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Det er for vanskelig å be om hjelp / It is too hard to ask for help [Winter J. White]

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Recuerdo del primer mensaje :

Det er for vanskelig å be om hjelp / It is too hard to ask for help [Winter J. White]
→ Martes, Julio 2018 → 20:35 → Bosques del Estado de Nueva York  → Luna nueva, despejado, fresco

- "Estúpido, estúpido, estúpido, estúpido…" – el insulto se ha convertido en una monótona letanía que me acompaña a cada paso que doy, algo tan monótono como el desgastado asfalto que acapara toda mi visión. A cada paso, mi cuerpo protesta por el esfuerzo, pero he de continuar avanzando, he de conseguir llegar a la ciudad, he de comprobar que todo está bien en mi hogar. He perdido la noción del tiempo, desconozco cuánto tiempo hace exactamente que he estado encerrado en esa maldita choza, en esa jodida cabaña en medio del bosque, en ese agujero inmundo que apesta a ella.

El frío nocturno atenaza mi desnudo pecho, puesto que la muy zorra me llevó allí sin más ropa que la que me permitieron usar en sus malditos juegos. Pero no me preocupa eso, pues estoy acostumbrado a él, ha sido mi fiel compañero desde mi infancia en mis amadas islas hasta esta maldita ciudad. Como tampoco me preocupa la escena que debo ofrecer, un hombre solo, desnudo de cintura para arriba, con una fea cicatriz aún reciente en su rostro, avanzando encorvado por la cuneta de una carretera perdida en la mitad de los grandes bosques que rodean la luminosa y fría Nueva York.

Seguramente me habría salido más a cuenta haberme transformado, haber adoptado mi forma animal para avanzar más rápido, para acortar la distancia de mi objetivo mucho más rápido, pero sé que en el estado en el que me encuentro, en esta especie de embotamiento mental, no sería capaz de controlar a la fiera, la cual no tardaría en tomar el control de mi cuerpo y realizar todas aquellas cosas que le prohíbo continuamente. Algo que solo puede lograr cuando pierdo el control y, si a duras penas soy capaz de dar el siguiente paso, ¿cómo controlar a la bestia?.

Sé que me recuperaré, que no tardaré en ser lo que soy, en retomar el control de mi cuerpo y mente, pero no podía quedarme esperando a que regresara ni esa ni su amiga con esos vomitivos mejunjes que me obligaba a tomar. Por eso había salido tambaleante de aquel lugar, ignorando los aullidos lastimeros del cachorro, ese jodido lobezno que parece estar estúpidamente apegado a la zorra.

En cuanto salí de la cabaña tenía la certeza de que mi preciosa moto estaba allí, sé que la había visto, que la había olido, que incluso había escuchado su dulce ronroneo mientras caía dormido, pero por lo visto no era lo único que me había arrebatado esa bastarda de rojizos cabellos. Algo que no puedo perdonarle, que me cabrea sobremanera y que sé que, en cuanto se marche la niebla de cubre mis sensaciones, mi ira arderá con furia por ése detalle. Pero ahora solo siento cansancio y la necesidad de seguir avanzando de llegar a casa y comprobar que Jannike y Damian están sanos y salvos.

Después de mucho rato, consigo llegar a lo que parece ser una pequeña gasolinera, o más bien un pequeño bar de carretera que sirve para que reposten los vehículos y sus conductores. Con esfuerzo, sin dejar de repetir ésa maldita letanía en mi cabeza, apoyo la mano sobre la puerta, abriéndola despacio, con cansancio, como si pesara una tonelada en vez de solo un par de kilos. En cuanto entro en el interior, creo sentir como el calor golpea sin compasión mi helado cuerpo al tiempo que las miradas de los allí presentes se posan en mi, algunas con gran hostilidad, otras con preocupación y las menos con curiosidad. Obligando a mis piernas a seguir avanzando, me adentro poco a poco en el luminoso local, sin reprimir el gruñido que surge de mi garganta a modo de protesta por la molestia que me causa el calor y sobretodo el exceso de luz - "Mundanos…" – el fugaz pensamiento que se forma en mi mente al comprobar que no hay ningún subterráneo entre los presentes rompe durante unas décimas de segundo la letanía de mi mente, al dejarme caer pesadamente sobre una de las sillas que hay delante de la barra, la cual produce un fuerte crujido a modo de queja por la brusquedad de mi movimiento.

Al momento, poso mis azules ojos en la mujer que se encuentra detrás de la barra, una mujer ruda del campo, con cara de pocos amigos la cual no duda en mirar la escopeta que se encuentra apoyada cerca de la pared en donde se encuentra en un claro gesto de aviso – Llame Agente Winter White, policía de Nueva York vær så snill – consigo articular en una voz que se quiebra en cuanto termino de hablar, intentando que la camarera entienda que quiero que la llame, porque estoy seguro de que su intención es llamar a la policía. Mi instinto me indica que estoy en peligro, no solo porque los aquí reunidos puedan atacarme pensando que soy algún tipo de desequilibrado, sino porque ella podría volver y acabar con mi vida ahora que estoy debilitado, o incluso que sus amigos de las peleas logren dar conmigo antes de que me recupere y me vuelvan a utilizar para sus sádicos entretenimientos. Y es por este motivo, por el que sé que la única persona en la que puedo confiar ahora mismo, la única que me puede sacar de aquí sin llamar excesivamente la atención es ella, puesto que si hubiera pedido ayuda a Laila o a Scarlett la cosa podría empeorarse al sentirse obligadas a ayudarme en mi venganza, algo que juro que llegará y que disfrutaré como nunca, aunque ello termine con mi alma en manos del mismísimo diablo.


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Einar Sørensen
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It's too hard to ask for help.
→ Martes, Julio 2018 → 20:35 → Residencia White → Luna nueva, despejado, fresco
Los largos dedos de la vampiresa aferraron con suavidad la alabeada asa para alzar la cálida taza hasta sus labios y dar un sutil sorbo. Sin embargo, el vaso no era lo suficiente amplio como para interferir en su campo de visión y sus brillantes ojos destacaban tétricamente contra la palidez de la porcelana. Su cabeza trabajaba de manera incesante, tratando de hallar la respuesta a todas esas incógnitas que había suscitado la aparición del lobo en su no-vida. Con un melódico tintineo, la taza fue colocada nuevamente en el mármol. - Es acero inoxidable. - Le aseguró tras verlo tantear los cubiertos con cautela. Lo observó meterse un buen trozo de pastel en la boca y paladearlo como si fuera un manjar digno de los dioses. Ese fue el primer pastel que su abuela le había enseñado a preparar y para ella tenía un significado especial. Cada vez que uno de sus dulces provocaba una sonrisa, ella se sentía increíblemente dichosa. Era como un poder mágico.

- Me alegra que te guste. Lo hice ayer por la noche. - Desde el momento en que fue convertida en hija de la noche, había perdido esa pasión por la pastelería. Sí, de vez en cuando horneaba algún dulce para Noa (la otra inquilina de la casa) pero dado a que la ex cazadora prefería lo salado pues pocas veces tenía la oportunidad de lucirse como antaño. ¿Dónde quedaron sus sorprendentes marcas de siete pasteles a la semana? No obstante, ahora que había humanos pululando por la casa, la rubia había vuelto a las andadas amenazando con picarle todos los dientes a Dami y causarle diabetes a Jan.

