29/07 ¡Atención, atención! La limpieza por inactividad se realizará a partir de las 22:00 horas en adelante del día 31 de julio. ¡Aprovechad los últimos momentos!


06/06 ¡Atención, atención!¡El Staff os ha preparado una sorpresilla curiosa! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo! Seguimos perpetrando maldades...


01/05 ¡Atención, atención! ¡El Staff os ha preparado una nueva Trama Global! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo y apuntaros, adoradísimos habitantes del submundo! Las maldades vuelven a comenzar...


30/04 Aun con cierto retraso, el Staff de FdA no se olvida de sus queridos users <3 Así que por San Valentín os hemos preparado una cosita muy especial. ¡No perdáis tiempo y pasaos por aquí!


29/03 Estimados habitantes del submundo. La limpieza de este mes se hará el día 31 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


26/02 Estimados habitantes del submundo. Atendiendo al hecho de que febrero no tiene treinta días, la limpieza de este mes se hará el día 02 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


37 # 34
15
NEFILIMS
7
CONSEJO
10
HUMANOS
7
LICÁNTRO.
10
VAMPIROS
12
BRUJOS
3
HADAS
7
DEMONIOS
1
FANTASMAS

Con cada combate te haces más fuerte.~Einar Sorensen~

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Recuerdo del primer mensaje :

Con cada combate te haces más fuerte.
→ Viernes → Medianoche → Bar nocturno  → Frío

Oh sí, el pasado duele. Pero puedes huir de él o aprender de él.

Toda una vida bajo las órdenes de un solo hombre que controlaba su vida. Por fin logró escapar dejando atrás un pasado doloroso que había marcado quién y como era ahora. Pero hasta este momento, Irina había tenido que hacer muchas cosas que no le habían gustado. Su creador aprovechó que tenía a una niña huérfana e inocente en sus manos para hacerla a su imagen y semejanza. La inocencia de la pelirroja de ojos azules le hacía creer que aquel hombre sentía afecto hacia ella y por eso había decidido hacerse cargo de su educación.

Pero conforme fue creciendo empezó a ver que cada cosa que le daba, se lo ganaba ella misma haciendo favores y trabajos para el que era en toda regla su jodido amo. La pelirroja era letal y fría, hacía sus encargos sin preguntas; porque realmente en ese momento sabía que le convenía más estar en la ignorancia. Drakkar tenía un odio profundo hacia los licántropos y por ello mandaba a Irina a eliminar a cualquiera que pudiera estar molestandole. Aquel día recibió información de un hombre de unos treinta años. Había trabajado para los mismos que la pelirroja pero al parecer ya no les estaba siendo útil.

Drakkar puso especial interés en recalcar que sería un lobo en unos días y no podía llegar a pasar. Si lo eliminaba era uno menos de ellos correteando por ahí. Cogió las fotos y las miró; tenía familia. Su nueva condición le torturaría de por vida después de haber creado una familia. Sintió lástima por unos segundos pero luego acabó pensando que era un completo idiota. Tenía órdenes y ese día sería el último que respirara, iba a darle caza.

Entró a la habitación donde estaban todas las armas que podía utilizar y fue directa a la pistola con balas de plata. Era eficaz y rápido, aunque tenía pensado jugar un poquito antes del gran final. Cogió algunas dagas y un látigo. Guardó el arma en su cartuchera y el látigo y las dagas en el cinturón que llevaba a la cintura. Se acomodó su larga melena roja y miró una vez más las fotos de Sorensen antes de salir en su búsqueda...

***
Observó la escena desde lo alto del edificio. Apenas había tenido que agudizar el oído y el olfato para dar con su objetivo; aunque tenía muy claro como irrumpir en su ahora monótona vida.... Sabía que algo estaba pasando. Había luna llena y estaba ante un licano recién convertido, que no sabía controlarse. Escuchó los gritos pero no hizo nada, simplemente observó. De haber intervenido tampoco habría podido impedirlo pero en ese momento observar la escena fue todo lo que hizo. Volvió a ella el sentimiento de lástima, pero en el fondo sabía que tarde o temprano ocurriría. Sabía bien que los seres como ella o como él no podían tener familia. Ella pensaba que la tenía pero tras los años había visto que no era así. Su creador no era su familia, solo la utilizaba a su antojo. Entrecerró los ojos mientras imaginaba como se sentiría cuando volviera a su estado humano pero ella ya no estaría ahí para verlo. Con un movimiento rápido desapareció entre la oscuridad dejando sin cumplir su misión porque sabía que sería un castigo peor el vivir dia tras dia después de lo sucedido aquella noche...

