29/07 ¡Atención, atención! La limpieza por inactividad se realizará a partir de las 22:00 horas en adelante del día 31 de julio. ¡Aprovechad los últimos momentos!


06/06 ¡Atención, atención!¡El Staff os ha preparado una sorpresilla curiosa! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo! Seguimos perpetrando maldades...


01/05 ¡Atención, atención! ¡El Staff os ha preparado una nueva Trama Global! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo y apuntaros, adoradísimos habitantes del submundo! Las maldades vuelven a comenzar...


30/04 Aun con cierto retraso, el Staff de FdA no se olvida de sus queridos users <3 Así que por San Valentín os hemos preparado una cosita muy especial. ¡No perdáis tiempo y pasaos por aquí!


29/03 Estimados habitantes del submundo. La limpieza de este mes se hará el día 31 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


26/02 Estimados habitantes del submundo. Atendiendo al hecho de que febrero no tiene treinta días, la limpieza de este mes se hará el día 02 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


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Tierra en el bolso y ojos en la nuca [Abigail O'Sullivan ]

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Tierra en el bolso y ojos en la nuca
Sábado → Mañana → Mercadillo, Brooklyn  → Clima templado
Aunque no tuviera problemas de dinero ni los hubiera tenido nunca, Catherine adorado todo lo que implicase un descuento. Tanto las ofertas en la compra de la comida o el famoso 2x1 en paquetes de servilletas como en tratamientos de belleza de sus centros conocidos, pues jamás pondría en peligro su cuerpo poniéndose en manos de personas que podría no saber lo que estaban haciendo. La cuestión es que se sentía llena de vida visitando mercadillos de segunda mano y descubriendo pequeñas gangas con las que decoraba su casa, mucho más heteróclita de lo que empezó siendo cuando se mudó sola por primera vez.  Cuando llevó a casa la pequeña estatua de un oso panda de lo que parecía ser porcelana fina no pensó en las consecuencias que aquello tendría.

Un mes después alguien irrumpió en su casa, y al no encontrar lo que buscaba lo dejó todo manga por hombro. Catherine se había llevado la pequeña estatuilla consigo en el bolso para dársela a su hermana, y pensó que el descontrol que encontró en su casa era un intento de robo. No se habrían llevado nada porque los vecinos había llamado a la policía a tiempo, se dijo Volvió  a casa con la pequeña estatua aún envuelta. Había olvidado que la tenía en el bolso.

Aquella mañana estaba recorriendo de nuevo uno de sus mercadillos de objetos de segunda mano, aunque también los había nuevos a precios sospechosamente bajos, quizás por alguna tara, el cierre de tiendas o, finjamos que no, por robos. Había quedado más tarde con su hermana pero pasar por  allí se le hizo irresistible. Esta vez sí que se la entregaría. Acabó frente al puesto donde había comprado el regalo para Winter a ver lo que tendrían aquel día. Sintió una mirada clavada en su nuca. Fue una sensación desagradable y rara. Miró a su alrededor.


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Tierra en el bolso y ojos en la nuca
 SÁBADO → MAÑANA → MERCADILLO, BROOKLYN  → CLIMA TEMPLADO
Ocultó un bostezo con un gesto de su mano. Apoyado contra uno de las paredes de las casas circunstantes, bajo la protección de una sombra, observó con curiosidad a los que eran los mundanos caminando como si nada en aquel mercadillo de cosas usadas y viejas. Sabía que probablemente alguien, sin saberlo, vendería algo que no debía ser vendido así sin más, pero que ante su inocencia, pensaban hacer algo bueno. Después de todo era cosa de conseguir un dinero de más para poder cumplir pequeños caprichos.

Él, si bien habría podido vagar por entre los estantes, curiosear, tenía que admitir que le gustaba estar allí, observando simplemente, sin llamar demasiado la atención, como si pudiese de todas formas. Estaba más que seguro que ningún mundano normal y corriente lograría verle, y si lo hacían, significaba que estaban más relacionados a lo oculto de lo que se podrían imaginar o, en su defecto, se trataban de subterráneos. No que tuviese algo en contra de ellos, pero... Sí era cierto, y estaba seguro, que más de uno tenía oscuras intenciones y siquiera frenarían ante él, porque... Al fin y al cabo no era más que un Nefilim del montón.

Pero volviendo a lo que nos concierne. ¿Qué mejor forma que meterse en problemas que comprando algo que uno no debe? O simplemente llamar la atención de algún ser escondido por el poder que pequeños objetos podían desprender. Su misión había sido la de asegurarse que nada malo estuviese sucediendo por la ciudad y él, por cuenta propia, había llegado a la conclusión que ir allí, a ese pequeño mercado... Era la forma más fácil y rápida de encontrar aquellos que se escapaban de los acuerdos en plena luz del día.

