29/07 ¡Atención, atención! La limpieza por inactividad se realizará a partir de las 22:00 horas en adelante del día 31 de julio. ¡Aprovechad los últimos momentos!


06/06 ¡Atención, atención!¡El Staff os ha preparado una sorpresilla curiosa! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo! Seguimos perpetrando maldades...


01/05 ¡Atención, atención! ¡El Staff os ha preparado una nueva Trama Global! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo y apuntaros, adoradísimos habitantes del submundo! Las maldades vuelven a comenzar...


30/04 Aun con cierto retraso, el Staff de FdA no se olvida de sus queridos users <3 Así que por San Valentín os hemos preparado una cosita muy especial. ¡No perdáis tiempo y pasaos por aquí!


29/03 Estimados habitantes del submundo. La limpieza de este mes se hará el día 31 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


26/02 Estimados habitantes del submundo. Atendiendo al hecho de que febrero no tiene treinta días, la limpieza de este mes se hará el día 02 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


37 # 34
15
NEFILIMS
7
CONSEJO
10
HUMANOS
7
LICÁNTRO.
10
VAMPIROS
12
BRUJOS
3
HADAS
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Don't hate the player, hate the game || Lillwelyn Cynwrig

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14:00 → Instituto de Nueva York  → Templado

La molestia era tal que sentía como si le hubiesen golpeado la cabeza con un obelisco. Dudaba que las runas surtieran algún efecto si las empleaba para sentirse mejor, no después del uso compulsivo que le había dado a las marcas de vigilia y precisión. No había sido un método muy ortodoxo para presentarse al llamado del deber, pero se había quedado sin opciones en la medida en que el insomnio le ganaba la batalla noche tras noche; no solo había estado causándole un agotamiento considerable si no que, para colmo, su ya de por si humor punzante se había vuelto mas hostil con el transcurso de los días.

No tenía noticias de su hermano desde hacia semanas, lo cual era bastante extraño, a fin de cuentas eran parabatai. Claro que Owen no era la persona mas platicadora del mundo, pero al menos le contaba cuando algo sucedía, por lo tanto aquel mutismo le tenia preocupado y exageradamente alerta ¿Que podia estar sucediéndole para que no le dijese nada?

Avanzó a traves de los oscuros pasillos de la catedral con una cara que no le despertaba a nadie el deseo de ofrecerle los buenos días, sintiéndose como envuelto en un caparazón de piedra y adamas plagado de historias de las que el no formaba parte y le inquietaban, haciendole sentir como un forastero. Los nefilims iban y venían desde todas direcciones, exuberantes, preocupados, nerviosos o alertas; todos esperando algo, aguardando el sonido del cuerno de guerra, pero ninguno parecía tan irritado como Alexei.

Llamó a la puerta del despacho y tras una invitación escueta entró en la habitación. Maryse Lightwood le observó con expresión severa y el atlántico atrapado en su gélida mirada que no admitía replicas. Quien pudiese intimidarse ante la presencia de Robert, era porque aun no había cruzado camino con la directora del instituto de Nueva York, incluso el era consciente de que cualquier acción realizada deliberadamente que le ofendiese era un completo suicidio, pero el estaba totalmente dispuesto a alegar en aquella situación por mucho que a la cazadora de sombras le disgustara su negativa. Había pedido especialmente encargarse de aquella misión, llevaba días dandole vueltas al asunto y de buenas a primeras, se había topado con la noticia de que la tarea no se le había encomendado a el, bueno, al menos no solo a el.

–No intento juzgar tu intuición, pero se que puedo encargarme de esto yo solo. No necesito a nadie mas para realizar un interrogatorio Maryse, llevo siguiéndole el rastro a este subterráneo desde hace días así que soy perfectamente capaz de valerme...– Se explayó en mil y un razones y habló empleando la labia de un habilidoso diplomático, pero ni eso logró que a la directora le temblase el pulso y le ordenara que se limitara a acatar las ordenes que se le habían encomendado.

Alexei hizo caso a la voz de su conciencia y abandonó la oficina con diligencia para buscar a su acompañante, exactamente como se le había indicado y como el no tenia ganas de hacer ¿Para qué quería el un acompañante? ¿¡Para qué necesitaba el un acompañante!? Tonterías… Recorrió por una eternidad los oscuros pasillos de la catedral gótica eludiendo a cualquiera que se cruzara en su camino y finalmente se detuvo cuando le vio. Fue casi sin querer, puesto que la atención de la Escocesa parecía puesta en otra cosa, o al menos eso creía Alexei –Señorita Fairscale, nos volvemos a ver– Pese a la formalidad empleada pronunció su nombre como una acusación, llevandose las manos a la espalda y dedicándole una mirada soez. Si bien no era demasiado bueno para medir su carácter, últimamente tampoco lo estaba siendo para limar asperezas del pasado...



Última edición por Alexei Ravenwolf el Jue Jun 21, 2018 5:26 am, editado 1 vez
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Cuando Maryse Lightwood le dijo, tras convocarla a su despacho, que iba a tener que acompañar a Alexei Ravenwolf en una misión particular para que no fuese solo, Lillwelyn pidió a todas las deidades que conocía que le otorgasen paciencia extra para poder soportarlo, y tras emitir un prolongado suspiro de hastío, le preguntó cuáles eran los pormenores de lo que les esperaba en aquella tarde de abril.

Desde su regreso a New York, tras ser nombrada miembro del Consejo, su días se habían sucedido fatigosamente entre papeles y funciones administrativas propias del rango que había aceptado. Las primeras semanas había recibido ayuda para ponerse al mismo ritmo que los demás, pero después de varias sesiones había conseguido absorber todo lo necesario, si bien se había mostrado amable y cortés cada vez que alguien se había acercado a echarle una mano a pesar de que no lo necesitaba. Era lo suficientemente inteligente y trabajadora como para solventar cualquier otra cosa, por lo que pronto pudo desenvolverse con relativa facilidad en todo lo que se suponía que debía desempeñar.

Sin embargo, echaba de menos el trabajo de campo. No vivía en un drama perpetuo, pensando que no había nacido para ese tipo de responsabilidades y que lo suyo era la lucha directa, pero lo cierto era que después de haberse pasado toda la vida con la espada en la mano, sustituirla por la pluma se le estaba haciendo más difícil de lo que estaba dispuesta a admitir. A veces incluso se arrepentía, pero cuando veía el rostro de su padre al otro lado de las diferentes reuniones, claramente disgustado porque se mostrase tan abiertamente en su contra en cada discusión, le ayudaba a recordar el motivo por el que había accedido a tomar ese cargo, y por qué no estaba dispuesta a dejar que nada la sobrepasase. Ella había vivido siempre por y para la Clave, por y para ser cazadora de sombras, y sabía que al final terminaría normalizando todo para permanecer a donde había llegado por sus propios méritos. Sólo para poder cambiar las cosas. Sólo para demostrarle a su padre que él no tenía razón.

Pero cuando la directora del Instituto le había llamado para informarle que tenía un trabajo que asignarle se había alegrado más de lo que le habría gustado reconocer, y había acudido a su despacho con cierto optimismo, feliz por ese cambio de aires. No era sensato no disponer de todos los efectivos con los que contaban, que eran más bien pocos desde la revelación de Sebastian en Times Square. Hasta que había escuchado, por supuesto, el nombre del nefilim con el que tenía que ir. Y no era como si tuviese algo en su contra -de hecho, Lillwelyn no tenía nada en contra de mucha gente que la rodeaba, fuesen como fuesen, pero le conocía desde que era joven, ya que ambos habían vivido casi siempre en Idris, y lo que sabía de él no iba a hacer que la situación fuese fácil ni bonita.

Y no porque él no fuese eficiente. Alexei era un tipo increíblemente hábil, increíblemente preparado e increíblemente inteligente. Quien negase aquello mentía vilmente, pero lo cierto era que tenía una personalidad espantosa cuando quería, y aunque ella se consideraba una persona indudablemente paciente -cualidad por la que la habían elegido, según Maryse-, tampoco se podía decir que fuese un plan soñado. Tendría que hacer de tripas corazón, mantenerse estoica, como hacía con todo lo que no le gustaba o con lo que no estaba de acuerdo, y mantenerse caminando hacia delante como había hecho toda la vida.

Afortunadamente había ido preparada al Instituto, no como cuando se había encontrado con Alam, que iba de civil, y las armas y las runas le quemaban en el cuerpo, como la primera vez que había partido a hacer una misión fuera de su casa, siendo completamente consciente de su peso contra las caderas, sobre la piel, y de la estela guardada en uno de los compartimentos de su chaqueta. Llevaba el pelo apretado en un moño, para su comodidad, y se movía casi felinamente por los pasillos de la iglesia, buscando el punto donde supuestamente Alexei debía de darle el encuentro para partir hacia su cometido. Llegó antes que él, así que aguardó, respirando profundamente para controlar sus constantes vitales, haciendo ejercicios mentales para mantenerse ágil y despierta antes de la batalla, como le había enseñado su padre.  

Le oyó acercarse, a pesar de todo, y Lillwelyn frunció el ceño al escucharle hablar, pero en seguida mantuvo la compostura. Si se dejase llevar por cada vez que alguien hiciese algo que pudiese resultar irritante o molesto se pasaría la vida igual que su padre, y ese no iba a ser el caso, desde luego. Además, Ravenwolf era más que conocido por su habilidad especial para resultar increíblemente desagradable cuando le apetecía, y esas etapas solían coincidir cuando su parabatai no se encontraba cerca. De hecho, se preguntaba si Owen Ravenwolf estaría en Idris, porque le seguía parecía raro que Alexei se hubiese aventurado a venir a New York solo, sabiendo lo inseparables que eran. Se giró, subiendo sus enormes ojos azules hasta encontrarlos con los de él, manteniendo la misma expresión fría y desapasionada que la caracterizaba.

Sabes perfectamente que es Cynwrig ahora, Ravenwolf. —Le observó de pies a cabeza. Siempre con esa pose indolente y arrogante, como si el resto del mundo tuviese que darle las gracias por estar en su presencia. Lillwelyn suspiró. Ese tipo de actitud siempre le había resultado un tanto ridículo, pero no iba a ser ella quien intentase corregirlo. Si sus tutores no habían podido, ella no era la niñera de nadie para reñir a nadie—. Y sí, volvemos a vernos, aunque esta vez sea para algo menos formal que las reuniones del Consejo. —Le indicó con la mano que procediesen a caminar juntos en dirección a la salida—. La directora Lightwood ya me ha informado de la misión. ¿Tienes algún plan en mente al respecto de cómo podemos proceder? Supongo que controlas sus rutas, sus idas y venidas y lugares que frecuenta, así que estoy a tu total disposición en ese sentido. Estoy aquí para servirte de apoyo, así que tú dirás cómo vamos a proceder.

Lillwelyn era una persona increíblemente callada, salvo cuando se trataba de cuestiones de trabajo, momento en que su lado más analítico salía a la luz, así como su voz. Si se hubiesen encontrado en otro contexto no habría intercambiado más de las dos primeras frases con él, pero ahora iban de caza. Por dentro se sentía eufórica, con la adrenalina bulléndole a toda velocidad por las venas, viva, como siempre que tenía la perspectiva de recorrer la ciudad para llevar a cabo misiones. Nada que ver con el sopor que le invadía sentada tomando decisiones, o tras un escritorio firmando papeles. Como toda persona que llevaba la sangre de Raziel en sus venas, lo que le hacía brillar con luz propia era la cacería, la persecución, la lucha, donde, a pesar de lo metódico de sus movimientos se dejaba traslucir el helador fuego que llevaba dentro. El resto del tiempo era un pálido y cortés reflejo de sí misma, siempre atenta, siempre silenciosa, siempre distante y profesional.

Se giró para contemplar el rostro de su acompañante, esperando a que hablase, preparada para cualquier tipo de salida que pudiese tener, en realidad.


Última edición por Lillwelyn Cynwrig el Dom Jul 01, 2018 10:50 pm, editado 1 vez
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Una sonrisa criptica apareció de repente en el rostro del hombre, como si hubiese sido dejada allí por accidente. Algo de humor sí que tenía, un ligero toque de satisfacción al ver que su comentario no había pasado inadvertido y, aunque mínimamente, había provocado la reacción esperada en la otra nefilim  –Te pido que me disculpes. Lo cierto es que no lo recordaba...– Le miró a los ojos mientras hablaba, ojos como el gélido acero.  Alexei no supo decir si eran del todo azules o grises ante la tétrica escasez de luz del instituto, pero brillaban como le adamas y el mar nocturno, y de algún modo parecían resaltar la expresión inalterable de la rubia   –… Y no suelo reparar en asuntos que no me conciernen sobre otras personas–

Mentira, y un demonio. Mil y un millones de veces mentira.

En cuanto Alexei había visto su nombre figurando en el expediente de aquel caso, rememoró la docena de veces en que había llegado a la conclusión de que Lillwelyn Cynwrig era una amenaza inminente para el y cualquier cosa que significara su posición en el consejo. Por una razón que ni el se explicaba su imperturbabilidad le conmocionaba en toda ocasión que se veían y le ponía de los nervios que le resultara un enigma indescifrable, la gente así siempre le causaba esa sensación de extraña irritabilidad, porque a su niño interno no le gustaba no poder comprenderlo todo y definitivamente no comprendía en lo más mínimo a Lillwelyn. Encima, la última vez que coincidieron en una reunión del consejo no habían terminado en buenos términos, al menos desde el punto de vista del cazador de sombras, que vivía para hacerse las ideas que le diese la gana y aquella no iba a ser la excepción a la norma.

