02/12 ¡Atención, atención! ¡Aquí os dejamos las noticias recién salidas del horno! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo! Seguimos perpetrando maldades...


29/07 ¡Atención, atención! La limpieza por inactividad se realizará a partir de las 22:00 horas en adelante del día 31 de julio. ¡Aprovechad los últimos momentos!


06/06 ¡Atención, atención!¡El Staff os ha preparado una sorpresilla curiosa! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo! Seguimos perpetrando maldades...


01/05 ¡Atención, atención! ¡El Staff os ha preparado una nueva Trama Global! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo y apuntaros, adoradísimos habitantes del submundo! Las maldades vuelven a comenzar...


30/04 Aun con cierto retraso, el Staff de FdA no se olvida de sus queridos users <3 Así que por San Valentín os hemos preparado una cosita muy especial. ¡No perdáis tiempo y pasaos por aquí!


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NEFILIMS
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LICÁNTRO.
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VAMPIROS
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DEMONIOS
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Con cada combate te haces más fuerte.~Einar Sorensen~

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Con cada combate te haces más fuerte.
→ Viernes → Medianoche → Bar nocturno  → Frío

Oh sí, el pasado duele. Pero puedes huir de él o aprender de él.

Toda una vida bajo las órdenes de un solo hombre que controlaba su vida. Por fin logró escapar dejando atrás un pasado doloroso que había marcado quién y como era ahora. Pero hasta este momento, Irina había tenido que hacer muchas cosas que no le habían gustado. Su creador aprovechó que tenía a una niña huérfana e inocente en sus manos para hacerla a su imagen y semejanza. La inocencia de la pelirroja de ojos azules le hacía creer que aquel hombre sentía afecto hacia ella y por eso había decidido hacerse cargo de su educación.

Pero conforme fue creciendo empezó a ver que cada cosa que le daba, se lo ganaba ella misma haciendo favores y trabajos para el que era en toda regla su jodido amo. La pelirroja era letal y fría, hacía sus encargos sin preguntas; porque realmente en ese momento sabía que le convenía más estar en la ignorancia. Drakkar tenía un odio profundo hacia los licántropos y por ello mandaba a Irina a eliminar a cualquiera que pudiera estar molestandole. Aquel día recibió información de un hombre de unos treinta años. Había trabajado para los mismos que la pelirroja pero al parecer ya no les estaba siendo útil.

Drakkar puso especial interés en recalcar que sería un lobo en unos días y no podía llegar a pasar. Si lo eliminaba era uno menos de ellos correteando por ahí. Cogió las fotos y las miró; tenía familia. Su nueva condición le torturaría de por vida después de haber creado una familia. Sintió lástima por unos segundos pero luego acabó pensando que era un completo idiota. Tenía órdenes y ese día sería el último que respirara, iba a darle caza.

Entró a la habitación donde estaban todas las armas que podía utilizar y fue directa a la pistola con balas de plata. Era eficaz y rápido, aunque tenía pensado jugar un poquito antes del gran final. Cogió algunas dagas y un látigo. Guardó el arma en su cartuchera y el látigo y las dagas en el cinturón que llevaba a la cintura. Se acomodó su larga melena roja y miró una vez más las fotos de Sorensen antes de salir en su búsqueda...

***
Observó la escena desde lo alto del edificio. Apenas había tenido que agudizar el oído y el olfato para dar con su objetivo; aunque tenía muy claro como irrumpir en su ahora monótona vida.... Sabía que algo estaba pasando. Había luna llena y estaba ante un licano recién convertido, que no sabía controlarse. Escuchó los gritos pero no hizo nada, simplemente observó. De haber intervenido tampoco habría podido impedirlo pero en ese momento observar la escena fue todo lo que hizo. Volvió a ella el sentimiento de lástima, pero en el fondo sabía que tarde o temprano ocurriría. Sabía bien que los seres como ella o como él no podían tener familia. Ella pensaba que la tenía pero tras los años había visto que no era así. Su creador no era su familia, solo la utilizaba a su antojo. Entrecerró los ojos mientras imaginaba como se sentiría cuando volviera a su estado humano pero ella ya no estaría ahí para verlo. Con un movimiento rápido desapareció entre la oscuridad dejando sin cumplir su misión porque sabía que sería un castigo peor el vivir dia tras dia después de lo sucedido aquella noche...

***
Su larga melena roja caía sobre su espalda mientras un vestido negro estilizaba su figura. Pese a que estaban en invierno eso era todo lo que llevaba. Movió los dedos de los pies recordando lo mucho que le gustaba sentir la nieve bajo ellos cuando podía; pero hasta dentro de un tiempo no volvería a tener esa suerte. Aquella noche iba a ser especial, después de unos años iba a encontrarse con alguien que pese a que no la conocía; ella si sabía todo sobre él. Tras ese día donde estaba segura que había dejado un traumatizado hombre, ella había seguido sus pasos sin saber muy bien porque. Quizá porque aunque no lo supiera le había perdonado la vida y en ese momento de haberle matado hasta se lo había agradecido.

Quizá porque ambos aunque por distintos caminos, habían estado haciendo el mismo trabajo; cada cual a su manera por supuesto. Los métodos de Irina siempre eran poco ortodoxos. Cogió el pintalabios rojo y lo pasó despacio para remarcar sus carnosos labios que daban un gran contraste con sus ojos azules y su pelo rojizo.

Necesitaba beber algo, no estaba sedienta pero no le vendría nada mal...

Sabía donde encontrarle aquella noche y fue directa. Entró a un bar nocturno donde sabía que podía encontrar lo que buscaba y se acercó a la barra mirando con disimulo a su alrededor...





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Con cada combate te haces más fuerte

El fin de semana a penas si había comenzado para todos los que se encontraban en aquel sórdido bar y la mayoría ya presentaban claros signos de borrachera. La verdad es que los viernes noches, aquellos en los que la luna no luce en su pleno esplendor, me gusta dejarme caer por ciertos lugares a los que no puedo acudir el resto de las noches, sobretodo por las obligación que me he impuesto a mí mismo. Pero como cada noche de vienres, mi hermana y mi sobrino, estarán disfrutando de su "noche madre-hijo" en algún lugar de comida rápida, por lo que, tras conducir por la ciudad sintiendo la agradable caricia del aire frío en mi rostro, he decidido entrar a unos de los locales en los que los inmigrantes rusos se suelen reunir para rememorar su patria natal. Está claro que no soy ruso, ni mucho menos pretendo serlo, pero gran parte de mi antigua vida transcurrió en aquel país y, en cierta forma algo me ata a aquella tierra y, por consiguiente, a estos locales.

Tras apagar el motor de la moto, y bajarme de ella, me dirijo directamente a la puerta del local, entrando en él sin titubeos, con el paso seguro y firme de quien conoce perfectamente al local y a la mitad de la gente que en él se encuentra. Tras saludar con la cabeza a varios de mis conocidos, termino sentándome en una de las sillas que está justo delante de la barra. No he terminado de apoyar el codo sobre la misma cuando la camarera coloca un pequeño vaso de cristal delante mío junto con una botella de auténtico vodka ruso, no de esa mierda que venden en los grandes supermercados o que te dan en los restaurantes de cierto estilo, sino el auténtico vodka que se produce por pequeñas cooperativas por todo lo largo y ancho del país. Con una sonrisa en mis labios, le doy las gracias a la camarera en su ruso natal, antes de llenar el vaso hasta el límite para luego llevármelo a los labios y vaciarlo de un solo trago.


Mientras siento el áspero sabor del transparente líquido ardiente segundos antes de que su ardor se propague por mi esófago, me permito dar un vistazo a los que se encuentran en el local. La verdad es que conozco a muchos de los allí presentes, pero siempre hay caras nuevas, algunos recién llegados a la ciudad que aportan interesantes historias del otro lado del atlántico. Además de que no sería la primera vez que los rumores que por allí circulan me han puesto sobre la pista de algún nuevo subterráneo, de alguien a quien encontrar antes de que cometa actos de los que se pueda llegar a arrepentir - "Y tu de eso sabes mucho ¿verdad Einar?" - me reprocho a mí mismo mientras los terribles recuerdos de mi primera transformación comienzan a amenazar con surgir a la superficie de mi mente, haciendo que la fuerza con la que sujeto el vaso comience a aumentar considerablemente, poniendo en serio peligro su integridad.

Tras dejarlo de nuevo, ahora con cuidado sobre la madera de la barra, vuelvo a llenarlo de nuevo con la intención de vaciarlo de golpe, como he hecho con el primero. Sin embargo, la fortuna ha querido que a mis oídos llegue con claridad una canción que hace que la presión que atenaza mi corazón se vuelva mucho más fuerte, e incluso mis hombros se hundan ante los amargos recuerdos que me trae a la memoria. Así, sin a pensar ser consciente de lo que hago, con la mirada totalmente perdida en el interior del vaso, contemplando el transparente líquido, comienzo a jugar con el pequeño recipiente de cristal, dándole vueltas sobre sí mismo con los dedos de mi mano izquierda, mientras las dolorosas imágenes de mi infancia y mi llegada a Rusia me asaltan al compás de la canción.





Última edición por Einar Sørensen el Dom Jun 17, 2018 9:42 pm, editado 1 vez (Razón : Corrección de la tablilla)


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Oh sí, el pasado duele. Pero puedes huir de él o aprender de él.

La pelirroja tenía un punto a su favor y era que pese a algunos encuentros casuales contaba con la ventaja de que aquel lobo no sabía nada de ella, mientras que ella si sabía mucho de él. Siempre se preguntó porque fue objetivo de Drakkar mandándola a ella a matarlo. Pero luego recordó el odio aférrimo de su creador hacia los licanos y lo entendió. Imaginaba como podía sentirse, pero al fin y al cabo una vez estabas condenando a ser una criatura de la noche; condenabas también a los de tu alrededor.

Varias caras conocidas, algunos aliados y otros que sólo veía cuando le interesaba conseguir algo pero por ahora no llegaba a quién realmente esperaba ver aquella noche. Tenía algo entre manos, que la beneficiaría a ella por supuesto. Al lobo por otro lado no iba a irle tan bien, pero si estaba en lo cierto que sabía que si, ella ganaría mucho y sino... bueno, ese no era su problema. - Vamos... -musitó para si misma mientras bebía un trago que le habían servido ya que solía frecuentar bastante aquel bar y ya no hacía falta ni pedirlo.

Arrugó la nariz al notar el olor a perro mojado y entonces supo que su objetivo había llegado. Mostró una sonrisa felina al verlo entrar y lo siguió disimuladamente con la mirada. Entonces hizo el gesto a la camarera para que le sirviera algo de beber. Claro que, momentos antes le había dado para que fuera metiendo en los tragos que Sorensen bebiera. No lo notaría, pero acabaría por atontarle lo suficiente para que fuera fácil manejarlo sin problemas ni llamar la atención. Había tenido que hacer un trato con una bruja y ofrecerle algo a cambio del sedante que aturdiría al licántropo, por suerte con unas gotas sería suficiente ya que había especificado que lo necesitaba potente. Lo bueno de traficar con subterráneos es que todos buscaban algo y no daban ni exigían explicaciones. Por lo que había sido fácil conseguirlo y además no era la primera vez que lo usaba - Ya sabes que hacer... -le dijo por lo bajo para que solo ella la oyera y observó como llenaba un vaso con vodka y unas gotas del frasquito que le había dado.

Mostró una sonrisa triunfal al ver como bebía el primero entero y al segundo decidió acercarse a saludar.

La camarera se acercó y se inclinó para decirle algo al lobo. - Este es de parte de la pelirroja. - señaló a la vampiresa que le devolvía la mirada y saludaba con la cabeza para después acercarse. El sentimiento de tristeza y culpabilidad era tan palpable en Sorensen que cuanto más se acercaba más agonía le iba dando. Odiaba percibir así los sentimientos de los demás, lo odiaba de veras. - Salud. -dijo mientras cogí su vaso y lo veía de un trago.

Sintió curiosidad por ver la reacción del licano, que podía ser halagado ante la invitación de una atractiva mujer o por otro lado desconfianza y curiosidad de porque se había acercado sin conocerle de nada. En cualquier caso, Irina se mostró interesada, así pensaría que ligaba con él y no la vería como una amenaza; aunque claramente lo era y él aún no lo sabía bien.

Sería la primera vez que hablaran cara a cara. - ¿Vienes mucho por aquí? -hizo como si no lo hubiera visto otras veces cuando lo cierto era que lo había seguido de cerca. Al estar cerca no pudo evitar fijarse que tenía cierto encanto; era atractivo. Aquel aspecto de lobo solitario y rudo le atraía bastante. Quizás no tendría ni que esforzarse por engatusarle, le saldría natural y sincero. - Irina. -dijo a modo de presentación revelándole su nombre desde un primer momento. Mostró una sonrisa ladina aparentando ser una simple vampiresa que buscaba compañía.

Tan solo necesitaba unos minutos hasta que la droga empezara a hacer efecto y luego tendría otro par de minutos para moverse con rápidez y llevarlo a donde quería.





Última edición por Irina Volkova el Jue Jun 14, 2018 9:45 pm, editado 1 vez




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Con cada combate te haces más fuerte


Poco a poco, voy dejando que las imágenes comiencen a desbordarse en mi mente, unas imágenes invocadas por aquella caprichosa canción que no dejaba de sonar, convirtiéndose en el único sonido que llegaba con claridad a mis oídos - "Lo siento mamá, lo siento... te fallé, no pude cuidar de ti, no pude cuidar de mi familia... " - murmuro para mis adentros, mientras la duras imágenes de los últimos días de su vida me asaltan sin parar, haciendo que la desesperación que sentía en aquellos días aciagos, siendo no más que un adolescente asustado y perdido en un nuevo país, acuda con fuera de nuevo a mi ser, haciéndome volver a sentir aquella tormenta de sentimientos que no podía controlar, mientras veía a mi madre derramar su sangre a casa ataque de tos, sin tener dinero ni para comprarle medicación alguna, simplemente frotando su decrépito cuerpo con aquella jodida agua bendita, en un estúpido intento para que Dios, ese bastardo cabrón, se apiadara de nosotros.

Mientras continúo sumido en mis dolorosos recuerdos, con la vista fija en el transparente líquido que se mueve lentamente en el interior de su prisión de vidrio, empiezo a notar cómo toda esa tristeza, esa impotencia, esas sensaciones no hacen sino alentar, despertar a la parte animal que me acompaña, a ese lobo que forma parte de mi y que transforma todo ese dolor en ira y deseo de venganza contra aquellas personas que me causaron todo ese dolor, toda esa rabia... mi padre y mi hermano.

Por suerte, el final de la canción permite que la voz de la camarera entre en mi cabeza, haciendo que devuelva ésas emociones al rincón en el que las guardo desde hace tantos años. Levantando una ceja, en una clara muestra de curiosidad y cierta sorpresa, dirijo la mirada hacia donde me indica la camarera para descubrir el rostro de quien se había ofrecido a pagar mi segundo trago - "¿Pero quien cojones te va a invitar a ti a una copa? Joder... Baba Yaga... ¿quien sino lo haría?" - pienso con ironía al descubrir a un hermoso rostro enmarcado con una preciosa cabellera del color del sol poniente. Es esa cabellera de ese color tan llamativo lo que hace que acudan a mi memoria las viejas historias que mis antiguos compañeros de manada me contaban en las frías y largas noches siberianas, de la bruja que devoraba niños y andaba por los bosques y que uno de ellos insistía en que sus cabellos eran de mismo color de la sangre, el rojo del fuego.

Sin poder apartar mis ojos de los suyos, correspondo a su saludo con el mismo movimiento de cabeza que ella ha hecho anteriormente - "Joder Einar... realmente esta buena la jodida..." - pienso mientras la veo acercarse lentamente, siendo consciente del ligero gruñido que ha surgido de mis labios, un gruñido producido por el placer que mi parte animal siente ante la belleza que tengo delante, y que me hace darme cuenta de que si estuviera en mi forma animal seguramente estaría moviendo el rabo como un jodido perro contento por ver algo que le gusta. En cuanto se encuentra a escasos pasos de mi, mi olfato se ve embriagado por una dulce combinación de jazmín y lavanda, un olor que desde ese momento siempre uniré a ella, aunque por debajo de ese aroma, creo percibir otro que me es más conocido, como a viejo, a algo añejo, aunque quizás está demasiado lejos y hay demasiados registros olorosos a mi alrededor como para que pueda diferenciarlo bien, cosa que en mi forma animal no me costaría detectar desde una distancia mayor.

Girando mi cuerpo para poder encararla mejor, irguiéndome ligeramente ahora que la tristeza que sentía hace escasos segundos ha quedado olvidada por la nueva sensación de curiosidad que estoy sintiendo, espero a que tome asiento a mi lado. La observo curioso mientras le sirven un vaso de la misma bebida que estoy tomando y se la lleva a los labios ofreciéndome un brindis. La verdad es que me sorprende que una chica tan atractiva se haya acercado a mi, porque tengo bastante éxito entre las féminas, pero no suelen ser tan atrevidas. Este hecho, el que haya sido tan directa y que ahora mismo esté a punto de beberse un vodka sin nada, me aseguran de que la pelirroja no es rusa, pues una mujer rusa jamás sería tan atrevida con un desconocido - "Prosta!" - le devuelvo el brindis en ruso, intentando comprobar si mi anterior percepción es cierta o no, llevándome el segundo vaso de vodka a la boca y bebiéndomelo de un trago, imitándola a ella, sintiendo el agradable calor de la bebida alcohólica bajando por mi esófago.

Mientras bajamos los vasos, tras apurarlos, no puedo evitar ver cierto brillo en el interior de esos ojos de jade, un brillo peligroso, el brillo que he visto en muchos depredadores cuando se acercan a una presa, algo que hace que mi instinto me indique que la mujer es más peligrosa de lo que aparenta, aunque quizás sea la seguridad con la que se mueve, con la que se ha acercado, que me ha dejado muy sorprendido. Sea como sea, hay algo en ella que me atrae y que hace que deseche mi desconfianza natural hacia los extraños.

En cuanto el dulce sonido de su voz llega por primera vez a mis oídos, lanzándome una pregunta en un ruso extremadamente perfecto y que parece haber sido sacado de las grandes obras de Tolstoi, se cuela con facilidad en mi cabeza, haciendo que deje de preocuparme de ciertas cosas - Aha..., suelo dejarme caer por esta tugurio de vez en cuando... - le contesto a su pregunta en el mismo idioma aunque en una tonalidad mucho menos formal, más vulgar que el que ella ha usado.

- "Mmmmm... Irina.... que nombre más perfecto para ella..." - pienso en cuanto me revela su nombre sin que tenga que preguntárselo siquiera, antes de ofrecerme una sonrisa que deja entrever unos dientes de un blanco marfil perfecto - Tiene un nombre que precioso, señorita - le comento esbozando una de mis mejores sonrisas - Einar - le correspondo yo ahora diciéndole mi nombre, aunque pronunciándolo en noruego - Y dígame, ¿Por qué me invita a un trago, Irina?... cualquiera diría que busca ligar conmigo... y por su forma de hablar es una rusa demasiado educada como para acercarse a un tipejo como yo... ¿no cree? - añado mirándola fijamente a los ojos antes de añadir en un tono ligeramente burlón - Aunque nunca he visto a una dama rusa beber vodka solo... ni mucho menos invitar a un desconocido a una copa....

La verdad es que su comportamiento me ha sorprendido, una parte de mi siente una gran curiosidad hacia ella, mientras que otra se siente atraída por la belleza que emana de su cuerpo, pero mi instinto primario, el lobo, me indica que hay algo raro, que no se comporta como una dama rusa, que quizás no es quien yo creo, y que sería un rematado estúpido si continuara desechando esa sensación. Por éste último motivo, me quedo disfrutando de la belleza de su rostro, mientras le continúo sonriendo abiertamente a la espera de su reacción de sus palabras.



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Oh sí, el pasado duele. Pero puedes huir de él o aprender de él.

Puesto que los licanos necesitan una dosis bastante alta de sedante y un rato para que haga efecto, aprovechando su don para engatusarlo la pelirroja se movió con elegancia hacia donde se encontraba el lobo, sentándose a su lado con seguridad en un ligero movimiento.  Es entonces cuando realmente se fija en él. En el color de sus ojos, sus labios e incluso oye su tono de voz por primera vez. A su mente acuden veloces los recuerdos de aquella noche. La orden de su creador, dándole toda la información sobre el lobo y sentenciándolo a muerte mandándole a la que en ese momento coleccionaba las vidas de sus víctimas. Pero cuando llegó a donde se encontraba lo que vio quizá la dejó sin saber como actuar; aunque Irina siempre improvisaba y era cuando mejor se adaptaba a cualquier situación.

