31/12 ¡Último día del año, queridos habitantes del submundo! El Staff de Facilis Descensus Averni os desea una magnífica entrada de año y que os sucedan más cosas buenas que malas. ¡FELIZ 2019!


02/12 ¡Atención, atención! ¡Aquí os dejamos las noticias recién salidas del horno! ¡Pasaos cuanto antes para echar un ojo! Seguimos perpetrando maldades...


29/07 ¡Atención, atención! La limpieza por inactividad se realizará a partir de las 22:00 horas en adelante del 31 de julio. ¡Aprovechad los últimos momentos!


06/06 ¡Atención, atención! ¡El Staff os ha preparado una nueva sorpresilla curiosa! ¡Pasaos cuanto antes para echar un ojo! Seguimos perpetrando maldades...


01/05 ¡Atención, usuario! ¡El Staff os ha preparado una nueva Trama Global! ¡Pasaos cuanto antes para echar un ojo y apuntaros, adoradísimos habitantes del submundo! Las maldades vuelven a comenzar...


33 # 35
16
NEFILIMS
6
CONSEJO
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HUMANOS
10
LICÁNTRO.
11
VAMPIROS
11
BRUJOS
6
HADAS
3
DEMONIOS
1
FANTASMAS

Si pudieses elegir... ¿volverías a hacer lo mismo? [Amelia Silverbow]

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→ Jueves → 18:09 → Biblioteca del Instituto  → Cálido
La biblioteca siempre había sido un refugio para Uriah, desde que tenía uso de razón.

No sólo porque ahí podía esconderse del sacerdote que le había maltratado durante tantísimos años, sino porque siempre había encontrado un lugar seguro entre las páginas de los libros que se guardaban entre sus paredes. De alguna forma habían sido la vía de escape para una infancia llena de sufrimiento, tanto físico como mental, y le permitían olvidar durante algunas horas que era un niño huérfano al que nadie quería y que sólo servía como saco de boxeo para un hombre frustrado por haber tenido que dedicar su vida a un dios en el que ni siquiera creía, en el fondo.

Desde la muerte de su tío no la había pisado, a pesar de que la paz le había inundado siempre que atravesaba sus puertas, por un motivo que aún no alcanzaba a comprender. Quizás no quería intoxicar el único lugar de recuerdos puros que tenía con su malestar emocional, mucho más pronunciado y acuciante que cuando había sido un niño pequeño, y reservarlo sólo para cuando consiguiese salir de ese boquete en el que se había introducido al quedarse solo. O quizás algo en su interior sólo estaba esperando  a que algo le empujase de nuevo a entrar en contacto con esa parte de su pasado que le había transformado en un robot sin emociones que se había desintegrado tras el fallecimiento de Mario.

Ahora estaba sentado en el suelo, sumido en la lectura de Moby Dick sin estarlo realmente, mientras su cabeza repasaba los acontecimientos que le habían hecho volver a querer refugiarse donde estaba en esos momentos. La noche anterior se había topado, de patrulla, con un joven vampiro que parecía huir de un demonio; Uriah le había asestado un golpe mortal al engendro de Edom sin haberse centrado en el hijo de la noche en absoluto, hasta que una voz lejanamente familiar, como el ulular del viento o el olor de los árboles, le trajo a recuerdos muy recónditos de su memoria.

¿Uriah? Eres... ¿eres tú?

Nunca había esperado encontrarse con uno de sus compañeros del orfanato en la vida, una vez que hubo atravesado sus puertas de mano de su tío hacia una existencia completamente diferente a la que había llevado con anterioridad. Nunca. Y verse cara a cara con Gino fue todo un shock para él; tan tremendo que tardó varios segundos en reaccionar. Ni siquiera se había planteado si podría reconocer a alguno de los niños, ahora que habían crecido tantísimo, pero Gino debía de haber sido transformado increíblemente joven, quizás con diecisiete o dieciocho años, y su rostro se dividía entre el crío que había vivido con él y el hombre en el que nunca se transformaría.

Gino...

¿Eres tú, verdad? ¿Eres tú? ¡¡Eres tú!! —No habían sido amigos, pero les había unido algo mucho más fuerte, como era el dolor. El joven se lanzó a abrazarle, apretando su helado cuerpo contra él con la fuerza propia de su gente—. No pensé... Nunca... Estás... —De pronto algo pareció hacer clic en la cabeza del muchacho, que se separó de él corriendo, pero sin abrir mucha distancia entre ambos—. Eres un nefilim.

