29/07 ¡Atención, atención! La limpieza por inactividad se realizará a partir de las 22:00 horas en adelante del día 31 de julio. ¡Aprovechad los últimos momentos!


06/06 ¡Atención, atención!¡El Staff os ha preparado una sorpresilla curiosa! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo! Seguimos perpetrando maldades...


01/05 ¡Atención, atención! ¡El Staff os ha preparado una nueva Trama Global! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo y apuntaros, adoradísimos habitantes del submundo! Las maldades vuelven a comenzar...


30/04 Aun con cierto retraso, el Staff de FdA no se olvida de sus queridos users <3 Así que por San Valentín os hemos preparado una cosita muy especial. ¡No perdáis tiempo y pasaos por aquí!


29/03 Estimados habitantes del submundo. La limpieza de este mes se hará el día 31 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


26/02 Estimados habitantes del submundo. Atendiendo al hecho de que febrero no tiene treinta días, la limpieza de este mes se hará el día 02 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


38 # 37
18
NEFILIMS
7
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11
HUMANOS
5
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12
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6
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1
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Compañía inesperada (Anya)

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Compañía inesperada (Anya)

Mensaje— por Arlissa R. NIghtgale el Mar Jul 17, 2018 12:42 am

Quería un sitio donde estar tranquila por una horas, la tarde estaba por comenzar. Estuve toda la mañana entrenando con Aisak en la sala de entrenamiento, como era de esperar, estábamos igualados en muchas de nuestras capacidades. Aunque, yo no podría tener la fuerza que él tenía, sencillamente por lo pequeñita que era y el tipo de arma que usaba. En comparación, yo era mucho más rápida de ejecutar los ejercicios. Era más ágil y flexible que él, y el arma que yo usaba me exigía eso. Eramos un buen equipo parabatai. Puede que comparados uno con el otro uno era mejor que otro en ciertas cosas, pero nada más lejos de la realidad. Aisak era un nefilim excepcional, por lo menos cuando se trataba de luchar. En tema de ideales, bien podíamos discutir. Yo era la que seguía a raja tabla el tema de proteger a todos, tanto mundanos como subterráneos. A Aisak esto último se le atragantaba bastante. No me agradaba, me sacaba de quicio que se pusiera de ese modo tan desconsiderado, pero aun así, sabía que era una buena persona. Ese chico se había criado bajo unas creencias muy diferentes a las mías, que solo empeoraron tras la muerte de sus padres. Intento echarle paciencia, pero a veces costaba. Por suerte, hoy fue un día tranquilo. Dejé a mi parabatai en su cama, fui a buscarlo por si quería venir a dar una vuelta conmigo, dormido. Decidí que lo mejor era dejarle, ya era muy pocas las veces que podía conciliar el sueño.

Fui sin pensarlo dos veces hasta el invernadero. Decir que me recordaba a casa era mentira, me recordaba a Idris, una parte de mi infancia, pero no mi hogar aun así lo notaba como mi casa. Había ido cada veranos a Alacante para pasar allí esos calurosos meses, visitar a la familia, etc. Mientras tanto me críe, nací y crecí en Galés. La vegetación era lo que me producía nostalgia y seguridad, aunque claro, faltaban más montañas, más extensiones verdes, más castillos, etc. Era lo que tenía en aquel sitio lleno de edificios grises, rodeada de tanto metal. Por estas cosas mi parabatai me decía que parecía un hada o algo por el estilo. Lo decía de burla, lo sabía, porque él se sentía exactamente igual que yo. Queríamos ayudar, ser útiles, por eso nos movimos hasta Nueva York. Entre en aquel enorme espacio lleno de vegetación, encontré mi sitio. Era un banco discreto, para el cual me había llevado algunos cojines para hacerlo más cómodo. El banco era lo suficientemente largo para poder acostarme sin problemas, y como estaba apartado de la vista costaba encontrarlo, era todo ventajas. Y más, cuando a su lado me dediqué a plantar narcisos. Había crecido gracias al clima del invernadero, sino lo hubieran hecho en primavera como tenía que hacer. Los colores blancas, amarillos y rosas, eran demasiado familiares para mí. Había traído un poco de mi país natal a esta inmensa ciudad. Observé atentamente como estaban las flores, después de eso y comprobar que todo estaba en orden me recosté en el banco, quitándome las zapatillas. Llevaba una simple blusa de manga larga, de tela fina y de color morado. Un pantalón deportivo negro con el cordón de atar blanco.

