29/07 ¡Atención, atención! La limpieza por inactividad se realizará a partir de las 22:00 horas en adelante del día 31 de julio. ¡Aprovechad los últimos momentos!


06/06 ¡Atención, atención!¡El Staff os ha preparado una sorpresilla curiosa! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo! Seguimos perpetrando maldades...


01/05 ¡Atención, atención! ¡El Staff os ha preparado una nueva Trama Global! ¡Pasaos cuanto antes para echaros un ojo y apuntaros, adoradísimos habitantes del submundo! Las maldades vuelven a comenzar...


30/04 Aun con cierto retraso, el Staff de FdA no se olvida de sus queridos users <3 Así que por San Valentín os hemos preparado una cosita muy especial. ¡No perdáis tiempo y pasaos por aquí!


29/03 Estimados habitantes del submundo. La limpieza de este mes se hará el día 31 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


26/02 Estimados habitantes del submundo. Atendiendo al hecho de que febrero no tiene treinta días, la limpieza de este mes se hará el día 02 de marzo. ¡Aprovechad los últimos ratitos para postear y no perder color!


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No soy tu juguete (Einar Sørensen)

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No soy tu juguete (Einar Sørensen)

Mensaje— por Irina Volkova el Jue Ago 23, 2018 11:40 pm

No soy tu juguete
→ Bosque  → Cabaña de Irina y Valhalla


Sólo habían pasado unos días desde lo ocurrido en los subterráneos. Al final todo había salido como en un primer momento lo había planeado, pero había faltado muy poco para que su plan se fuera al traste. Aún estaba enfadada con el lobo por casi dejarse ganar y en algún momento se hubiera dado el gusto de echárselo en cara. Cuando a ojos de ella estaba clarísimo que iba a ganar desde el principio. Llevaban a seres que la mayoría de veces no sabían luchar o se paralizaban por el miedo. Claro que siempre estaban las excepciones como Einar y ella no era la única que pensaba en la opción de llevar a uno que realmente supiera defenderse.

Tras las peleas y tener que salir de allí corriendo, aún se encargaba de despistar y desviar a quiénes seguían buscando a Sørensen para usarlo en su beneficio y no lo volverían a llevar a luchar contra rivales que desde que estaban enfrente suya ya estaban sentenciados. Estaba segura de que lo usarían para otros fines distintos. Por eso, con ayuda de su joven lobo, al que pocos o casi nadie habían visto nunca se encargó durante días de que no dieran con la cabaña. Ni tan siquiera se pudieran acercar por los alrededores y finalmente parecía que había logrado alejarlos.

Valhalla pese a la negativa de la pelirroja durante la noche acompañaba a un herido Sørensen que parecía no querer salir nunca de lo que ella consideraba lo más parecido a su hogar. Por eso le había llevado allí, aparte de que la decisión la había tomado en el último minuto y realmente después de tomarla, no acudiría tanto a la cabaña como le gustaba. Pues ahora podía encontrarla ahí. Hasta que se fuera, estaba decidida a vigilarlo de cerca. Dejando que el lobo se acercara con curiosidad a Einar, quién compartía la misma raza.

- Despiértale, tiene que irse. -miró al joven lobo mientras le acariciaba la cabeza.- Tiene que irse. -le repitió mientras le miraba seria y se alejaba ocultándose y disimulando su olor para que Sørensen no la notara cuando se despertara. Ella observaría como se iba y de ese modo podía cerrar ese capítulo. Cerrando también el pasado cuando la enviaban a vigilarle.

Mientras observaba a lo lejos como Valhalla entraba en la cabaña, finalmente decidió ponerse en un sitio donde estuviera bien escondida pero desde donde pudiera observar todo lo que ocurría dentro. Aunque tenía la total certeza de que Einar no haría daño a ese cachorro. No era ese tipo de persona, no haría daño a uno de los suyos, al contrario que ella.

Mientras estaban en los subterráneos, Irina había aprovechado que Einar dormía por el sedante que le habían administrado para quitarle sus pertenencias y su moto. La cual había usado alguna que otra vez y que ahora se encontraba dentro, lejos de cualquier curioso que pudiera pasar cerca, junto a sus demás cosas que yacían en una mesa al lado del sofá donde estaba tumbado. Apenas era una cabaña muy grande, pero era acogedora. La pelirroja apenas tenía pertenencias, apenas tenía de nada. Solo lo que llevaba puesto y algunos vestidos tirados por el suelo era todo lo que se podía encontrar de ella.

Agudizó el oído a la espera de que pasara algo.

Spoiler:
Off; las pertenencias de Einar que hay en la cabaña son estas; → Colgante de los Praetor Lupus
→ Glock 17
→ Anillo de casado (Oro blanco)
→ Fotografía familiar antigua
→ iPhone X
→ Harley-Davidson Dyna Low Rider S 2017 (negra)







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Re: No soy tu juguete (Einar Sørensen)

Mensaje— por Einar Sørensen el Dom Ago 26, 2018 3:41 pm

No soy tu juguete
El contacto de algo húmedo, caliente y rasposo en mi cara, hace que me despierte de golpe, saliendo así de cualquiera de las pesadillas en las que me encontraba sumergido en esos momentos, pues sé que era una pesadilla, estaba claro por mi respiración agitada y el sudor que notaba en todo mi cuerpo. Con un movimiento aún torpe por el atontamiento, intento apartar sin mucho éxito al ser peludo que se ha convertido en mi despertador - ”Un jodido despertador húmedo…” – pienso mientras me giro la cabeza al otro lado para proteger mi cara de las atenciones del cachorro que sé que se esfuerza por despertarme.

La verdad es que desconozco el tiempo que llevo en aquel lugar. Solo tengo vagos recuerdos de la camarera del local llevándome ahí, obligándome a tomar aquel maldito sedante tras hacerme comer a saber qué porquerías para “recuperarme antes”. Está claro que al sedarme pretendía no solo que me quedara allí y mi cuerpo se regenerara con tranquilidad gracias al descanso y la comida que tanto se esforzaba por hacerme tragar, sino para que no causara problemas.

Aún recuerdo cuando desperté por primera vez en este lugar que apesta a la pelirroja, algo que me hizo enloquecer de rabia al instante y dejarme llevar por mi furia destructiva. Por suerte estaba demasiado débil y atontado por la gran pérdida de sangre como para representar una auténtica amenaza a la camarera, quien no tardó en sedarme de nuevo y resultó ser una bruja que había ayudado a la chupasangre a drogarme. Según ella, no había tenido otra opción y desconocía realmente lo que iba a suceder, pues solo pensaba que eran unas peleas, pero ni se imaginaba que fueran a muerte.

La cuestión es que sé que he estado dormido bastante tiempo, pues noto mi cuerpo mucho más relajado, aunque no estoy completamente recuperado, pues las peleas con subterráneos son más difíciles de regenerar que con los mundanos y aún noto los efectos de tanto sedante en mi organismo.

Pero por muy atontado que esté, hay alguien que se ha empeñado en despertarme pueda o no, ya que al poco de girar mi cara, noto el repentino peso de algo sobre mi pecho al tiempo que el ataque inmisericorde de esa lengua sobre mi rostro se restablece. Así, incapaz de defenderme, o más bien, sin ganas de ello, dejo que el joven lobezno me colme con sus atenciones, dejando mi cara completamente cubierta de sus babas, algo que, como licántropo que soy, no me molesta en lo más mínimo, mientras comienzo a acariciar el suave pelaje del animal, un hallazgo que me sorprendió en aquel sitio, pues no entiendo como en un sitio que está claro es el hogar de la zorra chupasangres haya un cachorro de lobo rojo canadiense.

Finalmente, y tras gruñirle para demostrarle que ya estoy despierto, el cachorro se aparta de mi, saltando al suelo de la cabaña para indicarme con sus pisadas que la abandona, por lo que me siento libre por fín para sentarme sobre el borde del sofá que me ha hecho las veces de cama. Con lentitud me estiro un poco, sintiendo aún la torpeza derivada del sedante en mis movimientos  y un desagradable picor en la zona izquierda de mi cara. Sé, por lo que me dijo la bruja, que había tenido mucha suerte, que al mover la cabeza había evitado que aquella daga bañada en plata consiguiera afectar al globo ocular, por lo que no había perdido el ojo, pero había pasado demasiado tiempo antes de que pudo tratar la herida como se debía y que me quedaría una “bonita” cicatriz, no así en la mano, pues afortunadamente la daga había perdido gran parte de su baño de plata y no quedaría cicatriz alguna.

Solo el mero hecho de haber sido marcado por culpa de la jodida vampiresa consigue ya que resople de rabia y me levante de la cama, notando el típico mareo de cuando llevas demasiado tiempo estirado. Así, ayudándome de los escasos objetos que hay en el interior de esa cabaña de madera, me dirijo hacia lo que parece una palangana con agua y un jabón al lado, que utilizo para asearme la cara antes de mirarme por primera vez al viejo espejo que hay en la pared.

- ”Menudo recuerdo te ha dejado la maldita bruja. No solo consiguió mancillar tu mente, sino que también tu cuerpo…” – pienso mientras dejo surgir un gruñido de rabia de mi garganta al comprobar la visible cicatriz que surca mi ceja y mejilla izquierdas. La verdad es que realmente tuve suerte, porque por la forma de la herida, está claro que fue por muy poco que no me dejara ciego la muy cabrona.

Tras dejar de mirar mi nuevo rostro en el espejo, vuelvo a sentarme en el sofá, permitiéndome el lujo de revisar con más tranquilidad el interior de la cabaña, aprovechando que la bruja ya no está y no hay nadie para administrarme más sedante - ”Venga, no niegues que no te trae buenos recuerdos ¿eh?, no me digas que no es casi igual que tu casa en Siberia” – pienso, pues la forma de la cabaña es muy similar a aquella que convertí en mi hogar durante mis largos años alejado de la sociedad humana, disfrutando de la libertad en compañía de mi manada de acogida que los bosques vírgenes de Siberia nos ofrecían.

Poco a poco recojo mis pertenecías, que se encuentran extrañamente ordenadas en una mesita que hay junto al lugar en el que he estado descansando a saber cuanto tiempo. Con gran cariño, casi religiosamente, como si de un ritual sagrado se tratase, beso mi anillo de casado, arrugando el rostro y sintiendo como la ira crece en mi interior al notar el olor de la sanguijuela en él, dudando unos segundos de si colocármelo de nuevo o no, al sentirlo mancillado por haber sido manoseado por la pelirroja, pero poniéndomelo de nuevo, como siempre he hecho desde que mi esposa murió. Seguidamente centro mi atención en la fotografía de mi familia, notando el dolor volver a atenazarme el corazón, pese a que esta vez no es tan pesado, no es tan amargo, como si la extraña vivencia que tuve durante el último combate, aquellas última conversación con mi Anna, me hubiera servido de pequeña redención ante mi gran pecado, un pecado del que aún tardaré años en redimirme completamente.

