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Reunión al amparo de la luna...[Anya M. Bergström]

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Reunión al amparo de la luna
→ Viernes→ 23:30 → En un bosque apartado de Nueva York → Despejado con luna llena


La luna brillaba en lo alto del firmamento, iluminando con su fina luz las copas de los árboles del bosque en el que me encontraba aquella noche. Bañando con su refulgencia cada centímetro cuadrado de la frondosa vegetación que me rodeaba por doquier, silenciosa y expectante de cada paso que realizaba en aquellos terrosos senderos. Podía sentir la mirada de los animales nocturnos de aquella zona clavada en mi espalda, vigilando cada movimiento que ejecutaban los músculos de mi cuerpo, los tenues sonidos de la gravilla contra los guijarros de la superficie que había bajo mis pies.

Sin embargo, en aquel lugar me sentía completamente en paz, y disfrutaba del solido silencio que reinaba por allí, una quietud que invitaba a la meditación y al descanso mental. No alcanzaba a comprender el motivo por el que los mundanos experimentaban terror por andar en una arboleda tan bonita como aquella en el esplendor del anochecer. Si era cuando mejor se estaba, sin los gritos de los mocosos niños humanos ni los ladridos estúpidos de los animales de compañía y sus desagradables defecaciones. Nada de eso, solamente había paz y tranquilidad entre esos frondosos árboles y diversos arbustos de tonos verduscos que se mecían al son del viento nocturno.

Un punto en el mapa perfecto para poner a prueba el verdadero ímpetu de una muchacha que conocí un par de semanas atrás en un incidente bastante curioso. Una joven de la que recordaba cada detalle que poseía su cuerpo, y por qué había conseguido llamar mi atención. Era la viva imagen de una vieja compañera que había caído en combate hacía ya unos cuantos años, nada más ni nada menos que mi parabatai. Sin duda la aparición de la señorita Anya en la línea temporal de mi existencia parecía una broma pesada del destino que ansiaba recordarme la amargura por la que estaba pasando tras esa profunda perdida. De hecho, mientras continuaba caminando por los caminos de tierra de aquel bosque, me puse a pensar el como con su presencia había logrado paralizarme por completo hasta en dos ocasiones. Sin necesidad de tocarme o arrojarme ningún embrujo extraño, tan solo con el foco de su mirada. Algunos podrían explicar tal fenómeno argumentando un posible amor a primera vista, un concepto muy arraigado en las películas de amoríos mundanas.

Solamente por poseer una imagen casi perfecta de la persona que más ame en los dos mundos posibles en la faz de la tierra. Si, era una razón de peso para que algo así sucediera, para que negarlo. No obstante, en aquellos momentos, el simplemente plantearme algo parecido a un amorío me era llanamente imposible. No podía permitirme andar de citas y arrumacos con nadie y menos con una mundana ciega al mundo subterráneo. Si la había convocado en aquel bosque tan alejado de la ciudad era para comprobar si realmente tenía las agallas suficientes para cumplir su promesa de devolverme el dinero que le presté en aquella que pagué a su desdichado hermano.


Al principio recuerdo que puso ciertas reticencias a que nuestro encuentro fuese en mitad de un bosque al amparo de la noche. Un recelo comprensible al tratarse de una mundana acostumbrada a quedar en lugares públicos para realizar tales reuniones con sus semejantes. Pero utilizando el escaso encanto que me quedaba y alguna que otra argucia, conseguí que accediera a esa condición para retribuirme el dinero. Así que, tras una corta caminata, me recosté sobre el tronco de uno de los árboles que se encontraba en aquella zona despejada del bosque. Y en él, con postura completamente relajada y meditativa, aguardé a que la muchacha llamada Anya emergiera de la espesura del bosque dinero en mano.

En el transcurso de aquella espera, comencé a imaginar sin darme cuenta el estado con el que llegaría a mi posición. Sobre todo, el estado anímico que iría adoptando su cuerpo a medida que se internase entre la frondosidad del bosque, con la escasa visibilidad que había. En cierto modo era hasta divertido y si surgía algún problema, siempre podía salir en su busca y rescatarla de casi cualquier bestia que amenazase su vida. Sería bastante fácil localizarla en mitad de aquella penumbra, tan solo tenía que localizar una sola traza de cabello taheño. Unos vivos colores que no tardaron en emerger de dichas tinieblas, junto a unos sonidos de aplastamiento de ramajes y agitación de hojas que me hicieron reír ligeramente.

La pobre mujer estaba peleándose con unas fastidiosas enredaderas de unos matojos de la zona, que impedían que pudiese salir al exterior con facilidad. Una contienda que no parecía estar precisamente ganando, por los gestos de irritación y enrojecimiento que empezaban a dominar sus esbeltos pómulos. Además de las ingentes cantidades de sudor y suciedad que impregnaban sus ropajes, dando la clara impresión de que su travesía por el bosque no había sido del todo agradable. Y en el suelo, a pocos metros de sus narices, un pequeño sobre manchado de tierra, el cual trataba de alcanzar con suma desesperación.

Un botín a merced de cualquier criatura desalmada que pasara por allí, ya fuese animal, humano o subterráneo. Demasiadas facilidades para cometer un hurto que condenaría a esa pobre chica a perder ese dinero tontamente y a ser engullida por las fauces del bosque. Suspiré largamente y me acerqué a la muchacha, sacando un cuchillo serafín que tenía escondido en la espalda. – Apartase ligeramente a la izquierda y no se mueva un pelo. Voy a proceder a liberarla de su atolladero. - giré entre mis dedos el arma y en cuanto Anya cumplió mis órdenes, realicé un tajo preciso que la liberó de su asfixiante prisión. Una excarcelación que por poco acaba de bruces en el barro si no llega a ser por el ágil movimiento de mi brazo, amortiguando su caída.

- Con cuidado, a ver si se va a volver a romper el tabique de la nariz por ser demasiado impetuosa. - murmuré mientras la ayudaba a incorporarse con delicadeza, sin prestar atención al sobre que seguía cogiendo polvo en el piso. – Se acaba de ganar una parte de mi respeto. No pensé que sería capaz de llegar hasta aquí para devolverme el dinero. Eso habla muy bien de usted, señorita Anya. - la halagué alejándome unos metros de ella, para proporcionarle unos metros de espacio vital, donde así pudiese acondicionarse y recoger lo que casi pierde por inconsciente. – Aunque debo decirle que debe mejorar sus habilidades como exploradora de bosques. No puede ser que una planta enredadora común la haga sufrir tanto. – un pequeño consejo que más bien era una camuflada burla amistosa a sus nulas capacidades de supervivencia. Acto seguido, regresé al árbol en el que me hallaba recostado y esperé a que ella se acercase cuando fuese conveniente, tras recuperar el aliento y quizás un poco la dignidad.







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Reunión al amparo de la luna
→ Viernes→ 23:30 → En un bosque apartado de Nueva York → Despejado con luna llena


La vida ha vuelto a su aparente normalidad, pues su cauce no se detiene y aunque su mundo se ha visto removido por los últimos acontecimientos, ella debe seguir adelante. Habían pasado dos semanas desde que entró a ese bar a buscar a su hermano tratando de salvarlo de sí mismo, del vicio que lo estaba consumiendo y por encima de todo ello, trataba de darles serenidad a sus abnegados padres. Esta vez no pudo evitar la tormenta. Al llegar a casa con Alek dormido como un tronco por los efectos del alcohol, fue descubierta por su madre quien llegó al hogar antes de lo esperado. Como pudo consoló a su querida madre mientras arrastraban al beodo hacia el interior de la casa. En poco tiempo su padre se dio cita en casa para iniciar las tareas de desintoxicación del mayor de sus hijos, también para ayudarla a ella con su nariz rota. Tuvo que escuchar a su madre durante media hora hablándole sobre la confianza, incluso cuando es obvio que esto no se trataba sobre aquello. Si bien sabe que no estuvo bien ocultar la verdad, no se arrepentía de haberlo hecho. Sólo quería evitar pesares. De lo único que es culpable es de creer que su hermano encontraría el juicio pronto tomando la decisión de cambiar por cuenta propia.

Su hermano estaba castigado, sin dinero, ni tarjetas. Sin estudios pagos, apenas el techo y la comida. Eso generaba mal ambiente en la casa, porque cuando sus padres se marchaban era ella quien lidiaba con el mal humor del ebrio. Siempre acosada por dinero, encerrándose en su habitación para sentirse a salvo y de paso, resguardar sus pertenencias por si al irresponsable de su hermano se le daba por empezar a vender afectos ajenos para satisfacer sus deseos más dañinos. En cuanto a la deuda que tenía con su salvador misterioso, no dijo nada a sus padres. Esa cuestión era suya, fue ella la que contrajo la deuda y era ella quien la pagaría. Además, si decía que le debía dinero a un extraño que en algún momento la contactaría, le quitarían el celular prohibiendo que fuese sola al encuentro. Y ella debía saldar esa deuda.

Estaba en su habitación trabajando en un proyecto que le dejaron en la Academia cuando el sonido de su celular le advirtió de una llamada. Al visualizar el aparato detectó que le llamaban de un número desconocido, sin dudar contestó acelerándose su corazón al escuchar la voz masculina de aquel hombre. Cerrando los ojos se tranquilizó para intercambiar unas cuantas palabras. Él quería su dinero, lo necesitaba hoy por lo que debían verse en el bosque de las afueras de la ciudad en media hora. Eran las 11 de la noche. Ese detalle le llevó a tratar de cambiar el punto de encuentro sin tener éxito. Él le recordó las palabras que ella dijo en su primer encuentro. Prometió que iría o enviaría el dinero a donde él le indique. Apretando los labios aceptó cortando la comunicación de inmediato.

Se vistió con simpleza. Pantalones de mezclilla acordes a su esbelta figura, camiseta de manga corta blanca con ribetes negros, zapatillas negras y una chaqueta de cuero del mismo color para resguardarse de la frescura de la noche. En la espalda cargaba su mochila con el dinero y un par de libros que llevaba por inercia. Sin embargo, ese no era el único peso que cargaba. Hacía poco menos de un año estuvo en ese bosque, fue en una época donde estaba interesada por la fotografía. La luz de la luna se reflejaba curiosamente sobre la copa de los árboles creando una tonalidad que fue a captar con el lente de su cámara. Lo que encontró allí fue distinto. Un demonio, una figura amorfa y babeante que se alimentaba de una persona caída. Lo vio, gritó y huyó buscando ayuda, pero nadie le creyó. Primero porque no se encontró ningún cadáver, y segundo porque era increíble que existiera una figura de ese tipo atacando a personas. Pero ella sabe que lo que vio fue verdad, por eso no había vuelto a ese bosque y estaba tan preocupada al tener que hacerlo.

Al bajar del taxi sintió el temor recorrer su cuerpo. Cogió aire ajustándose la mochila y sin pensar en demasía comenzó a andar manteniéndose alerta. Esperaba encontrar al rubio antes que a aquel demonio, porque aunque no sabe como actuar con los dos, el humano era más llevadero. El camino comenzó a volverse tenebroso por la oscuridad y el baño de la luna llena sobre los terrenos frondosos. Los sonidos del bosque hacían presencia, hasta que el silencio llegó como una advertencia de que algo estaba mal. Entonces lo vio, el mismo demonio deambulando por el camino. Se escondió tras el tronco de un grueso árbol conteniendo la respiración para no evidenciar su presencia. El temor marcó la expresión de su rostro encendido por las emociones y la incertidumbre de su destino. Con extremo cuidado cambió de ruta, sin hacer ruido hasta que creyó que la distancia le daría cierta ventaja.