***
Su larga melena roja caía sobre su espalda mientras un vestido negro estilizaba su figura. Pese a que estaban en invierno eso era todo lo que llevaba. Movió los dedos de los pies recordando lo mucho que le gustaba sentir la nieve bajo ellos cuando podía; pero hasta dentro de un tiempo no volvería a tener esa suerte. Aquella noche iba a ser especial, después de unos años iba a encontrarse con alguien que pese a que no la conocía; ella si sabía todo sobre él. Tras ese día donde estaba segura que había dejado un traumatizado hombre, ella había seguido sus pasos sin saber muy bien porque. Quizá porque aunque no lo supiera le había perdonado la vida y en ese momento de haberle matado hasta se lo había agradecido.

Quizá porque ambos aunque por distintos caminos, habían estado haciendo el mismo trabajo; cada cual a su manera por supuesto. Los métodos de Irina siempre eran poco ortodoxos. Cogió el pintalabios rojo y lo pasó despacio para remarcar sus carnosos labios que daban un gran contraste con sus ojos azules y su pelo rojizo.

Necesitaba beber algo, no estaba sedienta pero no le vendría nada mal...

Sabía donde encontrarle aquella noche y fue directa. Entró a un bar nocturno donde sabía que podía encontrar lo que buscaba y se acercó a la barra mirando con disimulo a su alrededor...





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Con cada combate te haces más fuerte
-Feroés… Feroeeeés… -
Una sonrisa asoma a mis labios mientras la inconfundible voz de Anna acaricia mi mente - Hmmmm… – respondo a su llamada sin retirar la sonrisa, mientras noto la dulce caricia de sus cálidas manos sombre mi rostro, recorriendo la parte izquierda de este, con todo el amor y el cariño que me procesa mi esposa - ¿Por qué lloras, cariño?, ¿Tanto te duele? - la preocupación que denota el tono de su voz hace que no pueda dejar de sentir ese agradable calor que produce la sensación de sentirse amado y amar, pues ella es el centro de mi vida, mi guía, la luz que ilumina mi camino. - Cuéntame mi Einar amado, ¿qué le preocupa a mi feroés? - su pregunta, cargada de una sincera preocupación, hace que todo mi cuerpo tiemble, que mis ojos se abran buscando aquellas joyas del color de las auroras boreales, aquel verde que tanto me gusta. Tragando saliva, sintiendo la necesidad de abrirme finalmente a ella, de explicarle lo que me pasa, lo que me atormenta, consigo abrir la boca para responderle.






Finalmente, tras sincerarme con mi Anna, no puedo evitar romper a llorar presa del dolor que su muerte, su pérdida me produce - Lo sé mi amor, sé que me echas mucho de menos. - escucho su voz mientras noto cómo me acuna la cabeza entre sus brazos antes de depositar un tierno y agradable beso en mis labios - Te quiero Einar, siempre lo he hecho y siempre lo haré. Por eso no puedo permitir que te rindas, igual que nuestra pequeña no quiere que su padre sea infeliz. - me dice mientras no deja de acunar mi cabeza entre sus tiernas manos, como antaño, antes de que yo acabará con ella, con nuestro futuro, con nuestra vida juntos, haciendo que las lágrimas broten libremente en mis ojos - Lo siento… Ánya, lo siento… por ti y por Nadia – susurro casi inaudible - Mi dulce y pequeña hija… está viva, ¿Lo sabías mi amor? ¡Nuestra hija está viva! – le digo con un tono amargo, puesto que ahora que sé la verdad, no viviré para cuidar de ella como debería - No, esposo mío, no - comienza a decirme con una sonrisa en su rostro - Nadia está aquí conmigo, a mi lado. Pero tú no puedes verla… - me dice en un tono de compasión que me sorprende bastante - No… no entiendo… ¿qué dices? ¿qué está aquí? – le pregunto confundido con la extraña sensación de que noto el peso de mi hija encima mío y sus manos sujetando con fuerza mi cuello - ¡Ay Feroés!... Deberías hacer caso a la mujer de los cabellos de fuego - la sola mención de la vampiresa hace que abra los ojos por completo, encontrando el rosto divertido de mi esposa mirándome profundamente- ¿Esa zorra? – empiezo a decirle en tono cabreado por el simple hecho de pensar en la pelirroja, aunque mis palabras quedan cortadas por el estallido de risa de Anna,  lo que hace que me vuelva a sentir como un auténtico idiota como siempre me pasaba cuando ella se burlaba de mí con toda la razón y me hacía darme cuenta de lo equivocado que estaba y lo estúpido que era - No te hagas el enfadado Einar, a mí no puedes mentirme. Vivo en tu interior y sé que te gusta, aunque aún no seas capaz de verlo, pero ya lo harás… - las palabras de Anna hacen que las lágrimas abandonen mi rostro y que una sensación desagradable comience a apoderarse de mi - Estás equivocada mi Luz del Norte, solo te puedo amar a ti. Y nuestra hija está aquí haciéndome pagar por mis crímenes – le dijo con certeza, sabiendo que es lo que realmente está pasando, aunque un asomo de duda comienza a formarse en mi cabeza.

