29/07 ¡Atención, atención! La limpieza por inactividad se realizará a partir de las 22:00 horas en adelante del día 31 de julio. ¡Aprovechad los últimos momentos!


06/06 ¡Atención, atención!¡El Staff os ha preparado una sorpresilla curiosa! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo! Seguimos perpetrando maldades...


01/05 ¡Atención, atención! ¡El Staff os ha preparado una nueva Trama Global! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo y apuntaros, adoradísimos habitantes del submundo! Las maldades vuelven a comenzar...


30/04 Aun con cierto retraso, el Staff de FdA no se olvida de sus queridos users <3 Así que por San Valentín os hemos preparado una cosita muy especial. ¡No perdáis tiempo y pasaos por aquí!


29/03 Estimados habitantes del submundo. La limpieza de este mes se hará el día 31 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


26/02 Estimados habitantes del submundo. Atendiendo al hecho de que febrero no tiene treinta días, la limpieza de este mes se hará el día 02 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


38 # 37
18
NEFILIMS
7
CONSEJO
11
HUMANOS
5
LICÁNTRO.
12
VAMPIROS
13
BRUJOS
6
HADAS
3
DEMONIOS
1
FANTASMAS

The beginning of a long history [Anya M. Bergström]

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The beginning of a long history
→ Sabado → 00:32 → En mi habitación→ Despejado con luna llena

El anochecer adquirió tonos más oscuros y profundos al alcanzar las puertas del Instituto, con la señorita Anya a escasos metros de mí, tratando de no perderse en la travesía. Una acompañante a la que debía proteger de cualquier amenaza demoniaca posible, y la mejor manera para hacerlo era que pasara la noche en el interior de los muros del Instituto. Un lugar impenetrable para cualquier ser del mal que quisiera causar algún tipo de daño. He de decir que no me era plato de buen gusto tener que resguardar a aquella pelirroja en mi propia habitación y a la vez tener que enfrentarme a la dirección del lugar por ello. Sin embargo, era algo que debía hacer si deseaba cumplir con mis deberes como cazador de las sombras. No podía permitir que aquella chica con el creciente poder que albergaba en su interior, continuase rondando por el mundo mundano sin la protección e instrucción necesarias. Su visión le permitía ver el otro mundo cuando no debería de ser así. Una capacidad que cambiaría su vida para siempre, y de forma irreversible, ya que nunca sería una mundana normal de nuevo.

En el transcurso del camino, de vez en cuando giraba la cabeza para asegurarme de que Anya no se echaba atrás en su decisión, tras haber visitado la casa de sus pobres padres. Su semblante revelaba un notable miedo a aquello que se le podía presentar en sus propias narices en el futuro. Un temor que se desprendía de cada poro de su piel a la luz de la fría luna y me provocaba la duda de si realmente era lo correcto traerla conmigo al Instituto. Una parte de mi estaba seguro de que sería totalmente capaz de afrontar los peligros que se le cruzasen. Pero la otra, más cautelosa, dudaba de si en algún momento aquella jovencita de cabellos rojizos llegaría a comprender el nuevo universo que se iba a abrir ante ella con el paso del tiempo. Demonios, vampiros…hombres lobo, eran solo unos escasos ejemplos de las criaturas que la aguardaban al otro lado de la realidad que hasta entonces ella conocía con certeza como mundana. Innumerables peligros a los que la ayudaría a enfrentarse en caso de ser necesario, para garantizar su propia seguridad, por supuesto. Aunque sí que era cierto es que, para cometer dicha tarea, debía dejar a un lado el asombroso parentesco físico que mantenía con mi fallecida parabatai. Era un factor desconcertante que podía poner en peligro la viabilidad de mi misión, y eso era algo que no debía permitir en lo más mínimo. Debía guardar mis emociones en un oscuro cajón de mi mente si realmente deseaba alcanzar el éxito en mi empresa como nephilim.

Tras atravesar las estruendosas puertas de hierro forjado, guíe a Anya por el secreto camino hasta los dominios del Instituto, con un silente paso y un semblante calmado y taimado. Ignoré su constante interrogatorio y me focalicé en entrar en el majestuoso edificio, cogiendo su delicada mano para asegurarme de que no sufría ningún altercado en el proceso. Un contacto el cual retiré en cuanto pisamos las baldosas del Instituto, tan lustrosas y silenciosas como de costumbre. Unos pocos candiles se encendieron a nuestro paso, con tersas llamas, infundiéndonos una cálida bienvenida tras nuestro viaje en la noche. Un recibimiento al que estaba más que acostumbrado, pero que asombró a Anya por completo, siendo sus ojos atrapados ante tal despliegue de mágica luminosidad. Toqué un par de veces el hombro de la muchacha para despertarla de su súbita distracción y continuamos nuestro camino hacia la zona de habitaciones, donde se hallaba mi lugar de descanso. En aquel breve paseo, Anya no pudo evitar seguir inquiriéndome sobre todo lo que captaban sus ojos, en meditados susurros que yo seguía desatendiendo concienzudamente. Aquellas pasarelas no eran la zona adecuada para ponernos a charlar y menos a aquellas horas de la noche, cuando todos se encontraban durmiendo plácidamente. Supuse que, ante tanta nueva información, era incapaz de contener su lengua hasta al menos alcanzar una zona segura.

Con sus preguntas aun agitándome el cerebro, al fin alcanzamos la puerta de mi dormitorio, la cual estaba compuesta de madera de roble, y de una discreta placa de plata donde se hallaba escrito mi nombre, y bajo el, una serie de trazos que ocultaban lo que estuviera escrito ahí en su momento. Antes de siquiera girar el pomo de dicha puerta, me giré levemente y miré con firmeza a la pelirroja, que se encontraba observando todo a su alrededor. – Este es mi dormitorio, como puede observar en la placa de la puerta. El plan actual es que dormirá aquí los futuros días en la cama secundaria que poseo. En el transcurso de ese tiempo, podrá recabar toda la información que desee sobre nuestro mundo. Eso sí, trate de no llamar la atención. ¿De acuerdo? A algunos nephilim no les gusta que otras razas convivan en su mismo techo. -  susurré al mismo tiempo que giraba el pomo de la puerta y la abría, revelando ante sus luceros la humilde habitación en la que descansaba todas las noches. Un cuarto con cuatro paredes, pobremente decoradas, con un par de camas de 90x130 centímetros y algunas pertenencias personales que guardaba conmigo por puro egoísmo.

Y al fondo de todo, un lustroso cofre que guardaba todas las pertenencias de mi parabatai, perfectamente lavadas y conservadas para mantener su recuerdo. Un objeto que resaltaba en la estancia por sus vivos colores y el sentimiento que guardaba tras sus ferrosos cerrojos. – Solo debe respetar una norma en este llano aposento. Jamás toque ese baúl que está en ese rincón de la habitación. No se le ha perdido nada en él, y posee cierto aprecio por mi parte. ¿Lo ha comprendido? - le expliqué señalando con claridad el arca, para asegurarme de que sabía de lo que le estaba hablando. Nadie había tocado ese cofre en años, más que yo mismo, y pretendía que siguiera siendo así por el momento. En su interior había recuerdos que no deseaba perder a manos de cualquier idiota manazas.




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