Después de guardar la Glock en la parte posterior del pantalón, sujeta por el cinturón, coger las llaves de mi “niña preciosa” y comprobar que el teléfono está completamente descargado de batería, busco, sin éxito, una camisa o camiseta para cubrir mi torso, pues desde que me lo quité en la habitación cuando pensaba que solo iba a tener un buen revolcón con una mujer deslumbrante, he permanecido todo el tiempo sin nada que cubra mi torso. La única ropa que encuentro en la cabaña, son varios vestidos de mujer, que apestan a ella y cuyo contacto me genera cierta incomodidad, por lo que decido no tocar demasiado.

Así, desnudo de cintura para arriba, salgo algo tambaleante de la cabaña, agradeciendo el frescor que me procura la suave brisa del bosque, así como los olores propios de los animales y plantas que lo forman, al llenar mi olfato, eliminando así el odioso hedor a sanguijuela que he estado soportando todos estos días y que sé que no podré quitarme de la cabeza en lo que me resta de vida. A pocos metros de la entrada, me encuentro al lobezno, que se encuentra jugando con una piña de pino caída en el suelo, algo que consigue arrancarme una tierna sonrisa de los labios, mientras me agacho, acuclillándome en el suelo y separando mis manos mientras llamo al cachorro con voz ronca - ¡Eh!, pequeñín, ven – le digo, escuchando esa voz ronca que me indica que he dormido demasiado y que aún no estoy totalmente despierto, al tiempo que veo al cachorro acercarse meneando el rabo, mostrando alegría al verme por fin de pie y fuera de la cabaña.

Sin más, me dedico a acariciar y rascar la nuca del pequeño, mientras le permito mordisquear y lamer de nuevo mi barba durante unos minutos, antes de levantarme, un poco tambaleante, y dirigirme hacia uno de los grandes troncos de robles que crecen cerca de la cabaña, dispuesto a aliviar mi vejiga, la cual protesta enérgicamente para que la descargue de su contenido.


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Re: No soy tu juguete (Einar Sørensen)

Mensaje— por Irina Volkova el Miér Ago 29, 2018 10:29 pm

No soy tu juguete
→ Bosque  → Cabaña de Irina y Valhalla


Se cruzó de brazos mientras caminaba despacio mientras miraba sus pies descalzos y movía los dedos para sentir la hierba. Desde hace mucho que había dejado de usar zapatos y no se arrepentía para nada. Fue la primera cosa que contradijo a su creador cuando la hacía vestir elegante y con zapatos a juego. Pese a que siempre ha ido así para engatusar a la mayoría de personas con las que tenía que negociar algo para Drakkar, siempre sintió que ese no era su estilo. Y seguía sin saberlo bien, simplemente se ponía ropa porque no podía ir desnuda, cosa que no le importaría.

A lo lejos vio su cabaña y contuvo el impulso de acercarse y observar como hacia antaño, donde seguía órdenes específicas y donde había sentido todo tipo de sentimientos, desde cariño hasta pena y en ocasiones, envidia. Porque ella jamás tendría una familia como la había tenido

Suspiró mientras se acercaba un poco más en silencio, agudizando el oído. Hasta que finalmente no se contuvo más y se acercó a la ventana que había más alejada para mirar que pasaba dentro. Desde que Einar había llegado a su cabaña, ella no la había pisado. La bruja ya le había advertido varias veces que su odio aférrimo hacia la vampiresa le hacía decir su nombre incluso en sueños mientras componía una expresión de enfado. Aunque parecía como si le advirtiera diciéndole aquello a la pelirroja le hacia especial gracia que soñara con ella.

Sin ser consciente mostró una sonrisa cuando Valhalla despertó a Sørensen a lametones y aún ensanchó más la sonrisa al ver la reacción del hombre que finalmente, tras varios días jodido por las peleas, despertaba e intentaba ponerse en pie. Una vez despierto y cumpliendo su tarea, el cachorro regresó al lado de la vampiresa, la cual había observado la tierna imagen que para ella había sido el primer contacto entre ambos lobos. - No puedes estar cerca de mí ahora, solo por ahora... -le dijo en voz baja tirandole algo para que fuera a buscarlo.

Volvió a mirar por la ventana y frunció el ceño cuando Einar registró su cabaña. Sintió cierta molestia cuando toqueteó sus vestidos y recordó la noche del bar donde casi se lo arranca. Había observado la cicatriz que adornaba su rostro desde bien cerca y aunque a él le enfadaría muchísimo, como estaba comprobando en ese mismo momento, para ella lo hacía aún más atractivo. Había dejado todas sus cosas ordenadas y a la vista para que cuando despertara las cogiera y volviera a su casa. Ya que al contrario de ella, le constaba que él si tenía familia. Se agachó en el momento justo que el hombre se dio la vuelta, dándose cuenta de que estaba observando como años atrás. Conociendo más a fondo al hombre antes de que fuera bestia... Viendo como cuidaba de su familia, como adoraba y respetaba a su mujer y como jugaba y mimaba a su hija.

Se alejó escondiéndose detrás de un árbol mientras escuchaba como llamaba a Valhalla, el cual no tardó ni dos segundos en acudir contento a la llamada del hombre. Le caía bien, a sus ojos Einar era un igual. Y desde que había acogido a Val a su lado había comprobado que era el único ser que había conocido sin maldad ninguna. Permaneciendo siempre fiel a su lado, incluso cuando ella le había gritado que se fuera. Nunca había tenido eso con nadie, por eso ese animal era tan especial para ella y por eso había matado sin miramiento a quién pensara ponerle un dedo encima.

Posó sus manos en el tronco y asomó un poco la cabeza mientras observaba la escena que se le antojó bastante tierna, pese a que uno de ellos quisiera matarla con sus propias manos. Tan solo unos segundos duró antes de que volviera a la realidad y no bajara la guardia contra Sørensen, porque sabía que en una pelea podía perder perfectamente contra él. Vio como se acercaba a un árbol y se disponía a mear mientras Valhalla le esperaba sentado y obedientemente donde había estado jugando con él.

La pelirroja no pudo ni quiso contenerse y echó mano a su pistola mientras se acercaba por detrás despacio con una sonrisa divertida en sus labios. Con rapidez llevó el arma a la nuca del hombre y se acercó un poco para echarle un ojo. - Vaya, no está nada mal. -dijo en tono burlón después de mirársela descaradamente sin ningún pudor.

De momento se pensaría el atacarla porque ya había visto de lo que era capaz, pero la pelirroja no pudo contener una risita divertida después de haberse alegrado la vista con Einar, quién en ese momento sino fuera porque tenía una venganza contra ella, estaba segura que podían pasarlo muy bien juntos...

- La cicatriz tampoco está mal. Veo que ya estás recuperado... - comentó mientras hacia un poco de presión en su nuca con el arma para advertirle que era capaz de usarla. - Es momento de coger tus cosas y largarte. -le advirtió.

Valhalla al notar el tono enfadado y serio de la vampiresa se acercó pero se quedó a mitad de camino al notar como le dedicaba una sonrisa de advertencia para que no interviniera. Puesto que Sørensen se había ganado su simpatía sin apenas esfuerzo, era obvio que intentaría mitigar la tensión entre ambos.





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Re: No soy tu juguete (Einar Sørensen)

Mensaje— por Einar Sørensen el Jue Ago 30, 2018 7:04 pm

No soy tu juguete
Todas las sensaciones que me provocaba el mero hecho de estar de pie en el bosque eran como un bálsamo para mi cuerpo y mentes heridos. Desde el dulce susurro de las hojas de los árboles al ser mecidas por el suave viento, que a su vez me acariciaba el rostro y el torso, llevándose consigo el exceso de calor propio de los licántropos, hasta el aroma a madera vieja, musgo y ardillas, todo me recordaba que estaba vivo, que había conseguido erguirme victorioso en aquella competición demencial y que todavía no había llegado el momento de reunirme con mi esposa e hija.

Cerrando los ojos para poder disfrutar de todas esas sensaciones, una vez desabrochados mis pantalones, apoyo la palma de mi mano siniestra sobre la rugosa corteza del roble para ayudarme a mantener el equilibrio, mientras con la otra me encargo de dirigir el chorro de orina hacia un lateral del tronco, sintiendo ese placer tan especial que solo se obtiene tras haber estado aguantándose las ganas de orinar durante demasiado tiempo, y una vez se inicia la descarga la sensación de alivio se vuelve tan placentera que te obliga hasta soltar algún suspiro de placer y relajación - ”Joder… digan lo que digan mear es uno de los mayores placeres de la vida…” – me limito a pensar, sin abrir los ojos, mientras dejo salir de mis labios un largo y profundo suspiro placentero, pues realmente no tengo recuerdos de haber orinado ni nada por el estilo en todo el tiempo que he pasado en ese estado de adormilamiento farmacológico en el que me ha mantenido la bruja durante a saber cuanto tiempo - ”Hmmm… lo mismo te estuvo sobando y ni te enteraste…” – pienso seguidamente con gran ironía ante la certeza de no saber qué habrá pasado exactamente durante ese tiempo.

Pero lo que parecía estarse convirtiendo en una desagradable tónica no tarda en repetirse. Así, justo en el momento de mayor placer, por decirlo de algún modo, la presión de algo duro y frío en mi nuca me corta completamente el rollo, sintiendo como si ahora mismo me hubieran dejado a punto de orgasmo, consiguiendo que mi cuerpo se tense al momento y cortando instintivamente el chorro, mientras el olor, ése olor a jazmín con lavanda me indica que la zorra pelirroja se encuentra justo detrás de mí, apuntándome seguramente con algún arma. Como para confirmarlo, en cuanto abro los ojos de golpe, veo su rostro aparecer por la periferia de la visión, mirando descaradamente mis partes íntimas mientras aun la sostengo con la mano, que no tarda en crisparse ante la presencia de la vampiresa. Sus palabras, consiguen que la rabia aumente en mi interior, dejando de lado cualquier otro sentimiento, haciendo que note como mi corazón comienza a latir descontroladamente, aumentando la tensión de mis arterias en cuestión de segundos, acelerando mi respiración al mismo tiempo, y haciendo que el odio que siento por ella me lleve al borde de perder completamente el control - Ya ves… perdiste tú oportunidad de probarla – le respondo a su comentario sobre mi miembro con el mayor sarcasmo del que soy capaz.

