaba demostrando ser diferente y por primera vez no sentía un asco profundo por estar cerca de uno de ellos. Pero eso no lo reconocería nunca. Al menos no de primeras. Todo iba según lo planeado, por lo que su sonrisa triunfal no pasaba desapercibida. Estaba siendo fácil, aunque esa parte era la fácil, lo difícil vendría después. Aunque ella pasaría a ser una mera espectadora, era curioso que pensar ya en lo de después la excitara aunque no más que lo que ya estaba ahora.

- Nunca traigo paz... -le dejó claro. Era la pura verdad; Irina era el caos en persona. La pesadilla de cualquiera que no quisiera a una enemiga implacable y cruel detrás suya. Soltó un suspiro al verlo sonreír de esa forma que tanto le estaba gustando y después de oírlo gruñir de nuevo. Tuvo que contenerse por no lanzarse encima delante de todos; aunque por supuesto esa opción era mejor en privado. Si llegaba a verla quería que fuera solamente él quién la contemplara.

Su don vampírico estaba haciendo efecto junto a la droga que aunque tardaría en hacer efecto ya se iba repartiendo en su organismo. Sabía que las miradas y sonrisas que le dedicaba solo eran una mezcla de esas dos cosas. Los vampiros causaban ese efecto en los demás, quiénes al saber la verdad mostraban totalmente lo contrario.

A cada minuto que pasaba la pelirroja escuchaba el corazón del contrario latir con energía, algo que le hacía la boca agua. Añoraba el sonido de su corazón por eso cuando oía el de alguien cercano no podía evitar el sentimiento de nostalgia. Einar reunía todo lo que le podía gustar de alguien, cosa que le estaba sorprendiendo más de lo que pudiera reconocer. Al principio tenía prisa por pasar este momento lo más rápido posible y ahora se encontraba disfrutaba de ello. Se podía ver a un perro  siguiendo fielmente a una gatita ronroneante que ocultaba sus verdaderas intenciones.

Justo cuando sus labios estan a punto de juntarse con los del hombre se detiene, dejándolo con las ganas; sin poder evitar una carcajada ante la situación y en el fondo tan jodida como él porque ansiaba aquel beso. Sus manos recorrieron sus hombros despacio, evitando tocar directamente cualquier parte de su piel directamente ya que notaría que estaba extremadamente fría. Abajo podía tener la mentira de que había estado tocando el vaso helado porque no habían parado de beber. Pero arriba a temperatura ambiente, su piel fría haría un contraste muy llamativo. No obstante quería tentarlo a que fuera él quién la cogiera, aunque eso no llegó. Más bien una provocación por su parte, que lejos de molestarla hizo que mostrara otra sonrisa divertida ante lo que estaba pasando. - No eres tan fácil... -repitió burlándose ya que esa frase era más del sexo contrario, lo cual le resultó gracioso. - De acuerdo.... -

Iba darle motivos no solo para que entrara con ella ahí dentro, sino para que acabara jodidamente enganchado de ella igual que ella estaba sintiendo que le iba a pasar. Volvió a acercarse a su oído esta vez dejándole notar la cercanía de su cuerpo contra el suyo, rozando sus senos contra el pecho del hombre... Su mano derecha bajó por su hombro acariciándolo con suavidad hasta llegar al final tirando de su camisa para atraer su mano hacia su boca... Sus labios besaron despacio sus dedos mientras clavaba sus ojos en los suyos, sin cortarse ni un pelo a la hora de lamer su dedo índice buscando calentarlo sin importarle que pudiera pensar que ella si podía ser demasiado fácil. Aquella noche tenía un objetivo, lo que pensara sobre ella daba igual. Tenía que hacerlo entrar ahí dentro y tenía que hacerlo ya.

Se apartó con brusquedad casi sin darle tiempo a reaccionar y caminó despacio hacia la cama donde se sentó con elegancia cruzando sus piernas y dedicándole una sonrisa traviesa a la espera de si entraba con ella. - ¿Piensas quedarte ahí fuera toda la noche? -se llevó una mano a su pelo para ponerlo todo a un lado y dejar un lado de su cuello libre. Le miró de nuevo de reojo con seguridad. - Vamos Einar... -le tentó poniendo una inocente cara angelical que reflejaba a alguien que no había roto un plato en su vida, sin saber que había roto cosas peores.

