02/12 ¡Atención, atención! ¡Aquí os dejamos las noticias recién salidas del horno! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo! Seguimos perpetrando maldades...


29/07 ¡Atención, atención! La limpieza por inactividad se realizará a partir de las 22:00 horas en adelante del día 31 de julio. ¡Aprovechad los últimos momentos!


06/06 ¡Atención, atención!¡El Staff os ha preparado una sorpresilla curiosa! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo! Seguimos perpetrando maldades...


01/05 ¡Atención, atención! ¡El Staff os ha preparado una nueva Trama Global! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo y apuntaros, adoradísimos habitantes del submundo! Las maldades vuelven a comenzar...


30/04 Aun con cierto retraso, el Staff de FdA no se olvida de sus queridos users <3 Así que por San Valentín os hemos preparado una cosita muy especial. ¡No perdáis tiempo y pasaos por aquí!


27 # 30
7
NEFILIMS
7
CONSEJO
6
HUMANOS
4
LICÁNTRO.
10
VAMPIROS
8
BRUJOS
4
HADAS
4
DEMONIOS
1
FANTASMAS

Noches en cautividad | Sivanna G.

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Noches en cautividad | Sivanna G.

Mensaje— por Nicholas Mills el Dom Jul 08, 2018 12:35 pm


Noches en cautividad
Zoológico del Bronx
Entre semana, por la noche
Cielo nublado, temperatura media
Vestimenta
Una alta verja se eleva ante mí obstaculizándome la entrada hacia el espacio, nadie pasea a estas altas horas de la noche por las calles, tan solo el sonido de la brisa que corre y de los coches de fondo me acompañan. Al otro lado de los barrotes metálicos descansan todos los animales que durante el día tienen que vivir el agobio que supone estar encerrados en esas horribles jaulas, mientras son observados y molestados por toda esa cantidad de personas que les gritan, fotografían e incluso lanzan comida, aun estando prohibido eso último. En más de una ocasión he sido testigo de las llamadas de atención por parte del personal del zoo, aunque sus repercusiones no han acostumbrado a ir más allá de eso, meras palabras con tono serio y volumen elevado. Seguidamente, el infractor se alejaba cabizbajo para repetir lo mismo, pero en otra jaula, y así día tras día. Yo me limitaba a observar desde la distancia y maldecirlos desde mis adentros, mientras mi verdadero interés era observar el comportamiento animal en estado de cautividad. Siempre me han fascinado los lobos, con ese comportamiento tan jerárquico y grupal que expresaban de forma natural encontrándose en libertad, pero que no era tan identificable al estar encerrados entre cuatro vallas metálicas, similares a las que tengo ante mí. Echo un vistazo entre los barrotes para comprobar que nadie se halle por la cercanía, miro a lado y lado, y tras comprobar que estoy completamente solo, me agarro de una de las duras barras y con un fuerte impulso doy un gran salto gracias al cual termino al otro lado de la valla.

- Creo que podré acostumbrarme a esto -murmuro para mí mismo, siendo consciente de la gran habilidad física de la cual me ha dotado mi nueva condición. Si bien poco conozco acerca de ésta, poco a poco estoy descubriendo nuevos aspectos, algunos tremendamente ventajosos, otros no tanto.

Rápidamente me adentro en la oscuridad de zoológico, constantemente atento a cualquier movimiento sospechoso que pueda percibir a mi alrededor, pero nada me sorprende. La mayoría de animales están dormidos, escondidos en sus refugios, por lo que la mayoría de jaulas de la zona abierta parecen vacías, sin actividad. Parece mentira que un lugar tan concurrido como suele estarlo pueda transmitir semejante calma por las noches, cuando nadie molesta a esas pobres criaturas que encerradas se encuentran. Un aullido lejano llega hasta mis oídos, lo cual me indica que estoy en la dirección correcta. Acelero mi paso hacia el punto del cual ha provenido el sonido, hasta llegar a una de las jaulas que, al contrario que el resto, sí que tiene actividad. Algunos lobos se pasean por el escenario rocoso, mientras que uno se encuentra subido en una roca más alta, el autor del aullido anterior, probablemente.