La verdad es que cuando la conocí en el bar estaba dispuesto realmente a seguirle el juego y terminar con ella en la cama, disfrutando de una buena noche de sexo y lujuria, algo que muy pocas veces he hecho desde la muerte de mi esposa pues, a pesar de que sé que está muerta, una parte de mi siente como si la estuviera engañando, por lo que no he disfrutado de la compañía íntima de ninguna mujer más que en momentos puntuales y a modo de descarga, de sexo puro y duro, de una necesidad fisiológica por descargar la rabia y las tensiones acumuladas, pero sin ningún tipo de sentimiento. Sin embargo todo aquello no era más que la primera fase del juego al que me llevó y obligó a participar sin mi conocimiento ni, mucho menos, consentimiento.  

El sonido de su risa alegre tras mirarme, tan cerca de mi oreja, no hace sino que la rabia aumente hasta que todo mi cuerpo comience a temblar, hasta que la bestia ruga con furia por desear ser desatada, haciendo que cada vez me cueste más controlarla, que note como mi mano izquierda, aquella que se encontraba apoyada plácidamente sobre la corteza del roble, comience a tensarse, a cerrarse, clavando profundamente unas uñas que ya casi no son humanas en la vieja madera, astillándola de forma que las marcas quedarán en ella, como en mi ha quedado la cicatriz que ahora mismo alaba con su lengua viperina, provocando que dicha cicatriz comience a picarme a rabiar.

El aumento de la presión del cañón del arma en mi nuca debería bastar para mantenerme centrado, alerta y buscando algún tipo de escapatoria, y más sabiendo que mi propia arma se encuentra en la parte posterior del pantalón, pero cualquier intento de alcanzarla seguramente conllevaría un disparo por parte de la sanguijuela y, aunque su arma no esté cargada con balas de plata, estoy seguro de que un disparo a quemarropa en mi nuca sería igual de efectivo con o sin las balas plateadas. Por desgracia la aversión que siento hacia la mujer es superior a todas mis fuerzas por lo que me veo incapaz de controlar al animal que habita en mi interior - Nei….nei… nei… – comienzo a repetir en un murmullo que cada vez tiene menos de humano, apretando con fuerza las mandíbulas mientras empiezo a notar el dolor de la transformación inminente a pesar de estar luchando con todas mis fuerzas por impedirlo. Hacía años que no me veía sobrepasado por la furia salvaje que ella desata en mi interior y ahora tengo casi la certeza de que no podré controlarme, de que otra vez volverá a salirse con la suya y obligarme a hacer algo que no deseo.


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Re: No soy tu juguete (Einar Sørensen)

Mensaje— por Irina Volkova el Sáb Sep 01, 2018 11:02 pm

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→ Bosque  → Cabaña de Irina y Valhalla


Decir que aquello le parecía divertido era quedarse corto, si de normal le encantaba jugar y desquiciar a los demás, en el caso del lobo se incrementaba aún más. Por unos segundos si sintió algo de frustración, pues podían haberse acostado y después llevarle hasta el plan que ella tenía en mente. Pero había salido así y decir que estaba arrepentida, sería mentir. - Recoge tus cosas y vete Sørensen. -le volvió a advertir sabiendo que sobra que no le haría ningún caso.

Por lo que se mantuvo al acecho, volviendo a sonreír triunfal al escuchar su respiración y sus latidos cada vez más acelerados. En el fondo eso le encantaba de él, era impulsivo y conseguía sorprenderla. Lo que le hacía un digno rival, además era fuerte y valiente. Ya se lo había demostrado aquella noche en los subterráneos. Veía lo que provocaba en él, como la rabia y la ira se apoderaban del auto control que tenía por las ganas de vengarse por la jugarreta que le hizo. Para ella no era nada ofensivo, pues pensaba que si provocaba eso aunque fueran ganas de matarla ahí mismo, no estaba nada mal.

- Vamos chucho asqueroso. - dijo para provocarle, deseando ver como se transformaba, y de nuevo volviendo a reírse sin poder ni querer evitarlo.

Si algo le gustaba de cualquier ser ya fuera lobo, vampiro o brujo; era que sacaran el máximo partido sin avergonzarse de lo que eran. Pero además había comprobado que Einar tenía mucho autocontrol por lo que estar a punto de conseguirlo, no hacía más que divertirla sin pensar en lo que conllevaba eso. El poder salir realmente herida o poder morir. Giró instintivamente su cabeza hacia Valhalla, en ese momento preocupada por su cachorro, el que tenía que proteger por encima de todo.

Sabía que Sørensen era leal a los de su especie, al contrario de ella, que solo lo era con quién le aportaba algo o por puro interés. Durante unos segundos le observó, disfrutando de verle en plena transformación; la cual tenía entendido que era bastante dolorosa. Lo que hacía que se enfadaran aun más. Se movió rápidamente hacia un lado esquivando por los pelos que la atrapara y luego corrió hacia Val mientras le apuntaba con el arma e intentaba dispararle a las piernas para que no pudiera seguirlos.

Pese a haberle acertado, no fue suficiente para frenarlo, por lo que tuvo que apañárselas para esquivar sus golpes, y moverse intentando darle alguna que otra patada. No quería matarlo, o al menos no temía tanto por su vida como para considerar esa opción, pero si le estaba dejando claro que era un rival fuerte y que no se lo iba a poner nada fácil.

- ¿Sólo sabes hacer eso? -comentó con voz cantarina mientras volvía a echar a correr.

Para su sorpresa y sin verlo venir notó como la atrapaba haciéndola caer al suelo, donde ambos rodaron colina abajo. Cuando se dio cuenta vio que la pistola se le había caído al pillarla por sorpresa y ahora no podía recurrir a ella para mantenerlo a raya. Se puso de pie con rapidez, adoptando una pose defensiva y mostrando sus colmillos como advertencia.

Valhalla se puso en medio de ambos y gruñó a Einar, quién aún seguía cegado por el odio hacia la vampiresa, solo que esta vez para llegar a ella tendrá que pasar por encima del cachorro. El cual había adoptado una pose agresiva y le gruñía enfadado para que no hiciera lo que sabía que estaba deseando. Que era lanzarse a por la pelirroja y matarla allí mismo.

- Vete de aquí. -le reprendió al cachorro que ni siquiera parecía haberla oído pues seguía con la mirada fija en Einar.






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Re: No soy tu juguete (Einar Sørensen)

Mensaje— por Einar Sørensen el Dom Sep 02, 2018 2:43 pm

No soy tu juguete
Lazando un grito de rabia, de desesperación al ser totalmente consciente de que me es imposible controlarme, que ella ha vuelto a ganar al obligarme a hacer algo que no deseo, a hacerme comprender que ella manda sobre mí, que no puedo impedir que mis sentimientos hacia ella sean tan viscerales que acaben con todos los años de esfuerzo y disciplina por controlar mis impulsos, noto como el dolor de la transformación termina por apoderarse de todo mi ser, al mismo tiempo que el grito pasa a convertirse en un aullido, un sonido totalmente animal y salvaje que va ganando en intensidad según la transformación termina.

En cuanto mis ojos lupinos se abren al mundo, siento como todo lo percibo con mayor facilidad, todo se ve más claro, más nítido, más intenso, al igual que mis emociones se vuelven más puras, más primarias, más salvajes. Por mucho que me haya esforzado en aprender a mantener al lobo a raya, ahora me siento incapaz de controlarlo, incapaz de mantener las riendas de mi segunda piel, incapaz de evitar que mi cuerpo se revuelva en cuanto caigo a cuatro patas, girándome con la velocidad de un rayo e impulsándome en un abrir y cerrar de ojos sobre mis patas traseras para atacar a la mujer de cabellos rojos.

Por desgracia mis fauces muerden el aire, dejando que el sonido del chasquido al cerrarse fuertemente se eleve sobre la tranquilidad que reina en la zona, una tranquilidad que pronto me encargo de romper al iniciar una frenética carrera hacia la vampiresa. Pero la muy zorra no está dispuesta a dejarse atrapar con tanta facilidad, por lo que no tardo en escuchar el estallido que produce su arma al ser disparada en varias ocasiones, sintiendo como el impacto de una bala en mi pata trasera izquierda la frene lo suficiente como para que tropiece ligeramente y vuelva a morder el aire a escasos milímetros de su congelado cuerpo.

Pero si creía que el dolor de un simple balazo iba a frenarme es que no me conocía del todo bien. Al instante reinicio la persecución asestando dentelladas destinadas a atraparla sin éxito, aguantando como si de picadas de mosquito se tratasen sus patadas y golpes, sabiendo que esta vez no iba a escapar de mi. Esperando a que cometa el más mínimo error para conseguir mi propósito, cosa que no tarda demasiado en suceder ya que, en un intento por cabrearme aún más con sus burlas, se detiene para lanzarme otra de sus puyas, a la que no respondo verbalmente puesto que en mi forma animal no puedo hablar, pero que tampoco tengo intención de responder, pues aprovecho ese momento de pausa en su carrera para acortar la distancia necesaria y prepararme para abalanzarme sobre ella. Así, en cuanto ella retoma su carrera, me impuso con fuerza, ignorando el fuerte dolor que siento en la pata herida, consiguiendo impactar con mi dura cabeza contra su espalda, derribándola sobre la hierva del suelo, mientras ambos rodamos por el suelo, cubriéndonos de restos vegetales y barro.

Como si dispusiera de un resorte interno me incorporo sobre mis patas en segundos, viendo que ella ha sido igual de veloz en hacerlo y que ahora mismo se mantiene frente a mi, de pie, mirándome fijamente y con una expresión amenazadora, dejándome ver por primera vez sus colmillos y colocando todo su cuerpo en posición defensiva. Si algo he de admitir, por mucho que me moleste, es que la pelirroja es un adversario digno y que tiene el coraje y la valentía más que suficientes como para encararse a un licántropo sin armas.

- ”Ya eres mía zorra…” – pienso con regocijo mientras agacho mi cabeza, gruñendo con rabia al tiempo que enseño mis dientes, notando como tengo todo el vello de la espalda completamente erizado y mi cola elevada, tensa, demostrando así con todo mi cuerpo que estoy realmente cabreado y que no voy a permitir que se escape. Es entonces cuando el sonido de otro gruñido lobuno, hace que sea consciente en el cachorro que se ha interpuesto entre mi presa y yo. Sin evitar sentir cierta sorpresa ante su aparición lanzo una mirada feroz al pequeño, quien muestra la misma postura agresiva que yo y que no tarda en devolverme el mismo gruñido de advertencia que acabo de enviarle. Con cautela doy un simple paso hacia delante, esperando que el pequeño se aparte, que muestre el respeto que me debe, pero para mi sorpresa hace lo contrario, dando otro paso hacia mi e incluso lanzando un ladrido para que no me acerque - ”Está claro que no te considera su alfa, y que el pequeño está dispuesto a cometer la estupidez de atacarme con tal de defender a esa zorra…” – el pensamiento se forma con rapidez en mi mente. Sé que el pequeño ha estado a mi lado durante todo el tiempo que he pasado entre la consciencia y la inconsciencia, que está dispuesto a enfrentarse a mi en una pelea que perderá al primer golpe, pero me cuesta imaginar qué motivos le llevan a proteger con su vida a ese ser sin corazón que no dudaría en matarlo con tal de conseguir su objetivo.

