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Det er for vanskelig å be om hjelp / It is too hard to ask for help [Winter J. White]

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Det er for vanskelig å be om hjelp / It is too hard to ask for help [Winter J. White]
→ Martes, Julio 2018 → 20:35 → Bosques del Estado de Nueva York  → Luna nueva, despejado, fresco

- "Estúpido, estúpido, estúpido, estúpido…" – el insulto se ha convertido en una monótona letanía que me acompaña a cada paso que doy, algo tan monótono como el desgastado asfalto que acapara toda mi visión. A cada paso, mi cuerpo protesta por el esfuerzo, pero he de continuar avanzando, he de conseguir llegar a la ciudad, he de comprobar que todo está bien en mi hogar. He perdido la noción del tiempo, desconozco cuánto tiempo hace exactamente que he estado encerrado en esa maldita choza, en esa jodida cabaña en medio del bosque, en ese agujero inmundo que apesta a ella.

El frío nocturno atenaza mi desnudo pecho, puesto que la muy zorra me llevó allí sin más ropa que la que me permitieron usar en sus malditos juegos. Pero no me preocupa eso, pues estoy acostumbrado a él, ha sido mi fiel compañero desde mi infancia en mis amadas islas hasta esta maldita ciudad. Como tampoco me preocupa la escena que debo ofrecer, un hombre solo, desnudo de cintura para arriba, con una fea cicatriz aún reciente en su rostro, avanzando encorvado por la cuneta de una carretera perdida en la mitad de los grandes bosques que rodean la luminosa y fría Nueva York.

Seguramente me habría salido más a cuenta haberme transformado, haber adoptado mi forma animal para avanzar más rápido, para acortar la distancia de mi objetivo mucho más rápido, pero sé que en el estado en el que me encuentro, en esta especie de embotamiento mental, no sería capaz de controlar a la fiera, la cual no tardaría en tomar el control de mi cuerpo y realizar todas aquellas cosas que le prohíbo continuamente. Algo que solo puede lograr cuando pierdo el control y, si a duras penas soy capaz de dar el siguiente paso, ¿cómo controlar a la bestia?.

Sé que me recuperaré, que no tardaré en ser lo que soy, en retomar el control de mi cuerpo y mente, pero no podía quedarme esperando a que regresara ni esa ni su amiga con esos vomitivos mejunjes que me obligaba a tomar. Por eso había salido tambaleante de aquel lugar, ignorando los aullidos lastimeros del cachorro, ese jodido lobezno que parece estar estúpidamente apegado a la zorra.

En cuanto salí de la cabaña tenía la certeza de que mi preciosa moto estaba allí, sé que la había visto, que la había olido, que incluso había escuchado su dulce ronroneo mientras caía dormido, pero por lo visto no era lo único que me había arrebatado esa bastarda de rojizos cabellos. Algo que no puedo perdonarle, que me cabrea sobremanera y que sé que, en cuanto se marche la niebla de cubre mis sensaciones, mi ira arderá con furia por ése detalle. Pero ahora solo siento cansancio y la necesidad de seguir avanzando de llegar a casa y comprobar que Jannike y Damian están sanos y salvos.

Después de mucho rato, consigo llegar a lo que parece ser una pequeña gasolinera, o más bien un pequeño bar de carretera que sirve para que reposten los vehículos y sus conductores. Con esfuerzo, sin dejar de repetir ésa maldita letanía en mi cabeza, apoyo la mano sobre la puerta, abriéndola despacio, con cansancio, como si pesara una tonelada en vez de solo un par de kilos. En cuanto entro en el interior, creo sentir como el calor golpea sin compasión mi helado cuerpo al tiempo que las miradas de los allí presentes se posan en mi, algunas con gran hostilidad, otras con preocupación y las menos con curiosidad. Obligando a mis piernas a seguir avanzando, me adentro poco a poco en el luminoso local, sin reprimir el gruñido que surge de mi garganta a modo de protesta por la molestia que me causa el calor y sobretodo el exceso de luz - "Mundanos…" – el fugaz pensamiento que se forma en mi mente al comprobar que no hay ningún subterráneo entre los presentes rompe durante unas décimas de segundo la letanía de mi mente, al dejarme caer pesadamente sobre una de las sillas que hay delante de la barra, la cual produce un fuerte crujido a modo de queja por la brusquedad de mi movimiento.

Al momento, poso mis azules ojos en la mujer que se encuentra detrás de la barra, una mujer ruda del campo, con cara de pocos amigos la cual no duda en mirar la escopeta que se encuentra apoyada cerca de la pared en donde se encuentra en un claro gesto de aviso – Llame Agente Winter White, policía de Nueva York vær så snill – consigo articular en una voz que se quiebra en cuanto termino de hablar, intentando que la camarera entienda que quiero que la llame, porque estoy seguro de que su intención es llamar a la policía. Mi instinto me indica que estoy en peligro, no solo porque los aquí reunidos puedan atacarme pensando que soy algún tipo de desequilibrado, sino porque ella podría volver y acabar con mi vida ahora que estoy debilitado, o incluso que sus amigos de las peleas logren dar conmigo antes de que me recupere y me vuelvan a utilizar para sus sádicos entretenimientos. Y es por este motivo, por el que sé que la única persona en la que puedo confiar ahora mismo, la única que me puede sacar de aquí sin llamar excesivamente la atención es ella, puesto que si hubiera pedido ayuda a Laila o a Scarlett la cosa podría empeorarse al sentirse obligadas a ayudarme en mi venganza, algo que juro que llegará y que disfrutaré como nunca, aunque ello termine con mi alma en manos del mismísimo diablo.


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→ Martes, Julio 2018 → 20:35 → Bosques del Estado de Nueva York  → Luna nueva, despejado, fresco
El rostro de la inspectora White se reflejaba en el grueso vidrio de la pared acristalada de uno de los áticos más lujosos de la ciudad, sin embargo, su mirada se perdía más allá de los altos edificios, en un punto lejano del oscuro horizonte. Catherine, quien bajaba las escaleras portando en su mano una copa llena de un llamativo líquido escarlata, se detuvo en seco para observar la nostálgica imagen que se esbozaba en el cristal. El perfil de Winter resplandecía bajo las incesantes luces de la ciudad, que hacían que el azul de sus ojos brillase de una forma casi sobrenatural. Tenía un montón de papeles esparcidos por el sofá, cual nieve invernal. No la dejaban volver al cuerpo, bueno más bien Kibo era el que no lo aprobaba. El moreno creía que era demasiado pronto para reincorporarse a su puesto, temía que la presión provocara que la vampiresa estallara, o que la incompetencia de algún agente la hiciera perder los estribos y merendárselo en plena comisaría. Incluso tenía por la vida de Annabel Jones, la mordaz asistente administrativa del Capitán Bennett. Así que por el momento Winter se conformaba con tratar de resolver casos a distancia.

-Winnie,- Canturreó Cath bajando los escalones de dos en dos.- la cena.- Se acercó a ella con aire resuelto. - ¿Le sigues dando vueltas a eso?- Ante el movimiento afirmativo de su cabeza, la muchacha resopló. - Winter, haces lo que puedes. ¿Vale? No puedes salvar a todo el mundo...- No logró acabar su frase ya que el teléfono móvil de su hermana cobró vida. Por suerte la irritante melodía no duró mucho pues la última White se levantó de un salto y agarró el móvil en apenas tres segundos. La humana parpadeó confusa. No, en serio. ¿Cómo demonios hacía eso? - Sí, desvíame la llamada.- La oyó decir. - Soy la inspectora White, ¿podría decirme el nombre del hombre?- Winter hizo una gañota. - ¿Y su apariencia? ¿Puede describírmelo físicamente?- La inmortal cabeceó un par de veces, apretando tanto los labios que parecían dos finas líneas rojas.- No lo toquen, voy para allí.- Y tras colgar, agarró la Copa de que le tendía su hermana pequeña y la vació en un par de tragos. -Salgo. No me esperes despierta.- Dijo limpiando los restos de sangre con una servilleta y besando la suave mejilla de Catherine. - Te quiero.- Chilló antes de cerrar la puerta principal tras ella. Lo siguiente pasó a cámara muy rápida, se subió a su inconfundible madera y condujo a una velocidad alarmante hasta el antro de carretera des del que la habían llamado.

La puerta del bar se abrió de golpe, revelando a una rubia de labios carmesí que lucía un entallado vestido de seda negra. Los altos tacones golpearon la madera rítmicamente, abriendo paso entre las personas que se habían arremolinado entorno al hombre que yacía en una de las sillas inconsciente. -Inspectora White.- Dijo mostrando la placa policial, aunque nadie parecía fijarse en ello. Estaban más ocupados admirando sus curvas. Cuando llegó a Einar, la situación no pareció mejorar. ¿Qué le había pasado? Hizo un tierno motín, parecido a la nueva de disgusto que haría una niña pequeña. - Qué te han hecho, Vikingo.- Se compareció mientras pasaba un brazo por sus curvas y el otro por la espalda, levantándolo en volandas. Una exclamación popular inundó el local. ¿Quién podría pensar que una joven delicada y elegante podría con semejante hombre? Muy fácil, una vampiresa. Con paso decidido se llevó al licántropo de aquel agujero, hasta uno de los asiduos del local le hizo el favor de abrirle la puerta. Haciendo acopio de todo el cuidado que podía tener, lo tumbó en el asiento trasero.

Tenía que haber sufrido mucho para encontrarse en ese estado tan terrible. Lo mejor sería que intentará hacerlo volver en sí, pero para eso necesitaba... se echó sobre los respaldos tanteando con la diestra el maletero en busca del botiquín de emergencias. Aquí está.  pensó agarrándolo por la asa para dejarlo a los pies del licántropo. Tal y cómo me habían enseñado en la Academia, impregnó un algodón con un poco de alcohol y se lo puso bajo la nariz al rubio. - Vamos, Vikingo.- Musitó en un intento de darle ánimos. - Einar... venga vamos, chuchi. - Con suavidad le retiró el cabello que se le pegaba al sudor de la frente. - ¿Vikingo?- Preguntó de nuevo cuando vio que los párpados temblaban.


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→ Martes, Julio 2018 → 20:35 → Bosques del Estado de Nueva York  → Luna nueva, despejado, fresco

Un gruñido que pretende ser molesto pero que parece más a un suspiro extraño brota de mis labios mientras entreabro ligeramente los ojos - "¿Pero qué cojones…?" – pienso con mi embotada mente, intentando recordar dónde narices estoy y sobretodo cómo he llegado hasta aquí. - "Vamos imbécil tú puedes hacerlo… ¡recuerda joder!" – me insto a mi mismo a buscar mis últimos recuerdos, volviendo a cerrar pesadamente los ojos, ayudando así a mi confuso cerebro a recrear en mi mente mis últimos recuerdos, aquellos que han precedido a ese horrible olor a alcohol que se emperra en inundar mis fosas nasales y a esa conocida voz que ha usado cierto apelativo – ¿Chuchi?, ¿En serio Winter?, venga no me jodas… – consigo articular con voz cansada pero con mi inconfundible tono sarcástico antes de obligar a mis labios a esbozar una sonrisa mientras permanezco con los ojos aún cerrados.

Poco a poco los últimos minutos de consciencia vuelven a mi mente, recordando el haber dicho el nombre de la agente y de cómo la camarera no tardaba en realizar una llamada, la cual no llegué a terminar de oír pues, nada más apoyar mi cabeza sobre la barra de robusta madera, el sueño y el cansancio me trasladaron al maravilloso mundo de la inconsciencia. Un mundo que, por cierto, parecía haberse convertido en el mío durante los últimos días, o semanas, puesto que no sabía a ciencia cierta cuánto tiempo había pasado realmente encerrado en aquella maldita cabaña.

Finalmente obligo a mis párpados a moverse, a descorrerse como si de dos pesadas cortinas se tratase, permitiendo que el azul de mis ojos volviera a relucir en búsqueda del bonito rostro de la vampiresa, la cual se encontraba ligeramente reclinada sobre mi, mientras sostenía con molesta insistencia un jodido trozo de algodón impregnado en alcohol – Vaya agente White… ¿aprovechándose de un pobre lobo inconsciente en la parte trasera de su vehículo? – bromeo antes de que un ataque de tos me impida continuar hablándole, recordándome que no estoy ni de lejos para grandes conversaciones.

La verdad es que una parte de mi se alegraba enormemente de ver el rostro de Winter, pues ahora sí que me podía considerar que estaba finalmente a salvo de la maldita zorra pelirroja y de sus amigos de las peleas. Lo que me había sorprendido era el tono utilizado por la agente y sobretodo el cuidado con el que había apartado el pelo de mi frente. Obviamente se notaba que realmente se preocupaba por mi, algo inaudito antes de nuestro primer encuentro, cuando ambos nos dejamos llevar por nuestros absurdos prejuicios raciales. Claro que verme en mi situación actual, más cercano al de un enfermo terminal que al de un vivo a pesar de nuestra gran capacidad de recuperación y regeneración deben de haberla asustado - "Definitivamente tienes suerte de tenerla como amiga, maldito saco de pulgas afortunado…" – pienso mientras intento levantar mi tronco del asiento, sin éxito alguno – Takk… gracias por venir Winter… ¿mi…?, ¿mi familia? – le agradezco y pregunto con un claro tono de temor en mi voz, puesto que al desconocer el tiempo que he estado desaparecido tampoco sé si la jodida vampiresa rusa ha cumplido su promesa de matar a los míos o no.


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→ Martes, Julio 2018 → 20:35 → Bosques del Estado de Nueva York  → Luna nueva, despejado, fresco
Un gruñido animal inundó el automóvil. Cualquier persona con dos dedos de luces hubiera sido cauta y se hab´ria aprtado del hombre, sin embargo, Winter permaneció allí tratando de reanimarlo con la sola existencia de un algodón impregnado en alcohol. Lo siguiente que rompió el silencio fue la rasposa voz de Einar, siguiendo (cómo no) en su línea de sarcasmo e ironía. Eso era buena señal, si tenía ánimos para tomarle el pelo significaba que no podía estar tan mal... ¿verdad?

Pero no porque estuviera herido le iba a poner las cosas fáciles, al fin de cuentas, le estaba llenando el coche de olor a perrucho mojado. La inspectora arqueó una de sus rubias y perfiladas cejas en el pose más arrogante que conocía.  - Te respondería cómo mereces pero ahora mismo casi que me apiado de ti. - Dejó escapar un suspiro en un intento de que la congoja abandonara su pecho.

- ¿Qué?- Parpadeó varias veces antes de echarse a reír. - ¡Tú ni estando herido te comportas!- Exclamó mientras se llevaba la mano al pecho, en un gesto puramente dramático. - ¡Por el de arriba! ¡No soy zoofílica! - Y tras soltar esto, sacó la lengua en una gañota más típica de Damian que de una vampiresa hecha y derecha. Viva la madurez, señoras y señores.

Debía admitir que ver al Vikingo en ese estado le había afectado más de lo que le hubiera gustado. Casi había tenido miedo. Miedo de haber llegado muy tarde, de no saber qué hacer, de que él no respondiera correctamente.  La siguiente pregunta del lobo sobresaltó por completo a la última White, quien empezaba a temer por la integridad de otras dos personas. - ¿Qué con ellos?- Miró por los cristales del coche. ¿Estaban allí? ¿Y cómo era que no los había visto? - ¿Dónde están, Einar?- Muchas de las personas que habían conocido a Winter le habían preguntado cómo era posible que siempre guardara la calma, que fuera capaz de lucir una sonrisa incluso en las situaciones más difíciles... pues bien, esa era. La idea de que un inocente saliera herido le resultaba horrorosa, pero no tenía palabras para describir lo que le suscitaba la muerte de un niño.


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→ Martes, Julio 2018 → 20:35 → Bosques del Estado de Nueva York  → Luna nueva, despejado, fresco

Realmente no me equivocaba con la afirmación de que tenía muchísima suerte de haber conocido a la vampiresa protectora de la ley. A pesar de que no dejaba de ser una jodida chupasangre se había ganado algo que pocas personas conseguían, mi respeto. La rubia era realmente atractiva, incluso para ser una hija de la noche, puesto que de todos es sabidos que estos seres gozan de una belleza extraordinaria que les ayuda en sus cacerías. Pero sobretodo tenía algo especial, algo que se oculta en su interior y que solamente sale a la luz cuando se encuentra relajada. Ella era la única subterránea que había conocido de mi parte a las dos personas que más me importan en el mundo y no me había arrepentido en ningún momento de ello. Tenía totalmente fascinado a mi sobrino, y con ello había conseguido abrirse paso en mi otra vida, en aquella que siempre he luchado por mantener alejada de los subterráneos y que ahora se veía seriamente amenazada por culpa de una de sus congéneres.