Me sumí en mi lectura nada más abrir el libro. Era pequeño y de edición de bolsillo, titulado el Castillo Ambulante, de Diana Wynne Jones, una escritora Británica. Al encontrarlo en una tienda modesta en la gran manzana no me lo pensé dos veces. Me compré ese y los dos que le seguían. Era como si estuviera reclamando todo aquello que dejé atrás por propia voluntad.
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Re: Compañía inesperada (Anya)

Mensaje— por Anya M. Bergström el Mar Jul 17, 2018 6:37 am

Compañía Inesperada
Lunes, cerca del crepúsculo — Invernadero, Instituto — Arlissa
Su día fue medianamente productivo. Hubo un momento por la mañana en que pensó que Theodore finalmente accedería a su ruego por ser entrenada en el uso de algún arma. Creyó que la exposición de diversos argumentos sobre lo importante que sería tener medios para defenderse la ayudaría, pero no, el nephilim no dio su brazo a torcer. Dejaba a la vista que ella aún no podía recibir entrenamiento porque todavía no se decide su futuro. Futuro, esa palabra comenzaba a taladrar su cabeza. Le permitían mantenerse en ese sitio, estudiar y trabajar en su especie de don, pero con tantísimas limitaciones que era imposible recordarlas todas. No podía salir del instituto. No podía ver a sus padres ni de lejos. No podía llamar a nadie del mundo exterior. No podía nada. ¡Ah! Tampoco podía tener demasiadas amistades en el Instituto, porque todos la miraban raro. Todos excepto Theodore y Jordi. Ellos más bien parecían alertas cada vez que la veían.

Claramente frustrada por tener que pasar por esto se refugió en los libros. Digan lo que digan los libros eran sus mejores amigos en estos momentos. Si bien estaba terminando de leer el Código alternando con un par de libros que le dio Jordi, era más entretenido que quedarse por ahí dando tumbos mientras la incertidumbre corroía su ánimo. Después de pasar casi todo el día en su habitación salió a encontrar un lugar más fresco y alegre donde pasar el tiempo. Al caminar por los pasillos se dio cuenta de que no habían muchos cazadores en el Instituto. ¿Habría problemas? Se le explicó muy resumidamente que tenían luchas que atender con urgencia. Problemas más importantes que decidir el futuro de una mundana. Se preguntó qué estarían enfrentando. ¿Demonios?¿Alguna horda de ellos? Con preguntas y más preguntas en la cabeza llegó al invernadero. Ya había espiado el sitio sin quedarse mucho allí. Era precioso, fresco y agradable. El sitio perfecto para perderse por algunas horas.

El aroma a vegetación fue liberador, al punto que a cada paso que daba se sentía un poco mejor. Puede parecer extraño, pero sintió la necesidad de caminar descalza. Así fue que se quitó las zapatillas deportivas blancas, y las medias dejándolas en un rincón. Caminaba en punta de pies, casi danzando cuando la figura de una joven sobre una banca le hizo detenerse. Ella leía, lo cual era un punto a su favor. Pero mientras la observaba, tirando de la tela de su vestido, se debatió entre saludarla o no. Los cazadores no le tenían estima, pero básicamente ella tenía un libro en las manos y eso era interesante. -
Hola. - musitó con simpleza aferrándose al pesado libro que llevaba en manos.




