29/07 ¡Atención, atención! La limpieza por inactividad se realizará a partir de las 22:00 horas en adelante del día 31 de julio. ¡Aprovechad los últimos momentos!


06/06 ¡Atención, atención!¡El Staff os ha preparado una sorpresilla curiosa! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo! Seguimos perpetrando maldades...


01/05 ¡Atención, atención! ¡El Staff os ha preparado una nueva Trama Global! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo y apuntaros, adoradísimos habitantes del submundo! Las maldades vuelven a comenzar...


30/04 Aun con cierto retraso, el Staff de FdA no se olvida de sus queridos users <3 Así que por San Valentín os hemos preparado una cosita muy especial. ¡No perdáis tiempo y pasaos por aquí!


29/03 Estimados habitantes del submundo. La limpieza de este mes se hará el día 31 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


26/02 Estimados habitantes del submundo. Atendiendo al hecho de que febrero no tiene treinta días, la limpieza de este mes se hará el día 02 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


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Mensaje— por Sivanna Gehring el Vie Ago 17, 2018 3:09 am

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Apartamento 013 • 19:30 • Lluvioso

Siguiente luna llena en 10 días

Cansada... Estaba tan cansada. Las noches sin dormir, la ansiedad, los ataques súbitos de íra y la sensación de intranquilidad que la asediaba le estaban pasando la cuenta. Las oscuras sombras bajo sus ojos, la palidez impropia de su piel y lo perdido de su mirada eran claras muestras de que algo en la vida de Sivanna no iba bien. Aunque, a esas alturas, ¿Qué iba bien en su vida? No quería aceptar que su cuerpo parecía estar traicionándola, al igual que su mente, los últimos días. Era todo un suplicio salir de la cama, mucho más el siquiera pensar en soportar la asquerosa presencia de sus clientes siquiera mirándola. Pero estaba atrapada entre lo que debía hacer y aquello que realmente deseaba hacer. No tenía lo medios como para largarse de allí y comenzar en otro lado, tal como lo había hecho cuando pequeña. Esta vez no tenía escapatoria.

Mordiéndose los labios, buscando sus llaves en su bolso, la morena apoyó su cabeza en la puerta de su morada y suspiró. ¿Estaría Angelica en casa? No había recibido su usual mensaje, diciéndole que iba en camino y que le había dejado su cena en el congelador. Ni siquiera una llamada. Frunciendo el ceño, detuvo su buscar, confundida de pronto ante lo extraño que era aquel súbito silencio. Apretando su oído en la puerta, esperó escuchar algo, una señal que le dijera que su compañera estaba en casa.

Una voz masculina, baja y resonante, murmuraba algo. Siendo respondida -al parecer- por la voz que reconoció como Angelica.

Ambas mujeres, años atrás, habían quedado de acuerdo de que en esa casa se respetarían un par de reglas. Primero, nada de hombres o clientes al departamento; segundo, no tocarían las ganancias de la otra sin permiso; tercero, cualquier problema que surgiera se hablaría de manera madura, nada de peleas callejeras o chismes con otras chicas. Angelica había sido tajante con aquellas reglas, incluso cuando tuvo novio… entonces quién demonios era esa voz. Porque, hasta donde ella sabía, Angelica no hablaba de esa manera ni mucho menos sostenía conversaciones a solas con ella misma. Encontrando sus llaves, la morena se apresuró en abrir la condenada puerta y se dio de frente con una imagen que parecía sacada de su imaginación. Su padre, sentado en su cocina, tomando café de una taza trisada. Oh, pero había más. Angelica, preparada y maquillada para el trabajo, estaba sentada a un lado de él… con los ojos como platos al verla llegar.

Sivanna — Un torrente de recuerdos de su niñez anegó su mente. Siendo gatillados por aquella voz, por aquel rostro cincelado, por aquellos ojos de un azul cobalto que la inspeccionaban con cautela. — … Al fin te he encontrado.  

Apenas sintió el ruido de sus llaves cayendo a su lado, en conjunto con su cartera y bolsas. En esos momentos solo tenía cabeza para digerir aquella bizarra escena; que -si era sincera- no estaba teniendo mucha suerte con eso.