- El macho alfa… -en cuanto me pego a los barrotes, el mismo se percata de mi presencia y, mirándome fijamente a los ojos, con una expresión desafiante, comienza a gruñir. Fuertes ladridos siguen a semejante acto y, de forma inmediata, los otros lobos que estaban deambulando se abalanzan contra mí, intentando morderme con sus fauces a través de los barrotes que se lo impiden.

Asustado, doy algunos pasos inquietos hacia atrás, teniendo tan mala suerte en el último que, sin quererlo, caigo de culo, mientras los lobos prosiguen en su intento de atacarme. ¿A qué viene este comportamiento tan agresivo? Jamás había vivido algo así, ¿será cosa de mi nueva condición? Sea como sea, está claro que no soy bienvenido aquí, por lo que lo mejor será que vaya a visitar otras zonas del zoológico.

Aclaración:
Nicholas es un neófito, así que poco conocimiento tiene de sus características. Por eso mismo, permanece oculto a ojos mundanos sin ser consciente de ello, cualquier mundano sin Visión que participe en el tema sería incapaz de verle, en un principio.


Última edición por Nicholas Mills el Mar Jul 17, 2018 11:35 am, editado 1 vez


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Re: Noches en cautividad | Sivanna G.

Mensaje— por Sivanna Gehring el Lun Jul 09, 2018 6:19 am

Noches en cautividad
 Zoológico del Bronx • 23:40 • Cielo nublado, temperatura media
Siguiente luna llena en 17 días


Saca los pies de mi mesa, muchacha. No estas en tu casa.

Siendo interrumpida en medio de su masticar, Sivanna se giró lo suficiente como para ver al señor Guillard taladrándola con la mirada. Enfatizando su punto con una obvia ojeada a sus botas sobre la pequeña mesita de plástico que hacía de comedor para los guardias de turno. Mordiéndose las ganas de debatir con el anciano, la morena obedeció a duras penas. Recibiendo un pequeño sonido de asentimiento de parte del hombre, no tardando en sentarse a su lado con su propio plato de gumbo sureño, dejando frente a ella una lata de jugo.

Menudo cambio era para Sivanna el preocuparse de sus modales, sobre todo cuando llevaba solo una semana de conocer al Sr. Guillard y a su esposa, pero sentía que tenía la obligación de hacerlo. Sobre todo cuando la amabilidad de la anciana pareja había sido genuina desde del primer día. Supo de ellos cuando había vuelto del hospital y la esperaban en casa de Angelica, ansiosos de verla. Desde aquel día las comidas gratis y las invitaciones a la iglesia no cesaron, al igual que pequeños mensajes que deslizaban bajo la puerta para hacerle saber qué cenarían aquel día.  El cambio la había abrumado, y aún lo hacía, pero trataba de no atacar sin pensar. Su primer instinto había sido el de sospechar ante tanta amabilidad, pero a los pocos días se había dado cuenta que era genuina. ¡Hurra por las pocas personas decentes que quedaban en aquella ciudad! Al menos ahora Angelica y ella comían algo más que sopas instantáneas y comida a pedido, así que menos podía quejarse.

Aquella noche la Sra. Guillard le había pedido el favor de llevarle a su marido su lonchera, debido a que el muy despistado la había olvidado antes de irse al trabajo. Nunca se le había pasado por la cabeza que aquel anciano la invitaría a cenar con él. ¿Al menos podía quitar “Ver el zoológico de noche” de su to-do list? No veía problema alguno con aquella situación.

Hey, Damien — sonó de pronto la radio del Sr. Guillard—, ¿Ves algo en la jaula de los lobos? Escucho sus ladridos desde el área de los osos.

Echando una mirada a las cámaras de seguridad, Sivanna logró visualizar el área de los lobos y comprobó que parecía haber una riña.

No veo nada extraño. Es normal que peleen de vez en cuando, los cuidadores me explicaron que era por eso del orden en la manada. Quizás en unos momentos se callen.

El otro guardia pareció aceptar aquella explicación y terminó la comunicación poco después. Sin prestarle mucha atención, Sivanna terminó con su comida y tomó la lata de jugo, dispuesta a largarse de una vez. Ya bastante había molestado y era hora de ir a trabajar.