De haber estado en mis plenas facultades físicas y mentales, no habría tardado ni una décima de segundo en replicar a sus comentarios, sobretodo tras oír su comentario sobre la zoofilia, ya que al momento me vino a la cabeza algo sobre la necrofilia, aunque conociéndola sé que sería un golpe demasiado bajo, puesto que conozco perfectamente algunas cosas que le duelen y le tengo un cariño tan especial que nunca tocaría ciertos temas.

Lo que sí que no me había esperado, y que realmente aún me sorprendía, era ver en su rostro lo que parecía ser una auténtica preocupación por mí. La había visto preocuparse por otros licántropos, a pesar de que se emperra en meterse con los de mi especie, pero el miedo que reflejan sus preciosos ojos y que creo percibir con claridad, me indican claramente de que está muy preocupada por mi bienestar y que debo presentar un aspecto realmente deplorable.

Mirándola con la ansiedad perfectamente visible en mis claros ojos, dejándome caer de nuevo sobre el cómodo asiento de su caro y exclusivo coche, incapaz de incorporarme del todo, tras haber lanzado esa pregunta interrumpida por el nudo en la garganta que se me ha formado ante la posibilidad de que sea tarde, de que la maldita rusa haya cumplido su promesa. Espero a que ella me responda, a que me de la terrible noticia u otra que consiga aliviar la ansiedad que ahora mismo recorre mi cansado cuerpo. Por desgracia, sus siguientes preguntas, y sobretodo la forma que tiene de mirar fuera del vehículo antes de formular su última pregunta en un tono tan sereno que me causa hasta desconcierto, me dejan bien claro que no sabe nada de ellos.

Jeg vet ikke, Winter – le respondo con un hilo ronco de voz, negando con mi cabeza mientras mis ojos vuelven a cerrarse – No lo sé… – repito en su idioma, notando como una nueva oleada de cansancio vuelve a apoderarse de mi cuerpo, haciendo que mi mente vuelva a caer en esa oscuridad propia de la inconsciencia y mi respiración se vuelva más pesada y relajada.  


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→ Martes, Julio 2018 → 20:35 → Bosques del Estado de Nueva York  → Luna nueva, despejado, fresco
Un frío tenebroso se había instalado en la parte inferior de su espalda y con cada palabra del lobo, éste ascendía por su cuerpo como lenguas de fuego helado. Tragó saliva, notando su garganta rasposa y seca. - De acuerdo.- Soltó la rubia sin preámbulo alguno, saliendo del coche y cerrando la puerta tras de sí. Los finos tacones aplastaron los granos de arena formando un molesto chirrío que desentonaba con la calma de la noche. Ocupó el asiento del conductor con una expresión fúnebre y de un rápido movimiento despertó a su maserati, que rugió con fuerza. Era consciente de que estaba corriendo a contrarreloj. Si había un ser de las sombras tras la familia de Einar poco podría hacer. Había llegado tarde a por él. Quien fuera habría tenido unos quince minutos de ventaja. - Mierda.- Maldijo en un susurro, presionando el acelerador como si su no-vida fuera en ello. La palabra había sonado extraña en sus labios, como si fuera algo ajeno. El automóvil surcó la oscuridad raudo, dejando tras de sí una estela de polvo. Los pequeños guijarros golpeaban los cristales en un constante tintineo.

Atrás quedaron los frondosos árboles que rápidamente fueron sustituidos por bloques de pisos, el aire fresco se tornó pesado y sucio, y las luces de las calles opacaron las lustrosas estrellas del firmamento. La irregular respiración de Einar era lo único que resonaba en el coche, pues la radio permanecía apagada con el fin de que la inspectora pudiera captar cualquier queja del licántropo. No lograba entender qué demonios estaba pasando y su cabeza maquinaba miles de hipótesis, cada una más escalofriante, sin embargo, no se iba a detener a pedir respuestas. Necesitaba encontrar a Jannike y a Dami ya, y ponerlos a salvo.

Giraron la esquina del edificio donde vivía la familia Sørensen y al llegar al portal, Winter paró en seco el coche. Sin esperar una reacción del licántropo, Winter se apeó del coche y cruzó la acera para presionar el interfono. Nadie respondió. - No, no, no.- Decía mientras seguía apretando el botón, negándose a que hubieran llegado tarde. Molesta por la impotencia optó por golpear la puerta con todas sus fuerzas, derribándola en medio de un horrible estruendo. Alzó la barbilla orgullosa, caminando sobre las astillas y los cristales hasta las escaleras. Subió los escalones de dos en dos, lo más veloz que pudo. Se paró en la puerta donde había dejado a Dami aquella vez, sólo que esta vez la hoja caoba estaba cerrada y no se oía ruido alguno a través de ella. Picó al timbre unas cuantas veces para asegurarse de que no estuvieran en casa y cuando estuvo segura de que allí no había alma alguna, procedió a forzar la cerradura.

Tal y como había supuesto no había rastro de Jannike ni del pequeño, lo que si le asombró es que la casa permanecía ordenada y sin símbolos de violencia. ¿Se habría confundido Einar? Sacudió la cabeza, negando. Dudaba mucho que el Vikingo perdiera el tiro. ¿Habrían salido voluntariamente? Winter salió disparada, dando un portazo que hizo crujir la pared. Casi sin darse cuenta, volvía a estar en el asiento trasero lanzándose sobre el rubio. - EINAR, DESPIERTA.- Lo agarró por los hombros y lo sacudió con energía. - NO ESTÁN EN EL PISO. EINAR REACCIONA, POR FAVOR.


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→ Martes, Julio 2018 → 20:35 → Bosques del Estado de Nueva York  → Luna nueva, despejado, fresco

Corro, corro como un poseso, como quien sabe que toda su vida depende de esa carrera. Una carrera que no parece tener fin, que por más que lo intento no logro llegar a mi destino, un destino que está tan cerca, pero tan lejos a la vez, pues ella, la vampiresa cabellos rojizos siempre está unos escasos metros delante de mí. Su sonrisa burlona no deja de atormentarme mientras noto el sudor recorrer todo mi cuerpo. Su cuerpo, el cual flota a escasos centímetros por encima del suelo, va avanzando de espaldas, a saltos, aumentando así la humillación que me está haciendo sufrir. Es entonces cuando, de repente, el suelo bajo mis pies se torna fangoso, provocando que mis pies se hundan cada vez más y más en el fango, frenando mi carrera mientras ella se va alejando, haciéndome lanzar un grito de rabia, de impotencia.

Al momento, su voz le eleva por todo el cielo, inundándolo todo, esparciéndose por el cielo grisáceo que todo lo cubre, siendo el único sonido audible en medio de la adoquinada calle por la que voy corriendo, incapaz de alcanzarla. - Sería una lástima que algo les pasara… A tu familia… Hace días conocí a tu hermana y tu sobrino… Son encantadores. Sé exactamente donde encontrarlos y creéme, yo no tendré remordimientos absurdos como tu cuando acabe con sus vidas -. Su amenaza, aquella que profirió mientras me obligaba a luchar por mi vida en aquellas malditas peleas resuena con fuerza en mi mente, haciendo que la desesperación se apodere de mi, que me obligue a levantarme, a caminar de nuevo hacia la maldita plaza rodeada por las imponentes murallas del viejo Kremlin, encontrándome con mi siguiente enemigo, una enorme hada del tamaño del Empire State Building. Jadeando, incapaz de seguir luchando, exhausto por todos los combates anteriores, miro derrotado a mi enemigo, mientras en una de las ventanas de la catedral de San Basilio, la zorra pelirroja se dedica a espiar a mi sobrino y a mi hermana, abriendo lentamente el cristal, colándose en su interior, haciéndome gritar de desesperación, aullar de rabia por no poder impedir que se alimente, que los mate ante mi mirada
.

El sonido de una voz diferente pronunciando mi nombre, gritándolo, mientras algo sacude mi cuerpo con energía, hace que me obligue a mis párpados a abrirse, al tiempo que intento levantar mis brazos para atacar al ser que me está impidiendo llegar hasta la puta vampiresa rusa. Por desgracia, estoy tan aturdido que no soy capaz más que levantar uno de ellos a media altura mientras lucho por enfocar el rostro que tengo delante, aquel rostro que está articulando mi nombre y del que surge una petición que jamás creí oír salir de esos labios.

Forzándome a recordar lo que está pasando cierro con fuerza mis ojos y aprieto las mandíbulas hasta que mis dientes chirrían, sintiendo como la adrenalina vuelve a estallar con fuerza en mi cuerpo al recordar la amenaza de la vampiresa, al recordar el motivo de mi huida desesperada de su cabaña, al recordar el por qué debo aguantar y luchar contra el atontamiento provocado por sus malditas pociones. – Win… ¿Winter? – consigo decirle con voz temblorosa, centrando finalmente mi mirada en ella y dejando atrás las agitadas pesadillas que me han estado atormentando los últimos momentos.

En cuanto vuelvo a mirarla a los ojos, el miedo, al urgencia que embarga su bello rostro hace que el terror a haber llegado demasiado tarde se apodere de todo mi ser, atenazando mi corazón ante la desesperación de haberlos perdido a ellos también para siempre, obligándome a luchar por volver a lograr el control sobre mi maltrecho cuerpo, a incorporarme a pesar de notar el cuerpo de la rubia sobre el mío, siento la necesidad desesperante de salir del vehículo y encontrar a mi hermana y sobrino.


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Tras unos zarandeos más, el lobo pareció reaccionar. Una ola de alivio la inundó y tras unos segundos en los que él prácticamente la arrolló, Winter decidió quitarse de encima suyo en un arriesgado salto hacia atrás con el que creía que se bajaría del automóvil con suma elegancia. Obviamente, las cosas no siempre salen como uno quiere y lo que acabo pasando fue muy diferente a lo que ella había planeado. Lo que pasó es que sí que consiguió apearse del coche, pero no sin antes darse un buen golpe en la parte trasera de la cabeza con el umbral de la puerta.

El quejido de dolor no sé hizo esperar y la inspectora enredó sus manos entre las hebras doradas un intento desesperado de mitigar el dolor. Le echó un rápido vistazo al apuesto rostro de Einar, corroborando que ya había recuperado algo de color. Menos mal, porque no estaba segura de poder soportar otra muerte. - Tenemos que buscarlos, Vikingo.- Aconsejó enderezándose y ofreciéndole una mano para ayudarlo a levantarse. No sabía si necesitaba ayuda o no, pero tan sólo de recordar su apariencia minutos antes le acongojaba. - ¿Dónde crees que pueden estar? ¿Podrías rastrearlos?

Una cálida brisa meció las ramas de los árboles, creando vaivenes y danzas hipnóticas con las hojas. Winter cerró los ojos, alzó el rostro y aspiró el aire profundamente. Miles de aromas llegaron a ella, desde toxicidad que emanaba de los tubos de escape, el olor a sangre de lobo, la humedad de la hierba, hasta la fragancia floral de algún parque cercano.


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Det er for vanskelig å be om hjelp [Winter J. White]
→ Martes, Julio 2018 → 20:35 → Bosques del Estado de Nueva York  → Luna nueva, despejado, fresco

Desesperación, esa sensación que te atenaza todo el cuerpo, no solo el corazón, sino cada una de tus células haciendo que la necesidad de hacer algo, de estallar, de dejar que todo salga de tu interior, te obligue a moverte o a quedarte quieto para siempre. Y ahora, lo que mi mente me dicta, lo que todas mis células claman al cielo, haciendo que por primera vez en mucho tiempo, hombre y lobo se pongan de acuerdo, es en obligar a mi cuerpo a reaccionar, a luchar con todas mis fuerzas contra el estado de atontamiento, de entumecimiento que las jodidas pócimas de la bruja me están provocando, habiéndome mantenido en un estado de letargo durante no sé cuánto tiempo.

En cuanto el ángel caído de nívea piel se retira de encima mío, no sin proferir un quejido doloroso por algo que no soy capaz de comprender, permitiéndome mover mi cansado cuerpo con libertad, obligo a mis pesados miembros a obedecerme, consiguiéndome elevar lo suficiente como para aceptar la gélida mano que se ofrece a ayudarme.

Nada más apearme de su vehículo, siento mi cabeza dar mil vueltas, como si estuviera bajo los efectos del alcohol, apoyando mis manos sobre la carrocería del deportivo para evitar desplomarme al suelo como un patético saco de huesos. Esforzándome al máximo por centrar mi vista en ella, por eliminar la maldita niebla que empaña mi visión, veo sus labios moverse, decir algo que, en mi estado actual me cuesta entender, puesto que mi único pensamiento es en encontrar a mi querida familia, y mi cerebro se niega a perder un valioso tiempo en nada que no sea eso, evitando así incluso el traducir las palabras usadas en un idioma que me es tan familiar como el conducir pero que ahora mismo se me antoja algo extraño y sin sentido.

Al momento el aire cálido consigue que realmente crea que estoy a las puertas del mismísimo infierno, por lo que apartándome del automóvil, ignorando a la única persona que puede ayudarme ahora mismo, comienzo a intentar correr hacia la puerta del edificio en el que vivo junto a ellos. Una carrera realmente penosa en la que mi cuerpo adopta una dirección oblicua a la que mi mente le ordena, provocándome un doloroso encontronazo con el marco de la puerta del edificio y mi hombro. Soltando un gruñido de protesta y apoyándome en la puerta, impido que mi cuerpo caiga, aunque la visión de la destrozada puerta no hace sino que aumente sobremanera la sensación de pánico, de desesperación ante lo que puede que encuentre en lo que considero mi hogar.

Soltando otro gruñido, me aparto del marco de la puerta, digiriéndome tambaleante pero con rapidez hacia las escaleras, incapaz de tener la paciencia necesaria para esperar al ascensor. A trompicones, cayendo continuamente al suelo al tropezar una y otra vez con los escalones, consigo ir subiendo las escaleras, planta tras planta, mientras la rabia por no poder avanzar más rápido y la angustia por no llegar a tiempo me impulsan a seguir avanzando paso a paso.

En lo que se me antoja una eternidad, consigo llegar hasta el rellano, avanzando apoyándome con una mano en la pared, hasta alcanzar la puerta de nuestro hogar para encontrarme con la cerradura forzada - ”¡No!, por favor… ¡Otra vez no!" – pienso desesperado, aterrorizado ante la visión de la cerradura, sintiendo como los recuerdos de aquella fatídica madrugada, tras mi primera luna llena, acuden claros a mi mente. Bramando como una auténtica bestia los nombres de mi sobrino y hermana irrumpo en nuestro apartamento, sintiendo como las lágrimas de desesperación comienzan a derramarse por mi cansado rostro, aumentando según mis gritos son respondidos por el mortal silencio, y estancia tras estancia se encuentran tan vacías de vida como un cementerio.

Finalmente, completamente exhausto y con el sentimiento de pérdida en mi mente, me dejo caer de rodillas, ignorando el dolor que eso me provoca, mientras elevo mi rostro cubierto de lágrimas al cielo, notando como hasta el lobo siente la desesperación, como en su interior se iniciar un aullido, un aullido que se va abriendo paso a través de él, un aullido que abandona mi lobo para llegar al humano, un aullido que brota de lo más profundo de mi ser para abrirse paso por todo mi cuerpo hasta alcanzar mi garganta y abandonar mi cuerpo, elevándose triste, dolido, abatido por el comedor de nuestro apartamento, prolongándose en el tiempo mientras abandona cual pájaro libre la cárcel del apartamento, desplazándose llevado por la cálida brisa por la ciudad, arrancando al unísono la respuesta de perros, los cuales se unen a ese aullido de profunda pena llenando la tranquila noche de este apacible barrio neoyorquino del lamento de todos los canes de la zona.