Lo soy.

Gino había parpadeado, confuso, antes de volver a abrazarle, y Uriah se había visto rodeando el cuerpo del chico que nunca crecería casi con cariño, con anhelo, con nostalgia. Le había echado de menos, como a todos los niños del orfanato, y ni siquiera había sido capaz de recordar ese sentimiento hasta que le había visto de nuevo. Tras eso habían estado juntos hasta el alba, paseando por la ciudad mientras él seguía con su guardia hasta la salida del sol, momento en que le había acompañado a un bloque de apartamentos tremendamente lujosos. Uriah no podía contarle demasiado de su vida, salvo la muerte de su tío, pero Gino le puso al día de todo lo que había sucedido: cómo el sacerdote había muerto horriblemente, cómo había perdido la pista de todo el mundo... y cómo había terminado en la calle siendo prostituto hasta que un vampiro rico le había recogido para tenerle junto a él.

Me transformó hace años y desde entonces le acompaño a todas partes. Hoy había salido yo solo porque él tenía asuntos que atender y... bueno, me has salvado la vida. —Su sonrisa había brillado más que el sol. Antaño se habría horrorizado por saber que su antiguo conocido era homosexual, pero el Uriah de ahora sólo se quedó mirando el horizonte con sus ojos oscuros antes de preguntar lo único que nunca habría hecho antes.

¿Eres feliz ahora?

Sí, mucho. Nos queremos. Tenemos de todo y estamos bien. Aunque con todo esto de la guerra... Sin embargo todo se solucionará, lo sé. —Su rostro parecía brillante, a pesar de lo blanquecino que era. Siempre había sido un chico optimista, a pesar de todo lo que le había sucedido, y ahora tenía todo lo que siempre había soñado. Uriah le envidió con toda su alma—. ¿Y tú? ¿Eres feliz siendo nefilim? — Sobre todo cuando le devolvió la pregunta y se dio cuenta de que no sabía qué responder.

Yo... No lo sé.

Y aún seguía dándole vueltas al asunto, mientras intentaba leer sin demasiado éxito. Aún así, no cejaba ni se marchaba de allí. El silencio que le rodeaba se le hacía familiar, benigno, y le tranquilizaba, amansaba sus inquietudes y sus dudas. Sí, realmente había necesitado dejar pasar un tiempo desde la muerte de su tío, y había necesitado recobrar parte de su antiguo yo para necesitar esconderse allí para pensar. Todavía, a pesar de todo, tenía mucho en lo que pensar.



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Uriah Pellegrino
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→ Jueves → 18:09 Hrs → Biblioteca del Instituto → Cálido


Un día cálido, despejado, justo la clase de día perfecto para estar fuera y tomar un paseo, disfrutar de la brisa y de los rayos del sol en la piel, eso era lo ideal para días como estos, incluso el Instituto estaba tranquilo. Desde lo sucedido en el Time Square el lugar se había sumido en una espera expectante, se podía palpar el nerviosismo en todos, dentro y fuera del santuario, pero el tiempo había pasado sin grandes cambios; Los mundanos habían aislado la zona afectada y las patrullas Nefilim se habían duplicado, cierto, pero tarde o temprano todo se convirtió en rutina y las aguas se calmaron, al igual que los nervios. Y las personas que habían estado hasta el cuello de trabajo desde el día 0 ahora habían agotado todos los caminos, todas las pistas, ahora nos encontrábamos a la espera.

Así que aquí estaba yo, con la cabeza escondida entre las paginas de los libros a pesar del buen tiempo que hacía, había terminado todos los reportes que se me asignaron desde hace tiempo por lo que volqué mi atención a estudiar todo lo que pudiera sobre los demonios que se habían visto en el ataque, tal vez hubiera algo de utilidad en aquellos viejos libros, algo que hubiéramos pasado por alto antes, cualquier cosa podría ser la diferencia entre la vida y la muerte en el combate.