Estaba seguro de que no podía ser una coincidencia que la hubiesen asignado a ella también para aquella misión, que algo se traía entre manos, que pensaba arrebatarle la oportunidad de probar sus habilidades o entorpecerle de alguna manera... por lo que cuando le comunicó que ella estaba a su disposición y que pensaba secundarle, Alexei se quedó en blanco y lo que le sigue por lo que parecieron unos segundos eternos   –Ya que lo mencionas, sí. Estoy bastante seguro de que podemos encontrarle– contestó finalmente, removiéndose y dedicándole una mirada escéptica ante aquella nueva perspectiva ¿En serio era él quien decidiría? Hubiese mentido al decir que no le gustaba el hecho de seguir la estrategia que ya se había formado. Casi volvió a sonreír, casi, y cuando retomó el paso, destilaba una seguridad renovada que podía rozarse con los dedos   –Su nombre es Sean Bennett. Un brujo con cierta reputación del Bronx– hizo una mueca al pronunciar su nombre en voz alta; Resultaba curioso saber que no todos los brujos poseían nombres rimbombantes como Magnus Bane o Aldous Nix   –Tiene un historial bastante problemático, algo de magia negra a principios de década y un conflicto con varias Ifrits del distrito que le han acusado de emplear magia negra. Si es cierto, resulta excepcionalmente bueno para no dejar rastro, porque nunca se ha comprobado nada y sin embargo su fama de problemático le precede. No se había estado metiendo en problemas durante años, pero tras lo sucedido en el Time Square el sujeto ha aprovechado la situación como una pantalla de humo para regresar a las andadas– gradualmente había adquirido un aire más formal mientras hablaba, como siempre hacia cuando se trataba de trabajo–Un grupo de mundanos de una supuesta secta contrataron sus servicios para invocar a un demonio mayor y parece ser que la cosa no funcionó muy bien. He investigado, y sé que son meras especulaciones mías, pero todo coincide con el modus operandi del brujo y resulta demasiada casualidad que haya desaparecido del mapa justo después de aquel suceso. No hay pruebas suficientes para incriminarlo, por eso visitaremos a un antiguo colega suyo y si es listo tendrá que responder a la clave…–  Inconscientemente le miró como buscando alguna especie de reacción, sin dejar de avanzar por los solemnes corredores. Le bullía la sangre por las ansias de movilizarse y realmente esperaba que la cazadora no le pusiera pegas, pero no se podía apostar a que no lo hiciera.

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Sabía que mentía, pero lo dejó estar.

Lillwelyn era increíblemente buena analizando situaciones porque desde muy pequeña su padre había propiciado que su entrenamiento no sólo fuese físico, sino también mental. Su cabeza discurría rápido hacia millones de posibilidades, de puertas abiertas, encontraban los resquicios, las rendijas, y era capaz de tejer un entramado plan que se aprovechase de esas debilidades para conseguir el éxito. Por tanto leer a las personas también se le daba bastante bien, ya que por un lado, era esencial para la lucha, y por otro, porque una vez que aprendías a reparar en los detalles más mínimos de todo lo que te rodeaba, resultaba difícil ignorarlos en la gente que le rodeaba.

No era como si pudiese leer la mente de nadie, o como si no pudiese equivocarse. Incluso con la sangre de Raziel recorriéndole las venas era humana, después de todo, y como tal, había detalles que se le escapaban, e individuos mucho mejores que ella tanto sacando conclusiones como escondiendo sus propias emociones y pautas. El caso de Alexei, sin embargo, era desconcertantemente ambiguo. Por un lado conocía de sobra su mal temperamento, su soberbia y sus ganas de ser irritable, por lo que fue capaz de entender rápidamente que le había mentido descaradamente y que además ni siquiera tenía problemas en que ella se diese cuenta de ello, por cómo le había contestado. Lill ni se inmutó más allá de haberle corregido, desde luego. ¿Para qué esforzarse? Eso no haría más que animarle a continuar haciéndolo, amén de que pudiese desembocar en un mal ambiente, y por eso había cortado por lo sano dirigiendo la atención totalmente a la misión.

Ahí fue donde le sorprendió.

Una nunca podía llegar a saberlo todo de nadie. Lillwelyn era consciente que ni siquiera de su padre comprendía todo los entresijos que conformaban la complicada personalidad del anciano. Por supuesto, con su compañero sucedió lo mismo, y le costó no esbozar una amplia sonrisa al darse cuenta de lo que había conseguido simplemente con su cortesía profesional. Al principio se había mostrado un tanto escéptico, como había podido notar por el matiz de su voz, pero cuando había empezado a relatar toda la información que sabía sobre él le fue imposible no percibir la renovada seguridad con la que se movía y hablaba, como si de pronto fuese él quien controlase completamente la situación y estuviese contándole los detalles por pura cortesía. Como había hecho ella con él al decirle que estaba de apoyo. El mal humor con el que la había recibido desapareció, y Lill apretó los labios entre sí para no echarse a reír.

«Así que halagarle sirve para tenerlo contento... Bueno, nada extraño, como le pasa a la mayoría de los hombres, su vanidad es el origen de su caída.»

Lo anotó mentalmente para futuras referencias, misiones o encuentros y le atendió cortésmente sin dejar de caminar a su lado, tomando nota de todas las cosas que estaba diciendo. De nuevo los sucesos de Times Square. Aún le revolvía las entrañas no haber estado para ayudarles en ese momento, demasiado terca, demasiado orgullosa como para darle señales de vida al maldito viejo testarudo que era su padre, y Bastian había sufrido por ello. Pero no podía dejarse llevar por esas emociones en ese momento, así que lo dejó de lado, centrándose en la información. No parecía un trabajo demasiado complicado, pero no era tan ingenua como para suponer que iba a resultar como coser y cantar, porque los problemas podían salir de cualquier parte. Podían encontrar al amigo y que estuviese muerto, que no hablase, o que estuviesen esperando una actuación por la Clave y que resultase una emboscada. Podía ser que al llegar, aunque tuviese ganas de hablar, apareciesen para silenciarle, si tan importante era el mantener el paradero del brujo desconocido. O podían, simplemente, no encontrarle. Lillwelyn se llevó la mano al mentón mientras sopesaba todas esas posibilidades, frunciendo el ceño en el proceso.

Supongo que le has seleccionado porque es el contacto más fiable, o el único contacto que tiene en la ciudad, o al menos, el más fácil de encontrar, y que has corroborado que se encuentra aquí y que está vivo. —No pronunció todo aquello como si estuviese cuestionándole o provocándole; su voz sonó firme, clara, y pronunciaba cada palabra con una seguridad implacable. Al escucharla podías decir que estaba convencidísima de que Alexei había hecho cada una de esas cosas y que simplemente estaba descartándolas—. Bien, entonces te sigo, Ravenwolf. ¿Tienes algún vehículo o vamos a pie?

Una parte de sí misma, la que era algo curiosa, se preguntó por qué le habían pedido que fuese con él. Quizás Maryse había barajado las mismas opciones que ella y sólo quería asegurarse de que no le sucediese nada malo porque no podían permitirse el lujo de perder a alguien más en las circunstancias en las que se encontraban. Quizás sólo estaba siendo precavida. Mas todo el mundo en Idris sabía del origen de Alexei, de sus padres, miembros del Círculo, y quizás era otro motivo el que le había llevado a juntarle con alguien. Pero se le hacía extraño, porque el nefilim, hasta donde ella sabía, nunca había dado muestras de seguir los pasos de sus progenitores; y además, la propia Lightwood había sido del Círculo en sus inicios, por lo que no podía hablar demasiado alto en ese aspecto.

De todos modos, tampoco era asunto suyo. Ni el motivo por el que la habían elegido, ni lo que había hecho Maryse en su juventud, ni el si los padres de Alexei eran o habían sido seguidores de Valentine o no. A ella le importaban los hechos. Y el hecho era que se trataba de su compañero, por mucho que fuese desagradable e irritante.
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Por algún misterioso motivo, tuvo la impresión de que mostrarse complacido ante Lillwelyn Cynwrig por su respuesta hubiese sido una declaración implícita de que buscaba su aprobación...

En cierto modo así lo era, pero Alexei Ravenwolf hubiese preferido ser invadido de pies a cabeza por una maldición infernal antes que reconocer en voz alta que no estaba seguro de lo que estaba haciendo. Confiaba en su capacidad para tomar desiciones y liderar, puesto que había sido criado para ello, pero siempre resultaba reconfortante saber que alguien más coincidía con sus deducciones, en especial si ese alguien resultaba ser una cazadora de sombras tan brillante y tenaz, y que además ostentaba un cargo tan igual como el suyo; Si ella consideraba aquel un buen plan, entonces debía de serlo para empezar. Alexei era necio,  pendenciero en dosis muy peligrosas y tenia una opinión bastante turbia de la otra nefilim, pero no era tan cabeza dura como para olvidarse de sus méritos o poner en duda su capacidad.

Asintió con solemnidad y siguió su camino percatándose del ligero eco de pisadas por todo el instituto mientras avanzaban, cosa normal en días como aquellos. En el instituto de Nueva York no sobraban manos, estelas, ni nadie con un mínimo de coraje para enfrentarse a lo que estaba por venir y aquella era una de las pocas cosas que tenían a Alexei encantado de la gran manzana, la cantidad significativa de cazadores reunidos por una causa mucho mayor le despertaba una grata sensación de orgullo, puesto que tal disposición era el reflejo  de miles de años de esfuerzo y sacrificio de toda una raza. Por supuesto que eso no quitaba que se sintiera extraño, y que se despertara añorando la ciudad de cristal con cada átomo de su ser; ademas de la venganza y el deber, nada mas lo ataba a su actual residencia –Puedo afirmarte con toda seguridad que si alguien sabe algo sobre el paradero del brujo es el. Ya me ocupé de confirmarlo, pocas personas pueden afirmar tener una relación cordial con Bennett– Prefirió no admitir los métodos que había utilizado para obtener tal afirmación, ni como había estado vigilando al vampiro durante días, intentando descubrir cualquier actividad o comportamiento sospechoso de su parte, no había empleado métodos muy ortodoxos y no necesitaba darle más vida a su reputación –Digamos que... descarté otras posibilidades, él es el único que queda por investigar– Según Alexei el fin había justificado los medios en aquella ocasión y aunque aquello sonaba como a algo que un miembro del círculo hubiese dicho para excusar sus fechorías -Y el rehuía de cualquier comportamiento que pudiese asociarlo con esa escoria- no tenía otra manera de definirlo mejor.

–Tengo un coche, deberíamos ir con cuidado por la zona. A menos que prefieras ir andando, con lo cual no tengo problema– Por supuesto que siendo cazadores de sombras no había mucho de lo que preocuparse, pero un vehículo les facilitaría bastante las cosas si se salían de control. Se detuvo al divisar las amplias puertas del instituto y se giró para mirar a su acompañante, dubitativo. Estaba acostumbrado a la presencia constante y silenciosa de su hermano, siempre guardándole las espaldas y velando porque no se le fuera la cabeza demasiado con sus repentinos arranques de emoción. Alexei podría ser listo pero carecía de sensatez, algo que siempre había sabido que a Owen le sobraba y que dicha combinación terminaba por evitar más de un altercado innecesario y los convertía en un equipo eficiente. En aquellos momentos le hacia falta, y tal vez era porque aquella misión le había mantenido ocupado por tantos días que estaba empeñado en ella –¿Tienes todo lo que necesitas, Fairscale?– hizo una pausa concienzuda, con una fingida expresión de sorpresa mientras se acercaba para abrir las puertas y salir al exterior –¡Ah, perdona! Cynwrig–
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Estupendo, entonces —respondió ante las afirmaciones de Alexei, sin mirarle mientras caminaba a su lado; la runa de sigilo hacía que sus pasos pasasen totalmente inadvertidos, pero aun no habiéndola llevado la gente no se habría girado a mirarla por estruendosa, precisamente, puesto que siempre caminaba de forma suave. Años de entrenamiento para pasar inadvertida.  

Tuvo que reprimir una sonrisa ante el comentario de que no demasiadas personas podrían tener una relación cordial con Bennett, y si hubiese sido una persona mordaz o que le gustase mínimamente provocar a los demás, le habría dicho que eso podía llegar a convertirle en personas afines, pues tampoco creía que demasiada gente, además de su familia, catalogase la compañía del más joven de los Ravenwolf como algo placentero. Su hermano Owen tampoco era especialmente cercano ni accesible, pero al menos, que ella recordase, no se movía por la existencia intentando sacar al resto de personas del mundo de sus casillas. Siempre le había parecido curioso aunque realmente apropiado que fuesen parabatais, porque a pesar de sus diferencias se complementaban bien, y Owen sabía reconducir la fogosa pasión de su hermano en direcciones menos destructivas y más productivas para los nefilims.

Y para él mismo.

El coche está bien —dijo sin más, decidiendo que si él había optado por no comentar específicamente cómo había extraído esa información, lo mejor era no hacerlo. Al menos, no en ese momento, porque dudaba mucho que él fuese a responderle, y si lo hacía, seguro que no iban a ser buenos sus modos—. ¿Qué zona es?

No preguntó sólo por curiosidad. Conocía suficiente de la ciudad, y siempre le gustaba manejar las alternativas que podían encontrar en una zona peligrosa tanto para escapar como para esconderse. Así podría plantear las diferentes rutas mientras se dirigían al punto de encuentro y así tenerlo todo preparado con antelación. Detestaba los imprevistos, aunque pudiese lidiar con ellos, por culpa de su formación tan cuadriculada. Algo de Apollo tenía que haber en ella, desde luego...