- Einar, escúchame, mi amor. La mujer lleva rato gritándotelo, diciéndotelo, pero no le haces caso… ella tiene razón, esa no es Nadia, no es tu hija, te está mintiendo, y te está apartando de nosotras. Si mueres, morirermos las dos definitivamente, no puedes morir cariño mío, debes vivir, debes luchar como siempre hacías, luchar, resistir y ganar para regresar a casa. No puedes perder hoy, no puedes permitir que caigamos en el olvido. Recuerdas qué significa el nombre de nuestra pequeña ¿Einar? - su pregunta consigue que frunza el ceño unos momentos y deje aparcado el comentario sobre la vampiresa - Claro… lo elegimos entre los dos. Esperanza, significa esperanza, pues en ella recaía nuestros deseos de un futuro mejor para lo dos, sin violencia, libres de vivir sin las ataduras de la mafía, un futuro mejor para nosotros tres – le digo rememorando aquella conversación en la que decidimos cual sería el nombre de nuestro retoño - ¿Y crees que hay Esperanza en la muerte? ¿Crees que tu hija desea matar a su padre? A un padre que cuidaba de ella, que le contaba historias, que la llevaba a pasear, que jugaba con ella, que le cantaba nanas y que se quedaba con ella en su cama hasta que se quedaba dormida, ¿realmente crees que tú hija te haría todo esto? - me dice con la misma voz que siempre usaba para hacerme comprender que lo había entendido mal, haciendo que el dolor agudo del brazo, la cara, la mano y los pulmones por la falta de oxígeno me golpeen con fuerza de nuevo - No… ella no lo haría… – le respondo comenzando a comprender la verdad, a darme cuenta de lo cegado que he estado y de lo estúpido que he sido permitiendo que me engañaran de esa manera - ”Y que te hayas dejado matar con tanta facilidad, sin luchar, como un perro sin esperanza. Solo los perros mueren apaleados sin defenderse. ¡Los lobos mueren luchando!” –  me recrimino, siendo ahora totalmente consciente de mi grave error - Eso es cariño mío, eso es… Ella te quiere, yo te quiero, y ambas no podemos permitir que mueras. Me hiciste jurar que si te pasaba algo yo encontraría a otra persona que me hiciera feliz. Y yo te hice prometer lo mismo ¿recuerdas? - asiento como respuesta a su pregunta, pues es cierto que siempre le pedía que siguiera su vida en caso de que yo muriera por causa de mis trabajos con los mafiosos rusos, y es cierto que ella me hizo prometerle lo mismo, una promesa que me he visto incapaz de cumplir por mis sentimientos hacia ella - Pues haz caso a la guapa pelirroja, se preocupa por ti tanto como lo hago yo. Lucha por nosotras, hazlo Einar, hazlo mi Feroés… - la sonrisa que veo en su rostro tras ese comentario me sorprende, pues no creo que Volkova sienta el más mínimo aprecio por mi persona, o por alguien en general - Pero… – intento ponerle objeciones a sus palabra, de explicarle que no puedo hacer nada, que mi cuerpo ya no me obedece que mis pulmones no pueden intercambiar aire y que mi corazón a penas es capaz de enviar ya sangre a mi entumecido cerebro - Sabes lo que tienes que hacer… lo sabes… y no tengas miedo… no me da miedo, ya no. Siempre me gustaron los perros.