Ansiosa esperaba que entrara y se lanzara sobre ella mostrando su parte más animal, la parte que a ella más le gustaba. Sus ojos verdes brillaban espectantes y divertidos esperando que el hombre entrara y se lanzara sobre ella de una maldita vez. Su corazón le delataba, sus latidos no mentían. Si el suyo estuviera vivo estaría latiendo quizás más rápido y más ansioso que el del lobo.





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Con cada combate te haces más fuerte


Manteniendo esa media sonrisa, la observo acercarse de nuevo a mi, volviendo a ladear suavemente la cabeza hacia un lado al ver cómo sus labios vuelven a buscar mi oreja, notando la presión de sus firmes y turgentes pechos contra mi pecho, arrancándome otro gruñido de placer ante aquel contacto firme, sintiendo como su mano derecha comenzaba un lento pero sensual recorrido desde mi hombro hasta el borde de mi camisa, un suave roce que me obliga a cerrar los ojos en cuanto un escalofrío de placer recorre todo mi cuerpo, provocando que mi boca se seque al instante, mi corazón se encabrite y comience a latir como si de un corcel salvaje se tratara y una importante incomodidad, producida por la prisión de  ropa, se apodere de mi entrepierna - "Joder… joder… como siga así no respondo, por Dios que no respondo… " – pienso justo antes de abrir los ojos al notar cómo eleva mi mano, quedando automáticamente atrapado por la intensa mirada de esos ojos tan profundos como el océano. Trago saliva ruidosamente al notar sus fríos labios rozar mi dedo índice en un tierno beso antes de que su lengua comience a lamerlo, provocando que la incomodidad se convierta en una auténtica molestia y mi respiración se muestre completamente alterada, agitada por el deseo primario que se acaba de apoderar de todo mi cuerpo - "Aparéate ya estúpido humano… " – me ordena el lobo que comparte mi mente y que ahora mismo no entiende de juegos ni de tonterías, pues está claro que la hembra está receptiva.

Pero no estoy con una loba, estoy con una auténtica cazadora, una experta en el arte de la seducción como estoy descubriendo por desgracia para mi, aunque aún no sea totalmente consciente de ello. Así, cuando ella decide continuar con su juego, apartándose bruscamente de mi, mi rostro adopta la expresión de sorpresa y decepción que siento unos segundos antes de que torne a otra más animal, más salvaje, más primigenia mientras la observo contoneándose lentamente, insinuando las curvas que se esconden debajo de la estúpida ropa, antes de sentarse de una manera exquisita sobre la cama, soltando de sus labios esa pregunta innecesaria, ofreciéndome su cuello y adoptando una expresión de inocencia digna de la auténtica caperucita roja.

Tras soltar un gruñido más profundo y gutural que los anteriores, uno cargado del deseo que ahora mismo me posee, me aparto con rapidez del marco de la puerta, agarrando con fuerza del pomo para cerrarla violentamente, dispuesto a lanzarme salvajemente sobre ella, a atacarla como el lobo que soy. Sin embargo, en cuanto doy el primer paso hacia ella, noto un ligero mareo que me obliga a cerrar con fuerza los ojos para volver a abrirlos, comprobando que la habitación se me antoja ligeramente borrosa, como si los bordes de mi visión no estuvieran del todo definidos - "Es el deseo Einar, el jodido deseo de tirártela te está nublando la vista.. no dejes que el lobo te controle del todo… ¿o sí?... " – avanzando lentamente hacia ella mostrándole mi expresión más salvaje más animal, comienzo a desabrocharme la camisa, lanzándola al suelo detrás de mí, dejando mi torso tatuado totalmente desnudo, deteniéndome a medio camino al notar como el mareo se hace más patente, obligándome a terminar de recorrer la breve distancia que aún nos separa con pasos firmes y seguros. Imitando perfectamente al lento pero inexorable acercamiento de un lobo a su presa indefensa. Volviéndome a detener justo delante de ella, soltando gruñidos roncos a cada respiración, fijando mis ojos, cuyo color ahora es más profundo, más intenso al igual de la pasión que siento. Elevando el lateral izquierdo de mi labio superior, le regalo esa sonrisa lobuna, animal que el deseo provoca en mi, para luego abalanzarme con rapidez sobre ella, tumbándola sobre la cama, atrapándola bajo el peso de mi cuerpo, inmovilizándola con mi corpulencia, mientras hundo mis labios en el cuello que tan sensualmente me ha ofrecido, besándolo con pasión, mordisqueándolo juguetón, mientras mis manos se entrelazan con las suyas, llevándolas a lo alto de la cama, atrapándola así para que no se escape otra vez, sintiendo ahora sí el frío de su piel, algo que debería hacerme ver que no es una mundana, pero que en el estado de excitación y de atontamiento progresivo en el que me encuentro, no soy capaz de entender, pues, según mis labios recorren la delicada piel de su cuello en busca del lóbulo de su oreja me veo obligado a cerrar los ojos ante el mareo y el extraño cosquilleo que comienzo a sentir por mis extremidades.