Cuando confundió sus apellidos de nuevo a propósito, Lillwelyn suspiró, dejando al menos un metro de distancia entre ella y Alexei mientras este abría las puertas. Por fortuna su paciencia estaba bien lejos de ser sobrepasada, y mucho menos por los burdos intentos del nefilim de ponerla a prueba, pero él parecía encontrar cierto placer en pensar que podía ponerle de los nervios, y ella le había dado material al demostrar que le importaba que usase el apellido de su madre, y no el de su padre, en esos momentos. Estuvo a punto de entonar el mea culpa, pero simplemente rodó los ojos mientras negaba con la cabeza, colocándose frente a él cuando hubieron dado los primeros pasos hacia el exterior, bloqueando su camino intencionadamente. Quizás lo mejor que podía hacer era cortar por lo sano desde ese momento, o al menos avisarle para que dejase esas tonterías en pos de asuntos más importantes.

¿Siempre tienes que hacerlo todo difícil, Alexei? —usó su nombre a propósito, atrevesándole con su mirada celeste de lado a lado, hablando en todo momento de forma tranquila y sosegada, como si en realidad todo aquello no le importase—. Comprendo que tus circunstancias vitales te han llevado a desconfiar de quien no sea tu hermano e incluso puedo entender que esté siempre a la defensiva, pero no comprendo por qué eso ha desembocado en que siempre estés intentando irritar a los demás. En nuestro caso, puedes seguir intentando hacerme rabiar lo que nos queda de misión en cada esquina pero te garantizo de antemano que no tendrás éxito. Te lo digo por si quieres ahorrar fuerzas y centrarte. Sin embargo, si prefieres seguir en tu línea eres libre, por supuesto. —Tras eso le dio la espalda—. ¿Vamos? —Y aguardó a que él continuase caminando para saber dónde se encontraba su vehículo.
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Le observó de soslayo cuando articuló una única pregunta, esperando varios segundos en caso de que se animara a cuestionarle cualquier otra cosa. Sin embargo, si Lillwelyn se sentía especialmente intrigada por la ausencia de fuentes en la investigación hecha por el cazador, Alexei no fue capaz de notarlo –Mount Eden. No es exactamente una joya, pero imagino que los suburbios son zonas predilectas para los hijos de la noche– arrugó el ceño otra vez, dudoso incluso de sus propias palabras. Nada en el estilo de vida de la gran manzana le inspiraba ningún deseo de vivir allí, el instituto era un extracto de la vida de los nefilims donde sentía que podía respirar, pero detrás de las puertas de la catedral había un salvaje mundo de concreto que lo ponía nervioso sobremanera.

Creyendo ingenuamente que sus palabras no tendrían repercusiones siguió avanzando hacia el exterior, pero se vio obligado a detenerse cuando la rubia interrumpió su marcha con una agilidad pasmosa. La sonrisa en el rostro del hombre no tardó en desaparecer al verse invadido por el desconcierto que le provocó la respuesta de la cazadora de sombras, cuya mirada le atravesó con una fría indiferencia. Seguramente si esta se hubiera ofendido, indignado o se hubiese limitado a ignorarle con una mirada furiosa y condescendiente, Alexei hubiese quedado mucho menos impresionado. Definitivamente no se esperaba sus palabras, ni la mirada de desinterés -observó que sus ojos eran muy azules, no grises como había creído- que parecía valorar si valía la pena discutir con él, como si no fuera más que un obstáculo entorpeciendo su camino, como si nada pudiese perturbarla nunca jamás.

Alexei frunció el entrecejo y pestañeó, tomándose unos segundos para volver a hablar luego del breve momento de psicoanálisis de la nefilim –Vaya, esto es nuevo, veo que tienes opiniones muy contundentes sobre mí– le siguió con la mirada, como se volvía y le daba la espalda, zanjando de lleno la conversación –Muy bien, muy bien... puedes estar con cuidado Cynwrig, no volveré a confundirme– Habló con una cuestionable seriedad, y aunque sus labios no sonreían del todo en sus ojos había un destello intrigante de diversión que acompañaban el ligero arco de sus comisuras. Su madre siempre había dicho que aquella mirada aguarda un peligro inminente, que era la misma mirada que tenía cuando le encontraba haciendo travesuras, el tipo de aire de una persona que bordea con cuidado los limites de la criminalidad. Ella pensaba que era encantador, Alexei no lo creía tanto, pero no era consciente de aquel gesto.

Alexei caminó hacia una pulcra camioneta negra de cristales blindados y el vehículo hizo un ruido cuando Alexei lo abrió. No era un vehículo especialmente sofisticado, pero era practico para sus labores y además contaba con una espaciosa cajuela donde fácilmente podía meter hachas y ballestas sin la menor complicación. Subió al asiento del piloto, esperando a que la cazadora se le uniera antes de arrancar –No es cierto, lo de que no confío en nadie mas que en Owen. Es mi parabatai y le daría mi vida, confío en el mas que el cualquier otro...– No la miraba mientras hablaba, y definitivamente le parecía una tontería volver a sacar el tema. Sin embargo, en cuanto encendió el motor y se internó en la vía, comenzó a hablar sin darse cuenta –¿Tu confías en todo el mundo Lillwelyn? ¿Te fiarías de mi, por ejemplo?– habló con una sonrisa sarcástica, un reto dibujándose en su rostro. Había un montón de cosas implícitas en aquella pregunta; seguramente nadie del consejo debía fiarse de el, de su temperamento, su dudoso expediente y sus ires y venires. Pero por supuesto, el siempre se decía a si mismo que eso no debía importarle, mientras hiciera bien su trabajo, lo que pensaran de el no debía importarle...
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Mount Eden.

Repasó todo lo que conocía sobre la estación de metro, sobre la zona con la que conectaba y empezó a dibujar planos, salidas, entradas en su cabeza, frunciendo el ceño mientras cada recodo se aparecía en su mente, además de lugares donde esconderse, hacia donde escabullirse, que fuesen amigos de los nefilims, y salidas a las que recurrir en caso de situaciones muy peliagudas. Debían dejar el coche relativamente cerca. También dependiendo de la dirección que tomasen podrían seguir una ruta u otra, e iba almacenando esa información en su cabeza. Claro que hasta que no llegasen al punto no podía saber qué descartar y qué no.

Lillwelyn giró ligeramente el rostro sin dejar de caminar cuando él le respondió, alzando los hombros ante sus declaraciones, retornando su mirada al frente en seguida. Claro que tenía opiniones contundentes sobre él, como las tenía sobre todo el mundo. Eso no quería decir que fuesen inamovibles, desde luego, pero era tendente a forjarse primeras impresiones muy fuertes, y la que tenía de Alexei se había ido formando con el paso de los años, por lo que era bastante concisa.

Por alguna extraña razón sintió como una victoria agridulce el que él cediese llamándola Cynwrig y aseverándole que no pensaba volver a equivocarse, porque en el fondo no tenía demasiado claro que no estuviese haciéndolo por algún otro motivo. Contundente, había dicho él. Desde luego. Tanto que por algún motivo no era capaz de creerse del todo que él hubiese decidido tirar la toalla tan pronto, a pesar de su tono serio, pero tampoco pensaba cuestionarle, desde luego. Cuanta más tranquilidad tuviesen para esa misión, muchísimo mejor, y de momento ya estaba anotando algunas formas de conseguir que Ravenwolf calmase sus ánimos en pos de mantener la quietud.

Dejó paso a Alexei cuando llegaron a su vehículo, observando sus características. La runa de la memoria hacía efecto en cada pequeña imperfección, cada línea, cada curva, cada milímetro del aparato y la retenía en su cabeza, como cada detalle que se cruzaba delante de sus ojos. Se subió al coche a la par que él, recolocando sus armas para que no fuesen molestas durante el trayecto hasta el Bronx, repasando las rutas que había dibujado en su mente en el momento en que le habían comunicado su destino. Y entonces él volvió a hablar, sorprendiéndole un poco, aunque por supuesto no lo dejó traslucir en su rostro; pero era cierto que no esperaba que fuese a continuar ahondando en el tema, y se preguntó hasta qué punto le importaba la opinión que los demás tenían de él al nefilim a su lado.

«Tiene sentido.» Hijo de miembros del Círculo, tenía que haber supuesto que alguien como él, que se pasaba toda la vida aspirando a superar las barreras que le imponían los demás, aspirando a demostrarles que era mejor que sus progenitores, sentiría la necesidad de confirmarse delante de los demás.

Tuvo que esbozar una sonrisa, aunque fue muy suave, al escucharle hablar de Owen, y un destello de dolorosa tristeza le atravesó el corazón, porque eso le hizo pensar en Jacob, en como ambos siempre habían bromeado con que si no hubiesen tenido edades tan dispares hubiesen sido parabatais. Y lo más doloroso y triste era que ambos sabían perfectamente que ese era precisamente el motivo por el que nunca habían buscado a alguien más, porque nadie les entendía como lo hacían ellos mismos, y no querían que nadie ocupase el puesto que no había podido ser de la otra persona.

El movimiento del coche fue suave, al igual que el arranque del motor, y ponerse en camino le alivió más de lo que había esperado que sucediese. El pasar de los edificios le tranquilizaba, constantes, altos y forjados a hierro; tan diferente todo de Alacante, su tranquilidad y su pureza. No le miró directamente al rostro hasta que le hizo esa pregunta, encontrándose con que la expresión que se dibujaba en él le divertía. Por supuesto que no iba a dejar de provocarla; sólo estaba descartando y buscando otra forma de hacerlo, nada más. Desvió la mirada de nuevo al exterior, a la carretera, a los edificios, y contestó con voz clara y firme, como hacía siempre.

Todo el mundo es una expresión muy amplia. Todo el mundo es mucha gente, y creo que es difícil confiar en todo el mundo en todos los aspectos que conforman a una persona, sobre todo si tu trato con esa persona es ocasional o breve. —Suspiró antes de mirarle de nuevo— . Así que si me preguntas si confío en ti, sí, por supuesto. No sólo eres un nefilim con la sangre de Raziel, como yo, sino que eres un compañero miembro del Consejo, así que confío en tus habilidades plenamente. Ahora bien, no confío en absoluto en que vayas a dejar esa pose insufrible de retador que necesita poner al límite a las personas que le rodean. —Sonrió, ligeramente divertida— . Y creo que con eso ilustro mi ejemplo bastante bien, además de responder a tu pregunta.
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En la mayoría de las veces, postergar un tema con el cazador de sombras era alargar lo inevitable. Nunca había sabido irse con rodeos, esperar o evadir conversaciones que le parecieran intrigantes. Incluso la más insignificante duda no podía quedarse a la deriva, y siempre parecía que tenía una pregunta en la punta de la lengua, siempre había algo que se cuestionaba, y sin duda había un montón de cosas que se cuestionaba sobre Lillwelyn

Pero cada vez que conseguía una respuesta, obtenía dos preguntas más. Era Hercules deliberándose contra la hidra de Lerna, atorado en una situación que parecía no tener ninguna solución. Ni siquiera buscaba simpatizar con Cywring, se decía a sí mismo que no necesitaba su aprobación ¿Entonces porque no daba por zanjado el tema? ¿Por qué continuaba debatiéndole como si le importara hacerle cambiar de perspectiva?

Soltó una risa trémula y grave, medio abstraído en el volante, sin despegar la vista del congestionado tráfico. Una marea que parecía interminable se conglomeraba en la avenida, obligando al cazador a reducir la velocidad. Pese a su temperamento impulsivo, Alexei era un conductor bastante prudente y resultaba curioso como a veces podía llegar a ser tan medido en algunas situaciones, mientras que en otras perdía la cabeza a la milésima y era incapaz de entender de razones –Me siento alagado, ni siquiera me he esforzado lo suficiente– repuso, su voz rebosante de sarcasmo. Se quedó callado mientras giraba en una intersección de manera automática, ya que había memorizado perfectamente hacia donde tenía que dirigirse –No es una pose, es mi naturaleza, y sin embargo no logro verle lo malo a actuar con sinceridad, me ahorro explicaciones. Estoy siendo honesto contigo incluso si se parece molesto o irracional ¿Pero que sentido tiene que me esfuerce en ser amable cuando no lo soy y ningún otro miembro del consejo o la clave se creería ese cuento?– Quería mirarle, hablarle a la cara, era parte de su excesiva franqueza y probablemente la Razón de porque nunca sabía dónde se dejaba el móvil. Odiaba esos aparatos fríos y desnaturalizados que pretendían suplantar la autenticidad de una conversación real –Digo lo que pienso y ya está, y hago las preguntas que me apetece hacer– Ni siquiera parecía impulsado por ninguna emoción mientras hablaba, mas bien habia una extraña calma envolviendo sus palabras, la de alguien que parecía haber pregonado aquel discurso mas de una vez hasta el punto de convencerse a si mismo.

Había algo de verdad en todo aquel asunto, y es que hacia mucho tiempo que había perdido el interés de relacionarse íntimamente con alguien que no tuviese el apellido Ravenwolf precediéndole. Era cosa de ver las cartas que tenía en las manos, de escuchar con interés clínico los comentarios que se hacían sobre su persona, o sin ir más allá, de ver como Owen parecía esconderle lo que estaba sucediendo con su posición en el consejo y su repentina marcha de la ciudad. No era tonto ni ciego, sabía que su hermano conocía cosas que el no, y que su silencio era un intento de protegerlo porque les unía algo mucho más importante que la sangre, y Alexei reconocía -con cierto pesar y una impotencia muda- que no había mucho que pudiese hacer para cambiar aquellas circunstancias. Esforzarse el doble y esperar  menos, a eso se resumía todo…

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Su risa resonó ronca en sus oídos, y a Lill le sonó amarga como la hiel.