Cuando me di cuenta, la mayor parte del día se había esfumado, por lo que decidí dejar el estudio por hoy. Cerré el libro y alce la vista, viendo mi alrededor, me encontraba en el rincón mas lejano y escondido de la biblioteca, pues era aquí donde se encontraban los tomos menos utilizados, al mi alrededor se había formado una especie de muro de libros, los cuales seguramente me cubrían por completo, por lo que si alguien hubiera pasado por ahí no se habría percatado de mi presencia. Una vez que el sol ilumino de nuevo mis ojos, estos resintieron el cansancio, como si se dieran cuenta apenas del tiempo gastado en la lectura. Con mi diestra masajee la parte superior de mi nariz mientras utilizaba la mano libre para sacar el móvil de su bolsillo; 0 llamadas y mensajes nuevos, lo ultimo que había recibido era un texto de Julyette, la cual me había preguntado a medio día si iba a llegar a casa para la comida.

Me levante lentamente, estirando mi cuerpo todo lo posible, sintiendo como los músculos se desentumecían y se preparaban para seguir cumpliendo su función. Tal vez iría a la cocina a buscar algo que comer, aunque mis esperanzas de encontrar algo bueno eran pocas, lo mas probable es que terminara regresando al departamento, seguramente habrán sobras de la comida que mi pequeña “hermana” hizo a medio día. Baje las escaleras del segundo piso de la biblioteca, sumida en mis pensamientos, sin percatarme de la presencia extra hasta estar casi frente a esta. Cuando me di cuenta, abrí los ojos bastante al darme cuenta de quien se trataba – Uriah, vaya, tengo tiempo sin verte en persona – Me quede ahí de pie, cerca de él, en este momento daba una imagen totalmente diferente a la que había dado cuando nos habíamos conocido, m alegraba el que tuviera alguna otra afición que no fuera entrenar como robot - ¿Cómo has estado?





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Amelia Silverbow
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Cuando por fin pudo centrarse en ello, la lectura le atrapó de una forma que no era capaz de explicar, porque aún no tenía un control ni un conocimiento demasiado extenso sobre sus propias emociones. Simplemente le hacía transportarse a sitios que no podría visitar, encontrarse con personas que no podría conocer y la mayoría del tiempo le hacía sentirse como lo que no era: como una persona normal. Incluso cuando escogía libros de fantasía o de ciencia ficción, Uriah sentía igualmente que se trataba de un mundano cualquiera, mago o no, pero que tenía libertad para escoger sus propias acciones y que al final terminaba recorriendo el camino que quería. Él no había podido escoger, en realidad, se había dicho, cuando había empezado a reflexionar tras el encuentro con Gino. Mario le había sacado del orfanato porque era nefilim, su sobrino, y él mismo había entendido con un verdadero fanatismo que era su deber por ser escogido por Dios y por Raziel. Pero entre las páginas de los libros... era otra persona. Era libre. Y eso le gustaba.

Tan absorto había estado en su lectura que no se percató de la presencia de otra persona hasta que la suave voz femenina le interpeló. Al alzar el rostro se encontró con la mirada afable de Amelia, y se encontró irguiéndose frente a ella mientras asentía con la cabeza. Aunque no tenía muy claro cómo expresarlo, lo cierto era que se alegraba mucho de verla. Habían pasado muchos meses sin toparse, y Uriah había temido que le hubiese sucedido algo, o que simplemente, se hubiese cansado de él. La idea del abandono le aterrorizaba más que cualquier otra cosa, aunque fuese por parte de una persona que apenas conocía. Pero con su ofrecimiento había despertado dentro del joven nefilim un enorme sentimiento de gratitud hacia ella que le hacía preocuparse por su bienestar, e incluso respetarla por la sabiduría que había demostrado tener en su encuentro. Dejó el cordón rojizo del libro marcando la página por la que se había quedado y lo cerró, puesto que era consciente de que continuar leyendo delante de otra persona que se había acercado a saludarte era de mala educación.