Gracias por todo, Sr. Guillard; que tenga linda noche. — Tan fuera de lugar eran aquellas palabras para Gehring que las sentía quemarle la lengua mientras las decía. Le traían recuerdos de una vida pasada que no quería recordar, mucho menos en ese momento. El anciano le dio una sonrisa amable y asintió.  

Tú igual, Sivanna. Ve con cuidado. — Salió del edificio de los guardias y a paso tranquilo cruzó el zoológico, divagando entre sus pensamientos sin prestarle atención a los durmientes animales a su alrededor. Hasta que su cuerpo se detuvo en seco en la intersección que dividía el camino principal hacia sus diferentes áreas.

Una en particular captó toda su atención, haciéndola girar su cabeza en aquella dirección.

Un aroma distinto yacía en el aire; tenue, casi indetectable, pero llegó a ella con el deseo irracional de seguirlo. Buscar el dueño de aquella extraña esencia. Por raro que pareciera, algo en ella la obligaba a hacerlo, no porque le recordara a algo, sino que su instinto así lo decía. Algo malo auguraba aquel mucre aroma.

Me estoy volviendo loca. Demonios… — susurró para ella misma, cubriendo su rostro con sus manos. Hace unos días atrás había sido aquel ataque de ira que había terminado con su cliente sangrante y ahora parecía perro olisqueando el aire por un olor extraño. ¡Habían animales a su alrededor, por todos los santos! Los aromas desagradables abundaban en aquel lugar y ella le estaba dando vueltas a un asunto que no debería. Maldita sea, no tenía remedio…

Dividida entre qué debía hacer, la morena se obligó a seguir caminando. Sus pasos dirigiéndola hacia aquel maldito camino. Se probaría a sí misma que era una jodida estupidez lo que estaba haciendo, todo con tal de terminar con aquella locura de impulsos y sensaciones demasiado crudas como para que fueran propias de una persona cuerda.  




Última edición por Sivanna Gehring el Sáb Jul 14, 2018 1:38 am, editado 1 vez


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Re: Noches en cautividad | Sivanna G.

Mensaje— por Nicholas Mills el Miér Jul 11, 2018 6:42 pm


Noches en cautividad
Zoológico del Bronx
Entre semana, por la noche
Cielo nublado, temperatura media
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El dolor en la rabadilla no va más allá del golpe, en cuanto me levanto éste se desvanece y me sorprendo por ello, ¿desde cuándo tengo tan veloz recuperación? Me cuesta horrores adaptarme a mi nueva condición, a las nuevas habilidades y características que la misma conlleva. Una de las cosas que más estoy comenzando a echar en falta es la comida, todos aquellos suculentos platos que podía permitirme y por los que ahora siento extrema repulsión nada más de verlos e imaginar cómo los ingiero. También añoro el sol y mis paseos relajantes por Central Park, los cuales no son para nada comparables con los nocturnos, todo el ambiente del parque cambia con el simple hecho de pasar del día a la noche. Jamás he sido una persona noctámbula, incluso cuando salía de fiesta en alguna ocasión solía sentir sueño a mitad de la noche, el cual me obligaba a marcharme relativamente pronto a casa si no quería terminar cayendo rendido en mitad de la pista de baile. Además, mientras que la mayoría de mis acompañantes terminaban pillando la borrachera del siglo, y me dedicaba a observar sus curiosas conductas y a reírme -sin que se diesen demasiada cuenta- de ellos, llegaban a cometer verdaderas locuras bajo los efectos del alcohol y otras drogas. Eso es algo que, por suerte, no echo de menos, puesto que jamás fui demasiado dado a ello, tan solo tomé alguna que otra copa en contadas ocasiones, y no terminaron sentándome demasiado bien, para ser sinceros. Sea como fuere, todo esto ya es agua pasada, debo comenzar a pasar página y aceptar en lo que me he convertido, por mucho que me cueste. Y sé que es un proceso que probablemente tenga que hacer sólo, ni siquiera mi propia madre me ayudaría por mucho que me creyese, ella siempre ha estado ocupada con sus propios asuntos y nunca ha tenido ojos para sus hijos, tan solo nos utilizaba para ganar expectación mediática y poco más. Me pregunto qué debe estar haciendo en estos momentos, con su marido fallecido desde hace unos años y sus hijos desaparecidos, ¿habrá conseguido pasar página? Probablemente sí, y en ese aspecto, la envidio.