Nunca había tenido muchas amistades porque era una persona distante, pero las que tenía las atesoraba con mimo y se sentía muy unida a ellos y ellas. Lo que había sabido de Alexei siempre había sido por boca de otras personas, amigas o no, porque nunca se había acercado para cruzar dos palabras con él antes de entrar como miembro del Consejo, aunque eso no quería decir que no le hubiese visto ni escuchado hablar. Lo que le había llegado nunca había sido muy positivo: desagradable, sarcástico, hiriente... Lillwelyn no tardó en asociar ese tipo de comportamiento a todo lo que descubrió sobre sus orígenes, pero realmente nunca se había preguntado hasta qué punto le había calado ese hecho. Hasta qué punto se había construido en torno a lo que los demás pensaban de él por ser el hijo de un traidor y una traidora que le habían abandonado a su suerte siendo un bebé. Hasta qué punto las miradas de desconfianza, las palabras hirientes, le habían hecho un boquete dentro del corazón y le habían llenado completamente de amargura.

Siempre había tenido claros los hechos porque era una deducción fácil, pero nunca se había parado a reflexionar sobre las secuelas que había dejado en él cada momento en que le habían demostrado que por mucho que se esforzase, en el fondo, nunca dejaría de estar marcado por algo que ni siquiera había llegado a hacer o a entender. Y por primera vez desde que había sabido de su existencia, Lill sintió una profunda pena por él; porque, a pesar de todo tenía la impresión de que se estaba justificando ante ella, explicándole por qué actuaba como actuaba con un discurso que parecía repetido hasta la saciedad más a sí mismo, delante de un espejo, que frente a las personas que le rodeaban.

Había girado el rostro para encararle, absorbiendo cada pequeño matiz de sus ojos, de su ceño, de sus labios mientras hablaba, encontrando en ellos una tranquilidad parecida a la suya, con las emociones contenidas debajo de la piel, pero a diferencia de ella, Alexei no sabía hacerlas salir en otra dirección, no sabía redirigirlas. O esa fue la impresión que tuvo. Por eso al final todo estaba teñido de ese aire amargo que probablemente sólo le hacía daño.

Hay una diferencia muy grande entre decir lo que se piensa, en hacer las preguntas que se quieren hacer, y el ser impertinente todo el tiempo. La sinceridad es una virtud muy valiosa, pero utilizarla para ser hiriente lo convierte en un defecto. —Le buscó de nuevo con la mirada, a pesar de que él no podía hacer lo mismo, fijándose en los matices de su rostro, en su expresión, en su seriedad. Tenía la mandíbula muy cuadrada, muy marcada, siempre cubierta con esa barba rojiza, pero ahora parecía mucho más dura de lo normal. No pudo evitar pensar que parecía esculpida en piedra, cincelada por un artista del Renacimiento—. Yo no creo que sea un cuento. No eres amable porque sientes que no te reporta nada, no porque no lo seas en el fondo. Supongo que eres así porque estás cansado de que te desprecien porque tus padres fueron del Círculo y están esperando cualquier error que cometas para echarte del Consejo. Esa es la realidad. Y en el fondo, creo, sólo quieres que sean capaces de verte sin más. Por eso estás dándome explicaciones que no son necesarias, porque para mí no eres nadie salvo Alexei Ravenwolf, hijo de Ozpin y Glymda Ravenwolf, miembro del Consejo, nefilim y nada más. No eres ni el hombre que te concibió ni la madre que te dio a luz, no eres sus errores ni eres parte del Círculo. —Frunció el ceño ligeramente mientras desviaba la atención a la carretera, sintiéndose, de pronto, un poco unida a él ante su propio desconcierto que se vio dibujado en su rostro. Y en su voz—. Los hijos no comparten con sus padres salvo lo que decidan. No hay nada que te ate a ellos si no quieres y punto. Lamento que no todo el mundo pueda entender eso.

A fin de cuentas, ¿por qué si no había optado por llevar el apellido de una mujer que había sido expulsada de la Clave para marcharse con un mundano en vez de conservar el de su padre, prestigioso y antiguo? Lillwelyn había cogido lo que había querido de la madre que la abandonó y había dejado de lado lo que le había asfixiado del padre que la había amado y criado como pocas personas lo habían hecho en ese mundo. Y todo porque habían llegado a un impasse en que no había podido soportar más lo que llevar el apellido Fairscale significaba, lo que estar atada a su lado significaba, por mucho que le quisiese con locura. Le entendía posiblemente como pocas personas podían hacerlo, y ser consciente de ello le supuso una extraña revelación que, lejos de lo que había supuesto, no le incomodaba, a pesar de que no estaba acostumbrada.

Y no entiendo por qué tendrías que esforzarte en algo ahora para que confíe en ti como compañero. Tienes tus méritos bien reconocidos, Ravenwolf, no necesitas hacer nada grandioso para impresionarme.
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Vivía condicionado al trato que siempre recibía gracias a las peculiares circunstancias que llevaron a su adopción. Pese a todo, sus padres le habían criado como un Ravenwolf desde el primer momento, tenía la buena fortuna de haber encontrado una familia que le quisiese, no se veía en la condición de pedir más…

Sin embargo, podía comprender aquel rechazo, aquella inquietud que habían manifestado muchos otros sobre él. Su pésimo temperamento desde la niñez tampoco había hecho que las cosas mejoraran; necio, obtuso y bastante impertinente, había crecido pensando que los cazadores de su entorno le miraban como si fuese una granada detonada porque era un niño problemático, pero tuvo que crecer para darse cuenta de que era mucho más complejo que eso.

Ya para entonces había decidido construir una coraza de aspereza y humor negro con el paso de los años, un refugio invisible para su incomprensión y su orgullo. Era menos vergonzoso que viesen a un fanfarrón descarado, que a un tipo frustrado por la impotencia, porque al menos de esa manera nadie se atrevería a menospreciarle, o peor, a sentir lastima por él. No esperaba que sus esfuerzos le garantizaran nada, ya consideraba un milagro que le aceptaran en el consejo por mucho que su posición trastabillara ante la opinión publica. A veces tenía la impresión de que era visto como una obra benéfica, un acto de buena fe o que había conseguido su posición atenta a su apellido y no a sus méritos.

Pero una cosa era saber todo eso, ser capaz de reconocerlo, y otra cosa muy distinta que otra persona se lo soltara a la cara. El color se le drenó hasta la palidez reflejando por unos segundos las inquietudes que no le permitían conciliar el sueño y que apenas traspasaban aquel hostil caparazón, consiente del enorme peso de la Mirada de Lillwelyn sobre él. Siempre analítica siempre indescifrable...

Se sentía gravemente expuesto, como si le hubiesen arrancado algo muy privado de su interior. Por unos largos minutos no dijo nada, el peso irguiéndose en una tensión asfixiante, y dio la impresión de que su semblante se había endurecido. Hubiese sido muy irresponsable apartar la vista del camino en ese momento, pero hubo algo en las palabras de la mujer que le llamó poderosamente la atención. El no hubiese sabido decir el qué exactamente -y jamás había sido alguien con una intuición aguda para algo que no estuviera relacionado con su causa- pero creyó que por un segundo, Lillwelyn no estaba hablando con el, sus palabras parecían ir dirigidas a si misma –¿Sabes por qué me uní al consejo?– No esperaba que le fuese a contestar, por lo que continuo hablando  –Lo hice porque era el sueño de mi hermana. Era de lo único que hablaba y recuerdo que cuando yo era un niño, la escuchaba contarme las historias de los grandes cazadores que formaban el consejo con un anhelo tan profundo que, cuando murió, me negué a aceptar que un deseo como ese se desperdiciara y muriera con ella– No estaba allí, su mirada permanecía empañada por un sinnúmero de recuerdos oscuros. Le eran amargos y dolorosos, pero conformaban una parte crucial de sus deseos de venganza, de sus ganas de seguir adelante –Fue un deseo egoísta, no me sentía realmente llamado a hacerlo. Probablemente fuese mejor si nunca me hubiesen nombrado miembro. Aprecio cualquier opinión que venga desde la honestidad, incluso si es para llamarme insufrible retador– Esa vez consiguió sonreír, con el mismo color y la misma socarronería de siempre. Como si el malestar anterior en su mirada no hubiese sido más que un espejismo –Pero no te equivoques Lillwelyn, tampoco soy mucho más complejo que eso, así que no tienes porqué disculparte– Era verdad que aquellos habían sido sus motivos principales para seguir los sueños de Ella, pero era mentira que no le importaba el puesto que por años había intentado ganarse. Sin embargo, reconocerlo ante la nefilim hubiese sido desmantelar su propia barrera, y ni siquiera el mismo estaba preparado para enfrentar lo que se encontraba detrás de esta...


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14:00 → Instituto de Nueva York  → Templado
De nuevo decidió que Alexei era un cúmulo de sorpresas, y se preguntó muy adentro si el haberse acercado a él con anterioridad habría supuesto algún cambio en las vidas de ambos. ¿Serían amigos, ahora, quizás? ¿Tendrían, al menos, un trato cordial? Quizás habría asimilado ya las reacciones que podía tener ante determinados temas, o ante determinadas conversaciones, y le habría confirmado sin lugar a dudas ya que se trataba de una persona encerrada dentro de una coraza aparentemente indestructible, pero con tantas grietas finas que si se presionaba en alguna con una fuerza ligeramente superior a las demás se unían entre ellas formando un complejo mapa. Quizás no le extrañaría que estuviesen hablando de cosas tan personales en un coche directos a perseguir a un vampiro para poder encontrar a un brujo que estaba haciendo cosas turbias en el submundo. O quizás él sabría que ella no solía hablar de esas cosas en el ámbito de trabajo, sino en otras circunstancias, y que lejos de incomodarla, le hacían sentirse extraña porque no era lo habitual.

Quizás podría haber previsto el impacto que sus palabras causaron en él. ¿Acaso nadie le había dicho nunca eso? Le contempló largamente mientras él permanecía en silencio, con la expresión recia, los nudillos apretados en el volante, el rostro algo más lívido de lo que lo había tenido segundos antes, a pesar de que no era demasiado moreno, y una parte de sí, mínima, se sintió un poco culpable por haber expresado sus elucubraciones en voz alta sin tener en cuenta lo que podía suponerle. Era una persona sincera pero no carente de compasión, y en general solía tener esos detalles en cuenta; no entendía cómo no había podido verlo venir. Suspiró. Además, ¿qué hacía vertiendo sus opiniones sobre él tan abiertamente? Ella nunca hacía algo así. Se había dejado llevar por la pasión de Alexei, había entrado en su juego, en cierto modo, y darse cuenta de aquello la desconcertó. Se preguntó si esa habilidad que tenía de hacer que la gente le siguiese en esas estúpidas trifulcas no era en realidad un poderoso recurso que usado de la forma adecuada le haría un buen líder. Se preguntó si en algún momento le habrían dejado descubrirlo por sí mismo...

Su voz grave volvió a resonar dentro del coche, y Lillwelyn estuvo a punto de decirle que lo dejase, que parasen de hablar de esas cosas, que no la incitase a seguir conversando porque en realidad lo único que debía preocuparles en ese momento era la misión y nada más, pero había algo en sus ojos que le impidió decírselo. Parecía tan centrado, tan sumido en una amargura tan densa, que las palabras se le quedaron pegadas a los labios. Le contempló mientras hablaba, sin decir nada, sin expresar nada, sólo atenta, inexpresiva, indescifrable, como siempre, pero una parte de ella sintió un renovado respeto por él, y en parte odió un poco que la hiciese sonreír con tanta facilidad incluso en esa circunstancia. Pero había algo encantador en su sonrisa socarrona, en su honestidad, que no había percibido antes.

Claro que antes no se había abierto con ella de esa manera, y aunque estaba fuera de lugar, para ella, toda aquella conversación, se sintió motivada a devolverle la misma sinceridad. Quizás así podrían pasar página y centrarse en lo que tenían que hacer.

Seguro que piensas que yo me hice miembro del Consejo por alguna aspiración bonita y noble, como cambiar las cosas. No me malinterpretes. Quiero cambiar las cosas. Quiero ayudar a los subterráneos y a los mundanos; quiero que nos actualicemos, que dejemos de vivir en los últimos dos siglos. Se han conseguido muchos cambios desde que la chica Fray apareció y se derrotó a Valentine en el 2009, pero aún hay situaciones que no consigo entender por qué siguen siendo así. Sin embargo nunca tuve inquietudes de conseguir este puesto. Quería hacerlo a mi manera, sin implicarme demasiado. Pero cuando me lo ofrecieron hace unos meses me encontré pensando en mi padre y aceptando. —Dirigió la mirada de nuevo hacia el frente, sonriendo con cierta amargura—. Tú entraste en el Consejo por honrar el sueño de tu hermana. Yo entré en el Consejo para retar a Apollo Fairscale y demostrarle usando sus métodos, las leyes que tanto ama, que está completamente equivocado y que yo tengo razón. Así que ya ves, Alexei Ravenwolf. Tú dirás que tu deseo era egoísta pero al menos nacía de un sentimiento puro. Si tú eres egoísta, ¿dónde me deja eso a mí? Y para no ser alguien complejo, según tú, tienes muchas capas debajo de esa coraza que te empeñas en mantener todo el tiempo. Todos somos complejos. Si no, seríamos amebas. —Atisbó un punto que le era conocido—. Ya no queda mucho, ¿no es así?
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La situación no podía pecar de ser más surrealista, y es que nunca se había planteado revelarle algo así a alguien que no fuese su hermano. Se vio a sí mismo hablando de Ella con el agudo dolor que su recuerdo le evocaba y no pudo detenerse pese a lo inapropiado de la situación. Había algo oscuro y roto de su persona que había surgido el día en que su hermana mayor murió a manos del círculo y que en ocasiones se detonaba sin previo aviso.