Durante los siguientes segundos me centro en la lucha interna que estalla en mi interior. Por un lado siento el impulso, la necesidad de acabar con la sanguijuela, aunque para hacerlo tenga que matar al lobezno. Mientras que por el otro siento que no puedo dañar al animal que ha estado cuidando de mi en una forma que solo los lobos podemos llegar a comprender. Con esa lucha interna reflejada en mis ojos, vuelvo a lanzarle gruñidos de advertencia al pequeño, instándole con ellos y con todo mi lenguaje corporal a que se aparte, a que no se meta en mi camino. Pero todo es en vano, el lobezno se niega a achantarse ante mi, algo que no entiendo, que me sorprende y que empieza a generar cierta admiración en mi - ”Un jodida cría de lobo rojo protegiendo a una puta pelirroja” – me permito ironizar en mi mente antes de obligarme a retomar el control de mi cuerpo, de luchar de nuevo por mantener a mi parte más animal controlada, elevando mi testa al cielo y liberando el aullido de rabia que ahora mismo siento.

En cuanto el aullido muere en mi garganta, me siento sobre mis cuartos traseros, concentrándome y retomando así el control sobre mi cuerpo, obligándolo a cambiar, a pasar por el doloroso proceso de transformación, recuperando mi forma humana quedando así postrado ante ella, rendido ante el cachorro y humillado nuevamente por la maldita no-muerta. Incapaz de levantar la vista del suelo, escuchando perfectamente el ruido que producen mis dientes al rechinar como consecuencia de la fuerza con la que cierro las mandíbulas y sintiendo la rabia que me produce esta nueva derrota, el verme humillado ante ella, permanezco de rodillas con las palmas de mis manos sobre el suelo, esperando a oír sus nuevas burlas.

Pero antes de que la voz de ella me llegue, los ya conocidos lametones del pequeño comienza a cubrir mi rostro, haciendo que cierre los ojos unos momentos, dejando que el pequeño termine de acercarse a mi, de lamer todo mi rostro en un intento por apaciguarme, por demostrarme que está ahí, que se preocupa por mi, que siente lo que ha hecho y que me considera parte de su manada. Esa sensación, esa demostración de afecto que solo realizamos entre los miembros de nuestra misma manada hace que algo en mi interior se rompa, que por fin, por primera vez desde que abandoné Siberia vuelva a sentir lo que significar formar parte de una manada, de una familia, de querer y ser querido. Así, colmado por esa extraña sensación, no puedo evitar que mi cuerpo tiemble, al tiempo que una lágrima abandone mi ojo derecho presa de la profunda emoción que siento, algo tan fuerte que consigue relegar mi odio hacia la vampiresa a un segundo plano.

Sin moverme, dejando que el temblor de mi cuerpo se vaya tranquilizando y que el pequeño se encargue de eliminar mi lágrima de mi rostro antes de que ella lo vea, permito que el pequeño deje de lamerme la cara para acercarse más a mi, colocándose justo debajo de mi cuerpo y comenzando a lamer con esmero la herida de mi pierna, intentando curarla con sus atenciones. Sabiéndome ahora ya incapaz de dañar al pequeño, considerándolo finalmente parte de mi manada, lo estrecho tiernamente entre mis brazos, antes de levantarme, no sin un claro esfuerzo por el dolor que me produce la bala que permanece aún en mi pierna, junto con el aturdimiento que aún siento por los calmantes, las peleas y la falta de alimentos, y que provoca que haga una mueca con el rostro. Restregándolo contra el suave pelaje del animal, termino de ponerme completamente de pie, dispuesto a enfrentarme finalmente a la zorra que debe estar disfrutando de su nueva victoria, mientras estrecho al pequeño contra mi pecho.


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Re: No soy tu juguete (Einar Sørensen)

Mensaje— por Irina Volkova el Mar Sep 04, 2018 10:07 pm

No soy tu juguete
→ Bosque  → Cabaña de Irina y Valhalla


Era la primera vez que se mostraba a la defensiva con Sørensen y en general cuando llegaba a mostrar sus colmillos y adoptar esa postura amenazante, no había vuelta atrás. Pues la parte más cruel de la pelirroja quedaba al descubierto y el rumor de que era un ser sin corazón ni remordimientos solo hacía que cumplirse.

Su sorpresa se la llevó su pequeño cachorro, cuando sin importarle las consecuencias se puso en medio. Cosa que la molestó a sobremanera porque pese a que la estaba defendiendo una pequeñísima parte de ella tenía miedo de que sufriera daño alguno en una pelea que no era su guerra. Durante los días que Einar había estado durmiendo, le había estado cuidando con sus mimos y haciendo guardia aportando así una compañía que pese a que durmiera, sentiría de seguro. No obstante, pese a que Irina no había entrado en la cabaña durante esos días, el pequeño siempre había salido a recibirla y hacerle compañía, como hacía siempre. Demostrando lo que muchos seres jamás llegarían a hacer y por supuesto tampoco a despertar ese sentimiento en ella. De sentirlo de su familia.

Por otro lado, pese a que ahora estaba jodidamente enfadada. Estos días había estado pensando porque no había abandonado al lobo a su suerte, en los subterráneos y salir ella airosa. Era consciente de su odio hacia su persona y seguramente algún día podría ser él mismo quién acabara con su vida, cosa que siendo realistas no le parecía del todo mal y no entendía porque. Pese a no entrar, siempre había vuelto al menos una vez al día para informarse de en que estado se encontraba, sintiendo un pequeño alivio cuando escuchaba que había avances. Ahora lo tenía delante y aunque él se odiara por recurrir a su parte animal, a ella le encantaba, no podía evitarlo.

Estaba débil y herido, pero aún así con ganas de luchar. La pelirroja aún seguía enfadada por casi dejarse matar sin luchar en la pelea contra la bruja e iba a hacérselo saber. Sabía que se volverían a ver...

Por eso se acercó con rápidez y le propinó un puñetazo en la cara para desequilibrarlo, mientras intentaba ignorar con todas sus fuerzas lo tierno que le había parecido el momento en que ambos lobos se habían unido. Sintiendo que podía haber estado contemplándolos mucho más tiempo. Pero ahora la ira se apoderaba de ella por hacerle sentir esas cosas, por volverla débil. Odiaba que despertara esos sentimientos en ella, los cuales no sabía explicar.

Soltó un grito de rabia mientras esperaba a que Valhalla se apartara al mismo tiempo que le dedicaba una mirada que decía que por su bien no la desafiara como había hecho con Einar.  - ¿No piensas decir nada? -le gritó mientras volvía a pegarle una y otra vez. Haciendo que al final cayera de rodillas.

- Ni se te ocurra volver a ponerle las manos encima a mi cachorro. -se giró al pequeño- Si te acercas mucho a él acabarás tan muerto como su familia. -sentenció con sus palabras a un Einar que a oírlas quedaría atrapado con la pena y la culpabilidad por haber asesinado a su mujer e hija.

Se agachó para mirarlo a los ojos y le propinó un rodillazo oyendo un el chasquido de su nariz al impactar contra su rodilla. Pero desconociendo de si se la había roto. Como siempre, iba a humillarle y que mejor forma que revivir lo sucedido en los subterráneos. Hacerle pagar por el mal rato que pasó mientras éste se quedaba inmóvil ante una maldita bruja.

- Aquella noche la recuerdo perfectamente... Pero también recuerdos los gritos desgarradores, sus caras de horror y todo cubierto de sangre... -escupió las últimas palabras.

Antes de que pudiera reaccionar para golpearla, la pelirroja se acercó al lobo impulsándose para quedar encima e impedirle en la medida de lo que pudiera el movimiento. Llevó una mano a la herida de la pierna donde hundió uno de sus dedos para provocarle un dolor intenso que en su estado podía conseguir que acabara desmayándose. Pero tras unos segundos terminó retirándolo y llevó sus dos manos a su garganta, sin darle tiempo a reaccionar entra una acción y otra. - ¿Que se siente al revivir lo mismo por segunda vez? -le preguntó con una sonrisa- ¿Ya notas la falta de oxígeno o quizás así está mejor? -apretó un poco más su agarre impidiendo el paso del aire. - ¿Quieres reunirte con ellas? Puedo ayudarte. -siguió apretando enfadada por como actuó aquel día, humillandole de esa manera por revivir el momento.

- Vamos Einar, mátame como hiciste con ellas. Lo estás deseando. -le provocó.

Se encontraba sentada encima de su vientre mientras rodeaba sus frías manos el cuello de Sørensen, quién poco a poco empezaba a sentir como sus fuerzas le fallaban. Pero la pelirroja quería torturarlo de esa manera mientras clavaba sus ojos en los de él, sintiendo como sus intentos inútiles por zafarse de ella solo conseguían debilitarlo más.






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Re: No soy tu juguete (Einar Sørensen)

Mensaje— por Einar Sørensen el Jue Sep 06, 2018 10:44 pm

No soy tu juguete
La reacción de la maldita sanguijuela no se hace esperar, aunque he de reconocer que tarda demasiado, como si hubiese estado observando mi reacción con el cachorro, o la reacción del cachorro. Esto no hace sino que me pregunte qué motivos tendrá el lobezno para estar al lado de semejante ser - ”¿Y ella? ¿Una chupasangre cuidando de un lobezno? ¡Eso sí es raro!, a no ser que debajo de toda esa maldad haya un corazoncito…” – me da tiempo a pensar antes de que la mencionada reacción tenga lugar.

Con una rapidez y violencia calculadas, noto el fuerte impacto de su puño contra mi rostro. Sintiendo al momento el dolor sordo en mi mejilla al tiempo que me veo obligado a girar ligeramente la cara por la fuerza del puñetazo - ”¡Protege al cachorro!” – pienso instintivamente mientras aprieto con más fuerza el pequeño y caliente cuerpecito contra mi pecho, buscando protegerlo con mis brazos y mi cuerpo de cualquier ataque por parte de la vampiresa.

Mientras vuelvo a girar mi rostro para encararla de nuevo y me aseguro de encorvarme y proteger así al pequeño, escucho su grito de rabia antes de que lance una mirada amenazadora al lobezno, que hace que lo estreche aún más entre mis brazos, sintiendo como el pobre animal comienza a temblar ante la situación, una situación que no acaba de entender pues seguramente el pobre creía que deteniéndome a mí habría finalizado la agresión entre los otros dos seres que parece que aprecia.