Recordaba los gritos... Cuando ella llegó la pequeña yacía muerta en el suelo... ¿Quién mata a su propia hija a sangre fría? Pese a la escena y ver como luego acorralaba a su mujer y saltaba sobre ella acabando con su vida, la pelirroja sabía que había sido consecuencia de su licantropía. Ahora que se había acercado más se había disipado su intenso sentimiento de culpabilidad, pero sentirlo durante unos segundos le habían sido suficiente para comprender su dolor. Ella observó todo lo que pasaba sin actuar. En un acto de rebeldía contra Drakkar por utilizarla y fue el como se enteró de ese hecho lo que hizo que se quedara de brazos cruzados. Pagó un precio muy alto dejando a Einar con vida, semanas de castigo y hambre de sangre; pero jamás lo sabría. Era algo que solo quedaría en su memoria y en la de su creador, quién furioso la encerró en una jaula como un animal. Ahí entendió que estaba sola y siempre lo había estado, solo una vez le había desobedecido y él la castigó sin miramientos y con crueldad. Ese día tuvo claro que tenía que escapar y huir si quería ser libre y dejar de seguir sus malditas órdenes.

- Pareces sorprendido. -su voz sonó suave mientras sus ojos verdes se clavaban en los suyos. - No soy como las demás, si algo me gusta voy directa a por ello. -le dejó claro. Y no le mintió, era totalmente cierto. Esa noche Einar era suyo, quién se acercara no dudaría en arrancarle la cabeza si era necesario. Había puesto muchas expectativas en el lobo y se moría de ganas por verlo luchar. Si algo tenia claro es que era un claro superviviente y le volvía loca verlo en su versión más animal. mostró una sonrisa juguetona al escuchar su gruñido y pudo sentir un pequeño escalofrío.

- Haces demasiadas preguntas, Einar. -le respondió tras escucharle. Ella ya sabía su nombre pero era la presentación formal. Volvió a sonreírle acercándose un poco más a él- Es la primera vez que te veo y no soy de las que deja escapar lo que le gusta. -sonrió ladina tras lanzarle aquella indirecta-muy directa. No era la primera vez que seducía a un hombre para sacarle información o chantajearlo, pero con el lobo no estaba siendo tan forzado, cada palabra salía natural y en cierto modo, tener que seducirlo le provocaba un placer enorme en ese momento.

- Me dijeron cuando era niña que Irina significa "aquella que trae la paz" y que por ese motivo me lo pusieron. -le explicó. En ese momento le pareció jodidamente gracioso que justo significara paz cuando ella misma era una mezcla de caos y destrucción. Pero sabía que le habían puesto Irina porque sus padres eran humildes y pacíficos y como no; ese nombre era perfecto para el retoño que iban a tener.

La camarera volvió interrumpiendo la conversación y acercando de nuevo dos tragos más. Irina cogió el suyo y se giró para quedar cara a cara al lobo, alzó su brazo y se lo tomó de un solo trago dedicándole una sonrisa mientras volvía a dejar el vaso en la barra. Observó como él hacia lo mismo y esperó alguna señal de que empezaba a hacer efecto. Seguramente estaba acostumbrado a beber y eso haría que costara un poco más conseguir su objetivo, pero mientras tanto podía aprovechar. Se sentía atraída por Einar y no podía ni quería evitarlo por lo que se acercó a su oreja  para susurrarle dejando que su aliento le hiciera cosquillas mientras hablaba. - Acabas de adivinar cuales son mis intenciones contigo... -se separó y volvió a mirarle.

Cogió su mano y dio un pequeño tirón para que la siguiera. Tenía que sacarlo de ahí, no le interesaba que hubieran mirones alrededor o podrían fastidiarle el plan. Además si le llevaba a la parte de arriba sería mucho más fácil sacarlo sin ser vistos, cosa que le haría todo mucho más fácil. Subió las escaleras con gracia moviendo sus caderas mientras miraba de reojo al lobo que la contemplaba sin perderse ni un detalle de ningún movimiento que hiciera. Una vez arriba lo empujó contra la pared y se acercó quedando a pocos centímetros pero sin llegar a besarle... Solo provocarle dejando que sintiera y deseara la cercanía de sus labios para después separarse y abrir la puerta de una habitación. - ¿Vienes? -

Volvió a sonreírle esta vez, acompañando con una mirada felina que provocaba al lobo a ir donde estaba. Escuchaba su corazón latir cada vez más rápido, detalle que le encantó... - ¿O acaso no te gusta que sea tan atrevida? -le soltó para molestarlo.

Sabía que tendría éxito entre las mujeres, ella solía tener mucho, pero también sabía que sería él quién fuera a ellas de ahí su gran sorpresa cuando la pelirroja ni corta ni perezosa se había acercado marcando territorio y dejando claro que coge lo que le gusta y quiere hacerlo suyo.






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Para ser sinceros siempre he sido yo quien me he acercado a las mujeres, quien ha ido en su “caza” por decirlo de alguna manera, ya sea en mi forma homínida o lupina, siempre he tenido que lanzarme en pos de ellas, a pesar de que ellas me indicaran claramente que estaban receptivas, en “celo”, por decirlo de alguna forma más comprensible. Pero ahora mismo estaba ante un hembra que no había dudado en encontrar lo que estaba buscando y decidir tomarlo sin importarle los formalismos ni las demás tonterías sociales, cosa que a mi parte animal le encantaba y excitaba por igual. Desde que morí como mundano para renacer como subterráneo, he descubierto que los animales son más simples, más fieles y fiables que las personas, al no estar atados por tantas tonterías sociales y de educación, solo cumpliendo unas pequeñas normas de comportamiento básicas y lógicas, consiguen que todo funcione muchísimo mejor que las sociedades mundanas, y me siento agradecido de poder formar parte de ello.

Todo lo que dice, tanto de forma verbal, como no verbal, me indica que me quiere a mi, que soy su elegido esta noche, la presa que buscaba con ésa mirada depredadora que se esconde en el fondo de esos mares de jade que tiene por ojos y que no puedo evitar mirar embobado, como un estúpido ante una joya inesperada - Hmmm… la que trae la paz… – repito arrastrando cada palabra al pronunciarla, saboreándolas como si de un manjar se tratase - y solo traes paz… ¿o también algo de diversión? – añado sonriéndole de forma provocadora, sabiendo perfectamente que lo que busca no es paz exactamente sino una guerra de cuerpos desnudos.

Por desgracia, su respuesta se ve acallada por la llegada de la camarera, quien no tarda en rellenar nuestros vasos de nuevo, algo que seguramente me habría tenido que llamar la atención pues, desde hace mucho tiempo ella sabe perfectamente que me gusta llenarme el vaso yo solo, que lo único que ella tiene que hacer es dejarme un vaso y una botella de vodka para que me pueda servir las veces que quiera. Seguramente, si no hubiera estado tan distraído por la belleza que tenía delante de mí, no habría sido tan estúpido como para beber sin preguntarme sobre aquel ligero sabor extraño ni la rareza de que me sirviera la camarera los vasos, casi sin parar.

En cuanto se gira completamente hacia mi, bebiéndose de un trago su vaso, no dudo ni un segundo en imitarla, apurando hasta la última gota del ardiente líquido de un solo trago, notando cómo el agradable calor del alcohol calienta mi estómago, al mismo nivel que la presencia y palabras de la pelirroja calientan mi interior de una forma más primitiva. Soltando un profundo y ronco gruñido de placer, ladeo ligeramente la cabeza, exactamente igual que lo haría en mi forma lobuna, para permitir que sus labios se acerquen a mi oreja, notando así el agradable escalofrío que recorre mi cuerpo en cuanto su aliento cosquillea esa zona tan sensible de mi cuerpo, mientras mis labios esbozan una sonrisa socarrona ante sus palabras y lo que indican.

Al notar su suave mano, apoyarse en la mía, me doy cuenta de que está fría, mucho más fría de lo que debería - "¿Y qué esperas si lleva todo el rato tocando el vaso de Vodka helado? ¡Venga ya Einar! Deja de ser tan paranoico y disfruta del momento… ¿cuánto tiempo hace que no te acuestas con una mujer así? ¿Meses? ¿Años? ¡Ataca fiera!" – me exhorto mentalmente, mientras veo como se aleja de mí, haciendo que me levante con rapidez de mi asiento mientras de mis labios brota otra gruñido animal.

Como un perro faldero, uno de esos cachorritos que van en pos de sus dueñas, comienzo a seguirla, completamente hipnotizado por el sensual movimiento de sus caderas y la profundidad de esa mirada felina que me regala antes de comenzar a subir los peldaños de la escalera que conduce a una parte más “intima” del local. Antes de llegar a ella, la voz de la camarera, deseándome suerte y una buena noche, hace que por unos instantes desvíe la mirada de la mujer de cabellos de fuego para centrarla en la camarera, quien me sonríe cómplice, haciéndome saber que ella ya sabe lo que me espera esa noche, aunque en realidad estaba tan equivocada como yo sobre lo que realmente me esperaba.

Una vez en la planta de arriba, en donde los sonidos del ajetreado bar y la música quedan ligeramente atenuados, permitiendo así que un ambiente más agradable nos acompañe, me vuelve a sorprender al empujarme contra la pared, dejándome apoyado de espalda a ella, mientras la chica se me acerca sensualmente provocando que mi corazón comience a latir con fuerza en el interior de su prisión de carne y hueso, y mis labios vuelvan a esbozar esa sonrisa socarrona a la espera de un beso que, desgraciadamente no llega a producirse y que hace que vuelva a gruñir, pero de frustración esta vez - "Así que la gatita quiere jugar ¿no?... Pues para jugar a este juego se necesitan dos… y soy un gran jugador guapa…" – pienso mudando mi sonrisa socarrona a una más maliciosa - Me encantan las mujeres que saben lo que quieren, pero no soy tan fácil, vakker - le respondo sin borrar esa sonrisa de mi rostro al tiempo que me apoyo en el marco de la puerta abierta, cruzando mis brazos en mi pecho y recostándome sobre la dura madera mientras ladeo mi cabeza hacia el interior, esbozando una media sonrisa juguetona dándole a entender que si quiere que entre tendrá que darme algo más, algún otro incentivo para que termine de cruzar el umbral de la puerta y me adentre con ella en esa habitación - Venga pusekatt, seguro que sabes como convencer a este tipo para que entre ahí contigo… – termino diciéndole en voz ronca.  



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Oh sí, el pasado duele. Pero puedes huir de él o aprender de él.

Irina era bastante cabezota y aunque sabía que no todos eran iguales no podía evitar sentir cierta rabia a los de su especie, aunque Einar le estaba demostrando ser diferente y por primera vez no sentía un asco profundo por estar cerca de uno de ellos. Pero eso no lo reconocería nunca. Al menos no de primeras. Todo iba según lo planeado, por lo que su sonrisa triunfal no pasaba desapercibida. Estaba siendo fácil, aunque esa parte era la fácil, lo difícil vendría después. Aunque ella pasaría a ser una mera espectadora, era curioso que pensar ya en lo de después la excitara aunque no más que lo que ya estaba ahora.

- Nunca traigo paz... -le dejó claro. Era la pura verdad; Irina era el caos en persona. La pesadilla de cualquiera que no quisiera a una enemiga implacable y cruel detrás suya. Soltó un suspiro al verlo sonreír de esa forma que tanto le estaba gustando y después de oírlo gruñir de nuevo. Tuvo que contenerse por no lanzarse encima delante de todos; aunque por supuesto esa opción era mejor en privado. Si llegaba a verla quería que fuera solamente él quién la contemplara.

Su don vampírico estaba haciendo efecto junto a la droga que aunque tardaría en hacer efecto ya se iba repartiendo en su organismo. Sabía que las miradas y sonrisas que le dedicaba solo eran una mezcla de esas dos cosas. Los vampiros causaban ese efecto en los demás, quiénes al saber la verdad mostraban totalmente lo contrario.

A cada minuto que pasaba la pelirroja escuchaba el corazón del contrario latir con energía, algo que le hacía la boca agua. Añoraba el sonido de su corazón por eso cuando oía el de alguien cercano no podía evitar el sentimiento de nostalgia. Einar reunía todo lo que le podía gustar de alguien, cosa que le estaba sorprendiendo más de lo que pudiera reconocer. Al principio tenía prisa por pasar este momento lo más rápido posible y ahora se encontraba disfrutaba de ello. Se podía ver a un perro  siguiendo fielmente a una gatita ronroneante que ocultaba sus verdaderas intenciones.

Justo cuando sus labios estan a punto de juntarse con los del hombre se detiene, dejándolo con las ganas; sin poder evitar una carcajada ante la situación y en el fondo tan jodida como él porque ansiaba aquel beso. Sus manos recorrieron sus hombros despacio, evitando tocar directamente cualquier parte de su piel directamente ya que notaría que estaba extremadamente fría. Abajo podía tener la mentira de que había estado tocando el vaso helado porque no habían parado de beber. Pero arriba a temperatura ambiente, su piel fría haría un contraste muy llamativo. No obstante quería tentarlo a que fuera él quién la cogiera, aunque eso no llegó. Más bien una provocación por su parte, que lejos de molestarla hizo que mostrara otra sonrisa divertida ante lo que estaba pasando. - No eres tan fácil... -repitió burlándose ya que esa frase era más del sexo contrario, lo cual le resultó gracioso. - De acuerdo.... -

Iba darle motivos no solo para que entrara con ella ahí dentro, sino para que acabara jodidamente enganchado de ella igual que ella estaba sintiendo que le iba a pasar. Volvió a acercarse a su oído esta vez dejándole notar la cercanía de su cuerpo contra el suyo, rozando sus senos contra el pecho del hombre... Su mano derecha bajó por su hombro acariciándolo con suavidad hasta llegar al final tirando de su camisa para atraer su mano hacia su boca... Sus labios besaron despacio sus dedos mientras clavaba sus ojos en los suyos, sin cortarse ni un pelo a la hora de lamer su dedo índice buscando calentarlo sin importarle que pudiera pensar que ella si podía ser demasiado fácil. Aquella noche tenía un objetivo, lo que pensara sobre ella daba igual. Tenía que hacerlo entrar ahí dentro y tenía que hacerlo ya.

Se apartó con brusquedad casi sin darle tiempo a reaccionar y caminó despacio hacia la cama donde se sentó con elegancia cruzando sus piernas y dedicándole una sonrisa traviesa a la espera de si entraba con ella. - ¿Piensas quedarte ahí fuera toda la noche? -se llevó una mano a su pelo para ponerlo todo a un lado y dejar un lado de su cuello libre. Le miró de nuevo de reojo con seguridad. - Vamos Einar... -le tentó poniendo una inocente cara angelical que reflejaba a alguien que no había roto un plato en su vida, sin saber que había roto cosas peores.

Ansiosa esperaba que entrara y se lanzara sobre ella mostrando su parte más animal, la parte que a ella más le gustaba. Sus ojos verdes brillaban espectantes y divertidos esperando que el hombre entrara y se lanzara sobre ella de una maldita vez. Su corazón le delataba, sus latidos no mentían. Si el suyo estuviera vivo estaría latiendo quizás más rápido y más ansioso que el del lobo.





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Con cada combate te haces más fuerte


Manteniendo esa media sonrisa, la observo acercarse de nuevo a mi, volviendo a ladear suavemente la cabeza hacia un lado al ver cómo sus labios vuelven a buscar mi oreja, notando la presión de sus firmes y turgentes pechos contra mi pecho, arrancándome otro gruñido de placer ante aquel contacto firme, sintiendo como su mano derecha comenzaba un lento pero sensual recorrido desde mi hombro hasta el borde de mi camisa, un suave roce que me obliga a cerrar los ojos en cuanto un escalofrío de placer recorre todo mi cuerpo, provocando que mi boca se seque al instante, mi corazón se encabrite y comience a latir como si de un corcel salvaje se tratara y una importante incomodidad, producida por la prisión de  ropa, se apodere de mi entrepierna - "Joder… joder… como siga así no respondo, por Dios que no respondo… " – pienso justo antes de abrir los ojos al notar cómo eleva mi mano, quedando automáticamente atrapado por la intensa mirada de esos ojos tan profundos como el océano. Trago saliva ruidosamente al notar sus fríos labios rozar mi dedo índice en un tierno beso antes de que su lengua comience a lamerlo, provocando que la incomodidad se convierta en una auténtica molestia y mi respiración se muestre completamente alterada, agitada por el deseo primario que se acaba de apoderar de todo mi cuerpo - "Aparéate ya estúpido humano… " – me ordena el lobo que comparte mi mente y que ahora mismo no entiende de juegos ni de tonterías, pues está claro que la hembra está receptiva.

Pero no estoy con una loba, estoy con una auténtica cazadora, una experta en el arte de la seducción como estoy descubriendo por desgracia para mi, aunque aún no sea totalmente consciente de ello. Así, cuando ella decide continuar con su juego, apartándose bruscamente de mi, mi rostro adopta la expresión de sorpresa y decepción que siento unos segundos antes de que torne a otra más animal, más salvaje, más primigenia mientras la observo contoneándose lentamente, insinuando las curvas que se esconden debajo de la estúpida ropa, antes de sentarse de una manera exquisita sobre la cama, soltando de sus labios esa pregunta innecesaria, ofreciéndome su cuello y adoptando una expresión de inocencia digna de la auténtica caperucita roja.

Tras soltar un gruñido más profundo y gutural que los anteriores, uno cargado del deseo que ahora mismo me posee, me aparto con rapidez del marco de la puerta, agarrando con fuerza del pomo para cerrarla violentamente, dispuesto a lanzarme salvajemente sobre ella, a atacarla como el lobo que soy. Sin embargo, en cuanto doy el primer paso hacia ella, noto un ligero mareo que me obliga a cerrar con fuerza los ojos para volver a abrirlos, comprobando que la habitación se me antoja ligeramente borrosa, como si los bordes de mi visión no estuvieran del todo definidos - "Es el deseo Einar, el jodido deseo de tirártela te está nublando la vista.. no dejes que el lobo te controle del todo… ¿o sí?... " – avanzando lentamente hacia ella mostrándole mi expresión más salvaje más animal, comienzo a desabrocharme la camisa, lanzándola al suelo detrás de mí, dejando mi torso tatuado totalmente desnudo, deteniéndome a medio camino al notar como el mareo se hace más patente, obligándome a terminar de recorrer la breve distancia que aún nos separa con pasos firmes y seguros. Imitando perfectamente al lento pero inexorable acercamiento de un lobo a su presa indefensa. Volviéndome a detener justo delante de ella, soltando gruñidos roncos a cada respiración, fijando mis ojos, cuyo color ahora es más profundo, más intenso al igual de la pasión que siento. Elevando el lateral izquierdo de mi labio superior, le regalo esa sonrisa lobuna, animal que el deseo provoca en mi, para luego abalanzarme con rapidez sobre ella, tumbándola sobre la cama, atrapándola bajo el peso de mi cuerpo, inmovilizándola con mi corpulencia, mientras hundo mis labios en el cuello que tan sensualmente me ha ofrecido, besándolo con pasión, mordisqueándolo juguetón, mientras mis manos se entrelazan con las suyas, llevándolas a lo alto de la cama, atrapándola así para que no se escape otra vez, sintiendo ahora sí el frío de su piel, algo que debería hacerme ver que no es una mundana, pero que en el estado de excitación y de atontamiento progresivo en el que me encuentro, no soy capaz de entender, pues, según mis labios recorren la delicada piel de su cuello en busca del lóbulo de su oreja me veo obligado a cerrar los ojos ante el mareo y el extraño cosquilleo que comienzo a sentir por mis extremidades.



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Oh sí, el pasado duele. Pero puedes huir de él o aprender de él.

Tiempo atrás este encuentro habría acabado rápido por el odio infundado que la pelirroja sentía hacia los lobos, pero con Einar no podía ni quería hacer eso. Sentía que lo conocía bien, dado que sabía absolutamente todo de él desde que su creador le mandó a seguirle durante semanas y después a acabar con su vida. Si el lobo supiera realmente quién era ella.... Lo que había visto y lo que le tenía planeado... Saldría corriendo con la colita entre las piernas, estaba segura.

Se mantuvo en la cama provocándole para que entrara y se uniera a ella. En el fondo deseando sentirle cerca... - Demuéstrame que vales la pena. -le dijo antes de que se pusiera encima suya. Una frase cargada de doble sentido, refiriéndose a lo que vendría después ya que por el pequeño mareo que había sufrido antes de llegar a ella tuvo el aviso de que el sedante comenzaba a hacer efecto. Lo que en parte le dio rabia porque realmente quería un rato más a solas con él antes de llevarlo a los subterráneos.

Se mordió el labio inferior al notar sus labios sobre su cuello y al notar como retenía sus manos arriba para dejarla a su merced. Sintió como su espalda se tensaba dejándole así la zona que estaba besando y mordiendo más accesible. Suspiró de placer y contuvo un pequeño gemido, ya que eso si que no iba a dárselo tan fácilmente, para lograrlo tendría que hacerla disfrutar de verdad. Rodeó con sus piernas la cintura del lobo. Ahora ya sabía que era una vampiresa, su piel fría la delataba le gustara o no y tan solo agudizando el oído se daría cuenta de la inexistencia de latidos. - Einar... -pronunció su nombre despacio esperando su reacción.