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Oh sí, el pasado duele. Pero puedes huir de él o aprender de él.

Tiempo atrás este encuentro habría acabado rápido por el odio infundado que la pelirroja sentía hacia los lobos, pero con Einar no podía ni quería hacer eso. Sentía que lo conocía bien, dado que sabía absolutamente todo de él desde que su creador le mandó a seguirle durante semanas y después a acabar con su vida. Si el lobo supiera realmente quién era ella.... Lo que había visto y lo que le tenía planeado... Saldría corriendo con la colita entre las piernas, estaba segura.

Se mantuvo en la cama provocándole para que entrara y se uniera a ella. En el fondo deseando sentirle cerca... - Demuéstrame que vales la pena. -le dijo antes de que se pusiera encima suya. Una frase cargada de doble sentido, refiriéndose a lo que vendría después ya que por el pequeño mareo que había sufrido antes de llegar a ella tuvo el aviso de que el sedante comenzaba a hacer efecto. Lo que en parte le dio rabia porque realmente quería un rato más a solas con él antes de llevarlo a los subterráneos.

Se mordió el labio inferior al notar sus labios sobre su cuello y al notar como retenía sus manos arriba para dejarla a su merced. Sintió como su espalda se tensaba dejándole así la zona que estaba besando y mordiendo más accesible. Suspiró de placer y contuvo un pequeño gemido, ya que eso si que no iba a dárselo tan fácilmente, para lograrlo tendría que hacerla disfrutar de verdad. Rodeó con sus piernas la cintura del lobo. Ahora ya sabía que era una vampiresa, su piel fría la delataba le gustara o no y tan solo agudizando el oído se daría cuenta de la inexistencia de latidos. - Einar... -pronunció su nombre despacio esperando su reacción.

En un rápido movimiento quedó encima del hombre que empezaba a sentir los efectos del sedante haciendo que bajara la guardia e incluso que le costara reaccionar, ya que apenas había tenido que forcejear para quedar encima. - ¿Qué te ocurre? -preguntó con voz inocente, porque bien lo sabía.

Deslizó su mano por su pecho rozando con suavidad uno de los tatuajes. Sintiendo un ligero cosquilleo bajo la yema de sus dedos por el contraste de su piel caliente. Clavó sus ojos en los de él mostrando un destello rojizo aclarándole así lo que era pero sin mostrar sus colmillos aún. Esta vez fue ella quién cogió sus manos y le dejó a su merced. Se acercó a su cuello y depositó un suave beso en él, dejando que el olor de su piel le llegara perfectamente, dejando en un segundo lugar su característico olor a licano, sintiendo otro que le caracterizaba aunque no sabía muy bien con que relacionarlo.

Se volvió a acercar a su oído, pero esta vez no sería algo que le gustara oír. Su melena rojiza cayo a ambos lados rozándole el rostro mientras le hacía una pregunta que él entendería enseguida. - ¿Aún escuchas sus gritos? Recuerdo aquella noche... Su sangre mancha tus manos. -se separó y esta vez soltó una carcajada.  Irina estaba acostumbrada a llevar las manos manchadas de sangre de otros y no era algo que le quitara el sueño para nada. Pero lo poco que había podido sentir de Einar al acercarse, sabía que pasaba un infierno día a día.