Última edición por Sivanna Gehring el Vie Ago 24, 2018 2:00 am, editado 1 vez


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Re: [Personal] Meine liebste Tochter • Priv

Mensaje— por Cuenta NPC el Vie Ago 17, 2018 5:58 am

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APARTAMENTO 013 — 19:30 — LLUVIOSO

Desde el regreso de la mocosa a su vida, Angelica estaba segura de que más de alguna cana o arruga había sido provocada por su culpa. Gracias al cielo que se teñía, porque no quería levantarse cada mañana para ver cómo los efectos de la tozudez de su querida compañera se reflejaban en el espejo. Con Dios de testigo, la rubia agradecía profundamente que la muchachita había vuelto sana y salva, luego de saber todos los detalles que llevaban los polis hasta ahora con la investigación. Si hasta parecía un mísero rasguño el estado en el que había sido encontrada en comparación de cómo habían descubierto los cuerpos de aquellas pobres mujeres. Apenas podía comprender hasta qué punto podía llegar la crueldad humana, sobre todo en maniáticos sádicos como era el captor de Sivanna. Pero… aquí viene el pero de todo esto. Le entraban ganas de golpear a aquella mocosa cada vez que la miraba como si estuviera loca cada vez que le decía que se tomara todo con más calma. ¡¿Acaso era ella la loca cuando, a solo un par de días de haber sido dada de alta, señorita yo-puedo-con-todo había salido de casa de vuelta a aquella bendita esquina?! No, no era ella. Por lo que cuando le informaron que el supuesto padre de la niñata había contactado a los investigadores, Angelica tuvo que guardarse el secreto. Al menos hasta que su colega mostrara signos de haber recobrado la cordura.

El primer contacto con el padre de Sivanna llegó como un correo. Simple, breve y puntual. Deseaba saber la ubicación de su hija. Nada más que eso. Parece que lo de ser estoico y escueto corría por la familia, ¿eh? Luego un considerable intercambio de correos, un par de llamadas y un solo mensaje de texto, Nathaniel y ella habían acordado encontrarse en su apartamento, mientras Sivanna estaba fuera.

Estaría minimizando su reacción si solo dijera que aquel hombre la sorprendió. El muy maldito nunca dijo que estaba forrado ni que tenía el rostro de un maldito ángel. Por lo que pudo claramente escuchar su mandíbula caer al suelo cuando abrió la puerta y esos ojos azules la recorrieron de arriba a abajo. Demonios… no era de las que se ponían nerviosas con los hombres, ni mucho menos, pero Nathaniel no era un hombre. Era un semidios, algo sacado de una peli porque ser así de atractivo no calzaba en la cabecita de Angelica. Ataviado con un sobrio traje, perfectamente ordenado, Nathaniel era la perfecta imagen de lo que Angelica quería ver cuando llegara al cielo… si es que llegaba.

¿Angelica? — Casi suspiró al escuchar su voz en persona. Mucho más cuando había dicho su nombre así. Grave, decadente, con un deje de un acento que no logró captar de inmediato. — Un gusto conocerte al fin. Soy Nathaniel Gehring, el padre de Sivanna.

Que dios la ayudara, el gusto era todo suyo. Tomando su mano en la propia, saludándolo como una persona normal lo haría, Angelica lo invitó a pasar. «Ay, señor, dame fuerzas.» Se le había secado la boca al verlo entrar con esos aires felinos, exudando nada más que segura tranquilidad con cada paso que daba.

¿A qué hora llegará? — preguntó, dándole una mirada a su reloj… oh, vaya. Rolex. No hacía falta, entonces, preguntarle si tenía dinero para volver, ni mucho menos que le dijera algo de su vida para saber que se rodeaba de lujos. Si bastaba para ver aquel condenado reloj e inspirar un poco para saber que aquel perfume que traía costaba una pierna y dos años completos de ganancias.  

Quedó de volver a las ocho de la noche, así que tenemos tiempo de sobra. — Le costó un mundo no decir aquellas palabras con un tono provocativo, pero tenía que recordar el porqué estaba él ahí.

Luego de superar su caso de locura hormonal, Angelica se encargó de ponerlo al tanto de lo que había sucedido. Todo. Absolutamente. Todo. Le tomó un par de horas, algunas tazas de café y unas galletas de vainilla que había encontrado para acabar con todo lo que había pasado. Desde la llegada de Sivanna hasta esos últimos días.

Esperaba algo más que la escueta respuesta que recibió, sobre todo ante las bombas que había lanzado durante todo ese tiempo. Él simplemente suspiró y asintió, mirando por el ventanal del salón. Luego de un extenso e incómodo silencio, Angelica tuvo que recordarle que ella seguía allí.