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Einar Sørensen
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Hijo/a de
la Luna

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→ Martes, Julio 2018 → 20:35 → Bosques del Estado de Nueva York  → Luna nueva, despejado, fresco
Sin el cuerpo de la vampiresa como barrera, Einar salió del vehículo presa del pánico. La inspectora se quedó petrificada, en parte porque no sabía si era muy prudente tocar a un licántropo en semejante estado de angustia. Los hijos de la luna se caracterizaban por ser bastante temperamentales y peligrosos cuando las emociones les sobrepasaban, así que ahora lo que necesitaban era que alguno de los dos se mantuviera con la cabeza fría. Obviamente, Winter temía por la vida de los dos inocente pero no era su familia, así que no sufría el factor que atormentaba a Einar.

Mientras aspiraba la brisa cálida en un intento de hallar cualquier pista, un olor se hizo presente. Era el olor del suavizante de la ropa que solía usar Jannike. Abrió los ojos dispuesta a avisar al rubio, sin embargo, éste ya se hallaba subiendo las escaleras como si la vida le fuera en ello. El aroma se hizo más fuerte y sin dudarlo, Winter se lanzó a la búsqueda del tesoro. Los encontró a dos manzanas, Jannike hablaba alegre con una vecina y Damian aferraba la mano de su madre con una clara expresión de aburrimiento. El rostro del pequeño se iluminó en cuanto distinguió la silueta de la inspectora y comenzó a chillar alegre para que la buena mujer lo soltara y poder acercarse a la rubia.

- ¡Detective D!- Exclamó cogiéndolo en brazos cuando él se tiró sobre ella. Le plantó un beso en la mejilla antes de acercarse a la hermana de su amigo. - Janikke, siento interrumpirte pero tienes que venir conmigo.- Seguramente fue la sombría alarma que vio reflejada en su cara la que hizo que asintiera un par de veces con la cabeza y se despidiese de su amiga. - ¿Es por mi hermano, verdad?- Preguntó con los ojos cristalinos. - ¿Qué le ha pasado?- La mujer prácticamente corría tras la inmortal, quien portaba en brazos al pequeño.

- Jannike, cierra el coche con seguro y no abras a menos que sea yo quien te lo diga. Si alguien sospechoso se acerca, tú arranca y vete. El gps te indicará el camino a mi casa, cuando llegues dile a la ama de llaves que vienes de parte de la Niña White. Ella sabrá que hacer. - Y dicho esto metió al crío en el asiento del copiloto. - Vamos que no hay tiempo.- La humana se subió al asiento del piloto con duda y miedo. No entendía nada, ¿qué estaba pasando? - La llave.- Dijo la policía tirándole la llave en el regazo y cerrando la puerta con fuerza.

Llegar hasta el piso no fue difícil y mucho menos si hacía uso de la velocidad vampírica. La puerta estaba abierta y los sollozos de Einar resaltaban entre toda la calma. Un aullido culminó la situación y la inspectora decidió que ya tenía suficiente. Caminó hasta el lobo, que estaba de rodillas, y sin ninguna clase de pudor rodeó sus hombros para sumergir su rostro en la fina tela negra del vestido que cubría el abdomen Winter. Tenía dos objetivos, uno era calmar al hombre y el otro era que hallase el olor de su sobrino en el vestido. - Exacto, he encontrado al par de dos. Ahora están en mi coche así que, nos vamos.- Dijo soltándolo suavemente y chasqueando los dedos. - Mi casa tiene salvaguardas hechas por brujos, allí estarán a salvo.


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→ Martes, Julio 2018 → 20:35 → Bosques del Estado de Nueva York  → Luna nueva, despejado, fresco

En cuanto el último aliento, ese que ha dado vida al largo y triste aullido, abandona finalmente mis pulmones, con los ojos cargados de lágrimas, las cuales no dejan de abandonarlos, dibujando sendos ríos salados que se pierden en el bosque de mi barba, dirijo mi mirada al suelo del que consideraba mi hogar, mi cubil, un sitio que había luchado por todos los medios para mantener lejos de la oscuridad que no deja de perseguirme y que finalmente había sido mancillado por mi culpa.

Como si de un broma cruel del destino se tratase, parecía que la historia volvía a repetirse de nuevo, que volvía sentir en mis propias carnes el dolor, la desesperación y la rabia surgidas por la muerte de una mujer a la que amo con locura y de su retoño, el que tanto me ayudó a superar mi primera pérdida y que ahora se ha convertido en otra más a mis espaldas. - ”¿Por qué? ¡Hice lo que me pediste…! , ¡Gané aquellas malditas peleas por ti!, ¡Maté por ti!, pero no era suficiente ¿verdad zorra?, querías destrozarme, humillarme aún más y provocarme más dolor del que pudiera soportar… por eso te los has llevado, por eso has cumplido tu promesa de matarlos y no matarme a mi, para condenarme a seguir existiendo en este mundo de tinieblas…" – pienso mientras el sonido de la entrada de alguien al apartamento, un inconfundible repiqueteo de tacones femeninos sobre el parqué de madera, me llega claramente a pesar de mis sollozos incontrolables.

Sin importar que la maldita sanguijuela pelirroja me encuentre en el lamentable estado en el que estoy ahora mismo, sabiendo que quizás haya regresado para burlarse de mi, o con suerte, para terminar de una vez por todas con mi condenada existencia en este maldito mundo, mantengo mi cabeza baja, mientras dejo caer mis brazos a los lados del cuerpo, aceptando la derrota, negándome a luchar más, a levantar un solo brazo para detenerla en caso de que quiera eliminarme. Sin embargo, pronto el olor que finalmente penetra en mi humedecida nariz, no es el otro que el inconfundible olor a rosas salvajes que define a otra sanguijuela, otra que, por extraño y aberrante que pueda parecer, considero una gran amiga.

Pronto, noto sus gélidas manos rodear mis hombros y atraerme hacia ella, cosa que le permito hacer sin mostrar la más mínima resistencia, sintiendo la agradable caricia de la suave tela de su vestido en mi rostro, sintiéndome como hace años que no me siento, consolado. Durante unos escasos segundos, casi soy capaz de oír el sonido de mi amada Ana consolándome como solía hacer cada vez que regresaba a nuestra casa moscovita dolorido y maltrecho por algún problema del trabajo. Es entonces, cuando un olor peculiar, el olor del pequeño Damián inunda mis fosas nasales.

En cuanto lo huelo, no puedo evitar que mi corazón se acelere al momento - ”Sí… huele a él… es reciente… muy reciente… pero ¿cómo? ¿a caso ella lo ha…?" – pienso según voy olfateando el vestido sin retirar mi rostro del duro y fuerte abdomen de la rubia - ”¿Pero ella…?, Ella no sería capaz de hacerle daño al pequeño… ¿verdad?" – mi cerebro comienza dar vueltas a todas las posibilidades, al tiempo que mis puños se cierran y el lobo ya planea el primer golpe destinado a atacar a la vampiresa, a derribarla con rapidez de un fuerte cabezazo para luego poder destrozarla con las garras y los colmillos - ”¡Por todos los dioses, maldito imbécil!, ¡Es Winter joder!, ¡Ella jamás dañaría a Damián!" – me recrimino al ser consciente de que mi cuerpo se estaba preparando ya para el ataque hacia la que es, sin lugar a dudas, un amiga no una jodida enemiga.

Su voz, la cual me parece que tiene un ligero tono cariñoso, confortable, aunque quizás solo sea una mala interpretación por mi parte, unida a la suavidad con la que me libera de su abrazo, me ayudan a obligar a mi cuerpo a relajarse, a recuperar nuevamente el control a pesar del persistente mareo que se niega a abandonar mi cuerpo. Por lo que no tardo en elevar mi llorosa mirada hacia ella, sabiendo que son contadas las personas que me han visto en esta situación pues hace mucho tiempo que aprendí a ocultar mi dolor, a no dejar que nadie me vea derrotado ni mucho menos llorar. Pero con ella, simplemente no me importa.

Escuchando atentamente sus palabras, obligo a mis piernas a moverse, a levantar mi pesado del cuerpo del suelo, afirmando con mi cabeza a su comentario sobre marcharnos. Tragándome el poco orgullo que pueda quedarme ante sus ojos, paso mi brazo por encima de sus hombros, apoyándome en ella para bajar hasta la calle, sintiendo como la frialdad de su cuerpo me ayuda a despejarme ligeramente, a recuperar un mínimo el control de mis extremidades y poder caminar más o menos bien hasta salir del edificio.

Una vez fuera, no puedo evitar soltar un fuerte suspiro de alivio al ver a mi hermana y sobrino en el interior del coche de la agente de policía, el mismo alivio y alegría que parece reflejarse en la mirada de ella, quien no tarda ni un momento en bajarse del coche y abrazarme con fuerza - Hvor var du dum?!!! – me pregunta con la voz cargada de preocupación a la vez que se aparta de mi para dedicarme una mirada reprobatoria - ¡Me tenías muy preocupada!, ¡Cinco malditos días sin aparecer por casa!, ¿Es que andas metido esta vez Einar Ó Coileáin? – termina gritándome, usando el apellido del que renegué hace tantos años y que automáticamente me sienta como una patada en la entrepierna  – Jeg… Jeg var… Jeg…. Jeg beklager… – intento disculparme tartamudeando, sabiendo que no puedo explicarle la verdad porque no lo entendería jamás - Hold munn!!!, no, no quiero excusas Einar, quiero la verdad – me exige cruzándose de brazos y clavando su clara mirada en la mía, haciéndome ver que esta vez no va a dejarlo pasar.

Sabiéndome incapaz de pensar con claridad, encontrándome superado por las emociones y cada vez más cansado, no puedo hacer más que dejar caer casi todo mi peso sobre Winter, quien estoy seguro que será capaz de cargar conmigo en caso necesario - Vær så snill Jannike… – le ruego en un susurro apartando mi mirada de ella - Estoy cansado… ahora no… por favor Jannike… solo… deja que Winter nos lleve – añado cansado, avanzando hasta el coche permitiendo que sea mi hermana quien abra la puerta trasera y pueda sentarme por fin en su interior – ¡Tito Einar!, ¡Tito Einar!, ¿Dónde estabas? Mamá estaba muy preocupada, ¡pero no me dejaba ir a buscarte!, ¿por qué te fuiste? - las preguntas de mi sobrino me bombardean sin piedad mientras mi hermana se sienta a mi lado notando, ahora sí, el cálido y agradable abrazo de mi hermana, dejándome apoyar mi cabeza sobre su hombro y cerrar por fin los ojos mientras la clara voz de mi sobrino no deja de hacer las mismas preguntas que mi hermana.


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Einar Sørensen
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→ Martes, Julio 2018 → 20:35 → Bosques del Estado de Nueva York  → Luna nueva, despejado, fresco
Winter hacia tiempo que no tenía familia. Al menos una extensa, claro está. Tenía a su hermana y su madre a ratos. Hubo un tiempo en el que lo había tenido todo: padres, hermana, abuelos y primos, pero todo aquello se había desplomado con la facilidad con la que un castillo de naipes se desmorona ante la primera ráfaga de aire. Era injusto culpar a su padre pues él no la forzó a tomar la decisión de marcharse de casa, sin embargo, fue quien puso las condiciones. "Si quieres ser policía será lejos de esta familia". Fueron sus palabras exactas, las que quedaron grabadas en su cabeza hasta años después. Su madre no dijo nada, a pesar de que ella buscó varias veces su apoyo con la mirada. Ella también había elegido, había elegido a la familia que no la incluía a ella. Winter supo entonces de que material estaban hechos sus padres y sin pensárselo ni un segundo más había salido de sus vidas para no volver nunca más. No por su propio pie, por supuesto. Ni siquiera estuvo autorizada a asistir al entierro de la única mujer a la que ella había querido como a una verdadera madre, su abuela Marjorie. Por esa razón, por más que su madre ahora tratara ganarse su perdón ella no podía dárselo. Porque en el fondo la odiaba. La odiaba más que al papanatas de su padre, porque Scarlett la había dado a luz, la había criado y convivido con ella por veintiún años. Ella mejor que nadie debería haber entendido lo importante que es ver a una hija feliz. Tendría que haberle plantado cara a William, dejándole claro que ella apoyaría a su primogénita con o sin él.

Sin embargo, ahora todo eso carecía de sentido.

De nada serviría lamentarse por lo qué pudo haber sido diferente, pues el pasado ya estaba escrito. No podía ser cambiado. Pero lo que sí podía hacer era ayudar a los Sørensen a sobrevivir, a seguir siendo eso mismo: una familia. Cuando el licántropo pasó su fuerte brazo por los níveos hombros de Winter, pudo percibir un ligero aroma a hierbas aromáticas que le recordó a las coloridas pociones Eleonora Edevane. No obstante, las que ella solía preparar eran agradables y de procedencia floral. Esto parecía ser otro tipo de mejunje, uno que mezclado con la sangre de licántropo desprendía un olor nauseabundo. Y aunque quiso preguntarle a Einar dónde y con quién había estado, decidió morderse la lengua y aguardar al momento propicio. Bajaron las escaleras con cuidado, procurando no manchar las paredes de sangre y mugre. -¡Jo, Einar! ¡Necesitas un buen baño ya!- Musitó tras ojear el maltrecho cuerpo del lobo. Y un buen vendado. pensó. Al llegar junto al coche, Jannike se apeó como un resorte lanzándose sobre su hermano al borde de la histeria. La inmortal se mantuvo allí, sosteniendo al hijo de la luna pero sin mirar hacia ellos en un intento de darles cierta privacidad. - Sí, Einar tiene razón. Luego podréis hablarlo.- Fue su única aportación y debido a que su nombre salió a colación. Con el máximo cuidado que una hija de la noche neófita puede tener colocó al rubio en los sillones traseros, que a partir de esa tarde seguramente apestarían a chucho por siempre jamás, y caminó hasta el asiento del conductor. En dos minutos se encontraba surcando el tráfico de Nueva York en dirección al Upper East Side.

El automóvil se detuvo justo en frente de la que antaño fuera la majestuosa residencia de la ancestral familia White. De la marmórea casa que Arcturus Cordelius White hubiera diseñado tan sólo quedaba la parte central, que había comprendido la entrada principal y las salas comunes, el resto habían perecido bajo los azotes de la modernidad  y sus odiosos ladrillos rojizos cuando fueron vendidas por Donovan Edmond White. - Pues ya hemos llegado.- Winter sacó las llaves del contacto y se dispuso a bajar del vehículo. Damián se limitó a dar un salto y cerrar la portezuela tras él de un empujón. La inspectora caminó con aires resueltos hasta el asiento de Einar para ayudarlo a caminar hasta la vivienda. Tras cerrar el seguro del coche, los cuatro caminaron hasta las escaleras que ascendían a la ornamentada puerta. La hoja de madera se abrió antes de que ella siquiera presionara el timbre, revelando a una mujer ya entrada en los cincuenta con el cabello completamente blanco. Su rostro era anguloso y sus ojos de color pistacho estaban llenos de bondad. Lucía un vestido azul marino con un delantal blanco manchado de mermelada de melocotón. - ¡Niña Winter!- Exclamó asustada llevando una mano hasta sus labios pintados de coral. Toda ella rezumaba humanidad, al igual que Jannike y Dami. - Pasen, pasen.- Los animó la buena mujer apartándose de la puerta para dejarles pasar. Winter sintió como las salvaguardas vibraban, reajustándose para acoger a los recién llegados. Nana Lynn, cómo solía llamarla Winter, guió a los invitados hasta el salón familiar y les convidó a sentarse entre los mullidos cojines.

- ¿En qué puedo ayudar, pequeña Winnie?- Preguntó Lynn cuando la inspectora pasó a su lado todavía cargando al licántropo. Toda ella parecía el paradigma de la corrección y de los buenos modales a excepción de esa tendencia que tenía de tratar a la hija de su jefa como si siguiera teniendo 6 años. - ¿Podría preparar la bañera del cuarto de invitados?- La mujer asintió quedamente antes de marchar de la sala. - Vikingo, las heridas ya se han cerrado, así que el baño no debería suponer un inconveniente. Luego podemos aplicarte un poco de un ungüento que tengo para desinfectar y ayudar a la cicatrización.- Se pasó una mano por el cabello, peinando hacia atrás las doradas hebras en un gesto exhausto. Aún siendo hija de la noche, su rostro parecía terriblemente cansado, aunque se podía apreciar a leguas a que se debía más a una cuestión anímica que física.