En un rápido movimiento quedó encima del hombre que empezaba a sentir los efectos del sedante haciendo que bajara la guardia e incluso que le costara reaccionar, ya que apenas había tenido que forcejear para quedar encima. - ¿Qué te ocurre? -preguntó con voz inocente, porque bien lo sabía.

Deslizó su mano por su pecho rozando con suavidad uno de los tatuajes. Sintiendo un ligero cosquilleo bajo la yema de sus dedos por el contraste de su piel caliente. Clavó sus ojos en los de él mostrando un destello rojizo aclarándole así lo que era pero sin mostrar sus colmillos aún. Esta vez fue ella quién cogió sus manos y le dejó a su merced. Se acercó a su cuello y depositó un suave beso en él, dejando que el olor de su piel le llegara perfectamente, dejando en un segundo lugar su característico olor a licano, sintiendo otro que le caracterizaba aunque no sabía muy bien con que relacionarlo.

Se volvió a acercar a su oído, pero esta vez no sería algo que le gustara oír. Su melena rojiza cayo a ambos lados rozándole el rostro mientras le hacía una pregunta que él entendería enseguida. - ¿Aún escuchas sus gritos? Recuerdo aquella noche... Su sangre mancha tus manos. -se separó y esta vez soltó una carcajada.  Irina estaba acostumbrada a llevar las manos manchadas de sangre de otros y no era algo que le quitara el sueño para nada. Pero lo poco que había podido sentir de Einar al acercarse, sabía que pasaba un infierno día a día.

Aunque intentó moverse, ella ejerció más fuerza en el agarre de sus muñecas y con sus piernas a ambos lados de la cintura del lobo. - Pronto entenderás de que va todo... -

Acudiría más veces a la bruja que le había logrado el sedante, había sido muy efectivo. Sentía como sus fuerzas se apagaban poco a poco, lo veía en su cara. Esa impotencia al no poder ordenar a su cerebro que su cuerpo reaccionara. Dejándola a ella con todo el poder y encima mirándole con esa sonrisa de superioridad. Sus ojos volvieron a su verde habitual mientras veía como Einar intentaba zafarse de ella, por supuesto quedando en vano. - Dulces sueños lobito... -le dijo antes de que cerrara los ojos y quedara inconsciente.

Se acercó y unió sus labios con los de él en un beso que solo recordaría ella. Soltó sus muñecas y observó los tatuajes de su pecho sintiendo en ese momento un cosquilleo que antes no había sentido. De un movimiento rápido se apartó de él y se dirigió hacia la puerta donde la camarera de abajo esperaba la señal de Irina. Era la bruja que le había preparado el sedante y que se lo había administrado al lobo, la pelirroja le pagaría muy bien su ayuda. - Tenemos que llevarlo antes de que despierte. -le ordenó Irina volviendo dentro y pasando un brazo de Einar por su hombro mientras la camarera hacia lo mismo.

Una puerta trasera oculta que solo conocían los que trabajaban allí les llevaría directas a los subterráneos donde en unas horas empezarían las peleas. - Ganará. -respondió a la pregunta que la chica le había dedicado sin pronunciar pero sus ojos le delataban. - Le he visto pelear, por eso lo he elegido. -le dejó claro. - Puedes irte, aquí sigo sola. -le ordenó.






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Mientras una extraña sensación comienza a apoderarse de todo mi cuerpo, siento cómo ella reacciona a mis atenciones, rodeando mi cintura con sus esbeltas y fuertes piernas, animándome a continuar centrando mi atención en la suave y tierna piel del lóbulo de su oreja, haciéndome sentir el hombre más afortunado del mundo por tener a semejante hermosura entre mis brazos. Pese a sentir mi cabeza cada vez más atontada, no puedo dejar de saborear la gélida piel que mis labios y lengua se afanan por calentar. Pero, a pesar de mis intentos por evitarlo, noto como mi cuerpo se empieza a sumir en una pesadez para nada habitual, consiguiendo finalmente, que mis labios se separen del lóbulo de su oreja al tiempo que mi cuerpo comienza a caer pesadamente sobre el suyo y mis manos pierden parte de su fuerza, del agarre al que la tengo sometida.

Finalmente, me veo obligado a apoyar mi frente contra el áspero cubrecamas y cerrar con fuerza los ojos, intentando alejar la pesadez que noto en todo mi cuerpo y la lentitud de pensamiento que se está apoderando de mi, haciendo que mi corazón comience a latir a un ritmo mucho más pausado  y mi respiración le acompañe en ese lento descenso a un estado mucho más relajado, algo inaudito en una situación como en la que me encuentro.

El sonido de su voz, pronunciando mi nombre, de una forma tan atractiva para mis oídos, hace que intente levantar la cabeza, consiguiendo que esta se eleve unos escasos centímetros y que de mis labios, en vez de la respuesta que deseo darle, solo se escape un incomprensible murmullo - "¿Pero qué cojones te pasa Einar? ¡Estás con una belleza de mujer y te estás quedando dormido! " – pienso con sorpresa al empezar a darme cuenta de que es eso lo que me está sucediendo, que un profundo sueño se está apoderando de mi cuerpo completamente, algo que no debería estar pasando.

Sin poder casi hacer nada, noto como se deshace de mi agarre, a pesar de que intento con todas las fuerzas de las que soy capaz mantener sus manos sujetas con las mías, pero para mi sorpresa, no le cuesta nada girarme sobre la cama y colocarse ahora encima mío, haciéndome sentir su peso sobre mi estómago y pudiendo contemplar su hermosura elevarse victoriosa por encima mío, mirándome orgullosa desde arriba, con un brillo peligroso en sus ojos que contrasta con la inocencia de su voz al realizarme una pregunta. - ….¿qu…?... – escucho ese intento de hablar surgir de mis labios que, como el resto de mi cuerpo, se niegan a obedecerme.

El desconcierto que siento, comienza a transformarse en preocupación en cuanto noto cómo su dedo, completamente helado, se desliza por mi pecho, resiguiendo uno de los tatuajes que me hice antaño, concretamente uno que me define como miembro de la mafia rusa, algo que sólo aquellos que han trabajado en ella pueden saber - "¡Maldito perro estúpido!. ¿Cómo no te has dado cuenta antes? ¡Rusa!, ¡Es una jodida miembro de la Bratvá y ha venido a hacerte pagar por haberlos abandonado!" – pienso antes de que el destello rojizo que asoma en la profundidad de sus cautivadores ojos me indique algo que ya estaba más que claro, que se trata de una jodida chupasangre. En cuanto lo veo, intento obligar a mis manos a moverse, a apartarla de ahí, pero sólo consigo que se levanten poco más que unos milímetros de donde han quedado antes de que ella me sujete por las muñecas y me las inmovilice a su antojo, quedando totalmente indefenso ante ella, notando la urgencia de apartarme de ella, de golpearla, de quitármela de encima según su cabeza va descendiendo lentamente, acercándose agónicamente hacia mi cuello, haciéndome pensar que ahora mismo me voy a convertir en su aperitivo, que en breve notaré sus colmillos perforar la dura piel de mi cuello y empezar a sentir cómo la vida me abandona, impotente, mientras ella se alimenta de mi, robándome el preciado líquido vital, algo que en el fondo anhelo con todas mis fuerzas, pues así dejaré de sufrir por mis pecados, pero que no puedo permitir ya que sería abandonar a su suerte a mi hermana y mi sobrino en un mundo de bestias, muerte, crueldad y destrucción.

Pero si lo que esperaba era un agudo dolo en la carne, en la piel, lo que noto es algo peor, mucho peor que cualquier herida que me hubieran podido infligir con cualquier arma de plata, más doloroso que acabar con varias balas de plata en el interior de mi cuerpo, un dolor sordo, agudo, profundo fruto de esa pregunta despiadada, una estocada maestral contra mi peor herida. En cuanto escucho su voz, susurrándome preguntándome sobre los gritos, unos gritos que me acompañan desde que maté a mi familia, a mi propia familia, abro los ojos con fuerza, al tiempo que mi corazón da un vuelco, comenzando a latir de nuevo salvajemente, mientras de mis labios surge un gemido profundo y lastimero por el súbito recuerdo que acude con fiereza a mi mente, llevándome a aquellos momentos en los que los gritos desesperados de mi mujer no consiguieron que me abalanzara sobre ella como un animal rabioso y salvaje, como un lobo sediento de sangre.

Su carcajada, hace que la rabia se apodere de mi, que me obligue a luchar, a soltarme de su agarre, pues saber que ella estuvo allí aquella noche - "¡Estuvo allí Einar! ¡Ella lo vió! ¡Ella pudo haberlo impedido!" – pienso con furia, pues está claro que ella podría haber hecho algo, que aquella noche podría haber sido totalmente diferente y mi vida no ser para nada como lo es ahora mismo. Con este pensamiento en mi mente, el sonido de los gritos angustiados de mi mujer y el sentirme atrapado, sometido por una vampiresa de cabellos rojizos, hago acopio de las fuerzas que aún me quedan para revolverme, para intentar soltarme, para no continuar en aquella posición de sometimiento ante un ser que ha sido capaz de atacarme de esa forma tan cruel, haciendo que esos recuerdos tan dolorosos acudan a mi de nuevo.

Por desgracia me tiene bien sujeto, bien fijo con sus piernas y sus manos, por lo que no consigo sino ofrecer una patética resistencia, que ella logra romper con facilidad, mirándome orgullosa, mientras me vuelve a hablar, haciendo que mis ojos reflejen la frustración, el desespero, la rabia y la humillación que siento mientras ella continúa hablándome. Observándome victoriosa mientras el sueño empieza a ganarme la batalla, como lentamente mi mente comienza a hundirse en la oscuridad, en el sueño, haciendo que mis párpados, cada vez más pesados, se vayan cerrando, poco a poco, milímetro a milímetro hasta quedar totalmente unidos, sumiéndome finalmente en un profundo sueño artificial, no sin antes permitir que una única lágrima de rabia, pero sobretodo de desespero se derrame desde mi ojo izquierdo, recorriendo las rugosidades de la piel de mi mejilla en dirección a mi oreja.

……………………………………………………………………………………………………………..


El grito desesperado, cargado de pavor, de mi mujer me despierta de golpe, haciendo que abra mis ojos al instante, sintiendo mi cabeza extrañamente abotargada, mientras la claridad que llega de golpe a mis cuencas oculares me deslumbre, obligándome a protegérmelos con la mano diestra, mientras me incorporo con rapidez del suelo, jadeando con fuerza y con el nombre de mi difunta esposa en los labios. Con el corazón latiendo desesperadamente, miro a mi alrededor intentado recordar qué ha pasado, notando un fuerte alivio al descubrir que no me encuentro en mi antiguo hogar, sino en lo que parece ser una antigua estación subterránea o un almacén carente de ventanas.

Según mis ojos van recabando información, que se une a la que mis sentidos del oído y el olfato comienzan a enviarme con rapidez, empiezo a recordar los últimos momentos antes de perder el conocimiento - "¡Maldita sanguijuela! Te mataré, juro que lo haré…" – me digo mentalmente mientras analizo mi alrededor, descubriendo que estoy en una especie de jaula cuya única puerta da a otra jaula mucho más amplia. A mis oídos me llegan las voces de un grupo numeroso de personas que, por el olor, se trata de subterráneos, de varias de las distintas razas - "¿Pero dónde cojones estás Einar?" – pienso mirando a mi alrededor, quedándome claro que estoy en una especie de escenario rodeado por una tribuna llena de gente, a modo de antiguo circo romano.

- Por fin se despertó la bella durmiente... - una voz masculina, cargada de sorna me llega clara desde mi parte derecha, por lo que automáticamente giro mi cabeza en su dirección, soltando un gruñido de advertencia hacia el hombre, que apesta a brujo. Es entonces cuando su olor, ese olor tan característico a jazmín y lavanda me llena las fosas nasales, haciendo que me abalance con violencia contra los barrotes de mi prisión, consiguiendo que toda la estructura metálica tiemble por la fuerza de mi envite, mientras extiendo uno de mis brazos fuera de la celda, todo lo lejos que soy capaz, haciendo caso omiso al dolor de los barrotes al clavarse en mi hombro, intentando agarrar a la pelirroja, que se encuentra al lado del brujo - Du er død!!! ¡Estás muerta! ¿Me oyes zorra? ¡Estás muerta! – le grito primero en noruego, para luego volver a hacerlo en ruso, escupiendo cada palabra con furia, notando mi saliva escapar por mis labios mientras mi mirada de rabia y odio se centran en ella - Vaya Irina… parece que el chucho tiene malas pulgas- vuelve a decir el hombre antes de empezar a reírse   Será mejor que guardes esa rabia y esa energía para más adelante, pues la vas a necesitar pulgoso - añade con el mismo tono burlón mientras se acerca a la vampiresa y comienzan a hablar entre ellos en susurros, que no consigo entender a pesar de mi aguzado sentido del oído. Sin apartar mi mirada enojada de ellos, me retiro de los barrotes, sintiendo un escalofrío recorrer mi cuerpo, dándome cuenta que solo voy vestido de cintura para abajo, escuchando retazos de conversaciones que hablan de apuestas, de combate, de peleas, de sangre y vísceras, haciendo que me sienta como un perro de pelea, encerrado en su jaula minutos antes de ser lanzado a un combate a muerte contra otro perro, comenzando a comprender las palabras de Irina que pronto entendería de que iba todo.



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Oh sí, el pasado duele. Pero puedes huir de él o aprender de él.

Soltarle tal información cuando estaba en clara desventaja había sido cruel, pero la pelirroja no sabía hacer las cosas de otro modo. Buscó y esperó el momento perfecto para decirle aquella única frase que enseguida entendería, en cuanto relacionó sus palabras a la noche en que mató a su mujer e hija; el odio, la rabia y el enfado se hizo patente en su cuerpo, tanto que la vampiresa puedo notarlo como si ella misma lo sintiera. No dijo nada más, solo observó como iba cayendo en un sueño profundo para que ella pudiera llevarlo a donde quería y hacerlo de una forma fácil y sin llamar la atención. Porque... ¿Quién iba a notar que faltaba? Nadie. Estaba tan solo en el mundo como ella, bueno tan solo no. Sabía que seguía teniendo família, porque eso era lo normal no los dramas familiares por los que ella había pasado.

Pero en el fondo el mismo sentimiento de soledad, desde aquella les había acompañado a ambos y estaba segura de que si se diera la ocasión se entenderían. Pero Irina no daría nunca pie a que se diera esa ocasión. Tras esta noche, volvería a desaparecer como muchas otras veces, dejando a los pocos conocidos vampiros sin saber nada de su paradero. Si se quedaba demasiado tiempo en un sitio Drakkar podría llegar hasta ella y eso significaba el fin de su libertad para pasar a servirle a él durante toda la eternidad. Algo a lo que no estaba dispuesta y lucharía hasta el final por evitarlo. Por eso hacía todo esto.

Un demonio que había conocido hace unos meses, servía en cierto modo a Drakkar, solían reunirse y aunque era arriesgado dejarse ver y hablarle de que era la pupilo de Drakkar, finalmente se lanzó a la piscina a cambio de poder conseguir información porque sabía de sobra que un aliado, jamás. Los demonios eran seres oscuros y muy traicioneros; básicamente como ella y por ese claro motivo quería evitar pactar nadie con alguien que no tuviera remordimientos en venderla. Aquel demonio estaba a la cabeza de unas peleas que organizaba en unos subterráneos. Irina llegó hasta allí y observó como era. Habían 8 rivales, cada uno metido en una gran jaula formando un gran círculo; en el centro estaba donde lucharían. Lleno de sangre y con el olor de muerte y victoria entremezclados. Durante varias rondas las puertas de esas jaulas se abrían y sino querían salir a luchar; entrarían a por ellos y los obligarían. Un fugaz recuerdo vino a su mente ya que ella también había tenido que participar en algo así, por una prueba de lealtad a su creador.

Compartía el mismo sentimiento que cada uno de los que salía a luchar sabiendo que ese sitio sería lo último que verían. Tras semanas acudiendo a esos subterráneos y ver todo tipo de contrincantes y de sucias estrategias; él vino a su mente.

Había estado vigilándolo durante un tiempo, lo había seguido a las peleas callejeras con las que se sacaba algo de dinero y se desfogaba. Como ella, era miembro de la mafia rusa, aunque ambos tenían métodos muy distintos. Tenía potencial, era inteligente, rápido, hábil. Un sujeto nada fácil de ganar y un digno rival. Aunque también era testarudo, impulsivo y algo creído; para ella en eso residía su encanto. Su creador la había mandado a vigilarlo porque quizá acabaría convirtiéndolo en vampiro. Así tendría dos títeres en vez de uno y durante todo ese tiempo que ella lo seguía desde las sombras, pudo conocerlo mejor que incluso con quién compartía la cama y había engendrado descendencia.

Por ello cuando supo que un licántropo le había mordido no dijo nada y se llevó la reprimenda de Drakkar al enterarse él por otros medios. Fue ahí como castigo que la mandó a eliminar a la especie rival número uno de los vampiros.

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Los subterráneos quedaban cerca y gracias a su fuerza sobrenatural podía cargar a Einar sin esfuerzo, pero de reojo lo observó varias veces mientras dormía y se movía al compás de ella hacia su destino. Ya sabían que aquella noche Irina iba a participar y por eso cuando la vieron llegar la dejaron pasar sin preguntas ni miradas incómodas. Cuantas veces habrían visto algo similar y se habían callado...

Ya escuchaba algunos gritos hacía los que estaban en las jaulas avisándoles de que no ganar significaba algo mucho peor que la muerte, pero en esos momentos como iba a pensar que esas palabras les podría importar...? Llegó a una de las jaulas y se arrodilló dejando caer al lobo en el suelo, observó durante unos segundos al hombre que ausente a lo que estaba sucediendo fuera dormía aún. Su pecho subía y bajaba al ritmo de su respiración. Irina estiró una mano y la puso en su pecho justo encima de su corazón notando en la palma como este latía con tranquilidad y fuerza, después sonrió ladina y se puso de pie.

- Solo si gana te diré lo que quieres saber preciosa. Si pierde, olvídate. -le avisó e Irina asintió con la cabeza. - Drakkar tiene muchos contactos, dejarte ver por aquí es muy arriesgado... Pero eso ya lo sabes. Igual que sabes que acabará encontrándote. te busca con ahínco Irina. Eres lo que considera su descendencia más directa, la primera de todas sus transformaciones. Y según él la que perfeccionó a su antojo. Si aún no te ha atrapado es porque no ha querido, no porque no pueda. Te está dando tiempo para ver como le sorprendes. -la carcajada del brujo hizo que la piel de  la pelirroja se erizara solo de miedo al pensar que sus palabras no eran del todo mentira.

Escuchó al brujo hablar, pero esta vez no iba dirigido a ella y se giró mirando a Einar, quién le devolvía la mirada furioso. Era normal, había jugado con él y encima le había mentido trayéndolo a este maldito lugar. Lástima que jamás vaya a poder vengarse. Irina sabía que en una lucha con el hombre tenía probabilidades de perder, pero también sabía como atacarle para matarlo.

Se acercó a la jaula y luego se movió rápido hacia atrás cuando casi la alcanza. Escuchó su amenaza y mostró una sonrisa. - Tienes razón, estoy muerta. -se burló de él. Volviendo a sonreír burlona para que se enfadara aún más y centrara su odio en ella. Quizá en el combate vería su rostro en los demás y eso le llevaría a la victoria.

Esperó a que el brujo se alejara y entonces esta vez si se acercó, pero estaba preparada por si de nuevo intentaba cogerla o algo por el estilo. - Estuve aquella noche. Gana y te contaré todo lo que quieras saber, muere y... bueno, ya no importará porque estarás muerto. -se encogió de hombros. - Ves al de al lado. Su punto débil está justo en su estómago y el de la derecha, es muy lento. -hizo una pausa pensativa. - Serán tus rivales. Ahora solo calla, mira y aprende. -le aconsejó mientras se abrían las primera puertas y salían los primeros luchadores a ella.

Las jaulas con los ocho participantes, rodeaban en círculo el centro donde deberían luchar por su vida. Fuera de ambas zonas los espectadores gritaban y armaban jaleo impacientes porque corriera la sangre. Un vampiro y un licántropo. El vampiro se quedó de pie de la puerta de su jaula mirando confuso a su alrededor, el licántropo reaccionó más rápido lanzándose encima suya. Una voz clara se oía de fondo retransmitiendo todo lo que pasaba, como si no se viera claro. Todo aquello era puro espectáculo morboso.

La pelirroja se quedó al lado de Einar quién miraba todo aquello entre sorprendido y medio asustado sabiendo que en algún momento la jaula que se abriera sería la suya y quién saldría ahí a destripar al otro sería él. Aprovechando su despiste Irina se mezcló con la multitud de más atrás caminando entre todos intentando escuchar información valiosa que la ayudara a ganar.