Y fue en ese preciso instante también que notó un destello de entre las sombras, alguna entidad que los últimos días le había parecido que estaba buscando algo... Cierto... Como en aquella ocasión que había llegado demasiado tarde y ya había rebuscado en un apartamiento cualquiera... ¿Estaría siguiendo a alguien en concreto? Y fue allí que sus ojos se fijaron en una muchacha de rubios cabellos, totalmente quieta, observando a su alrededor... ¿Ella? Algo en la oscuridad se removió, aparecieron un par de llamativos ojos y al instante, un hombre salió de allí, alto, sorprendentemente delgado, y con un olor a hada que bien sabía distinguir, probablemente porque él era en parte uno de ellos también.

Se movió también, rápido, sacando su estela de entre sus bolsillos y, arremangándose una manga, la pasó por la runa que le hacía invisible a ojos humanos, volviendo a ser visto por ellos, menos sus tatuajes. Se mezcló entre la multitud, avanzó con rapidez hacia ella y, fingiendo estar entretenido con algo, chocó contra ella, segundos antes de que el hada se acercase demasiado. La sujetó de la cintura para no hacerla caer y se posicionó ante ella y el subterráneo. Lo miró por encima del hombro, dirigiéndole una amenazante mirada.

Su advertencia, muda, estaba clara "atacar a una mundana va en contra de los acuerdos" y sabía bien que él lo entendería, que vería lo que los demás mundanos sin visión eran incapaces de ver: sus runas. Volvió su atención a la muchacha que tenía en frente, obsequiándole una apenada sonrisa— ¡Ah! No sabe cuanto lo lamento... ¿Está usted bien, señorita? —Y no estaba mintiendo: realmente le apenaba haber tenido que golpear contra ella, aunque fuese para asegurarse de que todo estaría bien— no estaba prestando atención a donde iba... —Y solo cuando se aseguró que estaría firme en el suelo la soltó, retrocediendo un paso, notando como el subterráneo se alejaba.
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Tierra en el bolso y ojos en la nuca
Sábado → Mañana → Mercadillo, Brooklyn  → Clima templado
Se dijo que era solo una sensación lúgubre causada por su imaginación, que estaba más viva que de costumbre por culpa de una película de miedo que había visto la noche antes. Una en la que una joven alta y rubia, no muy distinta a ella o a la mayoría de protagonistas pavas de películas de terror que casualmente solían tener el cabello claro y una cara bonita, huía de una acosador que le iba dejando notas y regalos de lo más escalofriantes ante la puerta de su casa, o incluso dentro de la misma. El problema es que ella de pava no tenía nada, y pese a dedicarse a una profesión tan frívola, sabía que aquel solo era un medio para un fin, unos años de entretenimiento

Continuó observando el puesto que tenía ante sí, repleto de cosas que llaman su atención. Había algunas cajas de metal que parecían antiguas y la hicieron olvidar demasiado pronto lo que había sentido. El sentido común hace que veamos seguridad cuando no la hay, y el de Catherine estaba actuando para protegerla de conocimientos para los que quizás no estaba preparada. Incluso ahora que ya empezaba a saber del mundo de las sombras su cerebro parecía gritar: “NO HAY NADA EXTRAÑO”.

Iba a agacharse para coger una de las cajas que el tendero había dejado sin cuidado sobre una tela manchada y llena de baratijas cuando sintió que alguien se movía cerca. Un joven alto, delgado y de rasgos delicados se había chocado contra ella. Catherine sintió que se iba a caer y estiró las manos, como para evitar el impacto, pero ese no llegó.  El joven la sujetó por la cintura. La rubia miró a su alrededor, estando en Nueva York uno sabe que este tipo de encuentros inesperados pueden ser fruto de la torpeza o un intento de robo. Apretó contra sí el bolso. Ahora mismo, más que el dinero, le importaba que no le quitasen la figurita. Le pareció ver que el chico miraba a otro que había allí, como si se conociesen.

La forma de hablar del chico y la elegancia de su ropa la hicieron ver que no intentaba birlarle el móvil o la cartera. Se relajó un poco y le sonrió suavemente cuando él se disculpó. Le llamaron la atención sus modales, que le hablara de usted. —No pasa nada, al menos no me he caído sobre el puesto.—miró de reojo la tela sobre el suelo, con tantos objetos encima de la misma.Y algunos de ellos afilados, aquello podría haber acabado mal. El chico la soltó y ella colocó los pies con cuidado sobre el suelo, como si pensara que podría aparecer otra persona que la golpearía de nuevo. —¿Algún objeto del mercadillo te tiene cautivado?—preguntó colocando de nuevo el bolso sobre su hombro, bien agarrado. La cháchara era algo que le salía solo desde niña. Cuántas veces la había echado de clase por no callarse. Pero solo en las asignaturas que no le interesaban de verdad.


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