A partir de allí fue dando tumbos, presa de sus nervios. ¿Por qué ella veía estas cosas? Ha pasado la vida viendo demonios y figuras que nadie más podía ver, aun cuando ella las apuntaba. Siempre observada con tristeza y pena, siempre tratada como quien tiene problemas serios. Después de recibir terapias empezó a decir que era fuente de su imaginación, pero en el fondo no lo creía. No lo creía y menos después de esta noche. Agitada se detuvo para aguzar el oído encontrando cualquier pista del paradero del rubio y la confirmación de que estaba a salvo.

Con dificultad llegó a divisarlo, estaba allí con la espalda recostada sobre un nudoso tronco. Sus pies comenzaron a moverse con rapidez, pero sin agilidad suficiente que evitara la aprisione una especie de enredadera. En medio del forcejeo el sobre de dinero cayó del bolsillo de su mochila, sacando entredientes una maldición como protesta. La gracilidad con la que el rubio se movió hasta darle alcance fue indescriptible. Fuera de la forma en que el color negro de su atuendo resaltaba el color de su piel dorada, existía una sincronización que cualquiera envidiaría. Estando cara a cara notó que él lucia una sonrisilla soncarrona al verla en semejante enredo. Con labios fruncidos accedió a obedecer su orden apartándose al costado para que él la libere. Giro el rostro para no mirarlo. Estaba enfadada. Enfadada consigo misma por tener esa entrada triunfal, por volver a tener el papel de dama en apuros y por darle a él un motivo para divertirse. Porque eso estaba siendo el señor Indestructible. ¿Acaso él jamás ha caído en desgracia por falta de concentración? Sabía la respuesta: por supuesto que jamás le ha pasado. Para rematar el fue tan preciso y ella nuevamente despistada al seguir el hilo de sus pensamientos, que perdió el equilibrio nada más quedar libre, así nuevamente quedó entre esos brazos fornidos que le regalaban cierta estabilidad. –
Gracias, de nuevo. – susurro liberándose de esos brazos que en segundos encendieron ese cosquilleo eléctrico que desestabilizo sus ideas por completo.

Él se apartó unos metros dándole espacio. Internamente agradeció tal dadiva. Necesitaba encontrar su equilibrio y no se refería específicamente al que perdió al trastabillar por el camino. Debía dejar de perderse en esos ojos azules, liberar esos pensamientos que la llevaban una y otra vez a preguntarse sobre él. Esa necesidad de saber a detalle que le hacía estar en ese bar de mala muerte embriagándose, y más aun, entender el matiz de emociones en sus pupilas azulinas. Se concentró, fue más o menos sencillo después de decidir qué se preocuparía por aspectos simples. Como recoger el sobre con dinero, volverlo a meter en la mochila. Sacudir sus pantalones para quitarles el polvo y limpiar su rostro encendido del sudor que estaba adornandolo. Iba bien hasta que su mente aguda le llevó a cuestionar el motivo que tendría un joven como él para llevar un cuchillo tan particular. Si fuese cosa de defensa personal llevaría una navaja ¿No? ¿O es que es una nueva moda lo que él estaba siguiendo? Dejó sus acciones mas humanas para dirigirse a él, caminando con cierta precaución hasta situarse justo en frente de su ubicación.
– Veo que lo divierto, señor. -murmuró al descubrirlo riendo por lo bajo. De verdad, esto podría ser considerado el momento más embarazoso de su vida. El peor. Se sentía un bufón, pero no podía ponerse delicada con quien la ha ayudado. Al menos no tan quisquillosa.- Le prometí que tendría listo el dinero para cuando lo necesite. No me conoce, pero sepa que no prometo algo que no puedo cumplir. - sonrió, fugazmente porque él volvió a recalcar su falta de habilidades de expedición. Esta bien, el senderismo no era lo suyo, tampoco lo sería en ese sitio. – No sea irritante. - exclamó conteniendo un zapateo ridículo que quiso dar para liberarse del enfado.– De todas formas ¿por qué me citó en un sitio como este? Cargado de... – se quejó quedándose callada porque de terminar esa frase él la vería como a una demente. En silencio sacó el sobre de la mochila tendiéndoselo manteniendo la mirada sobre aquel rostro de facciones duras.







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Reunión al amparo de la luna
→ Viernes→ 23:30 → En un bosque apartado de Nueva York → Despejado con luna llena

En aquella posición privilegiada, tuve el placer de contemplar cada traza del cuerpo de aquella muchacha. Que, a pesar de su evidente torpeza, era bastante atractiva físicamente hablando. La luz lunar le brindaba unos detalles a su físico que la hacían aún más interesante, iluminando su piel al emerger de la oscuridad de los arbustos y revelando sus refulgentes luceros. La luz lunar recorría cada centímetro de su fisionomía y la detallaba minuciosamente, revelando el trabajo que había realizado la naturaleza con su cuerpo a lo largo del tiempo. Unas imágenes que sin duda animaban la vista y lograban distorsionar mi concentración habitual, de manera excepcional. Estaba completamente seguro de que cualquier mundano habría quedado sin palabras para el resto del anochecer con tal representación de mujer. El legendario encanto femenino que siempre ha mantenido a los hombres a su merced durante siglos y siglos, por mucho que tratásemos de aparentar lo contrario. Hasta los hombres más poderosos de la historia habían estado dominados por completo por la belleza de alguna fémina o su capacidad de manipulación. Era innegable que el sexo femenino poseía las armas necesarias para tal fin, solo había que observar a Anya para verificarlo.

Sin embargo, lo que me interesaba de aquella muchacha no era su espectacular físico, sino lo que ocultaba tras aquellos cristalinos luceros. Quería averiguar qué tipo de mujer se escondía tras aquel mar de ojos verduscos repletos de luz, y sobre todo si tenía la capacidad suficiente para seguirme el ritmo en según que asuntos. Es cierto que demostró una gran valentía al llegar a aquel punto del bosque sin ayuda de nada y nadie, en plena noche, y un gran sentido del honor. No obstante, para mí eso no era suficiente, deseaba comprobar hasta qué punto era capaz de llegar aquella chica con tal de saldar sus deudas. Tampoco iba a forzarla a demasiado como si fuese una mujer de mi propia raza. Comprendía hasta cierto punto que los mundanos poseían unos límites físicos que se debían respetar si no querían acabar agotados o casi muertos. No me apetecía en absoluto tener que cargar con su cuerpo hasta el hospital mundano más cercano por haberla forzado más de la cuenta. Así que comencé a elaborar algún que otro plan rápido para poder ejecutar mis deseos, mientras escuchaba sus quejas y pequeñas lamentaciones, las cuales no estaban faltas de razón.

Mientras continuaba maquinando mis ideas para testar el temple de Anya, guardé el cuchillo serafín que había utilizado con anterioridad para liberarla en uno de los bolsillos de mi chaqueta. Era un objeto demasiado vistoso para ir mostrándolo en mitad del bosque, con la cantidad de animales salvajes que había que sentían atracción por los objetos brillantes. Acto seguido, crucé los brazos sobre mi pecho, sin dejar de analizar cada movimiento que la señorita Anya realizaba ante mis ojos, tratando de mantener una serenidad que ocultara lo que realmente se estaba engrasando en mi mente. En cuanto mencionó el tema del dinero, mis ojos se desplazaron inmediatamente al sobre blanco que ahora portaba entre sus delicadas manos, ligeramente manchado de barro. No me hacía falta abrirlo para saber que contenía exactamente la misma cantidad que pagué en su momento por la cuenta de su fastidioso humano. Lo revelaban una vez más sus brillantes luceros, que me observaban expectantes de cualquier tipo de respuesta o aprobación por mi parte. Por la apertura de una cerradura social que esperaba que se abriera por conseguir aquel fajo de mugrientos billetes.

Sin siquiera molestarme en responder inmediatamente a las cuestiones que me arrojó en su momento, me separé del tronco del árbol en el que me encontraba, acercándome a su posición. Unos sutiles movimientos que no quebrantaron el sólido silencio que se había interpuesto entre ambos tras la finalización de su intervención, manteniendo la calma del bosque intacta. Y en tal solo un instante, desaparecí de su vista, en un ágil movimiento que había realizado en miles de ocasiones diferentes, para ocultar la presencia a mis enemigos en batalla. Una acción que llenó de inquietud a la pobre muchacha, que aún sostenía aquel sobre con temblorosas manos, arrugando las fibras celulares de este sin percatarse siquiera. Pero antes de que pudiese emitir un solo suspiro, emergí de las sombras para aparecer justo en su espalda, en un desplazamiento sigiloso de manual. Una posición perfecta para realizar mi siguiente intervención en nuestra cordial conversación, dándole una pizca de una sal llamada interesante. – Me divierte, eso es cierto. Y eso es bueno, porque pocas personas pueden presumir de tal lujo. Pero de momento tiene mi más sincera admiración, por atravesar todo un bosque por una pequeña deuda de dinero. -  murmuré en su oído antes de que siquiera pudiera girarse por completo, moviéndome con celeridad al tronco de un árbol cercano, escalándolo con rapidez.

En pocos segundos llegué hasta el punto donde se bifurcaban sus ramas, y me desplacé a la más próxima, acomodándome en ella con suma soltura, ganando altura respecto a la muchacha de ígneos cabellos. Una secuencia de acciones que añadieron más versatilidad a nuestro encuentro, que definitivamente se había separado por completo de un simple pago de deuda monetaria estándar. – Un dinero que nunca le reclamé, por mucho que usted insistiera. Ya que el dinero gastado en alcohol nunca se debe recuperar, porque esta ensuciado por el vicio y la desgracia. Sin embargo, aquí esta, sobre en mano para acabar con una supuesta deuda que usted está convencida que tiene conmigo. – comencé a balancearme sobre el ramaje desde el que hablaba, como si fuese un niño pequeño que le encantara hacer todo tipo de travesuras. – ¿Y si le dijera que no es necesario que me devuelva ese dinero por enésima vez? Que solamente lo hice para que no fuese devorada por una oleada de borrachos sin escrúpulos. ¿No puede aceptar que lo hice por bondad porque estaba en una situación similar a la de su hermano? – la interpelé frunciendo el ceño por esto último, recordando por un segundo los problemas que tenía con la bebida. Unos excesos de alcohol que amenazaban directamente a mi salud y a mi carrera de nefilim, pero que hasta ese momento no di importancia, un error que pagaría más adelante.

- Está claro que hasta que ese dinero no acabé en mis manos no va a detenerse. Sin duda usted posee una determinación formidable, lástima que la esté desaprovechando con alguien como yo. –
suspiré y me recosté suavemente sobre la rama en la que me hallaba, contemplando así las resplandecientes estrellas del firmamento. Una imagen que al menos valía para evadirme por unos minutos de la presión psicológica que realizaba aquella mujer sobre mí con aquel maldito sobre y aquellas miradas de lastima en sus luceros de color esmeralda. No necesitaba ni su compasión ni su maldito dinero, por mucho empeño que pusiese en entregármelo. Sin embargo, las malditas solicitudes que mantenía con cierta persona me impedían que simplemente pudiese ignorarla por completo y dejarla allí a su suerte. Cada vez que pensaba en ello, me ardían las carnes de una forma casi demencial, por una persona que no conocía apenas. Unas dolorosas y profundas sensaciones que me hicieron maldecir en más de una ocasión en las paredes de mi mente por qué había escogido aquel bar de todos los que había en la ciudad. Y, sobre todo, por qué había pagado la deuda del cretino de su misero hermano.