Escuchó el aullido del licántropo que significaba que alcanzaría su forma lupina, pareciendo haber entendido mejor que le vampiro que aún seguía paralizado de que iba la cosa. Entre los subterráneos los vampiros en ese momento gritaban al congénere que no quería estar ahí y asustado corría por el círculo intentando escapar, recibiendo insultos y el primer ataque del lobo.








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Con cada combate te haces más fuerte


Su burla hace que mi ceño se frunza todavía más avivado por el odio visceral que siento por la pelirroja -"Vaya Einar… parece que la chupasangre te ha cerrado el pico de golpe… reconócelo ha sido un comentario realmente acertado, vamos que, aunque te joda reconocerlo te ha hecho gracia" - me digo mentalmente, pues una parte de mi ha disfrutado con su respuesta a mi amenaza, porque realmente ya está muerta. Sin cambiar mi expresión los observo atentamente mientras cuchichean entre ellos, esforzándome por agudizar mi oído al máximo y así poder entender lo que dicen. Por desgracia el creciente griterío de la gente que parece se está congregando en mayor número, me impide entender nada de lo que hablan.

En cuanto el brujo se aleja, la observo hostil mientras se acerca ligeramente a mi celda, manteniéndose lo suficientemente alejada como para que no le pueda alcanzar, pero lo suficientemente cerca como para poder oírla perfectamente sin que tenga que gritar. Inconscientemente comienzo a apretar mis puños, sintiendo el dolor que me producen mis propias uñas al clavarse en la carne de las palmas de mis manos, notando mi cuerpo totalmente rígido y mis venas marcadas en cuello y sienes, sintiendo como la ira campa a sus anchas por todo mi ser.

Sus palabras se me antojan poco más que el siseo de una víbora, de una serpiente venenosa que consigue hacer que mi cuerpo tiemble por la rabia, la ira y las ansias de matarla que ahora mismo son lo único que puedo sentir - "Respuestas Einar… ella tiene respuestas… respuestas a preguntas, respuestas que necesitas… y solo tienes que ganar… ¡Vamos hombre! No son más que peleas callejeras y tú estás más que acostumbrado a esto…" – escucho sus palabras, sin variar un ápice mi rostro o mi lenguaje corporal, aunque no puedo evitar lanzar una rápida ojeada hacia los lados que ella va diciendo, dándome pistas sobre mis rivales más cercanos - "¿Te está diciendo sus puntos débiles? ¡Venga ya Einar! ¿Te vas a fiar de ella? ¿De la mujer que te ha drogado y metido a saber en dónde? No te fíes de ella… miente, te quiere utilizar Einar, solo eso… " – reflexiono pues sus últimas palabras me dejan algo desconcertado ya que parece que quiera ayudarme de algún motivo - "A no ser que… que quiera que ganes por algún motivo muy concreto… porque ¿qué saca ella de todo esto? ¿La ha enviado tus antiguos camaradas de la mafia para que te maten y ellos se diviertan?" – pienso notando el desconcierto comenzar a abrirse paso en mi cabeza.

El sonido metálico de dos puertas al abrirse hacen que dirija mi mirada hacia el centro de las jaulas, justo delante de la puerta cerrada de la mía. Ante mis ojos salen a la celda principal, a la central, dos hombres, que por el olor y la forma de moverse se tratan de dos subterráneos, concretamente de un vampiro y un licántropo. En cuanto aparecen en el centro, las gradas estallan ante los vítores y abucheos de los mirones, al tiempo que una voz resuena por la megafonía del lugar explicando lo que está sucediendo, retrasmitiendo la pelea que no tarda en comenzar. En cuanto soy testigo de lo que está pasando, de donde realmente me encuentro, noto como mi respiración comienza a acelerarse por el nerviosismo de lo que me espera, puesto que está claro que me van a obligar a luchar quiera o no y, por lo que estoy viendo ahora mismo, no hay reglas.

Olvidándome de todo lo demás, me centro en el combate, siendo testigo de cómo mi congénere no tarda en transformarse para comenzar a lanzar dentelladas contra el chupasangre que no deja de ser abucheado por gente de las gradas y que supongo que serán los suyos propios. Pronto, el olor a sangre inunda mis fosas nasales constatando así que el licántropo no piensa parar hasta haber terminado con su contrincante a mordiscos, consiguiendo que los gritos agónicos y desgarradores del vampiro se eleven por toda la zona, haciendo las delicias de los perturbados que se deleitan ante este combate salvaje y sin sentido.

Tras los pocos minutos que dura aquella carnicería, la voz de la megafonía declara ganador al licántropo, instándole a volver a su celda antes de que un grupo de hombres entren en el centro y se lleven los trozos que han quedado del chupasangre. Aprovechando esos escasos momentos de tranquilidad, sintiendo como la ansiedad se ha apoderado de mi, dejando en un segundo plano a la rabia, vuelvo mi mirada hacia el lado donde se encontraba Irina quien ha desaparecido. Justo entonces, el sonido de la puerta de mi celda al abrirse hace que vuelva mi mirada hacia delante, comprobando, no sin cierto nerviosismo, que tengo vía libre para salir a la arena, quedándome estático en donde me encuentro incapaz de dar un solo paso hacia el frente - Mueve tu puto culo chucho sarnoso, si no quieres que te despelleje yo mismo y me haga un abrigo con tu apestosa piel - la voz, cargada de amenaza, del brujo me llega clara, haciendo que, al mirar hacia donde se encuentra, le vea esbozar una sonrisa perturbadora, mientras comienza a jugar con sus manos, algo que me indica claramente que está preparando algún tipo de truco, de conjuro o de lo que cojones sea que quiere hacer para obligarme a salir. Así, totalmente reluctante, salgo al centro, viéndome rodeado por los gritos de los allí congregados, encontrándome con quien se ha convertido en mi oponente, un hombre corpulento y que, por el olor que me llega, se trata de un vampiro.

Para mi sorpresa no tarda ni unos segundos en abalanzarse sobre mi, tomándome completamente por sorpresa, evitando que pueda esquivarlo siquiera, sintiendo cómo su cuerpo impacta con violencia contra el mío y me obliga a retroceder, luchando por mantener el equilibrio mientras trastabilleo hacia atrás hasta golpear con mi espalda contra los barrotes, sintiendo el fuerte abrazo del vampiro quien me mantiene apresado entre los barrotes y su cuerpo, incapaz de separar mis brazos de mi cuerpo por su abrazo, haciendo que de mis labios brote un gruñido de sorpresa y rabia - "¡Libérate! ¡Suéltate! ¡Rápido!" – pienso con rapidez, comenzando a forcejear con fuerza, intentando liberarme de su presa, sintiendo al instante un agudo y fuerte dolor en mi hombro, el característico dolor de un mordisco, de los dientes afilados de un vampiro al clavarse profundamente en mi piel, consiguiendo sacarme un quejido quedo y corto. Soy consciente de que los vampiros no pueden alimentarse de mi sangre, pero ello no significa que no puedan dañarme y sobretodo desgarrarme, provocarme heridas sangrantes que me debiliten, cosa que parece querer hacer el cabronazo, pues retira sus colmillos de mi carne para volver a clavarlos con fuerza en otro punto más cercano a mi cuello, haciéndome apretar los dientes con fuerza para no gritar, mientras comienzo a notar el calor mi sangre esparciéndose por mi brazo.

Dejando que mi instinto tome el control, coloco mi pie por detrás del suyo, y haciendo acopio de toda mi fuerza me impulso hacia delante, ayudándome con los barrotes, consiguiendo caer encima del vampiro con la suficiente fuerza como para que me libere de su presa y evitar así un tercer mordisco. Con rapidez, sin permitir que reaccione, me aparto de él rodando hacia un lado, para incorporarme al momento, aprovechando ésa ventaja para lanzarle una patada en plena cara en cuanto intenta levantarse del suelo, consiguiendo partirle la nariz y que vuelva a caer al suelo sujetándose la cara, quedando a mi merced. Con un gruñido de rabia, me abalanzo ahora yo sobre él, propinándole patadas en su estómago, una detrás de otra, dejando que el dolor palpitante que siento en mi hombro dirija mis golpes. Parando después de descargar una buena tanda de patadas, para sujetarlo de la cabeza, levantarlo a pulso del suelo y lanzarlo con violencia contra los barrotes metálicos, viendo como su cuerpo se desploma inmóvil sobre el pavimento.

Con paso lento, jadeante por el esfuerzo, me acerco hacia el vampiro, quien a penas se mueve, incapaz de levantarse del suelo por la pérdida de sangre interna que seguramente le han provocado mis patadas. Desde arriba le dedico una mirada de superioridad, de victoria, antes de dirigirla hacia el público, intentando ver dónde se oculta el rostro de la pelirroja - "¿Dónde te escondes maldita zorra?" – pienso escudriñando los rostros de los allí presentes que pronto comienzan a decir una única y espeluznante palabra al unísolo “Mátalo, Mátalo” - "¿Pero qué cojones les pasa a estos locos? ¿Es que realmente quieren que mate a otra persona sin motivo?" – pienso asombrado ante esa petición, mirando con cara de incomprensión al brujo quien comienza a repetir una frase, un eslogan que pronto se convierte en un mantra que cubre toda la sala “Dos entran, uno sale. Dos entran, uno sale” - "Joder están jodidamente locos, ¡todos!" - pienso con nerviosismo mientras me aparto lentamente del vampiro, quien seguramente estará comenzando a regenerarse ya - ¡Estáis locos! – les grito en inglés con mi fuerte acento noruego - ¡¿Es que os pensáis que esto es la jodida cúpula del trueno?! – continúo irónico, pues esa frase y esa situación me recuerdan demasiado a la película - Le he ganado, el combate ha finalizado. Tardará horas en poder levantarse, esto se ha terminado. No pienso matarle - les digo enfadado, serio, mientras poco a poco me dirijo hacia mi celda, escuchando como la gradería estalla en una marabunta de gritos y protestas.



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Oh sí, el pasado duele. Pero puedes huir de él o aprender de él.

La pelirroja caminó despacio entre el gentío, agudizando el oído. Aunque de momento solo oiría comentarios sobre los luchadores que estaban ahora, ella estaba ahí para oir sobre su propio luchador. El que tenía que ganar o sino no conseguiría la información que necesitaba. Había meditado mucho sobre el plan; sobre aparecer de repente y acabar arrastrándolo ahí. Pero tras mucho tiempo siguiéndolo ella sabía perfectamente de lo que era capaz, era un digno oponente; casi letal. Era perfecto para ganar...

Veía en sus ojos como su odio hacia ella cada vez era más fuerte y se hacía una pequeña idea de lo que le haría si pudiera ponerle las manos encima, pero por suerte, eso no pasaría. Y después de todo esto, jamás se volverían a ver. Por lo que no era algo que le preocupara. Los gritos del vampiro y los abucheos de quiénes habían apostado por él inundaron la sala. El ambiente empezaba a volverse hostil y muy tenso. La vampiresa notaba la mirada del brujo a cada rato asegurándose de por donde iba, cosa que le incomodó mucho. La primera pelea habia finalizado y no le había prestado casi atención, pero a la siguiente... A esa si le iba a dedicar todo su ser. Se mantuvo aún a lo lejos pero desde una zona donde podía ver perfectamente todo lo que pasaba.

Observó al brujo y al lobo nervioso por ser el siguiente. Pese al nerviosismo de éste, ella sabía que era el ganador. Aunque el primer golpe era el oponente quién lo había dado. Se cruzó de brazos mientras clavaba su mirada en el escenario central. Escuchando ya los primeros comentarios sobre lo perdido que estaba a lo que ella no pudo ocultar una sonrisa burlona, sin que nadie la viera. Sólo tenía que salir su instinto. El cual sabía que por supuesto seguía ahí. Solo tenia que salir, su pasado sería el detonante, lo que le haría acabar con todos y cada uno de los rivales. Se fue acercando poco a poco como si fuera una serpiente, con gracia y pasando desapercibida llegó a estar al otro lado de la celda. Una vez ahí el olor de Einar le llegó pero ya se había acostumbrado por lo que no le repugnó demasiado. - Vamos, vamos... -susurró bajito.

Quizá si le llegaba su olor se enfadara y lo usara contra su oponente. Entonces vio como empezaba a defenderse y a atacar atrayendo la atención y halagos del público, mientras algunos se comían sus palabras creyendo que al lobo le pasaría como el vampiro anteriormente. Y es que no era extraño que alguno muriera presa del pánico al ver toda la situación perdiendo así su único oportunidad de vivir.

La pelirroja no se dio cuenta de lo metida que estaba en la pelea hasta que los gritos a su alrededor pasaron a ser un simple murmullo. Casi pudiendo recordar como si todo aquello ya lo hubiera vivido. Pues en sus muchas veces siguiendo al que casi se convierte en otro vampiro de Drakkar; había estado presente en varias peleas. Pero comparado a lo que había visto, esto solo acababa de empezar. La brutalidad que era capaz de sacar no había asomado ni un poco aún e Irina lo estaba deseando.

Tenía que acabar con el vampiro y casi lo tenía pero entonces para sorpresa de todos, se reveló gritando y despreciando a quiénes habían apostado por él. Sino fuera porque muchos la observaban a ella también se habría reído bien agusto, pero ahora no era momento de hacerse el rebelde y menos cuando su vida estaba en juego. Giró la cabeza a un lado y vio al brujo indicándole que hiciera algo; por lo que soltó un bufido de indignación. Algo así nunca había pasado, la humanidad de Einar estaba ganando a su parte animal y eso podía salirle muy caro por lo que se acercó y golpeó la celda para llamar la atención. - ¿A qué esperas? -le gritó con un rostro serio.

- Mata a ese vampiro imbécil. ¡Hazlo de una vez! -volvió a gritar ya que cada segundo que pasaba el vampiro se regeneraba y ahora tan solo debería darle un buen golpe para acabar y nombrarse ganador. Se llevó una mano al bolsillo, volviendo a jugar de manera sucia y cruel. Sacó una foto que había encontrado hurgando en sus cosas y la puso a su vista para hacerlo no solo enfadar sino que enfureciera de verdad. Aunque su primera reacción fue contra ella después volvió a guardarse la foto, sabiendo que eso había sido un golpe muy bajo y lo había hecho sin pensar. - ¿Quieres recuperarla? -le preguntó sin esperar respuesta, pues ya la sabía.

Apoyó ambas manos en la celda y le miró de nuevo sin titubear. - Mátalo. Gana. Sino jamás te contaré nada, no sabrás nada de aquella noche. ¡¡¡Gana la pelea Sørensen!!! O muere como un cobarde y un perdedor. -le gritó de nuevo esta vez más enfadada al ver que no terminaba de reaccionar. - Lo vi todo sabes, escuché los gritos y vi la sangre. Mataste a tu propia familia.  -con aquello logró lo que esperaba consiguiendo cegarle y que rematara al vampiro.

O al menos eso esperaba sino tenía mil recursos mas para hacerlo incluso enloquecer. Se mantuvo ahí sin moverse del sitio desafiándole con la mirada y mostrando esa sonrisa burlona que sabía que tanto le molestaba, ya que antes había incluso temblado de la rabia y el odio que sentía hacia ella.





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Antes de lograr volver a meterme en mi celda, el olor de Irina me llega claro y cercano, indicándome que no se encuentra muy lejos, haciendo que me gire en dirección al mismo tiempo que ella golpea los barrotes de la celda para llamar mi atención. En cuanto su voz me llega, suelto un gruñido de asco mientras me cruzo de brazos, desafiándola con la mirada, sintiendo cómo esa parte de mi rebelde, la que se niega a acatar las órdenes se impone - ¡No pienso matarlo!. ¡Esto no es un combate es un jodido asesinato! – le grito enfadado, pues no me puedo acabar de creer que realmente tenga que matar a un oponente por la única razón que ellos se quieran divertir un rato y sobretodo porque ahora mismo no pienso cumplir ninguna de sus exigencias.

Sin cambiar mi posición desafiante, esbozando una sonrisa socarrona demostrándole que no pienso satisfacerla de ninguna manera, miro como una de sus manos saca algo de un bolsillo, algo que no tarda en enseñarme, algo que, en cuanto lo veo borra mi sonrisa de mi rostro, cambiándola por una expresión de rabia y odio visceral. Ver la única fotografía que me queda de mi difunta esposa, acunando a mi pequeña, en manos de esa mujer no hace sino que pierda los nervios y cualquier pensamiento racional que pudiera aparecer en mi cabeza. Así, soltando un grito de rabia, noto como todo mi cuerpo comienza a temblar visiblemente presa de la ira que me arde por dentro. Hasta este preciso momento no me había dado cuenta de que no tenía mis pertenencias, ni mi cartera, ni mi teléfono, ni tan siquiera las llaves de mi querida moto. Por lo visto aquel demonio de cabellos rojizos se había apoderado de todas mis pertenencias y ahora había usado aquella que más daño podía causarme - ”Exactamente igual que cuando te hizo aquella pregunta cuando no podías defenderte Einar, es una zorra…" – es lo único que soy capaz de pensar mientras escucho mis dientes chirriar al apretarlos con fuerza, sintiendo ganas de destrozarla, de acabar con ella lentamente, de hacerle sufrir y arrancarle gritos agónicos mientras termino de eliminarla definitivamente de la faz de la tierra.

Dejando que la ira controle completamente mis acciones, mi pensamiento, olvidándome de todos los consejos, de todas los comentarios que había recibido por parte de Andrú, me preparo para lanzarme de cabeza contra los barrotes, para intentar sujetarla y acabar con ella allí mismo. Pero entonces, de los labios de la pelirroja surge un comentario, unas últimas palabras que hielan mi sangre, que me golpean con dureza haciendo que la rabia, deje paso al miedo y sobretodo a la desesperación al escuchar de sus labios viperinos el que, seguramente, es mi mayor y más oscuro secreto. Durante unos segundos, permito que mi mirada refleje el miedo que siento al quedar mi secreto desvelado, haciendo incluso que mis pulmones se nieguen a sacar el aire que acaban de tomar. Rezando con todo mi ser para que nadie haya entendido su última frase, para que nadie de los allí presentes hable ruso y haya sido capaz de entender el significado de sus palabras. Solo los nefilim que me encontraron aquella noche saben lo que hice, ni tan siquiera mis antiguos compañeros de manada lo sabían y el hecho de que ella lo haya dicho en público, de que alguien se pueda haber enterado y pronto se esparza la noticia hace que la ansiedad se apodere de mi. Sin embargo, por suerte, al decirlo en ruso parece poco probable que alguien de los allí presentes se halla llegado a enterar.

- Típico de los pulgosos… Sois incapaces de vivir entre humanos, no sois más que asesinos rabiosos - dice una voz en un ruso bastante malo que no había escuchado antes desde mi espalda. Girándome lentamente observo al vampiro, quien ha aprovechado estos minutos para regenerarse gracias a unas bolsas de sangre que alguien le ha ofrecido, y que ahora yacen vacías en el suelo. Ladeando ligeramente mi cabeza lo observo, dejando que mi instinto más primario se apodere completamente de mis acciones, dejando que la rabia que siento por la mujer y sobretodo hacia lo que hice aquella lejana noche se haga cargo de dictaminar mi siguiente acción. Así, llevado por la ira, elevo mi pierna con rapidez, golpeando con fuerza al vampiro en el pecho con la suela de mi bota, proyectándolo con fuerza hacia atrás, consiguiendo que choque contra los barrotes. Con toda la rapidez de la que soy capaz, sabiendo que él es más rápido que yo y que podría eliminarme con facilidad si le doy la más mínima oportunidad, me lanzo contra él, sujetándolo con fuerza de su brazo derecho, golpeándolo con violencia contra los barrotes, notando el hueso partirse y el grito de dolor que no tarda en brotar de su garganta. Seguidamente, sin permitir que se mueva, tiro de su brazo con fuerza, lanzándolo con todas mis fuerzas contra el suelo, viendo como el golpe seco que produce su cuerpo al impactar contra el suelo queda totalmente anulado por los gritos y vítores que pronto vuelven a llenar la sala.

Actuando con un único pensamiento en mi cabeza, recorro rápidamente la escasa distancia que nos separa, dejando caer mi codo sobre la cabeza del vampiro, sintiendo como el impacto de mi codo le destroza la nariz, provocándole un prolífero sangrado que no impide que meta mis manos en su boca, sujetando con fuerza sus mandíbulas y tirando de ellas con fuerza, separándolas, arriesgándome a que su fuerza sea más que la mía y me muerda las manos. Gritando de rabia por el esfuerzo que estoy realizando, tensando toda la musculatura de mis brazos, consiguiendo abrirlas poco a poco, forzándoselas al máximo, haciendo más y más presión sobre ellas hasta que finalmente el crujido de su maxilar inferior al dislocarse me indica que ya no podrá morder más hasta que no se regenere, algo que no pienso permitir que pase. Sin quitarme de encima, suyo, sujetándole con mi rodilla el único brazo que aún le queda para que no se pueda defender, le desabrocho el cinturón con rapidez, colocando la hebilla en su cuello, mirándole con una mirada fría, dura, cargada de ira y de rabia, apretando con fuerza la punta metálica de la hebilla contra su cuello, notando como su piel termina cediendo y la punta se adentra en su cuello. Una vez la tiene buen clavada, con fuerza muevo la hebilla con mis dos manos hacia el centro del cuello, consiguiendo rasgar su piel, desgarrando su garganta y su yugular, haciendo que pronto la sangre brote con fuerza de su herida, mientras aguanto sus intentos desesperados por liberarse, observando sin inmutarme como poco a poco el preciado líquido rojizo va abandonando su cuerpo, desangrándose, una forma brutal e inhumana, pero muy efectiva de acabar definitivamente con un vampiro.