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Todo esto se me había ido de las putas manos, la había cagado bien cagada, pese a no haber sido culpa mía. Yo sólo estaba tomándome un respiro en un bar, disfrutando de una copa en un local relativamente tranquilo, ¿a caso era culpa mía de haber caído en su jodida trampa?. Pero por lo visto yo era su maldito objetivo desde hacía ya tiempo y ahora me veía incapaz de hacer nada al respecto. - ”¡Todo está mal, joder!, Esto no tenía que ser así maldita sea, ¡se supone que soy yo quien los tiene que proteger a ellos y no al revés!" – pienso cabreado mientras noto la suave caricia de la mano de mi hermana en mi cabeza, acunándome como si fuera su hijo mientras el ruido de mi alrededor me indica que estamos avanzando por las calles de la Gran Manzana en dirección a la casa de Winter.

No me veía capaz de abrir los ojos, y no solo por el puto cansancio que me mantenía en esta mierda de estado deplorable, sino porque no podría soportar el ver la mirada de mi hermana. Le prometí a mi madre que cuidaría de ambas cuando abandonamos al cabrón de mi padre e hice todo lo que pude, consiguiendo que mi hermana fuera adoptada por una familia americana, quien se encargó de ella, dándole la vida que se merecía, mientras que yo permanecía junto a mi enferma madre, siendo testigo impotente de su deterioro físico, de cómo su cuerpo iba mermando hasta que la muerte la reclamó definitivamente. - ”¡Joder!, yo soy mayor que ella, yo debería estar acunando a mi hermana y no al revés" – me repito mentalmente, sintiendo la ira y sobretodo el peso del sentimiento de decepción sobre mis hombros, haciendo que el cansancio físico se haga más intenso más insoportable.

Cuando finalmente el vehículo se detiene no me queda más remedio que tragarme el poco orgullo que me queda y permitir que la rubia me ayude a apearme de su caro automóvil. La sensación de derrota, de haber fracasado, de vergüenza ante mi hermana, hace que mantenga la mirada baja, incapaz de cruzarla con ella mientras tembloroso paso a tembloroso paso voy acercándome al que va a ser nuestro escondite durante no sé cuánto tiempo. De haber estado en mejor forma y humor, seguramente habría hecho más de un comentario burlón sobre la mansión de los White, y más en cuanto escucho a quien parecer ser el ama de llaves llamar niña a la vampiresa, puesto que ya es mayorcita para que la llamen así. Pero para ser sinceros ya me costaba la vida dar un paso como para ponerme a pensar en tonterías. Lo que sí que noté a la perfección fue el fuerte olor a la vampiresa en toda la casa, haciendo que mi lobo gruñera molesto por tener que ocultarse en la guarida de una jodida hija de la noche - ”Esto sí que es caer bajo… tener que esconderte como un maldito perro cobarde en la casa del enemigo… es como si un perro se escondiera en la caseta del gato de la familia… realmente eres patético" – el pensamiento me llega claro mientras traspaso el umbral de la puerta sintiendo como mis pelos se erizan ante el fuerte olor a sanguijuela.

Después de admirar el limpísimo suelo del hogar de quien se había convertido en una buena amiga, dando así al traste con la típica idea de la rivalidad mortal entre vampiros y licántropos, pues en ningún momento me atreví a alzar la mirada, escucho las palabras de la niñera - ”¿Winnie?... joder… este mote lo tengo que usar… Winnie Vinnie… sí… definitivamente me recuerda a un osito de peluche…" – las cuales provocan este increíble pensamiento burlón en mi cabeza que no deja de sorprenderme, y que logra que mis labios esbocen una ligera sonrisa traviesa en mis labios, la cual no se borra ni cuando elevo, ahora sí, mi rostro para mirar a la agente a la cara, sabiendo que el contraste de mi expresión cansada y hundida con esa sonrisita debe desentonar bastante, para encontrarme que ella también presenta una expresión de cansancio en su rostro que jamás antes había visto.

- Muchas gracias señorita White por su amabilidad y hospitalidad, pero quisiera molestarla en su propio hogar, y más aún sin saber el motivo por el que hemos venido aquí – la voz de mi hermana provoca que baje de nuevo la mirada al suelo y la sonrisa mude a otra más tensa, más triste - Creo que lo suyo sería llevar al imbécil de mi hermano al hospital para que le curen las heridas antes de que termine de matarlo yo con mis propias manos – añade en un tono que cada vez se vuelve más duro, más alto y agresivo - ¿Qué narices has hecho esta vez Einar?, ¡¿Es que has vuelto a meterte en follones?! – estalla presa de los nervios, del histerismo, plantándose delante de mi ante la mirada sorprendida del pequeño, quien corre hacia un rincón en donde se tapa las manos con los oídos, como queriendo evitar escuchar las acusaciones de su madre, unas acusaciones cargadas de verdad que son como puñaladas directas en mi corazón - ¡¿Es que quieres que le hagan daño a Damián?!, ¡No te has parado a pensar, ni una sola vez en las consecuencias de tus actos!, Einar por el amor de nuestra madre, ¿¡Qué demonios te pasa?!, ¿Cómo nos has podido hacer esto a nosotros? – pese al cansancio que siento, sus palabras provocan que la ira de mi lobo estalle en mi interior, haciendo que un gruñido de advertencia brote de mis labios mientras todo mi cuerpo se tensa, dispuesto a atacar al momento - Perdona por no haber muerto – mascullo entre dientes, llevado por la rabia, usando el inglés y no nuestro noruego materno para hacerle entender el daño y el cabreo que me ha provocado con sus palabras. Arrepintiéndome al momento de haber soltado semejantes palabras a mi hermana, la cual responde dándome una sonora torta en la cara con su mano abierta - Du er en idiot! – me insulta seguidamente para dejarse caer en el sofá y estallar en lágrimas, unas lágrimas provocadas por los nervios de la situación que han terminado por adueñarse de ella, haciendo que el dolor por verla así quede reflejado en mi rostro, mientras bajo nuevamente la cabeza, deseando haber muerto en los combates y no haber puesto en peligro de esa forma a mi familia, sabiendo que lo más sensato que puedo hacer ahora es marcharme, irme lo más lejos posible de ellos para intentar protegerlos - ”Da igual lo mucho que te alejes de ellos, ella sabe quienes son y donde viven, y mientras ella siga con vida, ellos estarán en peligro" – pienso fríamente, incapaz ahora mismo de articular una disculpa a mi hermana por mis últimas y poco acertadas palabras.


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Hijo/a de
la Luna

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It's too hard to ask for help.
→ Martes, Julio 2018 → 20:35 → Bosques del Estado de Nueva York  → Luna nueva, despejado, fresco
Cuando pensó que la situación no se podría tornar más agotadora, Jannike se levantó del sofá hecha una fiera. En tan sólo un par de minutos el salón fue inundado por reproches y gritos que provocaron que el pequeño Damián saliera corriendo al lugar más alejado en un intento de escapar de aquella pesadilla. Sintió como su corazón le pedía ir tras él para confortarlo y asegurarle que todo iba a estar bien, sin embargo, si ella soltaba a Einar éste se vendría abajo. Y no sólo por las heridas sino por su precario estado anímico. Estaba claro que ver la situación en la que había metido a su familia lo desalentaba, pero ella estaba allí ¿no? Lo estaba ayudando, y hacía todo lo que podía.

- No siempre es así...- Dijo llamando la atención de la buena mujer que sollozaba de nuevo en el sofá. Winter también estaba cabizbaja y apretaba el puño que no rodeaba al lobo. - En 2016, un mes antes del atentado de Times Square, mi hermana pequeña fue torturada por un tipo. Quemó varias partes de su cuerpo con un hierro al rojo vivo. Te puedo asegurar Jannike, que yo lo único que había hecho fue no dejar que ese tipo me violara la noche anterior.- La confusión residía en los ojos de Jannike pero no dijo nada, la rubia supuso que esperaba el fin del relato. - Con esto te quiero decir... que hay personas malvadas que no necesitan que les des motivo. No me quiero meter en temas familiares pero... creo que todos tenemos fantasmas de nuestro pasado, sólo que unos son tangibles que otros.

Trató de tranquilizarse, de deshacer el nudo que compungía su pecho. - Podéis estar aquí el tiempo que necesitéis, no sois molestia.- Tragó saliva, antes de hablar de nuevo. - Hay dos habitaciones de invitados y un sofá cama en mi despacho. Así que espacio no falta. - Jannike abrió la boca para decir algo, pero la cerró inmediatamente. Sus hombros estaban gachos, ya no quedaba nada de aquellos ademanes orgullosos ahora era solamente una madre de familia preocupada por su hija y por su hermano. - Tengo un escarabajo azul que hace un par de años que apenas utilizo, te lo puedo dejar para que vayas al trabajo. Pero antes de anochecer deberéis estar en la casa, ambos.- Winter no podía hacerse una idea de lo confuso que debía ser la situación para alguien sin la Visión y totalmente ajeno al mundo de las sombras. - Pero... ¿Y nuestra ropa?- Preguntó la humana con la voz rasposa que otorga el llanto. - Mañana yo os acompañaré a por las cosas que necesitéis. Ahora, acompañaré a Einar arriba y Lynn os servirá té de frambuesa y pastitas de hojaldre y melocotón.- Y si dar tiempo a protestas, arrastró al licántropo hasta las escaleras. ¿Cómo las iban a subir? Pues con mucho esfuerzo, seguro que resultaba todo un espectáculo.

Con esfuerzo llegaron hasta la primera planta y recorrieron el pasillo. La segunda puerta de la derecha estaba abierta, dejando entrever una amplio dormitorio blanco con los muebles de madera oscura y varios acolchados en color añil. - ¿Sabes qué tipo de sustancia te han dado?- Susurró justo en el momento en que Lynn salió del baño privado. Tras dedicarle una mirada preocupada, fue nuevamente a la planta de abajo. - ¿Necesitas que llame a un brujo?- Sabía a ciencia cierta que podía contar con Calem McLean, que él la ayudaría aunque luego le echase la bronca del siglo.- Mi amigo Calmy es de fiar y jamás me falla. - Explicó internándose en el baño, sentando al lobo sobre la tapa del inodoro. El vapor volaba por la estancia cual niebla nocturna. - ¿Te puedes meter tú en la bañera?- La pregunta flotó entre los dos mientras rezaba que él le dijera que sí, porque los dioses nórdicos se apiadaran de ella si tenía que ayudarlo a bañarse.  


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Det er for vanskelig å be om hjelp [Winter J. White]
→ Martes, Julio 2018 → 20:35 → Bosques del Estado de Nueva York  → Luna nueva, despejado, fresco

La voz de Winter penetra en mi embotado cerebro consiguiendo abrirse paso entre las oleadas de reproches y desaliento que no dejan de azotarlo, hundiéndome cada vez más en el sombrío y frío camino de la depresión. Siguiendo sin ser capaz de levantar la mirada del suelo, por miedo a encontrarme con la de mi hermana, y sabiendo perfectamente que debería ir a su lado, que debería consolarla como hermano de ella que soy, pero sin atreverme a dar un solo paso por miedo a perder el equilibrio, lucho por centrar mi atención en las palabras de la vampiresa, unas palabras que según van explicándose provocan que mi piel se erice y que la sorpresa ante su confesión, una confesión realmente privada que yo habría sido incapaz de expresar públicamente ante unos desconocidos, se abra pasa en mi mente imponiéndose a cualquier otro pensamiento, convirtiendo milagrosamente en un pequeño freno a mi caída hacia el vacío.

Según va hablando mi mente decide volver a aquellos acontecimientos de hace un par de años, cuando el centro de la ciudad se convirtió en un auténtico campo de batalla entre subterráneos. El caprichoso destino quiso que yo no me encontrase en la ciudad aquel día, puesto que había salido a realizar una de mis escapadas moteras por las majestuosas Adirondacks, pero por todos los dioses ancestrales de mis antepasados que regresé rebasando cualquier límite de velocidad y de seguridad en cuanto la noticia llegó a mis oídos presa del pánico por lo que le pudiera haber sucedido a Jannike y Damián. Aquello supuso el inicio del conflicto que nos atañe actualmente a todos los subterráneos y que complica aún más nuestra ya de por sí difícil existencia.

Inconscientemente aprieto con las pocas fuerzas que me quedan el gélido pero fuerte cuerpo de Winter, intentando demostrarle mi apoyo ante su confesión, puesto que de haber sido mi sobrino al que hubieran atacado de forma tan brutal y gratuita, ahora mismo ya habría sido condenado por la Clave por el asesinato del bastardo ese - ”Algo que pasaré en cuanto localice a la zorra pelirroja…" – pensamiento que sé que es cierto y que me prometo llevar a cabo sin importar las consecuencias que me puedan acarrear, puesto que ahora tengo muy claro que es la única manera de proteger a los míos.

- ”No tendré vida suficiente para agradecerte lo que estás haciendo por mi familia, Winnie" – pienso serio tras su terrible relato, el cual parece que consigue apaciguar de alguna manera a mi hermana e incluso a mi, mientras que ella continúa ofreciéndonos alojamiento, vehículo e incluso ropa, algo que remueve sensaciones y sentimientos que pensaba ya olvidados en mi. Un agradecimiento infinito hacia una persona por una ayuda totalmente desinteresada, algo que nunca antes en mi vida había sentido, un extraño sentimiento demasiado agradable y que hubiera deseado poder sentir cuando más lo necesité, cuando me vi abrumado ante la incapacidad de cuidar de mi enferma madre en aquel país extraño y hostil.

Incapaz de proferir palabra alguna, presa de ese extraño sentimiento que me deja la garganta seca y, extrañamente, humedece mis ojos, permito a la vampiresa que me ayude a recorrer el camino hacia el cuarto de baño. Un camino que se convierte rápidamente en un auténtico desafío por culpa de los malditos escalones que parecen no querer permitir que los suba con normalidad y que hacen que nuestro avance recuerde al de una pareja de borrachos regresando a casa al amanecer tras demasiadas copas de más.

Finalmente, y agradeciéndoselo mentalmente a todas las divinidades, llegamos a un dormitorio realmente amplio, quizás tan grande como el comedor y la cocina juntos de nuestro modesto apartamento y con un mobiliario que hace que me sienta incómodo por no saber comportarme con la educación necesaria. La pregunta de Winter me pilla por sorpresa, puesto que estoy demasiado pendiente de no manchar nada de aquel cuarto de ensueño - Jeg… Nei… nei… – comienzo a murmurarle con voz ronca mientras niego ligeramente con la cabeza - Un bruja me obligaba a tomármelo… sé que era de color verde, apestaba, sabía a rayos… – continúo hablándole en murmullos, demasiado abatido por toda la situación como para esforzarme por hablar en un tono más alto - Me calmaba el dolor, pero me atontaba… me hacía dormir mucho… creo que me dijo que era ”por mi bien” – añado intentando recordar algo más de aquella bruja, la cual se encargaba de que me tragara sí o sí aquella bazofia puntualmente, como si de una medicina se tratase - ”Está claro que fuera lo que fuese no era para aumentar mi capacidad regenerativa y sí para aletargarme completamente, ¿qué cojones querían de mi? ¿Por qué mantenerme oculto y vivo tantos días? ¿Qué sentido tiene todo esto? ¿Por qué demonios yo y no otra persona?" – preguntas que no han parado de formarse en mi mente ante la incapacidad de saber los motivos por los que la jodida sanguijuela me metió en aquel despropósito.

- ¡Nei!, Ikke flere veivisere, vær så snill! – le suplico ahora sí negando con más energía la cabeza a su sugerencia de llamar a un brujo - Ya he tenido suficientes brujos por una larga temporada… – añado intentando sonar irónico, mientras el recuerdo de la niña bruja de las peleas acude al instante a mi mente - Sólo necesito saber que mi familia está a salvo… solo eso… – confieso en un susurro en cuanto siento el descanso de poder sentarme finalmente en un sitio, notando cómo el húmedo aire del baño inunda mis fosas nasales. Con el rostro reflejando el tremendo cansancio y desesperación que siento, miro a Winter - Vaya… solo falta que me pidas que te deje frotarme la espalda para que piense que todo esto es un retorcido plan para acostarte conmigo… – le susurro, intentando parecer burlón, esforzándome por aparentar que estoy mucho mejor de lo que realmente estoy, sabiendo que si escucha cualquier comentario irónico por mi parte creerá que no estoy tan jodido - Tranquila, Winter… puedo solo, en serio… Tausen Takk, yo… no sé cómo podré agradecértelo… de verdad… Winter… es…  nunca antes nadie había hecho esto por mi… yo… no viviré lo suficiente para agradecértelo – termino confesándole algo que llevo pensando desde su intervención para apaciguar la situación con mi hermana, expresando unas palabras que a nadie había dicho antes y que las digo con toda la sinceridad, viniendo de lo más profundo de mi corazón - Ve, a descansar, yo ya me apaño solo – , - ”Como siempre he hecho desde que tiengo conciencia, apañándomelas solo para sobrevivir, para cuidar de los que me preocupan sin recibir la ayuda de nadie" –le pido tras el pensamiento creado por una vida de lucha en soledad, esbozando una cansada sonrisa, pues de sobras sé que ella también debe estar cansada después de todo el follón en el que la he metido en las últimas horas.