¿Más café?

¿Sivanna, alguna vez durante estos años, ha mencionado algo sobre su familia? — Ignorando el hecho que él pasó de su pregunta, ella negó. Nathaniel pareció momentáneamente abatido y le pasó su taza, en una silenciosa petición para que le sirviera otra.  Hizo lo que le pedía y volvió a tomar asiento. No había terminado de hacerlo, cuando la puerta se abrió de golpe.

Él apenas se inmutó, sorbiendo el oscuro y humeante brebaje. Ella, por otro lado, dejó de respirar cuando reconoció aquel rostro. Sivanna, igual de sorprendida (incluso más) que ella, observando a su padre primeramente… luego pasando a Angelica. No ayudó mucho el saludo que Nathaniel dirigió a su hija, porque ambas mujeres lo observaron con nada más que confusión en sus rostros. El silencio se estiró hasta que el ambiente se cargó con una tensión palpable.  

¿Cómo…? — La voz baja y trémula de la mocosa fue todo lo que necesitó Angelica para que comprendiese que esto iba a ir de mal en peor. Solo pedía que no llegaran a las manos, porque no quería a los polis metidos en esto. Mucho menos cuando no les había dicho que habían acordado una “junta” con el padre de la víctima y principal testigo.

Se puso en contacto con los investigadores y luego conmigo. No pude negarme; es tu padre, merece saberlo.

En un movimiento pausado y nervioso, Sivanna cerró la puerta tras ella y mantuvo su mano en esta, como si buscase algo en qué apoyarse. Le dolió verla así de expuesta, sobre todo porque sentía que la había traicionado de alguna manera.

¿Porqué apareces ahora?

No has cambiado en lo absoluto. ¿Sabes cuánto lloró tu madre cuando huiste? No sabíamos qué hacer, simplemente tomaste algo de ropa y te fuiste de un día para otro…

¡Respondeme! — gritó Sivanna, en un rugido cargado de ira.

¡No te atrevas a exigir respuestas ahora! — Golpeó la mesa en un duro levantar, casi botando la taza de café. No se esperaba semejante respuesta de Nathaniel, quien se había mostrado tan calmado todo ese tiempo. Sivanna, al igual que ella, enmudeció al ver a su padre en ese estado.— ¡Ni siquiera dijiste qué había pasado, maldita sea! ¡Pasé meses preguntándome dónde demonios estabas! ¡Pensando en si seguías viva! ¡¿Cómo pudiste, Sivanna?!

Súbitamente el apartamento se le hizo extremadamente pequeño. Tanto así que temía que eso escalara fuera de control, sin tener lugar como para evitarlo. Sumida en un nervioso mutismo, Angelica estaba dividida entre si intervenir o si dejar que el reencuentro siguiera su curso. Era demasiados años sin verse y era natural que el antiguo dolor aflorara, mucho más cuando Gehring había sido solo una mocosa cuando había huido de casa para nunca más aparecer.


Última edición por Cuenta NPC el Vie Ago 24, 2018 1:58 am, editado 1 vez
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Apartamento 013 • 19:30 • Lluvioso

Siguiente luna llena en 10 días

Trabajando sus muelas, conteniéndose para no golpear la pared más cercana, Sivanna estaba buscando razones para no matar a Angelica en esos mismos instantes. La lacerante sensación de haber sido traicionada le estaba nublando la razón, consumiendo de paso cualquier tipo de control que tenía. Jamás había esperado semejante golpe de ella, mucho menos relacionado a Nathaniel y a su antigua vida. ¿Acaso no había sido ella misma la que le había dicho que no le interesaba conocer su pasado? ¿De dónde provenía? Entonces, porqué demonios estaba su padre sentado en su cocina como si nada. Los pensamientos siguieron apilándose uno tras otro, alimentando la traición hasta todo sentimiento se tornó en odio.

Pero en esos momentos Angelica era su último asunto por atender. Nathaniel, su padre, era su principal foco.

Esa súbita demostración de enojo la sumió en silencio, incapaz de reconocer a aquel hombre con los vagos recuerdos de su infancia. Tan silencioso y ajeno, Sivanna nunca lo consideró como una persona emotiva. En realidad, nunca lo consideró parte de su vida. Su rol de padre se había limitado a proveer todo lo que necesitara y deseara, resumiendo la relación entre ambos como conocidos casuales. Primera vez, en toda su vida, que había detectado algo más que desinterés en su voz. Solo que era muy tarde para que llegara a meterse a su vida jugando el rol de padre preocupado. Cruzándose de brazos, tornándose súbitamente tranquila, la morena no quitó por un segundo sus ojos de los ajenos, asegurándose que fuese consiente que todo lo que salía de su boca era cierto.