En cuanto su mirada queda perdida y noto que su cuerpo deja de moverse, lanzo un profundo y largo aullido que surge de lo más profundo de mi cuerpo. Levantándome seguidamente con lentitud, sintiendo el calor y la sensación pegajosa de la sangre en mis manos, dirigiendo mi mirada hacia el punto en el que se encontraba la congénere del ser que acabo de matar. Buscando su mirada con la mía, dejándole claro mi odio hacia ella.

A continuación, sin hacer caso a los vítores y los gritos de sorpresa por mi victoria, me dirijo con paso seguro a mi celda, cuya puerta no tarda en abrirse, entrando en ella jadeando, sintiendo como la rabia aumenta en mi interior y como una parte de mi, mi parte más animal, se siente satisfecha y contenta por lo que acabo de hacer.



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Oh sí, el pasado duele. Pero puedes huir de él o aprender de él.

La pelirroja volvió a golpear la celda y agarró los barrotes acercando su cara a ellos para clavar sus ojos en los del lobo. - Vas a matarlo. -le aseguró

En el fondo de su ser sabía que aquella sonrisa y palabras desafiantes le ponían demasiado por parte del lobo. Puesto que su actitud al enfrentarla le hacía devolverle la sonrisa, pero cargada de malicia y sabiendo perfectamente que la suya se borraría en unos segundos. Antes de guardar la foto la observó rápidamente. Una mujer y un bebé aparecían en ella y entonces recordó el dolor que sintió cuando se acercó a él en el bar. Un profundo dolor y arrepentimiento que el hombre sentiría todos los días de su vida hasta que muriera. Pues su mayor error era el de tener conciencia. Lo que ella bien sabía que le quitaba el sueño por las noches.

- Haz lo que te digo o te juro que no te quedará nada. -le dijo claro refiriéndose a sus recuerdos. A la foto y a todo lo demás. Una frase directa pero en la que Einar debía mirar entre líneas. Sabía que nadie prestaba atención a la pelirroja que hablaba al lobo, pues lo hacía en un tono lo bastante alto para que le llegara a él. Por supuesto habrían oídos curiosos y sabía que el brujo que tenía la información que necesitaba estaba al tanto. Pero lo eliminaría esa misma noche, por lo que no iba a ser una amenaza.

Ni loca lo dejaría vivir para que fuera corriendo a contarle donde había estado y donde había encontrado a su jodida pupilo. Ni hablar.

- ¡¡¡Acaba con él!!! -dijo al escuchar al vampiro hablar refiriéndose a lo último que ella había dicho. Deseando que Einar reaccionara de una maldita vez.

Y así fue. Se quedó allí viendo como se dirigía al vampiro y le propinaba la primera patada escuchando sus huesos quebrarse. Aunque había conseguido regenerarse, aquellas bolsas de sangre no le salvarían de la ira de un hombre muy dolido y lleno de odio y rabia. Aflorar los sentimientos en alguien y usarlo para lograr unos fines propios era algo muy sencillo para Irina. Por eso le estaba siendo tan fácil lograrlo de aquella manera. Tenía algo a lo que agarrarse y un claro punto débil del lobo, algo que nunca se borraría tan fácilmente.

Quizá veía su cara en el vampiro que estaba matando. Por eso cuando lo lanzó contra los barrotes en la dirección donde ella estaba, se acercó aún más, para poder estar lo más cerca posible que la celda les permitía. Observándose durante unos largos segundos, por su parte una mirada de odio y por parte de ella de diversión ante su reacción minutos atrás.

Un método sencillo pero muy certero. La sonrisa de la vampiresa se ensanchó al ver la sangre esparcirse por el suelo, declarando ganador a su luchador. Al tiempo que la megafonía lo comunicaba. Lo siguió cuando volvió a su celda acercándose con cautela. En ese momento estaba tan ido que ni se daba cuenta de que si ahora quería podía alcanzarla y acabar con ella, por lo que aprovechó para colar en su celda un pequeño cuchillo. Sabiendo perfectamente que no lo usaría y que recibiría una mirada de enfado mientras se lo lanzaba de vuelta o simplemente lo ignoraba.

- Sørensen, mírame. -tras decir esas palabras se separó de la celda. Pues sabía que al llamar su atención este iría a por ella. - Cuando todo acabe, ganaremos los dos. Pronto lo verás. -hizo una pausa- Además no es la primera vez que haces esto, ¿verdad? Reconoce que extrañas los viejos tiempos... -dijo con voz suave.

Al contrario de los demás rivales, Einar no necesitaba demasiadas cosas para poder ganar. Solo su frialdad y todos sus trucos en la lucha. Los siguientes salieron a la celda principal e Irina volvió a desaparecer mezclándose entre el público, dándole así unos minutos al lobito para que se lamiera las heridas. Ansiosa por verlo de nuevo luchar, puesto que los demás no eran gran cosa o es que... ¿ella solo tenía ojos en ese momento para una misma persona?

Esta vez los subterráneos que habían en el ring eran dos brujos, ambos desconocían el poder que el otro dominaba. Por lo que el combate iba a ser muy interesante. Einar tendría que sacar su instinto mas primario puesto que si su siguiente combate era con un brujo su fuerza bruta no iba a servirle como antes.

Un tercer luchador entró en el centro, un ex Nefilim. El cual iba armado con un cuchillo serafín. El público gritaba de euforia puesto que podían pasar varias cosas. O era un combate a tres bandas o dos se aliaban contra el otro...







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Llegado al centro de mi pequeña celda, dirijo mi mirada a la sangre que gotea de mis manos, mientras mi corazón comienza a relajarse, al igual que mi respiración jadeante, comenzando a ser más consciente de lo que rodea y sobretodo del dolor agudo que siento en donde me mordió el vampiro. Ahora, algo más tranquilo, dirijo mi mirada hacia el hombro, descubriendo un feo mordisco y mi propia sangre seca que lo cubre. Una herida que sé que tardará en curar, pues mi capacidad de regenerar no puede actuar con tanta rapidez sobre este tipo de heridas. Por suerte, no ha sido tan importante como para llegar a incapacitarme el uso del brazo, así que sé que no me supondrá un gran problema en mi siguiente combate, porque ahora sé que no me dejarán salir con vida, que mi única opción, me guste o no, es matar para sobrevivir - "Venga Einar… reconócelo… te gusta, disfrutas con esto... no puedes huir de lo que eres, así que disfruta déjate llevar y haz aquello que siempre has deseado pero que nunca te han permitido" – este pensamiento macabro pero totalmente real me provoca un escalofrío que recorre todo mi cuerpo, porque sé, conozco de lo que puedo llegar a ser capaz, de la bestia que soy, del monstruo en el que puedo llegar a convertirme si finalmente cedo y - "…la zorra tiene el motivo por el que no has de convertirte en eso, se lo juraste en su tumba, no puedes convertirte en eso, por Anna, Nadia, Jannike y Damian…" – me recuerdo en cuanto el olor de Irina me llega de nuevo, consiguiendo que lleve mi mirada de mi hombro hacia el punto en donde ella se encuentra. Viendo sin moverme como la maldita pelirroja deja caer un pequeño cuchillo en el interior de mi celda - "Lánzaselo, al corazón, directo… así la paralizarás y podrás… no.. no podrás… es un cuchillo demasiado pequeño, no es lo suficientemente grande como para atravesarle ese órgano muerto, putrefacto que ya no le late… y los barrotes te impedirían rematarla… no es el momento Einar… ya llegará… ya llegará… paciencia… paciencia chico… " – pienso en cuanto veo el cuchillo, sintiendo como la rabia vuelve a fluir por mi cuerpo, como el deseo de sangre, de muerte vuelve a aflorar en mi.

Llevado por el odio ciego que siento hacia ella, obedezco sin ser consciente de ello su orden, mirándola directamente a esos ojos verdes, clavando los míos, los cuales lucen con un azul pálido, frío, peligroso, en ellos desafiándola con la mirada, mientras mis labios se fruncen con fuerza y mi cabeza bascula ligeramente hacia delante, en un gesto totalmente agresivo. La observo fijamente, sin parpadear si quiera, mientras ella se aleja de la celda, dejando que sus palabras me lleguen claras al tiempo que un gruñido ronco, profundo comienza a surgir de mi garganta, un gruñido más animal que humano, otra clara señal de mis profundos sentimientos hacia ella - "¿Qué extraño los viejos tiempos?" – pienso entrecerrando los ojos al oírla - "¿De qué me conoce? ¿Por qué sabe tanto de mi? ¿Por qué me ha traído aquí? ¿Qué gana ella con todo esto? Y lo más importante… ¿Por qué me ayuda ahora?" – me pregunto mientras ella se aleja perdiéndose entre la multitud dejándome con esas preguntas en la cabeza mientras miro el cuchillo que está en el suelo - "Está claro que ella necesita que ganes por algo, que me ha traído aquí porque cree que puedo ganar y eso solo significa que nos hemos conocido antes… en Rusia… sí, tubo que ser allí. ¿Es de la Bratvá? Pero yo ya no trabajo para ellos, hui de ellos ¿la han enviado para eliminarme? No… no puede ser, si así fuera no querría que ganaras, no te ayudaría… ¡Joder Einar pero qué cojones quiere ella de ti! " – pienso, intentando mantener mi mente ocupada en esas preguntas en ese razonamiento para impedir que la sed de sangre se apodere completamente de mi.

Ajeno a lo que está pasando en la arena, a la lucha a muerte que se está desarrollando entre unos contrincante que aún no he ni mirado, decido agacharme y recoger el cuchillo del suelo. Realmente me ha descolocado con su ayuda, y sobretodo porque está claro que me conoce mucho mejor que yo a ella, pues no la recuerdo, no me suena su cara ni mucho menos su olor, en mi cabeza se están formando demasiadas incógnitas hacia ella, haciendo que me sea difícil evitar que la curiosidad comience a imponerse a mi odio, a entender que antes de acabar con su existencia debo obtener respuestas, algo que aprendí a hacer en la Madre Rusia y que pienso poner en práctica con ella.

Finalmente, decido girarme y ver qué es lo que está sucediendo. Por lo visto es un combate a tres, algo que me confirma que todo es posible, que no hay reglas y que solo eliminando a los demás conseguiré salir con vida de aquí - "Vaya… como en los jodidos inmortales… solo puede quedar uno…" – pienso con ironía mientras observo a dos hombres atacar a otro que lleva un cuchillo, quedándome claro que se trata de dos magos, que por lo visto han decidido aliarse para terminar con el que, por los tatuajes que veo en su cuerpo, se trata de un nefilim, o más bien se trataba, pues al momento, los magos lo atacan con sus poderes haciendo que el pobre desgraciado lance alaridos de dolor al ser consumido su cuerpo por las llamas que surgen de las manos de ambos brujos.



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Con cada combate te haces más fuerte.
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Oh sí, el pasado duele. Pero puedes huir de él o aprender de él.

Casi lo había logrado. Le mantuvo la mirada pues ahora si empezaba a temerla, aunque fuera un poco. No era la mirada de alguien enfadado y cegado por la ira, sino la de un hombre dolido y eso era más peligroso que cualquier venganza.

Tras sus palabras se separó de nuevo antes de que la cogiera y quisiera usar el cuchillo contra ella. Cosa que entendería después de lo que acababa de soltarle. Por unos instantes ambos se miraron, quién sabe que pasaría si esa celda no retuviera al lobo... Podía volver a sentir su odio y sus ganas de sangre, por lo que mostró una sonrisa triunfal ante ello. Era justo lo que buscaba.

Quiso decirle algo más, darle algo de información sobre alguna vez que incluso habían estado en la misma misión pero en diferentes posiciones sin saberlo. Aún no sabía porque su creador también se había fijado en él. Puesto que ella apenas lo conocía cuando le pidió expresamente que se convirtiera en su sombra. Quizá sabía más de Einar, que él de si mismo. Pero ahora no era el sitio ni el momento de hablar de aquello, además no entendería nada y acabaría queriendo respuestas en vez de concentrarse en lo que realmente debe gastar energía.

Escuchó como anunciaban que el nefilim había muerto a manos de los brujos que se habían aliado. Como no... aliarse entre congéneres. Se preguntó quién había tenido la jodida idea de traer a un cazador a algo así. Le pareció terriblemente gracioso, aunque hace semanas había conocido a un cazador al cual podía haber matado y sin embargo decidió alimentarse pero dejarlo con vida... Era cuestión de tiempo que la buscara para vengarse y... lo estaría esperando.

De entre la multitud había uno que elegía los rivales de cada luchador, la pelirroja se acercó hasta donde estaba y para que solo le pudiera escuchar él. - Quiero un licántropo contra Sørensen, en la siguiente ronda. -aunque al principio lo miró seria luego acabó poniendo una expresión de no haber roto un plato en su vida que acabó convenciendo al subterráneo.

Claro que los combates entre la misma especia siempre eran admirados, porque no todos se atrevían a matar a alguien de su misma raza. Pese a los motivos de cada uno, era una especie de lealtad. Y más cuando la guerra entre razas estaba tan clara y patente.

Los brujos llamaban su atención en cuanto a su magia, lo que podían conseguir con ella. Es por eso que Irina tenía a los suyos propios, los cuales sabía que le darían lo que les pidiera porque ella sabía como pagarles por su trabajo. Uno de los brujos usaba ilusiones contra el otro, que asustado lanzaba bolas de energía en todas direcciones. Se preguntó las cosas que haría si tuviera poderes así. Usaría las ilusiones para convencer más rápido a Einar y manipularlo a su antojo. Ya que en ese sentido, se notaba que le encantaba contradecirla, además tenía el mismo carácter rebelde y desafiante.

Volvió a fijar su vista en el lobo que observaba a los brujos pensativo. Uno de los brujos fue alcanzado por una de las bolas, por lo que su ilusión se rompió dejándolo visible ante el otro. Irina soltó una carcajada que solo escucharon quiénes estaban al lado. Un buen truco pero en manos de un completo idiota. Anunciaron al ganador quién volvía a su celda y prepararon el siguiente combate. Dado que ella lo había pedido esta vez volvió a abrirse la puerta de Einar y delante suyo tenía a alguien de su misma especie.

Como esperaba, Einar era mucho más leal de lo que podía llegar a serlo la vampiresa. Pero aún así, volvió a jugar sucio y volvió a hacerle daño porque para ella, solo era su luchador aquella noche. Se acercó un poco cuando se giró para mirarla y dibujó una sonrisa cargada de malicia antes de hablar. - Sería una lástima que algo les pasara... A tu familia.... Hace días conocí a tu hermana y tu sobrino... Son encantadores. - se tomó la libertad de bromear. -Sé exactamente donde encontrarlos y créeme, yo no tendré remordimientos absurdos como tu cuando acabe con sus vidas. -sentenció.

Sus ojos brillaron expectantes por ver que ocurría.





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Con cada combate te haces más fuerte


La ruidosa carcajada de la vampiresa me saca de mi ensimismamiento automáticamente, haciendo que gire mi cara en su dirección para verla con una expresión realmente divertida en su rostro, algo que consigue que la curiosidad y el odio acérrimo que siento hacia ella pugnen en mi interior por ganar la partida. Centrando toda mi atención en ella en los escasos minutos que tarda la puerta de mi celda en volver a abrirse - "Si quieres respuestas tendrás que ganar Einar" – me recuerdo mentalmente soltando un profundo suspiro antes de encaminarme hacia el exterior, sabiendo ahora ya lo que esperan que haga, algo que debo hacer me guste o no para conseguir sobrevivir.

Antes de llegar a salir de mi celda, sin embargo, me detengo en seco, pues no hace falta que me acerque mucho, ni que el olor me llegue para reconocer a mi oponente - "Por Dios… no… esto no…" – pienso en cuanto veo al rostro de un conocido, de otro licántropo, quien me mira con la misma mirada de sorpresa. No es que tuviera mucha relación con él, de hecho solo coincidimos una vez, cuando comenzó a causar problemas con los mundanos y como miembro de los Praetor me vi obligado a encontrarlo y encauzarlo por “el buen camino”. El hecho de tener que enfrentarme, y matar, a uno de mis congéneres, a alguien que encima había llegado a conocer, a hablar con él, hace que me sienta incapaz de salir, que acalle de golpe al lobo que no para de decirme que ataque, que vuelva a derramar la sangre que tanto aclaman los que allí se reúnen, por lo que me quedo con la mirada fija en él, sin llegar a traspasar el umbral de la puerta, compartiendo este sentimiento de contrariedad con él.

La repentina aparición del olor de la pelirroja, hace que gire mi rostro de nuevo hacia uno de los lados, en el que mi clara mirada se junta a la suya, que se vuelve a mostrar fría, calculadora y con un extraño brillo casi demoníaco en sus ojos. Apretando visiblemente mis mandíbulas la veo acercarse, luciendo esa maldita sonrisa maliciosa que tanto me jode.

Según cada una de sus venenosas palabras va siendo procesada por mi cerebro, noto como la rabia visceral que siento hacia ella, vuelve a bullir con fuerza en mi interior, a derramarse por toda mi sangre, a provocar que un gruñido de rabia, de odio, pero sobretodo de desesperación surja de mis labios mientras me veo obligado a usar toda mi fuerza de voluntad para no lanzarme ahora mismo sobre ella - "Lo hará Einar, esa zorra rojiza lo hará. Te tiene bien pillado por los huevos machote, aunque te joda, debes hacerlo, aunque te duela, debes hacerlo. Es él o tu familia…" – me recuerdo mentalmente, mientras lucho por controlar mi respiración, por no gastar energías en un ataque contra ella, un ataque que no conduciría a nada.

Así, sumido en un sentimiento de impotencia, de arrepentimiento por lo que voy a hacer, algo que no quiero, pero que me veo obligado a realizar para salvar a mi hermana y sobrino, aparto mi mirada de ella, dirigiéndola al licántropo y saliendo, con pasos cansados y pesados de mi celda, adentrándome en el círculo central bajo los gritos sedientos de sangre de los espectadores.

Durante unos largos minutos, sin importarnos los gritos, abucheos e insultos de lo que somos objeto por los mirones, permanecemos de pie, el uno frente al otro, sin realizar ningún movimiento hasta que finalmente, el otro se decide a atacar lanzándose en una veloz carrera contra mi, transformando durante su rápido avance las uñas de sus dedos en garras de lobo, dispuesto a usarlas como armas contra mi. Mi reacción deja a muchos de los allí presentes parados, y sobretodo con la sensación de que todo se ha terminado para mi, pues lo único que hago es afianzar bien mis pies en el suelo y elevar mis puños como si de un boxeador me tratase, esperando, calculando el momento ideal para hacer lo que tengo pensado - Jeg beklager, Bror...Lo siento, hermano… – digo con voz queda mientras le dirijo una mirada cargada de pena y tristeza pues sé que debe morir, que debe sacrificarse para que mi familia siga con vida - "Recuerda Einar, tu lealtad está con tu familia, con tu manada, con los tuyos… este es otro lobo, de otra manada, un intruso, un rival, no es tu amigo, no es tu compañero, no es tu familia, debes hacer lo que sea necesario para proteger a los tuyos, a tu familia, a tu manada…" – pienso mientras la distancia entre ambos se va acortando por segundos.

En cuanto estoy casi a su alcance, me impulso sobre mis pies con toda la fuerza de la que soy capaz, lanzándome como un ariete humano contra él, sorprendiéndolo con ese rápido e inesperado movimiento, consiguiendo colar mi cabeza y hombros por entre sus brazos, golpeándolo con violencia, sintiendo mis mandíbulas crujir ante el impacto de nuestros cuerpos. En cuanto noto el golpe de mi cabeza y hombros contra su cuerpo, utilizo mis manos, empujándolo con las palmas hacia atrás, consiguiendo así detener su avance y hacerlo caer de espaldas sobre el suelo, cayendo yo sobre él gracias a la inercia, arrebatándole todo el aire de sus pulmones por el impacto contra el suelo y aprovechando esos valiosos segundos que necesita para recuperar el aliento y procesar lo que ha pasado, para colocar mis rodillas sobre sus codos, inmovilizándolo en el suelo, levantar mi brazo derecho y descargar mi primer y brutal puñetazo sobre su cara, seguido del segundo que realizo con la misma fuerza y rapidez, esta vez con el puño izquierdo, dejando caer puñetazo a puñetazo sobre su rostro, su cabeza, mientras no paro de repetir las mismas palabras - Lo siento, Bror.... Lo siento, Bror....