Nada más levantarme y cansado de escuchar los ladridos furiosos de los lobos, dejo escapar yo un gruñido casi de forma inconsciente, mostrándoles mi dentadura, con estos afilados colmillos que he adquirido a partir de mi conversión en semejante monstruosidad, acto que los acobarda y con temerosos alaridos se alejan de la valla, regresando a sus cuevas en las que reposar. Una vez se ha hecho el silencio, me permito respirar profundamente un par de veces, sintiendo parte de la decepción del acto que acabo de realizar, uno que no hace otra que reafirmar lo que soy ahora: una bestia. Con porte elegante y una belleza incomparable para aquellas personas que son capaces de verme, pero una bestia, al fin y al cabo. Me sorprende que algunos individuos se me acerquen con intenciones que van más allá de tomar una copa, en esos garitos que ahora estoy empezando a frecuentar, una de las pocas distracciones que he podido encontrar hasta ahora. Al parecer, la atracción que antes los animales tenían hacia mí ahora se ha trasladado a las personas, aunque multiplicada por cien.

- ¿Por qué habré recibido yo semejante maldición…? -murmuro entristecido, desviando al fin mi mirada de la jaula de los lobos, buscando un nuevo destino hacia el cual dirigirme. La zona de las serpientes y los anfibios tóxicos sería una buena opción. Antes les tenía verdadera fobia, ¿habrá cambiado eso también?

Pero antes de poder tomar la decisión, percibo unos pasos en la distancia, su sonido se hace claramente audible en mi oído, aunque no soy capaz de divisar a nadie en la cercanía. Además, un desagradable olor similar al que sentí cuando me arrimé a los lobos invade mis fosas nasales, ¿qué sucede? Como acto reflejo, termino corriendo a velocidad inimaginable hasta esconderme detrás del árbol más cercano. No entiendo por qué mi cuerpo reacciona de esta forma tan extraña por el simple hecho de que alguien apestoso y que probablemente no pueda verme, al igual que los humanos de a pie, se esté aproximando a mi posición. Y es esta curiosidad la que me lleva a asomar un poco la cabeza para comprobar de quién se trata.


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Re: Noches en cautividad | Sivanna G.

Mensaje— por Sivanna Gehring el Sáb Jul 14, 2018 7:03 am

Noches en cautividad
Zoológico del Bronx • 23:40 • Cielo nublado, temperatura media
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Frustrada por su falta de autocontrol y enojada consigo misma, Sivanna siguió por el camino intentando no prestar mucha atención al aroma que parecía perder y recuperar a medida que avanzaba. Hasta que a la lejanía reconoció aquella jaula que vio en la cámara de seguridad: lobos. Vaya, no podía negar que era una pequeña coincidencia que fuese a parar frente a aquel lugar. Acortando la distancia que la separaba del lugar, Sivanna inspiró profundamente casi por reflejo al pillarse de golpe con aquella esencia. Era aquel el lugar donde se concentraba con mayor fuerza. Frente a la jaula de los lobos. ¿Acaso el dueño de aquel aroma había asustado a los animales? Quizás, como también existía la posibilidad de que estaba perdiendo el tiempo en una estupidez.

Un súbito bufido la sobresaltó, guiando su mirada hacia los ojos de uno de los cánidos encerrados en aquel lugar. El animal la observaba de lejos, curioso de su presencia; olisqueando el aire, pareció emitir un pequeño gruñido y la observó fijamente. Se sostuvieron la mirada por lo que le pareció una eternidad, sin moverse en lo absoluto. ¿Haz sentido aquella tibia sensación que parece apretarte el pecho cada vez que ves a tu mascota? ¿Aquella seguridad de que él confía en ti y en una mirada parece decírtelo? Es lo más cercano que podía llegar a describir lo que sentía en esos momentos la muchachita de ojos negros.

Realmente había perdido lo poco de cordura que le quedaba.

Estoy loca. Lo acabo de comprobar… ¿Lassie? ¿Firulais? — le dijo en una carcajada queda al lobo, avergonzada de sus pensamientos. — Y ahora te estoy poniendo nombre. Tan solo quedaba eso.