Aunque intentó moverse, ella ejerció más fuerza en el agarre de sus muñecas y con sus piernas a ambos lados de la cintura del lobo. - Pronto entenderás de que va todo... -

Acudiría más veces a la bruja que le había logrado el sedante, había sido muy efectivo. Sentía como sus fuerzas se apagaban poco a poco, lo veía en su cara. Esa impotencia al no poder ordenar a su cerebro que su cuerpo reaccionara. Dejándola a ella con todo el poder y encima mirándole con esa sonrisa de superioridad. Sus ojos volvieron a su verde habitual mientras veía como Einar intentaba zafarse de ella, por supuesto quedando en vano. - Dulces sueños lobito... -le dijo antes de que cerrara los ojos y quedara inconsciente.

Se acercó y unió sus labios con los de él en un beso que solo recordaría ella. Soltó sus muñecas y observó los tatuajes de su pecho sintiendo en ese momento un cosquilleo que antes no había sentido. De un movimiento rápido se apartó de él y se dirigió hacia la puerta donde la camarera de abajo esperaba la señal de Irina. Era la bruja que le había preparado el sedante y que se lo había administrado al lobo, la pelirroja le pagaría muy bien su ayuda. - Tenemos que llevarlo antes de que despierte. -le ordenó Irina volviendo dentro y pasando un brazo de Einar por su hombro mientras la camarera hacia lo mismo.

Una puerta trasera oculta que solo conocían los que trabajaban allí les llevaría directas a los subterráneos donde en unas horas empezarían las peleas. - Ganará. -respondió a la pregunta que la chica le había dedicado sin pronunciar pero sus ojos le delataban. - Le he visto pelear, por eso lo he elegido. -le dejó claro. - Puedes irte, aquí sigo sola. -le ordenó.






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Con cada combate te haces más fuerte


Mientras una extraña sensación comienza a apoderarse de todo mi cuerpo, siento cómo ella reacciona a mis atenciones, rodeando mi cintura con sus esbeltas y fuertes piernas, animándome a continuar centrando mi atención en la suave y tierna piel del lóbulo de su oreja, haciéndome sentir el hombre más afortunado del mundo por tener a semejante hermosura entre mis brazos. Pese a sentir mi cabeza cada vez más atontada, no puedo dejar de saborear la gélida piel que mis labios y lengua se afanan por calentar. Pero, a pesar de mis intentos por evitarlo, noto como mi cuerpo se empieza a sumir en una pesadez para nada habitual, consiguiendo finalmente, que mis labios se separen del lóbulo de su oreja al tiempo que mi cuerpo comienza a caer pesadamente sobre el suyo y mis manos pierden parte de su fuerza, del agarre al que la tengo sometida.

Finalmente, me veo obligado a apoyar mi frente contra el áspero cubrecamas y cerrar con fuerza los ojos, intentando alejar la pesadez que noto en todo mi cuerpo y la lentitud de pensamiento que se está apoderando de mi, haciendo que mi corazón comience a latir a un ritmo mucho más pausado  y mi respiración le acompañe en ese lento descenso a un estado mucho más relajado, algo inaudito en una situación como en la que me encuentro.

El sonido de su voz, pronunciando mi nombre, de una forma tan atractiva para mis oídos, hace que intente levantar la cabeza, consiguiendo que esta se eleve unos escasos centímetros y que de mis labios, en vez de la respuesta que deseo darle, solo se escape un incomprensible murmullo - "¿Pero qué cojones te pasa Einar? ¡Estás con una belleza de mujer y te estás quedando dormido! " – pienso con sorpresa al empezar a darme cuenta de que es eso lo que me está sucediendo, que un profundo sueño se está apoderando de mi cuerpo completamente, algo que no debería estar pasando.