Tras darle un buen sorbo al té cargado de bourbon, las palabras brotaron del lobo. Winter se limitó a mantenerse callada y cada poco asentía suavemente, mostrándole al rubio que en realidad sí seguía el hilo del argumento. El único movimiento brusco que hizo fue rebuscar en las carpetas que había traído para encontrar un papel en blanco y así poder garabatear frases aleatorias en su elegante caligrafía cursiva. Aún así procuró mirar la mayor parte del tiempo a su interlocutor, tal y cómo hacía en su trabajo. Einar había tenido toda la razón cuando le había dicho que debía mantener la calma, concretamente debía mantener sus emociones a raya y decantarse por la racionalidad. Prosiguió en silencio hasta que escuchó como el lobo se trababa. - No me lo cuentes. - Soltó seca. - Es decir...- Se aclaró la garganta tras percatarse lo lacónica que había sido, optando por ser algo más dulce. - Si no estás preparado para hacerlo, no quiero que te fuerces a ello.- Colocó su fría mano en la de él, que rezumaba calidez. Era curioso como no era capaz de notar la temperatura exterior pero sí la de los seres vivos... era una enfermedad muy singular la del vampirismo.

Clavó sus ojos en lo de él, observando con detenimiento cómo el habitual mar plata que habitaba en ellos se había azorado hasta ser una marea brumosa. A diferencia de hacía un rato, cuando casi se había transformado, ya no había rayos sino una simple niebla que empañaba su usual brillo perlado. Winter lo consideraba un hombre bastante bonito pero que Raziel la calcinara si algún día se le ocurría confesárselo, porque por alguna extraña razón a los hombres no les gustaba ser catalogados como hermosos o bonitos. Qué complejos que eran. ¿O quizás le parecía más bello porque le gustaba su forma de ser? Lo más probable. Obviamente, desde aquella vez que lo vio en Central Park había sido capaz de apreciar que era muy atractivo para ser un chucho sarnoso y pulgoso, sin embargo, ahora lo veía increíblemente guapo. Le gustaba estar con él porque al igual que ella, parecía tener corazón. - Hiciste lo que debías. - Musitó con un hilo de voz. - Todos lo hubiéramos hecho.- Observó la fotografía que Einar sostenía tras su declaración de culpabilidad. - ¿Ella también luchaba en el circo romano? - Preguntó anotando el nombre de la víctima también en el folio.

- Sé que es duro, pero necesito que me respondas un par de preguntas. - Cómo solía decirse en el New York Police Department: una inspectora siempre es inspectora. Incluso cuando su amigo había sido arrastrado hasta el mismísimo infierno. - Dejando de lado el hecho de que efectivamente Irina es una zorra, porque fue lo suficiente astuta como para engañar a un lobo... - Empezó a hablar.- ¿Sabrías decirme cómo se llama el bar en que ella te drogó? ¿La camarera era subterránea o humana? ¿Qué apariencia tenía?- Si Irina estaba metida en una red de peleas ilegales de subterráneos la Clave debía ser informada de inmediato, no podían permanecer de brazos cruzados mientras seres de las sombras luchaban por sus vidas. - ¿Te dijo Irina por qué te había escogido a ti? - Todo era un caos y debía llegar a la raíz del asunto antes de que todo empeorara.

- Quiero que sepas que mientras tú familia esté aquí no les podrá hacer nada porque hay barreras que no permiten la entrada de ningún ser que yo no haya invitado y créeme ella no sería alguien a quien quisiera pululando por mi casa. Sé que bebe sangre de humano y eso no me gusta. Soy consciente de que los hijos de la noche no valoran a los humanos, los matan con la misma facilidad con la que un agente de policía se comería un donut relleno. - Le dio un sorbo a su té con sangre, humedeciéndose la garganta. - Aunque no soy una santa. Yo también he matado a humanos a sangre fría. - Soltó sin pesar. - Y lo volvería a hacer si hiciera falta. Ellos habían torturado a niños y yo los torturé a ellos. Es causa y efecto. Lo bueno es que lo hice cuando era mundana- Acompañó la última palabra con una señal de las comillas y una mueca burlesca. - y la Clave no me puede juzgar por ello. Tampoco lo puede hacer la justicia humana pues los shadowhunters no permitirían que una chupasangre internara en una cárcel.


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Det er for vanskelig å be om hjelp [Winter J. White]
→ Martes, Julio 2018 → 20:35 → Bosques del Estado de Nueva York  → Luna nueva, despejado, fresco

Ahí estaba de nuevo Winter J. White y su increíble empatía, una de las cualidades que más me atraen y gustan de ella, puesto que al decirme que no le explique lo que tanto me cuesta confesarle hasta que no esté preparado, no hace sino estrechar aún más ése agradable sentimiento de cariño y admiración que siento hacia la rubia. Realmente el oírla decirme esas palabras, a pesar de la brusquedad de las primeras, me supone un gran alivio, puesto que, cual cobarde, pospondré el momento de revelar mi secreto más oscuro para más adelante, para cuando no me quede más remedio que contárselo - ”Pero a ser posible antes de que se entere por otra persona…" – me recuerdo a mi mismo, sabiendo que le debo la verdad, que sería una putada por mi parte si se enterara por terceras personas de lo que hice, aunque sólo hay otra persona en esta jodida ciudad que lo sepa - ”Y no me cabe la menor duda que se lo soltará con tal de hacerme más daño aún" –.

El frío tacto de su piel sobre la mía hacen que abandone esos pensamientos por un momento, agradeciendo ése simple pero muy reconfortante gesto, algo que hace pocos meses habría sido impensable, puesto que no habría permitido que ninguna jodida sanguijuela me hubiera tocado, y mucho menos de esa manera, pero Winter me había enseñado a dejar de lado las enemistades raciales y a entablar una amistad que se va afianzando día tras día. Sin poder evitarlo, mis ojos se elevan ligeramente, buscando los suyos, aquellos pozos de jade tan vivos y penetrantes que tanto chocan la palidez general de todo su cuerpo, asintiendo ligeramente con mi cabeza, una vez ambas miradas se cruzan, agradeciéndole así su comprensión ante mi reticencia a explicarle eso que tanto me cuesta.

Sus palabras de aceptación, ésas que me dicen que ella habría hecho lo mismo en mi caso, consiguen que sienta cómo si un gran peso abandonar mis hombros, volviendo a buscar su mirada con la mía, dejando de lado la foto de la joven bruja, para centrarme otra vez en ésos orbes que amenazan con absorberme, con penetrar en mi mente y descubrir hasta el último de mis secretos. Así, durante los escasos momentos en los que ella tarda en apartar su mirada de la mía para dirigirla a la fotografía que sostengo con fuerza entre mis manos, le agradezco con mi mirada, una mirada cansada, arrepentida pero sobretodo agradecida, su compresión y sobretodo su apoyo, algo que tanto necesito en estos momentos en los que ella se acaba de convertir en ése pilar, ése punto de anclaje que tanto necesito ahora mismo para centrarme y no perder el control en una espiral de ansiedad, miedo, rabia y destrucción.

Ja, ella fue mi última contrincante… – respondo a su pregunta sobre la niña de la foto mientras asiento con la cabeza – Fue la peor con diferencia… – empiezo a hablar casi en susurros, sintiendo cómo el recuerdo de ese combate florece con rapidez en mi cabeza, acelerándome el pulso y enfocando mi mirada más allá de la foto, reviviendo aquel agónico combate – Jugó con mi mente… me hizo creer que era… que era… que era alguien importante para mi y yo no podía matarla, Nei, ikke igjen – digo negando con la cabeza, con temblorosa vez, sobre todo ante mis últimas palabras, ante ese no otra vez, pues realmente me hizo creer que se trataba de mi hija y me negué a volver a matarla no reaccionando hasta que casi me hubo asfixiado – Fue ella quien me dejó este bonito recuerdo… – añado tras unos segundos de silencio, usando ahora mi característico tono burlón mientras elevo mi rostro señalándole con mi índice la nueva cicatriz que luce y en cuyo interior estaba el pedazo de plata que si no me hubiera extirpado la rubia me habría terminado de matar en pocos días.