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Re: Compañía inesperada (Anya)

Mensaje— por Arlissa R. NIghtgale el Lun Jul 23, 2018 6:29 pm

Me sumergí en mi libro inmediatamente al parecer era la mayor de tres hermanas, me pregunté como sería ser la hermana mayor de alguien. Yo era hija única, así que no sabía como era tener una relación así. Estaba Aisak, pero era mi parabatai, era ligeramente diferente. No era lo mismo tener un hermano que un parabatai, ser un parabatai era algo más. La protagonista parecía aceptar bastante bien su destino, por así decirlo. En parte podía entenderla, por otro lado no. Yo aceptaba el hecho de que algún día iba a morir en una misión contra algún demonio o contra algún subterráneo, ya que era lo más probable. Sin embargo, entrenaba todos los días para evitar que ese fuera realmente mi final. La chica parecía conformarse y eso me sacaba de quicio, pero solo llevaba las primeras páginas tenía que continuar para saber más.

Incluso sumergida en mi lectura estaba atenta a lo que pasaba a mi alrededor, eran gafes del oficio. Si tenías algún sentido ocupado o incapacitado de alguna manera, aprendías a luchar con el resto. En muchas peleas podías quedarse sin visión, por ejemplo. No era raro acabar en algún sitio oscuro y sin llevar la runa de visión nocturna. Así que, no me pillo por sorpresa escuchar los pasos que pasaban muy cerca de mi posición. Lo que si me sorprendió fue que encontrara mi pequeño rincón. Cuando me saludo, bajé el libro y la miré de arriba abajo. Era una joven de más o menos la misma edad que yo. Alta, de cabellos rojos y grandes ojos. Entrecerré los ojos al ver que la piel que quedaba expuesta por su vestido gris estaba totalmente limpia.
-Así que tu eres la mundana… -dije al mismo tiempo que me sentaba, mirándola con curiosidad. -Te trajo el especial de Theodore Eckhart, la mayoría de los cazadores del instituto lo saben. -le expliqué para que entendiera porque sabía de quien se trataba. Cerré el libro dejando el marcapaginas en el lugar donde estaba. La muchacha iba descalza como yo. Dejé hueco en el banco, encogiendo los pies. -¿Te quieres sentar? -le pregunté.
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Re: Compañía inesperada (Anya)

Mensaje— por Anya M. Bergström el Mar Jul 24, 2018 5:22 pm

Compañía Inesperada
Lunes, cerca del crepúsculo — Invernadero, Instituto — Arlissa
Cada vez que los habitantes del Instituto salían en una aparente misión ella no dejaba de preguntarse si podría seguir allí, solo recluida sin ser de más ayuda. Desde que ha comprendido que no es una demente que ve cosas que no existen se ha llenado de una especie de responsabilidad que debe satisfacer. Ella también puede ver a los demonios, puede distinguir subterráneos, tiene un privilegio que debería utilizar para ayudar y proteger a quienes no lo tienen. Pero no es capaz todavía. Ese todavía la mantenía inquieta.Los días pasaban sin que haya cambios, poniéndose más agrio su humor. Es consciente de que hay situaciones más importantes que atenderla a ella, pero consideraba que si la dejaban entrenar para coger habilidades podía ayudar. Ayudar en alguna cosa, así sea mínima.

Al llegar al invernadero esperó encontrar un balance.Un remanso de paz donde su cabeza dejara de ser atormentada por lo que es y lo que no puede ser. Es mejor para su salud mental. En el recorrido por el armonioso lugar se encontró con la figura de una muchacha. Estaba oculta, o así lo parecía, pero ella la encontró sin mayores esfuerzos. Mirándola con cierta duda, se decantó por saludar para no ser maleducada. Ya ha pasado varios días siendo una malcriada a causa de los demás. Si los cazadores no la creen digna de un saludo, ella no tiene porque seguirles el juego. Justo cuando estaba por seguir su camino para estar en soledad, la castaña se fijó en ella.Notó la mirada analítica de la muchacha quedándose muy quieta y muy seria. Jamás ha sido agradable que la examinen con la mirada. Prefiere ser del tipo invisible antes de tener el foco de atención sobre ella.