Dispuesta a largarse de una vez, Sivanna se giró para tomar el camino de vuelta a la entrada, pero el brusco ladrido del animal la detuvo. Sus ojos ya no estaban en ella, sino en la distancia, entre la negrura de las sombras. Agazapándose, el animal gruñía, su lomo erizándose en respuesta a algo que solo él parecía ver. Inquieta por el súbito cambio, Sivanna lo observó sin entender qué demonios sucedía. Los ojos del lobo de pronto volvieron a los suyos, en un fugaz movimiento que entendió como un silencioso “¡Allá! ¡Hay algo ahí!” No debería estar desperdiciando su tiempo de aquella manera, pero aquel actuar no se limitó a uno. El animal parecía realmente estar insistiendo que prestara atención a aquel lugar.

Aún con su razón diciéndole que era una soberana idiotez lo que estaba haciendo, se acercó a aquel lugar que el animal observaba y clavó la mirada en la oscuridad reinante. Al principio fueron borrones, figuras sin una forma definida que nublaban su mirada; pero cuando sus ojos se acostumbraron a la negrura, le pareció ver algo… No, no era una rama. Mucho menos una estatua, que en esa área solo habían jaulas.

En contra de todo lo racional, Sivanna olisqueó el aire. Sintiendo el aroma que había seguido antes, ahora con más fuerza. Descubriendo que bajo el mucre aroma se mezclaba un aroma propio. ¿Acaso estaba pensando en el de una persona? No, no podía ser. Era demasiado loco como para que le hiciera sentido todo aquello.

Lo que sí sabía es que había algo extraño allí. Lo sentía. Tanto como cuando pillas a alguien observándote entre una multitud.

Cariño, no hay guardias en esta área y robar un zoológico no es la más brillante de las ideas. — Prefirió seguir con su corazonada e increpó a lo que pensaba que sería un ladrón escondido. Pretender tranquilidad y comprensión sería su primer intento. — Por lo que aprovecha que te he encontrado yo y sale de ahí. Haremos como si nada sucedió.

Aquella nerviosa incomodidad aún la asediaba, sobre todo luego de increpar a su supuesto ladronzuelo. Había algo que no le dejaba de molestar, pero no alcanzaba a comprender qué era con seguridad.



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Re: Noches en cautividad | Sivanna G.

Mensaje— por Nicholas Mills el Jue Jul 19, 2018 1:25 pm


Noches en cautividad
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La pestilencia del individuo que se aproxima es perceptible desde aquí, así que lo primero que me viene a la cabeza es la idea de que se trate de un vagabundo que se haya colado en el zoológico en busca de un cobijo en el que pasar la noche. Sin embargo, semejante teoría flaquea, ya que todo el mundo sabe que este recinto está vigilado las veinticuatro horas del día tanto por cámaras como por personal de seguridad, nadie vendría a este lugar por la noche a menos que pudiese zafarse de tales medidas de seguridad. ¿Se tratará entonces de un subterráneo? Podría ser perfectamente alguien como yo, lo que me lleva a olerme las axilas para comprobar si yo emano la misma peste, sin embargo, descubro que ningún olor me caracteriza, que soy completamente neutro en cuanto a esa característica. Hago un repaso mental de las razas de las cuales me habló Elisa, pero nada más empezar con la misma, la silueta de la persona se torna más visible al encontrarse más cerca y su voz dirigida directamente hacia mí me sorprende, sacándome de mis pensamientos al momento.

- ¡No soy un ladrón! -reprocho al escuchar su insinuación, algo que genera más ira en mí de lo que generaría de forma habitual. No logro comprender esta sensación gratuita de rechazo que siento hacia la mujer-. Y no creo que acercarme a ti sea lo más aconsejable porque siento cierta repugnancia incontrolable hacia ti, sin ánimos de ofender. Además, si eres capaz de verme, significa que no eres una humana cualquiera, ¿qué clase de criatura eres? -asomando tan solo mis ojos por detrás del árbol para poder observarla, me muestro reticente a salir. Al menos aquí tengo una falsa sensación de seguridad, y digo falsa porque sé que en cualquier momento podría acercarse y sacarme a la fuerza. Sin embargo, confío en que mis reflejos serían mejores que sus movimientos y escaparía sin problemas de su agarre.