Asintiendo ahora en silencio a su comentario sobre las preguntas, espero mientras la escribir varias notas en la hoja que tomo antes del montón de papeles que trajo consigo. Aprovechando para dar otro largo trago al te, sintiendo la agradable humedad del líquido en mi reseca boca y garganta, así como el agradable calor del bourbon recorriendo mi esófago. Sin romper el silencio, dejo que ella tome ahora la palabra, sintiéndome algo incómodo por la semejanza de la situación a estar siendo interrogado en una comisaría, algo que me incomoda a pesar de que sé que es mi amiga quien lo está haciendo, pero que consigo mantener oculto para que ella pueda satisfacer su curiosidad con mis respuestas. Sin embargo no puedo evitar soltar un gruñido cuando utiliza el mismo término despectivo que yo uso para referirme a la rusa, así como tampoco puedo evitar agachar la cabeza y la mirada ante la certeza de que me engañó con suma facilidad - ”Menudo lobo que estás hecho… una vergüenza para los tuyos, sin duda…" – me reprocho mentalmente sabiendo que fue una estupidez bajar la guardia y dejarme tomar el pelo con tanta facilidad por ella.

Soltando un resoplido ante sus primeras preguntas, cierro los ojos mientras giro la cabeza ligeramente, como si buscara mirar mi hombro mientras intento evocar en mi mente aquella noche – Selvfølgelig… Shadow’s Inn – empiezo a responderle tras abrir de nuevo los ojos y volver a mirarme las manos que yacen entrelazadas sobre la mesa – Es ése bar con habitaciones de las afueras, en donde se reúnen bastantes subterráneos. En cuanto a la camarera… puedo decirte hasta el nombre… Es una bruja, fue quien se encargó de obligarme a beber aquella asquerosa poción verdosa que me mantenía atontado mientras me retenían en aquella jodida cabaña del bosque después de las peleas. Se llama Selina, trabaja como camarera allí, pero también trapichea con pociones y demás en el mismo local. En  cuanto al porqué me había elegido… – detengo mi explicación unos segundos, los cuales necesito para organizar mis ideas, mi mente, antes de continuar, mordiéndome el labio inferior durante esos momentos sin apartar mi mirada de mis manos – Fordi… porque me dijo que sabía que ganaría, que me conocía de Moscú, que me había visto pelear, que necesitaba que ganara para obtener algo, y que sino lo hacía mataría a mi familia. – termino de responder a sus preguntas, intentando olvidar el recuerdo de las peleas, algo que no puedo evitar que una parte de mi disfrutara demasiado.

Sin apartar mi vista de mis manos, aprieto los labios afirmando levemente con mi cabeza mientras la escucho hablar, sintiendo cómo mi agradecimiento hacia ella, hacia la protección que brinda a mi familia, crece en mi interior, sabiendo que no tendré vida suficiente para devolvérselo, hasta que oigo salir de sus labios su confesión. Esa confesión de haber matado a humanos a sangre fría, algo que no me esperaba de ella puesto que daba por sentado que habría matado a gente por su condición de agente de la ley, pero sus palabras, aquellas que sacan a la luz una parte oscura de su vida me sorprenden tanto que no puedo evitar dar un ligero respingo y elevar mi mirada a la suya, mirándole con una expresión de genuina sorpresa en mi rostro al tiempo que, extrañamente mi corazón comienza a bombear con más fuerza, con más rapidez, aumentando mi tensión. Tragando saliva sonoramente, sin perder esa expresión sorprendida en mi rostro noto como mis labios se separan, empezando a hablar de forma totalmente inconsciente – Men de kan fordømme deg til livet fengsel – escucho mi voz pronunciando esa frase, una frase que surje de mi mente a la luz, puesto que si los cazadores no pueden permitir que un subterráneo entre en la cárcel sólo pueden matarlo o, como he dicho inconscientemente, condenarlo a cadena perpetua – Cadena perpetua… ése fue mi castigo… – susurro mientras aprieto mis labios y entrecierro ligeramente mis ojos, volviendo a asentir levemente con la cabeza – Matarme habría sido la solución más fácil.. pero condenarme a eso era asegurarse de que no volvería a cometer ninguna atrocidad semejante… ¡Qué hijos de puta! – espeto negando ahora con la cabeza, comprendiendo el verdadero motivo por el que los Shadowhunters que me encontraron cuando maté a mi familia no me mataron y me permitieron vivir alejado de los mundis, porque sabían que la culpabilidad impediría que volviera a matar a humanos - ”Y vaya si lo consiguieron…" – confirmo mentalmente el hecho de que desde entonces no he vuelto a matar nada que no sea un animal o un subterráneo.

Sacudiendo mi cabeza con fuerza a los lados y soltando un resoplido, vuelvo a centrarme en la vampiresa, siendo ahora yo quien alarga sendas manos para tomar la suya entre ellas, sintiendo la suavidad y frialdad de su mano contrastar con la aspereza y calor de la mías, haciéndome sentir algo rudo frente a ella – Hiciste bien en matar a esos tipos, algunos mundanos son más perversos y oscuros que muchos subterráneos, pero, te vuelvo a repetir que no tendré vida suficiente para agradecerte todo lo que haces por mi familia. Estoy en deuda contigo, Winter Juliet White y prometo que te compensaré, que te ayudaré cuando me necesites, y que haré lo que me pidas – le dijo en tono serio, con toda la sinceridad de la que soy capaz de expresar con voz y rostro, puesto que pienso cumplirlo, aunque me cueste la vida.  


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→ Martes, Julio 2018 → 20:35 → Residencia White → Luna nueva, despejado, fresco
El silencio de la noche que reinaba en la ostentosa casa de la ilustre familia White sólo era agujereada por la ronca voz de Einar Sørensen y el divagar de un bolígrafo sobre el papel. A su lado se hallaba Winter Juliet White, la que en su día hubiera sido la última esperanza para la perpetuación del noble apellido, quien dirigía la pluma en la creación de un resumen que resolviera el enigma, o al menos parte de él. Sus robes se hallaban entornadas, clavadas en aquello que escribía con tanto apremio. Se preguntó cuántos subterráneos habían sufrido lo mismo que Einar y si aún había esperanza alguna de salvarlos, pero desechó la idea en pos de concentrar toda su atención en su amigo lobuno. - Selina.- Se oyó a sí misma repetir. Las comisuras de sus rosados labios se curvaron en una suave sonrisa cargada de confianza y de algo ajeno a ella, cinismo. - Está acabada.- Dijo antes de subrayar su nombre con un rotulador rojo. Ya sabía lo que iba a hacer; iba a hacer honor al sobrenombre que los hijos de la noche neoyorquinos le habían otorgado: la perra de la Clave. El nombre, lejos de ofenderla, le había resultado tremendamente gracioso y para dar el golpe de gracia, había decidido transmutarlo por algo más sucio y más sexual. The Clave's Whore sonaba más apropiado para lo que ellos creían que ella hacía, delatar todos los secretos del submundo a los nephilims. Bien, quien avisa no es traidor.

Por lo que dijo el lobo, era obvio que él no recordaba haberse topado con la pelirroja en Moscú. La inspectora recordó los ojos esmeraldas de la inmortal, las hebras de su cabello que parecían estar hechas de fuego y sus labios rojos como el carmín. Era la encarnación de lo que los humanos denominaban como Femme fatale, se le hacía tan fácil engatusar a los hombres que debía resultarle aburrido. - ¿Tú no recuerdas haberla visto en Moscú?- Preguntó aunque creía saber la respuesta, no obstante, todavía podía haber un giro teatral en la trama. A estas alturas, ya nada debería sorprenderle.

La salida de los nephilims a colación, trajo consigo una ácida respuesta por parte del hijo de la luna. - ¿Crees que dejarte con vida fue un castigo?- Preguntó entonces, arqueando sus doradas cejas hasta que se perdieron tras el cabello que conformaba su flequillo. - Se nota que no has tratado mucho con ellos. - Sacudió la cabeza un par de veces, negando. - Si te dejaron con vida fue por misericordia.- Como el eco de un lejano y distante pasado, evocó la brillante mirada de Uriah, su cálida mano sobre la de Winter que asía con fuerza un cuchillo de oro, animándola a clavárselo en el pecho. Tratando de compensar con su muerte la sangre vertida en Times Square, donde ella encontró aquella arma entre todo el caos. Había pasado casi un año, sin embargo, aún podía recrear como la respiración del moreno había golpeado sus frías mejillas, como se había aferrado a su camiseta de algodón para apartarlo de lo que ella creía un sacrificio injusto. Un repentino calor rodeó su su mano y la inmortal despertó de su ensueño. Vio como Einar la sostenía con agradecimiento.