La escucho hablarme por última vez, obsequiándome con una dulce sonrisa antes de depositar otro beso, antes de que nuestros labios se vuelvan a unir, de que nuestras lenguas se rocen suavemente en un último beso cargado de esperanza y de promesas no expresadas.


El dolor acude a mi con violencia, con fuerza, haciéndome desear abrazar la muerte que tan cerca se encuentra de mi, obligando a que mi corazón se acelere, a que deje ese casi inexistente latido para recuperar el ritmo gracias a la adrenalina generada por el dolor y la transformación. Al momento, mi cuerpo adquiere la forma del lobo, del animal salvaje que está dispuesto a todo para acabar con sus enemigos, para ofrecer sus víctimas a la luna, para elevarse triunfal como su aullido a la inmensidad del cielo nocturno.

Con un rápido y no menos doloroso movimiento, arranco literalmente mi pata izquierda del puñal que la retiene contra el suelo, rasgando mucha menos carne, hueso y piel ahora que estoy en la forma animal, logrando así liberarme y sintiendo acallar los gritos de victoria de los allí reunidos. Aguantando el dolor, cerrando las mandíbulas con fuerza, me aparto del maldito puñal, para volver a pasar a mi forma humana, tosiendo con fuerza mientras recupero el aliento que tanto rato me ha faltado, sintiendo como el ardor de mis pulmones se acrecenta igual que lo hace mi determinación a terminar con la bruja ahora que ya sé que no es mi hija - ”Debiste haber mantenido tus manos más tiempo en mi cuello, bruja… debiste asegurarte que estaba muerto antes de liberar mi cuello y mi mente de tu poder… ahora vas a pagarlo caro… muy, muy caro” – pienso enfurecido, sintiendo como el placer de lo que voy a hacerle me inunda poco a poco.  

El grito de rabia de la bruja, ahora que se ha dado cuenta de que no estoy muerto, se eleva por encima de los de sorpresa de todos los presentes. No hace falta que la mire para escucharla acercarse corriendo, seguramente intentando recuperar su preciosa daga, algo que no conseguirá, pues en cuanto calculo por el sonido de sus pisadas, que se encuentra relativamente cerca de mi, uso mis piernas a modo de resortes para lanzarme hacia ella, utilizando mi cabeza a modo de ariete, golpeándola con todas mis fuerzas, sin necesidad de usar mis manos o brazos, derribándola al suelo entre un grito de dolor por su parte. Aprovechando el momento, siendo consciente de las graves limitaciones que ahora mismo tengo, uso mi brazo izquierdo para ayudarme a levantarme con toda la rapidez de la que soy capaz, aguantando con las mandíbulas bien prietas el grito de dolor que pugna por salir de mi garganta, consiguiendo ponerme de pie, antes de que ella logre reaccionar, pues mi inesperado golpe la ha dejado confusa el tiempo que necesito para pisar sus brazos con mis pies.

Con una sonrisa rayana a la locura, una sonrisa salvaje, de perversa satisfacción miro a mi presa desde arriba, controlando sus inútiles intentos de soltar sus brazos, de liberarse de mi - Åh... Så synd!… ¿no puedes mover tus manitas pequeña? ¿no puedes hacer tu magia sin ella? Oh… que pena más grande – le hablo sarcástico, mientras coloco mi mano izquierda por encima de su cara, dejando que la abundante sangre que emana de la herida de mi mano caiga directamente sobre su cara, asegurándome de que le entre en la boca cuando intenta abrirla para respirar, sintiendo como la sensación de victoria, de poder sobre ella me embriaga - ¿No querías mi sangre? ¡Pruébala! – le exijo mientras me agacho sin dejar de pisar sus manos con fuerza, haciéndola gritar, llenado su boca con mi sangre mientras lo intenta.

Seguidamente, vuelvo a incorporarme, lanzando una mirada llena de rabia, de odio con mi único ojo abierto a todos los allí reunidos, buscando a Volkova con ella, esbozando una sonrisa a pesar del dolor que se refleja en mi rostro - ¡Tú serás la siguiente! – le grito con la voz tomada por el dolor, antes de levantar mi pie derecho y descargarlo con furia sobre el cuello de la bruja, sintiendo ceder la resistencia de su tráquea al quedar aplastada, reventada por la fuerza de mi pisotón, justo antes de que el sonido de sus vertebras cervicales al quebrarse me indiquen que no podrá moverse.