- Que pegas como la vieja decrépita que eres… – le respondo a su pregunta, con un marcado tono burlón y elevando mi rostro, desafiándola con la mirada. Buscando que centre su ira en mi y se olvide del lobezno. Cosa que consigo, pues al momento comienza a golpearme con violencia en el rostro, haciendo que tenga que hacer acopio de toda la resistencia que me queda para aguantar la lluvia de puñetazos que no cesa de impactar en mi cara, de los que no me puedo proteger por tener a la pequeña bola de pelos entres mis brazos, y que finalmente consigue hacerme retroceder un paso. Por desgracia, al hacerlo apoyo todo mi peso en mi pierna herida por el balazo, por lo que el calambre eléctrico que me recorre todo el cuerpo desde la pierna hasta la base del cráneo hace que termine perdiendo irremediablemente el equilibrio, cayendo de rodillas ante ella, soltando al pobre animal en cuanto noto mis rodillas golpear el duro suelo.

Una vez liberado, el cachorro se aleja de la escena, espoleado por la violencia que ha desatado la que seguramente consideraba su protectora y por los gritos que esta comienza a lanzar. Unos gritos que se clavan como cuchillos afilados en mi corazón en cuanto escucho sus últimas palabras ”acabarás tan muerto como su familia”. Estas palabras reviven con violencia los recuerdos de aquella noche y sobretodo la última conversación mantenida con mi difunta esposa que, a pesar de que fue obra de la falta de oxígeno y la pérdida de sangre, me afectó profundamente. Así, sin poder evitarlo, ignorando el fuerte dolor de mi rostro, el fuerte picor de la cicatriz que se ha vuelto a abrir por sus golpes y que vuelve a estar sangrando, en mis ojos se puede ver claramente el profundo dolor y la inmensa tristeza que esa afirmación causa en mi alma.

Al momento veo su maldito rostro mirándome a los ojos, como regocijándose de la pena que de ellos emana, para después propinarme tal rodillazo en la cara que siento perfectamente el cartílago al partirse segundos antes de que el fuerte dolor provoque que mis ojos comiencen a lagrimear en abundancia al tiempo que el sabor a la sangre, que empieza a manar de mi nariz, me llegue directamente a la garganta, confirmándome que me acaba de romper la nariz de un certero y único golpe, algo que nadie había logrado con anterioridad. Instintivamente llevo mis manos a mi rostro, escupiendo sangre mientras empiezo a respirar por la boca y mi vista se nubla por la gran cantidad de lágrimas que la fractura me ha provocado.

Mientras intento cubrir mi rostro con las manos, sabiendo que la cantidad de dolor que mi cerebro está recibiendo, tanto de la cara como de la pierna, es demasiado para el estado físico y mental en el que me encuentro, sus palabras se cuelan cual serpientes por mis oídos, clavando sus ponzoñosos colmillos en mi mente, descargando todo su malévolo veneno directo en mi cabeza y corazón, haciendo resurgir las imágenes de aquella noche, la sangre, los gritos, la angustia al recobrar el control, aquella sensación de desesperación y dolor inconmesurables que ahora mismo, la zorra pelirroja, desata de nuevo de una forma tan maliciosa que parece la maldad en persona.

En ese momento simplemente dejo de sentir. En mi cabeza solo existen los gritos y las imágenes de los rostros de mi mujer e hija al ser atacados por mi forma animal. No soy consciente de caer de espaldas, ni del peso de la vampiresa sobre mi cuerpo. Ni tan siquiera de cómo me inmoviliza con su peso y piernas. Solo el agudo e inaguantable dolor de la herida de mi pierna al notar cómo introduce su dedo en ella consiguen hacerme volver durante unos segundos al momento actual, arrancándome un grito de dolor que se eleva firmemente en el cielo y que acalla a cualquier otro sonido que pudiera estarse oyendo con anterioridad en el bosque. En cuanto retira el dedo, en lo que para mi se representan horas de sufrimiento, noto como las tenazas frías que son sus manos se cierran inmisericordemente sobre mi garganta, comenzando a cortar el paso del aire a mis pulmones, casi vacíos por culpa de mi reciente alarido.

Abriendo al máximo los ojos, sin ser capaz de ver nada por culpa de las lágrimas, escucho sus palabras claramente, mientras noto mis pulmones vacíos, intentar coger algo de aire antes de que ella apriete más sus manos, comprimiendo mi tráquea y bloqueando efectivamente la entrada del preciado aire. Sus palabras continúan siendo hirientes, pero el pánico ante la muerte se impone a cualquier otra cosa. A pesar de haber conseguido cerrar el paso del aire con el apretón, noto como sigue ejerciendo más y más presión sobre mi cuello, notando cómo las venas del mismo se me hinchan ante la imposibilidad de circular de la sangre, de forma que pronto todo mi rostro está completamente enrojecido, por los golpes, la sangre y su sujeción. Un color rojo que comienza a tornarse morado poco a poco, igual que noto el fuerte ardor de mis pulmones. Llevado por la desesperación intento liberarme, comenzando a mover mis piernas con violencia, intentando quitármela de encima a pesar del intenso dolor que me causa a cada movimiento mi pierna herida. Sujeto sus manos con las mías, en un vano intento por apartarlas lo suficiente como para permitirme tomar algo de aire. Por desgracia, estoy tan debilitado que soy incapaz de hacer nada.

Pronto un pitido comienza a instalarse en mis oídos. Pitido que va en aumento según el ardor de mis pulmones hace lo propio y mis piernas comienzan a dejar de moverse. Pronto mis brazos dejan de tener la fuerza suficiente como para mantenerse elevados, por lo que no tardan en caer a los lados como dos pesos muertos. Y mientras todo esto pasa, mientras la niebla comienza a formarse en mi visión, no puedo dejar de ver su maldito rostro, mirándome burlón, superior y sonriente, hasta que finalmente todo se torna negro.

- ”Morder, desgarrar, matar, ¡matar!” – muevo las patas con violencia, aprovechando que los cambios anatómicos que comporta el cambio de forma dificultan que el ser que se encuentra sobre mi mantenga su posición y su presa sobre mi cuello. Con rapidez, aunque muchísimo más lento y torpe de lo que debería, consigo ladearme lo suficiente como para quitarme ese molesto peso de encima y volver a cargar mis pulmones con aire limpio y fresco del bosque a través de mi hocico.  Levantándome con dificultad por un dolor molesto en una de mis patas traseras, gruño salvajemente a quien ha estado sobre mi antes de abalanzarme sobre ella.

El lobo ha tomado el control total de cuerpo y mente, y solo el instinto primario de supervivencia, de cazar y muerte guían ahora mis actos. No hay nada racional en mi interior, solo la bestia que lleva años sometida, domesticada por ese estúpido humano y sus inútiles sentimientos.

Tras el gruñido, sin importarme los ladridos de un congénere que parece ser una cría, me lanzo a la carga sobre la no-muerta, consiguiendo lanzar una certera dentellada que se cierra con violencia sobre su brazo, notando como mis dientes se clavan en su fría carne, sintiendo el sabor nauseabundo de su sangre y su carne podrida al separarse del resto de su cuerpo, arrancándole de un solo mordisco un trozo de su antebrazo antes de que se aleje de mi.

Con el sabor de su sangre y su carne en mis fauces, viéndola apartarse de mi, no dudo en elevar mi testa al cielo y lanzar un fuerte aullido de alegría, de satisfacción y de aviso del inicio de mi cacería.


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Re: No soy tu juguete (Einar Sørensen)

Mensaje— por Irina Volkova el Dom Sep 09, 2018 5:43 pm

No soy tu juguete
→ Bosque  → Cabaña de Irina y Valhalla


Por unos segundos, la imagen que tiene delante de un Einar protector con su cachorro, hace que sienta sorpresa y cierta admiración hacia el hombre. Pues pese a que en ese momento son rivales, sabe que en el fondo tiene un corazón que vale mucho más que el suyo aunque latiera. Ahí estaba defendiendo a un lobezno que acababa de conocer, o igual los días que Valhalla había estado a su lado habían tenido una conexión que iba más allá de su comprensión, puesto que no entendía que lo defendiera de esa forma y tampoco los aullidos de advertencia de Valhalla ahora que ella estaba gritando a Sørensen, incapaz de hacer algo porque al parecer se sentía en medio de ambos. Lo que por una parte le molestó, puesto que fue ella quién lo salvó de morir congelado aquel día en el bosque.

No puedo evitar sonreír ante su respuesta pues las contestaciones cargada de ironía y sarcasmo del lobo era algo que le encantaba desde que lo había conocido. Tuvo un leve recuerdo del primer contacto en el bar.... tan distinto a como estaban ahora... En ese momento ambos estaban tranquilos y tanteando el terreno para acercarse al otro, ahora todo se basaba en gruñidos, insultos y violencia.

Irina no sabía expresar bien sus sentimientos y sus emociones y el motivo por el que estaba estrangulando a Einar era por castigarle precisamente por dejar que lo hiciera la bruja sin miramientos. Incluso sintió que en ese momento se estaba defendiendo más con ella que con la bruja en su día. Cosa que la enfadó aún más y lo pagó con su garganta, apretando aún más. Sabiendo que llegaría a un límite y solo le quedarían dos opciones o desmayarse o luchar por su vida. No iba a matarlo, pero la idea era hacerle creer que sí. Podía sentir como las fuerzas le abandonaban, pero ella no se detuvo ni aflojó su agarre. Realmente quería hacerle pagar lo que había sentido, aquella rabia de ver que iba a morir y no hacía nada.

Pese a que por un momento pensó que Einar no lucharía, su sorpresa fue en aumento cuando vio como se transformaba. Pensando sin saber bien porque el dolor que sienten, claro que no estando muy lejos del propio al notar como sus dientes se cerraban alrededor de su brazo, haciendo que apretara con fuerza su mandíbula para evitar gritar. Puesto que había evitado que la cogiera varias veces, finalmente había tenido más reflejos que ella y lo había conseguido. Ahora si sintió como su espalda se tensaba, pues un Sørensen transformado en lobo y encima cabreado, era un rival muy duro y ella lo sabía.

Sabía que ese mordisco iba a ser el primero de muchos más, por lo que solo podía luchar hasta poder huir y alejarse todo lo posible. Corrió hacia donde se le había caído la pistola antes de que cayeran rodando intentando alcanzarla para usarla contra el lobo, que veía como le caía un gran charco de baba, mientras le clavaba unos ojos lleno de odio, ira y rabia contra ella.

En respuesta, le sonrió ladina. Cogió el arma con la diestra y disparó cuando vio como Valhalla se metía en mitad de la pelea, sin tener en cuenta que Einar era mucho más grande y mucho más fuerte. Temiendo que de un golpe pudiera matar a su cachorro y sabiendo al instante que cuando volviera a su forma humana más pena sería añadida a la que ya tenía, por lo que tenía que evitarlo a toda costa. Falló el primer disparo pero sirvió lo suficiente para llamar su atención y que girara con rapidez para lanzarse de nuevo contra ella. - ¡Corre! ¡Vete de aquí! -le gritó a Valhalla, deseando que le hiciera por una maldita vez.