Parpadeó un par de veces, volviendo en sí. Cuando volvió a hablar, su voz era un murmullo como si le hubieran sacado todo el aire de los pulmones. - Sólo los shadowhunters más jóvenes se muestran condescendientes con los subterráneos. Los más mayores respetan los Acuerdos, sí, pero porque no les queda de otra. Esperan con ansia que incumplamos la ley para despellejarnos vivos.- Susurró clavando sus zafiros en la plata de él.-  Son pragmáticos y créeme cuando te digo que dejarte con vida no es algo que ellos vean como rentable. Si quisieran castigarte te habrían dejado morir en una celda de la Ciudad Silenciosa, donde jamás hallarías consuelo. Mientras estuvieras despierto estarías sumido en la oscuridad más espeluznante y cuando durmieras, rememorarías una y otra vez tus peores vivencias.- Esto dejó claro que la vampiresa sabía mucho más de los shadowhunters que la mitad de los seres que habitaban las sombras, quienes se limitaban a creer todos los chismes que corrían por los bajos fondos. - No digas eso.- Cabeceó un par de veces. - Las deudas son para los brujos. Por muy ñoño que suene, yo sólo hago lo que me dicta el corazón.

Esto pareció traer a la memoria de la rubia algo, que se llevó la mano libre a la frente. - Antes de que se me vuelva a olvidar...-  Se levantó con cuidado, arrastrando el taburete que emitió un suave chirrío. - tengo algo que darte. - Agarró un trapo de cocina y se lo tendió al licántropo. - No pienso dejarte subir a mis dependencias con las manos  llenas de sangre.




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→ Martes, Julio 2018 → 20:35 → Bosques del Estado de Nueva York  → Luna nueva, despejado, fresco

El oír cómo sentenciaba a la pobre bruja cuyo único pecado había sido haber ayudado a una conocida provoca que niegue enérgicamente con mi cabeza, al tiempo que me atrevo a llevar mi cansada mirada a la vampiresa, observando como la luz argéntea de Selene se refleja en su blanquecina piel, dándole un aspecto marmóreo del que resaltan, sin lugar a dudas, el verdor de sus profundos y concentrados ojos. – Nei, Winter, nei… – le empiezo a decir con un ligero tono de súplica en mi voz – Ella no tiene la culpa de nada. Selina creía que estaba ayudando a una amiga – voy explicándome, revelando más información sobre lo que pasó después de aquella noche, retirando de nuevo la mirada del bello rostro de mi amiga, para centrarlo de nuevo en un punto de la mesa – La engañó, como a mi. No es sino otra víctima de la zorra rusa. Me lo contó todo en la cabaña, a donde me llevaron después de los combates. La bruja se esforzó por curarme, me mantenía drogado, ja, pero me pidió perdón mil veces. No sería justo que los subterráneos perdieran a una bruja que les ayuda con sus pociones a precios razonables – termino de decirle, defendiendo a la pobre camarera, la cual me había demostrado que realmente estaba arrepentida por haberle facilitado la mierda ésa que me dejo KO permitiendo a la maldita chupasangres pelirroja llevarme a aquella locura de espectáculo.

La pregunta sobre si tengo recuerdos de esa maldita zorra antes del encuentro no me sorprende lo más mínimo. Está claro que ella se ha preguntado lo mismo que yo en los combates, por lo que no puedo más que responder con un movimiento de cabeza, negándolo – Lo siento… creo que me acordaría si la hubiera conocido antes. Pero… durante el último combate… recordé… – según voy hablando, volviendo a sacar el tema que no me atreví a contarle hace unos minutos, siento cómo mi corazón vuelve a acelerarse, al mismo ritmo que lo hace mi respiración, notando la sequedad en la boca y una reticencia al hablar que me cuesta superar – Recordé que una noche, mi pequeña, me habló de una mujer de piel blanca y cabellos como el fuego que la iba a visitar cada noche… su ”hada madrina” la llamaba… ¿Es posible que no fuera capaz de verla?, ¿Tan ciego estaba?, claro que entonces aún era un mundano, con una vida normal y corriente… – no puedo evitar terminar de hablar en un susurro, sintiendo la tan habitual punzada de dolor en el pecho por culpa de los amargos recuerdos, y la sensación de la vida perdida.

Por lo visto era bien cierto que me había estado espiando durante mucho tiempo cuando vivía en la capital rusa. Pero por mucho que me había estado esforzando no era capaz de recordarla, de tener la ligera consciencia de haber visto su rostro o su pelo en los alrededores de mi casa moscovita, o en las peleas callejeras que solía frecuentar para sacarme un sobresueldo. Pero, lo peor de todo, es que parecía que tenía un extraño interés en mi, un interés que no he logrado averiguar todavía  - ”Pero que pienso sacarle aunque sea a golpes cuando la cace" – pienso sabiendo que, en cuanto me recupere del todo, iré a por ella.

Realmente no considero que fuera ningún acto de misericordia el hecho de que los Shadowhunters me dejaran con vida, por lo que no puedo evitar soltar una corta risa amarga ante su comentario. - ”Misericordia hubiera sido matarme, dejarme reunirme con mi esposa e hija en el infierno" – no puedo evitar pensar, puesto que eso si que habría sido un acto de misericordia, y no permitirme vivir con el peso de la culpa día tras día.

Sin embargo y, por extraño que parezca, con sus siguientes palabras me deja bien claro que conoce mucho mejor que yo a los Nephilim. Incapaz de apartar mi mirada de los pozos de jade que me mantienen atrapado en su inmensidad, escucho sus palabras, aquellas que me explican cosas que jamás había oído antes, pues, si bien es cierto que he escuchado en innumerables veces historias sobre la Ciudad Silenciosa, nadie me había explicado lo que les sucedía a los pobres desgraciados que eran enviados a alguna de sus celdas.

Con un movimiento de mano consigue romper el embrujo en el que me encontraba por culpa de su verdosa mirada, haciendo que parpadee un par de veces antes de bajar la mirada de nuevo al montón de fotos que descansan desordenadas sobre la lisa superficie de la mesa. Aunque en cuanto le escucho comentarme que tiene algo que darme, la vuelvo a elevar, ladeando ligeramente la cabeza en un claro acto curioso, más animal que humano pero que encaja perfectamente con la expresión curiosa que adopta mi rostro antes de aceptar el trapo con una mano. Sin poder evitarlo, como un mero acto de defensa, de romper la seriedad y profundidad que había adquirido la conversación, no puedo evitar comenzar a esbozar una media sonrisa con mis labios, claro indicio de que mi mente ya está elucubrando una respuesta irónica. Respuesta que no tardo mucho en verbalizar mirándole directamente – Vaya… ¿Eso quiere decir que nadie te llevará el desayuno, o la cena a tus aposentos? – le suelto, incapaz de reprimir el comentario ligeramente irónico que su comentario sobre ir con las manos llenas de sangre a sus dependencias provoca en mi. – Dame un segundo, que sino se echará a perder… – le digo seguidamente, esbozando una sonrisa divertida antes de terminar de devorar el trozo de tarta, porque más que comer que lo hago es devorar, que me había servido antes de iniciar la conversación.

En cuanto he dado perfecta cuenta de ella y del te bien cargado de Bourbon, me limpio concienzudamente las manos con el trapo, para luego ponerme en pie y, tras asentir ligeramente con la cabeza, comienzo a seguirla hacia sus dependencias, que seguro que estarán acorde con la exquisita decoración de la que hace gala la mansión de los White.


