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Lo leí en una galleta de la suerte || Bane

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Lo leí en una galleta de la suerte || Bane

Mensaje— por Invitado el Mar Dic 11, 2018 8:33 pm

Lo leí en una galleta de la suerte
→ Cocina, Instituto → Sábado → 12:00 h  

"Si sueñas con galletas gigantes tienes que crear algo para que las consuma"

Uno, dos— las galletas caían, —tres, cuatro— y seguían cayendo, una tras otras en un refractario de cristal. Las galletas habían sido preparadas por alguien, no sabía quién, pero tenían un aspecto poco apetitoso. En su cabeza se fraguaba que se trataba de Izzy, ¿quién podría lograr ese tono cerúleo en unas galletas? Hasta ahora, solo conocía a una sola persona, y esa era su hermana. —diez, once, doce…— seguramente se estarán preguntando, qué estará haciendo un fantasma recolectando galletas. No lo hacía. Las estaba sacando de la cocina. ¡Pobre diablo aquel que las comiera!

Con una sonrisita de inmensa perversidad, el chiquillo las metió hasta vaciar el galletero. Era un buen trabajo, lo único malo era en pensar que de ser necesario, no podría volver invisible las galletas. Todavía no sabía si eso era posible. Antes de entrar en la cocina esa mañana, había echado un vistazo en sus alrededores; la mayoría de los nephilim estaban fuera, otros estudiando y otros, como su hermano, pasando el tiempo tumbado por algún lugar. Estaba tan despejado aquí, que fue una grata sorpresa, no quería seguir topándose con sus “hermanos” los hijos de Razhiel con sus miradas de pena o curiosos hasta la médula como él. Ya no soportaría las preguntas sobre el “más allá”. Como si eso significara algo para él, que sí, si que significaba mucho. ¿Se decepcionarían al pensar que es como una segunda vida? Una muy larga…

La última galleta cayó dentro del trasto, lo cerró y su sonrisa se ensanchó mientras devolvía el galletero a su lugar. Bajó de la silla, colocó las galletas en la mesa, devolvió la silla a su lugar y todo estaba listo. Pensó seriamente qué haría con ellas, después de mucho reflexionar, convino en enterrarlas, o lanzarlas a las personas que pasaban cerca del instituto. La cara de sorpresa al comprobar que se trataba de una Iglesia abandonada era sublime. Así que esa idea fue bastante simpática.

Cogió el refractario, ¡por el Ángel, qué color tan espantoso de esas galletas! Que bueno que se desharía de ellas, sino, dolor estomacal para todos, eso pensando que alguien se las comería, pero la verdadera razón distaba de tirar porquerías incomibles, ”perdón, Izzy”, más bien era para que la morena no se sintiera mal cuando comprobara que nadie había comido esa masa horneada.

Se dispuso a salir cuando la silueta recortada de alguien especialmente alto se enmarcaba en el recuadro de la puerta. ¡Un susto! ¿A un fantasma? Pero es que eso sí que era para reír. La concentración por mantenerse corpóreo se onduló sobre sus manos y el bonito refractario con las odiosas galletas se estrelló en el suelo. El sonido fantástico en composición rellenó la atmósfera ante la exclamación del menor de los Lightwood.

¡Bane!

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Re: Lo leí en una galleta de la suerte || Bane

Mensaje— por Magnus Bane el Sáb Ene 12, 2019 10:05 am

Lo leí en una galleta de la suerte
COCINA, INSTITUTO →  SÁBADO →  12:00 H  
Pese a que su relación con Alexander ya no era reciente, aún intentaba no frecuentar mucho el instituto. Cuando se veían, era Alec quien iba a su loft y se quedaba a pasar la noche, algunas veces incluso compartían la cama y momentos privados. Pero estar en un lugar que era de Raziel le traía malas memorias como gratos recuerdos. Todas las vivencias que había tenido a lo largo de los años, los corazones rotos y el amor que le había dado a varios nefilim como un amigo. Alexander era más que todos ellos, había llegado a las capas que jamás había imaginado que podrían ser atravesadas.

Recordó haber mencionado que todos los Lightwood lucían iguales, que nunca saldría con un nefilim y definitivamente no andaría con alguien ocultando su relación. Esas tres cosas las había roto; Alec era diferente a sus antepasados, era el nefilim que lo dejaba sin aliento y le había permitido una relación en secreto hasta que su amor no pudo estar callado por más tiempo.

Alec era feliz a su lado, lo sabía, pero siempre habría un hueco que nadie podría llenar. El hueco de la pérdida. El día en que Max Lightwood murió, él no había estado allí. No había podido parar el sufrimiento del niño, se había enterado horas después luego de no poder hacer nada. Había abrazado a Alec hasta que sus ojos se habían secado y lo había reconfortado días después con el conocimiento que él mismo tenía sobre las constantes pérdidas que conllevaba la inmortalidad.

Conocía a Max por fotos, por historias, pero nunca tuvo el placer de conocerlo en persona. Sabía que el niño lo conocía como el brujo que ayudaba a su hermano, pero hasta allí. Le habría gustado haber podido hacer más, regalarle a Alec la oportunidad de enseñar y entrenar a su hermano menor. Todo aquello les había sido arrebatado sin poderse evitar.