Fue bastante fácil, Nathaniel. — escupió su nombre como si le asqueara, con el rencor quemándole los labios.— Tomé un bolso y me largué. ¿Quién me lo iba a impedir? ¿Mi padre, quien apenas aparecía en casa y con suerte me dirigía la palabra? ¿O mi madre, una maldita drogadicta que disfrutaba de hacerme la vida imposible? No trates de fingir que te importó, porque es mentira. Han pasado 12 años desde ese día, es poco probable… no, imposible, que durante todo ese tiempo no hayas podido encontrarme. Acepta que nunca hiciste el intento.

Los ojos cristalinos de su padre parecieron reflejar por un momento el tormento que esas palabras provocaron. Y, maldita sea, ella no salió airosa de aquel discurso. Dolía, dolía tanto que le estaba costando horrores el respirar. Se había mentido todos esos años tratando de excusar a su padre, excusar su abandono y su trato, pero en verdad lo odiaba tanto como a Marianne. Incluso más, porque él había sido consiente del infierno que había vivido con su madre y había preferido mirar hacia otro lado.

De un momento a otro, todo aquello se limitó a ellos dos en esa habitación. La necesidad de sacar toda esa mierda de su sistema se tornó apremiante, llevándola a cortar la distancia entre ellos. Dejando la mesa entre ambos, Sivanna cedió ante el deseo de herirlo con aquello que la había corroído todo ese tiempo.

¿Hiciste la denuncia, Nathaniel? ¿O no querías que la prensa se enterara?

Te busqué… lo hice… — murmuró su padre, bajando la mirada.

No. No lo hiciste. Si lo hubieras hecho, los polis hubiesen dado conmigo en cosa de días. Conservo tu apellido, Gehring. No hice ni he hecho ningún intento de ocultar mis huellas, pero aún así tratas de culparme de tu pobre sufrimiento.

Quería que hablara, que tratara de excusarse otra vez, pero no recibió lo que tanto deseaba. Sus palabras fueron seguidas de silencio, siendo terminado por él tomando asiento nuevamente, estirando su cabello y ocultando su rostro entre sus brazos. Angelica parecía haberse fundido en las paredes, una silenciosa observadora de cómo ella perdía la batalla ante la fuerza de sus emociones.

No sé qué demonios esperabas viniendo aquí. Te creí lo suficientemente inteligente como para que entendieras que no quería saber más de ustedes cuando me fui. Me las estoy arreglando bastante bien y ¿lo del secuestro? Si lo quieres utilízalo cómo publicidad, me da igual. Ten en cuenta, eso sí, que todos tus inversores y partners sabrán que tu hija es prostituta.

Fue consiente del momento exacto en que su padre comprendió sus palabras. Alzando sus ojos hacia ella, Nathaniel la observó con incredulidad.

Oh, si, Nathaniel, escuchaste bien. Me vendo por un par de dólares, por lo que si alguno de tus amigos quiere algo de diversión, dales mi número. Me vendría bien algunos clientes adinerados, que es algo molesto esperar por ellos en la calle.

En su mente cruenta y retorcida, le gustó ver cómo su rostro pasaba de la negación al asco. Eso era exactamente lo que había querido, devolverle el golpe. Mostrarle en lo que se había convertido, restregándole en la cara que había caído a lo más bajo entre su mundo de dinero y éxito.

Nathaniel no dijo palabra alguna, solo se levantó y se fue...


Última edición por Sivanna Gehring el Vie Ago 24, 2018 2:00 am, editado 1 vez


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Re: [Personal] Meine liebste Tochter • Priv

Mensaje— por Cuenta NPC el Jue Ago 23, 2018 4:39 am

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Por un momento, un simple respiro, Angelica sintió que tenía el deber de interferir ante el flujo de ponzoñoso odio. Jamás había visto a Sivanna de esa manera, transformada ante ella como una explosión de resentimiento y veneno. Un escalofrío recorrió su espalda al reconocer ese brillo en la mirada que hervía en los ojos de ébano de la mocosa. Algo macabro se retorcía en esos ojos, tan oscuro y peligroso que Angelica no supo que hacer. Escuchó, en silencio, todo lo que la morena escupió... cada detalle que construía una imagen que nunca había imaginado. Siempre había pensado que la familia de Sivanna había sido de clase media, que la chiquilla había huido de la violencia o que su novio la había convencido en escapar de casa, dejándola luego en una ciudad desconocida. Todo había tenido sentido, cualquier situación posible, menos aquella.