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Einar Sørensen
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→ Martes, Julio 2018 → 20:35 → Residencia White → Luna nueva, despejado, fresco
Los labios de la rubia se curvaron en una sonrisa pícara que dejó al descubierto una hilera de perlados dientes coronada por dos puntiagudos colmillos, en una mueca marca registrada de los hijos de la noche. - Claro que no es eso.- Negó envuelta en un halo de suma altanería.- Me traen el desayuno a la cama, pero no en las manos. - Alzó la diestra y con el dedo índice y corazón golpeó un par de veces la sensible zona del cuello donde solía hallarse el pulso y la que tanto les gustaba morder a los vampiros. Quizás si se hubiera tratado de otra de sus congéneres, hubiera resultado realista, pero tratándose de Winter la broma le quedaba grande. Era sabido por sus allegados que ella jamás se había alimentado directamente de la víctima.

Los primeros meses de su conversión, estando en la casa de Calem y Bianca, su sire le había provisto de sangre humana en bolsa. Sin embargo, desde el preciso instante en el que se mudó, decidió limitarse a consumir sangre exclusivamente de procedencia animal; su fuerza y reflejos se habían resentido ligeramente, pero le permitía convivir con humanos por largos períodos de tiempo sin ansiar morderlos. Desde el día de su conversión había procurado evitar todo aquello que pudiera hacer flaquear sus férreos principios: desde la famosa placentera sensación de clavar sus colmillos en la cálida y tierna piel de algún mundano, hasta beber sangre humana de bolsa. - La realidad es que yo sólo "como" aquí. Me da mucha rabia tener vasos sucios por la casa.- Comentó encogiéndose de hombros.

Observó a Einar acabar con lo que quedaba de pastel y de bourbon en un tiempo récord. Tras un asentimiento de cabeza, Winter marchó por el pasillo y comenzó a subir las escaleras. Sus dependencias se hallaban en el tercer piso, protegidas por un potente glamour para pasar desapercibidas a ojos humanos y bloqueadas por una fuerte barrera mágica que evitaba la incursión de subterráneos curiosos; sólo tres personas habían entrado allí aparte de Winter, Catherine,  Bianca y Uriah Pellegrino.

El rellano era un espacio totalmente diáfano que rozaba lo majadero: carecía de puertas y lo único que parecía haber allí era un diván, una estatua neoclásica de un dios alado, y una mesita auxiliar con un jarrón. Retomando el paso de nuevo, la rubia cruzó el salón con la gracia típica de los de su especie y justo antes de llegar a la pared más lejana, donde se hallaba la mesa con las rosas blancas, la ilusión comenzó a desvanecerse hasta revelar una puerta de doble hoja. Ni siquiera hizo falta que posara su mano en el pomo para que ésta se abriera dramáticamente.

- Ven, sígueme. - Lo animó antes de adentrarse en la oscuridad del pasillo y pasar por alto el hecho de que los licántropos en forma humana no eran capaces de ver en la oscuridad. - Está cubierta por un potente glamour además de una ilusión para que nadie entre.- Abrió otra puerta y ahora sí encendió la luz. La claridad bañó el amplio despacho de inmediato. - Bien. Toma asiento.- Se dejó caer en su cómoda silla, detrás del escritorio, y le dedicó una amplia sonrisa. - Debe heder a sanguijuela, ¿verdad?- Y a sangre de ángel. recordó su mente traidora. La chaqueta ensangrentada de Uriah seguía en su dormitorio y era casi imposible que pasara desapercibida para Einar.

- Suelo abrir las ventanas a diario y encender velas de rosa y vainilla, pero dudo que contrarresten el olor a muerto.- Una risilla escapó de sus propios labios. Tras un año siendo hija de la noche había logrado aceptar su nueva condición e incluso bromear sobre ella. Aún con la mueca divertida en la cara, se agachó ligeramente para rebuscar en uno de los cajones. - ¡Aquí está!- Canturreó entusiasmada, en su diestra relucía un sencillo anillo de oro. -  Einar Sørensen, ¿me harías el honor de llevar este anillo faérico que permite la telecomunicación y así poder saber si estás en algún aprieto?


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→ Martes, Julio 2018 → 20:35 → Bosques del Estado de Nueva York  → Luna nueva, despejado, fresco

Con una ceja enarcada y una expresión de completa incredulidad en mi rostro la observo mientras hace su representación teatral de uno de los suyos alimentándose directamente de una víctima, algo que sé a ciencia cierta que la rubia no ha hecho en su vida y que dudo mucho que llegue a hacerlo - ”Aunque también hubieras dudado de que tú harías algo parecido… ¡y vaya si lo hiciste!" – no puedo evitar recordarme a mi mismo, sabiendo que en determinadas circunstancias hacemos cosas de las que luego nos arrepentimos, cosas que jamás habríamos imaginado que seríamos capaces de hacer y que llegado el momento realizamos casi sin pensarlo. – Å!... ja…, claro que no me acordaba que eres una de esas femmes fatales… vamos lo que vendría a ser una mantis religiosa que se zampa a sus amantes tras el apareamiento para la gente vulgar como jeg – no puedo reprimir responderle en tono burlón, siguiendo con su escenificación sobre la mordedura de un vampiro, antes de hacer centrar mi atención en la deliciosa tarta que me aguarda sobre el delicado plato.

Una vez que tengo las manos limpias, no dudo en seguirla hacia sus aposentos, comenzando el ascenso de unas escaleras que nunca antes había utilizado y que, a cada escalón que ascendía, me acercaban al lugar más íntimo de la joven vampiresa, a su auténtico santuario, un lugar que seguramente pocos han tenido la suerte de visitar y que, siento mucha curiosidad por descubrir los motivos que la han empujado a permitirme el lujo de mancillarlos con mi olor a chucho mojado.

En cuanto llegamos a un rellano cuya blancura se me antoja hasta molesta a los ojos, y eso que solo se haya iluminada por la artificial luz de las bombillas al no contar con ninguna ventana, o apertura al exterior que permita la entrada de la luz natural, haciendo que la sensación de encontrarse en un lugar imposible, en el final de un callejón sin salida, de gusto exquisito eso sí, pero sin dejar de ser un final del camino, te provoque esta extrañeza que ahora mismo se ha apoderado de mi, haciendo que mi mirada revise con rapidez la zona, sin que pasen desapercibidas para mi ni la jodida estatua, ni el diván o la mesita, únicos adornos del rellano. Pero sí, impidiéndome ver la realidad, como la puerta que se abre sorprendentemente, consiguiendo que la sorpresa aflore a mi rostro y que un gruñido de la misma índole brote suavemente de mi garganta. - ”¡La ostia!... ¿en serio se pueden hacer estas cosas?" – me pregunto sorprendido ante la aparición del oscuro pasillo que tanto contrasta con la blancura del rellano pues, a pesar de haber conocido y visto varias ilusiones, era la primera vez en mi vida como subterráneo que descubría lo que era capaz de hacer con un lugar físico una buena dosis de ilusión y glamour.

Sin moverme por culpa de la sorpresa que me ha causado el descubrimiento de lo que me recuerda a un pasillo oculto de algún castillo medieval europeo, veo como la oscuridad engulle a mi amiga, la cual desaparece en la negrura que se extiende más allá de la extraña puerta, como si de un portal a otra dimensión, o de un jodido agujero negro se tratara, indicándome solamente por el sonido de su voz que continúa en este mundo y no ha sido enviada a cualquier otro punto de la existencia.

En cuanto una luz rompe con el embrujo que estaba provocando aquel pasadizo oscuro en mi, empiezo a caminar por el pasillo, intentando mantener el paso firme, como hacía antaño en la capital rusa, intentando no demostrar la inquietud o el miedo que sentía, igual que ahora mismo la inquietud de no saber si las salvaguardas que ha utilizado me permitirán la entrada, o si seré testigo principal de su poder al intentar llegar a la otra estancia que, poco a poco, se va acercando según voy avanzando por el oscuro pasillo, guiado únicamente por la luz que ha iluminado su final en cuanto la vampiresa ha encendido la luz.