Apartando mi vista de la pelirroja, me acuclillo al lado de la brujita, viendo cómo su rostro se congestiona ante la falta de aire, pues al tener la tráquea destrozada y sin poder mover las manos para usar su magia está condenada - ¿Qué pasa? ¿Ya no hablas? ¿No decías que estabas aburrida? ¿Qué querías irte a la cama? Pues ya puedes dormir, toooooda la eternidad. Nos veremos en el infierno Heks – le escupo a la cara tras hablarle, mirando como la vida se apaga de sus asustados ojos, quedándome a su lado hasta que sé que está completamente muerta.

Entonces, ignorando los gritos de alegría de los que apostaron por mi y de la voz de megafonía anunciando que tienen a un nuevo campeón en la arena, vuelvo a levantarme, ahora tambaleándome ante la bajada de la adrenalina que me ha mantenido alerta hasta este momento, dirigiendo mi mirada de nuevo hacia Irina - Cumple tu promesa – susurro mirándola, sabiendo que no hace falta que le llegue mi extenuada voz para que sepa lo que le acabo de decir, antes de comenzar a caminar, renqueante, dejando un claro rastro de sangre hacia mi celda, dejándome caer contra los barrotes en cuanto me adentro en ella, cerrando los ojos por fin, sabiendo que la lucha, la tortura ha terminado por hoy, permitiéndome descansar, dejar que mi cuerpo empiece a regenerarse, a pesar de saber que las heridas de mi mano y rostro no curarán por sí solas.


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Oh sí, el pasado duele. Pero puedes huir de él o aprender de él.

No podía creer que hubiera terminado todo. ¿Así había perdido la única esperanza que tenía de acabar con su creador? Había escogido bien, lo sabía. Lo tuvo claro desde el momento que escuchó su apellido de nuevo. Y aunque jamás lo entendería, en el fondo le interesaba tanto como a ella que su creador desapareciera. Aquella jugarreta la había sacado de quicio y los segundos que estuvo sin poder moverse fueron suficientes para darse cuenta de que no podía controlar al cien por cien, como era su intención.

Si caía en manos de su creador, no podría defenderse ante sus poderes. Ella era apenas una vampiresa joven, mientras que su creador era lo que llamaban de los antiguos. Había aprendido mucho de él, por supuesto. Gracias a eso estaba consiguiendo mantenerse lejos. Dio un último vistazo al cuerpo de Einar, tirado en el suelo, sin indicios de que fuera a levantarse. Aunque durante unos segundos entrecerró sus ojos casi imaginando que se pondría de pie de un momento a otro. - Puedes decirle que se vaya al infierno. -le dijo a la bruja para que le diera el mensaje a Drakkar. Quién conociéndolo no se enfadará lo más mínimo ante esa frase, sino todo lo contrario.

- Siempre fuiste un desperdicio. Pero él tiene algo más que fuerte que obsesión por ti. Nunca podrás escapar; a no ser que él quiera y para cuando se aburra, no podrás evitarlo. -rió de forma amarga y miró a la pelirroja- Deberías saber que ya sabía a quién elegirías y por eso mismo, has perdido. Sigues siendo igual de predecible... -puso los ojos en blanco.

Siseó al escuchar la molesta voz del brujo que irrumpía en su cabeza provocandole un gran peso en el estómago. No quería volver, no quería estar atrapada en ese castillo, ni estar observada a cada minuto. Jamás podría entender porque su creador se aferraba tanto a ella cuando los últimos años solo le había demostrado lo mucho que lo despreciaba. Un ligero recuerdo le vino a la memoria al volver a mirar a la niña solo que esta vez veía una niñita pelirroja y de grandes ojos verdes y una actitud tímida. Iba de la mano del hombre que supuesta mente la había salvado, o eso creía ella en ese momento. Le miró de reojo mientras pensaba lo mucho que lo admiraba, había ido a salvarla sin conocerla de nadie. La sensación de tristeza o pena se hacía algo más llevadera al ver que no estaba sola... Con los años fue viendo el monstruo que tenía al lado, quién la dominaba y vigilaba. Quién tenía una insana obsesión y le prohibía todo lo que bajo su criterio no le pareciera bien.