Sintiendo la extraña mezcla de sensaciones que me produce lo que estoy haciendo, no paro de golpear una y otra vez su cara, notando como mi parte más animal, más salvaje disfruta con ello, disfruta de la victoria sobre un enemigo. Dejando que esta parte se imponga a la otra que se siente asqueada por lo que estoy haciendo, por acabar con la vida de otro licántropo por diversión de unos degenerados - "Mejor morir por mis manos que de otro de estos seres" – pienso antes de dejar que la bestia tome el control, antes de seguir golpeando, de empezar a disfrutar al ver la sangre brotar de sus heridas, de notar cómo su mirada se pierde en un punto más allá del techo, en ver sus pupilas dilatarse, en notar cómo deja de luchar con sus extremidades, en sentir el dolor de mis nudillos al despellejarse y mezclarse nuestras sangres. Continuando con aquel ensañamiento brutal en su cabeza, mucho después de que ya no se mueva, mucho después de haber notado el crujir de su cráneo hasta que su rostro no es más que una masa amorfa cubierta de sangre.

Solo entonces, cuando mi parte más animal se ha saciado de sangre, descargo el último golpe sobre su cabeza, para incorporarme al momento, jadeando por el esfuerzo, con los puños engarrotados y los nudillos en carne viva, lanzando una mirada desafiante a las gradas, en las que las caras de estupor se mezclan con aquellas de satisfacción ante lo que acabo de hacer. Para después dirigirme con paso firme hacia mi celda, sintiendo un fuerte mareo que me encoje el estómago, al recobrar el conocimiento de lo que he hecho, apoyando mi cabeza contra los fríos barrotes de mi celda, tras entrar en ella y oír la puerta cerrarse tras de mi, agarrando dichos barrotes con mis doloridas manos, sujetándolos con fuerza, con rabia, mientras un grito de frustración sale de mis labios, antes de notar las lágrimas de rabia, de asco por lo que acabo de hacer, comiencen a brotar con fuerza de mis ojos, unos ojos que fijo en el suelo, incapaz de mirar a nadie, siento muy consciente de lo que acabo de hacer y como una parte de mi, lo ha disfrutado como antaño.


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Oh sí, el pasado duele. Pero puedes huir de él o aprender de él.

La sonrisa de la pelirroja se ensancha al ver la reacción de ambos lobos ya que al parecer piensan lo mismo, quitando que se conocían de antes. Sabía que todo estaba yendo bien en su plan de que Einar ganara y por eso sabía que como las cosas se torcieran lo iba a pasar muy mal. Observó como todos gritaban para que el combate peleara y tras unos minutos, así fue.

Sus ojos brillaron expectantes mientras dirigía su mirada a una única persona, recordando un día donde supo el motivo claro del porque Drakkar quería transformarlo. Tener a alguien así obedeciendo a todo lo que le pides... Puede significar ser  un duro rival. En el fondo de su ser sabía que Einar la había eclipsado ante los ojos de su creador si hubiera ocurrido. Pero también sabía que no era solo por ese motivo por el cual Drakkar tenía sus pupilos y al fin y al cabo las cosas que le hacía a ella... no se las podría hacer a él...

Esta vez no empezó a gritarle, esperó a que asimilara lo que pasaría sino ganaba contra el licántropo. Además de no salir vivo de ahí, claro. Y era que seguramente ella acabaría con su familia, aunque ya no estuviera para verlo. Cosa que en el fondo le entristecía, pues tendría más diversión incluso si estaba delante y no lo podía impedir.

Había pasado mucho tiempo desde que lo observaba en los tejados mientras machacaba a sus rivales en las peleas callejeras. Ahí ya empezó a sentir cierta atracción, aunque jamás lo reconociera, pero en ese momento se dio cuenta que era como si no hubiera pasado el tiempo. Entonces fue cuando su verdadera parte animal salió, golpeando sin piedad a su contrincante que lo miraba sorprendido y asustado. Puso sus manos en la celda y acercó su rostro lo más que pudo para poder ver bien lo que hacía. Escuchaba la frase que repetía con cada puñetazo y no pudo evitar suspirar mientras observaba.

Sin darse cuenta estaba sonriendo y si su corazón latiera ahora mismo lo haría con fuerza y rápidez. Le encantaba esa parte animal suya, le atraía demasiado. Hasta un punto que ella misma ni siquiera podía controlar dándose cuenta en ese momento. A los minutos solo quedaba una masa sanguinolenta en el suelo mientras Sørensen seguía golpeándole una y otra vez. Aún mucho después de que su rival ya no se moviera, ni siquiera cuando ya sabía que había sido proclamado el vencedor. Ya que no tardaron en anunciarlo. Vio como entraba de nuevo a su celda y si no fuera por su odio racional a ella en ese momento, hubiera dado lo que fuera por sacarlo de ahí en ese mismo momento. Por tenerlo de esa forma solamente para ella. Pero por desgracia, aún tenía que seguir hasta conseguir quedar libre.

Caminó con elegancia y sigilo acercándose de nuevo, como cada vez que ganaba a dedicarle unas palabras. Solo que esta vez no iba a amenazarlo ni a enfadarlo más aún. Ya lo tenía en el punto que quería, ya empezaba a luchar por su vida olvidando toda la cordura y la gilipollez de no matar al rival porque no era necesario. En este sitio, sino matas no vives.

- Sørensen... -susurró para llamar su atención mientras veía como lloraba.

Ella realmente no entendía a que se debían esas lágrimas. Veía a un rival fuerte y poderoso, debían llorar los demás de pensar que podrían ser sus contrincantes. Aún sabiendo que era imprudente por su parte y que seguramente se llevaría algún golpe, levantó sus manos y y rozó las de él, para luego llevar la diestra a su barbilla para que la mirara. - Vas a ganar. No niegues quién eres. -hizo una pausa mientras intentaba colar sus palabras en su cabeza, para que la culpabilidad no le nublara en un momento tan crítico.

Mientras tanto, los siguientes salían a la celda principal, pero ninguno le prestaba atención. Al parecer el público estaba sorprendido por uno de los participantes, que era una bruja... con aspecto de niña de diez años. Demonio contra brujo. Las apuestas iban a favor del demonio, puesto que llevados por su apariencia, ninguno se fiaba por la poca experiencia de la bruja. Irina habría apostado por la niña y después habría hecho todo lo posible porque se las viera contra su lobo.

- Tendrás tu venganza contra mi. Cuando salgamos de aquí, podrás hacer lo que quieras. Pero reconoce que no puedes controlar esa sensación de placer... al ver como la vida de tu enemigo se escapa, como sus ojos pierden ese brillo que advierte de que su alma ya no está entre nosotros. - sus ojos brillaron después de hablar y volvió a obligarle a que la mirara. - Sigue así y pronto habrá acabado todo... -

Le miró desafiante, sin miedo a que pudiera hacerle algo... Pues estaba enjaulado y le sería jodidamente fácil defenderse e incluso partirle un brazo si quería. Usó su condición vampírica para volver a intentar engatusarlo mientras sus manos acariciaban como podian sus brazos y después volvían a sujetar su cara para que la mirara, acercando su rostro lo máximo que podía. Sintió ganas de besarle, pero no era el lugar ni el momento.

Tras un rato, el cual le pareció horriblemente corto, tuvo que volver a separarse del lobo. Mientras escuchaban quién había ganado pero habían estado demasiado ocupados como para observar como lo había conseguido. Irina volvió a separarse, haciendo así que en el fondo aunque le jodiera echar en falta su cercanía. Se sorprendió gratamente cuando notó como empezaba a excitarse y caminó despacio pero con firmeza mezclándose entre los demás.

La presencia del brujo le hizo girar su rostro y poner los ojos en blanco. "Ya tengo ganas de contarle como miras a ese lobo tuyo cada vez que acaba de luchar... Va a ser muy interesante después del odio aférrimo que tiene hacia esos seres y encima, viniendo de su querida y apreciada hija..."


Por unos segundos la vampiresa sintió como el pánico le inundaba pero logró controlarlo y devolverle una fría mirada de indiferencia. - Quiero que gane para que me des lo que hemos acordado. No veas fantasmas donde no los hay. O quizás es un tipo de fantasía tuya el querer vernos montandonoslo. -le soltó para incomodarle, mientras volvía a alejarse de aquel brujo controlando sus ganas de partirle la cabeza una vez le diera lo que tanto necesitaba.

Sabía que igual que ella hacia con Einar, él buscaba incomodarla de la misma forma. Y aunque ahora no estaba ahí luchando, en el pasado lo había estado. Y ahora también, pero de otra manera... Sørensen era su avance para conseguir su ansiada libertad. quién le conduciría a conseguir algo que necesitaba si quería acabar con su creador, aún sabiendo que podría morir ella también.

Fijó su vista en la celda del lobo que volvía a abrirse dejándolo delante de su nuevo oponente. Irina ya se moría de ganas por ver como se las ingeniaría esta vez...


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Con cada combate te haces más fuerte


El oír mi nombre pronunciado por la voz de la causante de todo aquello, no hace sino aumentar las náuseas que siento ahora mismo, consiguiendo que, automáticamente deje de llorar, pues no quiero que ningún enemigo me vea débil, no puedo permitirme el demostrar mis sentimientos, lo que me duele o molesta delante de nadie que pueda usarlo en mi contra, y ella, ahora mismo es la peor de mis enemigos.

Antes de conseguirlo, sin embargo, siento como el roce gélido de sus muertos dedos contrasta fuertemente con el calor que desprenden los míos, haciendo que rápidamente se tensen todos mis músculos de nuevo, mientras ella insiste en que voy a ganar - "¿Qué no niegue quién soy? ¿De qué me conoces zorra? ¿Por qué demonios no te reconozco y tú sí? ¿Dónde cojones nos conocimos?" – pienso con rabia, mientras noto como su tacto helado reconforta, en cierta medida, el dolor de mis sangrantes nudillos, antes de que me sujete de la barbilla, haciendo que ahora sea completamente consciente de su frío contacto, manteniendo la cabeza gacha, negándome a obedecerle, mientras consigo que las lágrimas dejen de derramarse por mis mejillas, mientras el odio visceral que siento hacia ella aumenta en todo mi ser, haciendo que, cuando finalmente consigue que el dolor que me produce al tirar de mi barba me obligue a encarar su mirada, ella sea testigo de lo que siento por ella directamente en mis ojos, sin necesidad de que yo tenga que decirle nada, demostrándoselo con la expresión de asco y rabia que dejo que se instale en ella durante los primeros segundos en el que nuestras miradas se vuelven a cruzar.

Sintiendo como mi ira interior va creciendo con cada una de sus palabras, alejo cualquier tipo de distracción de mi mente, centrándome única y exclusivamente en esa cara que se mantiene a escasos centímetros de la mía, solo separada por unos firmes barrotes que impiden que ahora mismo me tome la venganza que necesito - "No Einar… no…. Aún no… guarda las energías, las vas a necesitar, sabes que no podrás atacarla… espera, paciencia Einar… es una presa, hay que tener paciencia… recuérdalo… se caza con paciencia…" – me recuerdo mentalmente para no abalanzarme contra ella en lo que sería un acto totalmente fútil, mientras ella no deja de hacer insinuaciones a ésa parte de mí que tanto ha disfrutado con el combate. Aguantando las ganas de atacarla allí mismo, permito que sus sucias manos recorran mis brazos, haciendo que de mis labios brote un profundo gruñido gutural de advertencia, mientras vuelve a obligarme a mirarla, acercando su rostro peligrosamente al mío. Un rostro que parece adquirir aquella belleza sobrenatural de la que gozaba en aquel maldito bar y que pronto queda a escasos milímetros de mi, haciendo que mi corazón se acelere ante la posibilidad de atacarla - No soy tu juguete, zorra – articulo finalmente, antes de escupirle en la cara, en lo que es un acto de rebeldía por mi parte, consiguiendo que mi saliva le alcance por poco, pues ya se estaba apartando de mi.

En cuanto la veo alejarse, no puedo evitar gruñir nuevamente de rabia y de frustración por no haber podido acabar con ella, como deseo interiormente. Sé que mi única opción para conseguir vengarme de ella, para mantener a mi hermana y mi sobrino con vida, es salir con vida de este maldito lugar y acabar con ella, enviarla definitivamente al lugar al que pertenece, de vuelta al infierno, acabando así con esa vida antinatural de que gozan los de su especie, esos que toman una vida prestada a base de alimentarse de la sangre de los demás, como viejos decrépitos aferrados a una vida que ya no les toca vivir, pero que se niegan a abandonar.

Tan ofuscado estoy en esos pensamientos, que me doy cuenta de que el combate anterior ha terminado, algo que me dice que ha sido realmente corto y del que me entero al oír el ruido de la puerta metálica de mi celda al volverse a abrir. Sin pensármelo dos veces, llevado por la certeza de lo que tengo que hacer, de que no tengo otra opción, me separo de los barrotes para lanzarme sobre mi adversario de golpe, en una carrera que inicio ya desde el interior de mi celda, sin saber contra quien me obligan a enfrentarme ahora.

No pretendo hacer amistad con él, ni tan siquiera hablar, solo quiero terminar esto cuanto más rápido mejor, sobretodo porque no quiero darles ningún espectáculo a esos degenerados que se divierten a costa de la muerte y el sufrimiento de los demás. Es por esto que no presto atención a la figura que tengo delante, solo sé que se trata de un hombre de mediana edad y poco más, un hombre que sé que pronto deberá ser un cadáver si deseo escapar con vida de aquí y cumplir mi venganza.

Mientras me acerco a toda velocidad contra él, no puedo evitar ver cómo esboza una sonrisa de satisfacción como si fuera eso justamente lo que andaba buscando. Con rapidez me preparo para golpearle en la cabeza con mi puño, elevándolo en alto, esperando hacerle caer y así poder descargar más golpes, como hice antes, impidiendo que sean cual sean sus capacidades pueda hacer uso de ellas. Sin embargo, justo cuando estoy a punto de descargar el golpe sobre él, simplemente desaparece, haciendo que mi puñetazo golpee al aire y que, al no detener mi carrera contra su cuerpo, continúe trastabillando hasta impactar finalmente contra los barrotes - "¡¿Pero qué cojones?!" – pienso al tiempo que gruño con rabia al ver mi ataque frustrado, justo antes de que ese gruñido se transforme en otro de dolor al notar un golpe fuerte y seco directamente en la zona de mi riñón derecho, seguido de otros golpes que con gran rapidez descarga mi oponente en la misma zona, haciendo que un fuerte dolor se instale ahí y que reaccione girándome, buscando golpearle con mi puño y proteger esa zona de mi cuerpo con la otra mano. Sin embargo, y por segunda vez, en cuanto consigo girarme descubro que mi oponente simplemente desaparece, pero dejado esta vez el característico olor de los demonios - "Un jodido demonio… la cosa se pone fea Einar… muy muy fea…" – vuelvo a gruñir ante la certeza de que este combate no va a ser nada fácil, pues el dominio ya está utilizando su capacidad de “Aparición”, para esquivar mis golpes y atacarme.

Así continúo con un combate que se va alargando en el tiempo, en el que no cejo en mi empeño por golpearle, por utilizar mis sentidos para intentar adivinar en dónde aparecerá, en dónde me volverá a golpear, sin nada de éxito. Por mucho que me esfuerzo, por mucho que me muevo y que intento anticiparme o golpearle, el demonio siempre consigue esquivarme, y golpear mi cuerpo con sus puños, convertidos en piedra o hierro por la dureza de sus golpes, pues me provocan un dolor que de sobras sé que no es el que me podrían provocar unos simples puños. Poco a poco, mi cuerpo, comienza a notar el cansancio y los continuos golpes de mi contrincante, haciendo que el sudor cubra copiosamente mi torso y rostro, sintiendo mi zona lumbar y mi abdomen completamente doloridos, pues son las zonas en las que ha estado golpeando, como si se estuviera divirtiendo, cansándome, para luego poder atacarme con fuerza y acabar finalmente conmigo.

Esta táctica, pronto me queda clara, cuando jadeante por el esfuerzo, me quedo un momento quieto en el centro de la arena, con los puños levantados, esperando defenderme de cualquier ataque, rabioso por la impotencia de no poder encajar ninguno de mis golpes en el cuerpo de aquel demonio, y rebanándome los sesos por recordar las formas de conseguir matar a uno de su especie. Es justo entonces, cuando aparece de la nada, justo delante de mí, y en lo que tardo en reaccionar, pues lleva todo el tiempo atacándome por la espalda, noto el crujido de mi nariz al partirse, justo antes de que el fuerte dolor me taladre el cerebro, provocando que las lágrimas pronto cieguen mi visión, y que el sabor de la sangre, de mi sangre, me llene la garganta al entrar esta por mis labios, mientras escucho mi propio gañido de dolor elevarse por encima de la sala. Instintivamente, llevo mi mano izquierda a mi ensangrentado rostro, mientras con la derecha intento golpear justo donde se encontraba, pero al no poder ver, no distingo bien su figura, por lo que golpeo torpemente el aire, mientras escucho su risa infernal justo delante de mí, antes de que note el fuerte impacto de una patada en mi sien izquierda, provocando mi caída sobre el suelo, algo que sé que es peligroso, pues, como sabía, en cuanto caigo, comienzo a recibir un baño de patadas en todo mi cuerpo. Encogiéndome sobre mi mismo, intento evitar que los golpes me produzcan más daño del necesario, pero no por ello el dolor de cada patada descargada sobre mi espalda, piernas y brazos no deje de atormentarme en cada momento. Pero si lo que estaba esperando el demonio era alimentarse con mi miedo, no lo iba a conseguir así, pues sus patadas no me atemorizan, sino que me cabrean por no ser capaz de eliminarlo.

Finalmente, tras varios minutos sufriendo en el suelo esa descarga de patadas, el demonio decide parar, por algún motivo que desconozco, pero que mi cuerpo magullado y amoratado agradece. Sabiendo que quizás sea mi última oportunidad, empiezo a gatear, a arrastrarme hacia los barrotes, preparándome para resistir cualquier golpe y si puedo sujetarle la pierna. Pero las intenciones del demonio no son esas, sino que se deja caer con fuerza encima de mis lumbares, haciéndome caer de nuevo sobre el suelo, completamente estirado, mientras me agarra con fuerza de los pelos y tira de ellos hacia arriba, obligándome a elevar mi cabeza al aire, dejando mi cuello expuesto, algo que por lo visto es lo que él quería, pues pronto noto como se dispone a estrangularme con su brazo libre. Por fortuna para mi, en cuanto su brazo roza la cadena de oro que llevo siempre al cuello, lo aparta con rapidez, soltando una sonora maldición que hace que todas mis alarmas se disparen - "¡Estúpido saco de pulgas rabioso! ¡El oro! ¡Los demonios son tan sensibles al oro como tú a la plata imbécil!" – me increpo mentalmente, por mi estupidez al no recordar ese detalle tan importante.

Aprovechando la sorpresa del demonio ante el descubrimiento de mi cadena y de lo que es, elevo mi cabeza con violencia, ignorando el fuerte dolor de mi columna al doblarse hacia atrás peligrosamente, impactando así en su cuerpo por primera vez, consiguiendo que su aullido de dolor y la liberación de mis cabellos me indiquen que no se lo esperaba, y que ahora mismo tengo una oportunidad. Dispuesto a no dejarla escapar, a aprovecharla al máximo, llevo mis manos desesperado a mi cadena, buscando con rapidez el cierre, quitándomela y colocándola en la palma de mi mano, una palma que lanzo con fuerza hacia la cara del demonio, quien no puede impedir que el noble metal toque su carne, provocando un fuerte dolor y una quemadura.

Sintiéndole flaquear, me revuelvo en el suelo, zafándome de su agarre, apartándome lo suficiente como para poder apoyarme en los barrotes y volverme a poner de pie. Observando al demonio con una sonrisa socarrona en mi rostro, a pesar de tener la nariz rota y sangrante todavía. Algo que parece cabrear sobremanera al ser, pues por lo visto se pensaba que yo no era más que un juguete y que este combate no iba a ser más que una simple diversión, algo que ahora mismo se le había complicado un poco por cierto detalle del que él no había sido consciente antes.

Jadeando de forma exagerada, medio encorvado, intentando parecer que estoy realmente agotado, algo que no dista mucho de la realidad, espero sonriente a que el demonio se acerque, sujetándome con las manos en los barrotes de mi espalda, aprovechando para, disimuladamente sacar el pequeño cuchillo que la zorra me había lanzando antes, algo que no pienso agradecerle a pesar de que seguramente me salvará la vida, pues ya tengo un plan ideado en mi cabeza.