Amelia, buenas tardes. —Se sintió aturrullado y algo estúpido por los nervios. ¿Notaría ella que había cambiado? Al menos se sentía lo suficientemente diferente como para incluso percibirlo él mismo. Incluso los demás habían empezado a percibirlo como alguien distinto, alguien... tratable, y habían empezado a acercarse a él. Le resultaba todo muy raro, pero al mismo tiempo reconfortante—. Bueno... Supongo... Supongo que... mejor. —Tamborileó la tapa del libro con los dedos mientras su mirada iba de aquí hacia allá—. Ya... Ya no es todo... dolor y oscuridad. Pero sigo estando muy confuso... —aquello fue más un susurro mientras fruncía el ceño antes de que sus ojos volviesen a posarse sobre ella—. ¿Y tú? ¿Cómo has estado? No te he visto mucho por el Instituto.

No le expresó sus temores con respecto a ella porque le pareció inapropiado, y aguardó a que le contase lo que quería. La voz de Amelia siempre sonaba suave, como un sedante, y le tranquilizó rápidamente, como la última vez. Le parecía increíble que alguien pudiese ser tan paciente, tan amable con alguien como él, que se había mostrado tan brusco y desagradable la primera vez que se habían encontrado.


Última edición por Uriah Pellegrino el Sáb Ene 26, 2019 7:42 pm, editado 1 vez



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Ciertamente había algo diferente en el chico frente a mi y aunque no sabría explicar exactamente el que era, podía notarlo. Lo sentía mas abierto, sus palabras duras y rechazantes habían desaparecido por completo para dar paso a la conversación, cosa que me hizo dibujar una pequeña sonrisa. Si soy sincera, los últimos meses había tenido demasiadas cosas en la cabeza y una de ellas era un pequeño sentimiento de culpa hacia el moreno, pues entre tanto papeleo y patrullas no había tomado un momento para buscarlo, para ver como se encontraba y darle a saber que estaba ahí, dispuesta a cumplir mi promesa, el ver que el chico había avanzado y evolucionado por su propia cuenta ayudaba a desaparecer ese capullo de culpa en mi pecho.

- Oh, bueno, yo tampoco te he visto mucho en el Instituto, cosa curiosa si tomamos en cuenta que las ultimas semanas he estado mas tiempo en este lugar que en mi propio departamento – Cosa que era totalmente cierta, desde lo sucedido aquella noche fatídica mis días se habían esfumado dentro de estas paredes sagradas, incluso había pasado algunas noches en una de las tantas habitaciones del lugar, dejando a July sola en el departamento – Pero me la he pasado con la cabeza escondida en un pequeño escritorio que logre adueñarme, así que no te culpo por no haberme visto en ningún momento.

Tome una pausa, separando mis palabras, la verdad es que no tenia mucho sentido en entrar a detalles si el chico no me lo pedía ya que la mayor parte del tiempo me había dedicado a llenar reportes de las patrullas de los demás Nefilims y pasarlos en limpio al director del Instituto, aunque claro, no todo había sido papeleo, otras cosas con mayor importancia habían ocurrido como la llegada de mi "hermana menor" de Paris, mi extraño reencuentro con Christopher y el problema que había tenido con mi mejor amiga, así como el hecho de que tome a Aiden como aprendiz.

Poníendolo de esa forma, puede que si habían cosa que contar.

- Ha sido un poco cansado, para todos, no solo para mi. De cierta forma me alegra que las cosas se estén calmando un poco, necesitábamos un respiro. Aunque la calma siempre precede a la tormenta así que, bueno, no estoy muy segura - Negué con la cabeza ligeramente, no tenía sentido volver nuestro reencuentro en algo lleno de temas deprimentes y preocupantes, por lo menos no de buenas a primeras. Había tiempo perdido entre los dos, un tiempo que me gustaría recuperar -  Pero dime ¿Que haz hecho en estas semanas que no te he visto? Ciertamente te ves cambiado ¿Puedo saber por que?






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Por las noches patrullo —aclaró— y durante el día lo cierto es que estoy en mi habitación...

Que se estuviese relacionándose mejor con el resto de nefilims del Instituto no quería decir en absoluto que hubiese conseguido hacer amigos, o algo parecido. Lo cierto era que la sola idea le aterraba, porque no se le ocurría una maldita cosa al respecto de cómo actuar o proceder. ¿Cómo se suponía que la gente hacía amistades en ese mundo? Él sólo se limitaba a existir, a ser el mismo -o a intentarlo, con los retazos que estaba uniendo de su propia personalidad-, y más allá ni se le ocurría cómo proceder. ¿Había que hacer algo especial o con lo que él hacía era suficiente? Le resultaba tan confuso...