Negó con la cabeza alejando la idea de volver a todo eso, alejando sus imágenes de cuando era niña y se sentía afortunada por primera vez. Con esa sensación de tranquilidad, que con los años fue cambiando e inquietandola cada vez más. Justo cuando iba a buscar una salida antes de que los brujos usaran sus poderes contra ella e intentaran llevarla contra su voluntad... Las voces de los allí presentes gritaban al ver como el lobo volvía a respirar, a moverse y por fin, a liberarse de la daga que lo retenía; ya que su otro brazo seguía sin ser de utilidad.

Por eso sin ser consciente en su rostro se formó una sonrisa triunfal al ver como atrapaba a la niña, usando su forma lupina. La cual veía por primera vez de cerca; casi tan atractiva como la humana, aunque estaba segunda obviamente le gustaba mucho más para otras cosas. Se acercó de nuevo a la valla y la agarró con sus manos mirando de cerca la escena con un brillo en sus ojos. Había conseguido engañarla a ella también, o quizá había aceptado demasiado rápido la derrota. Aunque lo segundo solía ser poco probable. Sintió curiosidad por si lo había planeado todo, pero el dolor que había sentido minutos atrás no había sido falso. Ella misma también lo había sentido y lo odiaba por ello. Estaba cerrada a cualquier sentimiento hacia cualquiera precisamente para no pasar jamás por algo por lo que Sørensen se culparía el resto de sus días.

- Eso es, acepta lo que eres... -susurró para si misma.

Ahora su sonrisa se tornó más maliciosa y macabra justo al escuchar el crujido del cuello de la bruja, dejándola así indefensa y a la espera de una muerte que podía ser lenta y dolorosa pero esta vez sería rápida, pese a todo una muerte rápida era un regalo en esas circunstancias. Aún así Sørensen seguía otorgándole un favor. - ¡¡¡Esperaré ansiosa mi turno!!! -le gritó para que la oyera con claridad ante su amenaza, que lejos de asustarla la excitó más de lo que le gustaría admitir. Mordió su labio inferior mirándole de arriba abajo, para después ver como ganaba. Caminó hasta su celda y asintió con una sonrisa triunfal en sus labios. - Siempre cumplo lo que prometo. -mintió. Después de ese día la intención de la pelirroja era que sus caminos no volvieran a cruzarse.

Se giró al notar a alguien a su espalda pero sin separarse de la celda de Sørensen cogiendo un pedazo de papel que el brujo le tendía. -  Sino me matas tú, lo hará él y sinceramente prefiero que sea mi señor quién me arrebate el último aliento. -tras decir eso se dio media vuelta y se alejó desapareciendo entre el gentío. Leyó el papel con la información que necesitaba y luego se giró hacia Einar, sino fuera porque lo habría traido contra su voluntad y amenazado le hubiera gustado compartir ese triunfo con él.

Se dirigió hacia la celda central para entrar y sacar de ahí a Einar. Se agachó a su lado y llevó sus manos a ambos lados de su rostro. - Tenemos que irnos. -dijo con voz cantarina. Al ver como se quejaba frunció el ceño y la obligó a mirarla con el ojo que no soltaba sangre sin parar. - Eres un estúpido. ¿Ibas a dejarte ganas por un truco tan falso como una ilusión? -molesta acabó por darle un guantazo que espabiló un poco al lobo.

Pasó el brazo de Sørensen por su hombro y tiró para que se levantara. - Vas a tener que colaborar un poquito princesa. -le soltó sarcástica pese a lo urgente de la situación. El como había dejado que la bruja casi lo matara no era algo que no quisiera echarle en cara pero ahora no era el momento y al menos con la torta de antes le había dejado claro que estaba enfadada y decepcionada.

Vio como el líder de todo aquello mandaba a sus hombres hacia donde estaban ellos y sabía perfectamente que no dejarían que Einar se fuera de ahí jamás. No después de haber ganado, y más teniendo en cuenta que había destacado por encima de muchos que habían pasado por la arena. - Maldita sea Sørensen. -dijo antes de echar a correr tirando de él para que la siguiera antes de que se desmayara. Que intuía no faltaría mucho por lo torpe de sus pasos y movimientos. - Aguanta un poco más. -le ordenó.