En cuanto me quedo a solas en el espacioso y cálido baño, comienzo la ardua tarea de ir deshaciéndome de todas mis prendas, una sencilla tarea que se convierte en todo un desafío y que me lleva mucho más tiempo del necesario. Una vez desnudo, usando la pared como punto de apoyo, obligo a mis piernas a soportar el peso de mi cuerpo mientras me desplazo tambaleante hacia la ducha, la cual alcanzo no sin antes aterrizar un par de veces en el suelo. Finalmente consigo mantenerme de pie bajo el agradable chorro de agua caliente que recorre mi cuerpo, desde mi cabeza hasta mis pies, apoyando mis manos en la pared, permitiendo que el agua limpie mi piel de los restos de suciedad, sudor y sangre propia y ajena, pero sabiendo que no bastará para limpiar mi espíritu y mi mente de los oscuros pensamientos que la cubren. Poco a poco, tras enjabonarme bien, en el mismo momento en el que empiezo a retirar los restos de espuma que el oloroso jabón ha ido dejando sobre mi maltrecho cuerpo, me apoyo de espaldas contra la pared, resbalando lentamente hacia el suelo, hasta quedar sentado bajo la lluvia de agua, acurrucándome contra la pared, sintiéndome exactamente igual que cuando tenía 16 años, incapaz de ayudar a mi agonizante madre, sobrepasado por la situación, sin tener a quien pedir ayuda e impotente ante la situación - ”Lo siento mamá… lo siento tanto… pero no puedo más mamá, estoy cansado… no soy lo suficientemente fuerte para cuidar de ellos mamá… no puedo… no…" – finalmente estallo en un fuerte y profundo llanto, un llanto creado por verme en la misma situación que aquella vez, algo que puede provocar que realmente me convenza de que no podré lograrlo.





Tras vaciar hasta la última lágrima, las cuales han sido limpiadas por el agua de la ducha en cuanto han ido saliendo, cierro el grifo, abandonando finalmente la ducha, tapándome como meramente puedo de cintura para abajo con una toalla, para apoyarme finalmente sobre el lavamanos, limpiando con la mano el espejo del vaho que lo cubre, descubriendo por fin mi rostro, un rostro que se me asemeja completamente extraño, un rostro cansado, con una mirada abatida y una tierna cicatriz en él que no había visto hasta ahora. Con un dedo tembloroso toco la rosada piel, sintiendo al momento una potente angustia en cuanto el dedo roza la parte superior de la herida, haciendo que un fuerte mareo me haga perder el equilibrio y caiga de nuevo al suelo, sin poder evitar ahora sí un fuerte grito de dolor - ”¡Plata!" – escucho al lobo gritar aterrado ante la certeza de que hay un trozo del maldito mineral en la herida, recordando el dolor que me produjo la maldita bruja con aquel puñal bañado en plata y que, seguramente, habrá quedado un trozo incrustado en el interior de mi carne - ”Joder… por eso estás así… te está envenenando por momentos…" – pienso al momento, sabiendo que debo extraerlo si quiero que mi cuerpo sea capaz de recuperarse. Ahora entendía el porqué no había cicatrizado bien, el porqué me sentía tan mal, la poción que me obligan a beber había mantenido mi cuerpo alejado del dolor y adormecido, pero no podía luchar contra los efecto que la plata está provocando en mi organismo.

Profiriendo un profundo gruñido molesto, me obligo a incorporarme de nuevo, buscando en los cajones del exquisito mueble de diseño del baño hasta encontrar unas pequeñas pinzas con las que me dispongo a hurgar en la cicatriz, a reabrirla si es necesario para extraer ese veneno plateado de mi cuerpo. Por desgracia, en cuando las pinzas tocan el trozo, las náuseas y el mareo que me genera el pequeño trozo de daga bastan para que me vea incapacitado de extraerlo por mi mismo. Mirándome al espejo finalmente, sabiendo que debo pedir ayuda, pero recordándome que tengo que hacerlo por mí mismo, como llevo haciendo toda mi vida, aprieto con fuerzas los dientes mientras tomo de nuevo las pinzas, llevándolas hasta la herida, comenzando a moverlas en su interior, haciendo que la sangre vuelva a brotar y que las náuseas amenacen con manchar el suelo del baño con lo que quiera que pueda contener mi estómago, sintiendo como un fuerte dolor estalla en mi cabeza al notar algo penetrar más en mi interior, tornándose todo a mi alrededor borroso, siendo testigo de cómo todo lo que me rodea se mueve de forma extraña hasta que finalmente algo duro golpea mi cuerpo, devolviéndome a la tranquilidad y la oscuridad de la inconsciencia.  


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Einar Sørensen
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→ Martes, Julio 2018 → 20:35 → Bosques del Estado de Nueva York  → Luna nueva, despejado, fresco
La inspectora White entendía a la perfección el sentimiento que había perforado el orgullo de Einar, ese que había reducido al altivo lobo vikingo en un cachorro herido. Ella también se había encontrado en una situación parecida tres años atrás, cuando en el atentado de Times Square su hermana se interpuso entre ella y un demonio. El resultado de su noble acto había sido una herida mortal en el vientre y que Winter deambulara por toda la zona huyendo de cientos de demonios con su hermana moribunda en los brazos. La rubia no se sentía culpable porque sabía que había hecho todo lo que había podido, al fin de cuentas por aquel entonces sólo había sido una mundana. Así que, haciéndose una ligera idea de las emociones que tambaleaban los pilares que sostenían al lobo, trató de mostrarse lo más amable y delicada que pudo. - ¡Vaya, hombre!- Exclamó fingiendo sorpresa. - ¡Me has pillado! Supongo que me quedaré sin sexo salvaje.- Sopesó con una dramática muestra de tristeza. - Entonces, tendrás que bañarte sólo.- Sus labios se curvaron en una sonrisa dulce mientras su fría mano acariciaba su sucio cabello ceniza, al igual que solía hacer con su hermana pequeña.  - ¿Agradecérmelo? - Suspiró tras su repentina confesión. Parpadeó varias veces, procesando las palabras del rubio. - ¡Vaya! Creía que los amigos estaban para ayudar. Ya sabes, apoyar en los malos momentos así cómo ir a un bar de carretera y recogerte cuando te han drogado.- Revolvió con cariño las hebras rubias antes de levantarse y dirigirse a la puerta. - Debes estar muy mal como para pensar que puedo ir a descansar teniendo un lobo herido en el baño. Estaré cerca, si necesitas ayuda llámame.- Dijo cruzando el umbral, para después cerrar la hoja de madera tras ella.

Una de las cosas más duras de ser vampiresa era que sus sentidos captaban cosas que antes había sido incapaz de percibir. Como el llanto. Era muy doloroso escuchar a un amigo sollozar y no poder hacer nada. Así que allí estaba Winter, sentada en el primer escalón de la amplia escalinata a la espera de escuchar su nombre tanto por parte de Einar como de Jannike y Damián. - ¿Winnie?- La voz de Lynn sonó en los pies de la escalera, obligándola a alzar la mirada de sus pies. - Dime, Nana.- Hacía tiempo que no se sentía tan agotada.- Se han dormido en el sofá, ¿cree usted que sería conveniente que le preparara la habitación al menos al pequeño?- Comenzó a ascender en su dirección, hasta que estuvo lo suficientemente cerca de ella como para acariciar su frío hombro. - Sí, prepárale la habitación de mi hermana a ambos, por favor.- Musitó con cierto abatimiento, sintiendo como la calidez de la mujer en su gélida piel. - Ahora mismo.- Asintió terminando de subir para encaminarse a su tarea.

Habría seguido allí plantada sino fuera porque un golpe seco proveniente del baño despertó todas las alarmas de su cuerpo. Haciendo acopio de las últimas fuerzas que le quedaban y de la velocidad que la maldición vampírica le había otorgado, corrió hasta la estancia donde había dejado al licántropo. Cuando abrió la puerta, la situación se tornó más y más dantesca. El lobo se encontraba en el suelo en medio de un charco de sangre, y la brecha de su rostro se encontraba nuevamente abierta. Un rápido vistazo alrededor del cuerpo le corroboró que él mismo había sido el causante de la nueva herida, pero no logró entender el porqué. ¿Para qué iba a hurgarse en una herida? Ese planteamiento trajo consigo un vago recuerdo de Rigoberto y la bala de plata enquistada en su pierna. Se agachó junto a él e inspeccionó la nueva cicatriz que decoraría la cabeza del chucho vikingo. Suspiró con fuerza tratando de contener las ganas de regalarle una colleja por no haberla llamado tal y cómo ella le había dicho que hiciera. Con más fuerza de la necesaria agarró una toalla de la estantería y presionó la herida hasta que la sangre dejó de brotar. Después de esta le iba a pegar una paliza. Por darle esos sustos.

Como pudo agarró al rubio en volandas, tratando de abarcar toda su altura, y lo alzó para llevarlo a la cama del dormitorio contiguo. Tras encender la lámpara de noche mas cercana separó la carne en la qué él había rebuscado y tras fijar la vista hasta la extenuación, encontró un pequeño destello. - Justo lo que pensaba.- Murmuró encaminándose al lavabo y cogiendo las pinzas que descansaban en el suelo, ensangrentadas. Les echó un poco de alcohol para desinfectarlas y volvió junto a Einar. -Menos mal que estás inconsciente, porque esto tiene pinta de doler.- Confesó introduciendo el artilugio de acero en la herida. Con sumo cuidado extrajo el primer fragmento de plata, dejándolo en la mesa auxiliar que había junto a la cama. El segundo fue más complicado pues se encontraba bien aferrado entre la piel más cercana al hueso, aún así tras diez minutos logró dejar la zona limpia. Después de comprobar que dentro del corte no hubiera ningún cuerpo ajeno, Winter se permitió sentarse en la cama con las manos ensangrentadas y la mente embotada. Venga, Winter. ¡Vamos! Todo va a salir bien. No puedes detenerte ahora. Pensó alzándose nuevamente con fuerzas renovadas. Se lavó las manos, tomó el botiquín y lo mejor que pudo, colocó varios puntos de plástico en las heridas del licántropo. - Bueno Vikingo, parece que no se me da tan mal la enfermería.- Se sentía orgullosa de su propia fortaleza y su capacidad de mantenerse calmada aunque todo a su alrededor era un completo caos.  - Agradece a que soy una sanguijuela con principios. - De un rápido movimiento cubrió a Einar con la sábana y la colcha. Lo último que necesitaba era que también se resfriara.


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→ Martes, Julio 2018 → 20:35 → Bosques del Estado de Nueva York  → Luna nueva, despejado, fresco

Dolor, esa extraña sensación que tu cuerpo genera para avisar que algo va mal, que algo no está funcionando como debería, y que ahora es lo único que siento con certeza - ”Vaya… si duele solo significa una cosa… que siento decirte que vas a tener la oportunidad de seguir existiendo unos días más machote… ¡bien… qué divertido!" – pienso con todo el sarcasmo que puedo según mi mente va comenzando a centrarse, despertando del vacío oscuro en el que se encontraba para comenzar a diferenciar las tres sensaciones que inundan mi cabeza ahora mismo; dolor, cansancio y sed. Lentamente obligo a mis párpados a separarse, a dejar que la luz ambiental inunde mis ojos y me indique al menos la hora del día, puesto que no tengo ni la menor idea de lo que ha pasado.

Según mis ojos se van acostumbrando a los estímulos visuales que le van llegando, retazos de los últimos momentos antes de que perdiera el conocimiento vuelven a mi mente, recordando el pavoroso descubrimiento del trozo de plata en mi frente. Con cuidado, elevo un brazo con bastante agilidad, cosa que hacía días que no lograba, y empiezo a palparme la frente, notando el característico tacto de un apósito cubriéndola - ”Así que alguien te ha curado…" –. En cuanto este pensamiento llega a mi cabeza, el recuerdo de las palabras de Winter, aquellas que me dedicó mientras estaba en el cuarto de baño, me llega con claridad. Durante unos momentos me quedo con la vista clavada en el blanco techo de la habitación, sintiendo esa extraña sensación que me provoca toda la situación, la ayuda desinteresada de la vampiresa y sobretodo aquellas palabras en las que, sin dejar lugar al menor rastro de duda, expresa lo que significo para ella, un amigo - ”Genial…supongo que ahora entiendo el término Amistades Peligrosas…" – ironizo en un intento por quitarle importancia al momento puesto que me incomoda sobremanera el sentirme de esta forma, sobretodo por lo ajeno que se me antoja el sentimiento de amistad real.

Realmente la sensación que me provoca la amistad es extraña en mi, puesto que los únicos amigos que he tenido fueron aquellos de la infancia, los que abandoné cuando hui con mi madre y hermana de aquel infierno. Desde entonces he conocido a mucha gente, he establecido lazos de camaradería con compañeros del trabajo, incluso encontré mi lugar en una manada, pero en el fondo no eran amigos, simplemente nos apoyábamos para poder sobrevivir, pero rara vez alguien hacia algo desinteresado - ”Y sin embargo una maldita sanguijuela ha corrido en tu ayuda, te ha recogido en medio de la nada, ha encontrado a tu familia, os ha metido en su propia casa y te ha curado… ¡hay que joderse!" – no puedo evitar pensarlo, pues nuestras dos razas están destinadas a odiarse eternamente y sin embargo, voy yo y me hago amigo del enemigo.

Tras estos largos minutos de reflexión sobre mi relación con Winter, decido levantarme de la cama, puesto que por la escasa luz que entra por el enorme ventanal de la habitación está claro que el sol hace rato que abandonó el firmamento. En cuanto aparto las sábanas y la colcha descubro que alguien debe haberme vestido, puesto que lo último que recuerdo llevar encima era una toalla, y ahora llevo unos pantalones de pijama blancos, de suave algodón extremadamente cómodos, que obviamente no son míos. Al incorporarme, siento un ligero mareo, algo que me confirma que llevo demasiado tiempo tumbado, por lo que me tomo con calma el acto de levantarme sentándome primero en el borde del lecho. Estando ahí unos minutos siento mi piel pegajosa, y el fuerte olor que desprende mi propio cuerpo hace que arrugue la nariz, confirmándome la sospecha de que he tenido fiebre alta - ”Ostia puta… apesto a sudor… o como diría Winnie, a chucho mojado" – pienso divertido, cosa que me hace darme cuenta, junto al dolor y la sed, que empiezo a recuperarme y que los efectos de la maldita poción deben de haber desaparecido por fin de mi organismo.

Sintiéndome más fuerte, más seguro de mi mismo, dentro de la debilidad que tantos días sin comer, ni beber y con todo el gasto energético que habrá necesitado mi cuerpo para recuperarse finalmente una vez liberado del veneno argénteo que me estaba matando lentamente, me dirijo a la ducha para situarme debajo de ella y permitir que el agua templada vuelva a limpiar mi cuerpo.

Durante unos largos y tranquilos minutos, permito que el agua recorra todo mi cuerpo, incluso me lleno la boca varias veces para placar la sed que me embarga, antes de volver a usar el jabón perfumado que espero oculte mi olor lo suficiente como para no impregnar el hogar de los White con mi olor de licántropo. Es entonces, cuando estoy terminando de aclarar mi cuerpo, cuando un fuerte gruñido, casi un rugido, hace que de un ligero respingo al no haber provenido de mi garganta sino de mi estómago el cual empieza a protestar por la falta de ingesta.