Y allí estaba, demostrándose a sí mismo lo impredecible que era confesándose ante Lillwelyn, justamente a ella, que ocupaba en sus pensamientos un lugar meritorio entre los miembros del consejo que le inspiraban desconfianza. Había quienes desde el primer momento recibieron su presencia sin mayores problemas, otros que avalaban sus aportes y muchos otros que declaraban abiertamente lo terrible de la situación, lo riesgoso que podía ser tener a alguien tan volátil como el más joven de los Ravenwolf entre sus miembros.

Pero con Lillwelyn nunca había sabido como eran las cosas, nunca sabía dónde se encontraba parado y sus sospechas sobre la cazadora se intensificaban ante su obvia indiferencia y su peculiar serenidad. En realidad siempre había tenido la impresión de que su actitud cauta, sofisticada y taciturna le mantenía en un plano muy distante al suyo, pero nunca había pensado que eso tenía un significado distinto al desagrado con el que solían recibirle.

Tal vez haberle contado todo aquello había sido ponerse a sí mismo y su posición en riesgo, pero tan rápido como aquel pensamiento atravesó su mente, Asi lo hizo la confusión en cuanto la cazadora de sombras tomó la palabra, dejándolo pasmado.

Alexei escuchó en silencio, adentrándose en una bifurcación que pronto les conduciría a la residencia que debían visitar,. Apartó la mirada de la vía cuando se detuvo para ceder el paso a un grupo de peatones, contemplando a la cazadora con desconcierto. Los últimos rastros del atardecer bañaban con su luz anaranjada el rostro fugazmente expresivo de la nefilim y el espeso cabello recogido le palidecía como un halo dorado. Nunca antes le había visto así ni le había hablado de aquella manera, pero en medio del  impacto se vio obligado a responder –Si, estamos a un par de calles– Era consiente de que habían consumido lo que quedaba de aquella conversación, y dadas las circunstancias parecía lo mas idóneo. La prioridad en ese momento no era otra que la misión a la que ambos habían sido asignados –Voy a estacionarme al menos a una esquina antes de la residencia. Un coche desconocido en su puerta de entrada solo serviría para alertarle y quitarnos la oportunidad de interrogarlo– Convenientemente no tardo demasiado en encontrar un espacio en la acera donde aparcarse –démonos prisa– comento de forma escueta, liberándose del cinturón y sacando la llave del contacto.

En el exterior, el aire estaba saturado del olor del humo y del concreto, y se percató del sonido de una patrulla policial en la distancia, haciéndole recordar que no podrían augurar nada bueno si permanecían allí demasiado tiempo
–¿Lista?– Se volvió hacia la cazadora de sombras, excesivamente consiente de su presencia como nunca antes; Aquel viaje había sido muy breve, pero lleno de revelaciones no dadas a lugar y que tenían al nefilim bastante confuso sobre las ideas que se habia hecho sobre ella…



Última edición por Alexei Ravenwolf el Lun Jul 09, 2018 2:30 am, editado 1 vez
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Tuvo la impresión de que si él era una caja de sorpresas para ella, a la inversa se producía la misma circunstancia, o probablemente incluso peor. A decir verdad, no sabía qué opinión se merecía ante el joven Ravenwolf. No era que le importase demasiado, porque lo que sus compañeros pensasen de ella más allá de como guerrera, estratega, nefilim y miembro del Consejo le importaba más bien poco. Le daba igual caer bien o mal, que pensasen cosas buenas o malas de ella como persona; durante años había sido sólo la hija de una familia desgraciada, con un padre ermitaño, taciturno y exigente, una madre caída en desgracia, hermanos muertos, cuestionados y una cuñada conocida, gracias a los rumores, por ser un ente frágil que había tenido tratos demasiado cercanos con criaturas del submundo. Aún así, la gente callaba porque a fin de cuentas el apellido Fairscale era algo entre las familias de nefilims, antiguos, poderosos e imponentes, y Apollo se había ganado su reconocimiento con el paso de los años, así que ante su hija, mínimo, se guardaba silencio. Pero eso no quería decir que pensasen bien de ella o que les gustase su actitud ante la vida, que pasó de ser pateona y llorona a excesivamente serena.

De todos modos, nunca le importaba, y probablemente nunca le importaría. Lo único que era relevante era que reconociesen sus capacidades, sus habilidades, y eso no había nefilim que no fuese capaz de verlo. No se había ganado su sitio donde estaba por ser la hija de Apollo Fairscale, sino por sus propios méritos, y tampoco nadie diría nunca lo contrario. Sin embargo era cierto que no tenía ni idea de lo que Alexei pensaba de ella; ¿la creería estirada? ¿pedante? ¿soberbia? ¿metomentodo? ¿sabihonda? ¿Por eso en su rostro se había quedado esa expresión de desconcierto tan visible cuando ella le había confesado que había entrado a formar parte del Consejo sólo para dejar en mal lugar a su padre? No era algo que fuese diciendo libremente, y en realidad, pensó, no debían de importar tanto las motivaciones de la gente como los resultados de los mismos. Tenía una idea muy clara de cómo debía de funcionar el mundo y así actuaba ella, a veces obviando que quizás no era la forma que tenían los demás de entender la realidad.

Aún así, había resultado divertido, de nuevo, verle reaccionar así. Había pensado muchas cosas del adulto a su lado pero nunca habría llegado a imaginar que le consideraría algo parecido a divertido. Y sin embargo encontraba algo entrañable en él, en su forma de rebelarse, de patalear, como alguien que no está conforme con el trato que se le da y sin embargo finge que no le da ninguna importancia. Probablemente, reflexionó, a él no le haría ninguna gracia conocer hacia dónde estaba derivando su impresión de él -de bóxer rabioso a perro enano que ladraba mucho para asustar pero que en el fondo no hacía nada malo-, pero tampoco tenía que comunicárselo, desde luego, así como Alexei no pensaba decirle las ideas preconcebidas que tenía de ella, ni cómo habían chocado con la realidad que se había encontrado en el trayecto en coche hasta su destino.

Es lo mejor —reconoció cuando él le comentó que no iba a aparcar en la puerta del vampiro. Ningún idiota haría eso. Aunque se preguntó cuántos idiotas de los suyos habrían muerto por detalles tan absurdos como ese.

Se llevó las manos a las armas, repasándolas mentalmente mientras él aparcaba, y echó de menos una vez más a Angurvadel empuñada en su mano izquierda, pero no pensaba pedirle a su padre la espada familiar cuando había rechazado de calle su apellido para disfrutar de la libertad de la que gozaba en esos momentos. Alexei estacionó el coche, y Lillwelyn salió del mismo con sigilo y agilidad, cerrando la puerta con sumo cuidado. El aire apestaba, como en cualquier zona como aquella, y los detalles se quedaban grabados a fuego en su mente gracias a la runa Mnemosyne en su mano derecha. Aspiró lentamente antes de asentir con la cabeza a su compañero, deslizándose por la calle con movimientos rápidos, siguiendo la estela del nefilim, cubriendo sus espaldas mientras avanzaba con pasos decididos.
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El ser adiestrado toda una vida como guerrero, implicaba reconocer que las emociones podían interponerse y representar una debilidad. De niño le había resultado imposible moderarlas, era una bola de energía indescente, demoledora e incontenible, y poco mas que regañarlo habían podido hacer sus padres para evitar que terminara metiéndose en problemas o lastimándose. Con la edad dejó de ser tan  escandaloso y sus impulsos lograron comprimirse en un temperamento difícil y caldeado, pero era tan delgada la barrera que a veces parecía explotar ante la mínima insignificancia. El mas joven de los Ravenwolf había luchado bastante con su temperamento para mantenerlo a raya en las diversas ocasiones en que sus emociones eran un impedimento para que culminara una misión, pero en aquella ocasión le costó dios y ayuda callar la vorágine ruidosa de emociones que le tenían tan perturbado, que le hacían olvidarse lo crucial que era permanecer alerta.

¿Se podia cambiar la imagen de una persona en cosa de un instante? Ahora que todo parecía mas claro para el, los prejuicios que se había formado en torno a Lillwelyn le parecían el resultado truculento de una mente paranoica, pero aun así había algo extraño en su porte y su forma, en sus gélidas orbes intensamente azules que le ponían nervioso y le hacían perderse. Se descubrió a si mismo pensando que le hubiese gustado saber mas sobre ella que su simple noción sobre los Fairscale antes de crearle un juicio tan severo, sin embargo, tenia la impresión de que eso implicaría la misma dificultad que abrirse paso hacia la profundidad del océano a fuerza de brazadas.

No dijo nada mas y se puso en marcha, sus sentidos combinándose para advertir cualquier factor de riesgo en cuanto la fachada del vampiro entró en su campo de visión. Se había tomado varias horas para estudiar la periferia, las distintas rutas por las que el hijo de la noche podría intentar escapar de darse la situación, por lo que no le impresionó ver la manera tan peculiar en como la residencia de dos pisos se alzaba, opacado al resto de las descoloridas y descuidadas casas que yacían en fila por la calle. Era normal que los seres inmortales consiguieran adquirir grandes riquezas con el paso de los años, forjándose así mismos como sus herederos, y Alexei supo que el vampiro solo había elegido aquella ubicación por una única cuestión básica; nadie iría ahí a menos que quisieran algo de el y que supieran como encontrarlo, era evidente que el objetivo del subterráneo era evitar las visitas inesperadas –Es aquí– hizo un ademan con la cabeza para señalar la casa y alzó una mano vagamente para detenerle el paso, pero ni siquiera la rozó –¿Eres de derribar puertas o de tocar timbres, Cynwrig?– cuestionó volviendose hacia ella, con una sonrisa que se debatía entre sardónica y complice. Su propia pregunta le hizo pensar en su método, y probablemente -no, definitivamente- el era de los que se colaba por una ventana y le ponía una cuchilla al cuello, pero sabia que su método pecaba de ortodoxo y no pensaba privar a su compañera de tomar desiciones, por mucho que incialmente hubiese detestado la idea de tener alguien mas a cargo...


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Había conocido a muchos subterráneos a lo largo de su vida, y al contrario que su padre su opinión sobre ellos no era en absoluto mala. Tenía muy claro que, como en todas partes, había personas buenas, personas malas, personas que intentaban sobrevivir y personas que sólo querían que les dejasen tranquilas. Aunque nunca dejaba de lado su naturaleza no humana, Lillwelyn nunca había dejado de considerarles gente, después de todo, porque sufrían, amaban, se alimentaban, lloraban... y hasta podían morir, si el ataque era certero, o si la edad les alcanzaba, como era el caso de los licántropos. Cada cual le parecía interesante a su manera, porque todos tenían algo hermoso que destacar; ya fuese su magia, su humanidad, su calor, su particular belleza, tan peligrosa como hechizante... Les había estudiado a todos, conocían sus pros, sus contras, sus pormenores, sus organizaciones, su estilo de vida... Y sin embargo los que más fascinación a la vez que horror ejercían sobre ella no eran las hadas, al contrario que a muchos de sus congéneres, o los brujos, sino precisamente los vampiros.

Lo sobrenatural asociado a su piel pálida, su elegancia natural a pesar de lo lúgubre y decadente de su esencia, lo mortales que resultaban a la par que increíblemente seductores... No sabía exactamente qué era lo que le atraía de ellos, pero lo cierto es que siempre que iba a enfrentarse a alguno se mostraba más cautelosa de lo normal, especialmente si se encontraba a solas. Afortunadamente no era el caso porque sentía la presencia de Alexei a su lado, firme, fuerte, y eso la calmaba; no porque se sintiese más segura a su lado, sino porque cuando había alguien más con ella tendía a mostrar más entereza, más firmeza y más serenidad. En varias ocasiones se había preguntado si lo hacía por mantener su propia pose, su propia máscara de frialdad impenetrable, y no recordaba haber deducido que no. Al igual que su padre sentía que tenía una reputación que mantener, por mucho que ella de por sí hubiese desarrollado esa personalidad por su propia cuenta, pero era más sencillo que los demás pensasen que era irrompible porque así se forzaba a sí misma a no fracasar en la medida de lo posible.

A lo mejor por eso había sabido leer tan bien a Alexei.

Se detuvo a su lado cuando él lo indicó, contemplando la fachada del edificio con ojo analítico. «Hay subterráneos para todo», pensó mientras lo hacía. A los vampiros que vivían fuera de los aquelarres solía vérseles rodeados de lujo, de belleza, o al menos de una cierta clase si eran antiguos, porque no podían dejar de ser ostentosos, a pesar de todo. ¿Herencia de su sire? No lo sabía. Por supuesto también había excepciones, como la de aquel hijo de la noche que habían ido a interrogar. Lillwelyn enarcó una ceja tras escuchar la pregunta que le habían lanzado mientras se apartaba unos pasos y observaba el edificio que se alzaba frente a ellos nuevamente. Sentía la boca seca por la precipitación, pero era lo normal. Se pasó la lengua para humedecerse los labios, mordiéndose el inferior de forma inconsciente a la par volvía a analizar de pasada la situación, calibrando posibilidades. Finalmente dirigió la mirada de nuevo hacia el nefilim y empezó a andar despacio, hablándole mientras le traspasaba.