La agilidad de Sørensen era sorprendente y sin apenas poder reaccionar vio como cambiaban las tornas y ahora ella quedaba debajo evitando como podía que llegara a morderla de nuevo. Obviamente, la fuerza del lobo en esa posición era mayor y casi podía sentir como clavaba sus dientes en su blanquecina piel. Por lo que intentó dispararle de nuevo pero desde esa postura, apenas podía sostenerla en su mano.

Valhalla se acercó a donde estaban desafiando a un enloquecido Sørensen que le devolvía los gruñidos. Cuando se apartó de ella, se levantó con rapidez y disparó a sus piernas para que cayera y tuviera más difícil moverse teniendo en cuenta que ya estaba herido de una de sus patas. El sonido seco de la pistola le indicó que no quedaban balas, por lo que tras un gruñido de rabia la tiró al suelo. Se acercó para darle un par de golpes en las costillas o al menos intentarlo y ganar los segundos suficientes para coger a Valhalla en sus brazos y echar a correr intentando escapar.

Einar no se rendiría hasta que no se le acabaran con fuerzas, pero Irina solo podía correr todo lo que sus piernas dieran de si para ponerse a salvo junto al cachorro que miraba por encima de su hombro al lobo. Sintió como las ramas golpeaban su rostro e incluso le hacían algunos cortes en las mejillas pero no se detuvo.

Por un segundo pensó en si esa noche se volvería a repetir... ¿Einar los mataría como había hecho con su esposa y su hija? Y si así sucedía, luego podría vivir con esa carga... ? Ella sabía que no. Y por supuesto no iba a dejarse atrapar.




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Re: No soy tu juguete (Einar Sørensen)

Mensaje— por Einar Sørensen el Dom Sep 09, 2018 11:22 pm

No soy tu juguete

El sabor de la sangre de la presa, la mirada de pánico, de sorpresa y ver como huye de ti, esas son sensaciones agradables, tanto como el aire fresco del bosque, la suavidad de las agujas de pino bajo las almohadillas de tus patas, el sonido de los árboles al susurrar la canción del viento. Todo esto hace que vivas, que disfrutes de la vida y te sientas parte de ella, parte de la naturaleza, parte de algo eterno que sobrevivirá a cualquier estúpido humano.

Tomándome solo aquel momento para lanzar el aullido, vuelvo a la carga, a correr sobre mis patas, ignorando ese dolor molesto que siento en la pata y que me hace gruñir con fastidio al impedir que pueda realmente avanzar a la velocidad que necesito para volver a morder a la presa, puesto que hoy no quiero matar con rapidez, quiero disfrutar, quiero trocearla poco a poco, ver como su frágil cuerpo va rompiéndose bajo mis dentelladas, empequeñeciendo como un riachuelo en el seco y cálido verano.

Mis ojos ambarinos se centran en la presa, que se lanza al suelo intentando tomar una de esas estúpidas cosas de los “dos-piernas”. Las conozco, sé que pican como abejas, un picor más fuerte, como el que ya he recibido antes en mi pata. Pero esta vez no dejará su agujón plateado en mi, si así fuera no podría correr, pues el dolor me lo impediría.

Lanzándome sobre ella, notando mi saliva caer en forma de cascadas por mis fauces entreabiertas, lanzo gruñidos de rabia ante su sonrisa. El hecho de que no muestre miedo, pánico ante mi, no hace sino contrariarme, enfadarme aún más, pues soy un lobo y todos temen al lobo. La veo apuntarme con esa cosa justo antes de que un cachorro se interponga en mi camino. Una molestia insignificante, una piedrecita en mi camino, que no dudo en apartar de un certero golpe con mi cabeza, oyendo el gañido que produce el pequeño al caer a varios pasos de distancia.

Al momento el estallido de esa cosa me llega claro y noto algo pasar junto a mi costado, peinando mi pelaje en esa zona, pero incapaz de detener mi carrera, haciendo un rápido quiebro en ella y, sin importarme el dolor de la pata, obligando a mis patas traseras a impulsarme en un salto que termina llevándome encima de la “dos-patas”. La excitación del momento, de ver a la presa bajo mis patas, su cuello descubierto, listo para ser desgarrado hace que quiera disfrutar del momento, acercando mi hocico a su cara, permitiendo que sienta el olor de mi aliento en su rostro y que mis babas caigan sobre su cuello, el cual pienso desgarrar más tarde, tras haberla mutilado por su insolencia.

Por lo visto el molesto cachorro no entendió que debía mantenerse alejado, pues pronto oigo sus gruñidos ladridos e incluso noto sus afilados colmillos clavarse en mi pata trasera sana, en un patético intento porque no destroce a la presa que tengo abatida. Sabiendo que no puede escapar de mi, giro mi parte anterior del cuerpo, en un intento por morder al pequeño y enseñarle cómo se usan las mandíbulas. Pero pronto me queda claro que estaba equivocado, pues la paliducha demuestra una agilidad fuera de lo normal al escabullirse de debajo mío e incluso llegar a intentar morderme de nuevo con esa cosa. Sin embargo, ahora no hay ruido y por el gruñido rabioso que suelta, junto a su forma de lanzarla lejos de ella me queda bien claro que no le sirve -  ”Débiles bípedos y sus cosas” – pienso centrando de nuevo mi atención en ella.

Volviendo a centrarme en ella, la veo acercarse a mi e intentar golpear mi costado, haciendo que me aparte de un salto hacia el otro lado, impidiendo así que me golpee pero no que pueda tomar al maldito cachorro entre sus brazos, iniciando la huida al momento.

Pronto vuelvo a la carrera, persiguiéndola por el bosque, esquivando raíces, piedras y troncos. Moviéndome con toda la agilidad de la que soy capaz, ignorando el dolo que cada vez se hace más presente y el cansancio, que poco a poco se va haciendo más y más patente en mi. Mas no permito que eso me detenga, solo me centro en lo que realmente me importa  - ”Morder, desgarrar, matar, ¡matar!” –. La presa es rápida, ágil a pesar de llevar la carga que es el animal que lleva en brazos, algo que me molesta y que me indica que lo mismo yo también soy más lento de lo normal, cosa que no me gusta, que no quiero pensar o cejar en mi empeño por destrozarla.

Largo rato los persigo, siempre notando como van escasos pasos delante de mí, gruñendo de rabia, sin descanso, sin paradas, comenzando a notar como el cansancio se hace cada vez más y más fuerte, hasta que sin darme cuenta, mis patas delanteras se doblan solas, haciéndome caer de golpe sobre la pinaza. Tembloroso, intento incorporarme, levantarme del suelo, pero el jadeo que surge de mi interior me indica claramente que estoy completamente exhausto, por lo que lanzo un aullido de rabia de impotencia, quedando tumbado en el suelo, completamente agotado por el esfuerzo, sintiendo que mi cuerpo no está como debería estar, llevado a la extenuación por culpa de no haber estado recuperado antes de comenzar esta caza. Así, notando cómo todo mi cuerpo se hincha al máximo con cada respiración, empiezo a sentir como mis ojos se entrecierran fruto del cansancio y el dolor, sintiendo que en breve caeré dormido.


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Re: No soy tu juguete (Einar Sørensen)

Mensaje— por Irina Volkova el Lun Sep 10, 2018 9:23 pm

No soy tu juguete
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Irina miró por encima de su hombro mientras no paraba de correr y escuchaba a pocos pasos detrás suya a Einar que le pisaba los talones. En varias ocasiones no los había alcanzado por muy poco. Tras tenerlo así de esa manera en su contra y tan furioso, se dio cuenta del rival que realmente era para ella y que nunca se lo había tomado en serio hasta ahora. Quizá porque tenía una vida que proteger, si la hubiera pillado a solas puede que hubiera sido distinto. Quizá ese bocado habría ido acompañado de alguno más. O alguno de los dos hubiera acabado muriendo aquella noche.

Dejó de escuchar sus gruñidos de perro rabioso y sus patas a cada pisada pero no se detuvo. Hasta que Valhalla saltó de sus brazos y echó a correr en dirección contraria. - ¡No, vuelve aquí! -gritó enfadada.

Sabía perfectamente a donde iría y aunque no le hacía ninguna gracia, tenía que ir detrás para evitar que le volviera a tirar por los aires como había hecho hacía apenas cuestión de segundos, por lo que tras soltar un bufido de frustración y parar de correr durante unos segundos, se dirigió hacia donde se encontraban ambos lobos. Sin fiarse un pelo de Sørensen, quién aún estando debilitado le había hecho una buena herida que ahora que lo pensaba le dolía horrores.

Se agachó para arrancar un trozo del bajo de su vestido y lo enrolló alrededor de su brazo, aún tardaría en sanar del todo. Le lanzó una mirada cargada de odio y desprecio. Aunque Einar estaba más ocupado en coger aire en ese momento como para darse cuenta del recelo con el que ella le contemplaba. - Vamos, ven. -ordenó a Valhalla quién se sentó al lado del lobo. - No pienso quedarme aquí. Ni pienso ayudar a ese imbécil, es un maldito perro rabioso. Se merece que lo abandonemos y se muera aquí solo. -

Casi escupía las palabras aún enfadada. Sabiendo que ella también le había dado de lo lindo, con todas sus fuerzas. Cuando él estaba en clara desventaja. ¿Pero desde cuando a ella le importaban esas cosas? Volvió a soltar un bufido molesta consigo misma esta vez, por no poder irse como si nada y porque su maldito lobo no le hacía ni puñetero caso.

Cuando volvió a mirar a Einar ya había vuelto a su forma humana. Cosa que agradeció porque del otro modo no le apetecía nada acercarse, el olor se hacía más intenso cuando estaba en forma lobuna y el olor a veces era casi insoportable. O puede que simplemente en ese momento estuviera más susceptible después de la pelea. De cualquier modo, Valhalla estaba sentado a su lado y ahora la miraba a ella mientras aullaba en señal de que le ayudara. Le pareció escuchar que Sørensen balbuceaba algo, pero no llegó a entender el que. O simplemente no le prestó demasiada atención. - Debería matarte ahora mismo, aprovechando que ni siquiera puedes moverte. -le amenazó.

Se agachó mientras lo observaba, esta vez sin sonreír, estaba seria y enfadada. Cogió su brazo y lo pasó por su hombro para después dar un tirón y hacer que se levantara del suelo. - Al menos colabora un poquito. -le pidió de una manera nada delicada.