Nada más entrar el aroma a rosas salvajes único de Winter me recibe con fuerza, al igual que el olor a viejo que la delata como hija de la noche, pero lo que me sorprende, aquello que no me esperaba y que capta al momento mi atención, haciendo que incluso olfatee el aire como si estuviera en mi forma animal, es el inconfundible olor a Nephilim, algo que para nada esperaba encontrarme en su casa. - ”¿Así que jugando con Ángeles y Demonios?" – me pregunto inmediatamente, recordando el fuerte olor a demonio que reinaba en uno de sus pisos francos, al tiempo que miro a mi alrededor, casi esperando ver abalanzarse sobre mi a algún cazador para exigirme respuestas sobre lo que pasó, algo que ni yo mismo sé.

Ja…, apesta a sanguijuela… – le suelto sonriéndole una vez me relajo al constatar que estamos solos en la estancia, aceptando su oferta para tomar asiento en una silla mucho más cómoda de lo que parecía al verla – Tranquila, prevalece tu olor personal al de tu raza… aunque no creo yo que sea buena idea utilizar eau de Nephilim para ocultar el olor… porque hay un tufo a cazador que te echa para atrás – le digo en tono divertido aprovechando que se agacha momentáneamente para buscar algo en un cajón, haciéndole notar que no me ha pasado desapercibido el olor.

Es entonces cuando la veo enseñarme un anillo dorado, justo antes de que comience a hablarme en un tono que me hace dar un respingo, tensándose todo mi cuerpo y mostrando una genuina expresión de sorpresa en mi rostro al oírla llamarme por mi nombre completo - ”¡No me jodas!... ¿No me digas que va a hacer eso?. ¿Está loca o qué?" – me pregunto completamente sorprendido al comenzar a escuchar su pregunta, una pregunta que suele hacerse en miles de ocasiones junto con un anillo como ese, algo que para nada me esperaba y que me pilla tan de sorpresa que no puedo evitar que mi cuerpo reaccione de aquella manera. – Fy faen, Winter!… ¡Casi me da un infarto, jodía! – espeto tras soltar un suspiro de alivio, llevando mi diestra al corazón y negando con la cabeza ante el alivio que me supone el haber pensado erróneamente que me iba a pedir ser su pareja o algo por el estilo.

La verdad es que Winter es una mujer terriblemente atractiva y ya no solo por su naturaleza vampírica, sino que seguramente ya lo era cuando aún era una mundana. Y no solo por esos ojos de un azul tan intenso que te recuerda al cielo veraniego tras una tormenta, sino por la belleza de su rostro, enmarcada por esos cabellos plateados que juguetean danzarinamente los días de viento, consiguiendo que mirarla sea como mirar a una de las antiguas diosas griegas, una de esas doncellas por las cuales cualquier hombre estaría dispuesto a realizar locuras. - ”Vamos, que si no fuera porque sería una locura, no me importaría calentar su frío cuerpo por las noches" –.

Recuperando finalmente la compostura, y adoptando una expresión algo más seria, aunque sin dejar de sonreírle, acepto el anillo que me ofrece  – Claro que lo acepto, aunque ello me haga quedar como un perro faldero… – no puedo evitar bromear ligeramente  – En serio, es precioso, y, a pesar de que me has acojonado durante un momento al pensar que iba a ser la víctima de la increíble mantis religiosa de mirada azulada, he de reconocer que me halagas con semejante regalo… vamos que…. ¡joder!, que hace mucho tiempo que nadie me regalaba nada… y… ostias… no sé muy bien que decir… – termino reconociendo algo que salta a la vista, sobretodo por mi tartamudez y por la dificultad en mirarle a los ojos pues no estoy para nada acostumbrado a que nadie me regale nada, y mucho menos algo como lo que sostengo en mi mano y que no tardo en colocar en uno de mis dedos  – ¿Y cómo has dicho que funciona esto? – pregunto curioso mientras levanto la mano derecha, admirando lo bien que me queda el anillo en el dedo índice de dicha mano.


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→ Martes, Julio 2018 → 20:35 → Residencia White → Luna nueva, despejado, fresco
Su sonrisa, que hasta el momento se había mantenido en una mueca traviesa, se ensanchó tras oír el término otorgado por el hijo de la noche hasta el punto que parecía que en cualquier momento iba a echarse a reír a carcajada limpia. La expresión Femme Fatale no le generaba simpatía y no por las connotaciones negativas que la sociedad solía establecer para todas aquellas mujeres que seguras de sí mismas disfrutaban de su sexualidad con gran astucia, sino porque ser una femme fatale implicaba ser lo suficiente déspota como para anteponer tus deseos al resto de seres. Pues gracias, pero no. - Creo que las sanguijuelas lo hacemos mientras nos apareamos. - Expresó en voz alta, tamborileando su barbilla con el dedo pulgar en un pose pensativo. - Pero no estoy segura.- La verdad es que nunca se le había ocurrido preguntarle a un hijo de la noche si lo usual entre ellos era morder a sus víctimas mientras se está manteniendo relaciones sexuales. Parecía un poco aparatoso.

El ascenso a sus dependencias fue de lo más normal, dentro de los parámetros de normalidad que pueden conceder una mesa y un espejo que se desvanecen para dar paso a una puerta. Winter estaba tan acostumbrada a esos truquitos de magia que ya se le antojaban aburridos, no obstante, le parecía divertido ver la reacción de todas aquellas personas que presenciaban semejante espectáculo por primera vez. Podía percibir el acelerado pulso de Einar y la inspectora se preguntó si aún la consideraba una amenaza, aún después de todo por lo que habían pasado. La respuesta vino desde lo más profundo de su consciente, de aquella naturaleza oscura que tanto se había esforzado por confinar. Era innato, por más que la parte racional del licántropo la viera como una amiga, el lobo deseaba verla arder. Tan sólo hacía falta recordar la batalla que ambas partes habían llevado a cabo en la cocina. Y entonces, si tan fuerte era su rivalidad… ¿por qué ella no la sentía? Claro que lo haces, pero llevas tanto tiempo reprimiendo tu naturaleza vampírica que tus instintos están atrofiados.

Obviamente, todo mal quedó en segundo plano en cuanto la palabra nephilim salió a coalición. Enfocándose en su amigo, trató de dejar de lado todos aquellos pensamientos cuyo único propósito era perturbar su paz interior. Estaba segura de que él lo iba a notar puesto que tenía un olfato mucho más desarrollado que el suyo, sin embargo, no creyó que le soltase la bomba con esa facilidad. Fingiendo sorpresa, se llevó una mano al pecho y la otra a la frente. - ¡Por el ángel!- Exclamó imitando aquella expresión tan común en los shadowhunters. - ¿Estás insinuando que yo, una vampiresa decente y honrada, me involucro con semejantes seres de mano tan suelta? Porque si es así, tienes razón. Soy una desgracia para mi especie.

Sin cuidado, comenzó a rebuscar en uno de los cajones del escritorio hasta hallar el par de anillos que su hermana compró en el mercado de las sombras de Los Ángeles unos meses antes. Los cambió por sus pendientes de diamante. Era increíble lo mucho que les gustaba el oro y los diamantes a las hadas. Lo que sí que no se esperaba para nada era la cara que se le había quedado al Vikingo cuando escuchó la pregunta. Tras la queja del lobo acerca de un posible infarto, la rubia estalló en un ataque de risa de tal calibre que tuvo que sostenerse las costillas porque pensó que en cualquier momento se le dislocaría una. - Ay…- Musitó secándose la lágrima escarlata que amenazaba con surcar su mejilla. - No eres un perrito faldero por aceptar un anillo de telecomunicación. - Su voz aún presentaba restos diversión aún tendiéndole el anillo con expresión solemne. - De hecho, dudo que ser leal a una amiga vaya contra los principios de los licántropos. Si no me equivoco, esa es una de las cualidades más importante en los lobos, ¿no?