Sin poder casi hacer nada, noto como se deshace de mi agarre, a pesar de que intento con todas las fuerzas de las que soy capaz mantener sus manos sujetas con las mías, pero para mi sorpresa, no le cuesta nada girarme sobre la cama y colocarse ahora encima mío, haciéndome sentir su peso sobre mi estómago y pudiendo contemplar su hermosura elevarse victoriosa por encima mío, mirándome orgullosa desde arriba, con un brillo peligroso en sus ojos que contrasta con la inocencia de su voz al realizarme una pregunta. - ….¿qu…?... – escucho ese intento de hablar surgir de mis labios que, como el resto de mi cuerpo, se niegan a obedecerme.

El desconcierto que siento, comienza a transformarse en preocupación en cuanto noto cómo su dedo, completamente helado, se desliza por mi pecho, resiguiendo uno de los tatuajes que me hice antaño, concretamente uno que me define como miembro de la mafia rusa, algo que sólo aquellos que han trabajado en ella pueden saber - "¡Maldito perro estúpido!. ¿Cómo no te has dado cuenta antes? ¡Rusa!, ¡Es una jodida miembro de la Bratvá y ha venido a hacerte pagar por haberlos abandonado!" – pienso antes de que el destello rojizo que asoma en la profundidad de sus cautivadores ojos me indique algo que ya estaba más que claro, que se trata de una jodida chupasangre. En cuanto lo veo, intento obligar a mis manos a moverse, a apartarla de ahí, pero sólo consigo que se levanten poco más que unos milímetros de donde han quedado antes de que ella me sujete por las muñecas y me las inmovilice a su antojo, quedando totalmente indefenso ante ella, notando la urgencia de apartarme de ella, de golpearla, de quitármela de encima según su cabeza va descendiendo lentamente, acercándose agónicamente hacia mi cuello, haciéndome pensar que ahora mismo me voy a convertir en su aperitivo, que en breve notaré sus colmillos perforar la dura piel de mi cuello y empezar a sentir cómo la vida me abandona, impotente, mientras ella se alimenta de mi, robándome el preciado líquido vital, algo que en el fondo anhelo con todas mis fuerzas, pues así dejaré de sufrir por mis pecados, pero que no puedo permitir ya que sería abandonar a su suerte a mi hermana y mi sobrino en un mundo de bestias, muerte, crueldad y destrucción.

Pero si lo que esperaba era un agudo dolo en la carne, en la piel, lo que noto es algo peor, mucho peor que cualquier herida que me hubieran podido infligir con cualquier arma de plata, más doloroso que acabar con varias balas de plata en el interior de mi cuerpo, un dolor sordo, agudo, profundo fruto de esa pregunta despiadada, una estocada maestral contra mi peor herida. En cuanto escucho su voz, susurrándome preguntándome sobre los gritos, unos gritos que me acompañan desde que maté a mi familia, a mi propia familia, abro los ojos con fuerza, al tiempo que mi corazón da un vuelco, comenzando a latir de nuevo salvajemente, mientras de mis labios surge un gemido profundo y lastimero por el súbito recuerdo que acude con fiereza a mi mente, llevándome a aquellos momentos en los que los gritos desesperados de mi mujer no consiguieron que me abalanzara sobre ella como un animal rabioso y salvaje, como un lobo sediento de sangre.

Su carcajada, hace que la rabia se apodere de mi, que me obligue a luchar, a soltarme de su agarre, pues saber que ella estuvo allí aquella noche - "¡Estuvo allí Einar! ¡Ella lo vió! ¡Ella pudo haberlo impedido!" – pienso con furia, pues está claro que ella podría haber hecho algo, que aquella noche podría haber sido totalmente diferente y mi vida no ser para nada como lo es ahora mismo. Con este pensamiento en mi mente, el sonido de los gritos angustiados de mi mujer y el sentirme atrapado, sometido por una vampiresa de cabellos rojizos, hago acopio de las fuerzas que aún me quedan para revolverme, para intentar soltarme, para no continuar en aquella posición de sometimiento ante un ser que ha sido capaz de atacarme de esa forma tan cruel, haciendo que esos recuerdos tan dolorosos acudan a mi de nuevo.