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Reunión al amparo de la luna
→ Viernes→ 23:30 → En un bosque apartado de Nueva York → Despejado con luna llena


El fulgor de la luna era hipnótico, junto a los matices que generaba en la copa de los árboles, vertiendose entre las ramas para dar un aspecto inigualable al bosque. Un paisaje tenebroso para la mayoría. Uno muy diferente para ella. Sin embargo, puede que la raíz de su embeleso no fuese el panorama sino más bien el hombre que la esperaba a unos cuantos metros. Su pose despreocupada, apoyada su espalda sobre el tronco del árbol como si fuese casual que estuviese allí, cuando nada de él llegaba a parecerle casual o común a ella. Nuevamente llevaba ropas de color negro, las mismas botas que le vio calzar en el bar, y un diferente brillo en los ojos azules que lograban paralizarla. Exigiendose concentración fue que dejó de mirarlo para sacudir un poco más sus pantalones. De alguna manera debía esconder sus reacciones faltas de raciocinio. ¿Por qué debía paralizarla con sólo una mirada? Es correcto decir que él ha sido el único hombre que se ha tomado la molestia de ayudarla, al punto de defenderla de todos los peligros que ella comúnmente soportaba para salvar a su hermano de su vicio. Intentaba convencerse de que sólo se le aceleraba el corazón al verle, porque él ha sido una especie de héroe para ella. No tenía que existir un motivo oculto, como tampoco debía darle más vueltas a la nostalgia que detectó en esas pupilas azul intenso.

Serenidad, necesitaba llenarse de serenidad para centrarse en lo que es conveniente. Él no era un misterio a resolver. Era sólo un misterio, nada más. Ella sólo le debía agradecimiento por la cantidad de favores que le hizo en pocas horas. Lo único que le debía era el dinero que mantenía en ese sobre desde hace dos semanas. Dinero que mencionó mostrando el pequeño paquete para finalizar este asunto. Ya que finalmente él decidió que recibiría el dinero. Sus pensamientos volvieron a quedar colgados ante la presencia de él. Le hubiese gustado tener un nombre con el que denominarlo. Él, no parecía ser justo para ese fin. Se recordó respirar, sonreír y moverse ligeramente para no dar impresiones equivocadas. Insistió extendiendole el sobre, un accionar que él ignoró con todas las letras.

Su mano quedó extendida sin tener una respuesta por parte del rubio. Elevando el rostro lo miró a los ojos para ver si en ese par de luces encontraba una respuesta. ¿La llamó para recibir su dinero? Frunciendo el entrecejo concluyó en que no era únicamente ese el motivo. ¿Qué se traía entre manos? Mantuvo firmeza en su mirada intentando penetrar a través de sus ojos de azul intenso, pero a los pocos segundos se sintió rebasada. Había algo en su mirada, en la mirada aguda que ponía sobre ella, que le hacía sentirse completamente desnuda ante su presencia. El rubor subió a sus mejillas, sintió el calor inundarle el rostro previo a su cambio de postura. Apartó el rostro lentamente, consiguiendo respirar después de ese simple contacto. Él comenzó un discurso que ella abrió la boca para atajar sin tener la oportunidad de hacerlo. El rubio desapareció. En un segundo ya no estaba frente a ella, quedándose confundida por la velocidad en la que se le perdió de vista. -
Los seres humanos comunes no tenemos la habilidad nata de salir ilesos de cualquier situación. - -fue como si le tirara de la lengua por burlarse de ella. Porque es lo que estaba haciendo bajo ese disfraz de halagos y exquisita educación. Además, bien podía dejar en evidencia que no se ha olvidado de lo que sucedió en el bar. Tiene latentes cada una de sus consultas, las mismas que le hizo directamente y unas cuantas que han surgido después de analizar en soledad los sucesos de ese día.
Estrechando la mirada expresó que no se ha olvidado del tema, y que no dejará de insistir hasta que él tuviese la delicadeza de responderle. . -
Pero, qué bueno que lo divierto. - -murmuró sintiéndose una especie de bufón personal. Por supuesto, él tenía toda la pose de la realeza.

Repentinamente fue sorprendida una vez más por la velocidad con la que se apartó de ella. Pudo seguirle el rastro los primeros dos segundos, después fue como si se hubiera esfumado. Iba de rama en rama como un gimnasta profesional. Al percibirlo sobre el árbol que tenía en frente, se acercó allí estrechando la mirada para dirigirse a él, quizás con un tinte no muy educado en sus palabras. . -
¿Va a decirme de una vez qué es usted? - -alzando una ceja se cruzó de brazos cambiando de posición, sintiéndose más cómoda. Literalmente él la dejó con la mano tendida, ni siquiera tuvo intención de coger el sobre con dinero. ¿Cuál era su problema? ¿Estaba loco? La llamó para pedirle el dinero, y ahora se comportaba como un lunático que no desea su pago. Una vez más la dejo con la incertidumbre centrándose en hablar sobre el origen de la deuda, la forma en que él ha intentado por todos los medios que ella lo olvide, y la negativa que recibió de su parte. Encogió los hombros para que dejara de hablar del tema. Ella no iba a quedarse con ese dinero, porque no es suyo. Lo correcto es que él reciba el dinero. . - Mire, déjese de tonterías, y tome el dinero. El dinero que dejó en el bar saldaba una deuda de mi hermano, no suya. No importa el ángulo de donde lo mire, la devolución siempre será lo correcto. Mi hermano ya ha arrebatado demasiadas cosas a otros, no voy a dejar que le arrebate a usted su dinero -sentenció observando como él jugaba con las ramas sin el menor temor a sufrir una caída. ¿Caída? Seguramente caería de pie como los gatos. En un segundo las palabras que él escogió para seguir su réplica la enternecieron. Bajando la faz se concentró en el movimiento de sus pies para no mostrar abiertamente que su rostro estaba enrojecido, y su corazón latiendo desbocado al recordar el preciso instante en que él se abrió paso entre esa ola de beodos salvajes, solo para llegar hasta ella y sacarla de allí. De nada servía que él estuviera en una ubicación ideal para recibir la luz de la luna sobre su rostro, pareciendo que brillaba con luz propia. Cogió aire, a ver si así se acababan esos lapsus sin sentido. - Yo le respondería que este dinero es suyo, y que no pienso quedarme con él. Mire, sé que usted me ayudó por bondad, no dudo de eso y créame que estoy muy agradecida por su intervención, pero eso no quita lo otro. Este dinero lo ganó usted, debe gastarlo en usted mismo, de preferencia lejos del alcohol, que como usted mismo ha citado solo trae desgracia. - curvó los labios en una sonrisa sincera, esta vez mirándolo a la cara al tiempo que negaba con un movimiento ligero de cabeza. Movimiento que agitó las hebras rojizas de su pelo ondulado. - No se compare con Alek. Él bebe por beber, no tiene ningún motivo de peso para hacerlo, en cambio usted lo tiene, pude ver una pena profunda en sus ojos. - terminó por morder su labio inferior, deseando hacerse daño por abrir la boca de más. ¿Ves? Ese es el motivo por el que es prudente mantenerse alejada del resto del mundo. Así no te miran raro por hablar de esa forma. Por ver cosas que van más allá de lo comprensible, y admisible. ¿Qué hacía ella analizando la expresión de esos ojos cobalto? Solo debía agradecerle y marcharse, solo eso.

El silencio se hizo presente. Absurdamente sintió que eso era una brecha entre ambos. Con nerviosismo se movió balanceando su peso de una pierna a otra, como si ese bailecito ridículo lograra que él despegara la mirada del cielo nocturno para clavarla en ella-
Si creyese que es una pérdida de tiempo no hubiese venido. Vine porque el dinero es suyo, y porque me debe un... - unas cuantas respuestas, eso le debía. Respuestas para saciar su curiosidad, respuestas que tendrían que esperar al ser interrumpida por el sonido armónico que tenía como tono de llamada en su móvil. Resopló cogiendo la mochila para hurgar en ella dejando allí el sobre con el dinero para coger el artefacto plateado envuelto por una funda de color nude. “Casa”, anunciaba el identificador de llamadas e inmediatamente contestó cerrando los ojos y dándose la vuelta para tener cierta privacidad. Privacidad para mentir. - Hola mamá... - murmuró sonando agitada. Debía mejorar eso si quería sonar natural al decirle que salió a dar una vuelta para despejarse. Entonces la voz ronca de su hermano provocó que se le aligere la carga. ¿Desde cuándo Alek la llamaba para saber dónde está? Arrugando la nariz respondió- No tengo tiempo Alek, salí a dar una vuelta. - replicó dejando claro que no tenía intenciones de dar explicaciones. Volvería a casa pronto. Ella no salía nunca, ¿por qué el control? Y entonces ese olor nauseabundo volvió a llenar sus fosas nasales, y lo supo. Supo antes de enfocar la mirada al frente, que allí estaba ese demonio. Dejó caer el celular, paralizada, con su mente pensando a mil por hora. ¿Qué podría hacer? Tenía que hacer algo, pronto. Correr no sería una opción, ese ser estaba demasiado cerca con la mirada puesta en ella. Ya lo había visto atacar, salvándose solo porque mantuvo silencio. Esta vez estaba al descubierto. - Debe irse, ahora, corra. - exclamó con apremio dirigiéndose al rubio. Pensaría que está demente al verla dar un paso hacía atrás cogiendo una rama caída, pero no hay tiempo para explicar que ella ve cosas que otros no.







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Reunión al amparo de la luna
→ Viernes→ 23:32 → En un bosque apartado de Nueva York → Despejado con luna llena

Desde aquella posición elevada, podía contemplar cada facción de su rostro, las diferentes tonalidades y gestos que entornara este a la luz de la luna. Además de su claro tono de voz, que se filtraba a través de las hojas de aquel viejo árbol, dándole una acústica casi perfecta. Me sentía bastante cómodo en aquel improvisado asiento, de vez en cuando me gustaba alejarme de la tierra firme y escalar algún tipo de estructura, ya fuese natural o creada por el hombre. Tan solo por la sensación de estar unos peldaños de altura más arriba que el resto de seres vivos que me rodeaban en el día a día. Un pequeño movimiento de escape que realizaba a menudo y que en pasados combates me había dado en más de una ocasión la ventaja que necesitaba. Un ataque aéreo podía ser decisivo en confrontaciones que puedan estar igualadas, ya que la fuerza de la gravedad te otorgaba un poder extra que aumentaba tus probabilidades de victoria más de lo que muchos puedan pensar. Pero en aquellos momentos, solamente lo hice para testar la paciencia de la muchacha que se encontraba unos metros más abajo. El cuanto tardaría el mandarme al cuerno por andar saltando por las ramas de un árbol en vez de prestarle mi total atención.

Reí ante su afirmación sarcástica sobre los humanos, era evidente que un ser humano no estaba dotado de las habilidades de un nefilim, ni lo estaría nunca. Por el mero hecho de que éramos de base una raza superior creada por el omnipresente arcángel Raziel, una entidad que estaba muy por encima de las deidades humanas. Para algunos nefilim, el ser comparado con un mundano de calle era como mínimo un insulto a su propio orgullo, suerte tuvo aquella chica de que no era uno de ellos. En definitiva, debía medir sus palabras en el futuro si no quería atraer más problemas de los que ya tenía con su hermano consumido por el alcoholismo. – Debería tener cuidado con lo que dice por esos finos labios. O acabará generando más contratiempos de los que podrá controlar. Y no siempre estaré ahí para salvar su humano y bonito trasero. – la advertí en un tono que era burlesco y severo al mismo tiempo, semejante al de una madre con su retoño. Un encogimiento de hombros brotó de mi cuerpo al escuchar su débil sarcasmo, no es que me importara demasiado que se hubiese ofendido por mis anteriores palabras la verdad. Mientras seguía atento a sus palabras, realicé unos breves ejercicios sobre el ramaje, entreteniéndome a la vez que ponía un poco a prueba el equilibrio propio.