Valhalla se colocó al otro lado de Einar protegiendo de ese modo a su igual. La pelirroja siguió caminando a paso ligero, tirando de Einar y gruñendo cada vez que este se tropezaba. Estaba débil y exhausto. Toda la pelea y la carrera de después había acabado con toda la energía y fuerzas que había recuperado. - Ahora tendrás que empezar de nuevo el reposo, maldito perro rabioso. -murmuró para si misma pero sabiendo que la oiría por la cercanía en la que estaban.

Sintió un fuerte tirón cuando el lobo se tropezó cayendo de rodillas y la vampiresa se agachó cogiendo su barbilla sin ninguna delicadeza y clavando sus ojos esmeralda en los suyos. - No me hagas perder más tiempo o te juro que acabaré lo de antes. -le volvió a amenazar recordándole cuando casi lo deja inconsciente. - ¡Levanta! Tenemos que llegar a la cabaña cuanto antes, por aquí merodean muchos cazadores y créeme que te dejaré a tu maldita suerte si alguno aparece. -

Tiró de nuevo con fuerza y por su reacción se dio cuenta de le había hecho daño, pero siguió caminando puesto que aún les quedaba un trozo hasta llegar. Llevó su diestra a la cintura del lobo para así poder ayudarle y avanzar más rápido, notando el calor en la palma de su mano, algo que le pareció raro, pero le resultó muy agradable.





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Re: No soy tu juguete (Einar Sørensen)

Mensaje— por Einar Sørensen el Mar Sep 11, 2018 12:19 am

No soy tu juguete
Respirando con dificultad me doy cuenta de que algo está mal, algo está terriblemente mal, pues lo último que recuerdo es que me estaba asfixiando, que la zorra pelirroja me estaba ahogando con sus propias manos y sin embargo ahora estoy en mi forma animal, tumbado en el suelo, con un fuerte dolor en una de mis patas y un cansancio brutal, algo que solo quiere decir que he llevado a mi cuerpo al límite. Todo esto solo puede significar una cosa, que he perdido el control, algo que hacía muchos años que no pasaba y que hace que un temor por todo aquello que haya podido acometer.

Supongo que esa es la razón que hace que obligue a mi cuerpo a recuperar la forma bípeda, esa inquietud por no saber qué demonios ha pasado y, sobretodo haber perdido el control sobre mi mismo como acaba de suceder. Nada más hacerlo, el sonido de algo acercándose con rapidez, hace que eleve mi rostro hacia delante, vislumbrando de forma algo borrosa a la pequeña bola de pelos rojiza que se abalanza sobre mi, comenzando a lamer mi rostro con alegría y preocupación por partes iguales, lo que hace que, no sin esfuerzo, me de media vuelta para quedar boca arriba sobre el suelo, permitiendo así que el cachorro se suba sobre mi pecho para continuar con sus muestras de cariño, mientras no hago más que boquear como un jodido pescado fuera del agua.

Momentos después escucho la voz de la causante de todos mis males actuales llamar al lobezno para que vaya con ella, consiguiendo que salga de encima mío para sentarse a mi lado, ignorando completamente las órdenes de su dueña, o lo que sea - No necesito tu jodida ayuda, zorra – intento gritarle tras sus palabras, aunque lo único que consigo articular es un incomprensible balbuceo, que queda casi totalmente acallado por los aullidos lastimeros que comienza a preferir el pequeño.

- ”Ahí te doy la razón, puta. Debiste matarme cuando pudiste, porque yo no me arrepentiré llegado el momento” – pienso tras oírle decirme que debió haberme matado mientras se agacha a mi lado para pasar mi brazo sobre su cuello, tirando de mi para que me levante, algo que me supone un esfuerzo que no estoy muy seguro de poder llevar a cabo, aunque el frío de su piel contra la mía hace que un escalofría recorra mi cuerpo y me anime ligeramente. Por suerte, sin saber muy bien cómo ni de donde, saco las energías suficientes como para levantarme y comenzar a caminar, aunque de forma muy precaria, siguiendo el rumbo que ha tomado la chupasangre, notando al pequeño colocarse a mi lado y lanzándome pequeños ladridos a modo de ánimos para que siga caminando.

- Aplícate el cuento paliducha, porque si ese mordisco es mío, ahora mismo me está ayudando una jodida sanguijuela rabiosa… – consigo espetarle con todo el sarcasmo del que soy capaz, arrepintiéndome al momento por la pérdida estúpida de aliento al hacerlo, cosa que me provoca que de un traspiés sintiendo como pierdo el equilibrio al momento cayendo de rodillas al suelo y colocando la palma de mi mano libre sobre la pinaza, intentando recuperar el aliento y luchando contra las casi inaguantables ganas de tumbarme ahí mismo a dormir. Pero la pelirroja se encarga de impedirlo al tirar con violencia de mi barbilla hacia arriba, obligándome a mirarla a los ojos, viendo la rabia y el desprecio que siente hacia mí, algo que está claro que es mutuo. Lanzándome después otra vez su amenaza y recordándome que, dependiendo de quien me encuentre y lo que haya hecho durante mi estado animal, me puedo haber metido en un grave problema.

El tirón con el que intenta levantarme, hace que note un fuerte crujido en la articulación de mi hombro, lo que me hace soltar un gruñido de dolor al unirse con el que siento al apoyar el peso de mi cuerpo en la pierna herida para levantarme. Para mi sorpresa la paliducha no se burla ni me ataca por ese motivo, sino que simplemente se limita a seguir avanzando a buen paso, haciendo que me obligue a apartar cualquier otro pensamiento que no sea el de seguir caminando, haciendo que deje para más adelante esa pregunta que se forma en mi mente al momento - ”Si tanto me odia, ¿Por qué cojones me ayuda?” –.

Pronto noto como el frío se instala en mi costado cuando ella coloca su gélido brazo y mano en esa zona de mi cuerpo. En otras circunstancias me la habría quitado de encima al momento, o habría aprovechado para retorcerle el brazo o algo que le produjera dolor, el mismo que ahora siento por su culpa. Aunque, según vamos avanzando hasta la cabaña en donde he estado estos últimos días y creo que me lleva, el fuerte calor de mi cuerpo parece comenzar a temblar la fría piel de ella, haciendo que su tacto no sea tan molesto a fin y al cabo.

En cuanto aparece la cabaña a la distancia, el lobezno se lanza a la carrera, deteniéndose al llegar a la puerta y comenzando a ladrar animadamente para que lleguemos cuanto antes. Cosa que, por suerte, no tarda mucho en suceder, por lo que finalmente puedo dejarme caer, algo que hago literalmente, sobre el sofá que me ha servido de cama últimamente, agradeciendo inmensamente el poder descansar por fin. Recuperando el aliento tras esta carrera y sintiendo la necesidad urgente de descansar, de dormir, lucho por mantener mis ojos abiertos centrados en la vampiresa, pues no puedo fiarme de ella, sé que soy ahora mismo una presa fácil, que en cuanto inevitablemente caiga dormido podrá hacer conmigo lo que le plazca, que quizás no vuelva a despertarme - ”O vuelvas a despertarte en una jaula, sin otra opción que luchar por tu vida…” – me recuerdo.

Pese a saber qué esa debería ser mi prioridad hay algo que todavía me preocupa más, por lo que, tras respirar varias veces a fondo me decido a hacer la pregunta que me vino a la mente en cuanto recobré el control de mi cuerpo - Hva?… ¿Qué he hecho? – le pregunto en un hilo de voz, en un tono realmente cansado pero que no da lugar a dudas de la preocupación que esa pregunta me genera - Cuando perdí el control, ¿qué he hecho? – vuelvo a repetir con el mismo tono de voz, buscándola con mi mirada y temiendo cual puede ser la respuesta - ”Porque aún estoy pagando las consecuencias de lo que hice la única vez que perdí el control como antes… ”.      


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Re: No soy tu juguete (Einar Sørensen)

Mensaje— por Irina Volkova el Miér Sep 12, 2018 11:18 pm

No soy tu juguete
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En cierto modo le sorprendía lo unido que parecía estar Valhalla a Sørensen, de nuevo vio que la unión de los licanos siempre era más estable que la de vampiros desde luego. La pelirroja no era la única que no dudaría un segundo en vender a la mitad de los suyos, claro que siempre había excepciones, en su caso las contaba con solo una mano, pero las había.

Casi por unos segundos parecía que la frialdad de su piel se contra restaba con el calor que desprendía el cuerpo de Einar. Quién al mirarle de nuevo tenía una expresión de cansancio hasta tal punto que tenía que coger aire a cada rato y esforzarse por cada paso. Irina tenía fuerza pero cargar con todo el peso del lobo sería hacerle un favor demasiado grande y a ojos de ella no se lo merecía. Su orgullo era lo que muchas veces la había llevado a cometer errores, pero con Einar en algunas decisiones había cambiado de opinión en el último minuto, actuando de una manera que ni ella misma entendía pero no se paraba a pensar por miedo realmente.

- Ya queda poco. -dije intentando animarle aunque su voz sonó igual de borde que si se estuviera metiendo con él.

Cada respuesta que le daba la hacía sonreír, no podía evitarlo. Le gustaba demasiado las peleas verbales que tenían. - Intenta no dormirte por el camino princesa. -se le escapó una pequeña carcajada al hacer especial énfasis en la última palabra que de sobra sabía que le molestaba. De ese modo se espabilaría un poco más y a ella le vendría de gran ayuda para poder llegar antes a la cabaña.

Valhalla fue corriendo a la puerta desde donde se podían escuchar sus ladridos. La vampiresa tiró un poco más de Einar y miró al cachorro al pasar por su lado. - ¿Es que quieres atraer a todos aquí o que?  Calla de una maldita vez. -le espetó sabiendo que en ese momento cualquiera podría oírle y entonces tendrían un problema mayor.

Se acercó hasta el sofá donde ayudó a Einar a tumbarse, aunque después se giró para rebuscar alguna poción o algo que sirviera para acelerar el proceso de curación de sus nuevas heridas. - ¿Dónde dejará Selina lo que sea que usa para curarte? -se preguntó asi misma y comenzó a rebuscar por los cajones encontrando un par de frascos que abrió y olisqueó. El último le hizo arrugar la nariz y cerrarlo rápidamente. - ¿Te suena alguno de estos? -le preguntó mientras le enseñaba un par de botecitos con un líquido amarillento. - Si cura igual que huele, puede irte bien. -se encogió de hombros esperando su respuesta, sino los dejaría donde estaban. - Todo su trabajo tirado a la basura... - le regañó, aunque obviamente ella también había tenido la culpa.

Notó como Valhalla se paraba a su lado y se agachó para comprobar que estaba bien. - Eso te pasa por meterte en medio. -también regañó al cachorro quién le respondió con un ladrido.