Sivanna había venido de una familia adinerada, de un círculo de elite que nunca en su vida Angelica podría ser capaz de alcanzar. Joder, si solo había que mirar el hombre que era su padre para saber que, a pesar de sus tratos cordiales, ellos eran completamente diferentes. ¿Qué había sucedido, entonces, para que ella decidiera dejar todo eso atrás? ¿Abandonar una vida de lujos para caer en la terrible vida de los barrios bajos? No se imaginó a Sivanna en un ambiente de clase y refinamiento. Sin embargo, si volvía al día en que sus caminos se cruzaron admitió que había pasado por alto un detalle importante. La mocosa había tenido algo diferente. Algo en su trato, la manera en que pronunciaba cada palabra, que delataba que su procedencia y educación no era cualquiera. Podría negar su sangre, sus progenitores, todo lo que se le diera la gana, pero Sivanna jamás podría olvidar su crianza y era evidente para Angelica, ahora que lo pensaba.

No dijo palabra alguna cuando Sivanna sacó el tema de lo que era. Estaba en su derecho el hacerle saber de la manera que le diese la gana a su padre que era prostituta, pero no estaba de acuerdo de la manera en que lo hizo. No era algo de lo que vanagloriarse, ni mucho menos para utilizar como arma para atacar a una persona que aparentemente buscaba perdón por errores pasados. Vender su cuerpo, permitir que alguien te tocara por dinero no era digno de ser llamado un trabajo, pero se había visto forzada a ese camino por necesidad. Por pura supervivencia había tenido que hacerse camino utilizando el sexo como su herramienta de trabajo. ¿Sivanna? Ya no estaba segura si podía decir lo mismo de ella.

Esperaba que Nathaniel se fuera con semejante despliegue de odio y repudio por parte de su hija, por lo que no hizo el intento de retenerlo. Rezaba para que no se diese por vencido aún, mucho menos cuando lo peor ya había pasado. Ahora solamente le tocaba a ella calmar y lidiar con la mocosa.

¿Satisfecha? — le dijo al fin. Estaba preparada a lo que vendría a continuación, puesto en varias ocasiones le había tocado enfrentar la ira de la morena. No era sorpresa el corto temperamento que tenía esa mocosa para Angelica, por lo que se sentía segura que podría con eso. Sivanna, con la respiración pesada, se apoyó en la mesa y se aferró a los bordes de esta hasta que sus nudillos se volvieron blancos.— No entiendo qué demonios esperabas con esa mierda, Sivanna. Me queda claro que tienes tu historia con ellos y no pienses que quiero meterme en eso, porque ni loca voy a hacerlo. Ese es rollo tuyo. Pero de qué te sirvió todo eso, dime...  

No ahora, ... Angelica. — jadeó Sivanna, como si le costara trabajo respirar; sin aún alzar el rostro.

Sabía que poco le ayudaba el ser interrogada, luego de lo que pasó, pero Angelica necesitaba sacarla de ese círculo de odio. Incluso si eso significaba hacerla explotar de una vez. — Lamentable para tí, pero será ahora. Acabas de echar por la puerta nuestra única oportunidad para acelerar la investigación. Utiliza la cabeza, niña. ¿Acaso crees que los polis van a resolver tu caso por amor al arte? Quieren un motivo, algo que mueva los motores. Y tu padre, Nathaniel, como quieras llamarlo, era el único con los contactos necesarios para hacerlo. Lo necesitas...

El brusco sonido de la madera quebrándose, las tazas estrellándose contra la pared y el sordo golpe de su cuerpo contra el suelo fueron los únicos que delataron el estallido de violencia. Siendo seguidos por las manos de Sivanna en su cuello, apretando con fuerza. Su rostro, desfigurado por la ira, se cernía sobre ella hasta que pudo ver con claridad cada detalle de sus ojos.