Su pregunta me detuvo en seco por unos momentos, interrumpiendo mis pequeños juegos de equilibrista, frunciendo ligeramente el ceño por su maldita persistencia por saber cosas que no le concernían. Entorné la mirada en su dirección y con esta le dejé claro que no estaba dispuesto a revelar la respuesta a esa cuestión, mostrando mi evidente molestia. Una cosa era relacionarme con mundanos de vez en cuando y divertirme con sus manías y evidentes estupideces. Y otra completamente diferente era revelarle mi verdadera identidad de buenas a primeras, cuando tan solo la conocía de un par de casualidades. Simplemente, mi código ético como nefilim me lo impedía. Que estaba por encima de todo, incluso de mi propio orgullo, que también se mostraba en total desacuerdo con tal posible revelación. Pero mi error fue exponer el fastidio que me producía su interpelación, ya que le estaba entregando cartas que se volverían contra mí en un futuro no muy lejano. Suspiré con fuerza y enfrié los fuegos de la incomodidad que estaban devorando mis entrañas, con tal de recuperar la calma. – Es una verdad para la que no está preparada. Créame, no lo está, se lo aseguro. Y no admitiré más replicas sobre esta cuestión. – zanjé mientras me sentaba con cierta brusquedad sobre el ramaje, dando énfasis a las palabras que acababa de pronunciar.

Desde aquella posición, continué escuchando las palabras que emergían de su boca, y observar cada movimiento que realizaban sus músculos faciales. Sin percatarme de ello, mis luceros eran incapaces de despegarse de las líneas y curvas que describía su rostro, sobre todo al hablar. Un hechizo del que era un completo prisionero y que tan solo terminó cuando sus respuestas concluyeron. El cual desvió mi completa atención a lo que realmente estaba diciendo y solamente capté las palabras necesarias para poder elaborar una contestación medianamente decente que no me posicionara en el rango de ser un idiota.  - ¿Me va a forzar a coger el dinero de alguna forma? Porque me temo que solo así logrará su propósito. Y tras lo del bar, no estoy seguro de que tenga fuerzas para tal fin. – repliqué ligeramente hastiado por su enésimo intento de retribuirme ese sucio fajo de billetes, saliendo definitivamente del embrujo antes mencionado. Una ceja de incredulidad se alzó en mi rostro, tras sus afirmaciones arrojadas al aire, como si fuesen proyectiles de una escopeta de feria. Sacar a la luz mis problemas con el alcohol de aquella manera me incordió sobremanera, por el mero hecho de que una mundana no tenía derecho a indagar en ese tipo de asuntos. Por mucho que se asemejara físicamente a “ella” no iba a permitir que se cruzase esa línea roja que tenía marcada a fuego en mi interior. – Le advierto que no vuelva a tratar de meterse en esa cuestión en concreto. Y menos usándome como comparación con su hermano, al que saqué de aquel tugurio de mala muerte. Espero que no cometa ese error más adelante, señorita Anya, no quiere probar mi paciencia. -  descendí de la rama del árbol con un violento salto, cayendo sobre mis pies en una posición de máxima alerta, un gesto que no realicé precisamente por sus palabras.

Ignoré su ultimas frases al percibir una presencia extraña en la zona, un ente que rezumaba oscuridad por doquier y por lo que parecía, se dirigía hacía aquí. Casi era capaz de oler su hedor demoniaco desde donde me encontraba, su avidez de sangre fresca. Con sumo cuidado, saqué mis dos cuchillos serafín de los escondites de mis ropajes, y comencé a caminar hacia Anya, siguiendo la corriente de miasma de aquella criatura. Pero en cuanto me disponía a alertar a la muchacha y colocarla a la espalda, observé de antemano como ella misma se había girado por completo, arrojando su móvil con expresión de puro terror. Ese cumulo de acciones me sorprendió por completo, tanto que por un momento la concentración se evaporó de mi mente. ¿Ella lo ha sentido también? Era la pregunta que se había generado en mi cabeza, y la cual se respondió sola cuando armada con una ramita de árbol, me casi gritaba que corriera para salvar mi vida. Definitivamente poseía la visión del otro mundo, no sabía a qué grado, pero la albergaba en sus ojos, no había símbolo alguno de duda. – No, apártese usted de en medio. O esa criatura la va a destrozar. – palabras que apenas pude pronunciar al mismo tiempo que aquel moloch arrojaba sus llamas hacia su dirección. Un ataque que hice que esquivara saltando sobre ella y apartándola de la trayectoria en el momento justo, antes de que su cuerpo fuera carbonizado por completo.

Me incorporé y apartando flashbacks de mi oscuro pasado que vinieron a mí por la visión de aquella grotesca criatura demoniaca, cerré los ojos. Y empuñando los cuchillos, empecé a realizar mi particular danza alrededor del engendro, llamando su atención y alejándola de la pelirroja. Una extraña coreografía de combate que había perfeccionado y personalizado con los años, que se basaba en combatir a los enemigos con solamente el poder de mi mente y mis manos, sin necesidad de verlos. En cuanto acabé de marear a aquella criatura, inicié mi ofensiva, rasgando varias zonas de su fisionomía. Alcanzando poco a poco sus puntos vitales, y sorteando sus llameantes ataques. Tras unos breves minutos de batalla, una de mis hojas decapitó al demonio, eliminando sus fuerzas restantes después de mis anteriores cuchilladas. Un golpe fatal que borró del mapa al temible enemigo, convirtiéndose en un amasijo de sangre demoniaca bastante asqueroso. He de decir que tuve suerte de no ser impactado por aquella sustancia, o habría tenido que darme más de un baño. Guardando mis armas, me aproximé a la pobre muchacha aun tendida y le ofrecí una mano. – Está usted bien? – le pregunté repleto de sudor y medianamente resignado porque tras revelar su visión estaba obligado a darle las explicaciones que tanto exigía.



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Reunión al amparo de la luna
→ Viernes→ 23:30 → En un bosque apartado de Nueva York → Despejado con luna llena


Es notorio que la manera impactante en que se veía bajo la luna era completamente opacada por la pose que estaba tomando. Si él pretendía que ella apareciera para mantenerse callada sin discrepar a cada palabra que emitiera por esos carnosos labios, debió decirle que envíe el dinero a través de un servicio de mensajería. También existían las transacciones bancarias. Se tornaba más confuso por qué la hizo venir hasta este lugar tan alejado de los vaivenes de la sociedad neoyorquina. Muchas teorías eran realizadas por su mente, sin que ninguna de ellas parezca satisfactoria. Pronto se dio cuenta de que este hombre es un enigma. Ocultaba demasiado, empezando por su nombre, por el motivo de esa tristeza que se carga en el interior y su proceder tan antónimo a su arisca manera de actuar cuando estaba cerca de ella. Y ese es el motivo por el que ella prefiere la compañía de un buen libro y un café antes de la de una persona. Las personas pueden ser muy sencillas de leer, lo que puede ser muy aburrido. O muy difíciles. Aunque ella sabía que él no es tan frío como aparenta ser, era demasiado complicado seguirle el paso. Este último detalle es el que más le atemorizaba. Porque los enigmas le resultaban interesantes, y no es prudente que ella se interese en alguien como él.

El sonido su risa ronca le produzco un cosquilleo en el interior. Un cosquilleo que llegó a emocionarla, del cual intentó reponerse sin dar signos que alerten a su interlocutor. Él estaba allí advirtiéndole sobre las consecuencias que podría llegar a enfrentar. Si era una especie de amenaza disfrazada, no lograba asustarla. Si eso lograba alterar su orgullo por hablarle como si fuera una gatita indefensa. -
[b">Si me meto en problemas es asunto mío, no suyo. Sé que piensa que pude haber terminado mal en el bar, y es cierto. Pero sepa que no es la primera vez que arrastro con mi hermano ebrio por las calles de la ciudad. En todas las ocasiones no he tenido ayuda, creo que al menos eso me da algo de crédito, así esté hablando de un trabajo tan vergonzoso como luchar contra alguien que no admite que tiene un problema. lo único positivo es que se acabaron sus incursiones en las calles para recoger al despojo que dormía en la habitación contigua a la suya. Sus padres han sido enfáticos en ello. Con la mirada fija en él, que jugaba a ser un babuino por las ramas, insistió, evidentemente con terquedad. Es que estaba cansada de que se dirija a ella como quien lo hace con una niña. No es una niña, y si lo es, tampoco es asunto del rubio. ¿Qué poder oculto tiene para alterarla tanto? Le producía emociones contradictorias. Demasiado contradictorias. –No me diga para lo que estoy o no estoy preparada. Habla como si tuviera el poder para decidir por mí, cosa que es incorrecta. Usted puede pretender que yo no tengo capacidad para comprenderlo, pero eso no va a quitarme de la cabeza que usted no es un simple joven.-él acentuaba su postura sentándose con enfado sobre esa rama, y ella lo hizo cruzando los brazos. Es que en serio, sino quería hablar con ella bien pudo escoger otro modo de obtener su pago. Es ilógico.

El tiempo le dio la razón. Él estaba zafado. Algunos tornillos debían estar sueltos en su cabeza para haberla citado aquí cuando no tiene ninguna intención de coger el dinero. Al parecer disfrutaba hacerse el difícil tanto como estresarla con su palabrería. Sus argumentos eran nulos, está bien, ella jamás debió compararlo con Alek, pero estaba diciéndole la verdad. El dinero le pertenece, él se lo ha ganado como sea que se gane la vida. Podía gastarlo en cualquier cosa, no en su hermano. Se le fue la lengua lanzando una recomendación a su salvador, provocando que se altere en demasía. Entonces fue más claro que él tenía un serio problema con la vida. Un problema del que era consciente, sin buscarle solución. Era terrible que siendo tan joven no encuentre un escape distinto para su pena, más que embrutecerse. ¿Qué le habrá pasado? Sintió su corazón hacerse un puño al imaginarlo sufriendo. Ese sentir le hizo morder su labio inferior. Le duro muy poco el pesar, pues el abrió la bocaza estropeando lo noble que podía albergar en su pecho. -
Pues tanto como si tengo que meterlo dentro de su boca. No me importa lo que usted piense, y no entiendo cómo funciona su cabeza, me hizo venir para que le entregue el dinero y ahora no lo quiere. Puede creer que soy una imbécil por venir con su sola llamada, puede que tenga un poco de razón, pero también sé que usted no me haría venir para hacerme daño. Usted mismo lo dijo en aquel callejón, de haber querido lastimarme, ya lo habría hecho. Así que, usted quien no quiere su dinero, quien intenta saber si yo me esforzaré un poco más por dárselo, y quien se enfada cuando alguien detecta un resquicio de su dolor en sus ojos, dígame, con todas las letras, ¿por qué me hizo venir a este bosque casi a medianoche? –increpó sin detenerse porque él estuviera cerca de ella. No tenía miedo de él, lo que sentía era distinto aunque no podía definirlo en una sola palabra de momento.