Miró a Amelia mientras ella le explicaba que se había pasado todo ese tiempo entre papeles, lo que le extrañó, porque, que él supiese, ese tipo de trabajo no era para los nefilims cazadores, sino para gente de más rango o más nivel. ¿Habría ascendido? De ser así, ¿tenía que felicitarla? Pero si no lo sabía, ¿cómo iba a hacerlo? Parpadeó un par de veces, prefiriendo tranquilizarse y dejar que las cosas rodasen solas hacia la dirección que tuviesen que tomar, porque si no podía terminar volviéndose completamente loco.

¿Has estado... redactando informes y esas cosas? —terminó preguntando al decidir que quizás lo correcto era, al menos, informarse.

Frunció los labios antes de asentir a las palabras de su congénere.

No podemos relajarnos. No sabemos cuándo podrá suceder algo de nuevo...

Entonces su pregunta le pilló desprevenido, y Uriah apretó inconscientemente el libro que tenía entre los dedos. Por qué era una buena pregunta a hacerse. Lo cierto era que tampoco lo tenía demasiado claro el mismo. Quizás la idea de que alguien estuviese dispuesto a ocuparse de él, hasta cierto punto, le había insuflado un cierto valor. O a lo mejor había sido simple y llanamente porque no había tenido más remedio. Se había encontrado a sí mismo teniendo que hablar con los demás, teniendo que mantener conversaciones con compañeros para poder avanzar en las patrullas y en los casos que les habían asignado, y tampoco es que tuviese muchas más opciones a parte de, simplemente, empezar a relacionarse. A lo mejor eso había hecho que su carácter imposible se hubiese ido relajando lo suficiente.

También pensó en su encuentro con Winter. En cómo la percepción que había tenido de su propio mundo se había tambaleado ligeramente al escuchar la vehemencia con la que ella defendía que los hijos de Raziel miraban al resto con desprecio, con desdén, y les trataban como si no fuesen más que basura. En ese momento si le hubiesen preguntado si era feliz siendo nefilim, quizás habría respondido otra cosa, porque recordaba haber pensado que ejercía su profesión con mucho orgullo. Pero, ¿ahora por qué dudaba? ¿Acaso su cambio a nivel emocional y personal estaba haciendo tambalear sus convicciones? O a lo mejor habían sido las palabras de la propia mundana, que le habían permeado poco a poco hasta que habían tambaleado ligeramente los cimientos sobre los que se sustentaba su fe.

Frunció ligeramente el ceño antes de volver a centrarse en los ojos de Amelia, que le observaban con calidez y paciencia. Uriah envidió muchísimo su capacidad para mostrarse empática con los demás, cuando a él le costaba siquiera expresar sus propias emociones en voz alta, cuanto más comprenderlas para poder explicarlas. Para el resto no parecía especialmente complicado, o al menos era la impresión que le daba. A lo mejor todo el mundo tenía esa turbulencia interna que le hacía añorar a veces la capacidad para mantenerse estable que había tenido en el pasado, si bien no echaba de menos el aislarse de ellas. Sólo quería aprender a ponerle orden a sus propios sentimientos, nada más. No pedía tanto... ¿verdad?

En realidad no lo... No lo sé. Sólo... Supongo que he seguido caminando por mi cuenta. Los ánimos que me diste me ayudaron, desde luego, porque saber que le importaba al menos a una persona... siempre hace. Supongo... —Se sentía muy estúpido, como un niño al que la profesora le había pedido que le explicase la lección. Y es que para Uriah, Amelia era un referente en esos momentos, y la admiraba lo suficiente como para tenerla en esa estima. Se había interesado por él cuando nadie más lo había hecho, dispuesta a recogerlo en su ala. ¿Cómo no hacerlo?— . Y también he ido hablando con otras personas, relacionándome. —Volvió a fruncir el ceño—. Conocí a... alguien —decir que era una mundana no era lo mejor, probablemente—, a una mujer muy rara que me hizo plantearme muchas cosas, también, y supongo que eso también ha tenido algo que ver. Lo cierto es que no lo sé, Amelia. Todos estos cambios son muy confusos para mí, así que intento no centrarme en el motivo, sino dejarme llevar y ya está.



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