Entonces viene a mi mente el recuerdo de una sensación similar a la que estoy viviendo ahora, aunque menos intensa. Hace pocos minutos fui testigo de la reacción de aquellos malditos lobos ante mi presencia, parecía que ellos sentían una enemistad natural hacia mí porque, con tan solo acercarme a la jaula, un par intentaron lanzárseme encima, lo cual me sorprendió y asustó a partes iguales. Sin embargo, yo no era menos que ellos, podía sentir algo desagradables moviéndose dentro de mí, como un instinto de lucha que se demostró al rugir contra ellos, mostrando sin quererlo mis afilados colmillos y logrando que se acobardaran. Eso mismo es lo que siento ahora con respecto a esa mujer, ¿será un… licántropo? Sí, creo que Elisa me comentó que esa es una de las razas existentes en el mundo de las sombras, y en las películas esos mismos y los vampiros nunca se han llevado demasiado bien, así que tendría sentido -dentro de toda la locura que resulta todo este mundo en el que me estoy metiendo- que ella fuese una mujer lobo, ya que por lo que estoy pidiendo entender poco a poco, yo debo ser ahora un vampiro, por muy disparatado que me pueda parecer.


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Re: Noches en cautividad | Sivanna G.

Mensaje— por Sivanna Gehring el Dom Jul 29, 2018 10:26 am

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Por un segundo creyó que las sombras no le responderían y tendría la oportunidad de callarle la boca a esa idea de que había alguien más allí, permitiéndole seguir con su noche sin mayores sobresaltos. Bastante infundado resultó ser aquel deseo, puesto las sombras hablaron.

Bingo.

Aquella parte de su mente, esa dispuesta a seguir un aroma solo porque su instinto lo dice, se regocijó ante su correcta suposición. Solo que poco le duró aquella sensación de victoria en la boca, puesto las extrañas palabras del hombre no hicieron más que confundirla. ¿De qué demonios hablaba? Le faltaba solo eso, estar en presencia de un ladrón jodido de la cabeza. Quizás era un adicto a la heroína, en busca de algo qué vender para conseguir otra dosis. Eso era lo único que le hacía algo de sentido entre lo bizarro de aquella situación. Conteniendo una carcajada, se cruzó de brazos y prefirió seguirle la corriente.

Si, si... soy un hada del bosque. ¿Acaso no ves mis alas? — respondió irónica. — Y no te preocupes que el sentimiento es mutuo. Aunque en mi caso es porque no me sientan bien los mentirosos, me arruinan el apetito. Sin ánimos de ofender, claro.

Le creía a pies juntos que no era un ladrón. Se lo creía tanto como creía que su actual presidente era buena persona. Tantas eran las ocasiones que había sido testigo de lo mismo que todo en aquel momento gritaba un robo en proceso.

¿A qué le haces? ¿Heroína? ¿Anfetas? ¿Sales? — preguntó, buscando algo entre su bolsillo.— Vamos,  ¿Cuánto necesitas por una dosis? Te doy 5 dólares para que salgas de aquí de una vez. Y apúrate que no tengo mucha paciencia con los de tu calaña.

Tendió el billete en su dirección, moviendolo un par de veces como si de un cebo se tratase. No tenía ni la menor idea de porqué estaba haciendo eso en aquellos momentos, quizás para ahorrarle la mala pasada al señor Guillard y asegurarle una noche tranquila. El anciano se lo merecía, sobre todo luego de ese plato de gumbo. El sacar a rastras a un adicto no era nada fácil y mucho menos una tarea muy bonita. Sin embargo, había otra razón tras aquel rudo impulso. La violencia seguía viva en su interior, encendida por algo que seguía sin comprender. El deseo de acercarse y herirlo rondaba su mente, tentándola con la promesa de lucha. Pero la contenía la idea de volver a revivir lo ocurrido días atrás, el pasar de nuevo por aquella amarga experiencia de tratar de recordar qué demonios había sucedido para que su contrincante haya quedado tan herido.