De pronto su móvil sonó, la postura del rubio cambió cambiando por completo el ambiente. Había una pesadez, un hedor que le puso los pelos de punta. Desesperada se giró pidiéndole a su hermano que deje de monitorearla, quedando pasmada al ver el motivo del abrupto cambio. Era ese ser maligno, el asesino que hace meses arrebató la vida a un hombre al que ella no pudo defender porque se quedó paralizada. Se le cayó el móvil, en ese momento, cuestión de segundos, pensó en lo que podría ser. Sentía que mil agujas se le clavaban en el cuerpo, solo que esta vez no iba a dejar que alguien muera solo por quedarse de piedra. Cogió una rama, fue lo primero que pudo pensar e inmediatamente se giró para advertir al hombre que se fuera de ese lugar. Era aceptable que se suba al árbol, lo que sea con tal de poner distancia entre esa cosa y él. El rubio tenía una idea distinta, le advirtió que ella se aparte teniendo un par de cuchillos en sus manos. Vio la decisión en esos ojos azules, insoldables, con la dureza que vio ese día en el bar cuando apartaba a todos de su camino. Un ataque, un movimiento rápido que la salvó de estar calcinada, y el cuerpo de su salvador sobre ella protegiéndola una vez más. Fue consciente de la dureza de los músculos de él, tanto como fue consciente de que iría tras esa criatura. Le miró a los ojos fijamente cogiéndole de la camiseta, pero él se deshizo del agarre caminando hasta su destino.

Él danzaba. Se incorporó lo suficiente para ver como el rubio estaba danzando coordinadamente, era casi bellísimo. Una danza mortal con sus cuchillos. Los movimientos le dejaban impresionada, nuevamente diciéndose a sí misma que él no era normal. No podía serlo cuando estaba destazando a ese ser con mucha facilidad. Finalmente vio desaparecer al maldito quedando apenas un rastro putrefacto de su presencia. Aguantó las ganas de vomitar moviéndose por el suelo para componerse. La voz del rubio le llevó a alzar la cabeza para mirarlo fijamente. Se puso en pie por sus propios medios cogiendo su mochila para hurgar desesperadamente en ella. –
Tome su dinero, haga lo que quiera con el. Hasta puede quemarlo si quiere, es suyo. No pienso quedarme un minuto más a hablar con usted, no si va a seguir reacio a decirme la verdad. No quiere decirme su nombre, ni lo que es, ni nada. Y no estoy dispuesta a fingir que no acaba de matar a esa cosa, cuando yo sé que un humano normal pudo morir fácilmente a manos de esa maldita…criatura. –le tiró el sobre contra su pecho fibroso, girándose para buscar su móvil y salir de allí.




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Reunión al amparo de la luna
→ Viernes→ 23:32 → En un bosque apartado de Nueva York → Despejado con luna llena

La sangre comenzó a esparcirse por la tierra del bosque, ensuciándola por completo con sus tonalidades viscosas y sus negruzcas tonalidades. Un charco de impureza que me dañaba la vista con tan solo verlo, pero que era claro signo de que aquella amenaza demoniaca había sido erradicada por completo. Después de un enfrentamiento que no había gozado de una extrema dificultad, pero si de una buena concentración por mi parte para a la vez que luchaba contra aquella criatura, proteger a la mundana a mis espaldas. No me apetecía en lo más mínimo que aquella muchacha fuese carbonizada en el pleno cumplimiento de mi deber como nefilim. Hubiese sido la excusa perfecta para los dirigentes del Instituto de Nueva York para echarme de una sonora patada y retirarme toda marca de mi piel. Un proceso por el que no estaba dispuesto a pasar, por el dolor y la vergüenza que este acarreaba para un cazador de las sombras. Además de una deshonra para mi propio apellido, que disponía de un gran legado histórico en la raza nefilim con grandes cazadores que han perdurado tras el paso de los años.

Por suerte, la batalla fue rápida y no requirió más de un par de cuchilladas agiles para que concluyese con la bestia demoniaca suprimida de nuestro mundo, al menos temporalmente. Y en vez de recibir algún tipo de felicitación o agradecimiento por parte de la pelirroja tras salvarle por segunda vez el pellejo, solamente se limitó a arrojarme palabras de resignación y casi ira. Tampoco es que esperara demasiado, aparte de un sobrio “Gracias” o un “Le debo otra”. Sin embargo, lo único que se le ocurrió es volver a insistir sobre sus malditas preguntas de un mundo que a pesar del reciente descubrimiento de su posesión de la “Visión” no creía que estuviese preparada. Pero lo estuviese o no, era cierto que se había ganado el derecho de al menos comprender lo que sus ojos estaban comenzando a ver. A entender el porque es capaz de ver a entes del otro mundo a diferencia de los otros mundanos que la rodeaban. Sin duda esa habilidad que había nacido en ella complicaba las cosas sobremanera y prácticamente me obligaba a desvelar información que no deseaba mostrarle desde un principio. Medité pausadamente sobre ello mientras limpiaba con cuidado el filo de uno de mis cuchillos y aparentemente dejaba que se marchase en su particular rabieta.

Acabé por aceptar que es lo que debía hacer y con un pequeño salto me interpuse en el camino de la chica, con los cuchillos aún en mi mano. - ¿Quiere respuestas? Está bien, las tendrá. No me queda más remedio que dárselas. Y más después de lo que ha visto y sabe. Al menos para que comprenda lo que ve y porque lo ve. – le concedí al fin exorando un amplio suspiro a la vez que depositaba mis fieles armas en sus respectivos escondites. Le indiqué con un par de dedos que me siguiera a un lugar más seguro y todavía más discreto que aquel pequeño claro donde aún rezumaban los restos del Moloch. Solamente era un mero protocolo básico de seguridad para asegurarme de que no había más seres como el anterior pululando por aquel bosque, en busca de venganza por su camarada caído. – Eso sí, lo que voy a contarle ahora mismo no puede revelarlo a nadie, bajo ningún concepto. Ni siquiera a sus familiares más próximos ni estando a vida o muerte. Es información que solo deben conocer algunos elegidos, como en este caso usted, por mucho que me pese. – continué caminando con ella siguiéndome a mis espaldas, dando por hecho que había comprendido mis palabras de advertencia lo suficiente para que las tomase en serio.

Transcurridos unos minutos, me detuve en una zona más alejada del bosque, donde la luz lunar era casi apreciable por la cantidad de maleza que reinaba en aquella zona. De hecho, era difícil distinguir nada más que su rostro y quizás algún que otro arbusto cercano con sus hojas danzando por el viento nocturno. El lugar perfecto donde siquiera los animales pudieran escuchar nada de lo que estaba a punto de revelarle a aquella muchacha de rojizos cabellos. Saqué de la chaqueta mi piedra de luz mágica e iluminé el perímetro donde nos encontrábamos ambos, y así asegurarme de que aquella joven se mantenía en mi campo de visión. – Muy bien. Comencemos con su primera pregunta sobre mi identidad. Mi nombre es Theodore, y usted tenía razón desde el principio, no soy humano. Sino que soy un nefilim. Un guerrero con sangre de ángel que tiene como deber combatir contra demonios como el que ha sido capaz de ver anteriormente. Y el de proteger a los seres humanos, como usted. Tenemos apariencia humana y por ello se nos hace más sencillo realizar la segunda tarea. Aunque en ocasiones nos podemos encontrar a mundanos como usted, que son capaces de ver el otro mundo. – empecé a explicar mientras movía la piedra de un lado a otro entre mis manos, manteniéndolas en forma a medida que estaba enfocado en explicarlo todo de manera que lo pudiese comprender mínimamente. – Usted posee una cosa llamada “La Visión”. Que le permite ver cosas y captarlas de una forma que no es habitual para un mundano corriente. Este poder es peligroso por muchas razones. Ha habido casos de mundanos que han perdido la cordura por estas, vamos a llamarlas visiones. – continué desarrollando mis aclaraciones, sin dejar de observarla milímetro a milímetro, por si mostraba signos de temor que pudieran ser peligrosos para cualquiera de los dos.

- Para simplificarlo todo, digamos que usted ve el “Otro Mundo”. Aquel que nunca debería mostrarse a los de su raza. Así que, por ello, debo asegurarme de varias cosas antes de poder dejarla marchar a su hogar. Lo primero: Debe jurarme por su honor y su palabra que no revelará nada a nadie de lo que le acabo de contar. O sino créame que tendrá problemas mucho más graves que una taberna repleta de alcohólicos. Segundo: Si vuelve a ver a alguna de esas criaturas cerca, no trate de combatir ni razonar con ellas. Simplemente huya y llámeme urgentemente, trataré de llegar lo antes posible a su encuentro. Y por último, tenga cuidado, no me gustaría que fuese devorada por alguna de esas criaturas. – finalicé al mismo tiempo que me aproximaba a ella con el objeto luminoso aun en la palma de mi mano, iluminando mi rostro de manera conveniente. - ¿Está satisfecha ahora? ¿O se arrepiente de saber la oscura verdad? Y créame que esto es solo el principio. – susurré a escasos centímetros de su semblante, percibiendo el dulce aroma de su femenino perfume y el sonido mudo de los engranajes de su mente procesando toda aquella información. No me retiré de aquella posición y adherí mi mirada directamente a los iris de tonalidades esmeralda que destellaban sus luceros, analizando minuciosamente aquella luz incandescente que me arrastraba inexorablemente al pasado.



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Reunión al amparo de la luna
→ Viernes→ 23:30 → En un bosque apartado de Nueva York → Despejado con luna llena


Sus emociones estaba  en plena revolución. Sintió pánico al encontrarse nuevamente con ese demonio, porque eso era esa criatura despiadada. Su mayor miedo no radicaba en que pudiera atacarla, no. Su mayor temor es quedarse nuevamente tan aterrada que no pudiera moverse para ayudar a la víctima más cercana. Ver al rubio como a una posible víctima le quitó la respiración. Le dolía el pecho al imaginarlo tendido con esa porquería encima devorándolo. Siendo él quien reemplace al hombre que vio morir hace tiempo. Esa visión le recompuso lo suficiente para urgirlo a que se aleje, mientras ella le daba tiempo. Sabe que no puede vencer a esa cosa, pero estaba dispuesta a ser una especie de distracción con tal de darle tiempo a él. Ante semejante decisión, desinteresada y desprendida de egoísmo, no tuvo tiempo para hacer nada porque se aceleraron las cosas. Él nuevamente la salvó, y con ello, desencadenó una serie de nuevas emociones con las que intentaba lidiar.

Sintió alivio. Alivio de que él tuviese la capacidad suficiente para salir ileso de una contienda tan dura como la que acababa de librar. Al mismo tiempo se llenó de una especie de fastidio por su forma de actuar. Siempre siendo quien lleva la razón, el héroe que una vez más evitó que ella terminara mal parada. Y como mal parada es decir, rostizada como un pollo. Con este hecho a su favor es evidente, tanto como el sol sale por el este, que va a ponerse más pesado y por pesado se refiere a arrogante. Ahora comenzaría con su canaleta de que ella es débil, casi como que es una niña de parvulario. Se aceleró en sus acciones, porque una parte de sí misma sabía que todo lo sucedido ha trastocado en ella, que nada sería igual y no estaba dispuesta a sentirse así por una persona que además de burlarse de ella con elegante sorna, va a negarle respuestas. Respuestas que se volvían más importantes a partir de este momento. Necesitaba entender. Entender qué y quién era él. Por qué ella veía esas terribles criaturas, y cómo es que él también podía verlas. ¿Ella no era del todo humana? Lo único positivo es que no estaba demente como se consideró una vez. A menos que ambos fueran locos de remate.