Mundana, parece que lleva ese título tatuado en la frente. A veces se sentía estúpida al recordar como le molestaba que su hermano la llamara ratona. A diferencia del resto de cazadores, esta muchacha se mostraba más curiosa que reacia u odiosa. Asintió con una cabezada sentándose al lado derecho de su interlocutora. Le quemaba en la garganta la curiosidad, y es que la joven llamó "especial" a Theodore. Sonrió con ligereza antes de decir. -
Sí, soy Anya la mundana. - se presentó mirando de reojo a su acompañante.- ¿Theodore es especial?¿Por qué? - se atrevió a preguntar bajando la mirada al libro que ella sostenía, mostrando evidente curiosidad.





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Re: Compañía inesperada (Anya)

Mensaje— por Arlissa R. NIghtgale el Miér Jul 25, 2018 1:31 am

La chica al notar mi mirada diría que imito a una farola, totalmente quieta y seria. Era como ver una farola, tieso y de un color serio. Por esta clase de comparación tanto mis padres como Aisak me llamaba rara. Byron, se hubiera reído conmigo y de mí. Ese chico también era de un material extraño. Una personalidad difícil de llevar y aguantar, pero que rápidamente te dejabas arrastrar por personas como él. Byron lo sabía y se aprovechaba de eso en toda su gloria. De vez en cuando me mandaba algún mensaje para salir o entrenar, cuando quería ser educado. Sino, entraba directamente en mi dormitorio robaba algo y comenzaba el juego de la búsqueda o sencillamente me cogía en brazos y me llevaba donde él quisiera. Según el humor con el que se hubiera levantado esa mañana. Reconocí a la chica por su ausencia de marcas, por lo que no me corte un pelo en llamarla mundana, eso pareció molestarle algo pero no lo trasmitió del todo y toda la molestia del principio se esfumo cuando le pregunté si quería sentarse, dejándole hueco para ello. La chica asintió y se sentó a mi lado, yo seguía mirándola, examinando las diferencias entre mundana y cazadoras de sombras.
-Arlissa. -me presenté con una sonrisa divertida al escuchar como se había presentado. -Una de las tantas Nefilim. -la chica preguntó por mi comentario sobre Theodore, al mismo tiempo que miraba el libro que tenía entre las manos. Se lo tendí sin ningún problema antes de contestarle. La chica aceptó el libro sin pensárselo demasiado. -Es una manera más suave y rápida de describirlo. Es mejor decir que es especial a que de vez en cuando se merezca una patada en la boca. -dije encogiéndome de hombros. No lo decía del odio o de la molestia, sino de una realidad tan cierta, como cuando afirmaba que el cielo era azul de día y negro de noche. Lo decía como lo que era, una realidad. -Es esa clase de Cazador que de vez en cuando te dan ganas de romperle la mandíbula por bocazas, o más bien por creerse superior. Es bueno, pero no es el mejor en el Instituto. Así que esos aires sobran y más cuando estamos entre iguales, no obstante esta es mi opinión. Al igual que ayuda a los otros cuando considera oportuno. -le expliqué. Era verdad que tenía una personalidad difícil de tragar, pero una cosa no quitaba a la otra. Aunque bien pudo ofrecerse a ayudarme para que no le volviera a lanzar una lanza, arma que estaba claro que sí usaba con facilidad que el mangual.

Volví a mirarla, viendo como observaba el libro estaba claro que le gustaba la lectura. No le di mayor importancia, la lectura era uno de los mayores placeres. Conocía a bastantes personas que le gustaba, como a mis padres.
-¿De dónde eres? -le pregunté. Su acento no era neoyorkino, el mío tampoco lo era. De hecho todos lo describían como un ceceo constante cuando hablábamos inglés. A parte de que a veces poníamos el sujeto y el verbo después del predicado, pequeñas cosas que hacía sin darnos cuenta y marcábamos más la r a la hora de pronunciarla. -¿Y qué piensas hacer? He escuchado que vas a ascender… ¿Eso es verdad o solo es la conclusión que han llegado todo el instituto?
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Re: Compañía inesperada (Anya)

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