Clary fue la que abrió la puerta del instituto para él con la noticia de que Alec no tardaría y ella saldría de visita a ver a su madre.

—Envíale mis saludos, galletita —le había dicho, luego había emprendido su camino al interior del instituto.

Siempre remodelaban cada que una nueva cabeza mandaba allí, pero mantenía el mismo aire que años atrás. Había cosas que ni el tiempo podía cambiar, sólo renovar.

Dobló el camino rumbo al invernadero, pero el confundido camino lo llevó hasta lo que parecía una cocina. Antes de poder entrar visualizó a alguien: Max Lightwood. Lo había percibido, su fantasma había rondado allí haciendo que Magnus lo ignorase por temor a que alguien descubriera que podía ver a las almas aún en el más allá. Pero ahora estaba solo, y el niño lo había saludado con tal efusión que quebró el tarro de galletas en el suelo.

—Maxwell —saludó y chasqueó los dedos haciendo que el refractario desapareciera del lugar. A dónde lo había enviado siempre sería un misterio. Volvió a repetir el gesto y uno nuevo e idéntigo reapareció en la mesa, con galletas desbordando de la tapa— ¿Planeabas comer esas galletas? —cuestionó levantando una ceja portando una sonrisa. Claro era el hecho de que los fantasmas no se alimentaban— ¿Por qué no aprovechamos nuestro momento a solas y me guías a la biblioteca? A cambio haré aparecer mangas para ti, Alec solía contarme que te hacían feliz. Espero aún causen ese efecto.




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Re: Lo leí en una galleta de la suerte || Bane

Mensaje— por Invitado el Mar Ene 22, 2019 10:11 pm

Lo leí en una galleta de la suerte
→ Cocina, Instituto → Sábado → 12:00 h  

"Si sueñas con galletas gigantes tienes que crear algo para que las consuma"

De estar vivo, su corazón habría latido con fuerza. Pero ahora solo podía sentir la sorpresa en un escalofrío. Vaya que sí le había pillado desprevenido. Era algo que jamás, jamás le contaría a nadie, y menos a sus familiares extintos. Porque cierto era que, el chiquillo tuvo un estrecho contacto con uno que otro Herondale. Su sonrisa se extendió, gentil y curiosa, que prontamente se transformó en divertida. El refractario desapareció, como si nunca hubiese existido allí, igual que él cuando se transportaba de un lugar a otro.

Se acercó a ver las galletas. Nuevas galletas, estas lucían apetitosas, incluso su aroma era dulce. Las observó unos minutos y regresó la mirada al brujo. De cerca, era tan alto, intimidante también. Se le ocurrió que nada gracioso se podía decir en su presencia, pero, por lo que los demás contaban, sabía que era un subterráneo que gozaba de un humor excéntrico y divertido, bastante. Lo contrario de Alec, seguramente, y no es porque su hermano fuese aburrido, pero su seriedad no conocía límites, aunque, si se ponía a juzgar los cambios de su hermano en los últimos años, los años en que él no estuvo en este plano, ¡vaya que había cambiado! Era más sonriente, relajado y secretamente, feliz. Aludía a la felicidad como todos en el instituto. ¡Hasta Izzy y el diurno!

Planeaba causar un dolor de estómago— mintió con una sonrisita traviesa, después de ello, tomó el recipiente y lo dejó en la encimera, esperaba que allí, alguien las viera y las devorara como un monstro. Él podía comerlas, algunas cosas, pero no causaban mayor sensación en él, quizá porque no tenía nada que lo hiciera.

Se giró y puso una cara seria, de estar pensando. Entonces sonrió tímidamente. Max era así, más tímido que rozagante, pero lo parlanchín mataba, muchas veces, su timidez. Iba a decirle que Iglesia, su gato, podía guiarlo, eran gatos los dos, ¿no? Vamos ya, que eso era un disparate, pero recordó también que hacía tiempo no veía a ese gato gordo. Quizá estuviera escurriéndose con los otros nephilim, ya que ahora tenía mucha atención. Un sentimiento de traición habría sido necesario aquí, sin embargo, asintió solemnemente.

Clary me trae mangas— dijo como una señalación obvia, ¿quién, además de su hermano que le traía libros, le haría regalos sin sentido? Si, la chica casi mundana que no lo era tanto. —¿De dónde traerás los mangas?— pasó a su lado, al pasillo y le hizo una señal con la mano, —¿de Japón? Alec dice que debo aprender otro idioma, pienso que solo trata de distraerme para que lo deje estar con su mal carácter en la biblioteca — esta vez, su sonrisa le regaló un toque caprichoso a su rostro, como un diablillo, —pero siempre se pone de buen humor cuando te ve, ¿pero Izzy nunca parece contenta después de ver al vampiro? ¿Por qué los adultos tienen que ser tan raros?— se detuvo y volvió a hacerle una señal, para que bajara a su altura, igual que cuando se cuenta un secreto, —tu y Alexander van a casarse.

¿Creían que no podía ser insolente o impertinente? Allí la muestra clara de que no importa la edad, ni cuanto lleves muerto, un hermano menor, siempre, tiene que inmiscuirse en temas de los mayores. Siempre.

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Re: Lo leí en una galleta de la suerte || Bane

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