En cuanto el demonio se abalanza de nuevo sobre mi, separo la mano en la que llevo la cadena de los barrotes, lanzándosela a la cabeza en un movimiento planeado, que hace que él se mueva ligeramente hacia un lado para esquivarla - ¿Te crees que me puedes ganar con una mierda de cadenita chucho? -  me suelta con una sonrisa triunfal al ver como la cadena cae al suelo muy por detrás suyo, alejada de mi alcance. Mirándole a los ojos, desafiándole con la mirada no puedo evitar dibujar una media sonrisa burlona en mi rostro - Bueno…había que intentarlo ¿Nei? – le suelto con tono burlón mientras poco a poco me voy estirando, apoyado contra los barrotes, ofreciéndole todo mi cuerpo para que ataque en donde se le antoje, manteniendo el cuchillo bien sujeto y oculto por mi mano izquierda - Estoy cansado, imbécil, ¿es que no eres lo suficientemente bueno como para acabar conmigo de una vez por todas? ¿O es que te gusto demasiado y quieres una cita conmigo? Por que si es eso, siento decirte que no eres mi tipo… – añado irónico intentando provocar su ataque, algo que no tarda en suceder ya que, por lo visto, he conseguido cabrearlo lo suficiente como para que decida darme el golpe de gracia.

Por suerte, no debe tratarse de un demonio primero, puesto que sino seguramente habría acabado conmigo de una forma diferente, no atacándome físicamente y puede que incluso su demonio creador le haya obligado a participar en estos combates y sea uno de los espectadores, algo que realmente me trae sin cuidado y que ahora ya no tiene mucho sentido, pues en cuanto se acerca lo suficiente como para darme el golpe de gracia, separo con rapidez mi mano siniestra del barrote y, lanzando un potente grito, clavo el pequeño cuchillo con todas mis fuerzas en la sien descubierta del demonio, empujando con fuerza, notando cómo el cráneo se quiebra y la resistencia que me provocaba desaparece, permitiendo que la hoja del cuchillo se adentre en su masa encefálica. Con rapidez, sin la certeza de que solo eso sirva para matar al demonio, me lanzo al suelo en dirección a la cadena, recuperándola del ensangrentado suelo cuando el sonido del cuerpo del demonio al caer al suelo llega a mis oídos.

Con toda la rapidez de la que soy capaz, jadeando por el esfuerzo, me acerco de nuevo al demonio para asestarle un pisotón en el mango del cuchillo consiguiendo que todo él entre en su cabeza, dejando un hueco suficiente para que, dejándome caer pesadamente sobre mis rodillas, me acuclille junto a él y le introduzca con mis ensangrentados dedos mi cadena con las tres monedas en su cabeza, notando como el cuerpo del demonio comienza a convulsionar violentamente, apartándome justo a tiempo para que la explosión que provoca su cuerpo al desaparecer no me afecte.

Tras sentir la fuerza del aire que me indica que ya no existe, que ha sido enviado al infierno, al plano al que pertenece, me dejo caer definitivamente sobre mis manos, quedándome con la cabeza gacha unos minutos, mientras las voces de los espectadores estallan en gritos de júbilo y por el altavoz me proclaman vencedor. Tras recuperar el aliento un poco, me incorporo con dificultad para dirigirme al punto en el que estaba antes el demonio, recogiendo del suelo el cuchillo y mi cadena, la cual no tardo ni un segundo en volver a colocarme mientras beso con devoción las tres monedas que de ella cuelgan, monedas que ayudan a recordarme mis orígenes y a las que ofrecía antes siempre mis victorias.

Tras ése pequeño gesto, me dirijo cojeando ligeramente hacia mi celda, dando las gracias en cuanto la puerta se cierra, apoyándome contra los barrotes y dejándome resbalar por ellos hasta quedar sentado en el suelo, cerrando los ojos mientras mi cuerpo lucha por recuperar el aliento, mi corazón por volver a un ritmo normal y sobretodo por curar y regenerar todas las heridas que he recibido en este largo y doloroso combate. Un combate que se me ha representado como una especie de penitencia, como si me hubiera servido para limpiar alguno de los muchos pecados que he cometido en mi vida. Llevado por este último pensamiento, no puedo evitar dirigir mi mirada hacia mi alianza de bodas y recordar las palabras de consuelo y las atenciones y curas de las que era objeto por parte de mi mujer, después de cada pelea - ”Te echo tanto de menos Konne...”.



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Con cada combate te haces más fuerte.
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Oh sí, el pasado duele. Pero puedes huir de él o aprender de él.

Un licántropo o un vampiro como rivales eran algo fácil teniendo en cuenta las demás especies. Aunque la pelirroja al principio tenía sus dudas, sabía que Einar no era solo fuerza bruta, también sabía usar el coco. Ella misma lo había visto tiempo atrás. Mientras le hablaba y acariciaba el siguiente combate tenía lugar, ajenos a todo lo que pasaba. La vampiresa esperaba algún que otro golpe, pero las miradas de odio y sus gruñidos fue lo único que recibió por parte de  Sørensen que ni siquiera le habló ni una sola vez. Aquel gruñido era muy distinto al de la noche que se habían vuelto a encontrar. Y decía vuelto porque aunque ella lo vio por última vez cuando la vida del hombre cambiaba por completo, para él era la primera que se encontraba con ella.

Sin darse cuenta mientras pasaba sus manos por sus hombros recordó la noche en el bar. A primera vista lo mucho que le había sorprendido que fuera tan confiado sin conocerla de nada y luego parándose a pensar que quizá realmente estaba interesado en ella. Mantuvo la mirada al frente y frunció el ceño durante unos segundos enfadada consigo misma. Por lo que terminó por apartarse del lobo de forma brusca y muy enfadada, devolviéndole la mirada de odio y la sonrisa burlona de siempre para tocarle la moral y humillarlo un poquito más.

El siguiente combate estaba a punto de empezar y la pelirroja se moría de ganas por conocer a que se enfrentaría su luchador. Reconocía ese olor a azufre, tenía conocidos que eran demonio y por experiencia sabía lo difícil que era enfrentarse a ellos. No obstante la curiosidad la invadió de nuevo, sabiendo que  Sørensen sería más inteligente, ya que ella se dejaría llevar por su mala leche. Cosa que la haría acabar muy mal. - Tu turno lobito. -le animó cuando se abrió la puerta dándose la vuelta para no volver a recibir esa mirada de odio, porque acabaría dándole un puñetazo y no le convenía herir a su propio luchador.

Volvió a mezclarse entre el público, cruzándose de brazos y con una expresión seria mientras observaba fijamente y concentrada lo que pasaría. Pudo sentir como el brujo se posicionaba a su lado volviendo a hablarle, haciendo que su espalda se tensara de incomodidad. - Drakkar tiene un mensaje específico para ti. Estoy deseando que llegue el final para poder dártelo.. Además veré tu cara en directo... -comentó entre risas y después volvió a desaparecer.

Irina no se movió ni un milímetro, simplemente pestañeó un par de veces apartando las dudas y el temor a aquel maldito mensaje. Pero quería que también terminara, porque a cada combate, su agonía se iba alargando. No se jugaba simplemente ganar; se jugaba la venganza de su vida y acabar con quién la había retenido toda la vida.

Einar lanzaba todo su odio contra ella y aunque en parte tenía razón, ambos tenían un enemigo en común. Aunque el lobo dado el momento se centraría solo en ella. Cerré los ojos y miró al suelo unos segundos al ver como  Sørensen recibía una paliza considerable y los abucheos hacían mella en el lugar. Notó las miradas de los descontentos, pero ella solo podía mirar a una persona en ese momento, como en la mayoría del tiempo que llevaban allí dentro. No es que viera al lobo incapaz de ganar, pero miró alrededor buscando al demonio que manejaba al de la jaula. Si lo mataba o simplemente lo hería le daría mucha ventaja y tenían que ganar fuera como fuera. Mientras buscaba entre el gentío, seguía observando lo que iba sucediendo. Pudo oír el crujido de su nariz al partirse y como la sangre empezaba a cubrirle la mitad del rostro bajando por el pecho.

No iba a quedarse de brazos cruzados. Con cuidado robó una daga a otro vampiro que miraba entretenido el combate y se la guardó con cuidado en la palma de la mano mientras se acercaba despacio al que creía que era su objetivo. Entonces algo llamó su atención dirigiendo de nuevo su mirada hacia Sørensen; los abucheos habían cesado y ahora animaban al lobo que parecía retomar el control de la pelea. Se paró al instante clavando la mirada en el demonio que se apartada al intentar estrangularle. "Maldita sea su suerte". Pensó al caer en el oro como arma para los demonios.

Aquello había sido un golpe de suerte que esperaba su elegido no desperdiciara. Volvió a cruzarse de brazos, dejando a un lado la opción de intervenir, pues por lo que estaba viendo no era necesario. Cosa que aunque jamás lo reconocería en parte le hizo sentirse orgullosa, por estar en lo cierto y no haber llevado a un completo inútil. Tenía la corazonada de que solo Einar podría ayudarla, aunque jamás se lo hubiera pedido amablemente, no. Drogarlo y traerlo a la fuerza era totalmente del estilo de la pelirroja. Con métodos poco ortodoxos para conseguir sus fines.

Vio como usaba el cuchillo que momentos atrás le había dado y mostró una sonrisa ladina, en parte le había ayudado a ganar, aunque no fuera matando al demonio mezclado entre el público. Sin poder contener una sonrisa maliciosa que enmarcaba su rostro, se acercó de nuevo cuando vio como daban por ganador a  Sørensen. Observando el cadáver del demonio en un estado bastante deplorable sobre el ring.

Como la víbora que era y con un aparición silenciosa, volvió a estar al otro lado del lobo. Esta vez no lo llamó ni pronunció una sola palabra. Solo observó sus heridas y el estado en el que se encontraba. Sin duda había salido mal parado de este combate y por lo que podía ver solo quedaban dos contrincantes, por lo que  Sørensen podía ganar. Sintió un vuelco y su expresión cambió mientras se dirigía al brujo que estaba cerca de la jaula de Einar y le propinaba un empujón. - Eso es cosa tuya. -señaló a la niña en la otra jaula. Siendo consciente de que ella veía una maldita bruja, pero Einar vería probablemente una niña y le recordaría a su hija. - Por eso estabas convencido de que no iba a ganar. Ella es tu luchadora, ¿verdad? -casi gritó las últimas palabras y luego le escupió a los pies.

Su expresión cambió a una de enfado mientras anunciaban los dos últimos rivales; un lobo y una bruja. El ganador saldría de allí, el perdedor moriría en la arena. Volvió a echarle un vistazo a la niña quién le devolvió una sonrisa inocente y enfadada soltó un gruñido mientras daba un puñetazo a la pared que tenía al lado.

Se giró y volvió a acercarse a Einar, esta vez agachándose a su lado y sin previo aviso volviendo a sostener su barbilla para que la mirara. No había tiempo que perder. - Sørensen, un último combate. Y serás libre. Tienes que volver a ganar. ¿Me estás oyendo? -alzó la voz y clavó sus enormes ojos verdes en los azules que se mostraban apagados del hombre. - Tu último rival es una bruja. Gana y podrás irte. Gana y estaré delante tuya para tu venganza. -al decir la última palabra el lobo reaccionó- ¿Eso quieres no? Sería gracioso que me mataras con el mismo cuchillo que te he dado para ayudarte. -hizo énfasis en la última palabra.

La puerta volvió a abrirse e Irina sabía cual sería su primera reacción, o al menos esperaba equivocarse. Un dolorido Sørensen intentaba ponerse de pie. - ¿Qué haces? ¡¡¡Vamos levanta!!! -volvió a hablarle y finalmente golpeó los barrotes para sacarlo de su ensimismamiento. - Ahí fuera hay algo que te recordará a aquella noche. -le dijo volviendo a jugar sucio. Pero llamando así su atención.

Aunque por fuera mantenía un semblante serio, por dentro estaba ansiosa por ver la reacción de Einar. Y por ver como haría esta vez. Mientras tanto una niñita rubia de ojos azules, con un vestido blanco, le esperaba en el centro de la jaula mientras tarareaba y se movía juguetona con las manos a la espalda. Sino fuera porque sabía lo que era, la escena habría sido de lo más tierna. Le dedicó una mirada de odio al brujo. Quién había sabido muy bien como jugar sus cartas y algo le decía que su creador había tenido que ver en este maldito plan contra ella.

Sólo le quedaba esperar. Observar y seguir manteniendo firme la idea de que Sørensen aquella noche se proclamaría vencedor.





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Con cada combate te haces más fuerte
Durante los siguientes minutos mi mente sigue recordando aquel tiempo ya perdido en el que tenía una familia propia y era feliz, quedando totalmente ajeno a lo que sucede a mi alrededor, haciendo que mis ojos desenfoquen el suelo, perdiéndose en la inmensidad de mis recuerdos. Tan sumido estoy en ellos, que no noto el frío tacto de la vampiresa al volver a sujetarme por la barbilla y girar mi cara hacia ella, de forma que tardo bastante en reaccionar, en volver a sentir el helado tacto de sus dedos contra mi hirviente piel, el dolor de los golpes recibidos y el cansancio ya acumulado por el combate y la lucha desesperada de mi cuerpo por regenerarse, haciendo que note la necesidad de comer, que el hambre y la sed comiencen a atenazar mi cuerpo por culpa del constante ejercicio y la falta de aportes líquidos y sólidos que necesito para recuperarme cuanto antes. Otra molestia que se suma a las múltiples que ya tengo.

Cuando finalmente consigo centrar mi mirada en lo que tengo delante, la visión de los orbes de jade que me miran de esa forma tan prepotente que tanto me enerva, hacen que pronto mi mirada se torne fría y dura, igual que mis músculos se tensan preparados para atacar ante la mínima posibilidad. Escucho las palabras que suelta con su lengua viperina sintiendo como la rabia vuelve a calentar mi interior, como mi lobo aúlla lleno de odio y rencor dentro de mi cuerpo, deseando desgarrar su carne de hielo. Dando rienda suelta a mi insumisión innata me niego a contestarle, a demostrarle que la he entendido que tiene toda mi atención ahora mismo. Pero no puedo evitar que mis mandíbulas se tensen en cuanto escucho la palabra “venganza”, pues es justo lo que exige mi lobo de ella. Como tampoco puedo evitar imaginarme el gozo que me produciría desangrarla lentamente usando el mismo cuchillo que ella me ofreció antes, como bien ha dicho la pelirroja. Pero soy muy consciente de que debo esperar, de que aún no ha llegado mi momento, el momento de mi venganza y de que, si realmente quiero que llegue, debo salir vivo del siguiente combate, el cual seguramente será más complicado que el anterior.

Así, en cuanto me suelta la barbilla y escucho la puerta de mi celda volverse a abrir sé lo que debo hacer. El problema es que ahora no ha habido ningún otro combate, solo habrán pasado unos minutos, un cuarto de hora como mucho y mi cuerpo no ha sido capaz de regenerarse completamente, por lo que me levanto lentamente, sin ocultar el cansancio que siento a pesar de la rabia que me hace avanzar, seguir hasta que ya no pueda más - ”No eres un jodido Berserker, pero tienes que actuar como si lo fueras joder, tienes que proteger a tu hermana y tu sobrino, no puedes volver a fallar” – me insto mentalmente a levantarme, a seguir luchando recordando la intención de Irina de eliminar a mi familia si no consigo sobrevivir. Sobretodo al oírla de nuevo exigirme que me levante y volver a meter el dedo en la llaga con su constante recordatorio sobre lo que pasó aquella aciaga noche - ”Joder… pero cómo lo sabe, ¡¿Cómo demonios sabe lo que ocurrió?!, ¿será cierto que estoy allí?, ¿Lo vió todo? ¿Disfrutó de ello como lo está haciendo ahora?, pero ¡¿Qué coño quieres de mi zorra?!” – las preguntas me estallan en la mente a cada paso que doy hacia la puerta, sabiendo que sólo sobreviviendo obtendré las respuestas que necesito.

Lo que no me imaginaba es que la maldita Volkova estaba en lo cierto, que algo me iba a recordar demasiado bien aquella dolorosa noche.

En cuanto salgo, noto como si algo empujara con fuerza mi mente antes de que mi cuerpo se paralice al instante, mi garganta se seque de repente y mis ojos se abran al máximo, en una expresión de sorpresa que deja atrás cualquier ansias de venganza, acallando incluso al lobo que gruñe desesperado en mi interior, ignorando ésa extraña sensación foránea en mi cabeza - ¿Na…? ¿Nadia?... – articulo con la dificultad de mi reseca boca el nombre de mi hija mientras que mis ojos se centran en la pequeña y tierna figura que tararea una pequeña y dulce canción, una antigua canción rusa que tantas veces había cantado a mi pequeña hija en su cuna – "Tili-tili-bom... Sacroy glazá scarii..." - la dulce voz resuena en mi cabeza - ”No puede ser… ¡Es imposible!, ¡La mataste!. ¡Tú la mataste!, no puede ser cierto, ¡Es imposible!” – pienso con desesperación intentando encontrar una explicación razonable algo que sé que es imposible que sea cierto, mientras me siento incapaz de reaccionar ante la visión de mi hija en el centro de aquel círculo infernal.

- Papi… ¿Por qué no viniste a buscarme? ¿Por qué me abandonaste? - las palabras de la niña, pronunciadas en un ruso que parece desconocido por los allí presentes, me golpean con violencia, apartando de un plumazo cualquier duda sobre su identidad, haciendo que dé un paso atrás ante la realidad - ”¿Viste su cadáver? ¿Lo viste? ¿Estás seguro?... Si fue así…. ¿Por qué no lo recuerdas eh? ¿Por qué? ¡Porque no está muerta!, ¡No lo está!” – pienso aterrado al no poder recordar el cadáver de mi hija, sí el de mi esposa, pero no el de mi hija. Ante todos estos pensamientos, ante estas verdades, no puedo impedir que mi cuerpo empiece a temblar visiblemente mientras mis ojos quedan fijos en la pequeña que pronto vuelve a entonar la nana.



Según la letra de la canción va llegando a mi mente, mi cuerpo empieza a retroceder, paso a paso, sin dejar de temblar, hasta chocar contra los barrotes, reaccionado así a la letra, resbalando lentamente hacia el suelo, cayendo flácido con cada nueva palabra hasta terminar acurrucado, sujetando mis rodillas con mis manos, echo un pequeño ovillo contra los barrotes, mientras mi mirada está completamente fija en los claros ojos de la niñita de dorados cabellos. Mi mente, por su parte, comienza a rememorar aquella noche, entendiendo perfectamente la letra de la canción, horrorizándome ante la verdad, al descubrir que soy yo el monstruo de la nana, que soy yo quien se acerca por la ventana, quien llama a la puerta, quien entra en la casa para buscar a quienes no están dormidos, que soy yo quien observa preparado para atacar, como hice aquella noche.

- ¡Niet!, ¡Niet!, ¡Nei!, ¡Neeeeeeeeii! – estallo en gritos, negando en ruso y noruego al terminar la canción, llevándome las manos a la cabeza y comenzando a tirar con fuerza de mi pelo, mientras no paro de gritar de horror al ver el monstruo que realmente soy. Guiado por la desesperación, me incorporo de golpe, agarrando con fuerza los barrotes con ambas manos, con tanta fuerza que pronto mis nudillos se tornan blanquecinos. Con la desesperación claramente visible en mis ojos, recorro las caras de los allí presentes, quienes ahora mismo muestran la confusión que esta escena les está causando cabeza - ¡No puedo matarla!, ¡No puedo volver a matarla! – les grito suplicante, sabiéndome incapaz de matar a mi hija, de volver a sentir la sensación de saber que he sido el causante de su muerte nuevamente.

Es entonces cuando noto un suave pero firme tirón de la pernera izquierda de mi pantalón, que consigue que gire mi rostro para encontrarme con el sonriente rostro de mi pequeña – ¿No te alegras de verme papi? ¿Es que no vas a abrazarme? -. Sintiendo cómo sus palabras rompen las presas que mantienen mis lágrimas atrapadas en mi interior, temblando de dolor, de pena, sintiendo como mis labios no se escapan de ese temblor, me agacho para abrazarla, para besar con ternura sus rollizas mejillas - Te quiero Nadia, te quiero… Dios… te quiero tanto mi pequeña – empiezo a decirle entre sollozos, usando el ruso, su lengua materna, para dirigirme a ella mientras noto la tibieza y la fragilidad de su cuerpecito entre mis fuertes y potentes brazos - Perdóname Nadia – le suplico sin soltarla de mis brazos, notando como se aferra con sus manos a mi hombro, al mismo en el que todavía continúan abiertas las heridas provocadas por los colmillos del vampiro - Fuiste malo conmigo papi, y tienes que pagarlo, ¿lo sabes verdad? - su voz me llega tierna, agradable, dulce y maravillosa, haciendo que solo sea capaz de asentir como respuesta, sabiendo que le he hecho mucho más daño del que jamás ella me pueda hacer a mi. Es por eso que no dejo de abrazarla mientras ella busca con sus dedos las heridas, mientras comienza a hurgar en ellas con las yemas de sus dedos provocándome un dolor intenso, haciéndome apretar con fuerzas las mandíbulas en un intento por soportarlo. Finalmente, elevando mi rostro fruncido por el fuerte dolor que siento, noto como dos de sus dedos se adentran en el interior de mi carne hasta llegar al hueso.