No lo necesito. Ni a él, ni a tí, ni a nadie. Métetelo en la cabeza, Angelica. Me traicionaste, aún cuando juraste que no te interesaba mi pasado. Lo trajiste aquí, a mis espaldas, ¿Para qué? ¡¿Para qué?! — gritó, golpeando su cabeza contra el suelo. Ahogada, privada de cualquier aliento, Angelica trató de luchar contra la opresiva fuerza que Sivanna tenía en su cuello. Rasguñando, golpeando, intentando todo lo que podía, pero era imposible. Su agarre, tan firme como el acero, no cedía ante nada... cerrándose aún más sobre su cuello.— ¿Para sentirte que eras la heroína de todo esto? ¿Que podías hacer un acto de bondad para la pobre loca? No, no necesito de tu bondad. Así que cierra la boca. Cierra tu puta boca, Angelica.  

Su mirada acuosa por las lágrimas que resbalaban por su rostro, apenas podía distinguir el rostro de quién había considerado una amiga, una compañera... quien ahora la ahorcaba en el suelo de la morada que habían compartido por años. Lentamente su cuerpo no respondía, sus intentos de respirar se hicieron desesperados, boqueando por aquella inspiración que tanto necesitaba; la negrura devorando su campo de visión.

De pronto, la presión la abandonó.

El miedo y el alivio llegó a ella con fuerza, con cada jadeo y ataque de forzosa toz. Con las fuerzas que pudo, se incorporó y se arrastró lejos de aquel lugar, evitando en lo posible ser presa de Sivanna. No había lazo entre ellas, ninguna concepción de amistad o cariño, solo el mal puro y primario miedo. Jamás en su vida había experimentado algo igual. Entre las lágrimas, reconoció la figura temblorosa de la morena arrinconada en la pared opuesta.

Lo siento... Perdóname, Ange. Yo... — sollozaba, presa de violentos temblores que parecían atacar todo su cuerpo.


Última edición por Cuenta NPC el Vie Ago 24, 2018 1:59 am, editado 1 vez
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Apartamento 013 • 19:30 • Lluvioso

Siguiente luna llena en 10 días

Había atacado a Angelica.

Sentía aún en sus manos sus frenéticos latidos, la lucha de su cuerpo bajo el suyo, el sonido del silbido de sus jadeos ahogados en sus oídos. El disparo de adrenalina en su sangre, la embriagante sensación de poder... todo por haber estado a punto de matar a Angelica. En ese momento solo había sido consciente de querer callarla, silenciarla de una vez. No de cómo iba a callarla. Había estado a solo segundos de haberla asfixiado, ahorcado con sus propias manos puesto su fuerza no era rival para la de ella. Sus intentos de alejarla habían sido en vano, debido a que no había querido soltar su presa, quien estaba en esos momentos a su merced. Ella siendo la fuerza superior, negando cualquier tipo de rebelión.

Qué demonios estaba mal con ella. En esos momentos, arrinconada en el salón, sintiendo como lentamente recobraba el control de su cuerpo, Sivanna aún luchaba contra la ira que la consumía. Voraz y demandante, le pedía que volviese a lanzarse contra a su compañera, esta vez para aniquilarla de una vez.

El estrés del encuentro con su padre le había pasado la cuenta, siendo la gota que derrama el vaso. Las emociones de esos días, de esas eternas semanas simplemente pudieron con ella. Empujándola directamente hacia lo que sus instintos dictaban. No le quedaban fuerzas en esos momentos. Era un milagro que tuviese la suficiente cordura como para estar barboteando mil disculpas a Angelica, puesto sentía cómo su cuerpo se tensaba al tiempo que el deseo de hacer daño se alzaba sobre su mente. Cortando cualquier tipo de sujeción o control. Dejándola con una sola verdad: Mataría a Angelica si se quedaba allí.

Levantándose de la manera en que pudo, Sivanna abrió la puerta del apartamento y se lanzó a si misma por el pasillo. Bajando las escaleras con desesperación. Necesitaba, de alguna manera, poner cuanta distancia pudiese entre Angelica y ella. Por su seguridad, por su bienestar tenía que alejarse. A toda la velocidad que sus piernas daban, la morena simplemente corrió en la oscuridad de la noche. Trató de escapar de aquel cruento deseo de sangre y violencia, de la locura que parecía devorar su mente con cada simple latido de su corazón.

Sus intentos, sin embargo, no sirvieron de nada.

No tenía la fuerza suficiente como para seguir negando aquello que su cuerpo con tanto ahínco deseaba.


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