La reacción de Einar estremeció a la vampiresa, que por un momento sintió un agudo dolor en el pecho. ¿Cuánto había sufrido el pobre hombre a lo largo de su vida? - Eres tan adorable como un cachorrito lobo.- Murmuró con ojos brillantes. - Su funcionamiento es fácil. - Comenzó mientras observaba sus manos juiciosamente, sopesando en qué dedo debería ponérselo; el anular izquierdo estaba ocupado con el amuleto que evitaba que el sol la friese cuál tira de bacon, así que si no quería parecer una gánster lo mejor sería que se lo pusiera en la diestra. Le echó un vistazo al rubio para saber en cuál se lo había puesto él, y decidió que se iba a copiar.  Después de ponérselo en el índice, sonrió satisfecha.

- Pues debes recrear mi imagen en tu cabeza, como si me tuvieras delante, y entonces pensar en aquello que quieras decirme. Observa. - Cerró los ojos y evocó la imagen de Einar, como lo había visto aquella vez en Central Park, la noche que se conocieron. Pudo ver con total nitidez al lobo, su cabello rubio ceniza alborotado, el azul de sus ojos transformado en plata por los rayos de la luna, su pecho subiendo y bajando rápidamente producto por el esfuerzo de buscar a Damian y la medalla del Praetor refulgiendo dorada e imponente sobre el tejido de algodón de su camiseta. Sintió el vínculo establecerse, algo que sólo podía significar que él también confiaba en ella. Es más, debía apreciarla lo suficiente como para establecer una conexión. Al instante supo que enviarle, fue un recuerdo de la tarde anterior, cuando le enseñó a Damian a tocar una canción en el piano. Su cálida y risueña sonrisa al ver que lo había logrado, afirmando que se la enseñaría a su Tito Einar en cuanto despertase. - ¿Ves? Así.


Última edición por Winter J. White el Sáb Mayo 11, 2019 5:29 pm, editado 1 vez


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→ Martes, Julio 2018 → 20:35 → Bosques del Estado de Nueva York  → Luna nueva, despejado, fresco

Desde que abandonara el hogar paterno con mi madre y mi hermana para alejarnos del cabrón de nuestro padre había aprendido a ganarme todo por mi propio esfuerzo, aprendiendo a la fuerza lo que costaba cada cosa, el esfuerzo que conllevaba el poder conseguir el dinero para pagar una triste barra de pan, así que tuve que abandonar de forma radical aquellas cosas que se convertían en lujos y que no eran de necesidad básica. De esta manera había aprendido a apreciar cualquier gesto amable hacia mi persona o mi familia. Es por esto que siento como mi gratitud y respeto por la joven vampiresa no deja de crecer en mi interior, consiguiendo que me sienta realmente como un auténtico bárbaro incapaz de expresar mi gratitud, de darle las gracias por semejante regalo, pues, como bien le acabo de decir, desde aquella época lejana que no he recibido muchos regalos.

Sin poder quitarme esa sensación de bruto ignorante, continúo con la mirada posada en el anillo, el cual he de reconocer que me queda francamente bien, pasando por alto su comentario sobre que soy tan adorable como un cachorrito lobo así como su estallido de risa, algo que seguramente me habría molestado en otras circunstancia, sobretodo a mi lobo, pero que ahora mismo, me abruma más que molestarme. – Ja, la lealtad es una de nuestras mayores virtudes – le comento casi distraídamente, esta vez ya sin tartamudear por la emoción – Y te puedo asegurar que tienes la mía más que ganada – apunto con tono franco, puesto que es completamente cierto.

Si bien es verdad que los licántropos poseemos un fuerte sentimiento de lealtad hacia los nuestros, algo imprescindible para poder establecer los lazos necesarios a la hora de crear una manada, no es únicamente con los otros Hijos de la Luna con los que lo tenemos, o al menos en mi caso con la vampiresa. Desde que nuestra relación se fue consolidando tras aquel encuentro en Central Park, Winter me ha demostrado con creces que puedo confiar en ella, que realmente se preocupa por las dos personas que más me importan en el mundo y que, pese a ser una jodida sanguijuela, parece que tiene la suficiente fuerza de voluntad, la suficiente entereza de espíritu como para no dejarse llevar por sus instintos más oscuros, aquellos que en mi caso toman el control en las ocasiones en los que no soy capaz de mantener el férreo control que intento tener sobre ellos. Algo digno de admirar en alguien que acaba de ser transformado, y más en los extraños días en los que vivimos, aunque quizás sea gracias a esto que se de el caso de esta alianza basada en el respeto mutuo y, sobretodo, en la amistad entre dos seres pertenecientes a dos razas tradicionalmente enfrentadas desde su creación.

Con curiosidad y prestándole toda la atención del mundo, escucho la explicación sobre cómo tengo que hacer funcionar el anillo, asintiendo con la cabeza según va hablando para que vea que lo estoy entendiendo todo. Es entonces cuando, en mi mente, empieza a sonar una alegre canción de piano, algo que me pilla tan de sorpresa que no puedo evitar dar un respingo al tiempo que abro los ojos al máximo y los centro en la rubia, sintiendo perfectamente la presencia de mi sobrino y comenzando a revivir lo que parece ser una escena vista por otros ojos ajenos a los míos. Al momento escucho la voz de Winter hablando con Dami, enseñándole a tocar la canción de piano que escucho claramente, para luego oír a mi sobrino expresar la alegría al haber sido capaz de memorizar y reproducir la canción con una exactitud casi impecable, afirmando rotundamente su intención de tocármela en cuanto yo despierte.

Pese a que la escena no dura más que unos pocos segundos en mi cabeza, no puedo evitar enternecerme ante ella, relajando mi semblante y empañando mis ojos, pues mi sobrino logra ablandarme con una facilidad pasmosa y el hecho de que se preocupe tanto por mi me hace sentir querido de nuevo, feliz y con fuerzas para seguir luchando por ellos, para protegerlos de cualquier mal - ”Y ahora mismo su mayor amenaza es la zorra pelirroja" – no puedo evitar recordarme, notando cómo un escalofrío recorre mi espina dorsal mientras mi semblante vuelve a ensombrecerse y el lobo gruñe de rabia en mi interior, consiguiendo que parte de esa rabia corra por mis venas, reclamando que le preste atención que no olvide lo que tengo que hacer para proteger a los míos.

Jeg skjønner, lo pillo – le digo intentando apaciguar la rabia centrándome en otras cosas – Sólo tengo que visualizarte y luego pensar en lo que quiera decirte y tu lo captarás al momento, fácil – añado centrando mi mirada en la suya – Takk, Winter, en serio que no sé cómo podré pagarte todo lo que estás haciendo por mi familia y por mi – le digo en tono serio, diciéndole algo totalmente cierto – No tengo gran cosa, pero cualquier cosa que me pidas, te puedo garantizar que la tendrás… eso sí… nunca me pidas la luna, recuerda que nadie la puede la puede alcanzar – no puedo evitar bromear.


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→ Martes, Julio 2018 → 20:35 → Residencia White → Luna nueva, despejado, fresco
A menudo el ser humano, o aquellos que alguna vez lo fueron, comete el error de pasar por alto las virtudes en pos de enfocarse meramente los defectos. Como consecuencia, encontramos que cualquier desperfecto es capaz de velar los haces lumínicos de la cualidad. Sin embargo, Winter encontraba sumamente fascinante todas aquellas cualidades positivas que conformaban la idiosincrasia de las personas, como pequeñas piezas de puzzle que al casar tan perfectamente entre ellas crean un ente maravillosamente único. Era de esas pocas personas que preferían ver el vaso medio lleno; de esas que cuando la tormenta estallaba, elegían aprender bajo las feroces gotas a ritmo de los truenos  en vez de permanecer a cubierto a la espera de que todo pasara.