- Te quiero papi - escucho justo antes de notar como mi clavícula derecha estalla en el interior de la carne, arrancándome un alarido agónico de los más profundo de mis pulmones, que se eleva potente por toda la sala, acallando las voces de los presentes, quienes quedan sobrecogidos por lo que acaba de suceder. En cuanto el hueso queda pulverizado, mi brazo derecho cae inutilizado al perder la unión con el resto del cuerpo, sujeto simplemente por la musculatura, pero privado completamente de su uso.

A pesar del dolor insoportable que ahora mismo siento, del gran esfuerzo que me está suponiendo en no caer de rodillas, de ser consciente del constante gañido que surge de mi boca y las abundantes lágrimas de dolor que recorren mis mejillas, me siento incapaz de soltar a mi hija, incapaz de separarla de mi cuerpo, incapaz de impedirle que saque sus dedos de mi carne, incapaz de hacerle el más mínimo rasguño a mi perdida y amada Nadia.


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Oh sí, el pasado duele. Pero puedes huir de él o aprender de él.

Los anteriores rivales pese a que cada uno tenía su complicación, la pelirroja sabía que Einar se las apañaría. Pero la última, eso iba a destrozarle y era un golpe muy bajo. Sabía que su creador estaba detrás de esa jugada maestra, porque ella misma le había contado las veces que había estado vigilándolo de cerca. A su mente vino un recuerdo, fugaz pero que llamó su atención. Una noche mientras observaba por la ventana a la pequeña retoño de Sørensen se acercó hasta tocar con las yemas de sus dedos el cristal. La sorpresa para ella es que una niñita rubia de ojos azules le devolvía la mirada y una tímida sonrisa. Apenas duró unos minutos y la pelirroja retiró su mano cuando la niña le correspondió poniendo la suya. Para asustarla sacó sus colmillos y se alejó, observando desde lejos como corría a la habitación de al lado donde dormían sus padres, donde Einar dormía junto a otra y eso le dejaba un pequeño resquemor que no entendía muy bien a que se debía.

Observó a la pequeña familia entendiendo que ella nunca había tenido una. Siendo más pequeña lo creía; pero su creador con los años había demostrado que el papel que jugaba en su vida no era precisamente el de un padre, aunque ella lo llamara así y él la considerara su hija. Vio como la niña se metía en medio del hombre y la mujer y frunció el ceño. Su vida estaba lejos de alguna sentir algo así y en parte no se veía para nada siendo protagonista de una escena parecida. Además si el plan de su creador se llevaba a cabo esa niña terminaría huérfana de padre y su mujer, viuda. Pero al menos por esa noche dio media vuelta para volver a lo que consideraba su "hogar" junto a Drakkar.

Sabía que Sørensen ahora estaba jodido, al contrario de ella. Él si tenía sentimientos y un profundo dolor que Irina sintió desde el primer momento que aquella noche hizo que coincidieran en el bar. Un dolor así no era fácil de mitigar y su creador usando al brujo decidió joderla de esa manera. Apretó la mandíbula molesta y tomó aire mientras pensaba con rápidez que hacer. Realmente no sabía si el lobo podría con la imagen de aquella maldita bruja que era igual a su difunta hija.

Como era de esperar un aterrado Einar comienza a alejarse mientras grita. La pelirroja observó las miradas de no entender nada de los demás que reclamaban pelea y sangre. Casi por impulso y sin pensarlo, la vampiresa se acercó tocando por detrás al lobo y hablando cerca de su oreja para que deje de gritar y se calme. - No es ella, está jugando contigo. Sørensen yo vi como la matabas, esa no es tu hija. -pese a querer ayudarle sintió que siendo brusca en ese momento era como podía conseguirlo. - Einar. -lo llamó por primera vez por su nombre- No es real. -le advirtió.

Antes de que pudiera seguir hablándole se apartó alejándose de Irina acercándose a la niña y abrazándola. La pelirroja golpeó enfadada los barrotes. - ¡¡¡No seas idiota!!! ¡¡¡ No es ella!!! -gritó.

El silencio recorrió toda la sala mientras el único sonido era un desgarrador grito de Sørensen. Irina molesta intentó entrar pero notó como alguien la cogía del brazo y tiraba. Cuando se giró vio al brujo que sostenía un cuchillo en la otra mano y le negaba con la cabeza. Podía matarlo, podía con él. Pero no conseguiría lo que estaba deseando saber, la información que necesitaba. Si lo mataba ahora, todo habría sido para nada. Soltó un gruñido de desesperación y retiró el brazo no sin darle un empujón al brujo presa de la ira.

Se giró para volver a mirar a Einar y a la bruja, aún la estaba abrazando y la niña aprovechaba para destrozarle el brazo. Estaba en desventaja ante una maldita bruja y para colmo ella no podía intervenir. Aunque su mente siguió pensando como ayudar al lobo, porque tenía que ganar, necesitaba por todos los medios que ganara. Entrecerró los ojos y observó durante unos segundos a Sørensen. Había visto muchos lados suyos, pero ese nunca. Por una parte se alegraba de tenerlo lejos o ella misma sería quién le destrozara el otro brazo por idiota. Irina alzó la vista hasta quedar dentro del campo de visión de la niña que le sonreía y le hacía una pregunta que solo ella pudo oír, haciendo que esta vez fuera ella la que se alejara asustada por lo que le acababa de decir.

Volvió a acercarse a la jaula y volvió a golpear los barrotes para atraer la atención de Einar. Sacarlo de ese estado de compasión y pena que estaba metido. - Sørensen maldita sea. ¡Está jugando contigo! Va a matarte. -gritó con fuerza.

Esta vez la niña fue quién se separó del lobo y se acercó donde estaba ella dando saltitos para luego apoyar sus manitas y quedar a su altura. - Dime mi preciada y querida Irina... ¿Cuánto es mil menos siete? -tras esa frase soltó una risita malvada y se giró para volver hacia el lobo y aprovechar que estaba derrotado arrodillado en el suelo.

Aquella frase tenía un significado que le revolvió el estómago. Tragó saliva intentando recuperar la compostura, estaban jugando con los dos. Intentaban así hacer que bajaran la guardia, pero ella había vivido esas torturas durante años, podía soportarlo. Sus grandes ojos verdes se volvieron a clavar en el hombre, del que esperaba alguna reacción, algo que le indicara que seguía aquí y no volvía a aquella fatídica noche que cambió su vida para siempre.

Cuando ella llegó... La niña yacía en el suelo con un charco de sangre a su alrededor... Era demasiado tarde para ella... Fuera de la casa el lobo perseguía a su mujer para darle el mismo destino que a su hija. Recordó los gritos y las palabras de súplica intentando hacerle entrar en razón, pero sin mucho éxito. Irina se acercó al cuerpo de la niña observandola, recordándole tanto a ella, solo que la pequeña no volvería a este mundo nunca más. Un aullado la alarmó y antes de que pudiera reaccionar escuchó el grito de dolor de la mujer. En ese momento desapareció de la escena sabiendo que si Sørensen la encontraba ahí fuera correría el mismo destino.

Por eso su creador se había interesado en él. Aquella noche su misión era acabar con su vida y lo que no sabía es que el hombre empezaría una nueva vida... Una muy distinta.

Volvió a la realidad y agarró los barrotes mientras acercaba su rostro para ver lo que ocurriría molesta y desesperada porque su luchador recobrara el sentido y esperando que todo aquello fuera una maldita estrategia que hasta ella se había creído. De ser así, comprendería el interés en su momento de Drakkar por el hombre.





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Con cada combate te haces más fuerte
El dolor físico que siento, no es nada comparado con la sensación de vacío, de desesperación que noto en cuanto mi pequeña baja de mis brazos para dirigirse a un punto concreto de la valla que nos separa de las gradas, haciendo que finalmente me derrumbe sobre mis rodillas, hincándolas en el suelo con fuerza, llevando mi mano izquierda a mi hombro derecho, que me duele como jamás antes me había dolido cualquier otra parte de mi cuerpo.

Desde esa posición, con la vista enturbiada por las lágrimas, me parece ver cómo Nadia entabla lo que parece una conversación con una mujer pelirroja que no tardo ni una milésima de segundo en reconocer sintiendo como una fuerte presión atenaza mi corazón, mi pecho, impidiéndome casi respirar ante el pánico a que la vampiresa le haga daño a mi dulce y tierna hija - ”¡Ni se te ocurra tocarla, zorra!, como le hagas algo te mataré, juro por todos los demonios del infierno que acabaré con tu no vida para siempre” – pienso frenético, a punto de levantarme y gritarlo bien alto, aunque la risa de mi dulce ángel, consigue ahuyentar mi miedo.

Durante los pocos segundos que tarda mi pequeña en volver a estar delante de mí, acercándose con unos saltitos que se me antojan lo más hermoso del mundo, me parece vislumbrar durante unos escasos momentos el miedo en el rostro de Volkova, algo que no me habría imaginado jamás que llegara a pasar, pero que me indica que se conocen y que parece que le tiene miedo - ”¿Miedo esa vampiresa de tu pequeña? Einar… estás volviéndote loco…” – pienso antes de centrar de nuevo mi mirada en los claros y bellos ojos de Nadia.

- Papi, Irina me ha dicho que intentaste violarla… - escuchar esas palabras salir de los labios de mi hijita es como si me lanzaran dagas directas al corazón, pues automáticamente me encojo, como si las hubiera notado físicamente - ¡Es mentira Nadia!... No hice nada… te juro que no hice nada… – sollozo audiblemente para todo el mundo, aunque al hacerlo en ruso la mayor parte de los asistentes no entienden porqué estamos hablando, porqué no me defiendo y porqué dejo que una cría me ataque sin defenderme - No lo hiciste, pero lo deseabas ¿verdad papi? Deseabas poseerla - el tono de mi hija es acusador, como si ella realmente hubiera estado ahí, como si supiera exactamente que realmente la deseaba, que estaba dispuesto a llegar al final con la pelirroja, cosa que hace que baje la mirada al suelo, avergonzado - Sí… la deseaba… – confieso, pues realmente era lo que deseaba hacía unas horas - ¡Es que ya no te acuerdas de Mamá! Eres un cerdo papá, un cerdo y vas a pagar lo que nos hiciste - no puedo evitar encogerme ante los gritos acusadores de mi hija, de sentirme como una auténtica mierda al haber deseado a otra mujer que no fuera mi esposa, bajando aún la mirada, viendo así, por pura casualidad como la mano diestra de mi pequeña saca un pequeño puñal que lanza peligrosos destellos argénteos según le va dando la luz, levantando la mirada justo en el mismo instante en que su manita lleva el puñal bañado en plata directamente a mi cuenca ocular izquierda.

Pronto el dolor abrasador de la plata al cortar mi carne profundamente provoca que la sala se vuelva a llenar con mis aullidos de dolor, un dolor más fuerte que el del hombro, un dolor que me abrasa completamente toda la cuenca ocular izquierda y que me obliga a llevar mi mano útil hacia allí, sintiendo como la sangre comienza a salir profusamente desde más arriba de mi ceja hasta mi pómulo, mientras todo mi cuerpo se encoge hacia delante en un intento por paliar el fuerte dolor - Ah no, te vas a estar quietecito papi - siento la voz de Nadia colarse en mi cabeza mientras noto como algo me sujeta con fuerza, con una fuerza equiparable a la de dos hombres juntos, y me obliga a caer de espaldas, invirtiendo el movimiento de mi torso, haciendo que mi espalda quede totalmente echada sobre el sucio y duro suelo antes de que otro alarido de dolor salga de mis desgarrados pulmones al notar como la daga penetra profundamente en la palma de mi mano, atravesándola, incrustándose en el suelo, dejándola clavada en él, consiguiendo que no deje de patalear con las piernas, gritar por el dolor que el baño de plata me produce en la mano, intentar moverme, desclavarme sin conseguirlo, sintiéndome totalmente indefenso al tener ahora mismo las dos extremidades superiores inutilizadas.

Soltado gañidos lastimosos, como si de un perro apaleado me tratara, lucho por soportar el dolor que la plata me está produciendo, tanto en la mano, como en la cara, sintiendo que seguramente habré quedado ciego de dicho ojo, tuerto, pues por la gran cantidad de sangre que noto recorrer mi rostro, mi oreja y mi cuello está claro que el corte ha sido profundo - ¿Duele papi? Porque a esta gente le gusta verte sufrir, y a mi también. - escucho sin dejar de sollozar la voz de Nadia, mientras el peso que noto sobre mi pecho me indica que se ha sentado encima mío. Con gran esfuerzo, abro el ojo derecho, pues el izquierdo me es completamente imposible, por el dolor, el escozor y la gran cantidad de sangre que continúa manando de mi rostro. - Pero me aburro, ya me he divertido bastante, y tengo sueño… ya sabes que las niñas buenas se van a dormir pronto, ¿verdad papi?. Y para que veas que soy una buena niña, voy a dejar que vuelvas a dormir con mamá - vuelvo a escucharla, mientras la veo sonreír de forma triunfal, al tiempo que junta sus manos sobre mi cuello - Lloras demasiado papi, me molestan esos gañidos - dice al tiempo que noto como comienza a apretar sus manos sobre mi cuello, cada vez con más fuerza, aplastando mi tráquea, acallando mis sollozos al momento, sintiendo como el aire queda atrapado en mis pulmones, sin posibilidad de que salga ni entre nuevo. Pronto la sensación de ahogo empieza a ser palpable, mis pulmones comienzan a arder con fuerza, siento la necesidad de respirar urgentemente, pero las manitas de mi hija mantienen mi cuello bien sujeto, y no soy capaz de mover ninguna de las dos manos para liberarme, solo puedo patalear e intentar sacudírmela de encima mientras no dejo de entender el motivo de que quiera matarme. Intento mirarle a los ojos, pero lo único que veo es su rostro de satisfacción y un brillo de éxtasis en sus ojos que no logro entender - ”¿Y qué esperabas estúpido? ¡Te odia!, y está disfrutando como tú lo harías con la vampiresa …” – el pensamiento precede al agudo pitido que comienza a formarse en mis oídos y que pronto me impide escuchar algo más, al igual que noto como mis piernas van dejando de moverse lentamente, y mi cabeza termina por apoyarse laxa sobre el suelo, facilitándole que pueda seguir apretando con fuerza y que mi ojo derecho mire hacia atrás, siendo la imagen de Volkova lo último que veo antes de que la oscuridad se apodere de todo mi ser.


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Con cada combate te haces más fuerte.
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Oh sí, el pasado duele. Pero puedes huir de él o aprender de él.

Ha sido cosa suya. El brujo no era más que un mandado y sabía lo que iba a ocurrir desde el principio, por eso le hablaba tan seguro de que no ganaría. Su creador siempre ganaba y siempre tenía formas crueles y macabras de hacerlo; de él las había aprendido. En un impulso por entrar el brujo la detuvo y la pelirroja sabía en el fondo que Einar tenía un plan, debía tenerlo. Era inteligente, pese a la fuerza bruta que tanto le gustaba, además sabía usar el cerebro para derrotar al rival.

Nadie entendía lo que sucedía, muchos de los allí presentes no hablaban ruso por lo que los abucheos inundaron la estancia haciendo que tuviera que agudizar el oído para escuchar a la niña cuando se acercó a ella. Nada de lo que le dijera a Sørensen iba a funcionar, ni siquiera sabía si la escuchaba. Si ya en la celda tenía dudas de si le hacia caso, ahora con todo el bullicio empezaba a tenerlo claro. Se alejó unos pasos mientras intentaba recomponerse al escuchar aquella frase donde escuchaba el nombre de su creador de otra boca y además la información que contenía. Sino fuera porque estaba metida en lo que le podría ocurrir al lobo ahora mismo podría temblar ligeramente, pero seguía con la idea de que Einar ganaría.

Miró a su alrededor rápidamente intentando distinguir ese rostro que tanto la aterrorizaba entre los demás. El que le quitaba el sueño y en resumen toda su libertad y vida. Sólo nombrarlo y ya había sentido ganas de salir corriendo, pero al oír a la niña reír soltó un gruñido enfadada al ver como le había tomado el pelo dando a entender que cu creador estaba presente. Ni siquiera sentía su olor, uno que por cierto notaría sin ninguna duda.

Se volvió a acercar y alzó sus manos para apoyarlas mientras observaba como la brujita se acercaba de nuevo al lobo, el cual seguía mostrándose aturdido y ya derrotado. Algo que hizo que le diera un vuelco el corazón, aún estando muerto. Una inquietud que no tenía solo que ver con lo que se jugaba aquella noche en esa pelea. Sino algo más, lo mismo que sintió cuando le dieron la orden de matar a Sørensen y sin más, no pudo. Había algo que no podía explicar y que le hacía actuar al contrario de lo que sus instintos y costumbres le marcaban. La desesperación se podía ver en su rostro y por todos los medios deseaba que la mirara y establecer el contacto visual, pero no llegó. Soltó un grito furiosa cuando la oyó hablar y decirle que la quería violar. Golpeó la valla mientras sus ojos se tornaban rojos de la rabia, centrándose ahora en la bruja que no solo hería físicamente al lobo sino también psicológicamente, por si fuera poco el hecho de la culpabilidad por haberla matado.

Sólo podía gritarle y llamar su atención. No podía hacer otra cosa desde el otro lado y eso la estaba matando poco a poco. Cuando debería estar de brazos cruzados observando sin hacer absolutamente nada, pero esta vez no podía quedarse mirando, quería ayudar... - ¡Está mintiendo! ¡Einar despierta! -le gritó. - Está jugando contigo, imbécil. ¡Abre los ojos! -

Volvió a gruñir e intentó advertirle al ver como sacaba un cuchillo, justo segundos antes de que lo clavara en su ojo. - ¡Noo! ¡Sørensen haz algo! ¡Maldita sea! -gritó de nuevo.

Los aullidos de dolor del lobo ahora eran los que inundaban la estancia mientras algunos se quejaban por ver como no se defendía y otros ya celebraban haber ganado. Irina volvió a golpear la valla moviendola a un lado de la fuerza que estaba ejerciendo, si podía tirarla lo iba a intentar. ¿Qué le estaba pasando? ¿Y si era cierto que Drakkar estaba por allí? ¿Porque aún con ese miedo de que podía capturarla en ese mismo momento se negaba a irse?

Agachó la cabeza y apretó la mandíbula al ver como clavaba ahora el cuchillo en la mano de Einar clavándola a su vez al suelo, dejándolo inmóvil de la parte de arriba. Al oír las palabras con esa dulce voz que indicaban el final de la partida, alzó la cabeza para luego negar mientras tomaba la decisión de intervenir de una vez por todas. Escuchó la voz del brujo que le impedía de nuevo hacer algo, pero la desesperación al ver como estrangulaba a Sørensen hizo que actuara sin pensar. - ¡¡¡NOOO!!! ¡Levántate! ¡Haz algo Einar! ¡¡¡Lucha!!! -intentó darle apoyo de esa forma pero pronto vio como iba perdiendo las fuerzas y agudizó su oído comprobando como sus latidos se volvían más lentos y pausados.

Sintió un empujón contra la valla y después como no podía moverse ni un centímetro, el brujo se había encargado de pararla pero dejando que viera como la vida del lobo se apagaba sin ella poder hacer nada. Por primera vez se sintió culpable, no quería que muriera. Lo había escogido porque sabía que ganaría y necesitaba que ganara. Aunque él jamás lo entendiera. Pero después de eso seguiría con su vida, ahora ésta se iba poco a poco.

Sus latidos apenas podía escucharlos y los presentes gritaron al comprobar que la estúpida bruja parecía haber ganado. Para entonces volvió a retomar el control de su cuerpo y se aferró a la valla como si le fuera todo en ello. Mirando con los ojos bien abiertos a Sørensen en el suelo con total acceso de la niña para poder terminar de una vez por todas.

Le devolvió la última mirada antes de que cerrara el ojo que no estaba herido y entonces sintió como su cuerpo se tensaba y el terror la invadía de pies a cabeza. Aún se negaba a creerlo, pero cuando la niña apartó sus manos del cuello de Einar, éste no se movió. Agudizó aún más el oído... Y no escuchó nada. Volvió a negar con la cabeza mientras no podía quitarle el ojo de encima. La bruja volvió a acercarse dando saltitos y riendo. - Tengo otro mensaje para ti. Nunca podrás escapar, pero hiciste una buena elección. Está orgulloso de ti. -

"Orgulloso" se le revolvió el estómago. ¿Como iba a sentirse...? Sabía que iba a ir y que escogería a alguien que luchara por ella. Poco a poco fue atando cabos y sintiéndose imbécil, pero como siempre su creador iba un paso por delante de ella. Con la muerte de Einar, moría toda esperanza y por lo tanto, toda libertad; además de otros sentimientos que no sabía bien explicar ya que era la primera vez que los estaba sintiendo. Sentía un leve temblor en las manos que ocultaba por supuesto para que no lo notaran. Sabía cubrir ese tipo de debilidades sin problema.

Pese a todo siguió mirando al otro lado de la valla, haciendo que la voz de la niña sonara de fondo mientras fijaba su vista en lo único que podía mirar en ese momento.





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