Cogió sus cosas para darle el dinero con apuro. Porque eso era importante, sino esta visita al bosque sería en vano. Con el móvil en la mano comenzó el camino de retorno manteniendo la vista en el cacharro intentando armarlo correctamente. Tenía que encenderlo para que sus padres no piensen que le ha sucedido algo malo. Mandaría un mensaje a su madre para que supiese que esta bien, lanzándose a las calles para caminar por ellas buscando un poco de calma. Debe procesar lo vivido antes de continuar con su vida. Finalmente logró encender el móvil, pero en ese instante al caballero de las armas se le ocurrió interponerse en su camino sobresaltándola provocando que vuelva a soltar el aparato. Bufando le miro a los ojos. Debía ser tan impredecible y sigiloso, claro. Sus pupilas verdosas recorrieron ese rostro congelado a la perfección en cada uno de sus ángulos, pensando si realmente estaba hablándole con la verdad. Parecía tenso, muy tenso. Comprendió la naturalidad de una emoción de ese calibre cuando acaba de tener una batalla. Después notó resignación, algo que no pudo justificar de ninguna manera posible. Quiso comprender el motivo porque se mostraba tan reacio a darle respuestas, sin decir nada porque la sonrisa en sus labios denotaba la felicidad que tenía de conocer aquellos secretos que él se empeñaba en ocultar. –
No voy a decirle a nadie. ¿Por quién me toma?-suspiró ofendida apartando unos mechones rebeldes de su ondulada cabellera. Él no la conocía lo suficiente, es claro, porque sino sabría que ella no echaría de cabeza a alguien que ha demostrado ser noble. Además, ¿quién le creería? Sus padres estuvieron escépticos cuando ella habló sobre ese demonio. Tan sólo la mandaron al psicólogo para que ella no se sintiera abandonada o ignorada por ellos, pero es obvio que no le creyeron demasiado.

Le siguió con presteza, dando saltitos de emoción cuando él no la miraba. Era una especie de victoria personal. Se lo debía a ese asqueroso ser que apareció sin pedir permiso. De no ser por eso, ellos se habrían despedido sin que su curiosidad se sacie. Una ligera alerta de su razonamiento fue callada por sus emociones. ¿Qué él podía estar guiandola hasta su tumba? Meneando la cabeza negó esa posibilidad. Estaba hablando del hombre que la ha salvado en dos ocasiones, él no le haría daño. Posando la mirada en la nuca del rubio continuo el camino descubriendo una marca en su piel, una que no pudo descifrar porque el camino se tornaba cada vez más oscuro obligando a desacelerar sus pasos para no tropezar con el terreno. No dijo nada al respecto, pues es mejor no mancillar su logro. En silencio se mantuvo hasta que él dio la vuelta para mirarla fijamente. Estaban en la parte más oscura del bosque, apenas se filtraba la luz de la luna. Trastabillo recuperando el equilibrio en el último segundo, sonriendo para restarle importancia. La maleza los rodeaba, parecía una especie de escondite natural . -
Estoy bien - -musito para acallar cualquier cuestionamientos o réplica que él estuviese por formular para acentuar su desliz.

El aliento fresco del rubio se quedó grabado en su olfato al chocar con su rostro sonrosado. Seguramente por la expectativa se le aceleró el corazón dando la sensación de que saldría de su pecho volando. En silencio le miro a los ojos deleitandose con sus palabras. Se llamaba Theodore, Theo. Sus labios volvieron a curvarse en una sonrisa, pues ya contaba con un nombre para recordarlo. Sin importar que no se volvieran a ver, ella recordaría a Thedore quien la ayudo, quien la exalto y fastidio, todo un remolino en muy poco tiempo. Iba procesando la verdad. La existencia de una raza de humanos con poderes especiales, descendientes de ángeles. ¿Por qué no? Si existían criaturas malignas como ese demonio es justo que exista una contraparte. Sus ojos brillaron con admiración y esperanza. Ha pasado tanto tiempo sintiéndose rara, y ahora estaba recibiendo paz al saber que esas cosas existían en verdad. A saber porque ella puede verlas, sea don o maldición, la visión era parte de ella y gracias a eso es que puede conocer un poco mejor a Theodore.

La cercanía entre ambos se hizo menor quedándose callada por ello. Era consciente del calor corporal de Theo, la intensidad de la mirada azulina sobre ella expectante por conocer sus pensamientos. Parpadeo suavemente colocando su mano sobre esa especie de piedra mágica que él pasaba de una mano a otra. Se maravilló con la calidez que emitía el objeto, la luz tenue que resaltaba a ese par de ojos a los que comenzaba rehuir. Una regañina mental logró sacarla de ese estado absurdo de timidez volviendo a elevar la mirada para clavarla en él. Trato de escoger bien sus palabras para no arruinar lo que hasta ahora ha conseguido
¿Tiene idea de cómo se determina quién tiene la visión y quién no? - -era una pregunta en cierta forma personal. Quizás tuviese que ver con sus orígenes. Sus padres biológicos jamás aparecieron, esto puede ser herencia de ellos. O no. Por ahí sólo estaba dándole demasiadas vueltas al asunto. Río por lo bajo quitándose de encima un poco de tensión, cambiando de rumbo con sus siguientes palabras. - No puedo cumplir con todas sus solicitudes, Theodore. -susurró enfrentándose a la mirada fulminante que ha conseguido con sólo decir esas palabras. Alzando las cejas no se inmutó, incluso dio un paso hacia adelante para susurrar. - No sé cómo pretende que le llame cuando no tengo su número de teléfono. Acuérdese que me llamó de número privado, ¿debo gritar para avisarle?  - su sentido del humor,el que no siempre dale a flote estaba allí para olvidar lo que ha sucedido. De pronto como una espina se presentó una pregunta que debió guardarse. Él dijo claramente que su deber como nephilim era proteger a los humanos como ella, no existía nada más. Una pizca de decepción recorrió su cuerpo cual veneno.

Suavemente apartó su mano de la piedra mágica rozando levemente la yema de los dedos callosos de Theodore. Se dio la vuelta elevando la mirada hacia la copa de los árboles. -
No le diré a nadie, se lo juro. Me siento demasiado agradecida por lo que ha hecho por mi, sin contar con que me ha liberado de una gran pena. Ese demonio rondaba por este sitio hace mucho tiempo, lo vi matar a una persona y nadie me creyó, pensé que algo estaba mal conmigo. - confesó girandose para mirarlo de soslayo Esto no me hace sentir normal, pero ahora sé que existen otros que pueden ver las cosas que yo. Me ha quitado una carga, gracias Theodore - la sinceridad en sus palabras podía palparse, comprobandose en su mirada que se encontraba agradecida con él. Balanceando sus brazos con nerviosismo, finalmente se animó a preguntar:- Puedo hacer más preguntas.







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Reunión al amparo de la luna
→ Viernes→ 23:32 → En un bosque apartado de Nueva York → Despejado con luna llena


Fui ligeramente sorprendido por el alivio y extraña felicidad que rezumaban sus palabras tras conocer la verdad sobre sus poderes. La reacción habitual a esto era de principalmente negación y absoluto terror, sobre todo por las criaturas que sus ojos podían ver, con el poder suficiente para devorar uno a uno sus huesos. Sin embargo, aquella muchacha de cabellos rojizos le sentaron mis revelaciones como el alivio de una pesada carga que parecía que llevaba encima durante muchos años. Como si mis declaraciones fuesen la prueba definitiva de que no sufría ningún tipo de demencia o locura por estar capacitada para discernir el otro mundo. Una reacción bastante curiosa a una verdad que en mi opinión era bastante delicada por todo lo que concernía en sí misma. Ya que el poder de la Visión no solo acarreaba la visualización de monstruitos viscosos y demás criaturas de las películas de terror. Sino la responsabilidad que supone el ser consciente de un mundo paralelo al suyo propio, una sociedad que debía ser invisible para la mayoría de mundanos, por el bien de ambos lados. Sin duda aún le quedaba bastante camino por delante para comprender por completo lo que su poder iba a requerir de ella en el futuro.

Una travesía en la que yo me vería involucrado inexorablemente por mi deber como nefilim, para asegurarme de que no realizaba ninguna estupidez que pusiera todo en peligro. Desde el momento en el que mis labios le revelaron la causa y fuente de su poder, estaba atado a las hilanderas de su futuro. Me gustase o no, mi responsabilidad me obligaba a mantener un ojo sobre ella, y alejarla de cualquier amenaza demoniaca que pudiese surgir en los tiempos venideros. Por un momento pensé en llevarla conmigo al Instituto y así refugiarla en un lugar seguro donde pudiera tenerla vigilada e informarle debidamente de todo lo que entrañaba su peculiar habilidad. No obstante, no estaba del todo seguro si se me permitiría otorgarle asilo debido a las tensas relaciones que mantenía con la dirección del lugar. Lo más probable era que me la denegaran y dejaran a la pobre muchacha con las ganas de seguir aprendiendo de su misterioso poder. Era una decisión que debía tomar con rapidez antes de que más criaturas demoniacas decidieran hacer acto de presencia para darnos caza. También medité la opción de tratar de justificar su hospedaje entre las paredes del Instituto como una forma de protegerla de un próximo ataque demoniaco a su persona. De hecho, era una hipótesis que tenía cierto sentido, por los acontecimientos ocurridos hacía unos minutos. Sería la excusa perfecta para que mis malditos superiores no pudiesen echarla a las primeras de cambio por su sangre mundana.

Era una medida bastante mejor que simplemente darle el número de mi teléfono móvil mundano y arriesgarme a llegar demasiado tarde para salvar su vida. No quería repetir aquella maldita experiencia de nuevo, ya tuve bastante con la primera. Me auto-convencí de algún modo de que era la vía correcta para garantizar su seguridad y quizás las que más correspondía con mi deber como cazador de las sombras. Al fin al cabo, nuestro propósito es defender a cualquier raza de todo ataque o ultranza demoniaca, sin importar color de piel o ideales. Unas meditaciones que me indujeron en un mar de dudas y abstracción que no me permitieron responder al tempo correcto a alguna de las preguntas que había formulado Anya respecto al tema que estábamos tratando. Un enfrascamiento que se debió ver reflejado con claridad en las facciones de mi rostro, gracias a la pérdida de fuerza de mi mirada, y el descenso de mi frecuencia respiratoria. Pero pronto volví al mundo real y agité la cabeza para acabar de despertar, esbozando una ligera sonrisa amistosa, un semblante que sentí bastante oxidado en mi interior. De hecho, hacía bastante tiempo que no atrevía a mostrar mi sonrisa de una forma tan despreocupada y sincera, fuera de la fría cordialidad y protocolos de educación estúpidos. Era una de las muchas cosas que lograría aquella mujer de cabellos ígneos a lo largo del tiempo, con esa preciosa sonrisa sincera y sus luceros destellantes y ávidos de más información de mi parte.

El roce de sus dedos con los míos me paralizó durante unas milésimas de segundo, al percibir una electricidad ardiente y chocante al mismo tiempo. Una impresión que logró descender aún más si cabe las férreas murallas que contenían a mi verdadero yo, aquel que oculté en las más tupida de las sombras tras aquel fatídico día. El Theodore que era amable y amistoso con los de su alrededor y que estaba orgulloso de todo lo que hacía durante el día. El mismo que no necesitaba quemar con alcohol sus problemas porque en esos momentos albergaba a su lado una firme razón para ni siquiera rozar aquellos límites de denigración. – No es necesario su agradecimiento, pero lo valoro de todas formas. De vez en cuando sienta bien escuchar que uno hace bien su trabajo. Y eso es importante para mí, más de lo que pueda pensar. – repliqué dejando escapar casi sin querer esa parte afable de mi persona, completamente desmarcada de mi actitud habitual a la hora de realizar mi trabajo. Un ligero pedacito agradable que se liberó de mi interior en su dirección, cosa que aún no comprendía del todo. Después de todo, solamente la conocía de unas pocas horas en un barrio de mala muerte de Nueva York, tras pagar la cuenta de su alcohólico hermano. Sin lugar a dudas mi razón se encontraba más que nublada en aquellos instantes de la noche, lo cual producía unos retazos de inusual sinceridad y amabilidad que no debían salir de mi boca.