Sus ojos entonces buscaron los del hombre, mientras lo observaba tumbado, devolviéndole la mirada. Por un minuto pensó que realmente, pese a como se encontraba, lo encontraba atractivo. Cosa que le sorprendió y confundió. Escuchó como le preguntaba algo después de coger varias veces aire. Se acercó y le enseñó su brazo, desviándose de la verdadera respuesta. - Me has hecho esto imbécil. -hizo una mueca y se destapó la herida que había vendado con un trozo de su vestido dejándola al aire, inundando el ambiente del olor de su sangre, notando al instante que le resultaba bastante molesto.

- Ese sofá tiene tu olor, así que no tienes derecho a decir nada. -se acercó un poco más para incomodarle y dedicarle unas palabras antes de que se abandonara al cansancio y al sueño profundo. - No quiero volver a verte... Ni quiero que estés más de lo necesario aquí... Sería tan fácil aprovechar ahora, pero nos haré un favor y me iré. -hizo una pausa y le dedicó esa sonrisa que ella tando adoraba pero que él tanto odiaba. - Te he utilizado idiota, pero hasta aquí llega nuestro encuentro. -le dejó claro que no iba a contarle nada de lo que había visto aquella noche, rompiendo así el trato y quedando como la zorra que era.

Llevó una mano a su pecho apoyando la palma, notando debajo de esta su corazón latir, acompañado del calor que desprendía sin poder ocultar lo mucho que le gustaba. Estaba de rodillas a su lado lo suficientemente cerca como para que le hiciera algo si quería, pero sabía que estaba demasiado débil en ese momento, por lo que había tomado la decisión de arriesgarse.

No podía evitar sentirse atraída, igual que cuando se habían visto por primera vez en el bar. Aprovechando que no se encontraba en su mejor momento, además de que sería la última vez que se vieran. - Es una.... verdadera lástima..... no poder terminar.... - acercó su rostro al suyo quedando apenas a unos centímetros, dirigiendo su boca hacia la suya, pero sin llegar a unirse, solo jugando, tentando, pero dándose cuenta en ese preciso instante de las ganas que tenía que pasara. Por lo que para romper el momento, donde se habían dedicado unos segundos de tregua, movió su mano clavando con fuerza sus uñas en su pecho, dándole a entender que eran enemigos y que aún seguía con la idea de matarle si era necesario.

Se puso en pie dejándole una marca más en el cuerpo. De la cual salía un poco de sangre y que al parecer le había dolido más de lo que ella pensaba y se dispuso a marcharse de allí, no sin antes dedicar una caricia a su cachorro que ya sabía de antemano se quedaría para velar por la seguridad de Sørensen hasta que se recuperara del todo.





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Re: No soy tu juguete (Einar Sørensen)

Mensaje— por Einar Sørensen el Jue Sep 13, 2018 7:28 pm

No soy tu juguete
Tumbado por fin el aquel desvencijado sofá que se había convertido en mi cama durante no sé cuanto tiempo, veo a la pelirroja comenzar a buscar algo por la cabaña, por lo que aprovecho para colocarme mejor en el sofá, acomodando mi pierna herida para que no me moleste tanto. Por el dolor y la mancha de sangre que hay en el pantalón estoy seguro de que algo me la ha atravesado, y no me extrañaría que fuera un balazo ya que si algo tengo claro es que la cabrona no se anda con tonterías cuando se siente amenazada. Además de que tengo ligeros retazos de recuerdos de lo que ha pasado, pero aún así sigo sin saber exactamente si he hecho algo de lo que me tenga que arrepentir en breve.

Minutos después la veo acercarse con dos botes que desprenden un olor realmente asqueroso y que consigue que se me revuelva el estómago mucho antes de que me lo enseñe - Nei!. Pero como los acerques un poco más vas a tener un bonito estampado de vómito en tu vestido – consigo decirle, sorprendiéndome a mi mismo de tener las energías y el humor suficientes como para soltarle algo así en tono burlón.

La verdad es que mi comentario no venía al caso, y mucho menos sabiendo que la vampiresa parecía querer ayudarme de verdad, como si en el fondo sintiera la necesidad de compensarme por lo que había pasado en las peleas - ”Pues lo llevas claro si crees que con una pócima vamos a estar en paces, me debes respuestas guapa, y las voy a conseguir.” – pienso fríamente mientras mantiene los botes a la vista - ”Aunque… he de reconocer que… me gustó, joder si me gustó acabar con aquella maldita bruja…” – me recuerdo, pues si bien es cierto que jamás habría accedido a algo así, en el fondo, en mi fuero interno, lo había disfrutado.

- Ella no habría tenido que esforzarse si no hubiera sido por ti, zorra – le contesto a su comentario sobre que el trabajo de la bruja que me había estado curando no había servido para nada - Pero creo que sí… que me obligaba a beberme esa bazofia mezclada con zumo – termino admitiéndole, pues sí que tengo el recuerdo de ese olor mezclado con el de frutas.

Por un momento llego a pensar que me lo tiraría encima, o incluso que lo derramaría y me soltaría alguna de sus frases cargadas de maldad, cosa que se le da demasiado bien y más cuando sabe que su oponente no puede defenderse. Parece como, si realmente, disfrutara humillando todavía más al oponente abatido, o incluso que buscara provocarle para que continuara luchando. - ”¡Seré estúpido!, joder, ¡pues claro!. ¡Eso es lo que buscaba!, mantenerme cabreado en los combates para que ganara… hija de puta… encima de cabrona, es lista, fría y calculadora como una jodida víbora” – pienso al darme cuenta de los motivos por los que seguramente no hacía sino provocarme antes de cada combate - ”No era más que su campeón, que su jodido perro de presa… y está claro que me conocía, que yo era su presa y que sabía perfectamente que podía ganar…” – la verdad es que todo comenzaba a tener cierto sentido.

Pero, en vez de burlarse o tirarlo, se agacha para acariciar al cachorro, cosa que todavía me confunde más. Está claro que siente algo profundo por el animal, algo que la une a él, de la misma forma que algo lo une a ella. Esto me desconcierta, pues no he visto ningún gesto o indicio de que realmente tenga un corazón, en ninguno de los sentidos. Sin embargo, se preocupa por el lobezno, como si de una madre se tratara. Sé que esto es un punto a mi favor, que podría utilizarlo para chantajearla o para hacerle daño, pero me siento incapaz de usar así a esa jodida bola de pelos cuya presencia he notado hasta en mis sueños. Mi parte animal me inclina a cuidar de él, a protegerlo, y eso se impone ante cualquier pensamiento de hacerle daño o usarlo para herir a la vampiresa.

Por fin se decide a darme una respuesta a las múltiples preguntas que le he ido realizando desde aquella aciaga noche en la que me la encontré. Ver la mordedura en su brazo no hace sino que sienta algo de regocijo por haberla herido, aunque haya sido de forma tan leve y tan fugaz, pues en cuanto se alimente está claro que la herida sanará pues no es muy profunda ni tiene mal aspecto. Lo bueno del caso es que dudo mucho que se transforme en una licántropo, puesto que ya está muerta y que se nota que le he jodido aunque haya sido ligeramente, lo cual, pese a lo estúpido que parece, me hace sentir como si hubiera tenido una pequeña victoria en nuestra guerra.

Ahora que ya tengo claro que no he herido a nadie más, que no he causado daño sin ser consciente de ello, permito que la relajación se apodere finalmente de mi, obviando su comentario sobre el olor, puesto que, aunque no me gusta el olor de su sangre coagulada, y creo que su sabor menos todavía. Pero está claro que ella va a seguir con su táctica de cabrearme cuando no estoy capacitado para defenderme correctamente, ya que no tarda en acercase como si realmente se tratase de una serpiente y soltarme que me largue de su casa. Seguidamente, y tras sonreír de esa forma que me pone de los nervios, me suelta lo que ya intuía, que me ha utilizado y que no piensa cumplir su promesa de darme respuestas.

Pese a estar ya casi seguro de que iba a ser así, oírlo de sus labios, con ese tono consigue que mis ojos centellen de rabia durante unos segundos, mientras ella se arrodilla ante mi y comienza a acercar su rostro al mío - ”Sería tan fácil romperle el cuello ahora mismo… si tuviera las energías suficientes, está claro…” – pienso con rabia mientas veo sus carnosos labios acercarse peligrosamente a los míos, los cuales están resecos y agrietados.

Pronto noto el tacto gélido de su mano sobre mi pecho, concretamente sobre mi corazón, cosa que hace que todo mi cuerpo se estremezca ante el contraste de temperatura. Mientras que sigue acercando sus labios a los míos, como si tuviera la intención de besarme, algo que jamás ocurriría ya que seguramente lo que querrá es morderme o algo por el estilo. Si hubiese tenido aliento, si hubiese respirado seguramente estaría notando su aliento en mi rostro, pero eso no quita que no aproveche su proximidad para inspirar aire con fuerza, quedándome así con su olor propio, grabándomelo en la memoria, y sabiendo que jamás podré olvidar esa dulce mezcla de lavanda con jazmín.
Escucho su voz volver a hablarme, soltándome eso de que ”es una verdadera lástima no poder terminar”, cosa que hace que esboce una sonrisa sarcástica ante la posibilidad que se esté refiriendo a lo de la habitación puesto que en aquel momento estaba dispuesto a olvidarme por un momento de mi esposa para disfrutar con ella de un buen rato, aunque estaba claro que solo era una táctica de caza, en la que caí del todo desprevenido.

Justo en ese momento, en el que una parte de mi se preguntaba qué habría pasado en aquella habitación si no me hubiera drogado, noto el ligero movimiento de su mano, que ya está más templada gracias al excesivo calor que desprendemos los licántropos, seguido de un fuerte ardor en el pecho según clava y araña mi piel, cosa que hace que mi rostro se tuerza en una mueca de dolor y de mis labios surja un gruñido de molestia.

Tras esta nueva herida física y humillación verbal, se levanta con exquisita gracia, dejándome tumbado en el sofá para, después de acariciar al cachorro, dirigirse hacia la puerta de salida. Siento las ganas de gritarle, de decirle que nos volveremos a ver, que no pienso permitir que se salga con la suya, que me debe explicaciones, respuestas y que pienso obtenerlas sea como sea. Pero estoy demasiado cansado, demasiado exhausto, por lo que decido gastar mis últimas energías en bajar mi brazo, tomar al cachorro con él y subirlo al sofá, sintiendo como al momento se hace una pequeña bola en mi pecho, lamiendo con cuidado las heridas recién abiertas en un intento por curarlas. Sintiendo como ese acto de cariño, de bondad y preocupación hacia mi persona me ablandan por dentro, coloco un brazo sobre él, abrazándolo con ternura mientras decido abandonarme al sueño reparador, cerrando así mis ojos un momento, mientras mantengo el oído aguzado todavía por su ella se decide a atacar.          


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Re: No soy tu juguete (Einar Sørensen)

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