Por lo que me dijo mi hermana, a la cual tengo unas ganas locas de volver a ver, había estado fuera cinco noches, lo que significaba que estuve cuatro encerrado en la cabaña. A eso tendría que sumarle el tiempo que he permanecido inconsciente en la Mansión White, el cual desconozco completamente, ya que solo sé que son las tres de la mañana según el reloj de la mesita de noche, por lo que definitivamente llevo demasiados días sin llevarme algo decente a la boca. Así, llevado por la necesidad de satisfacer mis necesidades más básicas, termino de secarme con la toalla de algodón egipcio que está primorosamente colgada en su colgador bañado en oro, para vestirme con el pijama que me han dejado, esta vez cubriendo no solo mis piernas, sino también mi torso, y salir de la habitación hacia el largo pasillo.

Siento la necesidad de ver a los míos, de comprobar que están bien, pero por la oscuridad y silencio que reinan en la casa está claro que deben estar descansando - ”Y sería de muy mala educación ir abriendo puerta por puerta… a ver si te vas a encontrar con la abuela de Winter desnuda y esa horrible visión te va a estar acompañando el resto de tus días…" – no puedo evitar pensar divertido, ahora que ya estoy recuperándome por fin, apartando la idea de abrir puerta por puerta y centrándome en la necesidad de comer y beber algo en condiciones.

Dejándome llevar por mi agudo olfato, no tardo en descubrir el olor a comida que me conduce como un imán hasta la cocina, en donde no tardo ni dos segundos en abrir la nevera, cuyo interior se me asemeja a una visión del paraíso al estar repleta de manjares que me provocan salivar al instante. Sin pensármelo dos veces, olvidando completamente que me encuentro en casa ajena, tomo un paquete que contiene un chuletón de buey el cual empiezo a devorar al instante, casi sin detenerme a saborear el delicioso gusto de la carne cruda que tanto me gusta.


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→ Martes, Julio 2018 → 20:35 → Residencia White → Luna nueva, despejado, fresco
-Por dios, Vikingo. Pensaba que sólo los vampiros éramos los salvajes.- Resonó la voz de la inspectora desde el umbral de la puerta de la cocina. Lucía la ropa característica de los inspectores del New York Police Department:  unos pantalones de pinza azul añil y una camisa blanca con finas rayas azules cielo y marino. Sus rizos dorados estaban inmovilizados por un lazo oscuro formando una cola de caballo y en las manos llevaba varias carpetas llenas de papeles. - Menos mal que has despertado.- Caminó hasta la barra americana, rompiendo con sus tacones el silencio nocturno que reinaba en la casa.

- Cómo no quisiste que llamara a un brujo tuve que cambiarte yo los apósitos.- Los archivos impactaron contra el mármol en un ruido seco cuando la rubia los soltó con pesadumbre. Acababa de llegar de la comisaría después de un largo día de trabajo y necesitaba urgentemente comer. - No puedo con mi no-vida.- Susurró acortando la distancia con el lobo, sin embargo, en vez de abrir el mueble de la izquierda que contenía la nevera con comida humana, se dirigió a la derecha. Al abrir la puerta reveló un frigorífico lleno de baldas en continuo movimiento, todas repletas de bolsas de color escarlata. Winter pareció pensárselo varios segundos antes de encogerse de hombros y coger la que más a mano tenía. Movió el envase para ver la pegatina que informaba de qué era la sangre. - ¡Vaya! Hoy me ha tocado de vaca.- Comentó complacida, agarrando un vaso opaco del mueble acristalado para verter el contenido. - No te cortes, te compré más de diez kilos de carne en el mercado. - Hizo un movimiento con la mano, instándole a que tomara todo lo que quisiera.

Acercó uno de los taburetes que facilitaban el asiento a la barra americana y se sentó despreocupadamente, para luego darle un sorbo a su vaso. Su expresión se compungió en disgusto. - El sabor no está mal, pero eso de que esté fría es asqueroso.- Comentó mientras jugueteaba con el cristal, dándole golpecitos con la uña para crear un suave tintineo. - Y dime... ¿Cómo te encuentras?- Sus ojos zafiro se clavaron en los del licántropo. Winter solía pensar que su azul era poco común como el del cielo antes de una tormenta, casi rozando lo plateado. Qué irónico. - ¡Ah! Sí, antes de qué me olvide. Si vuelves a hacer el idiota como el otro día te partiré el cuello y luego quemaré tu cuerpo en una pira mientras recito cantos vikingos. - Esbozó una sonrisa cínica, la misma que le había dedicado a Rigoberto minutos después de dispararle.

- Si necesitas ayuda, la pides. Me da igual si eso hiere tu orgullo masculino. Tu hermana ha estado llorando todos los días y Dami estaba muy preocupado. Debes pensar en el daño que le harías a tu familia si tú murieras, en las vidas que dejarías rotas. Así que la próxima vez, te metes el ego de machito alfa por donde te quepa y me pides ayuda. Porque como te dije el otro día, para eso están los amigos. Y ya no sólo por ti, sino por Damián porque no quiero que se críe en la ausencia. Si me pides ayuda no voy a cobrártela más tarde, ni voy a echártelo en cara. Soy inspectora y mi deber es cuidar de los ciudadanos del estado de Nueva York.- Solo tras soltar semejante discurso fue consciente de que podía haberle herido, de que quizás no había sonado todo lo amable que debía sonar. Su voz se suavizó tornándose tan afable como un arrullo.- Sé que lo habéis pasado mal, tú hermana me contó por encima. Pero... hay veces que lo mejor que puedes hacer es apoyarte en alguien.


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Det er for vanskelig å be om hjelp [Winter J. White]
→ Martes, Julio 2018 → 20:35 → Bosques del Estado de Nueva York  → Luna nueva, despejado, fresco

El chuletón no tarda ni dos minutos en desaparecer de mis manos pues, nada más darle el primer mordisco, me doy cuenta de que hacía demasiados días que no me llevaba nada sólido al estómago y que, las ruidosas y dolorosas protestas del mismo estaban más que justificadas. Sin pensármelo mucho, tras dejar el hueso completamente limpio de carne sobre el mármol de la cocina, tomo otro chuletón de la nevera el cual empiezo a devorar con la misma ansia que el anterior. Una de las cosas que había aprendido en mi vida era a valorar la comida, o más bien, a comer todo lo que puedas cuando puedas puesto que nunca sabes cuándo podrás volver a hacerlo en según qué situaciones. Esto lo había aprendido en la adolescencia, cuando hui con mi madre y hermana a Rusia y, posteriormente con mi manada en Siberia. En ambos casos eran muchos los días que me iba a dormir sin nada más que agua en el estómago y, por el vacío que siento en mi estómago, puedo calcular que hace más de una semana que no ingiero comida sólida, lo cual me hace dudar de los días que debo de haber permanecido inconsciente en esta mansión de ensueño.

El comentario de Winter me llega claro desde el umbral de la puerta, al que respondo con un simple gruñido puesto que ahora mismo cualquier palabra o frase sería un bocado perdido, y no estoy por la labor de dejar de comer para responder alguna tontería por mi parte, a pesar de que su siguiente comentario sí que consigue que ladee mi cuerpo hacia ella, apartándome ligeramente de la nevera para observarla con una clara mirada curiosa en el rostro - ”¿Eso ha sonado como si le aliviara verme despierto?, ¿es que realmente se alegra o simplemente está harta de que estemos gorroneando en su casa?" – pienso mientras me esfuerzo por masticar, o mejor dicho por empezar a masticar ahora sí, la carne que voy engullendo. La verdad es que me hubiera gustado ver la cara de la agente de policía al tener que cambiar ella misma los apósitos, aunque ya fui testigo de cómo curaba a uno de los míos en aquel apartamento en nuestro primer encuentro - ”Ay Winnie… tu reputación como azote de los licántropos va a caer muy bajo si se enteran que se te da mejor curarlos que matarlos… " – pienso divertido sin saber si realmente tiene o no esa reputación entre sus amigos vampíricos.

Sin dejar de comer, aunque algo más tranquilo, ni de mirarla con esa curiosidad reflejada en mi rostro, la observo acercarse y dejar sobre el mármol unos cuantos archivos que portaba en sus manos - ”¿Por qué serán tan jodidamente guapas las putas sanguijuelas hembras?, ¡Si hasta los machos son atractivos joder!" – no puedo evitar preguntarme al verla a mi lado, puesto que el recogido que se ha hecho en el pelo deja al descubierto la simetría perfecta de su rostro, cabeza y esbeltez de su cuello, algo que llama la atención a leguas - ”Pues para qué va a ser… para atraer a sus incautas presas a sus colmillos…" – me respondo a mi mismo ante la obviedad del motivo para la belleza sobrenatural de los hijos de la noche.

Un día duro en el trabajo, Nei? – decido preguntarle finalmente, aprovechando que he dado cuenta del segundo chuletón, al escuchar ese comentario tan cómico de su ”no-vida”Mejor olvídalo… ese comentario ha sido demasiado de matrimonio… – añado tras pensarlo unos segundos, puesto que realmente habría sido el comentario que le habría hecho su marido al verla llegar así a su casa. Pero estando con ella me había salido natural, sin pensarlo, puesto que ella tenía esos comentarios que me sorprendían y gustaban. Ella se comportaba conmigo como si fuéramos amigos de toda la vida, haciendo comentarios tan casuales y naturales que me hacía sentir bien, me tranquilizaba estar a su lado y, me divertía muchísimo el poder bromear sobre todos los tópicos de nuestras respectivas especies, por lo que incluso yo llegaba a soltarle comentarios tan cercanos como el anterior.

Sin poder dejar de sentir curiosidad por lo que hace la observo abrir lo que parece ser una nevera especial en la que guarda su alimento, una especie de banco de sangre domiciliario. Aunque no tardo en agenciarme otro enorme y suculento chuletón en cuanto me da permiso para saciarme con aquella carne que ha tenido la delicadeza de comprarme – Ja, estoy de acuerdo, la carne fría no está tan buena como la caliente… pero no creo que te gustara verme destripando un buey en tu cocina… eso sí, la sangre sería toooooda para ti… para que veas que también pienso en ti… – no puedo evitar soltarle con mi más característico estilo burlón, guiñándole el ojo al final del comentario.

Mucho mejor, takk – le respondo en tono más normal, dejando que mi mirada quede capturada por la suya y sonriéndole, en cuanto me pregunta por mi estado de salud, puesto que realmente me encuentro muchísimo mejor ahora que la plata ya no me está envenenando lentamente y mi cuerpo se ha regenerado casi al completo.  

Lo que no me esperaba lo más mínimo era su siguiente reprimenda. En cuanto empieza a hablar siento como la boca del estómago se me cierra al momento y, por increíble que pudiera pasar, el sabor de la carne se me torna desagradable, por lo que no tardo ni dos segundos en dejar el trozo que tengo a medias sobre el mármol, al tiempo que mi rostro va adoptando una expresión más sombría. Hay pocas personas que se hayan atrevido a hablarme de semejante forma en mi vida, de echarme en cara las consecuencias de mis acciones y de recriminarme mis actos. De todas esas personas dos están ya muertas, y la otra había sido mi hermana hasta este preciso momento. Según va hablando, y sus palabras se van clavando en mi pecho como saetas plateadas, noto como mi mirada se vuelve más fría, el azul de mis ojos más pálido, mis puños se van apretando y mi lobo comienza a moverse inquieto en mi interior. Es justo entonces cuando, por una fracción de segundo, su cara se transforma, sus cabellos se vuelven ligeramente más plateados, sus ojos ligeramente más rasgados y menos azules y su rostro adquiere el de mi difunta esposa. Un “déjà-vu” tan claro que estoy a punto de susurrar su nombre en vez del de la vampiresa y que hace que mi cuerpo se incline ligeramente, derrotado por sus palabras, unas palabras que son demasiado parecidas a las que me decía mi esposa con referencia a nuestra difunta hija y, cuyo recuerdo consigue tornar mi expresión a una más dolida, consiguiendo que desvíe la mirada al suelo, que la aparte de la suya por la vergüenza y tristeza que ahora mismo siento.

En cuanto la escucho decirme que mi hermana le ha contado algo siento como el nudo en mi estómago se hace más profundo, más fuerte amenazando con expulsar todo lo que le he metido minutos antes. Desconozco qué le puede haber contado sobre mi, sobre nosotros, sobre mi familia en general, pero el hecho de que alguien conozca ciertos detalles de mi pasado me crea demasiada ansiedad ya que hay temas de los que prefiero no hablar, como es el tema de mi padre. Por eso, tras dejar pasar unos momentos en los que soy incapaz de decir nada, ni de mirarla si quiera, decido hablarle, intentar explicarme, aunque sin mirarla a los ojos, manteniendo mi mirada clavada en el chuletón a medio comer – No ha sido culpa mía… – comienzo a hablarle en un tono tan cargado de desesperación que hasta me sorprende a mi mismo – ¡Yo no hice nada, joder! – estallo finalmente, elevando mi voz pero manteniendo ese tono desesperado, apartándome violentamente ella, empezando a dar vueltas en la cocina, gesticulando exageradamente con las manos pero manteniendo la cabeza gacha en todo momento, sin mirarla a los ojos ni un segundo – ¿Es que crees que podía pedir ayuda?, ¡¿A caso crees que me dieron oportunidad alguna?!, ¿Pensáis que yo disfruto metiéndome en esos problemas?, ¿Qué soy un puto degenerado que disfruta haciendo esas cosas?, ¡No soy un jodido asesino! ¡Joder ya! –  termino de gritarle llevado por esa desesperación sintiendo la necesidad de destrozar algo, de romper cosas, de dejar salir toda la rabia que ahora mismo hierve en mi interior por ver que tanto Winter como mi hermana creen que me gusta meterme en problemas de esa índole, de poner sus vidas en peligro, por mera diversión.  


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→ Martes, Julio 2018 → 20:35 → Residencia White → Luna nueva, despejado, fresco
Los tímidos haces lunares se colaban por la ventana de la cocina otorgándole a ambas figuras un aire argento que rozaba lo etéreo, como si sus rostros y voces fueran el eco de un lejano sueño. Los ojos zafiro de la inmortal centellearon suspicaces bajo los largos doseles de sus pestañas, parecían dos piedras preciosas en la oscuridad: brillantes pero carentes de humanidad. Uno de los muchos atributos concedidos por la muerte para disfrazar el decadente hecho de que no era más que un cadáver sediento de sangre condenado a morar entre las sombras.  Frunció el ceño ligeramente mientras volcaba toda su atención en el lobo, temiendo que se convirtiera y tuviera que enfrentarse a él. Clavó su mirada en la de él y supo que se había equivocado. Allí no residía una tormenta. Sus ojos eran como la plata líquida, cálida y maleable cuando el fuego es apacible pero fría y cortante cuando la azota una ráfaga de viento.

No había pretendido herirlo, ni mucho menos. De hecho, él estaba respondiendo por algo a lo que ella ni siquiera había hecho alusión. Winter ladeó la cabeza en un gesto muy peculiar sin apartar su vista de él, analizándolo en profundidad. Podría haberle aclarado que no era eso a lo que ella se refería, sin embargo, prefirió dejarlo desahogarse. Sabía que a veces iba bien soltar todo aquello que enturbia los sueños y perturba el alma. - Me he explicado mal, perdóname.- Dijo ella con voz suave y tranquila, haciendo uso del respeto que le inculcó su abuela Marjorie. - No me refería a eso.- Negó varias veces con la cabeza, su cabello se meció grácil con el movimiento. - Tú no tienes la culpa de lo que te hicieron, Einar.- Dio un pequeño sorbo al vaso escarlata para rebajar la tensión. - Y además, sí que pediste ayuda. ¿Recuerdas? Hiciste que me llamaran antes de perder el conocimiento. No creo que quisieras meter a tu familia en ningún lío.- Se encogió de hombros, tomando una carpeta y abriéndola como quien no quiere la cosa. Varios archivos mecanografiados y un par de fotografías dantescas salieron a la luz, provocando una mueca de desagrado en la inspectora. Ver a personas en ese estado despertaba un instinto asesino difícil de domar, uno que le pedía que buscara al causante de todo eso y le hiciera pagar de la peor manera.