- Ahora, respondiendo a su pregunta, una de las posibles razones de que posea esta Visión es en su linaje posea sangre de hada o de algún tipo de raza subterránea. Esta descendencia genética justificaría él porque es capaz de ver el otro Mundo. Le recomiendo que examine todo su árbol genealógico en busca de pistas que la ayuden a averiguarlo. – contesté con un tono pausado y tranquilo, mientras le arrojaba la piedra de luz a su pecho con cierta delicadeza, para que pudiese verla más detenidamente. Seguidamente, volví a alejarme ligeramente de ella, recostándome de nuevo en un árbol cercano, iluminado por la pálida luz de la luna. Rodé los ojos de forma imperceptible al escuchar su demanda de más preguntas, aunque en cierta manera era lógico que desease saber aún más sobre su poder. – Puede hacerlas. Pero este no es el lugar adecuado. Debería venir conmigo a un lugar donde podría encontrar mejores respuestas que las que podría dar yo mismo. Allí podría garantizar su seguridad ante nuevas amenazas demoniacas. Y un emplazamiento perfecto para que pueda empezar a adaptarse de verdad a sus inusuales habilidades. – le expliqué sacando a la luz de una vez por todas mi final decisión de llevarla al Instituto de la ciudad, tras sopesar detenidamente los pros y los contras.

- Si realmente desea desentrañar todos los misterios que deben circular en su cabeza ahora mismo, debería considerar la opción de aceptar mi oferta. Comprendo que todo esto le pille de sopetón y demás, pero créame que es importante que tome la decisión rápidamente. De hecho, es la forma más eficaz que se me ocurre ahora mismo de protegerla como es debido. –aclaré moviendo las manos al mismo tiempo que desarrollaba mis explicaciones y dándoles el énfasis que necesitaban. – Lo ideal sería que me acompañase ahora mismo, tras abandonar este bosque. Pero le puedo conceder un par de días para pensarlo y decidir que desea hacer. Por otro lado, sabe que tengo las suficientes capacidades para garantizar su seguridad y que mis intenciones no son malignas. Si lo fuesen, me habría limitado a que aquel demonio la carbonizase hasta dejarla hecha un montón de cenizas. Solamente le digo estas cosas para que tenga razones con las que meditar su resolución. – me aproximé a ella con pasos silenciosos y concisos, siguiendo de alguna manera el haz de luz que aun liberaba la piedra en sus delicadas manos. - ¿Qué me dice? ¿Está realmente dispuesta a entrar en la verdad o no? Si es así, solamente coja mi mano y yo me encargaré del resto. – le inquirí en un pequeño susurro a la vez que le tendía la mano e incrustaba mi mirada sobre aquellos preciosos luceros que tantas ensoñaciones y despistes me habían provocado ya, tratando de analizarlos en busca de una respuesta a mi propuesta.



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Reunión al amparo de la luna
→ Viernes→ 23:30 → En un bosque apartado de Nueva York → Despejado con luna llena


Estaban hablando de un mundo que no debe existir. El que es descrito en novelas de fantasía, cuentos y mitología. Un mundo oscuro donde existían crueles criaturas que amenazaban la paz. Un mundo que ella no conoce en su total magnitud, pero del que es parte de una manera inocente, puesto que jamás ha pedido esta capacidad que tiene de distinguirlo. La reacción más lógica, y también la más humana sería salir huyendo del bosque. Alejarse de los resquicios que han quedado de esa terrible criatura poniendo tierra de por medio entre ella y el rubio. Pero esta vez no podía hacer lo que es lógico, prudente o correcto. Ella estaba allí, clavada al terreno mirándole a los ojos azules con expectativa. Expectativa que tardó en llenarse porque tuvo que seguirlo con mucha dificultad por el terreno en plena oscuridad. Conforme recibía sus tan ansiadas respuestas, más se dejaba arrastrar por esa ola de alivio.
El mundo de las sombras lleno de peligros no representaba precisamente un cálido panorama para quien esté en medio. No estaba demente al sonreír, solo feliz por conocer una porción de verdad liberadora. Por supuesto que comprende la magnitud de esta verdad. Acarrea una responsabilidad que debe considerar, pero la libera. Libera su mente de culpas, de extraños pensamientos que la mantenían dispersa del resto de las personas. Aunque no, ella prefería seguir en su espacio, ese que la aparta del resto de las personas. Sus pensamientos continuaban revoloteando sin inmutarse por la seriedad que emitía el rostro anguloso de Theo. Él ya se estaba preocupando por los dos, y ella no estaba dispuesta a hacer un pacto de sangre para que le crea que no va a divulgar la verdad.

Cuando sus miradas se encontraron, fue nuevamente paralizada por ese par de ojos azules. Esta vez existía un brillo especial en ellos. No era peligro, ni melancolía. Parecía más joven, menos perturbado y más ligero. Era una visión fascinante y contagiante. Se contagió de esa afabilidad devolviéndole la sonrisa, sintiendo que él realmente ponía valor a sus palabras. Le importaba su trabajo. Más bien su misión, porque si él se dedicaba a combatir las fuerzas del mal, era una misión que puede catalogarse de divina. Arriesgar la vida para aplacar la oscuridad permitiendo que los ignorantes continuaran con sus vidas. Las huestes celestiales, ¿todos serían como él? Su mirada inquisitiva le siguió, apreciando el silencio en el que se encontraba. Estaría pensando en alguna cosa importante que no le comunicaría a corto plazo. Con suavidad cambió su plan de hablarle por uno más llevadero. Jugueteando con la luz mágica, percibiendo su calor como un aspecto renovador que creyó tenía que ver con las propiedades de esa piedra. –
Es el primer nephilim con el que me topo, pero creo que es muy bueno en lo que hace. No he visto a alguien más concentrado y certero a la hora de moverse. Aprecio lo que hizo, si eso sirve de algo. Aunque escuchándolo hablar de los mundanos no creo que eso haga una gran diferencia. Pero es cierto, veía como cada célula de su cuerpo se comprometía con cada movimiento de su cuerpo y la pasión en sus ojos, realmente adora lo que hace. Así eso sea matar. -se dio cuenta de que sus palabras no eran apropiadas para una muchacha que apenas lo conoce. Una sonrisa nerviosa y tenue se formó en sus labios a manera de mitigar lo que él pudiera estar pensando. Era el momento ideal para dar una disculpa marchándose de ese lugar para volver a casa.

Se preguntó a sí misma con total seriedad si podría seguir con su vida como antes. Ir a la academia a pasar clases como lo hacía a diario. Tenía un examen en dos días, ¿podría concentrarse? ¿Sería su vida igual cuándo ella se siente diferente al conocer la verdad? No tuvo demasiado tiempo para pensar en ello, Theo le arrojó la piedra luminosa atrapándola para juguetear con ella mientras él se alejaba hasta posarse sobre el tronco nudoso de un árbol. Lo observó con detenimiento al escuchar una posible teoría sobre los orígenes de su don. Puede ser cierto, sin que tuviera demasiadas opciones para comprobarlo. Sus padres biológicos la abandonaron, no existía ninguna pista sobre ellos. Nada que pudiera utilizar para comprobar si eran del mundo de las sombras. Sus padres adoptivos hicieron lo que estuvo en sus manos para encontrar a quienes la arrojaron a la calle, sin embargo, no existía nada que pudieran decirle sobre las personas que la concibieron. El interés o la nostalgia por ello, jamás llegó a apremiarla. Estaba convencida de que lo mejor que pudieron hacer fue dejarla en el sitio donde la encontraron un par de personas bondadosas que la amaron desde que la tuvieron en brazos. Su infancia fue estupenda, incluido el comportamiento huraño de su hermano mayor. –
No sé quiénes son mis padres biológicos, será difícil determinar si tienen algo que ver. Igualmente no tiene demasiada importancia. Sin contar del origen de este don de la visión, lo importante es que lo tengo y debo ser prudente. –no estaba segura de a qué se refería con eso de ser prudente, pero parecía aceptable decirlo cuando el rubio la miraba a cada momento como si fuera una especie de problema. Esperaba comprender qué es lo que le aflige de esa forma. Ya ella ha demostrado que no lo pondrá en evidencia, y que está tranquila con lo que él representa.

Le cosquilleaba el cuerpo entero conforme esperaba que le conceda un poco más de información. Las preguntas comenzaban a quemarle en los labios. Una a una, cada vez más osadas. Lástima que él era más lanzado que ella. Con un gesto que no pudo descifrar comenzó a ofrecerle respuestas a cambio ella debía seguirlo hasta un lugar que calificaba como más apropiado. Sus ojos verdes se llenaron de sorpresa por el ofrecimiento. Su corazón dio un vuelco y su estómago, ese estaba en mil revoluciones que no estaba convencida de controlar al cien por ciento. Si le seguía tendría todas las respuestas que necesitaba. Si confiaba en él puede desenvolverse con mayor presteza en el campo que acaba de habilitarse ante sus ojos. Comprendería lo que ve, aprendería sobre ello y estaría cada vez más capacitada para ayudar a otros. Sería más noble que unirse al Cuerpo de Paz, porque estaría aportando en una lucha del que no todos son conscientes. Su mente, una voz resonante allí dentro, le acusó de buscar excusas para seguirle. Carraspeando para encontrar su voz, presionó la piedra entre sus manos controlándose para preguntar. -
Ese sitio está aquí en la ciudad - -Theo asintió dejándola más alborotada que antes.