Y eso mismo había hecho.

Hacía ya un año, había explotado la peor de las tempestades y se había hallado a sí misma postrada en una cama; su sangre brotaba cual cascada escarlata por la brecha que decoraba su costado izquierdo hasta su pulmón. Desde el preciso momento en que sintió el cuchillo del ángel rasgar su carne había sabido que su suerte estaba echada y que nada iba a poder parar su descenso. Entonces apareció Bianca en el papel de salvadora con su largo cabello dorado refulgiendo como un halo angelical alrededor de su rostro y el terror empañando el mar de sus ojos.

Por un momento deseó marcharse al más allá, buscar nuevas aventuras lejos de aquel mundo putrefacto y corrompido… pero también maravilloso. Comprendió entonces que no podía rendirse tan fácilmente e hizo lo único que sabía desde hacía años, batallar. Luchó con uñas y dientes por permanecer consciente el tiempo suficiente como para llevar a cabo el ritual. Una White no se rendía. Eso era de cobardes.

La inspectora esbozó una sonrisa complacida. - Esa es una gran virtud.- Fue lo único que dijo a modo de explicación. Cualquier subterráneo sabía que los hijos de la luna eran seres leales a los que les gustaba infinitamente estar en manada y vivir en familia. Winter se preguntaba si eso no era en parte consecuencia del rechazo que solían sufrir al contraer esa condición. Einar era el paradigma de todo lo anterior. Poseía un corazón extraordinariamente humano así como unos brutales instintos animales.

- No digas tonterías. - Sacudió la mano, restándole importancia al asunto. - Los amigos estamos para ayudar.- Se escuchó un ligero rasguño en la puerta, abriéndose luego de una forma suave. A primera vista parecía haberse abierto sola pero si se miraba al suelo, podía verse la intrusa. Una gata de largo cabello blanco y ojos verdes observaba al licántropo con sospecha. Con movimientos sinuantes (y con más prisa de lo que el orgulloso animal quería mostrar) caminó hasta su dueña y de un salto se subió a su regazo para sentarse en el pose digno de una reina.

- ¡Ah! Mira Einar, esta es Kaylee. Mi gatita.- La minina apartó la mirada del lobo para fijarla en la rubia, quien alzaba la mano para acariciarla con afecto. Ella se acercó a la diestra humana, en un gesto que sólo podía interpretarse como suma estima. - Es algo arisca,- Comenzó a explicar Winter alegre. Por su parte, la gata se giró con una expresión dolida como si fuera capaz de entenderla. - sólo se deja acariciar por mí, por mi hermana y extrañamente, por Dami.- Acabó antes de besar la peluda cabecita. - Sin embargo, es muy buena y siempre me hace caso.

Las orbes azules se movieron entonces de la bolita de pelos que tenía en las piernas para fijarse en el reloj que había en el escritorio. - ¡Por Dios! ¡Sí que es tarde!- Se levantó de un salto aún asiendo al animal en sus brazos. - Deberías ir ya a descansar. Mañana tendrías que llamar al Praetor, están preocupados. Mandaron lobos a rastrearte, cuando me vieron casi me arrancan la cabeza.- Soltó entre carcajadas, parecía encontrar terriblemente gracioso que un licántropo quisiera matarla. - Les dije que si no se iban les iba a echar desparasitante. No pareció gustarles... menos a uno, que aclamó que las pulgas lo mataban. ¡Odio los bichos que chupan sangre!- Apuntó con su mejor mueca de falso asco mientras abría la puerta para guiar al licántropo hasta el exterior del espejo. - Recuérdame mañana que te de el bote para que se lo lleves.


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Winter J. White
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Det er for vanskelig å be om hjelp [Winter J. White]
→ Martes, Julio 2018 → 20:35 → Bosques del Estado de Nueva York  → Luna nueva, despejado, fresco

Me sentía como si fuera la primera vez que me encontraba en esta situación, algo no lejos de la verdad, porque me costaba acostumbrarme a recibir ese tipo de muestras de cariño después de tantos largos años luchando por sobrevivir en un mundo cada vez más hostil. Pero parecía que la vida quería darme un ligero respiro, o incluso hacerme bajar la guardia mediante las tres personas que se emperran en demostrarme que les importo, que me aprecian y me quieren. De dos de ellas me lo puedo esperar, puesto que son mi familia, pero que una sanguijuela me considere su amigo, se preocupe realmente por mi y me haga semejantes regalos, eso no me lo podía esperar y me cuesta horrores aceptarlo, a pesar de que yo le tengo el mismo aprecio que ella a mi.

Por suerte el característico olor a gato, seguido por un ligero rasguño previos a la apertura de la puerta y la subsiguiente aparición de un hermoso gato de largos cabellos níveos, consiguen terminar con este momento incómodo para mi, aunque no por ello agradable, demasiado agradable de hecho. En cuanto poso mis claros ojos sobre el pequeño felino no puedo evitar que un suave pero evidente gruñido brote de mis labios, un gruñido producto de una estúpida reacción casi natural frente a la presencia de ésos seres - ”¡Venga ya Einar!, ¿es que ahora crees que eres un jodido perro para comenzar a perseguir por el cuarto al gato?" – me increpo mentalmente sintiéndome realmente ridículo al momento.

En silencio, esbozando una mueca provocada por el pensamiento, observo al animal acercarse a su dueña, quien no duda ni un segundo en presentármela y conseguir que una sonrisa divertida aparezca en mis labios en cuanto la tilda de arisca – Bueno… en eso nos parecemos… – comento divertido, sabiendo que yo también suelo evitar el contacto físico con la mayoría de las personas – menos en lo de hacer caso… porque si te piensas que soy un chucho obediente lo llevas claro – añado inmediatamente ante la posibilidad de que haga algún comentario ingenioso a que si también hago siempre caso como la gata. Algo que ella sabe perfectamente que no es verdad ya que en demasiadas ocasiones me dejo llevar por mis instintos sin pensar mucho en las consecuencias.

Mirándola divertido en cuanto se exclama utilizando una palabra que ha vuelto a ser capaz de decir gracias a mi, asiento con la cabeza en cuanto comenta que debería ir a descansar, algo que tiene toda la razón del mundo porque realmente me siento cansado, pues mi cuerpo ha consumido demasiadas energías curándose tras que me extirpara el jodido trozo de plata, el cual me estaba matando lentamente sin ser muy consciente de ello. Pero antes de que pueda decir nada, no puedo sino unirme a sus carcajadas ante su comentario sobre mis compañeros del Praetor – ¡Winter!, ¿Desparasitante?, ¿En serio?du er gal – consigo articular entre risas – ¡Qué putada no haberles visto la cara!... en serio Winnie, eres la ostia… aunque algún día tendrás algún que otro problemilla… – no puedo evitar decirle en tono divertido mientras me levanto para abandonar sus aposentos.

Selvfølgelig! Jeg vil minne deg på det… claro que te lo recordaré – le digo sonriente tras cruzar el espejo – God natt, Winter og tusen takk – vuelvo a agradecerle en mi idioma materno plasmando todo el afecto y agradecimiento que siento hacia ella en el tono de voz y en la expresión de mi rostro antes de comenzar a descender las escaleras, dirigiéndome al que se había convertido en mi dormitorio extrañamente sereno, tranquilo y alegre, sin poder dejar de juguetear con el anillo en mi dedo. Aunque no sin antes detenerme un instante en el cuarto del que procede el característico olor de mi hermana y mi sobrino, adentrándome con todo el sigilo que soy capaz para arroparles antes de abandonar su dormitorio sin despertarles y llegar finalmente al mío, volviéndome a acostar y dejando que un tranquilo y reparador sueño se apodere de mi.


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Einar Sørensen
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