- Te he regañado por tratar de sacarte la plata tú solo. - Alzó la mirada de nuevo, fijándola en el rostro del hijo de la luna. - Tú hermana casi sufre un paro cardíaco y yo... aprendí a decir Dios.- La última palabra salió con suma fluidez, como habría salido de la boca de un mundano. - ¿Sabes que al principio no podía acabar la dichosa palabreja? Incluso sangraba. Se ve que como pertenezco a una raza maldita no tengo derecho a nombrarlo. - Siguió comentando. -No lo vi haciendo nada cuando uno de los hijos de su ángel me clavaba el cuchillo serafín en el vientre y me dejaba tirada al lado de un contenedor de la basura.- Había vuelto a sus papeles en un intento de ver por dónde se había quedado antes de salir del trabajo, quitándole hierro al asunto de su precipitada muerte en manos del parabatai de Rigoberto.

- Sobre lo que me dijo tu hermana... fue sólo que te viniste a Nueva York a cuidarlos cuando su marido falleció.- Seguía atenta a las letras al mismo tiempo que se acariciaba la sien con el índice. Esclareciendo el tema familiar que tanto le había acelerado el pulso del rubio, porque sí, lo había notado. Era increíble las cosas que podía captar gracias a sus facultades vampíricas. - A propósito,- Añadió con tono desinteresado tomando el vaso de sangre. - ¿de quién estoy protegiendo a Jan y a Dami?


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→ Martes, Julio 2018 → 20:35 → Bosques del Estado de Nueva York  → Luna nueva, despejado, fresco

Sus siguientes palabras, o más bien el suave tono que utiliza para decirlas, consigue que deje de gesticular con las manos, aunque no de dar vueltas a la espaciosa cocina, como si de un perro encerrado me tratara ahora mismo. Solo cuando me hace recordar que la llamé detengo mi monótono andar, parándome en seco en medio de la cocina, sin atreverme todavía a mirarla a los ojos, pero sí a lanzar un gruñido, algo tan habitual en mi como el respirar  – ¡Pues claro que no, joder! – estallo tras el gruñido, para dejar bien claro a todo el que me esté oyendo que no quiero meter a mi familia en líos, que es la última cosa que haría en la vida.

Sentía al lobo revolverse en mi interior, lanzando dentelladas a diestro y siniestro, intentando tomar el control de mi cuerpo, de canalizar toda la rabia que siento por todo lo que está pasando, por encontrarme de nuevo en una situación que me sobrepasa, que no soy capaz de mantener bajo control y que está poniendo en peligro a las personas que más amo en mi vida actualmente - ”Ella no es el enemigo y no vas a volver a matar a mi familia en casa…" – le recuerdo al lobo, a mi parte más oscura para demostrarle que no voy a permitir que tome el control, a transformarme en ése animal sediento de sangre que tan bien conozco y al que tanto temo y admiro a la vez.

Intentando calmar mi agitada respiración y bajar el ritmo de mis pulsaciones, aprieto con fuerza los puños, con la misma fuerza que cierro mis ojos, buscando conseguir calmarme antes de perder completamente el control. Es entonces cuando el sonido de papeles al moverse hacen que me de cuenta de que algo no cuadra, que todo está demasiado tranquilo, por lo que, finalmente aparto mi mirada del suelo para dirigirla a la vampiresa. Lo que veo me deja bastante descolocado, puesto que, en vez de encontrarme con su mirada desaprobatoria, acusadora e incluso verla a la defensiva, me la encuentro centrada en el contenido de una de las carpetas, con una expresión de concentración tal que, gracias al juego de sobras que proyecta la argéntea luz lunar sobre sus suaves facciones, parece realmente una estatua dedicada a la tenacidad, el esfuerzo y la profesionalidad en el trabajo.

Su aparente falta de interés a mi reacción me desconcierta tanto que no sé realmente cómo tomármelo, puesto que me cabrea sobremanera que se muestre indiferente a mi evidente enfado a la vez que me hace sentir como un auténtico estúpido, como un adolescente en plena rabieta carente de sentido. Pero lo que está claro es que consigue que suelte un largo y sonoro bufido de cansancio y que me deje caer sobre una de las sillas junto a ella, dirigiendo mi mirada hacia los papeles, divisando casi por casualidad una foto con un cuerpo mutilado que consigue captar toda mi atención hasta que su voz vuelve a romper el silencio nocturno, haciendo que aparte mi mirada de la foto para centrarla en ella, mientras sé que todo mi rostro expresa claramente el sentimiento de culpa al ser ahora sí, consciente de su anterior reprimenda, una reprimenda realizada desde toda la razón y lógica.

Negando con la cabeza mientras elevo una ceja interrogativamente escucho en silencio su explicación sobre los motivos que la habían impedido nombrar al Dios cristiano, aunque no tardo en sentir una extraña sensación de comprensión de unión con ella ante la clara injusticia que ese ser parece tener para con los que se supone que tanto ama. Las siguientes palabras de Winter hacen que no pueda evitar soltar un gruñido, esta vez algo más corto, pero claramente molesto ante su revelación. Por su siguiente reacción, volviéndose a centrar en los papeles como si no pasara nada, sé que acabo de asistir a otra revelación de su vida íntima, a algo que debe haberle costado mucho decirme, puesto que son de esos detalles que incluso a mi me cuesta expresar abiertamente, por miedo a que alguien los pueda utilizar en mi contra, pero que, para mi, no significa sino que aumente el cariño que siento por la jodida chupasangre.

Por lo visto la agente White ha sido instruida de forma excelente en la psicología, porque con su tono de voz, su aparente desinterés y sus comentarios al azahar, aunque seguramente bien meditados y elegidos anteriormente, logra algo que yo mismo no soy capaz de lograr si no es con mucho esfuerzo, consiguiendo que finalmente decida abrirme un poco, de explicarle a la que es mi amiga cosas que debí haberle contado hace tiempo, cosas que me da miedo contar, pero que siento que debo explicarle, puesto que cada vez, y por mucho que me joda, soy más consciente de que no puedo salir de este embrollo sin ayuda de alguien.

Su explicación de aquello que le contó mi hermana es lo que finalmente consigue relajarme y que decida empezar a intentar explicarme – Jeg… jeg visste ikke – empiezo a decirle con voz calmada aunque algo ronca por la falta de uso al tiempo que me tomo la libertad de coger una de las fotografías para centrar mi mirada en ella – Perdón… yo… no sabía nada de lo que te pasó Winter… – voy intentando explicarme, haciendo el esfuerzo por abrirme a ella, sabiendo que lo que me ha explicado sobre su ataque no es algo de dominio público y que más tarde espero conocer la historia completa ya que ella también perdió a su hermana de forma desagradable y violenta – Siento haberos causado tantos problemas… y no sé cómo te agradeceré que estés cuidando de ell… de todos nosotros… – rectifico en el último instante ante la evidencia de que, me guste o no, también está cuidado de mi – Pero… es que estoy demasiado acostumbrado a cuidar de mi mismo sin esperar ayuda de nadie… joder, si hasta se me hace extraño cuando mi hermana me prepara la comida… aunque entiendo que mis gustos culinarios no sean de su agrado… – confieso esbozando una sonrisa cariñosa hacia ella apartando por unos momentos mi mirada de la foto – Desde que nos fuimos de casa con mi madre… huyendo de mi padre… – empiezo finalmente a sincerarme con ella, a contarle algo que nunca le he contado a nadie sobre nuestro pasado, al tiempo que no paro de darle vueltas a la foto en mis manos – siempre he tenido que luchar para sobrevivir, de valerme por mi mismo, nunca tuve a quien pedir ayuda. Ni tan siquiera cuando ese cabrón de ahí arriba decidió arrebatarme a mi madre, de llevársela sin que yo pudiera hacer nada para aliviar su sufrimiento más que limpiándole el sudor con nieve derretida… y te aseguro que yo tampoco lo vi haciendo nada por aliviárselo – escupo ésas últimas palabras con rabia y desprecio, demostrándole a la rubia que yo tampoco siento simpatía por Dios y su forma de hacer lo que cojones haga – es por eso que me cuesta tanto pedir ayuda, y por eso hice la estupidez de intentar sacarme yo el puto trozo de plata… Aunque veo que soy rematadamente gilipollas por no haberme dado cuenta de que tengo la suerte de poder contar contigo – me atrevo a seguir confesándome con ella, sintiendo como una extraña sensación de alivio va apoderándose de mi cuerpo y el recuerdo de los últimos días de mi madre se torna menos oscuro, menos doloroso mientras permito que el azul de mi mirada se pose en sus ojos de jade – Tausen takk, Winter… – no puedo dejar de agradecérselo en mi idioma materno.

Tras soltar un profundo y largo suspiro, le devuelvo la foto volviendo a apartar mi mirada de la suya para centrarme de nuevo en la foto – Si fuera un hombre me atrevería a afirmar que ha sido un ajuste de cuentas, un trabajo de un profesional, sobretodo por lo bien que parece que están hechos los cortes… – le comento señalando las partes mutiladas de la víctima – Pero al ser una mujer… creo que tenéis a un asesino entre manos, agente… – le digo volviendo a sujetar con mis manos el trozo de chuletón que había dejado a medias – En cuanto a tu última pregunta… pues… de alguien de los tuyos… de una malnacida pelirroja rusa, de una asquerosa sanguijuela llamada Irina – le respondo finalmente a su última pregunta, a la que sé que era la más importante pero que me ha costado responder, no sin decir cada una de mis últimas palabras con todo el desprecio, asco y odio que siento hacia la zorra que me ha hecho todo esto.


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→ Martes, Julio 2018 → 20:35 → Residencia White → Luna nueva, despejado, fresco
La noche de su muerte permanecía encerrada bajo llave en el ático de su memoria, oculta tras la gruesa cortina del tabú que sus allegados más cercanos habían establecido. Todos, incluso su hermana, parecían evitar a toda costa hablar de aquel fatídico momento, como si quisieran borrar del ancestral tiempo el hecho de que estaba muerta. Winter creía que esto se debía a que no querían herir sus sentimientos recordándole que ya no pertenecía a ese mundo, o simplemente trataban de hacer como que eso jamás había ocurrido. El segundo caso era propio de la variante humana; si no lo recuerdo, no ha existido. Sin embargo, contra toda lógica y pronóstico sus allegados subterráneos se comportaban igual. ¿Por qué? Si ellos estaban acostumbrados a las muertes más dantescas, las conversiones más dramáticas y las relaciones más tóxicas.

Por esta razón, se sintió terriblemente aliviada cuando no encontró oposición alguna por parte del lobo. - No te preocupes. -Soltó sacudiendo su mano restándose importancia al asunto. - Si no fuera vampiresa no os habría conocido.- Concluyó alzando la vista de los archivos para dedicarle una sonrisa dulce. Aprovechando el sutil movimiento, observó con suma atención las argentes orbes del rubio en un intento de desvelar sus verdaderos sentimientos. Lo que vio la dejó arrullada. Las murallas sel licántropo parecían estar derrumbándose lentamente. Una a una, despacio pero sin pausa. Y entonces sus labios se curvaron en la sonrisa más afectuosa que jamás le había regalado. Una sensación cálida inundo su pecho y sus dedos cosquillearon por las ganas de abrazarlo. Pero quizás Einar no se sentiría muy cómodo con una sanguijuela abrazándolo cual lobo de peluche. Se obligó a contenerse, pues sabía que parte de sus arrebatos emocionales se debía a que la maldición vampírica aumentaba sus sentimientos a un nivel alarmante. Aiden ya estaba acostumbrado a sus arrumacos, pero lo más probable es que el Vikingo se acordara de toda su casta.

El relato comenzó como un cuento siniestro que le podría haber helado la sangre a la inspectora de haber seguido siendo humana. Winter no había pasado fatiga hasta que cumplió los veintiuno y se le ocurrió la genial idea de enfrentar a su padre. Se había criado en una lujosa mansión de Long Island llevando la vida de ensueño que todo el mundo desea, ajena a todos los problemas que una persona de clase media podía sufrir. Y a pesar de todo allí estaban los dos; las dos caras de una misma moneda. Parpadeó varias veces, vislumbrando una nueva luz en él como si lo viera por primera vez. Ahora lo entendía todo. - Ahí tienes razón, Vikingo. -Soltó la rubia levantando la barbilla de la forma más altanera que conocía.- Tienes suerte de tenerme a tu lado.- Y dicho esto se levantó de un salto para rodear con suavidad el cuello del lobo en un tierno abrazo. A ella llegó el característico aroma a tierra húmeda, arce de azucar y gel de baño, tan propio de Einar que resultaba familiar. También podía apreciar los trazos de olor a pelaje lobuno, no obstante, no le pareció desagradable. Si es que se estaba ablandando... Ella, que había sido el terror de los lobos... bueno, vale, tanto no. Pero había sido molesta y sino que se lo preguntaran a Rigoberto.

- No sé que es "tausen takk" pero pensaré que es muchas gracias y no un "me das asco sanguijuela".- Rió deshaciendo el abrazo y plantándole un beso en la frente que le dejó una marca de gloss brillante en la piel. - De nada, Vikingo.- Respondió tomando la fotografía que el hijo de la Luna le ofrecía. - Lo sé. - Meneó la cabeza un par de veces, asintiendo.- Es la tercera víctima.- En cuanto le pusiera las manos encima se iba a enterar. Pensaba arrancarle la piel a jirones, de una tan forma lenta y dolorosa que la muerte se le antojase un placer inalcanzable. Sin emabrgo, no lo iba a matar. Utilizaría su encanto vampírico para obligarlo a firmar una confesión al NYPD en donde constara todos sus horrendos crímenes y el modus operandi. Eso bastaría como prueba sustancial y ningun abogado podría rebatirlo. Acabaria pudriendose en alguna celda siendo el muñeco de algún preso influyente. ¡A eso se le llama Karma!

- Espera, espera...- Alzó ambas manos, alarmada. ¿Cuántas vampiresas llamadas Irina con el cabello del color del fuego podían haber por Nueva York? Tragó saliva, aunque ya ni le hacía falta. - ¿Irina? ¿Con los ojos verdes? ¿Actitud altanera? - Quiso pegarse un cabezazo contra el mármol de la encimera hasta perder el conocimiento. Vale, debía admitir que no se esperaba eso. - ¡Oh, Dios!- Exclamó cubriéndose el rostro en plena desesperación. - ¡Einar, yo la conozco!- Sus ojos se cristalizaron y un surco de lágrimas se formó en la parte inferior de sus orbes. - No pensé que fuera así... ella no parecía así...- Se alejó de Einar bruscamente, como si él fuera fuego en estado salvaje y ella un mero papel. La culpa la azotó con tal fuerza que trastabilló hacia atrás y chocó con uno de los muebles que contenía la vajilla de su abuela. Se sentía una sucia traidora, aunque ella nada tenía que ver con la situación. - ¿Qué vamos a hacer? - Lo miró con los ojos desorbitados. - Si toca a Damián acabaré con ella...- Susurró queda.- aunque sea lo último que haga.


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→ Martes, Julio 2018 → 20:35 → Bosques del Estado de Nueva York  → Luna nueva, despejado, fresco

La explosiva reacción de la rubia tras sincerarme de aquella manera con ella me pilla totalmente por sorpresa, pues nunca antes me habría imaginado que pudiera llegar a recibir semejante muestra de cariño por parte de ella, a pesar de haberlas visto en innumerables ocasiones, pero siempre dirigidas hacia mi sobrino, nunca hacia mi persona. Es por ése motivo que mi cuerpo se tensa visiblemente al sentir su abrazo, ante la fuerte impresión que me provoca el gélido contacto de sus manos al rodear mi cuello, haciendo que mi lobo se remueva inquieto en la prisión en la que lo mantengo encerrado. Sin embargo pronto vuelvo a relajarme, a disfrutar de aquel contacto que, a pesar de no ofrecerme calor alguno, sí que me ofrece algo mucho más importante que un aumento de mi temperatura corporal, puesto que me reconforta, me hace sentir extrañamente bien y, lo peor de todo, me hace sentir aceptado, por no decir querido. Una sensación que se me asemeja realmente extraña pues la he sentido en tan contadas ocasiones a lo largo de mi vida que las recuerdo perfectamente todas y cada una de ellas. Sintiéndome un poco torpe y estúpido al no ser capaz de corresponderle correctamente al simplemente quedarme quieto, disfrutando de ese reconfortante gesto y de un beso que deposita con un cariño que elimina cualquier duda sobre lo que significo para la hija de la noche, sin siquiera moverme, simplemente dejando salir de mis labios un suave y tranquilo gruñido – Tusend takk, muchas gracias, eso significa… – le susurro esbozando el inicio de una sonrisa franca.