La decisión era complicada. Por su mente pasaban las imágenes de sus padres, ¿qué les diría? ¿Tendría que irse sin despedirse?¿Mintiendo? Ellos sufrirían, ¿sería capaz de dejarlos? Sus mascotas, ¿quién sacaría a pasear a Theo, su cachorro? ¿Alek tendría compasión del pequeño? Y sus clases. Sus exámenes. La presentación de fin de año. Era muchísimas las renuncias, porque no puede excusarse de forma coherente cuando está yendo a un sitio del que ninguno puede saber. Cerró los ojos imaginándose su vida en otro sitio, tratando de sopesar los pros y los contras. No pudo. Existe tanta incertidumbre. Abrió los ojos encontrándose con esa mirada que parece examinarla hasta los tuétanos. Evadió su mirada azulina concentrándose en la luz que emitía la piedra. Era más simple enfocarse en eso que mantenerse firme cuando él parecía decidido y ella no sabía ni cómo empezar a hablar. -
¿Si voy con usted volveré a ver a mis padres? ¿Podré en algún momento retomar mi vida como la conozco? - -murmuró lentamente sin opinar nada respecto a las exclamaciones que él lanzaba. Esto no se trata de si él puede protegerla o no. Tampoco es sobre si él le hará daño o no. Su debate es entre lo que es lógico, es decir, despedirse para volver a casa. O seguirlo abandonando todo lo que ama por llegar al sitio que él describía manteniéndose segura, pero sobretodo manteniéndose a su lado. Estaba cansándose de verlo así. Era estúpido que sintiese una inclinación por seguirlo solo porque es él. Está bien la salvó dos veces. Es un guerrero, y un enigma que atrae, pero ella debe ser más…más…razonable. Sí, razonable y prudente. Puede que él no fuera a hacerle daño, pero ese mundo podría hacérselo. La mano de Theo seguía extendida hacía ella. Cerró los ojos tomando una gran bocanada de aire al estirar su mano pequeña y delicada sobre la mano grande y callosa del rubio. Su corazón latió desbocado ante tal determinación. Mordió su labio inferior con suavidad sin saber qué decir- Iré con usted. -recalcó con el propósito de convencerse más a sí misma, que informarle a él. Iría, no sabe a dónde, pero iría. Aprendería más de este mundo y sus secretos, lo haría hasta poder desenvolverse mejor. Llegará el momento, en que volvería a sus padres, cuando estuviese lista para darles una explicación aceptable. ¡Oh! ¿Acaso llegaría el día en que pudiera tergiversar todo para darles paz a ellos sin soltar demasiada información? Soltando la mano de Theo, se dio la vuelta para ocultar unas lágrimas que descendieron por su rostro. - Iré, pero ¿qué hay de mis padres? ¿Tiene una idea de cómo aplacar su desesperación cuando no llegue a casa? No quiero que estén penando entre la comisaría y las calles buscándome.  - admitió limpiando las lágrimas para girar sobre sus pies mirándolo directamente. - ¿Podemos ir a mi casa para recoger algunas cosas? Dejaría un nota allí, no sé, diré que me estoy fugando. - sabrá el cielo si sus padres se tragan semejante mentira. Huir ella, ella que apenas salía de casa.



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Reunión al amparo de la luna
→ Viernes→ 23:32 → En un bosque apartado de Nueva York → Despejado con luna llena

A pesar de todos los problemas que me había dado aquella mujer, sentía que de algún modo le estaba cogiendo alguna especie de cariño extraño. Su inocencia, su falta de información sobre el mundo que le rodeaba, aquellos ojos esmeralda ávidos de respuestas. Todos aquellos factores formaban ante mis ojos una imagen muy tierna a la que era difícil resistirse, aunque poseyeras férrea sangre de ángel latiendo por tus venas. Había algo en esa chica que me decía que era una buena persona, sin necesidad de conocerla en profundidad. Me parecía impensable que detrás de aquellos luceros pudiese haber algún rastro de maldad u oscuridad que fuera realmente amenazante. En cierta forma era agradable de vez en cuando ser halagado al cumplir con mi deber divino. Una sonrisa como la suya era mucho mejor que las múltiples caras de terror y estupidez que me encontraba habitualmente, sobre todo con los de su especie. Pero lo más bello de aquella chica no era su sonrisa ni su femenino y esbelto físico. Sino la risueña ignorancia que latía en su interior, escondida de los ojos necios y carentes de virtud. Una incandescencia afín con el color de sus cabellos que lograba quemar al menos una parte de mi amargura existencial, al menos por un rato.

Sin embargo, contuve todas aquellas latientes emociones en mi interior por el bien de mi deber como nephilim. No podía dejarme arrastrar por los sentimientos ante un asunto tan delicado como era el proteger a una mundana de una amenaza demoniaca. Era una tarea que exigía el máximo de mi concentración, por encima de la batalla misma. Un paso en falso y esa muchacha acabaría muerta o algo peor a manos de los seres del Inframundo. Sería la puntilla de fracaso que me arrojaría sin remedio al pozo de la desesperación y el remordimiento. Fracasar en una misión como aquella haría que perdiese el derecho a portar en mi piel las runas que tanto me protegían en mi cometido como cazador de las sombras. La deshonra máxima que puede atravesar un nephilim en su existencia. Así que me serené y recuperé mis anteriores facciones, frías y focalizadas en continuar con mi deber actual, que era asegurarme de que Anya no sufriese algún daño. Encerré a las sonrisas en las jaulas de la responsabilidad y clavé la mirada en la muchacha mientras escuchaba sus réplicas tras mis anteriores explicaciones, las cuales me parecían bastante lógicas dado la situación. Al fin al cabo, era complicado asimilar toda aquella información de una sola vez y menos cuando se trataba de conocer un mundo completamente diferente al que ella conocía desde que nació.

- Los nephilim estamos comprometidos con nuestra causa, y créame que hay camaradas que me superan en todos los aspectos que pueda poseer un cazador de las sombras. Yo solo le he mostrado una parte básica de mi entrenamiento personal, con el tiempo puede que conozca otra clase de nephilims. – le respondí en un tono neutro y ligeramente más apagado en comparación al que había usado hasta ahora, instaurando definitivamente mi semblante habitual ante la chica. Cerrando las rendijas de las puertas por donde se había escapado al Theodore del pasado, ya que no era conveniente que conociese a esa parte de mi persona, aún. Emitiendo un suave suspiro, me puse a meditar sobre eso, analizando con gran parte de la fuerza de mi mente si realmente aquella pálida luz que todavía permanecía en mi interior había emergido en mitad de aquel bosque. Si realmente ese yo del pasado se había apoderado de mi cuerpo para mostrarse a Anya en un par de segundos escasos para mostrarle que esa extensión de mi persona aún existía. Unos pensamientos y ronroneos mentales que durarían semanas y semanas hasta que alcanzasen un punto decisivo. Una especie de lucha interior entre las dos polaridades de mi corazón, dos bandos muy diferentes que batallaban por tomar el control de mi ser. Una dualidad en el alma que aquella muchacha de ojos verdosos y cabellos llameantes logró iniciar con tan solo aparecer en la línea temporal de mi existencia. Una reacción por la que la maldecía y adoraba al mismo tiempo, siendo completamente sincero.

No obstante, decidí dejar aquella trifulca emotiva para otro momento y reactivé mi atención sobre la joven Anya, que se hallaba meditando sobre la propuesta que acababa de realizarle. Una decisión que daría un vuelco completo a la vida que había conocido hasta ahora. Ya que pasaría de estudiar exámenes y pasear por los parques de Nueva York a estudiar libros de fantasía perdidos y conocer a seres que solo creía que existían en la ficción. Unos cambios que eran capaces de aturdir hasta al más pintado, pero que debían suceder si verdaderamente deseaba conocer la fuente de sus poderes y el mundo que sus ojos le estaban mostrando continuamente. Era la única forma de que se desprendiera aquella venda de oscurantismo que la estaba ahogando desde hacía mucho tiempo, por lo que me había contado hasta ese momento de ella misma. Yo la ayudaría a aprender del Mundo de las Sombras y la mantendría a salvo de los peligros que esta encierra en su interior. Con mis cuchillos serafín no permitiría que ningún ser del abismo posara un solo dedo sobre alguna zona de su piel. Antes debía pasar por encima de mi cadáver y, aun así, volvería del Otro Mundo tan solo para cumplir con mi deber. Simplemente porque esa clase de sacrificio era el deber principal de un nephilim desde el momento de su nacimiento. Ya fuese Anya o cualquier otra criatura que resultase amenazada por los demonios, debía empuñar mis armas y liberarles de cualquier peligro o temor, aunque esto acarrease mi propia vida.

- Exacto, la prudencia la salvará de cualquier peligro más que las armas o la suerte. Veo que al menos es un poco sensata en ese aspecto. – le confirmé como respuesta a su pequeña incisión sobre sus padres biológicos, a los cuales parecía no conocer. Un dato importante respecto al origen de su Visión, ya que abría las puertas a muchas suposiciones e hipótesis que ella debería resolver con la información necesaria. Una que solamente podía hallarse entre las cuatro paredes del Instituto, y que le sería muy útil para resolver todas aquellas dudas que podían surgir en su mente. Una fuente de recursos que no encontraría en ninguna biblioteca mundana del mundo, ya que tal conocimiento estaba completamente fuera de su alcance. Por supuesto, yo le echaría una mano en todo lo que pudiese, dentro de los limites que poseía según mi rango dentro de la jerarquía de los nephilim. Solamente era un soldado raso, un peón dirigido por unos superiores que en ocasiones exhibían su incompetencia. Unos errores que en el peor de los casos costaba las vidas de algunos de mis camaradas nephilims. Unos costes de sangre y penuria que continuamente dinamitaban mi creencia en aquellos mandamases, pero aún los seguía fielmente por el bien común.

Deseché aquellas maquinaciones de mi cabeza y me limité a escuchar la decisión de Anya, que era de suma importancia para ambos. Una que se hizo menos de rogar de lo esperado, lo cual me sorprendió gratamente, porque mostraba una valentía admirable para una mundana de sus características. Una prueba más de que aquella muchacha poseía algo diferente al resto de mundanos que había conocido hasta ese momento, aparte de su Visión. Mi instinto me susurraba continuamente que aquella chica con forma de fantasma del pasado iba a ser decisiva en algún momento clave de mi vida. Evidentemente, era incapaz de imaginar cual sería tal momento, pero de alguna manera ambicionaba estar lo suficientemente preparado para enfrentarlo. – Ha hecho la decisión correcta. Una que hace gala a su valor porque a pesar de lo que acaba de vivir, sigue con su empeño de averiguar quién es usted realmente. Poco a poco se está ganando mi respeto, y en muy poco tiempo. Solamente una persona ha sido capaz de tal hazaña en el pasado. – me mordí la lengua inmediatamente después de la última frase, porque había revelado un punto de mi vida que no debía mostrarle de forma tan evidente. Por supuesto, la persona de la que hablaba era mi fallecida parabatai, lo que me hizo pensar en que hasta en aquellos las dos se asemejaban. Semejanzas que se estaban pasando de castaño oscuro en términos de tortura psicológica.

Su siguiente pregunta la arrojó con un tono de voz que denotaba tristeza por todos lados, incluso podía vislumbrar como sus ojos se bañaban con un par de lágrimas que ella trató de ocultar rápidamente. Unas emociones que volvieron a agitarme el tórax considerablemente, emitiendo una empatía contagiosa que provocó aquella sensación de luz en mi interior de nuevo. Incluso tuve que girarme contra el árbol y apoyar una mano sobre este durante unos momentos para no ser devorado por la lástima que me había transmitido Anya con solo un par de lágrimas en su rostro. Pero logré serenarme a tiempo, antes de que percibiera mi estupor y caminé hacia su posición, deteniéndome justo enfrente de ella, con una mirada firme en mis luceros. – Por supuesto que sí. La acompañare a casa y tendrá tiempo de coger todo lo que necesite, como es lógico. En cuanto a sus padres, lamento que tengan que pasar por este trago igual que usted. –le concedí de buena gana posando una mano en su hombro, la cual retiré casi en el mismo instante en el que esta contactó con su cuerpo. Un gesto inofensivo e inconsciente del que me arrepentí desde el momento en el que fue ejecutado. – Pero le prometo que podrá volver a verlos a menudo sin que esté necesariamente en peligro. La búsqueda de conocimiento no debe privarle de sus seres queridos bajo ningún concepto. – le susurré en el oído y comencé a andar hacia adelante, realizando un notorio gesto con la misma mano que había rozado su hombro para que me siguiera. – Movámonos de aquí, y empiece a indicarme la ruta en dirección a su hogar. El tiempo nos apremia y más en pleno anochecer. – le dije en un murmullo ligeramente más alto que el anterior, por la distancia que se había creado entre ambos. Y así es como mi misión de custodia dio comienzo, con Anya siguiéndome con cortos, pero seguros pasos gracias a la piedra de luz que iluminaba su caminar. Mientras que yo dejaba a mis sentidos guiarme en la oscuridad hacia la salida de aquel bosque.



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