Soy más de escalar paredes. ¿Vienes?

Al igual que prácticamente todos los edificios de la ciudad, debía de tener un callejón que diese a las escaleras de incendios. Lillwelyn rodeó el edificio con paso enérgico, sintiendo la presencia de Alexei detrás de ella como una bola de calor que parecía no apagarse nunca; le pareció curioso lo bien que se acompasaban sus ritmos, sus andares, y decidió que era debido a que estaba acostumbrado a trabajar con una persona más templada que él, como era su hermano Owen. Mantuvo la expresión serena cuando corroboró que tenía razón, girando el rostro ligeramente para encontrarse con el de su compañero, dándose el lujo de esbozar una pequeña sonrisa de satisfacción. El nefilim no era mucho más alto que ella, pero aún así tenía que alzar ligeramente el rostro para poder mirarle a los ojos. Sin decir nada se adelantó, colocándose de frente a la pared; tomó algo de velocidad, dio un salto hacia la pared y aprovechó el impulso para colgarse de las escaleras, en ese momento recogidas. Las ascendió con rapidez para, una vez arriba, desplegarlas con lentitud, facilitándole a Alexei la subida, y se mantuvo de cuclillas.

Esperemos que hayan dejado alguna ventana abierta... —Le contempló largamente, como si con simplemente mirarle pudiese extraerle cualquier información de la cabeza, inquisitiva—. Bien, ¿qué piso es?
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En aquel sector desfasado, la residencia del hijo de la noche parecía relucir con luces de neón debido a su prolija fachada en un notorio contraste con el resto de casas en toda la calle. Y es que pese a la decadente belleza del pequeño edificio, era evidente que el propietario no descuidaba en lo más mínimo su hogar. Por supuesto que eso ni asombró ni inquietó al cazador de sombras mientras avanzaba, ya que este se había encargado personalmente de vigilarla, se había memorizado todos los puntos y dudaba que algo pudiese escaparse de su concienzuda investigación.  Así pues, había estado esperando la orden para tomar medidas con una ligera impaciencia, y allí estaba, finalmente, aunque nunca se hubiese esperado ir con compañía.

Se quedó medio estupefacto ante la contestación de la nefilim hasta el punto de tornar su sonrisa criptica. Era otra de las cosas que no hubiese imaginado nunca escucharle decir a Lillwelyn y es que ya resultaba evidente para cualquiera que viese la situación en retrospectiva, que antes de subirse a la camioneta el hombre tenía una idea bastante firme de lo que pensaba respecto a su copiloto, pero en esos momentos esa idea se había visto brutalmente disgregada.

–Como lo prefiera la dama–
Contestó casi por la inercia y empezó a caminar justo detrás de ella. Su habilidad para soltar comentarios ingeniosos se había visto gravemente alterada por la anterior platica que, sin orden ni método, terminó por hacerle olvidar la relevancia de aquella misión, lo cual no era algo sencillo de conseguir puesto que Alexei no se veía fácilmente arrastrado por sentimentalismos cuando se encontraba trabajando.  Se dijo a sí mismo que necesitaba centrarse en lo crucial, pero si ya de por si era difícil enfrentarse al hecho de que sus ideas en tono a la cazadora estaban herradas, que todo lo que se disponía a hacer en aquellos momentos, como sonreírle por encima del hombro en el más sutil pero deslumbrante de los gestos, contrastara con la imagen que tenía de ella solo agraviaba su dificultad para concentrarse.

Decidió que lo mejor era no mirarla más y centrarse en la condenada tarea, que no le habían entrenado por años para que se convirtiera en cualquier cosa ante el escrutinio de Cynwrig y sus impenetrables ojos azules. No es que nunca hubiese estado en presencia de una mujer atractiva e imponente, conocía a suficientes cazadoras de sombras que eran gloriosas a la par que formidables guerreras, pero había algo en la manera en la que Lillwelyn le miraba que hacia pensar a Alexei en un océano infinito, en fantásticos glaciales inexplorados y en eternos enigmas –El segundo a la derecha– Le contestó, moviéndose con la misma agilidad pasmosa de la cazadora para subir a través de la escalera de emergencias –Apenas cae la tarde, no son horas para que un hijo de la luna se encuentre despierto. Vamos con ventaja pero debemos ser cuidadosos, no deja de ser un vampiro antiguo al fin y al cabo– tuvo el dilema de regresarle la mirada, pero se contuvo –Yo iré primero–

Se movió veloz, cruzando junto a la cazadora en una exhalación. La puerta que comunicaba con el interior de la residencia permanecía perfectamente cerrada, pero nada que el idioma de los ángeles no pudiese solucionar. Sacó la estela que guardaba en el interior de la chaqueta oscura y trazó la runa con la facilidad de años de práctica, para luego observar sin inmutarse como esta parecía volatizarse tras el chasquido del cerrojo.

Pronto se vio envuelto en la sensación de un mundo que parecía ralentizarse ante el peligro y la adrenalina, y las runas que se había dibujado sobre la piel antes de salir del instituto le ardían hasta los huesos. No se preocupó del chirrido metálico provocado por la puerta cuando la empujó ligeramente -Evidentemente, el vampiro no la utilizaba en absoluto- pero sí que hubiese preferido ahorrárselo, como cualquier movimiento precipitado que pudiese alertar al hijo de la noche de su presencia o la de su compañera.

El cazador avanzó sin reparo, sus pasos huérfanos de cualquier sonido. Cruzaron a través de una cocina en evidente desuso hasta trasladarse a un aposento que se encontraba bañado en sombras. Un único candelabro sobre un mueble toscano de oscura madera de nogal servía como única iluminación y Alexei vio por el rabillo del ojo las pesadas cortinas que impedían el paso de la luz, probablemente cubiertas de una capa de polvo. Se volvió hacia la cazadora de sombras con la determinación brillándole en la mirada, haciendo un gesto con la cabeza para que se movieran hacia el extremo izquierdo de la estancia, donde un oscuro pasillo brindaba acceso al ala de las recamaras. Afortunadamente no había mayor complejidad, y el cazador esperaba a que tuviesen la misma suerte para agarrar de inmediato al subterráneo...
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Lillwelyn asintió con la cabeza mientas le seguía, totalmente ignorante con respecto a los dilemas de su compañero, atravesando la ventana que daba a un pasillo en ese momento sin iluminar. Las runas del glamour les permitían moverse en plena tarde sin que nadie les viese, pero eso no quería decir que no hubiese subterráneos habitando el edificio que pudiesen reconocerles, de modo que se movieron con presteza hasta el que debía de ser el apartamento del hijo de la noche. Contempló con ojo crítico la runa de Alexei, encontrando su trazo ligero y bonito, en contraste con su ardorosa personalidad, y eso le pareció más divertido de lo que llegó a demostrarlo.

Clic.

Se movió despacio detrás de él mientras sacaba la estela de su chaqueta y se dibujaba una runa en el dorso del brazo derecho para poder ver bien en la oscuridad, relajándose un poco al poder percibir bien las formas en la completa penumbra del apartamento, cuyas ventanas estaban completamente cerradas y cuya única iluminación era una simple vela que ofrecía algo de luz en la oscuridad. Lillwelyn siguió el trazado impuesto por su compañero sin hacer ningún movimiento que le indicase que iba a la contra, hasta que se acercaron a la parte en la que estaban las habitaciones.

Teniendo en cuenta que no se podía descubrir dónde estaba un vampiro durmiendo por el sonido de su respiración, el proceso de descarte fue más lento de lo que le habría gustado a la nefilim. Ni siquiera el que estuviesen entreabiertas resultaba favorable, pues un crujido más alto que otro podría alertar los finos sentidos del vampiro, de modo que debían de proceder con muchísimo cuidado. Deducir cuál sería el dormitorio principal tenía más al azar que a otra cosa, porque no era como si se pudiese trazar un plano tipo de todos los apartamentos, pero estaba segura de que al menos las dos primeras puertas del pasillo no eran, ya que solían ubicarse lo más lejos posible de la cocina y de la zona de vida. Así que se aventuró a acercarse a la tercera puerta, y tras rodear el pomo con fuerza empujó suavemente hacia el interior, suspirando con alivio ante la carencia de sonidos. Se topó con un cuarto de baño relativamente limpio, y tras girarse hacia a Alexei, negó con la cabeza, señalándole con el dedo que se dirigiese a la que estaba en diagonal al aseo.

Fue tras él con el mismo sigilo por el que se habían estado moviendo por el apartamento, quedándose a su lado mientras la puerta se abría con el mismo silencio que la anterior, y Lillwelyn respiró con muchísima suavidad mientras apretaba el puño cerrado sobre el marco de madera de la entrada. Dentro de la amplia habitación, que coronaba el pasillo interior, había una gran cama con dosel donde se veía reposar claramente una figura yacente. La nefilim eliminó la distancia existente entre su cuerpo y el de Alexei cuando se pegó a él, aferrándose a su brazo mientras se ponía de puntillas para susurrarle al oído.

Colócate cerca de la ventana.

Su olor le había llegado con suavidad, casi como si le hubiese acariciado sólo con la punta de los dedos, y se le hizo increíblemente agradable; incluso pudo paladearlo en la boca, dulce, pero sin poder asociarlo a nada en concreto. Simplemente olía a él. Aquello le desconcertó, porque no se esperó que su aroma pudiese llegar a gustarle, pero evidentemente no se dejó distraer porque había cosas mucho más importantes en las que centrarse. Le soltó, esperando a que le hiciese caso, y cuando le vio en el punto que le había comentado se deslizó suavemente hacia el interior de la habitación buscando el interruptor que debía de conectar la luz eléctrica. Rezó porque no le hubiese dado por vivir en el medievo y que funcionase mientras cerraba suavemente tras de sí, conectándola en el momento en que el leve 'clic' del cierre sonaba.

Los gruñidos se hicieron bastante sonoros por la habitación, y Lillwelyn mantuvo la mirada centrada sobre él mientras pasaba por las diferentes fases del sopor, la desubicación, el desconcierto y la realización. Dos nefilims en su dormitorio. La joven se preparó, esperando su reacción.
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La paciencia de Alexei brillaba por su ausencia, excepto cuando se trataba de una misión.

Así pues, aunque lo mas razonable para encontrar la recamara principal podía ser que el también examinara al azar las distintas puertas que conformaban aquel espectro siniestro de residencia, optó por permanecer completamente inmóvil, con los sentidos agudizados gracias a las marcas de agilidad, precisión, fuerza… procurando registrar cualquier posible movimiento que no viniese por parte de la esbelta figura de la cazadora en medio de la penumbra; Si bien ambos nefilims estaban desenvolviéndose de manera impecable para no ser rastreados, Alexei sabia por la experiencia que los hijos de la noche podían ser igual o mas sigilosos. no habían cabos sueltos en el informe y era definitivo que el subterráneo se encontraba allí dentro, y aunque lo mas lógico era que estuviese reposando, los ataques que terminaban en tragedia nunca llegaban de maneras predecibles…

Con precaución, asintió secamente y avanzó en dirección a la puerta indicada por la cazadora de sombras, pidiendo al ángel que esta no chirriara y el vampiro terminara abalanzándose sobre ellos. En la mas profunda oscuridad, la habitación les recibió con el aire cargado de polvo y el hijo de la noche tendido sobre el colchón, ajeno aun a la presencia de dos extraños.

Por un segundo a Alexei se le cruzaron las ideas ante el repentino acercamiento de la nefilim, al punto de que no se movió hasta que ella lo hubo hecho primero, embestido por la fuerza de la ola que su presencia le representaba. Tal vez aquello fue lo que provocó que acatara la solicitud de Lillwelyn sin mostrar ni la mas mínima reticencia, trasladándose silenciosamente al lugar señalado. En la normalidad de su día a día, el cazador no solía hacer las cosas a menos que tuviese una razón, vivía con constantes preguntas en la punta de la lengua, oponiéndose a todo como característica intrínseca de esa impulsividad que costaba mantener alineada.

Escuchó el sonido del interruptor y la luz reventó en sus pupilas, pero fue casi consiente de la tensión que invadía la habitación cuando el vampiro abandonó su letargo y lentamente se volvía consiente de la situación. Alexei vio en sus ojos el destello de terror y furia depredadora, luchando por cobrar protagonismo a la vez que se incorporaba con una agilidad musical, tanto así, que el nefilim sintió como se le erizaba la piel ante aquel gesto tan poco natural –Cazadores de sombras– Su boca parecía llenarse de veneno al solo pronunciar aquellas palabras, mirando a uno y otro. Llevaba una holgada bata y el cabello color tinta despeinado, luciendo acorralado y letal al mismo tiempo –¿Se atreven a romper los acuerdos usurpando mi propiedad? De no marcharse…– Hubiese continuado hablando, pero Alexei empezó a moverse lentamente hacia el y el vampiro se quedó petrificado, decidiendo lo que debía hacer a continuación –Los acuerdos no protegen a aquellos que rompen la ley, vampiro. No te refugies en los acuerdos, no mereces ese derecho– Se esforzó en que en su voz no se imprimiera ni la mas mínima gota de emoción, pero por mucho que los años le habían moldeado para conseguir un temple audaz, el hombre sabia que no debía subestimar a un inmortal tan antiguo –De tener aprecio por tu libertad vas a cooperar sin oponerte ¿Donde esta Sean Bennett?–

Tras unos agónicos segundos de confusión, el vampiro hizo un movimiento tan veloz que casi fue un destello, pero se detuvo en cuanto vio como Alexei se llevaba la diestra al cinturón de armas y rozaba la empuñadura de una cuchilla. Decir que se encontraba seguro de lo que estaba haciendo hubiese sido mentir, porque sin Owen para respaldarle, tenia la impresión de que le faltaba una pieza importante en el rompecabezas, alguien muchísimo mas sensato que avalara el compas con el que se dirigía –No lo volveré a repetir ¿Dónde está Bennett?– Realmente tenia ganas de recurrir al apoyo moral de un intercambio de miradas con su acompañante,  pero se privó de ello casi al instante con una punzada de extrañeza; Sus esfuerzos por ignorar el extraño magnetismo que esta le producía le parecían absurdos, pero con un vampiro rozando el pánico a solo unos metros de el,  no tenia muchas ganas de comprobar si podría mantener su imperturbabilidad.
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En otras circunstancias quizás le habría parecido extraño que Alexei no hubiese vuelto a cruzar su mirada con la de ella casi desde que bajasen del coche, teniendo en cuenta que siempre había intentado mantener la conexión visual cada vez que hablaban o decían algo, como ansioso por comprobar si podía atisbar la verdad en el fondo de sus ojos, o descubrir si le estaba mintiendo. Lillwelyn sabía mantener el temple en casi cualquier circunstancia y eso, en realidad, no le habría servido de nada para intentar leer en ella, ya que si no quería, era consciente de que no podía ser leída. Se mostraba como un firme bloque de hielo o de granito pulido, resplandeciente bajo el sol, liso y brillante, pero para nada penetrable.