Por suerte la agente de policía sigue demostrándome su gran tacto ante este momento, bastante duro y difícil para mi, puesto que ahora mismo, por mucho que me niegue a aceptarlo, o que intente negarlo, necesito de la ayuda de alguien como ella, de alguien que sepa escucharme y entenderme, pero sobretodo que no me presione para que le cuente cosas que han permanecido demasiado tiempo en mi interior, ocultas al resto de la gente de esta ciudad y que preferiría que permaneciesen ocultas en mi mente. Es por eso que le agradezco tanto que no siga preguntándome por mi vida pasada, que deje las preguntas para otro momento, al igual que yo he mantenido las mías acalladas, esperando un momento más idóneo para saciar mi curiosidad por la muerte de su hermana y su conversión en subterránea, centrándose en mis comentarios sobre las fotos, dándome tiempo a que reúna el valor suficiente como para enfrentarme a años de costumbre y reticencias y acabe respondiendo a la pregunta que formuló como por casualidad, pero que de sobras sé que ella necesita conocer, el nombre de la persona que me ha hecho todo esto.

Si antes, la sanguijuela había reaccionado de una forma tan instintiva y visceral con aquel abrazo, la que tiene nada más oír el nombre de la puta pelirroja me descoloca todavía más si cabe.

Casi al momento veo cómo su rostro adopta una expresión de terrorífico conocimiento, cómo si empalideciera más de lo que ya es natural en los de su especie, mientras aquellas preciosas esmeraldas que tiene por ojos se abran atónitas consiguiendo captar mi atención por completo y hacer que incline ligeramente la cabeza a un lado, en un claro gesto de curiosidad – Ja, y una larga melena pelirroja – respondo a sus preguntas, afirmando con la cabeza - ”No… no puede ser… no… venga no me jodas…" – empiezo a repetirme mentalmente ante la cada vez más clara sospecha de que la conoce, de que Winter conoce a Irina.

Pronto de sus labios brota esa confirmación que provoca que mi lobo se abalance contra los barrotes de su prisión, haciendo que mi corazón de un vuelco y se acelere, al mismo tiempo que lo hace mi respiración en un peligroso primer paso para la transformación - ”¡La conoce joder!, ¡Sabe quien es esa maldita zorra de mierda!" – estallo en mi interior, lanzando un peligroso gruñido al aire nocturno, entrecerrando mis ojos mientras veo la expresión horrorizada de la vampiresa, cuya mirada queda prontamente cubierta por una humedad que nunca antes había detectado en su bello rostro - ”¿De qué te sorprendes pedazo de idiota?, ¿Tan raro te parece que no se conozcan al ser de la misma especie?, ¿Es que no ves que está realmente sorprendida por el nombre que le has dado?" – comienzo a preguntarme, ejerciendo todo el control que puedo sobre mi cuerpo y mi lobo, luchando por no perder el control y abalanzarme sobre ella - ”¡Piénsalo capullo!, ¿A caso eres tan gilipollas como para pensar que Winnie te entregaría a ti o a tu familia a esa hija de puta?, ¿Es que no ves su cara de sorpresa? ¿No entiendes que si la conoce te puede ayudar a encontrarla?, porque sabes que vas a tener que dar con ella y vengarte, eliminarla si quieres mantener a salvo a tu familia… pero la cuestión es… ¿involucrarías a tu amiga en ése macabro asunto?, ¿la convertirías en tu jodida cómplice?" – no puedo evitar de pensar mientras me levanto de la silla, separando las manos de mi cuerpo, elevándolas con las palmas hacia delante, demostrándole que no voy a atacarla mientras empiezo a acortar la distancia que ella misma acaba de crear entre los dos al alejarse de mi con el peso de la culpa cayendo bruscamente sobre su delicado pero fuerte cuerpo.

Stille, Winter – le empiezo a decir tras soltar otro gruñido ante su amenaza de acabar con su congénere si le hace algo a mi sobrino – Tranquila… necesito que mantengas la cabeza fría, vær så snill, necesito que estés centrada, te necesito entera Winnie…vær så snill, por favor… – añado suplicándole que no pierda los papeles mientras me quedo delante de ella, con la súplica marcada claramente en mis ojos, pues necesito que se serene puesto que si ahora mismo ella pierde pierde los papeles no seré capaz de encajar todo esto con la tranquilidad que necesito. – Además ella no me hirió, Winter, esa zorra es la culpable de que me hirieran, me utilizó sí, pero no me hirió – intento explicarle desesperado por que se calme, por impedir que las lágrimas que ya se están formando en sus hermosos ojos se derramen, por conseguir que el único punto de apoyo que ahora mismo tengo, se mantenga firme, ayudándome a digerir toda esta mierda antes de tomar una decisión sobre qué hacer – Ven, siéntate, déjame que te cuente todo, vær så snill, Winnie – le sigo rogando, tomándome la libertad de usar el apelativo cariñoso con el que oí que la llamaban, arriesgándome a provocar su ira, algo que me preocuparía mucho menos que su estado actual.  


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Einar Sørensen
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la Luna

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→ Martes, Julio 2018 → 20:35 → Residencia White → Luna nueva, despejado, fresco
Su inconsciente decidió entonces que era un buen momento para rememorar la masacre de Times Square y pronto la sangre y el olor a putrefacción cubiró el ambiente, recordó el cuerpo de su hermana desangrándose en el suelo y cómo la vida abandonaba lentamente sus ojos grises. No hizo falta más que un parpadeo para que Catherine desapareciera dejando en su lugar a Janike, y a un metro de ella yacía Damian con el cuello abierto luchando por sobrevivir. El eco de un gruñido animal interrumpió el destructivo tren de sus pensamientos, obligando a la inspectora a clavar su mirada en Einar. La luz de la luna bañaba de plateado su anguloso rostro y aunque su expresión era reconfortante, sus ojos parecían estar conteniendo una feroz batalla.

El lobo se levantó de la silla alzando las manos en señal de conciliación. Por unos segundos, dejó que la grave voz  la serenara y bajó las manos que cubrían sus mejillas... hasta que dijo aquello. - ¡¿Cómo que no te hirió?! - El azul de sus ojos se inundó de entendimiento. Era de dominio público entre las sombras que los miembros del Praetor podían llegar a desaparecer varios días en la incesante búsqueda de algún cachorro perdido. No obstante, esto le daba una nueva luz al caso. - No fue un ataque al azar. Todos aquellos días te tuvo secuestrado.- Faltaba el canto de un centavo  para que estallara en un devastador ataque de ira y fuese a atropellar a la pelirroja con su moto demoníaca. ¿Si se tiraba a un hijo de la noche desde lo alto del Empire State, moriría del todo? Llevó las manos hasta su cabello, donde los dedos se entrelazaron con las hebras doradas de una forma casi dolorosa. Einar trataba calmarla desesperadamente pero sus palabras parecían tener el efecto contrario, Winter estaba que se subía por las paredes. ¡Winter! ¡Tranquilízate! Ordenó la voz de su humanidad, esa que tanto se esforzaba por retener en su cuerpo ahora maldito. - Sí.- Musitó antes de volver a tomar el asiento que había ocupado antes. - Tienes razón. Así no vamos a arreglar nada...- Con el cabreo casi se le escapa el apodo que el rubio había utilizado. Casi. - Winnie, ¿eh?- Sus labios se curvaron en una ligera sonrisa, iluminando su ensombrecida expresión.

Se sentía como un animal en una jaula, necesitaba moverse y sacar sus frustraciones. - Me da que esto va a ser largo y doloroso, concédeme cinco minutos. - Se levantó de un salto y caminó hasta detrás de la barra, de un estante sacó una tetera metálica y la llenó de agua. - ¿Te apetece té de frutos del bosque? ¿Un poco de Bourbon? Da igual, te pondré de los dos.- Preguntó encendiendo el fogón para poner la Kettle a calentar. - También tengo pastel Red Velvet, es dulce pero sin ser empalagoso.- Sin esperar una respuesta de él, sacó la bandeja de la nevera y se la puso delante. - Mi abuela solía decir que un buen pastel era capaz de endulzar el corazón más oscuro. Ahora sé que no.- Musitaba mientras le colocaba un cuchillo al lado del plato con borde dorado.

El pitido de la tetera indicó que el té estaba listo y con movimientos casi mecánicos, la rubia lo sirvió en dos tazas de porcelana. La suya por supuesto la aliñó con sangre porque sino no iba a ser capaz de beberla. Ojeó el desastre de fotografías que tenía esparcidas por la encimera, estaba claro que iba a requerir de sus conocimientos de tetris. Acabando por encajonar ambas tazas entre el papelorio y el pastel. Antes de sentarse, agarró la botella de cristal diamantada que contenía el bourbon que le había regalado su sire y la puso en el mármol con un ruido seco.- Ahora sí. Cuéntame todo.


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→ Martes, Julio 2018 → 20:35 → Bosques del Estado de Nueva York  → Luna nueva, despejado, fresco

Estaba claro, por la expresión de su rostro y sus palabras, que estaba atando cabos, que ahora entendía el motivo por el que había estado desparecido tanto tiempo, días por lo que dice, y que aún no sé a ciencia cierta cuantos fueron en verdad. Pero se notaba que ahora mismo en su interior se estaba librando una batalla tan dura como las que padecía yo día y noche desde que me atacó aquel licántropo. Batallas para conseguir retomar el control del cuerpo y la mente y evitar caer en un frenesí de odio y destrucción que solo conseguían crearte más y más dolor. Es por eso que me mantengo cerca de ella, sin bajar las manos y suplicándole con la mirada y mi rostro que no se rinda, que recupere el control y, sobretodo, que no me deje aquí solo, puesto que, aunque me cueste reconocerlo, necesito de su tranquilizadora presencia y de la sensatez y lógica de sus pensamientos.

Es entonces cuando todo se torna realmente extraño y confuso para mi.

Afortunadamente parece que recupera el control, con una maestría y celeridad que me sorprenden, puesto que yo no soy tan rápido en domar al lobo cuando intenta hacerse con el control de mi cuerpo. En cuanto la veo volver hacia la silla, me aparto ligeramente para dejarla pasar, bajando mis manos al momento e intentando recuperar la compostura cuando aparece una sonrisa en su rostro la cual, a causa del juego de luces que producen los argénteos rayos lunares al atravesar la cocina y reflejarse en su delicado pero firme rostro, se torna enigmática mientras me recuerda con su más calmada voz que he utilizado sin permiso un apodo que seguramente está reservado a sus familiares y personas más allegadas, consiguiendo hacerme sentir realmente incómodo por lo que adopto una expresión de culpabilidad en mi rostro, bajando la mirada a mis manos – Ajá… – respondo avergonzado antes de volver a levantar la mirada del suelo y tomar asiento, de nuevo, junto a ella apoyando mis manos sobre el níveo mármol de la misma.

Lo que no me esperaba y que me deja totalmente sorprendido y confundido es verla levantarse y comenzar a ofrecerme bebida y comida, iniciando una serie de preguntas a las que está claro que no espera respuesta - ”¿Hola?, ¿Qué está pasando?" – no puedo evitar pensar mientras soy totalmente consciente de la apertura de mi boca y mis ojos en una expresión de clara incredulidad ante lo que está sucediendo a mi alrededor, encontrándome en pocos minutos con una humeante taza de té que desprende un maravilloso y relajante olor a frutos del bosque, con el inconfundible aroma de un bourbon añejo en frente mío y un cuchillo que, por la forma de brillar bajo la luz lunar espero que no sea de plata, al lado de un hermoso plato de porcelana ribeteado en oro sobre el que descansa un generoso, y realmente apetecible trozo de pastel Red Velvet que me provoca una pronta salivación, en medio del montón de papeles y fotografías caídos de las carpetas que previamente había portado la rubia.

- ”Ostia puta… es la primera persona que consigue descolocarme y centrarme en menos de diez minutos…" – no puedo evitar pensar al darme cuenta que ahora mismo la ansiedad me ha desaparecido por completo y que me siento lo suficientemente tranquilo como para comenzar mi relato, algo que, curiosamente no se me hace tan extraño, puesto que, a pesar de no estar acostumbrado a abrirme de esta forma a otras personas, con Winter se me hace increíblemente fácil.

Asintiendo con la cabeza, mientras rozo ligeramente el cuchillo y el tenedor, para asegurarme de que no están fabricados en la mortal plata, me permito partir un buen pedazo de tarta, el cual llevo a mi boca, sintiendo la pronta explosión de sabor en ella, lo que hace que el asentimiento de mi cabeza se torne más firme. Aprovechando el tiempo que tardo en saborear y tragar el trozo para poner en orden mis pensamientos y así iniciar el relato que ella espera oír.

Joder… está tremendo el pastel este… Red Velvet, ¿eh?, no me olvidaré del nombre… – le digo antes de verter una muy generosa cantidad del bourbon en el té y llevármelo a los labios, dándole un largo sorbo sin atreverme a mirarla a los ojos aún – Supongo que será mejor empezar desde el principio… – empiezo a hablarle tras dejar escapar un suspiro de mis labios, sabiendo que no vale la pena retrasar lo inevitable – La otra noche, estaba en un bar, tomando una copa, solo… – mantengo mi mirada en la taza la cual se encuentra entre mis dedos que van jugando a darle vueltas – cuando se me acercó esa zorra… – no puedo evitar escupir esas palabras, arriesgándome a recibir una regañina por hablar de una mujer en esos términos delante de la agente White – Y bueno… pues… empezamos a hablar y… me invitó a subir a una habitación… y bueno… yo… pues… la seguí – le voy explicando, sintiéndome como un auténtico imbécil ahora que sé que se acercó a mi para drogarme y utilizarme – Por lo visto la muy cabrona estaba compinchada con la camarera, quien me metió algo en la bebida y cuando entré en la habitación empecé a marearme. Es entonces cuando ella… cuando ella me dijo que si recordaba… – dejo de hablar de golpe, en cuanto sus palabras, esas que me abrieron los ojos de golpe, vuelven con fuerza a mi mente, haciendo que el dolor y la desesperación reaparezcan en mi rostro y que empiece a jugar nervioso con la taza, necesitando hacer acopio de mis fuerzas – Winter… ella… – vuelvo a tomar la palabra, con voz temblorosa y claramente afectada – Sabe cosas de mi, Winter, sabe cosas que nadie más sabe – elevo mi mirada, una mirada cargada de culpa hacia la vampiresa – Winter yo… Jeg… – intento contárselo, decirle el mayor y peor de todos los pecados que jamás haya cometido y que seguramente cambiará radicalmente la visión que tiene mi interlocutora de mi. Pero no me siento capaz, puesto que sé que si se lo digo, el peso de la culpa y el dolor me impedirán terminar mi relato, a parte que el miedo a su rechazo me insta a callarme - ”¿Tanto me importa su amistad?, ¿Tanto miedo tengo de perderla que soy incapaz de contárselo?" – me pregunto a mi mismo, sorprendido, sabiendo perfectamente que sí, que, por extraño que pueda parecer, me da miedo perder su amistad.

Soltando un resoplido y negando con la cabeza, apartando todos esos pensamientos de mi cabeza, y volviendo a posar mi mirada en las fotos caídas sobre la mesa, trago saliva para continuar con mi relato, entrecerrando los ojos al ver un trozo de foto que me recuerda algo – La cuestión es que cuando desperté estaba en una jaula, en una especie de arena de lucha. Entonces ella me obligó a luchar, me dijo que si no ganaba, no me daría respuestas, amenazó a mi familia, me dijo que ella los mataría y no tendría remordimientos por ello… –, - ”No como yo, que no puedo perdonarme lo que hice…" – me detengo unos segundos por culpa de este pensamiento antes de proseguir – Eran peleas ilegales, Winter… con solo una norma… ganar a toda costa… Me destrozaron el cuerpo… y la mente joder…¡Si era como estar en la puta Cúpula de trueno esa!... ya sabes… dos entran… uno sale… Winter… yo… tuve que matar… – le digo notando como mi voz se quiebra – tuve que matar para ganar y proteger a los míos… – termino diciéndole, temiendo sus palabras de reproche, su rechazo ante mis actos, sacando la foto que había llamado mi atención, en la que se veía un rostro que jamás en mi vida podría olvidar, la de la bruja que me había hecho creer que era mi hija, esa maldita cría que casi termina con mi vida – Jeg drepte denne heksen, yo maté a esta bruja – sentencio sujetando con firmeza la foto entre mis manos.


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