Notó como alguien la cogía del hombro y antes de reaccionar vio a la bruja del bar que le indicaba con la cabeza que la siguiera. Los demonios que iban a por ellos parecían haberse quedado congelados y sin mirar atrás avanzó sujetando aún a Einar y siguiendo a la bruja que corría más de lo que ella podía en ese momento. - Irina... por aquí. -hizo una pausa ante la sorpresa de la vampiresa y explicó brevemente. - ¿Crees que iba a perderme el espectáculo? -dijo refiriéndose al brujo de antes. No obstante la pelirroja asintió con la cabeza y no se molestó ni en preguntar, le daba igual. Pero su ayuda les vendría bien. La culpabilidad por haber sido quién le administraba el sedante al lobo era demasiado grande, por eso estaba ahí.

La bruja se puso al otro lado ayudando a cargar con Einar que finalmente parecía haber sucumbido al sueño ya que pese a los movimientos de la vampiresa, ya no reaccionaba. - No van a dejarle irse por las buenas, han ganado mucho dinero esta noche gracias a él. -informó a la pelirroja que mostró una sonrisa divertida.

Echó a andar hacia la salida guiados por la bruja mientras sacaba un arma y disparaba a quiénes estaban a punto de alcanzarlos. Entonces perdió el equilibrio cayendo al suelo pero gracias a sus rápidos reflejos consiguió acertarle en la cabeza y alcanzarlos de nuevo. - Salir de aquí, yo los entretendré. ¿Conoces mi cabaña? Llévale ahí, estará a salvo. -le indicó ya que ahí también estaba sus pertenencias, entre ellas una moto que cuando despertara le gustaría ver y paliaria un poco su enfado.

Antes de que la chica pudiera contestar se dio media vuelta mientras se acercaba a dos que les estaban pisando los talones, enfrentándose a ellos y recibiendo un inesperado navajazo en el costado. Soltó un leve gruñido al notar el escozor de la herida y luchó con ellos hasta poder tenerlos a tiro. Antes de que pudieran rodearla corrió hacia los subterráneos, por donde sabía que había una salida que no se usaba apenas, excepto ella que la mantenía en secreto. Llevó su diestra al costado apretando para taponar así la salida de la sangre y dio salto para bajar y correr lo más rápido que podía alejándose de allí.

Casi cuando podía sentir el olor del bosque y la tierra bajos sus pies, la sorprendió otro vampiro dándole un golpe seco y haciendo que cayera de espaldas. Intentó quitárselo de encima pero recibió un par de golpes antes, en uno de ellos notó como su labio inferior se partía y antes de que pudiera volver a moverse el vampiro se desplomó encima suya. Se movió para quitarlo de encima y ponerse en pie. A los lejos vio la silueta del brujo y abrió los labios para preguntarle porque la había ayudado. - No me perdonaría si se enterara que he dejado que te atrapen... Ahora lárgate. -obedeciendo y deseando salir de allí volvió a correr sin mirar atrás.

Tenía lo que quería, la información con la ubicación de donde estaba Drakkar y a quién podía contactar que estaba dispuesto a ayudarla y por lo tanto, a traicionar a su creador. Pensó en Einar, sabiendo que estaría bien. Por su parte, no volvería a ponerse en su camino; pero al menos sabía que seguía vivo. Con el tiempo quizá su enfado se apaciguaría, y sino, ella no estaría para verlo.






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Con cada combate te haces más fuerte

Se supone que lo he logrado, que he ganado este maldito juego de dementes, este espectáculo para seres realmente despreciables, y que debería sentirme realmente contento, alegre por ello, exultante por haber superado mis límites y haberme coronado como el gran luchador de la noche. Pero no me siento para nada así, tengo el cuerpo tan dolorido como jamás antes en mi vida, pero no es el dolor físico lo que me importa, puesto que me regeneraré como tantas otras veces desde que me convertí en lo que soy, lo que realmente me atormenta ahora mismo, lo que no puedo dejar de darle vueltas es al dolor psicológico que me ha llegado a provocar la maldita bruja, pues la certeza de haber sido manipulado con tanta facilidad por una desconocida, que supo atacarme en el lugar más débil que poseo y que supiera cosas que nadie, salvo los cuatro nephilims que me encontraron conocen, me ha tocado en lo más profundo de mi ser. Ahora mismo me siento como si hubiera sido violado mentalmente, con la sensación de que han profanado aquellas cosas más íntimas de mi memoria y esta sensación está más presente en mi cabeza, que el constante y agudo dolor que emana sobretodo de los cortes provocados por esa jodida daga bañada en plata.