Sin embargo en ese momento tenía toda su atención volcada en el vampiro que se había elevado frente a ellos, con la voz tan cargada de veneno que podría haberles asesinado allí mismo si hubiese podido transformarlo en aliento y haberlo echado contra sus cuerpos. Lill respiró profundamente antes de volver a colocar la pantalla en su rostro, ese fiel espejo en el que los demás podían verse reflejados sin ahondar en ella, y permaneció junto a la puerta mientras Alexei le hablaba con un tono carente de emoción que sintió antinatural en él. Le habría mirado, extrañada por aquel repentino cambio, cuando aun sin quererlo dejaba traslucir el fuego que llevaba dentro, si su vida no hubiese dependido del más mínimo detalle. Como bien le había dicho su compañero al entrar, se trataba de un vampiro antiguo y subestimarlo era el mayor de los errores.

Aún así se deleitó en su fuero interno por la belleza del hombre frente a ella, de la gracia de sus movimientos sobrenaturales y de la palidez de su piel. Habría resultado aún más hermoso y letal si no le hubiesen sacado de la siesta de forma tan intempestiva, pensó, casi divertida, sin abandonar en ningún momento la mueca hierática de su rostro. Avanzó, reduciendo el espacio entre ella y el vampiro cuando se percató de que Alexei estaba rozando sus armas con la punta de los dedos; temía que el vampiro terminase saltando sobre ellos y que todo acabase en un mar de sangre, porque los hombres asustados eran como ratones acorralados, impredecibles, y los dos nefilims eran en ese momento los gatos. Sus pasos, sin embargo, fueron ligeros, insonoros, por lo que la sorpresa se vio reflejado en los ojos del vampiro cuando apareció a su lado, aunque no dejó que el miedo dominase sus facciones.

Habéis entrado en mi casa sin permiso. ¡Habéis allanado mi morada! —Lillwelyn ni siquiera aproximó las manos a sus armas. No le gustaba recurrir a ellas si no era absolutamente necesario.

Es sospechoso de tener tratos con un brujo que recurre a la magia oscura con frecuencia. Podríamos poner en una balanza quién está bailando más al filo con la legalidad pero creo que usted saldría perdiendo. Así que háganos un favor a nosotros y a usted y denos la información que hemos venido a buscar. —No tenía intención alguna de jugar al poli bueno-poli malo con aquel vampiro, pero su tono de voz había sido más claro y menos severo que el de Alexei, aunque igual de firme y de impersonal. Su rostro se mostraba sereno y sus ojos brillantes, analíticos, inescrutables, como siempre. El vampiro mantuvo la compostura y la contempló largamente, como decidiendo si ella era el eslabón más débil por ser la mujer, o porque no había recurrido a la amenaza de las armas contra él. Luego desvió la atención hacia la puerta, y Lill bloqueó el ángulo de su visión con un movimiento rápido—. Por favor, ni se le pase por la cabeza. Usted tiene ganas de que nos vayamos y nosotros lo estamos deseando, así que no haga las cosas más difíciles de lo que ya están.—No le sorprendió escuchar el amargo odio en la risa del subterráneo.

Que os vanagloriéis de afirmar que nos protegéis a todos por igual cuando en realidad nos seguís viendo como a monstruos... —Lillwelyn estuvo tentada de hacer rodar los ojos ante el inicio del discurso del vampiro, pero sí que se dio el lujo de suspirar tranquilamente, como si aquello fuese cansino—. ¡Esto es intolerable! ¡No tengo absolutamente nada que deciros así que fuera de mi casa!

No miró a Alexei antes de actuar. El vampiro había alzado el brazo señalando a la puerta del dormitorio pero haciendo referencia a la salida de su vivienda, y aunque sus reflejos eran obviamente más altos que los de la nefilim, no se esperó que le cogiese de la mano, le retorciese la muñeca antes de colocar el brazo contra su espalda, pero si ejercer presión ni hacerle daño, aunque el tipo emitió un gemido por el sobresalto. Sólo le inmovilizó.

Antes de que se ponga a gritar como un becerro no voy a hacerle daño. Únicamente prefiero tener su mano donde pueda controlarla. —Se quedó detrás de él, observándole la nuca. Por primera vez desde que había empezado el intercambio de palabras miró a Alexei.

Maldita mujer...
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Alexei se quedó tan quieto, que bien podría parecer que se había planteado mimetizarse con el ambiente en el momento en que advirtió como la cazadora de sombras se envolvía en la aparatosa situación, atrapando la atención del hijo de la noche con su expresión inflexible y sus gélida mirada atravesándole. El hombre de piel color porcelana y aspecto amenazador parecía encontrarse en medio de una terrible catálisis emocional y centró su mirada en la nefilim, mirada que reflejaba sus instintos mas primigenios y el brío que solo parecía adquirirse después de siglos merodeando por la tierra. El cazador casi podía imaginárselo apreciando el aroma del hierro y la sal que circulaba por las venas de rubia y apretó el arma que aun permanecía dormida en su vaina, sintiendo el cosquilleo molesto de la reticencia cuando la soltó y dejó caer la mano.

Entendía la gravedad de la situación y la urgencia en que todo acabase rápidamente, ya que a medida que su intromisión perdía la fuerza de la impresión en el vampiro, le daba la sensación de que estaba  tornándose mas sereno e inflexible y sería mas difícil persuadirlo. La mujer ni pareció inmutarse ante el inicio de un discurso barato, escuchando los desesperados comentarios del aludido con una serenidad admirable.

Y entonces Lillwelyn se movió a la velocidad de un rayo y al instante el vampiro se encontraba sometido por ella, tan impresionado como el mismo Alexei. Aunque este ultimo se tomó la molestia de disimularlo, no se hubiese imaginado aquella reacción por parte de la cazadora de sombras –Te voy a pedir que te refieras a mi compañera con respeto– se adelantó a contestarle aproximándose al subterráneo cautivo en cuanto distinguió el bochorno y la rabia con la que iba cargada su ultima exclamación. El cazador nunca había entendido aquel tipo de actitudes, la sencillez con la que el mundo parecía desestimar el potencial de una persona basándose en cosas tan secundarias como su aspecto o su genero. Admitió para si mismo que la idea de cruzarle la cara al vampiro con el mango de su cuchilla era muy tentadora, y probablemente lo hubiese hecho, de no encontrarse la rubia delante –Nos haces perder el tiempo a todos. No nos marcharemos hasta que nos digas lo que queremos saber, así que tu decides como quieres que sean las cosas– en un falso gesto desenfadado, Alexei se encogió de hombros, sin apartar la mirada del otro hombre –Tu decidirás si prefieres hablar ahora o recluido en los confines de la ciudad silenciosa. Si yo fuera tu elegiría la primera opción, así que deja de ser tan imbécil y limítate a contestar–

Hubo algo como un espasmo violento atravesando el semblante del vampiro y por unos instantes el nefilim sospechó que este intentaría hacer algo, tal vez pretendía atacar a Lillwelyn y salir corriendo o cualquier cosa que le diese unos segundos de ventaja para escapar. Por un brevísimo instante Alexei admiró su fidelidad, pero tomando en cuenta que el subterráneo estaba protegiendo a un potencial criminal, aquel instante se evaporó casi de inmediato –Danos lo que queremos y te dejaremos ir– se apresuró a decirle, percibiendo la vacilación en sus pupilas oscuras como la noche. Alzó fugazmente la mirada para observar a la cazadora, rindiéndose ante la presión que le implicaba no hacerlo. Su rostro era una pagina en blanco y a penas atisbaba el brillo de sus ojos,  pero el lapso fue demasiado corto para permitirle llegar a una conclusión de en que podía estar pensando, ya que el vampiro había comenzado a hablar nuevamente y tuvo que centrarse en el otra vez –Si garantizan mi libertad y mi supervivencia, entonces lo rebelaré. Les diré donde se encuentra exactamente el brujo y no volverán a irrumpir en mi residencia– Alexei asintió secamente, sin dejar entrever la sensación de alivio que aquello le produjo. Algo en el cambio de opinión que tubo el vampiro le hizo pensar que tal vez aquel juicio analítico era lo que le había permitido vivir por tantos años –Se los escribiré y se largaran inmediatamente. Eso si tu compañera decide soltarme en algún momento…–
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Ravenwolf retomó la conversación con el vampiro de forma sutil, guiándole hacia el punto en que ambos querían que terminase. Bien, parecía que ese episodio terminaría pronto y podrían marcharse de allí para continuar con el resto de su búsqueda cuanto antes. Como si sus palabras hubiesen activado un resorte, Lillwelyn colocó el brazo del vampiro en su posición original y le soltó la muñeca suavemente, como si todo aquello hubiese sido tan sólo una simple caricia, nada más. El vampiro se frotó la articulación más por acto reflejo que porque realmente le hubiese provocado algún dolor; ella lo sabía porque era perfectamente consciente de la presión que había ejercido para mantenerle quieto y controlado sobre la cama, y sabía que con la fuerza que había aplicado al agarre no podía haber sufrido ningún daño. Sobre todo teniendo en cuenta que no se había resistido ni intentado apartarse de ella, o huir de su llave, lo que le dio a entender que era bastante más sensato de lo que una pudiese pensar tras escuchar su incansable palabrería.

Muy bien. Escribe.

Eso fue todo lo que dijo mientras retrocedía hacia la puerta, apoyando todo el peso de su cuerpo sobre ella para hacer de barrera. No iba a ser ese el día en que ella pecase de ingenua pensando que el subterráneo no intentaría escapar de allí para perderles de vista o pretendiendo buscar protección en otra parte, visto que su escondite había sido descubierto. El hijo de la noche gruñó mientras la contemplaba, sus ojos oscuros fijos en su silueta como si con ese simple gesto pudiese hacerla desaparecer, y se levantó de la cama con parsimonia, como si tuviese todo el tiempo del mundo. En realidad, lo tenía. Extrajo del cajón una hoja de papel además de un bolígrafo y garabateó bastantes indicaciones en su superficie; ese era el único sonido que se escuchaba, además de la respiración pausada de ambos nefilims, que esperaban, pacientes, a que terminase.

Para su sorpresa, al acabar se dirigió directamente hacia ella, sonriéndole con una cierta suficiencia, y le tendió la hoja. Lillwelyn le contempló como solía hacerlo ella, largamente, sin cambiar un ápice la expresión de su cara, y alargó el brazo para tomar lo que se le estaba ofreciendo a sabiendas de lo que el vampiro podía hacerle en ese momento. Más, ¿de qué otra forma podía actuar? Si le acusaba de algo que aún no había hecho eso sólo prolongaría ese estúpido encuentro, y Lillwelyn odiaba las cosas innecesarias. Estaba segura de que intentaría vengarse de ella por la humillación a la que le había sometido, que incluso podría atreverse a herirla aun estando acompañada de alguien que podía moverse casi tan rápido como él.

Aún así, actuó. Deslizó la mano izquierda hacia el cinturón de sus armas mientras los dedos de la mano derecha se aferraban la hoja; entonces el vampiro atrapó su muñeca con mucha más velocidad y fuerza de la que había ejercido ella contra él, haciendo que en su rostro apareciese el primer rictus de emoción por lo inesperado del latigazo de dolor que le recorrió cuando el pulgar de él apretó con fuerza la base del suyo propio, inmovilizándola y haciendo que soltase el papel.

Así que no eres tan impasible como aparentas, mujer. — Apretó los labios cuando la fuerza que le imprimió se multiplicó, e incluso emitió un gemido ahogado. La sonrisa en el rostro del vampiro se amplió.

Alexei, no te muevas. —A pesar de todo su voz sonó firme, igual que su mirada cuando se topó con la de él, a sabiendas de que se lanzaría contra el vampiro—. Por favor. No compliquemos más las cosas.

Escucha a tu amiga, nefilim. Además, sólo le estaba devolviendo la caricia que tan amablemente me ha prodigado antes. —Apretó su cuerpo contra el de ella, aplastándola contra la puerta mientras dirigía su mirada oscura a la garganta de la joven, sobre la aorta, demasiado jugosa para pasar desapercibida. Sonrió de forma oscura. Sin embargo la soltó con una expresión de decepción en el rostro al ver que ella no reaccionaba más allá del dolor en la muñeca. Chasqueó la lengua—. Debes de estar muerta por dentro... — Entonces la apartó con facilidad antes de salir a toda velocidad de la habitación, probablemente para esconderse por la casa.