Por lo que quería que aquel hijo de puta se moviera de una vez y tomara el dinero que le estaba tendiendo de buena manera. Joder, si estaba haciendo una buena acción y todo. Porqué el universo no se apiadaba de una vez de ella y le permitía una noche sin eventos completamente opuestos a todo lo que es considerado normal.




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Re: Noches en cautividad | Sivanna G.

Mensaje— por Nicholas Mills el Lun Jul 30, 2018 10:55 pm


Noches en cautividad
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Sus palabras mofándose de mí no consiguen otra cosa que enfurecerme, en gran parte por culpa de ese sentimiento de repulsión incontrolable. Además, sus acusaciones de ser yo un mentiroso me revientan, ¿de qué va está tía? ¿Acaso no es capaz de presentir el peligro que se le viene encima como siga así? Mis músculos cada vez se encuentran más tenso, y con cada palabra nueva que expulsa por su boca van endureciéndose más y más, a la vez que siento cómo mi circulación se acelera y mis sentidos se van agudizando hasta niveles extremos. Su pestilencia se hace ahora mucho más insoportable, y cualquier pequeño estímulo a mi alrededor se torna visible, por mucho que sea de noche. Mediante la yema de mis dedos soy capaz de percibir al más mínimo detalle cada una de las vetas de la corteza del árbol, y mis oídos consiguen captar ondas sonoras que hasta ahora resultaban completamente inaudibles para mí.

- ¡Cierra la boca! ¡No soy un puto ladrón! -pero la situación empeora en el preciso instante en que se le ocurre la fantástica idea de, además de todo lo anterior, acusarme de ser también un drogadicto.

Nada más oír el sonido del billete de cinco dólares ondeando en el aire, salgo disparado de mi escondite a una velocidad que nunca había llegado a adquirir y, al situarme frente a ella sin darle opción de reaccionar, le doy tal empujón que consigo alejarla a largos metros de distancia.

- Te dije que te alejaras, yo… No quería -asustado tras recobrar parte de mi cordura al ver lo lejos que he enviado a la joven, llevo mis manos a mis sienes y cierro con fuerza mis ojos para intentar deshacerme de ese dolor de cabeza que me perfora el cerebro, en la lucha de mi parte racional contra mis más puros instintos agresivos.

Por todo esto es por lo que odio mi nueva naturaleza, siempre he sido un chico muy pacífico que intentaba no meterse en peleas con nadie, de hecho, huía de ellas en cuanto las veía venir. Pero ahora todo ha cambiado, ahora siento unos impulsos asesinos que me resultan ajenos y que por eso mismo me cuestan de controlar, parece como si otro individuo se hubiese metido dentro de mí y, en estas situaciones estresantes, se apoderase de mi cuerpo y diese rienda suelta a todo un seguido de agresividad injustificada que no logra otra cosa que generarme estas disonancias que tantos dolores de cabeza me están provocando.

- Yo no quería, lo siento… -en vez de correr hacia la muchacha para comprobar su estado, mis instintos me llevan a hacer lo contrario, así que salgo corriendo a toda velocidad en dirección opuesta de donde la he lanzado, hasta llegar a una zona con un parque infantil.

Realizo un análisis rápido y encuentro una pequeña casita cubierta por un tejado de madera, a la que puede subirse por unas escaleritas y de la que también desciende un tobogán, así que sin pensármelo dos veces me dirijo hacia ahí. Pego mi espalda a la pared y, nada más sentarme, recojo mis rodillas con mis brazos y hundo mi rostro en las mismas, justo antes de estallar en llanto. Gracias a la posición en la que me encuentro consigo ahogar su intensidad, de manera que nadie, a menos que muy cerca de mí se encontrase, conseguiría distinguir mis sonidos de los típicos de la noche. Por eso mismo me despreocupo y me centro en desahogarme, en intentar expulsar toda esa energía negativa que se ha ido acumulando desde que me convertí en este monstruo que me controla, mediante las lágrimas. Y no pienso detenerme hasta conseguir deshacerme de ese mal que me invade, o hasta quedarme completamente seco, en su defecto.


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la Noche

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Re: Noches en cautividad | Sivanna G.