Así, derrotado por la extenuación, el dolor, la pérdida de sangre y la sensación agridulce de esta victoria, me siento incapaz de hacer nada más que permitir que el dulce y reparador sueño se vaya apoderando lentamente de todo mi ser, sin importarme siquiera la certeza de que moriré desangrado si alguien no consigue detener las hemorragias de mi rostro y mano - ”Qué irónico… morir desangrado por culpa de una vampiresa que es incapaz de beberse tu sangre porque le sentaría faltal…, es realmente ridículo…” –  pienso burlón antes de que la consciencia empiece a abandonarme definitivamente.

Pero parece que algo está emperrado en no dejar que descanse, que el dulce olvido del sueño, y seguramente de una muerte que me llegará durante la inconsciencia, no me van a ser concedidos todavía, ya que justo cuando la inconsciencia está a punto de apoderarse definitivamente de mi, el frío se se apodera de mis mejillas, haciendo que ésa sensación helada sobre mi piel me espabile momentáneamente, provocando que un débil murmullo de protesta por no dejarme dormir surja de mis labios, mientras algo intenta obligarme a mirar y una voz, harto conocida por mi ya a estas alturas, me insulta y me trata de idiota por permitir manipularme. Sé que debería reaccionar, que es la vampiresa quien me está impidiendo descansar, pero el agotamiento y sobretodo la bruma que cubre ya mis pensamientos se imponen a cualquier otra sensación o pensamiento, haciendo que mantenga mis ojos cerrados y mi cuerpo relajado contra los barrotes.

El tortazo que recibo segundos después, y que resuena en el interior de mi cabeza durante unos momentos, provoca que un gruñido de fastidio surja de mi garganta al tiempo que, ahora sí, habrá el ojo que puedo, molesto, con la extraña sensación de que debería encontrarme con la mirada enfadada y severa de mi maldito padre por no haberme levantado cuando él me ha llamado, como acostumbraba a pasar casi cada día. Sin embargo me parece ver el rostro de la zorra que me ha metido en este infierno mirándome con cara de enfado - ”¡Qué hija de puta!... ¿ahora se pone a mi alcance?” – pienso, mientras lucho de nuevo por mantenerme despierto, centrándome en mi odio y rabia hacia ella para conseguirlo.

- ”¿Pero qué cojones…?” – me pregunto mentalmente al ver cómo ella pasa el brazo que creía me había destrozado la bruja, pero que ahora sé que no había sido más que otro de sus controles mentales sobre mi,  por encima de sus hombros y me obliga a levantarme del suelo, una acción que me pilla de tal sorpresa que no sé como reaccionar ni mucho menos a qué se debe. - ”¿Colaborar para qué? Y encima…¡¿Princesa?!, ¡la cabrona me ha llamado princesa!” – me digo mientras noto como la rabia hace que me espabile un poco más y que le responda con un gruñido de enfado, comenzando a mover mis pies, caminando en la dirección que ella me indica, sintiendo el mareo que me produce estar otra vez de pie, seguramente producido por la bajada de tensión que acompaña a la abundante pérdida de sangre.

Realmente las intenciones de la pelirroja y su reacción actual, o quizás mi estado de aturdimiento creciente, me provocan una evidente confusión, pues me obliga a iniciar una carrera imposible de seguir en mi estado actual, mientras me llama por mi apellido, algo que no entiendo puesto que yo no se lo dije pero que supongo será porque ha estado mirando mi cartera con la documentación - ”Estás fatal macho… ¿es que ya no recuerdas que te enseñó la foto? ¡Claro que sabe tu apellido!, estás peor de lo que piensas amigo…” – pienso mientras lucho por mantener el paso de la mujer, algo que me cuesta horrores, aunque momentos después frena en seco, cosa que agradezco enormemente, puesto que noto que ya no puedo más, que el sueño es demasiado fuerte y mis piernas ni tan siquiera son capaces de sostenerme ni un segundo más.

El eco de otra voz femenina llega a mis oídos, segundos antes de que note como mi otro brazo, el que va dejando un rastro de sangre por dónde pasamos, sea colocado encima de otros hombros, comenzando a ser llevado casi por dos personas, mientras voy arrastrando mis pies, sabiendo que ahora ya no es necesario que camine, solo que me deje llevar, que permita que me conduzcan a donde quieran mientras yo descanso, mientras dejo que el sueño por fin gane la batalla y todo quede a oscuras y en silencio.



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