Por desgracia me tiene bien sujeto, bien fijo con sus piernas y sus manos, por lo que no consigo sino ofrecer una patética resistencia, que ella logra romper con facilidad, mirándome orgullosa, mientras me vuelve a hablar, haciendo que mis ojos reflejen la frustración, el desespero, la rabia y la humillación que siento mientras ella continúa hablándome. Observándome victoriosa mientras el sueño empieza a ganarme la batalla, como lentamente mi mente comienza a hundirse en la oscuridad, en el sueño, haciendo que mis párpados, cada vez más pesados, se vayan cerrando, poco a poco, milímetro a milímetro hasta quedar totalmente unidos, sumiéndome finalmente en un profundo sueño artificial, no sin antes permitir que una única lágrima de rabia, pero sobretodo de desespero se derrame desde mi ojo izquierdo, recorriendo las rugosidades de la piel de mi mejilla en dirección a mi oreja.

……………………………………………………………………………………………………………..


El grito desesperado, cargado de pavor, de mi mujer me despierta de golpe, haciendo que abra mis ojos al instante, sintiendo mi cabeza extrañamente abotargada, mientras la claridad que llega de golpe a mis cuencas oculares me deslumbre, obligándome a protegérmelos con la mano diestra, mientras me incorporo con rapidez del suelo, jadeando con fuerza y con el nombre de mi difunta esposa en los labios. Con el corazón latiendo desesperadamente, miro a mi alrededor intentado recordar qué ha pasado, notando un fuerte alivio al descubrir que no me encuentro en mi antiguo hogar, sino en lo que parece ser una antigua estación subterránea o un almacén carente de ventanas.

Según mis ojos van recabando información, que se une a la que mis sentidos del oído y el olfato comienzan a enviarme con rapidez, empiezo a recordar los últimos momentos antes de perder el conocimiento - "¡Maldita sanguijuela! Te mataré, juro que lo haré…" – me digo mentalmente mientras analizo mi alrededor, descubriendo que estoy en una especie de jaula cuya única puerta da a otra jaula mucho más amplia. A mis oídos me llegan las voces de un grupo numeroso de personas que, por el olor, se trata de subterráneos, de varias de las distintas razas - "¿Pero dónde cojones estás Einar?" – pienso mirando a mi alrededor, quedándome claro que estoy en una especie de escenario rodeado por una tribuna llena de gente, a modo de antiguo circo romano.

- Por fin se despertó la bella durmiente... - una voz masculina, cargada de sorna me llega clara desde mi parte derecha, por lo que automáticamente giro mi cabeza en su dirección, soltando un gruñido de advertencia hacia el hombre, que apesta a brujo. Es entonces cuando su olor, ese olor tan característico a jazmín y lavanda me llena las fosas nasales, haciendo que me abalance con violencia contra los barrotes de mi prisión, consiguiendo que toda la estructura metálica tiemble por la fuerza de mi envite, mientras extiendo uno de mis brazos fuera de la celda, todo lo lejos que soy capaz, haciendo caso omiso al dolor de los barrotes al clavarse en mi hombro, intentando agarrar a la pelirroja, que se encuentra al lado del brujo - Du er død!!! ¡Estás muerta! ¿Me oyes zorra? ¡Estás muerta! – le grito primero en noruego, para luego volver a hacerlo en ruso, escupiendo cada palabra con furia, notando mi saliva escapar por mis labios mientras mi mirada de rabia y odio se centran en ella - Vaya Irina… parece que el chucho tiene malas pulgas- vuelve a decir el hombre antes de empezar a reírse   Será mejor que guardes esa rabia y esa energía para más adelante, pues la vas a necesitar pulgoso - añade con el mismo tono burlón mientras se acerca a la vampiresa y comienzan a hablar entre ellos en susurros, que no consigo entender a pesar de mi aguzado sentido del oído. Sin apartar mi mirada enojada de ellos, me retiro de los barrotes, sintiendo un escalofrío recorrer mi cuerpo, dándome cuenta que solo voy vestido de cintura para abajo, escuchando retazos de conversaciones que hablan de apuestas, de combate, de peleas, de sangre y vísceras, haciendo que me sienta como un perro de pelea, encerrado en su jaula minutos antes de ser lanzado a un combate a muerte contra otro perro, comenzando a comprender las palabras de Irina que pronto entendería de que iba todo.



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