Lillwelyn ni se inmutó con todo aquello. Aun con la muñeca doliéndole horrores -estaba segura de que se la había dislocado por el leve chasquido que había escuchado- se agachó para recoger el papel y se lo tendió a Alexei sin centrar su mirada demasiado en él, furiosa consigo misma pero sin ser capaz de dejar traslucir esa emoción, salvo quizás por el sonrojo que cubría sus mejillas en ese momento.

Ya hemos terminado aquí, así que será mejor que nos vayamos.

Sin esperar a que él respondiese salió del dormitorio, cruzó la vivienda a toda velocidad y se encontró de pronto en el pasillo del edificio, notando el calor reconcentrándose en sus mejillas por todo el rencor y la rabia que sentía en esos momentos por haber permitido que algo tan estúpido la sobresaltase en sus adentros y no le hubiese permitido reaccionar a tiempo. Había esperado que intentase agredirla de formas más violentas o serias para demostrar su poderío sobre ella, no que querría intimidarla con el mismo movimiento estúpido con el que ella le había bloqueado. ¿Cómo se le podía haber escapado eso? Era tan obvio.
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Alexei no titubeó, por mucho que el alivio se irguió sobre el y la tensión desapareció ante la respuesta del vampiro, su expresión permaneció severa y aguanto un suspiro delator cuando el vampiro se dispuso a cumplir su palabra. La pluma voló sobre el papel y el cazador no despegó la mirada de la inmaculada caligrafía, mientras el subterráneo escribía detalles sobre la hoja que desde aquella distancia el nefilim no podía apreciar –No te atrevas a mentir o volveremos a buscarte, tenlo por seguro– El vampiro ni siquiera lo miró, pero Alexei quiso pensar que la mueca que adoptó su rostro era sinónimo de resignación.

Lo siguiente pasó tan rápido, que el nefilim apenas tuvo tiempo de reaccionar y se quedó a medio paso cuando Lillwelyn le exigió que no interviniera. Escuchó el susurro del filo del adamas, el ardor de las runas sobre su piel y el bullido de la adrenalina disparándose en sus venas, empujando con fuerza, buscando provocar en el una erupción de furia, pero pese a todo pronostico eso no sucedió, y observó con impotencia y repudio al hijo de la noche regodeándose en su momento. Nunca le había parecido que la tortura fuera un método correcto para hacer las cosas, incluso  alguien como el -que no dudaba en resolver las cosas a base de violencia cuando lo veía necesario- veía como un acto de cobardía atacar a alguien incapaz de defenderse, pero al ver la reacción del vampiro y su nefasto intento de restablecer su orgullo perdido, le entraron unas ganas terribles de verlo arrastrarse en una de las celdas de la ciudad silenciosa.

No actuó, se limitó a mirar al hijo de la noche abandonar la habitación como un destello negro y para cuando volvió en si, se sorprendió al encontrarse con una espada en cada mano y los músculos tensos. Si, era seguro que si la cazadora no se lo hubiese pedido el hubiera saltado como un energúmeno sobre el vampiro y probablemente todo se hubiese salido de control. Envainó las armas y en un silencio incomodo tomó el trozo de papel, advirtiendo la ansiedad con la que Lillwelyn salía no mucho después del propietario de la vivienda, por lo que el también se dispuso a abandonar el lugar más movido por la inercia que por otra cosa.

En el exterior, aunque el aire continuaba cargado de humo, resultaba mucho menos cogestionado y sofocante que los aposentos polvorientos. Tuvo que apurar el paso para alcanzar a su compañera, que no parecía dispuesta a permanecer un minuto más allí –Espera, déjame ver– No es que realmente esperaba que Lillwelyn le estirara el brazo de buena gana, pero cualquiera que tenía que exponerse al peligro como lo hacían ellos día tras día, sabía muy bien el significado de un ruido como el que había provocado la violencia del vampiro.

Tuvo cuidado de no tocarle la muñeca, y después de unos segundos, alzó la mirada sin suavizar su expresión, hurgando en el interior de la chaqueta para dar con su estela –Al menos me hubieras dejado partirle la cara– Aquello sonaba a reclamo, pero Alexei ya se encontraba tan concentrado que no le puso suficiente aspereza a sus palabras. Estaba tan acostumbrado a dibujar runas en otros que le salía con una facilidad impecable. Lo hacia todo el tiempo con Owen sabiendo que su vida podía depender de eso, había aprendido a trazarlas sobre la blanca y suave piel de Ellise inspirado por el afán de su hermana en hacer todo con excelencia y ya para esas alturas era mucho mejor dibujándolas en piel ajena que en la suya propia; Como con la vida en general, se le daba mucho mejor cuidar de otros que de sí mismo, si es que sobrevivir por los pelos al día a día podía considerarse ser cuidadoso –Larguemonos de aquí– Guardó la estela y se dirigió hacia el vehículo extrañamente enfurruñado, como si aun no decidiera porque estaba molesto precisamente...

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El aire de la calle le golpeó en la cara, apestando a polución, y sin embargo agradeció su bofetada porque le ayudó a detenerse, a calmar su respiración y a pausar la marea de ideas que le golpeaba la mente como las olas se estrellaban contra los acantilados. Sin embargo no se detuvo en ningún momento, sino que siguió caminando, y se habría plantado en el coche en escasos segundos si Alexei no la hubiese detenido. Se sentía profundamente humillada por no haber sido capaz de adivinar los movimientos del vampiro y no le apetecía tener a nadie cerca en esos momentos. De hecho había estado a punto de dejarse llevar y gritarle que la dejase en paz en un arrebato de furia tan poco propio de ella.

Pero hubo algo en la forma en la que él le pidió que le dejase ver su muñeca que le hizo frenarse en seco, manteniendo el rostro frío y sereno aunque sus ojos ardían en esos momentos. Consciente de ello no buscó la mirada de él, pero no hizo falta, tampoco, porque Alexei ignoró su rostro para centrarse en su muñeca. Le tomó la mano con tanta suavidad que incluso se estremeció, de nuevo sorprendida. Aunque había sido capaz de prever determinados aspectos de su personalidad, había pequeñas cosas, como aquella, que no dejaban de desconcertarle. Hacía unas horas nunca habría jurado que él pudiese ser delicado en absoluto, y ahora le encontraba sosteniéndole con un cuidado que jamás habría imaginado en él. Se hallaba tan perpleja que su indignación le hizo esbozar una sonrisa divertida mientras le veía hurgar en sus ropajes, probablemente buscando la estela.

Y entonces habríamos tenido que dar muchas explicaciones y todo se habría ido al traste, además de que tu brujo se podría haber enterado y sospechado al respecto –comentó con voz suave, sintiendo que la preocupación de Alexei ayudaba a que la rabia desapareciese. Le enterneció más de lo que pensaba verle tan afectado por lo que había sucedido ahí dentro, teniendo en cuenta que cuando habían salido parecía desconfiar tanto de ella–. Es mejor así. A veces el orgullo sólo sirve para complicar las cosas.

Sus ojos eran increíblemente azules también, pensó distraída, mientras él sacaba la estela. Su pelo castaño de rizaba de forma natural en la frente, y le divirtió imaginarlo de niño con la cabeza llena de bucles al viento mientras corría. La línea de su mentón era dura, pero en ese momento parecía mucho más severa, igual que la arruga de su frente, mezcla de enfado e indignación. Era un hombre guapo, se dijo, mientras apreciaba su belleza como quien mira a un cuadro, y no le avergonzó pensar que probablemente podría pasarse todo el día mirándole.

Cuando sintió el trazo sobre la piel desvío su atención a la muñeca, que le ardía por el dolor, y estuvo a punto de emitir un suave 'oh’ al ver el delicado trazo con el que conformaba una de las runas más bonitas que había visto nunca. Le conmovió que fuese tan tierno en ese momento, tan cuidadoso, completamente centrado en lo que estaba haciendo, y la sonrisa en su rostro aumentó, casi olvidado ya la furia que había sentido minutos antes. No recordaba la última vez que un gesto tan sencillo como aquel conseguía calmarla, pero había una cierta serenidad en su forma de dibujar que contrastaba con todo lo que él era.

Resultaba fascinante encontrar tantas contradicciones y diferencias en una sola persona.

Apartó con lentitud la mano cuando él hubo terminado, sosteniéndola con cuidado, observando cómo se marchaba hacia el vehículo totalmente enfurruñado. Se obligó a dejar de sonreír antes de andar tras él, sintiendo el alivio curativo del iratze conforme avanzaba, la mirada fija en la espalda de Alexei, que le hacía parecer mucho más grande de lo que era por la amplitud de la misma. Cuando llegaron al vehículo se situó a su lado, colocando su mano izquierda sobre la de él antes de que abriese la puerta del piloto, y le miró con esa expresión de serenidad que le acompañaba siempre, pero sonriendo suavemente.

Gracias. –Apretó suavemente suavemente sus dedos contra los de él en un gesto algo inconsciente; estaban helados  en comparación con la piel de él–. Por preocuparte por mí y por curarme. No tenías que haberte molestado. Así que gracias. –Se apartó con lentitud y rodeó el coche para sentarse en el asiento del copiloto. Una vez dentro se giró hacia él mientras éste arrancaba el motor–. Lo único que lamento es no haber visto venir que me haría algo tan estúpido. –Se miró la muñeca, que mejoraba poco a poco, pero sin atreverse a moverla aún–. Fui capaz de prever cientos de cosas mucho más complejas que una simple torcedura de muñeca. Es ridículo que se me pasase por alto… –Aún le escocía, por supuesto, pero su enfado había disminuido bastante–. Si me dejas el papel leeré lo que nos ha escrito.
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–Puede que si, pero también hubiese sido mucho mas entretenido y mucho mas placentero que simplemente dejarle escapar– le rebatió casi de inmediato sin levantar la mirada,  ocupado contemplando fijamente la piel blanquecina sobre la que estaba trazando  la iratze y una extraña inquietud, que no parecía para nada apropiada dadas las circunstancias, le hizo tener que tomarse las cosas mas despacio, aunque eso no limitó su cometido.

Alexei no hubiese engañado a nadie al decir que su temeridad no solía traicionarlo, porque mas de una vez había pisado el pedal a fondo y había tomado riesgos absolutamente innecesarios, pero eso solo implicaba poner su vida en enormes riesgos y no la de los demás. No era ningún cobarde, y francamente, sentía una pequeña parte de su orgullo herido por reducirse a un mero espectador cuando el vampiro hizo de las suyas. Confiaba en sus corazonadas y desde el primer momento había algo en el hijo de la noche que le había desconcertado sobremanera, el no era precisamente parte de toda aquella investigación pero Alexei hubiese metido las manos al fuego porque se tramaba cosas infinitamente turbias ¿Que no tenia pruebas contra el? cierto ¿Que una muñeca rota no era razón suficiente para encerrarle? Seguramente no, pero al menos se hubiese merecido un buen escarmiento por comportarse como un imbécil, o al menos de eso estaba convencido Alexei, que no podía tolerarle después de ver la oscura satisfacción en su mirada mientras tocaba a Lillwelyn.

Una voz racional en su interior le hizo cuestionarse si acaso no estaba tomándose las cosas demasiado a pecho, si su reacción no era demasiado ante algo que solía ser rutinario en la vida de un cazador de sombras, pero no llegó a responderse puesto que el súbito movimiento de la nefilim lo arrancó de cuajo de sus pensamientos, llevándolo a nuevos limites de la confusión. Observó la pálida mano que lo sostenía impidiendo que entrara al vehículo y luego se volvió hacia ella, contemplando su cuidadosa mirada que decía mil cosas, la débil sonrisa dibujada en sus labios, tan fácil y genuina, que Alexei se sorprendió con la manera en que esta amenazó con quitarle el sueño y bórrale todo el enfado de pronto.

Segundos después volvió en si para meterse al coche y encender el vehículo, que despertó con un zumbido. Si no hubiese estado tan ocupado haciéndose un lio mental entonces seguramente le hubiese gritado por agradecerle al hacer algo así, algo correcto –Eres mi compañera. Es tanto mi responsabilidad que la misión salga bien como que tu estés ilesa al final de todo, si no obtengo ambas cosas entonces he sido entrenado para nada– Lo dijo con la seguridad de alguien que no está acostumbrado a recibir halagos, alguien que veía normal servir, sacrificarse y arriesgarse como lo es respirar –Es cierto que quería reventarle la cara al vampiro y eso de ético no tenia nada, pero no me des las gracias por ayudarte– Le sorprendió la quietud de sus propias palabras y comprendió que su enojo estaba dirigido a nadie más que a el mismo. En todo el tiempo en el que había estado enfrentando al vampiro, su mente se había encontrado en un conflicto por la conversación que habían tenido antes de entrar a la casa. No se había concentrado del todo, no había hecho lo suficiente, no había previsto nada... pero de algún modo decirle aquello a Lillwelyn, admitirle que por alguna razón le dificultaba mirarle, se sentía como algo sumamente inapropiado. Le tendió la hoja, cuya existencia había olvidado hasta la mención de la misma –Es un vampiro con miles de años respaldándole, tampoco es que fuese tan sencillo predecirlo. No te cargues con esa culpa, lo has hecho bien y tenemos lo que hemos venido a buscar– centró la mirada en el parabrisas mientras se internaba en la calle, agradeciendo tener algo en lo que concentrarse...
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