Mensaje— por Sivanna Gehring el Jue Ago 02, 2018 5:04 am

Noches en cautividad
Zoológico del Bronx • 23:40 • Cielo nublado, temperatura media

Siguiente luna llena en 17 días

Era comprensible, y casi esperable, semejante reacción explosiva de parte del desconocido. Solo que no calculó, ni imaginó, que aquella reacción traería consigo el primer golpe a aquello que consideraba "real". Su rutina trisándose bajo la idea de que había algo sumamente extraño desde su regreso. Si bien Sivanna esperaba que corriera a buscar aquello que ella le daba tan desinteresadamente, aquella respuesta era la de cualquier persona con algo de amor propio. Otra cosa era que la morena no parecía verlo de esa manera.

Luego, cuando pensara sobre aquel incidente, se daría cuenta que fue consiente del cambio en el ambiente; el quiebre en la tensión que se había formado entre ellos. El subidón de adrenalina llegó antes que pudiese ser consiente qué pasó, sintiendo el duro empujón que la movió unos metros hasta dejarla en el pavimento cercano a las jaulas. Su mente sin embargo no registró palabra alguna del muchacho, quien ahora balbuceaba disculpas. No, ella estaba en otro lugar bastante diferente. En nada quedaron sus intentos de controlar la voz que ansiaba violencia, puesto el súbito ataque rompió con todo control. Se incorporó en un movimiento fluido y rápido, preparada para enfrentar de inmediato aquella amenaza si se dirigía hacia ella. La fuerza que la controlaba clavó aquellos ojos citrinos en el muchacho, rugiendo con la promesa de muerte y dolor. Era eso lo que había esperado con fervor, la provocación necesaria para liberarse y tomar total control.

Si, quería más...

El grito que brotó de sus labios fue la bestia reclamando su poder, anunciando la ira que aquel pálido ser había despertado, rompiendo en la oscuridad con una claridad escalofriante. Deseaba desgarrar su garganta, sentir el chasquido de sus huesos bajo sus fauces con tanto ardor que apenas era consciente del agudo dolor que quemaba en sus miembros. Era la repulsión viseral que nacía de su peste la que alimentaba su odio, tanto así que los deseos de destrozarlo terminaron por aturdirla. No fue consiente cuándo se largó de allí ni mucho menos cómo lo hizo, simplemente cuando su mente logró mantener algo de orden entre sus instintos y sus emociones cayó en cuenta que ya no estaba allí.

La frustración y el hambre de violencia no satisfecha calaron profundo en su ser, reclamando por aquello que se le había escapado de las manos. Jadeando por aire, Gehring se dejó caer en el pavimento, luchando con aquella horrible sensación de desesperación. «Basta... Respira, por todos los cielos.» Le costó horrores el siquiera recobrar el ritmo de su respiración a algo parecido a esta, puesto sentía que le faltaba el aire. No supo cuánto tiempo estuvo allí, tirada en el suelo concentrándose en algo más que en la urgente necesidad de seguir el rastro de aquel hijo de puta.

Cierra los ojos y fuérzate a respirar solo por tu nariz. No cedas a ese deseo.

La voz del señor Guillard llegó a ella con el miedo de que fuera testigo de su ataque de histeria, de su patética debilidad. Pero por sobre todo, con el miedo de hacerle daño. Sintió sus pasos dirigiendose hacia ella, acuclillándose a su lado. No la tocó, no llenó el súbito silencio que se coló entre ellos. Solo se mantuvo cerca. Y, demonios, eso era exactamente lo que necesitaba.

¿Qué...? ¿Qué hace aquí? — logró musitar luego de un rato, sin poder aún mirarlo a los ojos.

Vamos, cariño. Levántate.

El agotamiento la golpeó con fuerza al momento en que las manos grandes y cálidas del hombre tomaron su peso, ayudándola a levantarse. Debió haber luchado con más fuerza contra la sujeción del anciano, alejarlo de ella ante lo inestable de su temperamento, pero simplemente no pudo. Caminando hacia la caseta de los guardias, el silencio cayó sobre ellos con una silenciosa verdad unida a él: El señor Guillard sabía más de lo que parecía. Aunque en esos momentos lo último que quería era sacarle la verdad. Quería volver a casa y pretender que aquello no había ocurrido. Otra vez.


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Re: Noches en cautividad | Sivanna G.

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